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~DE ENCUENTROS Y DESTINOS~
No son cosas que sucedan muy a menudo, de hecho es realmente extraño que sucedan, pero cuando suceden son realmente muy… caóticas, por decir lo menos. Y esta vez le ha tocado a Derek hacerse cargo, algo que con tan solo 16 años se le hace absolutamente tedioso.
Ese año, como es costumbre en Beacon Hills, el hospital ha organizado una semana de donación de sangre para solventar el desabasto del banco sanguíneo, uno que se ha visto realmente afectado por una ola creciente de accidentes automovilísticos y la nueva área de oncología que se abrió un año antes. Una cosa que no entiende del todo, puesto que creía que en lugar de sangre lo que se necesitaba eran toneladas de medicamentos, y unos cuantos milagros, para todos los enfermos en esa área. Los cuales, sorprendentemente, son demasiados para un pueblo tan pequeño.
Pero el punto es que está ahí, precisamente para las donaciones sanguíneas, porque a Laura se le había ocurrido la maravillosa idea de que podían ser voluntarios en el hospital para ayudar con todos los donantes debido a la alarmante escases de enfermeras en el pueblo; todo por culpa de una tal Melissa McCall que había sonado muy desesperada en su pedido de voluntarios en medio del parque principal.
Y quizá no todo hubiese estado tan mal de no ser porque Laura no se presentó con él, pues muy convenientemente le había salido un compromiso de última hora que era ineludible, dejándolo abandonado a su suerte y rodeado de personas que no conocía, ni quería conocer. Sin contar con el penetrante aroma a enfermedades y hospital que se arremolinaba en sus fosas nasales.
- Muchas gracias, Laura. – dejo escapar entre dientes, con todo el desagrado que era capaz de producir mientras conducía a un nuevo grupo de donantes hacia la zona de urgencias donde estaba ubicado el puesto de donación.
Si bien el hecho de ayudar a las personas no le desagradaba, si lo hacia el tener que verse obligado a relacionarse con dichas personas cuando su aversión al contacto humano era una regla personal que seguía muy al pie de la letra. Por lo que el verse rodeado de tanta gente que no conocía, y que le sonreía como si fuese una especie de verdugo o guía en el pasillo de la muerte, le ponía realmente incomodo y de mal humor.
Por lo que en cuanto les dieron un tiempo libre Derek no dudo en abandonar urgencias e ir a refugiarse a otro sitio, aunque fuese dentro del mismo hospital porque su descanso no duraba más de unos cuantos minutos.
Así fue como terminó en un área de espera bastante apartada de todo el bullicio del hospital, con la cabeza recargada en la pared y el cuerpo completamente despatarrado en una silla bastante más cómoda que el resto. Agradeciendo que el sitio no tuviera ese aroma a salubridad y enfermedad tan insinuado como en las otras aéreas del edificio, quizá se encontraba en un departamento de dermatología o algo así. Estaba tan relajado que se permitió cerrar los ojos durante unos momentos, solo para disipar toda la sobrecarga sensorial que tenia encima y prepararse mentalmente para un nuevo asalto de sonrisas nerviosas y personas agarrándole del brazo como si tuviesen la necesidad de arrancárselo.
Si no les gustaban las agujas ¿para qué demonios iban a donar sangre?
- Humanos… - se escuchó murmurar, mientras dejaba que su cuerpo se escurriera un poco más por el asiento.
Sin saber muy bien porque, o en qué momento, Derek cayó en un profundo sueño durante algunos minutos, o quizá no tanto porque en cuanto abrió los ojos nuevamente las lámparas ya estaban encendidas y el crepúsculo era claramente visible a través de las ventanas. Maldiciendo internamente, o casi, Derek se disponía a levantarse del asiento cuando un peso sobre su costado lo detuvo, congelándolo durante un momento ante la sorpresa no de haber percibido a nadie acercársele.
Incluso dormido sabía cuando alguien se le acercaba y al instante se despertaba, por lo que encontrarse con un niño durmiendo con la cabeza en su hombro lo dejo claramente descolocado. No debía tener más de 11 o 12 años, tenía la piel clara plagada de lunares y el claro indicio del cansancio en las ojeras bajo sus ojos, además de las marcas resecas de las lágrimas en sus mejillas.
Algo en su interior, no supo que en realidad, se encogió dolorosamente ante la imagen de verle tan… roto. Hecho que incrementó un poco cuando notó una de sus manos aferrar con fuerza la camisa verde claro que llevaba, pareciera que se aferraba a algo en sueños o eso suponía por la forma en que fruncía el ceño y apretaba un poco más la prenda. Derek tuvo la necesidad de despertarle, de escapar de su agarre y salir corriendo en dirección opuesta debido a todo lo que sentía salir de su cuerpo. Desesperación, tristeza, dolor… sus emociones lo abrumaban de tal forma que no sabía qué hacer, por un lado quería salir corriendo pero por otro… por otro deseaba quedarse a su lado y alejar todo su pesar.
Sin saber realmente que lo llevó a hacer tal cosa empezó a frotarle la espalda, movimientos lentos y suaves que poco a poco consiguieron que el chico se relajara y pasara a un sueño tranquilo, solo que en ningún momento aflojo su agarre sobre él.
Derek estaba por intentar despertarle y así poder regresar a lo que suponía debía estar haciendo cuando sintió a alguien salir de una de las habitaciones. Se trataba del ayudante del sheriff, lo sabía porque más de una vez se había topado con él en la calle y porque no era un misterio para nadie en el pueblo su trágica historia.
- Vaya, despertaste. – le dijo a modo de saludo el hombre en cuanto reparó su vista en él y el chico, el cual supuso de inmediato era el hijo de este. – Disculpa, no creí que fuese a dormirse sobre ti.
- N-no importa. – se halló respondiendo Derek, porque si lo que percibía del chico lo abrumaba lo que su padre sentía lo dejaba completamente fuera de juego. Sentía tanto dolor y desolación saliendo de él que por un momento sintió la inconmensurable necesidad de llorar.
- Mi nombre es Linden Stilinski, por cierto. – se presentó, como si acabara de recordar las reglas de etiqueta básica.
- El ayudante del sheriff. – a completo, solo porque realmente no tenía idea de que decir. El hombre, Linden, le devolvió una sonrisa cansada en respuesta.
- Tu eres uno de los hijos de Jonathan Hale, ¿cierto?
- Si, el segundo, Derek.
- ¡Vaya! – dijo Linden, abriendo los ojos con sorpresa una vez estuvo frente a él, Derek inmediatamente se dio cuenta que su sorpresa no era por su reciente declaración sino más bien por el niño que dormía sobre su costado.
- ¿Sucede algo malo? – se atrevió a preguntar, un poco asustado de que se molestara al verle tocar a su hijo.
El ayudante del sheriff tardó unos segundos en responder, sus ojos claros muy fijos en su hijo y la amenaza de las lágrimas en ellos.
- No es solo que… es que no lo había visto dormir tan tranquilo desde que su madre enfermó. De hecho casi no duerme e intentar que lo haga es… difícil. – dice Linden, como si acabara de caer en la cuenta de aquella información, como si realmente acabara de ver a su hijo por primera vez desde que salió del cuarto y se diera cuenta de lo que realmente ha pasado.
- Yo… estaba así cuando desperté. – se excusa, aunque no sabe realmente porque lo hace, no ha hecho nada malo. – Bueno, estaba un poco intranquilo pero en cuanto empecé a acariciarle la espalda se calmó.
Derek en ese momento considera que no debió decir aquello por la forma en que el ayudante del sheriff le mira a él y a su mano, que no ha dejado de moverse sobre la espalda del chico; pareciera que tiene mente propia, una que está completamente ajena a la mente confundida de su dueño.
Está seguro que el hombre le pedirá que se marche, que se aleje de su hijo, y Derek está muy preparado para ello, aunque su cuerpo parezca tener otra opinión.
- ¿Podrías quedarte un poco más con él? – termina diciendo Linden, desistiendo de querer retirar a su hijo de encima de Derek, como anunciaba su lenguaje corporal. Y si Derek se sorprende por la petición, se enorgullece mucho de no demostrarlo demasiado. – Sé que probablemente no debiera pedírtelo y tengas cosas que hacer pero…
- Está bien, no tengo problema con ello. – y es cierto, no tiene el más mínimo problema en quedarse junto a este chico, aunque la sola revelación le asombre hasta a él.
- Gracias. – le susurra Linden, dirigiéndole una mirada cargada de agradecimiento antes de girarse a mirar a su hijo una vez más. – Se llama Stiles, bueno… ese no es su nombre en realidad pero no permite que nadie lo llame de otra manera.
- Stiles… - repite Derek en un susurro todavía más bajo, solo para sí mismo, dedicándole también una mirada al chico y diciéndose mentalmente que en efecto, le queda.
Esa noche no regresa a casa y cuando su padre llega al hospital para saber que le ha pasado es el ayudante del sheriff el que le explica lo sucedido y se disculpa por no haberle llamado. El padre de Derek no hace más que decirle que no se preocupe, que entiende, al tiempo que mira a Derek como si no pudiese estar más orgulloso de él.
Stiles no despierta en toda la noche y tampoco le suelta, Derek tampoco deja de acariciarle la espalda, el cabello y para cuando se da cuenta el alba asoma por la ventana. No es hasta ese momento que una mujer en silla de ruedas se acerca hasta él, dándole las gracias con un ademan cansado para momentos tomar a Stiles en brazos con ayuda de Linden.
Derek sabe de inmediato que ella es la madre de Stiles, tanto por la forma en que el sheriff la mira, como si su mundo se redujera solamente a ella, y por cómo Stiles no presenta lucha alguna ante su toque.
Para cuando abandona el hospital Laura le está esperando, no ha terminado de cerrar la puerta de la camioneta cuando Derek escucha a Stiles despertar en los brazos de su madre y decir:
"Puedo volver a dormir contigo esta noche"
Si Derek siente que el corazón se le rompe y se le recompone en el mismo segundo no hace ningún movimiento por demostrarlo. Y si Laura nota que su hermano ya no es el mismo, tampoco lo hace… solo espera que el pequeño Stiles algún día sepa lo que Derek ha hecho por él, y lo que él ha hecho por Derek.
Derek se percata, días más tarde cuando la familia Stilinski ha vuelto a su casa, que todo ese tiempo estuvo percibiendo el aroma del chico en aquella sala. Porque ahora que no está lo único que percibe es el aroma de la muerte que se acerca.
