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Capítulo 2: Cartas sobre la mesa.
-Stiles –dice con una voz más oscura.
-Yo… -balbucea, pero el chico que siempre tiene algo que decir se ha quedado sin palabras.
-¿Qué mierda es esto, Stiles?
-Derek, yo… verás… yo… esto….
-¿Qué cojones te crees que es esto? ¿Un puto juego?
Y en otras circunstancias Stiles estaría muy asustado, porque los ojos de Derek están completamente rojos y aunque haya empezado a amanecer sabe que el influjo de la luna llena aún sigue sobre él -y ¡oh dios! ¿Eso son sus garras?- pero en lugar de temer por su vida, arrinconado por el hombre lobo, siente una tristeza enorme.
-¡Contesta! ¿Soy un puto juego para ti? Oh el diario de Derek, ¡vamos a reírnos de él!
-No, Derek, yo… nunca.
-Tu nunca, ¿qué?, Stiles –y definitivamente debería estar asustado, porque eso son sus colmillos y siente cómo se está transformado mientras le tiene arrinconado.
-Yo no quería, no lo hice por eso. Yo nunca me reiría de ti.
-No necesito tu piedad –le escupe con rabia.
-Deja de decir estupideces, Derek. Ni siquiera sabía que era hasta que lo abrí en mi casa.
-No vuelvas a acercarte a mí.
Armado con una rabia que le nace de lo más profundo de su ser (y porque su instinto de supervivencia debe estar terriblemente dañado o ser directamente inexistente), Stiles no se calla.
-Claro, ahora lo entiendo, te he dado la excusa perfecta –le dice con rabia.
Derek para a medio camino de la ventana y le mira, aún con los ojos rojos.
-No me mires así, los dos sabemos ahora a qué me refiero –le mira dirigiendo una mirada al diario. –Llegas, te conviertes en una presencia permanente en mi vida, empiezas a pasar tiempo conmigo, haces que me cuelgue de ti sin remedio, me besas, me jodes la vida con ese puto beso y te acojonas. Reconócelo, Derek, eres un puto cobarde. El diario ha sido la excusa perfecta para que no te enfrentes a esto –dice señalándoles a ambos.
Derek, lleno de rabia, le empotra contra la pared con demasiada fuerza, añadiendo una nueva marca, haciendo que el aire se escape de los pulmones de Stiles. Derek, afloja el agarre, porque, pese a todo, no quiere hacer daño a Stiles.
-Empótrame en todas las paredes del mundo, Derek, ahora ya no te tengo miedo. Porque ahora sé por qué lo haces –balbucea mientras el aire vuelve a sus pulmones.
Derek sale con rapidez por la ventana. Mientras tanto, Stiles se deja escurrir por la pared hasta quedar sentado en el suelo, con las rodillas pegadas al pecho y las lágrimas cayéndole en silencio por las mejillas.
***
Ha pasado un mes y medio desde aquella noche, mes y medio en el que Stiles no se ha dejado ver por las reuniones de la manada. Mes y medio en el que no ha dejado de pensar ni un segundo en el maldito beso que Derek le dio.
Durante ese tiempo, Stiles ha estado más encerrado en sí mismo de lo habitual, que no es poco. A pesar de su discurso constante e ininterrumpido, Stiles habla muy poco o nada de sí mismo, incluso para las personas más cercanas a él es complicado averiguar qué le ronda por la cabeza. En ocasiones, llega a pasar desapercibido a los demás cuando tiene un problema. Pero después de un mes y medio de extraño comportamiento, el Sheriff decide intervenir.
-¿Stiles? –dice tocando la puerta de su cuarto.
-Hmmm –murmura mientras sigue leyendo tirado en su cama.
-¿Qué haces, hijo?
-Leo.
-Eso ya lo veo, me refiero a que qué haces en casa.
Stiles levanta la mirada del libro por primera vez y mira a su padre gesticulando hacia el libro.
-Pues parece que te estás escondiendo en casa.
-¿Esconderme?
-Sí, esconderte.
Stiles continúa con la mirada fija en el libro, aunque no ha leído ni una sola frase desde la interrupción de su padre.
-Mira, hijo, sé que eres un adolescente y en parte eso consiste en tener secretos y encerrarte en tu mundo y no querer hablar con tu padre. Pero llevas un mes que apenas sales de casa. Ahora algo más porque ha empezado el instituto. No sales con tus amigos, ni siquiera con Scott y estás demasiado callado.
-Todo el mundo se queja porque hablo mucho y ahora tu…
-No, Stiles. Cállate y escúchame. Estos últimos meses han sido difíciles para los dos y aún las cosas no han vuelto a ser cómo solían serlo, pero hijo, te conozco y sé que estás triste y que te estás escondiendo. Puede que tu padre no sea la persona con la que quieras sincerarte ahora mismo –a Stiles no le pasa desapercibido el ligero tono de dolor en el Sheriff- pero en cualquier caso, esconderse nunca es la solución. Y una de las cosas en las que consiste hacerse mayor y madurar es afrontar las dificultades.
Stiles, sin poder pronunciar palabra, mira a su padre con un nudo en la garganta que se hace mayor con cada palabra de John.
-Crees que no me doy cuenta de las cosas, pero te conozco bien y a mi no puedes engañarme, hijo. Te empeñas en cuidar de todos, pero no te dejas cuidar por nadie –le dice acariciando el pelo, cada vez más largo. –Eres el digno hijo de tu madre –dice con una sonrisa llena de cariño.
Stiles, que nunca se permite sentirse vulnerable, se deja abrazar y envolver por el cariño de John. Permanecen un rato en un silencio lleno de emociones, sintiéndose un poco más cerca del otro de lo que han estado en meses. Al final, es el Sheriff quién rompe el silencio.
-Recuerda que un corazón roto no duele eternamente, aunque ahora el dolor parezca insoportable –le dice, besándole en la cabeza.
El chico se remueve, mirando a su padre con curiosidad y ligeramente sonrojado.
-Papá… ¿cómo?
-No soy el Sheriff por nada –dice pagado de sí mismo, arrancando una risa a su hijo. –No me gusta verte así, pero al menos me alegra que hayas dejado a Lydia atrás.
-Ahora me das miedo.
-Hace tiempo que aprendí que para saber de ti no hay tanto que escucharte como observarte.
Con una palmada en la pierna, John sale de la habitación de su hijo, dejándole descolocado y vulnerable, pero con la sensación cálida en el pecho de haber vuelto a hablar con su padre.
***
-Ya no sé qué hacer –dice Scott derrotado, hundiendo la cabeza entre sus brazos.
-Pues algo se nos tiene que ocurrir, yo ya no soporto verle así. Ese no es Stiles –dice Lydia.
-Si no habla con Scott, ¿qué te hace pensar que los demás tenemos una oportunidad? –dice Isaac apenado.
-Lo inquietante es que Stilinski no hable.
-¡Cállate, Jackson! –le regaña Lydia.
-¿Alguno sabe qué ha podido pasar para que esté así? –pregunta Allison.
-Ni idea, no dice nada. Ni siquiera habla para desviar el tema –responde Scott con tristeza.
El silencio les envuelve mientras piensan qué ha podido pasarle a su amigo para que esté así de taciturno.
-¿A quién pides ayuda cuando el que necesita ayuda es precisamente el chico que siempre sabe cómo ayudarte? –pregunta Danny.
Aunque Danny no esperaba respuesta, todos, en su interior, esperan hallar pronto la solución.
***
-¿Se puede saber por qué estás tan preocupada por Stilinski? Ya se le pasará.
-¡Oh dios, Jackson! Dime que ese tono no es de celos, no tengo tiempo para lidiar con eso ahora.
-No son celos, Lyds, es que de verdad no lo entiendo. Siempre te ha importado poco o nada y ahora…
Lydia se queda quieta, pensativa, dándose cuenta de lo mucho que en pocos meses ha cambiado su opinión de Stiles. Jackson huele su tristeza, sentándose junto a ella, pasándole un brazo por los hombros en señal de apoyo.
-Durante todo el instituto la gente sólo se ha acercado a mí por ser popular. Los chicos querían salir conmigo por mi aspecto, las chicas me envidiaban porque querían ser como yo, pero después me criticaban a mis espaldas. Mi primera amiga de verdad es Allison y al principio me acerqué a ella por pura conveniencia. Pero Stiles… A pesar de haberle ignorado siempre, él era el único que me veía de verdad. Él se había dado cuenta de lo inteligente que soy, de mi fachada. Cuando estuve apunto de perderte hace unos meses… Él seguía encaprichado de mí, y aun así me llevó hasta ti. Me llevó porque sabía que yo podía salvarte.
Jackson la mira y la entiende. Sabe que tiene razón y, por más que se empeñe en negárselo a sí mismo, ha terminado aceptando a Stiles como uno de los suyos.
-Odio no saber qué hacer, no saber cómo ayudarle, del mismo modo que él me ha ayudado –dice Lydia.
***
Durante las últimas semanas cada sábado por la tarde, la manada espera en vano más de media hora por si Stiles decide aparecer por allí. Esa tarde en cambio, Derek parece haberse cansado de esperar y a las cuatro en punto, con la llegada de Lydia, decide comenzar la reunión.
Los nota distraídos, con la mente en otro sitio y tienen por delante a una manada de Alfas con no muy buenas intenciones como para que estén pensando en las musarañas.
-¿Se puede saber qué demonios os pasa? Esto no es una reunión social, esto soy yo intentando que no nos maten a todos.
-Falta Stiles –dice Scott.
Derek aprieta la mandíbula, tratando de contener la rabia que quema en su sangre con la sola mención del chico.
-Lleva más de un mes sin aparecer, ¿por qué te cuesta tanto aceptar que no va a volver?
Y es tanto el desprecio con el que escupe las palabras que todos le miran sorprendido. Ligera irritación, gran irritación… puede, pero nadie le había escuchado nunca referirse de ese modo a Stiles.
-Quizá deberías ir a hablar con él –le dice Lydia, quién no importa cuantos ojos rojos le ponga, jamás consigue intimidarla (no después de haberse haber encontrado la manera de vengarse de Peter ella sola). –Es tu manada y es evidente que no está bien. Es tu trabajo.
-No le necesito. Ahora a entrenar.
***
Los días pasan y uno tras otro los amigos de Stiles tratan de convencerle para que salga con ellos, pero día tras día la respuesta es la misma. Un escueto “no puedo chicos, tal vez otro día”, mientras recoge su bandeja con el almuerzo y se despide de ellos sin más explicaciones.
-En serio, no lo soporto.
-¿De verdad no os habéis dado cuenta?
-¿De qué hablas, Boyd?
-Stiles no va a sentarse con ninguno de vosotros y contaros sus penas. Lo que sea que le pase es demasiado personal y no lo va a contar.
-¿Y qué se supone que tenemos que hacer? –pregunta Lydia exasperada.
-Nada. No va a hablar de ello con nadie.
-Con lo bocazas que es, seguro que se le escapa cuando menos se lo espere.
-Jackson, en serio, cállate –le responde Lydia.
-Parece mentira que no os hayáis dado cuenta aun. Puede que Stiles no pare de hablar, pero nunca habla de sí mismo.
-En eso tiene razón –asiente Scott. –Esta tarde voy a buscarle y me le llevo a dar un paseo. No va a hablar, Boyd tiene razón, pero al menos le sacaré de casa.
-Es un poco triste, ¿no creéis? –dice al fin Allison, disipando el silencio que flota en el aire.
-¿A qué te refieres? –pregunta Lydia.
-Me refiero a que se supone que somos sus amigos pero… -Allison suspira. –Él siempre está ahí dispuesto a ayudar, se ha metido en más líos de los que debería por no dejarnos de lado y… Parece que realmente no le conocemos.
Nadie comenta nada, pero todos sienten ese nudo en el pecho que le da la razón a Allison.
***
-Vamos Stiles, solos tú y yo, a dar una vuelta.
-Scott, ahora mismo no soy la mejor compañía.
-Me da igual. Como si no quieres hablar en ningún momento, pero ven conmigo a dar una vuelta. Echo de menos a mi mejor amigo.
Stiles le mira, no hacen falta súper sentidos lobunos para darse cuenta de la tristeza que desprenden esas palabras.
-Mira tío, no tengo ni idea de lo que ha podido pasar, pero sea lo que sea yo estoy aquí. Y no voy a dejar que sigas encerrado. No tenemos que hablar de ello si no quieres.
-Yo… siento estar así.
-Eh, no tienes que disculparte. Cuando quieras hablar de ello yo estaré aquí. Eso es lo importante, ¿no?
Stiles asiente, dándole un medio abrazo algo extraño pero que, de algún modo le libera la presión en el pecho.
-Venga, vamos a dar una vuelta.
***
Por primera vez en su larga amistad, es Scott el que no para de hablar mientras Stiles asiente de tanto en tanto. Caminan por la reserva, sin rumbo, como tantas otras veces. En un momento de cómodo silencio, mientras caminan hombro con hombro entre los árboles, Stiles por fin pregunta.
-¿Cómo están todos?
-Preocupados por ti, la verdad. Incluso Jackson parece echarte de menos. Deberías volver a salir con nosotros. Se nota que no estás.
-Me refiero a… las cosas de la manada y eso.
-Nada nuevo, sólo Derek siendo más… Derek que de costumbre. Parece que su deporte favorito es lanzarnos por los aires. Parecía que había mejorado, pero… está peor que nunca. Creo que él también te echa de menos.
Stiles suelta una risa sarcástica, mientras Scott le mira intentando descifrar lo que pasa por su mente.
-Lo del elefante en la habitación… ¿tiene que ver con Derek?
-No, es sólo que me extraña. Siempre he sido como un dolor de muelas para él.
Scott le mira fijamente, extrañado.
-¿Qué?
-Tu corazón. Suena como si… no como si mintieses pero… tampoco como una verdad.
-¿Puedes no hacer eso? Además, ¿qué hay de “no tenemos que hablar de ello si no quieres”?
-Vale, lo siento. Pero sólo para que quede claro, nadie duda a estas alturas que Derek siente aprecio por ti.
-Si bueno, lo que sea –caminan en silencio, hombro con hombro por la reserva. –Scott, ¿esto no es una encerrona para llevarme con la manada verdad?
-¿Qué? ¡No, tío! ¿Por qué piensas eso?
-Por aquí se va a casa de Derek.
-Pensé que te gustaría ver los avances, ya casi está terminada por fuera. En un par de semanas empezará Lydia a volvernos locos a todos con la decoración.
-Bueno, la verdad es que tengo curiosidad. ¿Está aquí Derek?
-No le siento cerca. Así que al menos que tenga alguna forma de ocultarse que no haya compartido con la clase…
Ambos se sientan en un murete que limita el jardín mientras observan el trajín de los obreros.
-Es bonita, ¿no crees? –pregunta Scott.
-Sí que lo es. Y grande. Aunque creo que la antigua era mucho mayor.
-Eso dice Lydia, quien por cierto está como loca porque no sabe cómo hacer para que no estés así. Todos lo estamos, ¿sabes?
-Es que, yo tampoco quiero estar así pero… no puedo evitarlo y lo último que quiero es que me atosiguen a preguntas. Por eso me alejé de todos. Pensando que así se me terminaría pasando, pero…
-Pero aún duele.
Stiles asiente, con la mirada perdida en algún punto del frente, evitando mirar a los ojos a su amigo.
-Pero no puedes seguir así. Te echamos de menos, todos. Joder, si incluso Jackson mira preocupado cada vez que pasas de largo sin decir nada. Y estoy seguro que la mala leche extra de Derek es porque no estás por allí, porque –Scott deja de hablar, abriendo mucho los ojos, mirándole fijamente. –Tu corazón.
-Scott, por favor.
-Sabes que sé que cuando he mencionado su nombre ha pegado un salto diferente, sabes que sé lo que eso significa y sabes que haría lo que fuese por ti. Y por eso no voy a insistir en el tema. Pero quiero que sepas que ahora lo entiendo todo. A los dos.
El olor a tristeza que emana de Stiles resulta astringente en la nariz de Scott, enmascarando cualquier otro olor. El chico pasa un brazo por los hombros de su amigo, en señal de apoyo. El sol comienza su camino descendente por el cielo, mientras siguen en silencio. Los obreros comienzan a recoger sus herramientas para dar por terminado el día de trabajo.
De vuelta a casa, Scott y Stiles hablan del último partido que han perdido los Mets.
***
-¿Esa es tu sugerencia? ¿Qué tratemos de estar como siempre? –pregunta Isaac.
-¿Acaso esperabas un plan inteligente de McCall?
-¡Jackson!
-En realidad creo que es una buena idea –todos miran a Boyd.
-¡Gracias!
-¿Ah sí? –pregunta Danny, extrañado.
-Sí, no puede seguir encerrándose en sí mismo, y si no quiere hablar nosotros debemos respetar eso –sentencia.
-Boyd tiene razón –asiente Allison. –Pero procurad no ser raros con el tema.
***
A pesar de lo enrarecido del ambiente, poco a poco Stiles vuelve a integrarse con sus amigos. Aún sigue sin aparecer en las reuniones de la manada, y aunque el olor a tristeza sigue ahí (eso sí, algo más suave) poco a poco vuelve a hablar y salir con ellos. No es como siempre, algo ha cambiado en él y todos lo notan, pero nadie hace preguntas y él lo agradece con una sonrisa que refleja más afecto del que nunca pensó en sentir por ellos. Stiles ha encontrado el equilibrio necesario que le permite respirar de nuevo, pero sigue sin ser suficiente. Sigue faltando algo.
Stiles no soporta el silencio, porque hay silencios tan grandes que resuenan más que cualquier grito, porque hay ausencias cuya presencia es más grande que la de una multitud. Hay una parte de su vida que está en silencio y Stiles no soporta el silencio, porque en silencio puede escuchar sus pensamientos sin nada que le distraiga para enfrentarse a ellos. Y eso le asusta más que nada.
***
Derek les ve aquel día en su casa. Ha estado evitando encontrarse con el chico tanto como Stiles le ha evitado a él. Está enfadado, muy enfadado. Se prometió no volver a dejar que nadie se le acercase tanto y al relajar sus defensas con Stiles solo obtuvo un nuevo golpe, una nueva decepción.
La lucha interna entre su cinismo, cultivado durante 6 amargos años, y el pequeño atisbo de esperanza que le queda, aquel que el propio Stiles ayudó a emerger, le deja cada vez peor sabor de boca. Por un lado está la certeza de que no le miente. No podría, Stiles nunca ha sido buen mentiroso. Por otro… siente que no tiene derecho de disfrutar de las cosas buenas de la vida si su familia está muerta por su culpa.
La única, dura y fría verdad es que Derek extraña a Stiles. Su compañía silenciosa, la forma en la que lee sus expresiones y sus silencios dándole exactamente lo que necesita en cada momento, sus sarcasmos, la comprensión, el cariño, su olor...
El olor de Stiles le recuerda todo lo que perdió y a todo lo que podría tener si se permitiese a sí mismo intentarlo. La forma en la que la los olores del Sheriff, de Scott y su madre, incluso últimamente los de la manada han pasado a formar parte de su esencia natural, le hace pensar en la palabra familia de modo que ya no se le hace un nudo en la garganta. Stiles huele a muchas cosas, unos aromas más superficiales que otros, pero sobretodo huele a promesas de futuro.
Derek está enfadado, muy enfadado. Pero el enfado es consigo mismo. Por haber dejado que Stiles le haga sentirse perdido y vulnerable.
***
Stiles no habla del tema, para decepción de Lydia, pero comienza a hablar de nuevo y con los interminables discursos de Stiles se instala una cierta normalidad entre todos. Sigue faltando algo, pero con Stiles siendo más… Stiles, el equilibrio parece recuperarse.
No sucede lo mismo en las reuniones de la manada. El humor de Derek no ha mejorado en lo absoluto. Sigue lanzándolos por los aires, rompiéndoles huesos de forma gratuita y gritándoles órdenes. La situación se ha vuelto tan insoportable que hace semanas que ni Allison ni Lydia aparecen por allí. Es Scott, como beta más fuerte, el encargado de hablar con Derek de la situación.
-Derek.
-¿Por qué demonios no estáis preparados? –les ladra en respuesta.
-Hoy no vamos a entrenar.
Derek tensa hasta el último músculo de su cuerpo, girándose lentamente, mirando con ojos rojos a Scott.
-¿Me estás retando, Scott? –dice muy bajito.
-No –dice, enseñando el cuello (Scott sigue sin considerar del todo a Derek como su Alfa, pero ha aprendido a pelear sus batallas de una en una). –Pero esto no puede seguir así.
-¿Me vas a decir cómo debo entrenaros?
Todos cambian el peso de un pie a otro, excepto Scott, ante la amenaza implícita en las palabras de Derek, que se acerca a ellos como depredador acechando a su presa.
-Derek, no venimos a decirnos cómo debes hacer las cosas –Derek arquea una ceja escéptico. –Es en serio. Esto tiene que parar. Tienes que hablar con Stiles.
La expresión del Alfa cambia un segundo para volver a reafirmarse en esa máscara mezcla de desdén y rabia cada vez más habitual en él.
-¿Eso es una orden, Scott?
-No, es lo que tú sabes que tienes que hacer y no haces.
Apenas ha terminado la frase, escupida con rabia hacia Derek, cuando termina a los pies de los otros betas con un par de costillas rotas.
-Fuera de aquí.
Derek desaparece escaleras arriba y cierra la puerta del baño con más fuerza de la necesaria. No tarda en escuchar como sus betas ayudan a Scott a incorporarse y salen del apartamento. Sigue sus sonidos, sus olores hasta que están demasiado lejos como para que ellos puedan rastrearle. Es entonces, mirándose al espejo apoyado en la fría loza del lavamanos, cuando se da cuenta de que ha perdido el control.
***
Derek nunca ha estado solo, nació en el seno de una gran familia. Sus padres, sus abuelos, sus tíos y un buen puñado de primos y hermanos siempre cerca. Del mismo modo, Derek nunca tuvo que tomar decisiones, si sus padres habrían decidido o no enseñarle a ser un líder como hacían con Laura, es algo que nunca tuvo tiempo de comprobar. En cualquier caso, siempre podría haberles consultado cualquier duda o inquietud. Pero ahora no están. Ni siquiera Laura.
Cuando vuelve al presente, se da cuenta de que acaba de aparcar en el cementerio. Al fondo, en la parte más al norte, lindando con el bosque, atisba el panteón de los Hale. La puerta chirria, señal de que su última visita fue hace demasiado tiempo y el olor a humedad y cenizas le abofetea al entrar, pero lo ignora y se acerca a las paredes, observando las placas de las urnas.
No puede evitar pasar los dedos por ellas, rememorando frases, anécdotas, regañinas y risas cómplices.
-Me siento perdido –dice en apenas un susurro, con la voz rota.
Se sienta en el pequeño asiento de piedra, observando las urnas, esperando una revelación, esperando que alguien le dé la respuesta.
***
Cargado con un ramo de tulipanes, Stiles se dirige hacia la tumba de su madre. Es modesta, apenas un trozo de granito pulido en el que reza su nombre, la fecha en que nació y murió y la leyenda “Somewhere over de rainbow”. Stiles sonríe, con lágrimas en los ojos, mientras se arrodilla frente a la piedra. Retira con cuidado el ramo de flores secas que cuelgan en el pequeño florero y coloca las nuevas que acaba de traer.
Con ayuda de una gamuza, limpia la piedra, arrastrando el polvo y la arena pegados.
-Hola mamá. Feliz cumpleaños –susurra. –Te echo de menos.
***
Apenas es un susurro, pero Derek lo oye incluso a través de la puerta de hierro. Se levanta y sale del panteón, buscándole con la mirada, embebiéndose del olor triste y melancólico que desprende. Le encuentra arrodillado cerca del gran árbol que hay en el centro del cementerio, rodeado de otras tantas lápidas. Le observa en silencio, conteniéndose las ganas de acercarse a consolarle. Como sintiendo su presencia, Stiles se gira y sus miradas se encuentran.
Siente como el corazón del chico se acelera antes de apartar su mirada. Derek no se siente capaz de acercarse. Temeroso de hacerle aún más daño, abandona el cementerio en silencio.
***
Conduce en dirección al bosque, dejando el coche en la entrada de la nueva casa. Ya han terminado casi por completo. Lo que queda tiene más que ver con la decoración que otra cosa. El olor a pintura es cada vez más sutil, pero aún resulta fuerte en su nariz. Recorre las habitaciones, comparándolas con las de su memoria. La casa es más pequeña, pero aun así tiene 5 dormitorios, y cuatro baños en la parte superior, un baño, la cocina, el comedor y la sala de estar en la planta principal y un baño y un gimnasio en el sótano. Es bonita, pero no tan imponente como solía ser la anterior.
Disfruta del silencio de la casa, el único sonido es el eco de sus pies descalzos por la madera y el bosque alrededor. Atesora estos momentos porque sabe que de ahora en adelante no habrá demasiados momentos de paz. Aunque, siendo sincero consigo mismo, la idea de que ese pequeño rincón de la reserva vuelva a estar lleno de vida hace que el peso que lleva en el pecho se aligere.
Piensa en su familia, sobretodo en Laura y su madre, sus alfas. ¿Estarán orgullosas de él? ¿Les gustaría la idea de construir una nueva casa sobre las cenizas de la anterior? ¿Estarían de acuerdo con Stiles en que el diario le dio la excusa perfecta para huir?
Derek suspira, y su suspiro resuena en la habitación, aún vacía de muebles. Es entonces cuando escucha de lejos el repiqueteo característico del motor del Jeep. Debe estar a un par de kilómetros de la casa aún, pero de pronto no sabe qué hacer. Los nervios aumentan cuando aparca el coche junto al suyo. El corazón late desbocado, nervioso, pero sus pasos son firmes, como si su dueño tuviese un propósito firme.
-¿Derek? -pregunta. Sin esperar respuesta comienza a buscarle por la planta baja, encontrándole frente a los ventanales que dan a la parte trasera. –Tenemos que hablar. Esto no puede seguir así.
-¿Así como, Stiles? –dice con cierto sarcasmo.
-Comportándonos como críos. Mira sé que no estuvo bien leer tu diario. Pero lo hecho, hecho está. Y en el fondo no me arrepiento.
Derek, aun de espaldas al chico, suelta un bufido, cansado. Cansado de estar enfadado, cansado de luchar contra sí mismo.
-¿Qué es lo que quieres de mí, Stiles?
Ahora que se ha girado, escucha como el corazón del chico se salta un latido cuando sus ojos se encuentran.
-Te echo de menos –Derek no se espera eso ni por asomo y es como recibir un puñetazo en el estómago. Stiles siempre ha tenido la capacidad de sorprenderle. –No sólo yo, todos. Habíamos avanzado tanto, y no quiero que perdáis eso sólo por mi culpa. Echo de menos al Derek que había empezado a abrirse, al que estaba conociendo. A mi amigo Derek. Y sí, es posible que el inconveniente cuelgue que tengo contigo sea más grande que nunca, y lo más probable es que nunca me correspondas, pero ¡joder! Al menos no me niegues tu amistad.
Derek le mira, aunque Stiles está demasiado ocupado mirando sus zapatillas. Hay muchas cosas que podría decirle: las que debería decirle y las que desea decirle. Pero no le salen las palabras. Stiles le ha lanzado lo que siente sin previo aviso y no sabe cómo manejar todo eso. Porque Stiles le importa, porque se ha sentido comprendido como nunca y por egoísta que sea, necesita eso de nuevo. Pero no sabe cómo hacerlo.
Sabe que debería decir algo, Stiles alza la mirada, pero es ahora Derek quién la aparta, frustrado consigo mismo. El silencio se hace más opresivo y Stiles, que nunca ha sido amigo de los silencios, lo rompe.
-Debería irme –y se gira camino a la puerta, sonando abatido y humillado.
