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Language:
Español
Stats:
Published:
2020-10-03
Updated:
2022-01-11
Words:
24,916
Chapters:
8/?
Comments:
5
Kudos:
26
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5
Hits:
1,168

Citas de Azúcar

Summary:

Shura quiere cuidar de alguien más joven, Aioria quiere que alguien mayor lo cuide a él. En teoría, son ideales el uno para el otro. El problema es que ninguno sabe realmente lo que es una relación de azúcar. Ésta es la historia de cómo haciendo todo mal estos dos obtienen los mejores resultados.
SugarDaddy!Shura, SugarBaby!Aioria

Advertencia: AU moderno desarrollado en Argentina, los personajes hablan en español platense.

Notes:

Glosario
Comerse a alguien: besarse muy apasionadamente. Según el contexto se puede usar para decir que se hace a menudo.
Fino como sushi de mortadela: frase irónica para referirse a algo muy vulgar y corriente.
Pendejito: pendejo, forma de referirse a alguien muy joven, casi un niño.
Gallego: forma que tienen algunos argentinos de referirse a los españoles en general (no como insulto).
Rata: tacaño.
Mala leche: mal humor.
Boludo/da: tonto, pero no suele usarse como insulto, es una manera informal de referirse a alguien

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Pibitos y señores

Chapter Text

- Me cago en ese ventanal y en el trolo que diseñó este edificio.

- Yo lo encuentro encantador. ¿Qué hay más energizante un sábado por la mañana que la luz del sol?

Radamanthys terminó por dejarse caer en el sillón de la enorme oficina cubriéndose el rostro con las dos manos mientras Shura revisaba la carpeta que le había llevado. Como si estuviera en su casa, subió los pies mientras el malestar de la resaca lo hacía retorcerse.

- Eh, quítate los zapatos si vas a ponerte cómodo. Que no eres tú quien va a limpiar si se mancha el tapizado.

- Vos tampoco lo vas a limpiar –masculló el rubio en medio de un gemido de dolor.

- No, pero el conserje no tiene culpa de que llegues agonizando por salir de parranda con un mocoso.

Shura nunca había juzgado a Radamanthys por ser el tipo de hombre que sale con un jovencito que apenas había cumplido la edad suficiente los dieciocho simplemente porque hacerse malasangre por cuestiones ajenas no era lo suyo. Sí cuestionaba la decisión de acompañar a su noviecito a bailar y beber un viernes por la noche sabiendo que al día siguiente tenía que trabajar. Sí, disfrutaba del sufrimiento de ese irresponsable.

- Tienes 35 años, Radamanthys –continuó diciendo sin levantar la mirada–. Ya no estás para esos trotes.

- Ya sé, estoy viejo. Pero todo vale la pena por ver la sonrisa de mi nene… mientras lo veo perrear con una gótica culona detrás.

Esta vez Shura sí hizo una mueca. No se consideraba en absoluto alguien a quien le incomodara hablar de temas sexuales y tampoco le molestaba el uso de palabras vulgares pues él también era un poco (muy) malhablado, pero su colega podría ahorrarse un par de detalles, cosa que ya había aceptado con resignación que no pasaría. Al ver que el español no lo miraba diferente por “comerse a un pibito”, el cejón decidió que sería su confidente ideal y la persona a quien presumirle su “hazaña”. Aunque debía admitirlo, sí era algo que presumir. Había visto su foto, el chico era una preciosidad de apariencia andrógina, sonrisa maliciosa y ojitos pícaros, definitivamente no sabía que hacía perdiendo sus mejores años con alguien como Radamanthys.

- Fino como sushi de mortadela

- ¿Tenés envidia?

- Te he visto llegar con puntos en la frente luego de que “tu nene” te arrojara un cenicero en una pataleta. ¿Qué se supone que debo envidiar?

- Salir con un pendejito es rejuvenecedor. Myu me hace sentir como de veinte otra vez.

- La gracia de salir con un chaval es sentirse mayor, capullo. Si yo tuviera...

Se golpeó mentalmente, aún sin terminar la frase. El daño estaba hecho. La lengua lo había traicionado y se había delatado delante de su compañero, que ahora lo miraba desde su lecho de muerte con interés.

Gallego! ¡Entonces sí me tenés envidia!

- Calla la boca.

- ¡Ni hablar, ya lo soltaste! ¿Te aburriste de las milf? ¿Le digo a Myu que te presente un amiguito?

- No tengo tiempo para tener una relación con alguien. Y si lo tuviera, no iría a buscarlo al jardín de infancia como tú.

- ¡Pero sí admitiste que tenés ganas de entrarle a alguien más joven!

Shura suspiró sabiendo que no había vuelta atrás y que Radamanthys no lo dejaría en paz a menos que le confesara lo que hace rato le venía dando vueltas en la cabeza.

- He fantaseado con la idea. No es que quiera tirarme a un adolescente, pero sí a alguien con unos cuantos años menos que yo. Alguien un poco ingenuo, a quien cuidar, que me haga sentir… no sé, ¿poderoso, dominante? –se llevó la mano a la barbilla, buscando la palabra adecuada. Sin habérselo propuesto, comenzó a sincerarse–. Que llevo el control. Por lo que me dices, tu novio es bastante demandante.

- ¿Qué te digo? Es temperamental, un espíritu libre. Y no es mi novio… es complicado.

- Ése es el punto. No quiero algo complicado. Quiero salir, follar, algo de compañía… y poder despacharlo cuando quiera estar solo.

- Lo que vos querés es un Sugar Baby.

La habitación se quedó en silencio. Radamanthys, con los ojos tapados, no pudo ver la cara de incredulidad e indignación con la que Shura lo miraba. Su cara se puso roja, cientos de improperios subieron por su garganta, para finalmente salir como un simple "que te den".

- No te estoy tomando el pelo. Acabás de describir a un Sugar Baby: alguien joven que te dé cariño a tus horarios.

- No le voy a pagar a nadie para que ande conmigo.

- Rata. Si hay algo que te sobra es la plata.

En cuanto terminó de decir eso recibió un golpe en el estómago que le hizo levantarse. Sin levantarse de su escritorio Shura le había arrojado la carpeta con la precisión de un lanzador de dardos.

- Te enviaré la página 18 corregida para que la reemplaces. Ahora vete o me pondré a tocar un solo de batería en la papelera.

Sin ofenderse, pues conocía el temperamento del español, se levantó sin decir una palabra. No hacía falta, su sonrisa lo decía todo. Era divertido fastidiar a alguien tan cascarrabias, pero no mentía al decir que realmente le sugería tener un Sugar Baby. Sonaba justo como lo que necesitaba, y quizás un polvo de vez en cuando le bajaría la mala leche. Shura lo vio marcharse y maldijo nuevamente. Definitivamente no iba a buscarse un Sugar Baby pero, como de costumbre, las gilipolleces de Radamanthys se le iban a quedar en la cabeza. Debía recordar conseguir nuevos amigos.

*****


- Ya está, se va todo a la mierda, ¡yo quiero un Sugar Daddy!

- Yo quiero un hurón.

- Hablo en serio, boluda.

- Yo también hablo en serio. ¿Viste lo lindos que son? El otro día, cuando fui al Planetario con mi sobrina había una juntada de dueños de hurones y… –Marín vio cómo su amigo se le quedaba viendo con incredulidad– bueno, ¿cómo querías que te conteste a eso?

Aioria admitió que la pelirroja tenía un punto. En un momento estaban sentados en la escalera de la facultad de ciencias sociales haciendo tiempo entre clase y clase y de repente le soltó eso. Recostó la cabeza en su hombro antes de comenzar a explicarle.

- Nadie te prepara para lo caro que es estudiar. El transporte para venir hasta acá, para volver a mi casa, para ir a la casa de alguien si tengo un trabajo en grupo, carpetas, folios, hojas, plastificados, anillados, las fotocopias… ¿sabés cuánto me costó imprimir el último módulo? Me quedé en pelotas. Posta, no me quedó ni para comprarme un calzoncillo usado.

- Así que por eso me estás sacando galletitas desde ayer –compadeciéndose de él, le ofreció el paquete para que agarre otra. Sospechaba que probablemente sería lo único que comería hasta la noche. El café no contaba–. Pero no entiendo, ¿tu hermano no trabaja para una empresa re importante y te mantiene?

- Sí, pobre Aioros, es un santo. Paga todo en casa y me da una mesadita todos los meses. No puedo pedirle más. Ahí está el problema, lo que me da me alcanza justo para el material de la carrera. Pero yo quiero más… cosas que no puedo pedirle.

- ¿Por ejemplo?

- Dios, esto va a sonar tan white people problems, pero además de almorzar todos los días y asegurarme la plata para los materiales… quiero ropa nueva, volver al gimnasio y salir los fines de semana. ¡Quiero volver a tener vida fuera de la facultad! Antes la plata de Aioros me alcanzaba para todo eso, pero la crisis nos pega a todos por igual...

- ¿Y no pensaste en, no sé, trabajar?

- Fue la primera opción. Todos los trabajos que pagan medio decente se me van a poner en medio cuando empiece las prácticas y el servicio social. Y los que no, pagan dos pesos con cincuenta.

Marín no dijo nada, pero Aioria sabía que seguramente estaba pensando algo como "¿Y dejarte acariciar por un señor es la segunda opción?”. Agradeció enormemente que tuviera la delicadeza de no hacerlo, quería terminar de explicarse.

- Ya lo pensé bien. Los señores que buscan a un Sugar Baby son los que tienen casi tan poco tiempo como yo, así que una vez que dejemos en claro nuestros horarios no tengo de qué preocuparme. Además, no lo voy a hacer para mantenerme, es para darme gustitos cada tanto. Si en algún momento ya no quiero seguir lo dejo y listo.

- ¿Pero vos sabés en lo que te estás metiendo? Vas a tener que coger con un tipo cualquiera. ¿Y si está enfermo, la tiene chiquita o tiene fetiches raros?

- Mirá, me estuve informando, y resulta que muchos ni siquiera buscan alguien que pase un rato con ellos. Alguien que sea bonito, amoroso, que haga compañía y sepa escuchar. Y yo soy todo eso. 

- Ajá, ¿y si no te encontrás de ésos?

- Cierro los ojos y pienso en vos.

Aioria recibió un golpe de su amiga en el brazo y rió para disimular el dolor que le había causado. Aunque bueno, ¿quién lo mandaba a joder a una campeona de artes marciales mixtas? Al menos no le había hecho la llave con las piernas (aunque eso lo volvía loco cuando salían). Se despidió de ella diciendo que no lo golpeara, que ahora su cuerpo era su capital y que necesitaba urgentemente volver al gimnasio para aguantarse esos golpes, que se estaba poniendo blandito. Marín era una buena amiga que se preocupaba por él y agradecía enormemente haberse separado de ella a los dos meses de haber empezado a salir. No servían como pareja y los dos lo sabían. Ser novios había sido un raro experimento que habían hecho para ver si toda esa gente que les decía que se veían bien, que estaban destinados a estar juntos tenía razón. No fue el caso, se querían mucho, pero esa manía de competir que tenían los hacía pelearse demasiado, además de que ambos tenían necesidades diferentes. Marín era más bien poco demostrativa y Aioria sentía que se moría si no le daban cariño cada cinco minutos.

Esa tarde, mientras esperaban el colectivo, ella lo ayudó a armarse un perfil en una página para buscarse un Sugar Daddy, obligándolo a jurar que no bien decidiera que iba a encontrarse con alguien le avisaría primero y que no iba a dejarse engañar por nadie.

Agradecía tener a alguien que lo acompañara en sus estupideces.