Work Text:
ㅡNunca me has dicho de dónde diablos salió ese estúpido tatuaje.
Fon parpadeó. Estaba a medio vestir, con un brazo en el traje de artes marciales negro ya metido hasta el hombro.
Coincidentemente, su brazo tatuado aún estaba al descubierto al velo de la noche.
ㅡNunca me preguntasteㅡ. Contestó, volteando a ver a Mammon, quien se encontraba sentado en una cama.
Tenía los brazos cruzados, e iba vestidx con una camisa negra grande y holgada, que cubría sus muslos, y estaba arremangada de forma descuidada para dejar sus manos libres.
Sus ojos violáceos y sin brillo, que estaban a medio cubrir entre los mechones de su pelo, dejaban a la vista los elevados muros que era el verdadero rostro del ilusionista y su persona.
El artista marcial se quedó mirándole, inmutable, sereno. Pero muy en lo profundo, sabe muy bien que esto lo mantiene en guardia. Era algo a lo que todavía no se acostumbraba del todo: Mammon le dejaba ver su cara descubierta tantas veces como hicieran…
Eso.
Así, sin más. Sin ilusiones. Sin peleas. Sólo esa extraña confianza cruda y vulnerable que se puede tener con alguien a quien conoces por tanto tiempo. Llevaban un par de encuentros antes de ser maldecidos, y otros más desde que pudieron volver a su adultez.
No es que Fon lleve la cuenta, pero parece inevitable ver el patrón cuando tienes que enfrentarte a alguien tan escurridizo y arisco como Mammon. Es casi inaudito que siquiera le permita tocarlo con lo mucho que declara detestarlo.
Quién sabe, tal vez Fon tiene algo en él que otros sueñan con alcanzar.
Incluso entre los Varia -que parecen ser lo más cercano a una familia que puede tolerar el ilusionista- siempre terminan desafiándolo a peleas absurdas por “acaparar gratuitamente” su atención cuando aparece en su base.
Hoy, finalmente pudo zafarse de ese ruido y caos molesto. Mammon tenía un trabajo que hacer en Hong Kong para Xanxus, y evidentemente no quería lidiar con la barrera del idioma. Así que el artista marcial resultó muy útil al saber, además de mandarín, cantonés de forma tan fluida.
No es como si eso explicara en realidad el tatuaje.
ㅡHm… Pensé que arañarlo tanto te daría una pistaㅡ. Murmuró Mammon, acomodándose de mejor manera entre las sábanas. Ahora con una rodilla flectada mientras la otra pierna se perdía entre las mantas.
Fon se mantuvo quieto, luchando contra el deseo de perder su vista en sus muslos lechosos. Tenía que concentrarse en su rostro con los triángulos índigo corridos por el sudor en sus mejillas, en esos ojos penetrantes y afilados.
ㅡ¿Eso significa que no lo odias?ㅡ. Preguntó con una suave sonrisa. Decidió quedarse a medio vestir por un rato.
ㅡEso significa que ocultas más de lo que aparentasㅡMammon entrecerró los ojos con pereza y los labios fruncidos. Volvió a hablar, arrastrando las palabras con seriedad esta vezㅡTú no eres un simple artista marcial fuerte. Perteneces a la mafia, ¿No es así?
El hombre soltó una risa suave, casi inaudible, mientras terminaba de deslizar la tela negra de su traje sobre el hombro, por fin ocultando un poco más el tatuaje.
ㅡEvidentemente no a la mafia italiana, si es lo que te preocupaㅡAdmitió, inclinando a un lado la cabezaㅡEs algo mucho más antigüo. Lo que ves en mi piel es el rostro de Guan Yu.
ㅡ¿El dios de la guerra?ㅡ. Mammon alzó una ceja delgada, aburridx.
ㅡEl dios de la lealtadㅡCorrigió Fon, dando un paso lento hacia la cama, manteniendo sus movimientos pausadosㅡLos policías de Hong Kong le rezan en sus estaciones, y los miembros del Shui Fong se lo tatúan en la piel antes de una noche de sangre en Mong Kok. Para ambos significa lo mismo: Fidelidad inquebrantable a los tuyos.
ㅡUna fidelidad con cierto módico precioㅡMammon negó con la cabeza, mientras cerraba los ojosㅡNo pretendas conmigo. Sabes cómo se movía el bajo mundo mucho antes de que pudieras balbucear tonterías sobre las artes marciales.
Fon se detuvo al borde del colchón, observando las marcas índigo en las mejillas de Mammon, sus labios gruesos y mandíbula marcada.
Sonrió con tranquilidad:ㅡVamos, tú entiendes de contratos y transacciones, Mammon. El Shui Fong entiende de deudas de honor. Mi familia de sangre pertenece a esa sociedad. Yo solo heredé algunas habilidades… y el idiomaㅡ. Explicó encogiéndose de hombros.
El ilusionista entreabrió sus ojos con el ceño fruncido, y permaneció ahí estudiándolo como a un bicho en un microscopio.
ㅡAún así… las Tríadas no calzan contigo. DesertasteㅡLo acusó en un suspiro indiferenteㅡDemasiada violencia y oscuridad para un pacifista pretencioso… ¿Qué te hizo alejarte tanto, pero a la vez mantenerte tan cerca de todo esto? Es una posición casi segura, pero cobarde.
ㅡUna pregunta muy válidaㅡ. Reconoció Fon, riendo por lo bajo, y sin ofenderse en lo absoluto.
Mammon arqueó una ceja, y guardó silencio, esperando.
El hombre suspiró por la nariz, y por ese breve instante, su semblante mostró una nostálgica seriedad que pocas veces se permitía. Su mirada bajó al suelo al mismo tiempo que, con una mano, tocaba en su pecho la cabeza del dragón.
ㅡEl fruto no cae muy lejos del árbol…ㅡSus ojos plateados brillaron en la oscuridad. Entonces subió su mirada hacia el ilusionista y se quedó allí, observándolo con intensidadㅡGuste o no, hay algo muy familiar en este mundo que me impide practicar el desapego por completo… ¿Quién sabe? Tal vez tengo una ilusiónㅡ. Sonrió levemente.
«Una fuerte creencia arraigada en ese cerebro liso».
Mammon se quedó quietx en la cama, dejando que el silencio los envolviera en la penumbra. El artista marcial también lo hizo, acostumbrado a esta tranquilidad.
Entonces, el ilusionista se volvió a sentar entre las sábanas. Y con las rodillas hacia el pecho, abrió las piernas. Todo mientras se desabrochaba la camisa negra con una mano, y mantenía un semblante indiferente.
Todo hasta que se dejó al descubierto nuevamente, sólo cubriéndose apenas la espalda y una parte de sus brazos. Casi parecía presentarse para Fon como una tentadora pero peligrosa invitación.
Fon no era un adolescente descubriéndose. La desnudez no era algo nuevo ni algo que podía ponerlo nervioso. Pero como antes, la sorpresa que viene con el hecho de que el ilusionista le permita verlo por completo, lo deja parpadeando atento, y con el corazón en la mano, palpitante en sus oídos.
«¿Tienes ganas otra vez?». Se pregunta con la garganta seca.
Esto no era para débiles ni personas normales, sin duda. Y tal vez eso fue lo que pudo mantenerlo con los pies en la tierra y no tentarse de moverse.
Pero antes de que pudiera preguntarle qué deseaba, Mammon lo interrumpió:
ㅡTienes una ilusión, ¿No?ㅡ. Su voz sonó más cerca, susurrando en su oído.
Fon parpadeó apenas una vez, y ya no había nadie en la cama. Y antes de poder procesar por completo esa mano acariciando la cabeza de su dragón negro, giró la cabeza a una velocidad impresionante.
Mammon estaba frente a él, prestándole atención más al tatuaje que a su dueño, a través de las yemas de sus dedos. Apenas un par de centímetros los separaban.
Y tal vez no lo estarán por mucho tiempo.
Fon intentó no estremecerse ni jadear. Pero falló, temblando un poco ante cada caricia. Y aún así, tampoco podía evitar estar asombrado y complacido con los rápidos movimientos del ilusionista.
Nadie como elle podría seguirle en este ritmo, y sin duda alguna después de que -a regañadientes- se haya esforzado en entrenar físicamente con él más allá de sus viejos trucos de ilusiones.
Un solo par de lecciones y ya alcanzaba este nivel… Dios. Muy en el fondo, su potencial de mejora lo volvía loco por dentro.
Pero sabía muy bien que debía llevarse eso a la tumba.
Fon suspiró:ㅡMammon…
ㅡYo diría lo contrarioㅡVolvió a interrumpir el ilusionista, ahora en un tono menos cortante y más serenoㅡTienes algo, o alguien, que te hace permanecer lo suficientemente cercaㅡSus ojos se encontraron con los del artista marcial al levantar la cabezaㅡAl fin y al cabo, aunque sucio… tienes ese honor y generosidad hacia los demás.
No había necesidad de siquiera decir su nombre. Y Fon lo supo al verlo reflejado en los ojos de Mammon.
Pero eso no era todo.
ㅡTal vez haya más de un alguienㅡConfesó con una sonrisa tranquila. Mammon arqueó una cejaㅡAún así, puedo contarlos con una sola manoㅡ. Dijo, y la suya cubrió la del ilusionista en su pecho.
Ambos permanecieron así, mirándose con calma. Como si tuvieran todo el tiempo del mundo para leerse. Con un pulgar, Fon acarició el dorso de su mano. Y comenzó a pensar que así sería más fácil acostumbrarse a esos ojos tan intensos y sin brillo.
ㅡHm. Yo no me identifico con esoㅡ. Negó Mammon mientras cerraba sus párpados.
Fon lo vio venir, así que no reaccionó al ser rodeado de tentáculos e inmovilizado. Apenas su semblante cambió cuando algunas ventosas se apegaron especialmente a su tatuaje.
ㅡAdemás, ¿Qué es eso de “hay más de un alguien”?ㅡMammon volvió a abrir los ojos. Lo miró con desprecio, cruzándose de brazosㅡTampoco te queda ser un donjuán.
«Huh… ¿Así que de eso se trataba todo esto?»
El artista marcial sonrió divertido mostrando los dientes, y sin dejar que nada desviara su atención del ilusionista.
ㅡNo te pongas celosx, ¿Estabas prestando atención?ㅡInclinó la cabeza, apoyándose en los inquietos y múltiples miembrosㅡQue yo sepa… te he dejado claro un montón de veces lo que siento.
ㅡY aún así se te olvida que, cada vez que hacemos esto, soy yo quien te deja un fajo de billetesㅡ. Rebatió Mammon encogiéndose de hombros con apatía.
El insulto estaba completamente entre líneas.
El hombre entrecerró sus ojos con confianza.
ㅡEs lo mínimo que puedes hacer. Ya que siempre desapareces antes de que podamos hablar o pagarle al motelㅡContestó divertido. No podía albergar rencor alguno cuando conoce muy bien con quien hablaㅡSabes que sólo llevo suficiente dinero para algunas cosas básicas.
Mammon permaneció quietx donde estaba, admirando su trabajo de inmovilización. Tal vez prestándole atención también a él.
Fon podía romper sus ilusiones en cualquier momento. Y aun con esas, cuando estaban juntos de esta manera, nunca hacía nada por liberarse. Era casi divertido lo evidente que era.
Sin forzarlo, y de a leves empujones, los tentáculos inclinaron el cuerpo del artista marcial, hasta que su rostro quedó a la altura del ilusionista.
Mammon sostuvo su mentón con una mano.
ㅡY tú siempre vuelves a mí…ㅡSusurró, inclinando su cuello a un lado y acercando su propio rostro al del contrarioㅡComienzo a pensar que, toda la violencia y oscuridad que no abandonas, puedes encontrarlas conmigo.
ㅡEs lo mismo para ti, ¿No?ㅡFon contesta con calma, mirando sus labios y volviendo a sus ojos. Ignora por completo el tentáculo rodeando su cuello y cada uno de sus muslosㅡEsto dice mucho de nosotros.
Mammon guardó silencio. Y en cambio, apretó el agarre en su mandíbula, y estampó sus labios en los del hombre.
Fon suspiró profundamente, casi con alivio. Sus ojos se cerraron por primera vez, concentrándose en las sensaciones. Y siguió el ritmo del beso con ternura, compartiendo breves bocanadas de aire, chasquidos húmedos.
El agarre se aflojó, y esa misma mano pasó, centímetro a centímetro, por su cuello libre con cada beso. Lo asfixiaba un poco, y eso provocó un resoplido en Fon. La mano firme rodeando su garganta fue agradable a su manera. Todo hasta que descendió, permaneciendo la palma en su pecho palpitante.
Cuando el intercambio terminó, y se separaron algo jadeantes, Fon permaneció con los ojos cerrados. Y Mammon se apartó apenas unos milímetros. No retrocedió ni siquiera cuando desvió la mirada al suelo.
Para cualquiera, todo esto habría parecido un detalle insignificante. Pero para alguien que conocía al ilusionista desde hacía tantos años, era casi una confesión en sí misma.
Los tentáculos desaparecieron, pero una caricia en su dragón negro permaneció presente. Casi tanto como la presencia de un fantasma.
Hasta que desapareció, y al volver a abrir los ojos, sólo se encontraba él en la habitación.
Fon sonrió apenas, era inevitable. Después de todo… había personas que jamás aprenderían a quedarse. Y otras que nunca dejarían de esperarlas.
