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Las vacaciones de verano son una bendición para todas las personas que han vendido su alma al demonio llamando: universidad. Unos efímeros pero merecidos días de descanso ayudan a que estos pobres esclavos del sistema educativo retomen fuerzas para que sigan en su preparación hacia ser esclavos del sistema laboral.
Cada quién disfruta estas fechas de formas distintas, pero justamente hay cinco jóvenes que, como premio o como castigo, no pudieron darse el lujo de viajes, excursiones, o alguna actividad inolvidable.
Choi Yeonjun era de los que podían resaltar en algunos ámbitos, pero fracasar rotundamente en otros; por lo mismo, terminó reprobando la materia de estadística. Para empeorarlo, había errado en el par de exámenes extras, lo que lo llevó a clases de recuperación: la última oportunidad para mantener su trasero en la universidad. Así que le había tocado sacrificar las vacaciones y asistir a cursos de recuperación.
Choi Soobin, a pesar de ser una rata de alcantarilla, había estado esperando con ansias esas semanas porque su familia se había animado a salir del país. Hace mucho que no se aventuraban, además de que ese sería el primer gran viaje junto a su pequeño sobrino. Aunque el entusiasmo pronto se estrelló cuando tuvieron que cancelar el paseo. Lo único que se le ocurrió fue desquitarse jugando videojuegos mientras el organismo se lo permitiera. Así que allí estaba, la rata de alcantarilla, transcurriendo de ocho a diez horas frente al monitor.
Choi Beomgyu parecía siempre estar de vacaciones, era de los que tenían la injusta fortuna de ser talentoso, dedicado y privilegiado. Poco se esforzaba en las clases, porque todo se le daba con naturalidad; aunque siempre procuraba seguir alimentando sus habilidades, así que le gustaba tomar lecciones extracurriculares cada que tuviera oportunidad. Además, sus padres y hermano llegaban a la ciudad para visitarlo desde su ciudad natal, así que no necesitaba trasladarse. Como fuera, el muchacho se había inscrito a una clase para modelaje de arcilla que duraría lo que las vacaciones.
Kang Taehyun encontraba mejor disfrute en ser productivo. Llevaba ordenadamente cada actividad agendada, tanto que, según él, estaba relajado cada día y no le hacían falta vacaciones. Sin embargo, tenía cierta obsesión con planear cuidadosamente sus movimientos, y sin darse cuenta acababa tan atareado que no le restaba tiempo para desocuparse. De hecho, en ese verano, se postuló como tutor en la universidad para las personas que reprobaron alguna materia, personas como Choi Yeonjun.
Huening Kai, estaba viviendo su mejor momento. Él compartía departamento con sus hermanas, las que se ausentarían un mes y medio dado un “viaje de chicas”. Ellas juraban que el joven se estaría lamentando por quedar atrás, cuando la verdad era que permanecer solo por una temporada eran las vacaciones soñadas. Si de por sí era una persona con un tono de piel clara, ahora rozaba la palidez por pasar jornadas completas sin siquiera saber qué día era, mientras veía animes o explotaba su teléfono celular con un juego nuevo con el que se había obsesionado.
De ese modo transcurrieron los días para aquellos muchachos, algunos con más preocupaciones que otros; pero, ¿será que el verano no les iba a ofrecer alguna sorpresa?
—¡¡Oigan, homosexuales!! —Beomgyu mandó un mensaje en el chat grupal.
—No molestes, estoy estudiando.
—Pero bien que contestaste en menos de dos segundos, Yeonjun. Seguro estás viendo reels en IG —Soobin fue el tercero en asomarse.
—¿Nunca has escuchado de la técnica de pomodoro? Son 20 minutos de estudio y 10 de descanso —el mayor del grupo rebatió.
—Siendo tú, seguro son 20 minutos de estudios y 10 horas de perder el tiempo.
Luego de una corta disputa sobre la eficiencia de los métodos de estudio de Yeonjun, Taehyun se unió a la plática:
—¿Quién demonios ve reels en IG? Puro anciano hace eso.
—Miren nada más quién acaba de atender al llamado gay, el que siempre anda llorando de que no le gustan los hombres —se burló, Yeonjun.
—Miren nada más quién reprobará, de nuevo, por andar distrayéndose.
—Uuuuh, golpe bajo.
—Justo por este tipo de cosas evité a toda costa que tú fueras mi tutor, eres vengativo.
—Y gay, vengativo y gay —Soobin, claramente, se estaba divirtiendo demasiado molestando a sus amigos.
—¡CARAJO¡ ¡CALLENSE Y PONGAN ATENCIÓN! —cada quién estaba participando en la plática desde atrás de la pantalla de su teléfono, cada quién en casa propia, pero bien pudieron imaginar el grito estridente y fastidioso de Beomgyu.
—Por cierto, ¿Hyuka dónde quedó? —Taehyun, deliberadamente, eligió ignorar el anterior mensaje.
—Sepa, ni siquiera me contesta los mensajes privados. Le dije que jugaramos juntos y nada —Soobin entendió la treta del menor, así que lo secundó con toda la intención de irritar a Beomgyu.
—Que él es hetere, dice —Yeonjun bromeó.
No se podían ver entre ellos, pero se conocían lo suficiente como para saber que estaban riéndose al unísono de tal afirmación. Ese grupo de sujetos tenía bisexuales, gays, otakus, gamers, espantagentes, mamones, ridículos, perdedores, pero jamás heteros.
—Como sea, qué pena por Kai. Se lo va a perder —Beomgyu no se iba a rendir, haría lo necesario para que le presten atención, sobre todo porque tenía una estupenda noticia.
El joven mandó una imagen: tenía letras enormes y de un color chillón; la calidad era bastante mala, seguramente por ser enviada múltiples ocasiones en redes sociales. Cuando llegó hasta Beomgyu, ni siquiera podía diferenciarse bien lo qué decía.
—Vaya HD.
—Mejor ponte lentes, se ve perfecto —quiso defenderse el remitente de aquel mal panfleto.
—¿Esas son hamburguesas?
—Si. Les dije que se puede diferenciar, Taehyun lo notó.
—¿Es una promoción?
En efecto, se trataba de un evento especial del restaurante favorito del grupo de amigos. Muchos de sus mejores momentos habían sido en ese lugar y amaban la comida que preparaban. Aunque solía ser un poco caro para las carteras de algunos de ellos, así que se había vuelto exclusivo para días especiales, o cuando necesitaban festejar algo.
Les voló la cabeza pensar que tendrían la oportunidad de saborear las deliciosas hamburguesas con doble carne, triple queso, tocino, salsa picante, acompañadas de sus respectivas papas fritas, espolvoreadas con especias que le dieran un toque salado y ácido. ¿Y con descuento? ¿Era ese el milagro de verano que no sabían que necesitaban?
—Espera un segundo… Choi Beomgyu, ¿leíste las letras pequeñas? —el más grande del grupo estaba al punto del desquicio—. ¿Si sabes que dice: “2x1 para parejas”?
—Nosotros podemos hacer parejas…
—¡Se refiere a parejas románticas! Pedazo de-
—¿Queeeé? Ni lo especifica —para defensa de Beomgyu, era verdad que la foto no explicaba del todo los términos y condiciones—. Es estúpido por parte de la empresa dar por sentado que todas las “parejas” son novios. ¡Seguro es una trampa por parte del equipo de marketing!
—Tiene un punto —Taehyun agregó—, pero es un poco obvio cuando todo el diseño está repleto de corazones y cosas estereotípicas del amor romántico.
—Si tan solo no tuviera una resolución tan precaria, tal vez lo hubieras notado —regañó Yeonjun.
—El problema es su cabeza hueca, no la calidad de la imagen —soltó Soobin.
—Deberíamos denunciarte por cometer el crímen de ilusionarnos —dramatizó Yeonjun.
—¡Hey! No entiendo por qué tanto escándalo, si la solución es sencilla.
—A ver Choi Beomgyu, ¡ilumínanos!
—Llegamos al restaurante en parejas y decimos que somos novios.
Ningún alma siguió la charla. El hilo de la conversación se cortó abruptamente. Aunque, durante los próximos minutos, fueron ocurriendo algunas cosas: aquellos tres puntitos que flotaban en el chat, los que señalaban que alguien estaba redactando un mensaje, no paraban de aparecer; muy posiblemente, uno o más de uno, habían borrado y vuelto a escribir una y otra vez sin concretar el texto. Choi Yeonjun se había salido del grupo como acto de protesta, aunque no era ninguna novedad, solía hacerlo tan seguido que ya no causaba ni preocupación, ni risa. Taehyun, al ser el que levemente se salvaba de ser un idiota, era el administrador que automáticamente lo volvía a agregar en menos de un minuto.
Igualmente, el silencio permaneció aún después de aquel lío. Tuvo que llegar el quinto integrante de aquella banda disfuncional para cambiar el flujo del momento.
—Oigan, la verdad no leí todos los mensajes. Solo alcancé a entender que van a ir a comer hamburguesas. Pido disculpas, estoy algo enfermo como para salir. ¡Igual disfrutenlo! Les mando mensaje luego.
Sin agregar más, el joven abandonó el chat.
—¿Qué le picó?
—¿Nos les pareció demasiado sospechoso? —Soobin dudó del extraño comportamiento.
—¿Nos estará ocultando algo? —Yeonjun igual sentía que hacía falta contexto.
—Espero que no se sienta muy mal… —Taehyun igual tenía dudas, de todas formas era mayor la preocupación por que su amigo posiblemente estuviera indispuesto.
—¿Será que se consiguió un novio, no nos quiere decir, y justo irá a 2x1 de hamburguesas con su pareja? —Beomgyu hablaba en serio, al parecer.
—Eres tonto, no hay otra forma de describirte. Eres tonto.
—Deja de ser tan grosero conmigo, Yeonjun.
—Bueno, ya. Es cierto que puede ser un imbécil, decerebrado, payaso, cojudo-
—¡BASTA, CHOI SOOBIN!
—Déjame terminar, estoy de tu lado… Es cierto que dice estupidez y media, pero debemos cumplir con nuestra regla de poner en votación cualquier propuesta, por más incoherente que sea. Esta es una democracia justa, así que den su respuesta. ¿Quién vota por emparejarnos, fingir ser novios, y así conseguir esas hamburguesas?
Un voto a favor, obviamente de Beomgyu.
Otro voto, otro, y otro.
Inesperadamente (o tal vez no tan inesperadamente), se reunieron cuatro a favor.
—Son unos malditos. Primero chillan de que no quieren seguir mi espléndido plan y después se hacen los desentendidos.
—Si, si, si, como digas. Igual, prefiero morir antes de fingir ser el novio de Beomgyu —sentenció el mayor del grupo—. Es mi única condición para seguir con esta locura.
—Ni quién te quisiera, desgraciado. No eres mi tipo.
—Que sea Soobin con Yeonjun, y yo con Beomgyu —propuso Taehyun y así llevar las cosas en paz. Siempre terminaba siendo la “voz de la razón” entre tanto desquicie.
—El primer par de novios entra a las 4:00, y el segundo a las 4:15, ¿les parece?
—Beomgyu, no lo digas de ese modo, que da asco —se quejó Yeonjun.
—Por mí está bien —confirmó Soobin.
—Lleguen puntuales, por favor. Siempre acordamos un horario y se asoman cinco días hábiles después —exageró, Taehyun.
Una vez concretado el plan, el hastío por la descabellada estrategia se les pasó en minutos, porque el imaginar lo mucho que iban a gozar esas hamburguesas, superaba cualquier cosa. Además, podían renegar tanto como quisieran, podían protestar, insultarse o despreciarse, la verdad era que ese escenario donde fingirían ser novios resultaba algo relativamente tranquilo comparado con otros acontecimientos que vivieron juntos durante los más de siete años siendo mejores amigos.
Arrimones estando ebrios, compartir ropa interior, bañarse mientras otro estuviera usando el inodoro, vomitarle encima a alguno… Claro, humillarse en grupo no era lo único que hacían. También se habían acompañado en épocas oscuras y en épocas prósperas. Se procuraban, se querían, se extrañaban. Eran tan disfuncionales como unidos. Se preguntaban cómo podían ser tan cercanos al ser demasiado distintos, pero ya era imposible imaginarse una vida sin el haberse conocido.
Podían refunfuñar ante las mensadas de Beomgyu, hacerse los asqueados, pero allí estaban, listos para actuar como tortolitos enamorados por una maldita hamburguesa. ¿Quién los entiendía?
Se supone que a las cuatro en punto, Choi Yeonjun y Choi Soobin debían atravesar las puertas del paraíso (entrar al restaurante), pero en el lugar acordado solo estaba Soobin. El joven echaba pestes a diestra y siniestra por la tardanza de su amigo y dupla en aquella estafa. Ya se estaba engentando, podía percibir supuestas miradas hacia él que en su cabeza se traducían como: estar siendo observado por ser demasiado sospechoso. Era un tipo ansioso y desesperado, características que empeoraban cuando estaba en presencia de muchos desconocidos.
—Ya me quiero ir —suspiró, nervioso.
—Debes evitar hablar en voz alta cuando estás solo, un día van a creer que eres un demente.
Soobin ni siquiera tuvo que dirigir la mirada hacia el recién llegado, porque supo de inmediato quién era. Ese tono burlón y castroso solo le podía pertenecer a un ser humano en el mundo. Entonces, tuvo un debate interno sobre si era mejor seguir estando solo a pesar de las incomodidades, o tener la compañía del insufrible Choi Beomgyu. Ambas opciones eran pésimas, pero una era más llevadera que otra.
Ni siquiera debemos mencionar cuál opción prefería.
—¿Qué haces aquí? Aún no es tu horario —fue imposible ocultar el fastidio en el tono. Aunque, obviamente, al otro le tenía sin cuidado el mal humor que desprendía.
—La escuela de arte donde doy clases está cerca, así que llegué pronto.
—Qué conveniente, tú sí que tienes la vida fácil.
—Podría decirse… No me quejo —se hundió de hombros.
—¿Qué? ¿Resulta que hay cosas que aquejan tu vida? —preguntó con sorna, Soobin.
—Solamente el continuo pensamiento de que le temo a la soledad y me provoca pánico la realidad en donde los caminos de nosotros cinco poco a poco se van separando. Imaginar que un día nos podríamos volver desconocidos, siendo que ahora son lo más importante para mí, me quita el sueño por las noches. Ver a los niños a los que enseño, ser tan felices por hacer amigos, me provoca conflicto porque siento que van a crecer y enfrentarse a la separación y al dolor de perder a alguien querido. Así que estoy tratando, con todas mis fuerzas, evitar caer ante la locura, y mejor hacer lo posible para poder reunirnos, aunque sea unos minutos. Porque nunca sabremos cuándo es demasiado tarde…
El muchacho había soltado todo ese discurso sin tomar aire, sin parpadear. Parecía que sus orbes se le iban a salir de las cuencas.
Soobin hubiera podido reírse por la cómica y desquiciada expresión que estaba haciendo Beomgyu, aunque se aguantó dado a la profundidad de aquel monólogo. Estaba totalmente consciente de que su amigo era un alma sentimental: alimentándose de nostalgia, ilusionandose con el futuro, procurando por lo demás a pesar de que eso significara sobreponer a otros antes que sus necesidades. El grupo había intervenido bastante para ayudar a que pudiera regular, de buena manera, esos pensamientos intrusivos que lo lastimaban.
De hecho, fue gracias a los consejos de ellos que decidió buscar ayuda psicológica, y gracias a la terapia logró interesarse por la pintura. Ahora era tan bueno que le enseñaba a chicos y grandes. Igualmente, no quedaba exento de verse vulnerado por sus propias maquinaciones.
—Gyu, tranquilo —dijo, con una voz suave y amable. Por lo general se llevaban toscamente, pero tenía un apodo cariñoso para cuando la ocasión lo ameritaba—. Es más probable que Yeonjun se vuelva una persona puntual, a que nosotros cinco dejemos de ser amigos.
Se miraron unos segundos para luego echarse a reír.
—Tienes razón —el joven había retomado la serenidad por completo—, seguro se retrasó por estarse arreglando.
En efecto, Yeonjun llevaba veinte minutos lidiando con el sutil delineado marrón que quería hacerse en el párpado superior. Estaba peleando con el maquillaje (y estaba perdiendo), porque nunca le salía simétrico a comparación con el del otro ojo. Contrario a Soobin, quién había llegado en fachas, despeinado, y dudoso de sí recordó ponerse desodorante o no, dedicaba un gran empeño en su aspecto. No importaba si era un lugar lujoso o la tiendita de la esquina, invertiría su tiempo para lucir de la mejor forma.
—Podemos esperar un poco más.
—Cinco minutos, sino ya entramos nosotros —ordenó el mayor—. Dejé encendida mi computadora para poder retomar la campaña lo antes posible.
—Adicto.
—Llorón.
—Igual espero que Taehyun llegue bien, me dijo que pasaría a ver a Kai.
—¿Crees que logre convencerlo de que se nos una?
—Espero que sí, aunque él deberá comprarse su propia hamburguesa.
—Suena a premio —bufó Soobin, y de inmediato recibió un codazo en la costilla.
—Mejor entremos, estoy muriendo de hambre —Beomgyu se rindió—. El que está está, y el que no está no está.
—Qué sabio —el mayor puso los ojos en blanco. Aunque le alegraba saber que por fin iba a poder poner un diente en la deliciosa hamburguesa y así largarse a casa.
—Oye, ¿deberíamos tomarnos de la mano? —la duda era real.
—No me jodas, Choi Beomgyu.
—Eso será más convincente. Hazme caso.
El otro parecía sumamente negado a la idea.
—Carajo, Soobin. Me has contado cuáles son tus kinks favoritos en el hentai, darme la mano no puede ser peor.
—Cállate —regañó al otro entre dientes.
De todas formas, terminó cediendo. Entrelazaron los dedos e ingresaron al lugar, lado a lado. Aunque Soobin jaló exageradamente al otro para que se sentaran de inmediato; pronto, una mesera arribó con una gran sonrisa para atenderlos.
—Buen día, ¿qué desean ordenar?
—Una promoción de parejas, por favor —Beomgyu contestó sin titubear.
Al segundo de escuchar la petición, a la muchacha se le borró la sonrisa. En lo absoluto disimuló su desagrado. Obviamente ya tenía experiencia en recibir duplas que fingían un amorío con tal de obtener los beneficios y descuentos, así que su hartazgo era palpable. Ni siquiera tuvo que decirlo en voz alta, su rostro expresaba claramente un: “no me van a ver la cara de estúpida”.
Pero los dos bobos tuvieron suerte de que fuera alguien educada, así que con la poca paciencia que le restaba, trató de sobrellevar el asunto.
—Para el conteo de cuántos novios nos vienen a visitar, les haré algunas preguntas —no se las iba a dejar tan fácil.
—De acuerdo —contestaron casi al mismo tiempo, balbuceando.
—¿Cuántos años llevan de ser pareja?
—Seis años —contestó Soobin.
Aunque se sobrepuso la voz aguda del menor que contestó algo diferente:
—¡Siete!
Se fulminaron con la mirada y se patearon los pies por debajo de la mesa.
—Qué bonito —dijo la mesera con sumo sarcasmo—. ¿Qué frase romántica sueles decirle a tu pareja?
Esta vez la pregunta iba dirigida específicamente a Soobin. Claro, había encontrado el eslabón más débil. Tuvo la agudeza para detectar al tipo que podría arruinar todo el teatrito.
Al hombre se le descolocó la cara. Él solía aborrecer las muestras de afecto o los comportamientos cursis. ¿Actuar como Naruto, imitar las vocecitas de chicas mágicas animadas, decir frases célebres de personajes de anime? Eso no era tan vergonzoso para él como dar palabras amorosas.
“¿Frases célebres de personajes? ¡Puedo hacer eso!”, pensó.
—Cada uno tiene sus defectos e imperfecciones, pero eso es lo que nos impulsa a trabajar juntos... Para compensar esos defectos.
Los presentes quedaron bastante pasmados, hasta el mismo Soobin. Aunque luego se enorgulleció por ser tan certero, como si no le hubiera robado las palabras a Gintoki Sakata y hubiera hecho una mala imitación.
—¿Qué van a ordenar?
Mentalmente, los dos jóvenes estaban brincando en un prado florido rodeados de fuegos artificiales. Lo habían conseguido, pudieron pasar la gran prueba: “la mesera rezongona”, y ahora se deleitarán con el honorable botín. El más grande se sintió realizado, no tardó en levantar el mentón y sonreír de oreja a oreja. Una vez listo para ordenar, abrió la boca para informar lo que iba a querer para comer, mas fue interrumpido por alguien que recién había llegado.
—Mi amor, perdón por llegar tarde —tenía la respiración acelerada, signo de que había corrido para llegar.
Se trataba de Choi Yeonjun.
Lucía muy guapo a pesar de la evidente fatiga por estar apresurado. Siempre cuidando su aspecto, queriendo deslumbrar en cada lugar que visitaba. Era de los que prefería sacrificar el desayuno u horas de sueño, con tal de llegar sin arreglarse. El verdadero: “antes muerto que sencillo”.
Sus amigos ya estaban acostumbrados a verse como plastas ojerosas al lado de Yeonjun, pero la mesera genuinamente se impactó por su presencia. Casi pasó por alto que algo no cuadraba en esa escena… Casi.
—¿Este es? —la formalidad se había ido de sabático.
—Él es...
—Él es...
—Yo soy…
Los tres tipos se miraron con suma preocupación, parecían gallinas sin cabeza, queriendo correr de un lado a otro. Mientras tanto, la empleada estaba dispuesta a darse media vuelta e ir a buscar su supervisor para que pudiera jalarle la oreja a ese grupo de babuinos.
—¡Nuestro novio! Es nuestro novio —vociferó Beomgyu. Consiguió varias miradas juzgadoras de los otros comensales dado el circo que se estaba saliendo de control.
—¡Sí! —Yeonjun abrió y cerró la boca varias veces. Necesitaba decir algo más que un burdo “sí”—. Aunque sea difícil de creer, alguien que se ve como yo puede salir con personas como ellos.
Con amigos como ese, ¿para qué querían enemigos?
En su defensa, el recién llegado estaba molesto porque los otros dos se habían salido del plan original. Debía improvisar sobre la marcha, pero siempre había sido alguien muy transparente. A leguas se notaba que quería apuñalar con un tenedor a los otros.
—Soobin no recordaba los años que tenemos juntos, pero tú te acuerdas, ¿verdad? —Beomgyu era el único que se aferraba con dientes y uñas a ese desastroso cuento.
—Siete años —contestó con firmeza.
—¿Ves? —hizo ademanes excesivos, moviendo los brazos y las manos. Era un intento desesperado de convencer a la mesera; o por lo menos, de controlar su repudio hacia ellos.
—¿Qué es lo que más feliz te ha hecho estando con ellos durante esos años?
La mujer levantó el dedo índice mientras fulminó con la mirada a Beomgyu y Soobin, fue una contundente señal para que no osaran entrometerse. Yeonjun era quien debía responder. A esas alturas, volver a utilizar la misma carta de hace un rato, era para hacerlos pasar por un castigo humillante.
El interrogado tragó saliva. Sabía que no bastaba con algo superficial o sonso. “Me hace feliz estar con ellos”, “me hacen sentir seguro”, eran afirmaciones clichés. Necesitaba ser astuto: comentar algo emotivo pero sin tampoco exagerar, ya que eso le quitaría credibilidad.
Tuvo que hurgar en el pasado. Una vida sencilla, siendo hijo único, teniendo lapsos de soledad de vez en cuando, rogando por un hermanito que nunca llegó. Sin embargo, fue bendecido con una personalidad carismática y amigable, por lo tanto, siempre estaba rodeado de gente, siempre podía estar acompañado y olvidar los pesares de la juventud. Aunque, el sentimiento de desolación nunca desapareció definitivamente. Sin importar cómo se relacionara con las personas de su entorno, terminaba el día analizando cada uno de los pasos dados para así llegar a la insatisfacción.
Creyó transcurrir el resto de los días de ese modo, hasta que ocurrió un milagro…
Primero conoció a Soobin, compartían la clase libre de diseño gráfico. De inmediato se dio cuenta que este era totalmente opuesto a él. Yeonjun se interesaba por la moda, por las tendencias, por temas populares, mientras que el otro nunca ponía atención a una plática que no fuera acerca de anime o videojuegos. Lo odió, era su némesis, su antítesis, mas los giros de la vida parecían unirlos a la fuerza. Fue hasta que, en un acto desesperado, le pidió, le rogó, fungir como su modelo para una presentación de moda donde expondría algunas prendas de su autoría.
Le sorprendió la accesibilidad de Soobin, quien no rechistó ante la petición.
Allí fue cuando entendió lo cerrado que estaba su círculo cercano, porque se había dedicado a convivir con personas “similares” a él, y eso no le ofrecía el dinamismo que tanto ansiaba en las relaciones.
Aprendió a escuchar, a involucrarse en gustos ajenos, a encontrar nuevos pasatiempos, a disfrutar actividades diversas. Así que, después de apaciguar el fastidio hacia Choi Soobin y que se forjara una amistad entre los dos, fue más sencillo encariñarse con Kai, Taehyun, y Beomgyu.
Con ellos nunca paraba de hablar, aunque también podía encontrar comodidad en el silencio. Podían gastar el día discutiendo estupideces, o analizando asuntos serios, pero también estaba bien si permanecía callado viendo videos o dedicándose a otras cosas en vez de convivir. Ellos se lo permitían, y ellos hacían lo mismo de hecho.
La dinámica se tornó tan orgánica, coordinada, y amena… Yeonjun apenas podía recordar sus días sintiéndose solo.
—Mi niño interior sanó desde que los conocí, porque siempre quiso tener cerca a personas tan valiosas como ellos —aún seguía recorriendo las miles de memorias que atesoraba, las memorias donde sus cuatro amigos del alma eran los principales protagonistas, pero las palabras fluyeron—. Estoy seguro de que mi yo del pasado estaría muy emocionado al saber que encontré la mejor compañía. Pensar en eso es lo que me hace tan feliz de haber pasado siete años juntos.
La anciana que se encontraba a escasos metros del grupito soltó una lagrimita.
Beomgyu y Soobin también lucían impresionados.
—Aunque también te puedo asegurar que son un dolor de cabeza —puso los ojos en blanco. Tal vez se estaba arrepintiendo un poco por ser demasiado sincero.
—En eso estamos de acuerdo, y no necesité tantos años para averiguarlo —soltó la empleada.
Miró hacia un lado, para toparse con los ojos de cachorro regañado de Beomgyu y notar los lóbulos de las orejas de Soobin super rojas. Lanzó un enésimo suspiro, se cruzó de brazos para seguir manteniendo firmeza. Ya había endosado su papel como la abogada del diablo, estaba dispuesta a llevarlo hasta el final.
—Puedes sonar convincente, pero la promoción sólo es válida para parejas.
A Yeonjun casi se le cae el maquillaje, los accesorios, la cara de la vergüenza. ¿En serio había expuesto un lado tan emocional de su alma por nada? En definitiva iría a quemarles la casa a cada uno de sus amigos para vengarse.
—No pasa nada, porque yo soy su novio.
Kang Taehyun no lo iba a saber hasta después, pero ese iba a ser uno de los peores errores que pudo haber cometido. El joven en escasas ocasiones fallaba, era alguien impecable, calculador e inteligente, aunque pasarse de listo en ese momento le había salido mal.
Dio inicio un intercambio de miradas afiladas entre la mesera y el recién llegado. Mientras tanto, a espaldas de la muchacha, los otros tres le estaban haciendo todo tipo de señas para que le bajara a su altanería. En otras circunstancias, Taehyun se hubiera burlando por lo tonto que se estaban portando sus amigos, pero después de un rato consiguió descifrar las señales. Beomgyu juntando las palmas de la mano como si estuviera rogando, Soobin poniéndose el índice en la boca para decirle que no dijera nada, Yeonjun apuntándose a la frente con una pistola ficticia hecha con sus dedos.
“Seguro la cagaron antes de que viniera”, pensó el joven.
Inmediatamente suavizó las facciones del rostro, adoptó una postura relajada, dio una amplia y encantadora sonrisa. Una cálida y muy atractiva sonrisa, acompañada de un brillo proveniente de esos grandes y atrapantes ojos…
“Maldito acuariano, cambió en un instante”, pensaron los otros tres, un poco asqueados por cómo su amigo era convenientemente capaz de adaptarse a la situación en un pestañear. Ellos mismos habían sido engañados por ese par de orbes encantadores demasiadas veces.
Esa carta solía ser un arma definitiva, sin embargo no surtía efecto en alguien que ya estaba al borde de cometer un ataque terrorista.
—Les juro que si aparece uno más, llamaré a la policía. No sé de qué los voy a demandar, pero lo haré —amenazó.
Y tal como si hubiera escupido al cielo, para caerle de vuelta en la cara, una quinta persona llegó.
—Llegué tarde, disculpen
—Dejenme adivinar, los cinco son novios…
Kai se había dignado en unirse a la reunión. Estaba sobreentendido que el plan se había ido a la mierda desde el primer instante, pero al ser cinco, en definitiva les iban a negar rotundamente la promoción dado a que eran impares.
Aunque nadie estaba dispuesto a rendirse, llevaron la historia muy lejos y la mantendrían con tal de salvaguardar su orgullo.
—¡Sí! Los cinco somos novios —exclamaron al mismo tiempo.
Hasta Kai respondió rápidamente, y es que tenía un poco de contexto sobre lo que ocurría, pero estaba sudando frío por temor a parecer fuera de lugar. Hizo lo que pudo con lo que tenía.
Hace un par de horas, Taehyun lo había ido a visitar. Estaba genuinamente preocupado por el estado físico del menor, dado a que el último mensaje que había mandando al chat grupal era que estaba enfermo. Antes de ir al restaurante, quiso aprovechar para llevarle medicamentos y electrolitos.
Cuál fue la sorpresa cuando se enteró que todo era una farsa.
Kai tenía de enfermo lo que tenía de ordenado. Desde que sus hermanas se habían ido de vacaciones, no había movido ni un dedo para acomodar absolutamente nada, y fue mucho peor cuando se obsesionó con Candy crush. Así se lo topó Taehyun, hundido en la cama, con las cortinas cerradas, la habitación llena de envolturas de comida chatarra, peluches y ropa tirados por donde fuera, en el nivel 553 con las tres estrellas completas en cada uno.
—¿Nos mentiste para quedarte en casa y jugar candy crush?
—Bueno, ayer sí tenía malestar estomacal.
—No lo dudo, seguro haz comido pura mierda —Taehyun estaba molesto.
—¡Perdóname! Por favor, perdóname —el joven se tiró al piso para hacer una reverencia exagerada, suplicando clemencia—. Es que en verdad no puedo dejarlo, me volví adicto.
—Tal vez entendería un poco más si fuera algún torneo importante o lo que sea que hagan los gamers, pero ¡¿Candy crush?! ¿Acaso eres un señor de sesenta años?
Kai amaba estar solo y tener espacio para él, pero desafortunadamente no había aprendido a regularse, así que terminaba siendo un desastre por lo mismo. Tenía una mala tendencia a aislarse, alejando hasta a la gente cercana. Una frase que podía identificarlo bien era: “lo bueno de estar solo, es estar solo. Lo malo de estar solo, es estar solo”.
—Debí sospecharlo, aunque no me enteré que Lea y Bahiyyih se fueron de viaje.
Taehyun conocía bien a su mejor amigo, siempre era el primero en intervenir en esas ocasiones donde Kai se recluía. Varias veces habían ido los cuatro para acomodar el desastre que dejaba o se turnaban para hacerle compañía. Poco a poco fue mejorando esa mala costumbre, pero tenía sus recaídas, tal como ahora.
—Sé que hice mal, en serio lo siento —estaba siendo honesto, aunque sentía que le hacían falta las palabras para poder expresarse mejor.
—Deberás disculparte con los demás también.
—Lo prometo —seguía cabizbajo, aunque le alivió mucho percibir cómo Taehyun tenía un tono de voz más tranquilo.
—Hoy en día las ocasiones donde podemos reunirnos son muy escasas, por no decir nulas. Debemos aprovechar cualquier oportunidad.
—Tienes razón.
—Sé que te desagrada que te pidan salir sin antes avisar, pero iremos a nuestro restaurante favorito. Si te animas, estaremos esperándote —le propuso, con suma amabilidad. Tampoco quería presionarlo, aunque deseaba que le hiciera caso y se uniera a ellos.
Del grupo, Kai era el que tenía ciertos problemas con las interacciones sociales y vínculos en general. Lo podían tachar de despreocupado, a veces simplemente creían que era torpe para convivir, pero la verdad era quien se había esmerado en mayor medida para mantener fuerte la amistad en el grupo.
Descartó su timidez, su introversión, sus inseguridades, con tal de estar cerca de esa variopinta gama de personalidades que eran sus amigos.
Hubo una época en donde Soobin era muy similar a él, por lo mismo, creyó innecesario cambiar de actitud, aunque el mayor logró desarrollar un balance entre su lado introvertido y su lado social; por eso, creyó que iba a ser dejado atrás. Sin embargo, no se rindió. De hecho, ninguno de los cuatro tampoco se rindió.
Kai aprendió a ajustar la dinámica con cada uno, y ellos aprendieron a darle su respectivo espacio y tiempo. No iba tan deprisa como los otros, pero jamás se lo reprochaban. Cuando en la infancia recibía burlas por “portarse raro”, en la actualidad era apreciado, cuidado y querido incondicionalmente.
Claro, tenía un largo camino por recorrer si se trataba de trabajar en sí mismo, pero le aliviaba pensar que tenía una red de apoyo que sería muy capaz de tumbar la puerta de su casa si era necesario. Estaba listo para que los otros también lo regañaran, sabía que lo tenía merecido; de momento, lo importante era alcanzarlos y disfrutar la tarde. Su racha en Candy crush podía esperar.
Así fue cómo logró completarse la bola de imbéciles que estaban irrumpiendo la tranquilidad de la gente común en un día de vacaciones. Además de convertir en un calvario la jornada laboral de una pobre mesera que definitivamente no recibía el salario suficiente como para estar aguantando a esa manada de hambreados.
—Lo mejor será irnos —muy pocas veces Soobin recurría a la sensatez.
No le gustaban las “responsabilidades” establecidas por la edad, pero también le daba pereza dar indicaciones como si fuera una especie de líder. Ni que fueran un grupo de k-pop. Aunque, la ocasión lo ameritaba; seguramente, después de ese día habría carteles con las caras de los cinco que señalaría la prohibición de sus presencias en el establecimiento, así que era hora de mantener la poca dignidad que les quedaba antes de ser tachados como delincuentes.
—¡No!
Para sorpresa del joven, el resto se negó rotundamente. No cabía duda, compartían la misma neurona.
—¿Por qué insinuas que no podemos ser novios? —Kang Taehyun soltó aquel cuestionamiento de una manera afilada.
—¿Ustedes cinco? —la mesera era implacable. Una digna rival.
—Hay un poco de opinión en tu discriminación.
Uno que otro abrió la boca por la sorpresa. ¿Estaban llegando tan lejos por unas hamburguesas? Kai tuvo que darle un toquecito en el hombro para pedirle a su amigo que le bajara a la altanería.
—Es obvio que están fingiendo, y yo solo estoy haciendo mi trabajo.
—Tienes razón, disculpa —pronto, Taehyun quiso reparar su osadía. Pero eso no significaba que iba a soltar el asunto—. La verdad es que comprendo el porqué no puedes aceptar que somos una relación romántica. Vamos, tenemos un vínculo difícil de digerir por culpa de esta sociedad tan cerrada, ni aquí en Corea, ni en Bolivia, nos creerían.
“Aquí va. Entró en acción la infalible habilidad de la labia de Kang”, pensaron todos. Por supuesto, nadie hizo nada para detenerlo.
—Te aseguro que somos nosotros contra el mundo. A pesar de la distancia, o de que la misma vida se esmera en arrebatarnos el tiempo para que podamos disfrutar estando juntos, el cariño que nos tenemos no ha disminuído ni un poco en el transcurso de estos siete años. Nuestra relación se transforma, cambia, pero resiste. No somos los mismos que ayer, pero igual nos amaremos mañana…
Jamás parpadeó. Apenas había tomado aire. Estaba sumamente serio, recitando sin titubeos sentimientos tan fuertes como conmovedores.
La anciana que se encontraba a escasos metros del grupito, estaba a punto de acabar un paquete de pañuelos.
“Vaya telenovela que se echó”, de nuevo un pensamiento compartido.
—No somos nada sin uno y el otro… —concluyó.
Los demás asintieron.
Se supone que aquella era una impecable actuación, un último intento para prevalecer aunque hubiera exceso de dramatismo, pero tampoco era como si el guión tuviera alguna mentira.
A pasar de ser poco efusivos, habían encontrado mil formas de expresarse sin necesidad de palabras, además de aprender a comprender los distintos lenguajes del otro. Las varias experiencias, las distintas acciones que hacían para cuidarse, lo mucho que se conocían, eran pruebas suficientes para que estuvieran conscientes del fuerte lazo que tenían.
Igual, una aparatosa salida les caía bien para recordarles todo eso de manera verbal.
—Ya basta —la expresión de la mesera era un enigma: tranquila, pero parecía estar maquinando algo. Maquinando una venganza—. Les ofrezco una promoción de 5x3, para que se larguen de una vez por todas.
Beomgyu brincó de alegría, un par chocó las palmas, el resto simplemente sonrió victorioso. El que persevera, alcanza. Lo podían confirmar. Aunque para ellos encajaba mejor: “el que llora más fuerte, consigue lo que quiere por causar pena ajena”.
—Se la haré válida, siempre y cuando se besen.
La maquiavélica condición dejó sin habla a los cinco jóvenes.
Desde el principio ella era el “jefe final”, desde el primer instante había conseguido dejarlos entre la espada y la pared, ¿porqué se habían convencido de que podían derrotarla?
Gotas de sudor surcaban los rostros de cinco tontos mientras se echaban miradas nerviosas. El poder de “predecir el movimiento del otro” fue desactivado, el poder de la amistad había sido aniquilado. Soldados caídos de una guerra que ellos mismos habían empezado.
—¡C-claro que lo vamos a hacer!
—¿Hacer qué? —le preguntaron asustados a Beomgyu.
—Besarnos.
Siempre tenían algún modo de mandar a callar a Beomgyu, por supuesto, cualquier cosa que hicieran era poco o nada efectivo; sin embargo, justo ahora nadie hizo ademán de oponerse o quejarse. Fuera de la mueca de Soobin, se habían mantenido quietos sin tener idea de cómo proceder.
—Vamos Kai, yo sé que tú también siempre has querido hacerlo. Ayúdame —le susurró, Beomgyu.
¿Pero cómo mierda iba a consumar un beso de cinco? Ni en las fiestas más alocadas habían visto algo así.
Entonces Kai sostuvo la respiración y fue directo hacia Beomgyu, para luego plantarle un beso rudo, torpe y sonoro. Fue tan cómico que a nadie le sorprendería ver la onomatopeya “muack” materializada y banderas arcoiris rodeandolos de manera caricaturesca. Más que algo lindo y romántico, pareció un atropellamiento.
—No tienen remedio —suspiró Yeonjun, para luego jalar del cuello a sus amigos y darles un beso a cada uno.
Primero Beomgyu, luego Kai, pero con ambos fue pulcro, dulce y suelto. Como si les estuviera enseñando a dar su primer beso. Al acabar, giró hacia Taehyun. Estiró la mano hacia el joven mientras lo miraba fijamente, tenía la certeza de que él no tomaría la iniciativa siendo alguien tan digno, así que le tocó usar sus encantos. Encantos que sabía funcionaban a la perfección.
—Ven, princesa —no era la primera vez que lo llamaba de ese modo. Era una dinámica que el par tenía para las ocasiones donde les apetecía mostrarse afecto de un modo u otro.
Fue suficiente una sonrisa cómplice y aquella voz encantadora para que el otro acatara al mando. Aunque, sinceramente, no era necesario hacer malabares para que alguno de esos cuatro idiotas se ganara a Taehyun.
Fue así que unieron sus labios. Yeonjun replicó la misma intención, aunque lo tomó por sorpresa que el otro optara una actitud un tanto intensa. Taehyun profundizó la unión, mientras entrelazaba sus dedos con los del mayor.
Luego podría decirles que lo hizo con la única intención de dejarle bien en claro a la mesera de que iban en serio, para que no encontrara ningún argumento nuevo y les negara la promoción, ahora le tocaba disfrutar.
Cuando sintió la saciedad suficiente, fue hacia Kai. De inmediato se derritió de ternura al notar que cerró los párpados con la ilusión de un nuevo beso, así que no lo hizo esperar. Planeaba ser dulce con él, con la persona que más adoraba en el mundo, pero se dejó llevar por esa agresión a raíz de la mucha dulzura que le generaba, por lo que dejó unas pequeñas mordidas en el labio inferior de Kai.
Chistosamente, le pasó lo mismo con Beomgyu. Porque este según quería llevar la batuta en ese festival de besos, pero resultó ser el más avergonzado. Con las mejillas, cuello y orejas sumamente rojas y un evidente temblor en las manos, terminó aturdido y sin aliento después de tres besos.
Con la mayor parte del grupo habiendo cumplido la misión, llegó el turno de Soobin. Este había aplicado la técnica de “si no respiro, no existo”. En teoría estaba bien con ese intercambio de salivas, pero en la práctica quería desaparecer. Apenas cayó en cuenta de que sus amigos lo estaban mirando con gran expectativa, solamente pudo reír con nerviosismo.
Tampoco era para malinterpretarlo, el problema no era el tema de besar a los otros, el problema era besar. Jamás lo había hecho, y estaba confirmando (por enésima vez) que no tenía ganas de hacerlo, nunca de preferencia.
Pero habían llegado ya lejos…
Soobin tuvo un flashback, le llegó a la cabeza un episodio ocurrido durante los últimos meses de la pandemia. Cuando ya estaba permitido salir bajo estrictas reglas sanitarias, el joven tuvo la pésima suerte de ser contagiado. Su intención era recuperarse solo en casa sin comentarle a nadie por temor a transmitir el virus, pero la pasó fatal. A malas penas podía moverse para prepararse algo de comer o para servirse agua, la calentura lo noqueaba durante horas, y le dolía terrible el pecho por respirar erráticamente. Llegó a pesar lo peor, hasta que un día se asomó Yeonjun. Solo su familia y cuatro amigos tenían el dato de que guardaba una copia de la llave de su casa debajo del tapete colocado en la puerta.
Fue como ver a un ángel, uno que lo regañó fervientemente por descubrir que había estado pasando una delicada situación en soledad. En menos de media hora, el grupo completo estaba en su habitación listo para auxiliarlo. Llegaron con medicamentos, comida, y otros insumos. Taehyun se dispuso a cocinar, hizo un festín con diferentes platillos, todos saludables y adecuados para alguien que necesitaba la mejor alimentación. Yeonjun y Kai habían hecho malabares para que pudiera bañarse; en esas condiciones, quedarse parado en la ducha era el peor infierno, así que el apoyo había sido fundamental para poder sentirse fresco y limpio al fin. El menor de todos había llevado una guitarra y en dueto con Taehyun, amenizaron el lugar con sus melódicas voces.
El último problema era que no podía dormir. Unas horribles pesadillas lo mantenían despierto por más que se esforzara; además, los insoportables dolores musculares no lo dejaban en paz. Hasta que Beomgyu se colocó en el piso para estar a un costado del colchón, le rodeó una mano entre las suyas y se quedaron juntos, en silencio. Quiso apartarlo, estar tan cerca era bastante arriesgado, por supuesto el otro se rehusó. Al final, la compañía de su amigo, junto a su cálido gesto, lo tranquilizaron muchísimo. Eventualmente, los dos se quedaron dormidos profundamente, tomados de la mano.
Esa semana donde había sido cuidado y mimado, había pasado una de las experiencias más importantes de su vida. Catalogaba aquellas acciones como algo profundamente íntimo, algo que no podría ser capaz de hacer con nadie, en ningún tipo de circunstancia. Solo con ellos podía mostrarse tan vulnerable, tan desprotegido.
Para Soobin esa era una demostración más valiosa que una caricia romántica, más significativa e íntima que un beso.
Por desgracia la mesera no había presenciado ese acontecimiento y tampoco era capaz de visualizar esas imágenes que estaban bien resguardadas en los recuerdos del joven.
—Quita esa cara de pánico —bufó Yeonjun—, sabemos bien que esto no es lo tuyo.
Beomgyu fue el primero en darle un piquito en la zona de la barbilla. De inmediato Taehyun fue hacia la mejilla derecha y Kai hacia la izquierda, al mismo tiempo posaron sus labios en la parte donde se le formaban hoyuelos. Por último, Yeonjun le agarró la cabeza para proporcionarle un arrebatado beso en la frente.
Jamás lo obligarían a hacer algo que no quisiera. Recordar que lo respetaban, a pesar de que tal vez no lo entendieran del todo, era invaluable para él. Soobin estaba sumamente agradecido.
—Felicidades, ¡que viva el amor! —la espectadora de esa película aplaudía por el buen desenlace.
Había un sarcasmo palpable en su lenguaje corporal, pero la media sonrisa socarrona demostraba lo conforme que estaba. Llevó a cabo su maldad de forma magistral. Además, estaba segura de que había conseguido mover algunas piezas en el tablero a pesar de ni siquiera ser parte del juego que se traían los cinco hombres.
—Ustedes ganan. Ganó la familia tradicional —bromeó—. Iré por sus hamburguesas.
—¡Sin pepinillos, por favor! —pidieron, al unísono.
Cuando dicen que a la gente le importa una mierda lo que hacen los demás, están diciendo la pura verdad, porque pareciera que nadie puso demasiado atención en aquella telenovela latina de canal de mala muerte. Menos la anciana que se ubicaba a unos metros, ella hizo lo posible para escuchar la tertulia de principio a fin. Estaba bastante satisfecha, pero también desanimada porque aquel acontecimiento (el más interesante en su vida como adulta mayor) sería irrepetible.
Como fuera, nadie terminó verdaderamente importunado.
La mesera se desatendió de su trabajo unos minutos, humilló a unos tipos, y ellos se fueron contentos con sus hamburguesas favoritas.
Se dirigieron a un parque cercano para comer. Necesitaban aire luego de tanto bochorno. Transcurrieron casi una hora sin intercambiar palabra alguna. Estaban demasiado centrados en disfrutar la comida, estaban demasiado avergonzados como para comenzar la conversación.
—Valió totalmente la pena —obviamente Beomgyu iba a ser quién se animara a romper el silencio—. Estas hamburguesas son lo más cercano a estar en el paraíso.
Poco a poco fueron juntando los desechos para echarlos a una bolsa. Apenas quedaban unas cuantas papas fritas y se turnaban para agarrarlas.
—Estamos de acuerdo de que ya no se trataba de las hamburguesas —soltó, Yeonjun.
—Aún no termino de procesar todo lo que Taehyun dijo —Kai siguió con el hilo de la plática—. Además de, ya saben, de-
—Ya entendemos, no necesitas mencionarlo —lo interrumpió Soobin—. Jamás imaginé que pudieran salir palabras tan bonitas de una boca tan arisca.
—De hecho, no sólo él dijo cosas muy importantes sobre nosotros cinco… —Beomgyu estaba bastante sumergido en los recientes acontecimientos, pero no perdió la oportunidad de mencionar también lo que Yeonjun declaró en el restaurante.
—Creo que todos pensamos igual, después de todo.
Se sumieron en las varias dudas e ideas que iban apareciendo y desapareciendo sin parar, como burbujas.
—Oigan, ¿qué somos?
Kai había hecho una pregunta crucial, una que pasó por la mente de los cinco.
—Un grupo de personas que salieron por su hamburguesa favorita —Soobin contestó de inmediato.
—Un grupo de hambreados por una promoción, dirás —Taehyun lo corrigió con sorna, recibiendo una mueca fastidiada por parte del contrario.
—Estoy feliz de que pudiéramos reunirnos después de tanto tiempo. Siempre los tengo presente y los extraño mucho —Beomgyu quiso dejar de lado la tensión.
Era cierto que habían ocurrido demasiadas cosas a raíz de una banal promoción, pero el punto de todo era poder pasar un buen rato juntos. Olvidarse de las responsabilidades, de las preocupaciones, y tener recuerdos de ese verano.
Si en algún punto tuvo alguna inseguridad acerca del vínculo entre ellos, si imaginó que estaba flaqueando, ahora le quedaba claro que solo estaba siendo engañado por sus pensamientos intrusivos. Estaba aliviado.
—Otro día salgamos para tener una cita —agregó.
—Creí que desde siempre estábamos teniendo citas —bromeó, Yeonjun.
—No le des cuerda.
A pesar de la queja de Soobin, todos acabaron riendo sonoramente. En realidad el tema era bastante absurdo, aunque nadie estaba incómodo.
—Hablando en serio, parece buena idea tener un momento para conversar bien y así podríamos contestar tu pregunta, Kai —Taehyun habló con seriedad.
Cuentas claras, amistades largas…
El día para solucionar varias incógnitas podría tardar en llegar una semana, meses, o tal vez les tocaría esperar al siguiente verano y una próxima promoción de hamburguesas. Igualmente no había prisa, nada entre ellos iba a cambiar realmente. ¿O sí?
