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Toque

Summary:

Takao no entiende por qué a Midorima no le gusta que lo toquen.

Notes:

La verdad, no sé por qué se me ocurrió escribir este fanfic. Me gustó el resultado, así que por algo lo están leyendo, lol. Estoy full brainrot de Kurobasu últimamente.

Bueno, me disculpo por adelantado por el intento de ataque de pánico que escribí. La verdad, me basé en mi propia experiencia al escribirlo.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Takao siempre supo que Midorima Shintaro era un tipo raro.

Su obsesión con Oha Asa y la suerte, cómo se cuidaba tanto su mano izquierda a tal punto de envolverse sus dedos en cinta, su "nanodayo" al final de cada oración, su asombrosa puntería...

Sí, definitivamente era un tipo raro, casi obsesivo.

Supuso que eso era lo que le atraía de él: su rareza. Takao encontraba a Midorima un tipo fascinante. Desde que comenzaron a ser amigos, Takao siempre aprendía algo nuevo de Midorima, y cada cosa lo sorprendía más que la anterior.

Pero había algo que Takao sentía que no estaba bien. Específicamente, era algo que podía considerarse preocupante.

A principios del año escolar, cuando Midorima entró al equipo de básquet y Takao aún no lo llamaba "Shin-chan", uno de sus superiores intentó conversar con Midorima en los vestidores. Midorima no estaba prestando mucha atención, pues estaba limándose las uñas.

—Vamos, Midorima —el superior se sentó a su lado en la banca—. ¿En serio vas a traer esos objetos extraños cada día? Eres realmente un tipo raro.

El superior le pasó el brazo por los hombros, y antes que pudiera decir nada, Midorima lo apartó de él, botándolo al piso.

—¡No me toques!

Todos se quedaron en silencio. Takao incluso se había dejado de cambiar para prestar atención a lo que estaba pasando. Lo que vio lo dejó helado: el rostro de Midorima en una expresión de pánico, como si lo hubieran golpeado. En los pocos días que Takao había conocido a Midorima, jamás lo vio perder el control de esa manera.

—¿Qué demonios te pasa, Midorima? —su superior rio incómodo.

—Y-yo... —Midorima se levantó, guardó su lima en su casillero y caminó hacia la salida—. Disculpa, debo irme.

Nadie volvió a tocar a Midorima desde ese día.

Takao sabía que había gente que detestaba el contacto físico, pero ¿ver a alguien que entrara en pánico por el tacto de otra persona? Eso no lo había visto nunca.

Los meses pasaron, y sus sentimientos hacia Midorima cambiaron. Poco a poco, se fue enamorando de su compañero de equipo. Takao deseaba pasar todos sus días junto a Midorima, tomarlo de la mano, abrazarlo y besarlo. No sabía si Midorima sentía lo mismo por él, pero sobre todo, sabía cómo se sentía sobre el contacto físico. No quería preguntarle sobre el tema, pues era algo muy personal. Aunque llevaban meses siendo amigos, Midorima jamás le dio siquiera un choque de manos después de una buena jugada en un partido.

Todo cambió después de su derrota en la Winter Cup.

Habían perdido contra Rakuzan, y era la segunda vez que veía a Midorima llorar. Sus compañeros de equipo ya se habían retirado de los vestidores, dejándolos solos. Midorima lloraba en silencio, y Takao, también derramando lágrimas, lo veía sentado frente a él. No podía dejarlo así, por lo que se sentó a su lado.

—Shin-chan... —Takao se limpió las lágrimas e intentó que no se le rompiera la voz—. ¿Puedo... abrazarte?

Vio cómo el cuerpo de Midorima se tensaba y su respiración se agitaba. Levantó la vista hacia Takao y vio no solo sus ojos llenos de pena, sino de miedo. Como si fuera a hacerle daño. A Takao se le revolvió el estómago de solo pensar que Midorima creía que podría dañarlo.

—¿Por qué? —preguntó Midorima.

—Porque te ves triste, pero sé que no te gusta que te toquen —Takao se limpió sus propias lágrimas—. Por eso pregunto.

Midorima se quedó en silencio.

—Olvida lo que dije, está bien si no quieres-

—Bueno.

—¿Qué?

Midorima no dijo nada más, solo lo miró a los ojos. Ambos habían dejado de llorar, pero seguían agitados. Takao cerró la distancia entre ellos, pasando sus brazos por los hombros de Midorima con delicadeza. Takao se apoyó en su hombro derecho y llevó una mano hacia su cabeza; acariciando los verdes cabellos de su compañero. Midorima no dejó de estar tenso, pero poco a poco, sintió cómo se relajaba.

—Todo va a estar bien, Shin-chan —susurró Takao, derramando una lágrima—. Lo dimos todo. La próxima vez, ganaremos.

Midorima tenía sus brazos a los lados, como si no supiera dónde ponerlos. ¿Nunca lo habían abrazado antes? A Takao le dio tristeza pensarlo. Todos merecían tener algo de amor en sus vidas.

—Puedes abrazarme de vuelta, si quieres —Takao no quería presionarlo, pero deseaba sentir los brazos de Midorima sobre su cuerpo—. Si es demasiado, puedes apartarme.

Midorima subió lentamente sus brazos hacia la espalda de Takao. Sintió cómo Midorima soltaba un sollozo, haciéndolo soltar una lágrima. Ambos volvieron a largarse a llorar, esta vez, abrazados al otro. Estuvieron así por varios minutos, hasta que eventualmente, Midorima se apartó de él. Se quedaron en los vestidores un poco más, hasta que Takao se levantó y le ofreció la mano a Midorima.

—¿Vamos, Shin-chan?

Midorima, temblando, le tomó la mano a Takao. Tomaron sus cosas y se fueron a casa, juntos.


Desde la Winter Cup, fue como si hubieran hecho un acuerdo silencioso. Takao le preguntaba a Midorima si podía apoyarse en su hombro mientras estudiaban, o si podían tomarse de la mano mientras caminaban de vuelta a casa. Takao nunca tomaba la iniciativa sin antes asegurarse de que Midorima estaba de acuerdo. No quería presionarlo, o sobrepasar sus límites. Midorima nunca iniciaba el contacto, pero tampoco rechazaba sus iniciativas.

Takao se sentía feliz. Si Midorima lo dejaba tocarlo, era por algo, ¿cierto? No quería hacerse ilusiones, pero las expectativas de Takao eran altas. Quería declarársele pronto, aunque aún no hallaba el momento correcto. Debía esperar, solo para estar seguro de que Midorima sentía lo mismo.

Un día, Midorima había vuelto a casa antes que Takao, ya que tenía que llevar a su hermana pequeña al doctor. Era la primera vez en mucho tiempo que se iba solo de vuelta. Al salir de la práctica del club, Takao se dio cuenta de que había alguien esperándolo en la entrada de la escuela.

—¿Aomine?

El as de Touou estaba allí, en la puerta de Shuutoku como si nada.

—¿Qué tal, Takao?

—Shin-chan no está aquí —Takao supuso que venía a ver a su amigo de la secundaria—. Está en-

—Vengo a verte a ti, Takao —lo interrumpió—. ¿Qué tal si jugamos un uno contra uno?

Takao sospechaba que algo debía tramar. Aomine no vivía precisamente cerca de aquí, ¿y se había tomado la molestia de venir hasta allí para jugar contra él? Takao sabía que si ni siquiera podía ganarle a Midorima, era imposible que le ganara al mismísimo Aomine Daiki.

Pero algo le decía que Aomine no iba a tomar un "no" por respuesta.

—Hay una cancha cerca de aquí.

Ya en la cancha, Aomine y Takao comenzaron a jugar. Como era de esperarse, Takao iba perdiendo en un humillante 10-0.

—¿Sabes? El otro día Satsuki me mostró algo de lo más interesante.

Takao intentó quitarle la pelota a Aomine, pero él lo esquivó y encestó.

—Una foto de Midorima y tú tomados de la mano.

A Takao se le cayó el balón de las manos que justo había recogido. Aomine aprovechó su oportunidad y volvió a encestar.

—¿Qué-?

—La foto la tomó Tetsu, por cierto. Se la envió a Satsuki preguntándole si sabía algo al respecto.

Ya no estaban jugando, ahora simplemente se miraban mutuamente. Takao, sorprendido, y Aomine, con una expresión indescifrable.

—Midorima jamás había tomado a alguien de la mano, ¿sabías? Al menos, no desde que lo conozco.

¿Por qué estaba Aomine diciéndole todo esto?

—Debes ser muy importante para Midorima si él te deja hacer eso —Aomine giró la pelota en uno de sus dedos—. Él no toca a nadie, ni deja que lo toquen. Ni siquiera a Akashi, que era el más cercano a él en la secundaria, le daba la mano.

Takao estaba escuchando atentamente, sin poder moverse.

—Entiendes lo que eso significa, ¿verdad? —Aomine le dio bote a la pelota—. Que él no haga eso con nadie es por algo. Debes sentirte muy afortunado, Takao.

De repente, Aomine cambió su expresión y se acercó a Takao. Takao estaba sudando, y no precisamente por el ejercicio.

—Si llegas a hacerle daño a Midorima, yo mismo voy a molerte a golpes, ¿me escuchaste? —Aomine puso una mano en el hombro de Takao. Una gota de sudor se resbaló por su sien—. No tienes idea por lo que él ha pasado.

Y así como si nada, Aomine lo dejó solo en la cancha. Aomine no estaba bromeando. Takao en ese momento temió por su vida. No sabía que Aomine y Midorima eran tan cercanos, como para que Aomine lo amenazara. Pero no solo eso, ¿qué demonios le había pasado a Midorima para que Aomine se preocupara tanto por él?

No tardaría mucho tiempo más en enterarse.

El 14 de febrero había llegado. El amor se sentía en el aire. Las chicas eran las más emocionadas, entregando cartas y chocolates a los chicos que les interesaban.

Takao no estaba precisamente entusiasmado. Había considerado confesarse a Midorima, sí, pero pensó que era muy cliché. Además, estaba seguro de que Midorima recibiría muchos chocolates. Después de todo, era muy apuesto y popular (aunque lo negara) entre algunas chicas.

Al llegar junto a Midorima ese día a la escuela, notó que en su casillero de zapatos ya había varias cartas y chocolates. Incluso en el suyo propio, para su sorpresa.

—Shin-chan realmente es popular con las chicas —había muchas menos cartas en el casillero de Takao, pero no le importaba—. Estoy algo celoso —bromeó.

—No es como que las vaya a leer —Midorima suspiró y tomó las cartas, llevándolas al basurero más cercano.

—Qué cruel eres, Shin-chan.

Durante el día, varias chicas y algunos chicos se acercaron a ellos con cartas y chocolates. Mientras que Midorima rechazaba todo, Takao aceptaba algunos chocolates, mas declinaba las declaraciones de amor.

—Son para mi hermana, a ella le encantan los chocolates.

Aún con su explicación, Midorima se veía molesto. Takao no pudo evitar reírse.

Después del entrenamiento, Midorima se quedó practicando sus tiros solo, como de costumbre. Takao había decidido ir a comprarle un oshiruko a Midorima, al menos para darle un regalo de San Valentín. Al llegar de vuelta al gimnasio, se encontró con una sorpresa.

Una chica estaba frente a Midorima en el gimnasio.

La reconoció. Era la estrella del equipo de voleibol, Akane. Era una chica de segundo año, con un cuerpo bastante atlético y solo unos centímetros más baja que Takao. Se quedó en la puerta del gimnasio, observando.

—Midorima, ¡me-me gustas! —la chica se inclinó frente a él, extendiendo con sus manos unos chocolates—. Por favor, ¡acepta salir conmigo!

Midorima no dijo nada. Ni siquiera se sonrojó o se sorprendió por la confesión. Solo suspiró, decepcionado.

—Lo siento, pero no estoy interesado.

La chica se enderezó y lo miró con tristeza. Takao se alegró de que Midorima hubiera rechazado a Akane. Decidió que era el momento perfecto para salvar a Midorima de esa incómoda situación. Pero antes de que pudiera dar un paso al frente, Akane tomó la mano derecha de Midorima y la puso en su pecho.

—¡P-por favor, Midorima! —la chica presionó sus manos en la diestra de Midorima, apretándola contra su pecho—. ¡T-te lo suplico, sal conmigo!

De repente, un golpe seco se escuchó por todo el gimnasio.

Midorima la había apartado de un golpe.

La chica lo miraba con ojos llorosos, confundida por lo que acababa de pasar, mientras que Midorima tenía una mirada de terror profundo. Era incluso peor que la que había puesto esa vez a principio de año. Sus manos y piernas temblaban, y Takao juraría que su labio inferior también. Akane salió corriendo y llorando del gimnasio, por poco tropezándose con Takao. Midorima cayó al suelo y llevó sus rodillas a su pecho.

Takao entró corriendo y se agachó frente a Midorima.

—¿Shin-chan?

El pánico de Midorima disminuyó al ver a Takao frente a él. Aunque seguía tenso, se relajó levemente al ver a Takao.

—Shin-chan, todo va a estar bien, ¿sí? —habló con delicadeza, con miedo de que Midorima se derramara en lágrimas.

—No —susurró por lo bajo—. Ella- le toqué los... no, no, no.

Midorima se llevó las manos a la cabeza y se tiró de los cabellos. Entrando en pánico, Takao lo sujetó de las manos, evitando que se siguiera haciendo daño.

—Shin-chan, estoy aquí, estás bien, estás a salvo.

Midorima apartó sus manos de las suyas y se abrazó a sí mismo. Takao se maldijo a sí mismo por lo bajo. Había tocado a Midorima sin su permiso. Lágrimas cayeron por el rostro de su compañero de equipo.

—Creí que estaba mejorando, Takao —sollozó Midorima, evitando mirarlo—. Pero no entiendo, ¿por qué me tiene que pasar esto a mí? ¿Por qué alguien que no fuiste tú me tuvo que tocar?

Takao registró esas palabras en su cerebro. Alguien que no fuiste tú. ¿Qué significaba eso exactamente?

—Va a suceder otra vez, Takao —las lágrimas de Midorima caían al piso y a Takao se le rompió el corazón al verlo así.

—¿Qué cosa, Shin-chan?

—Ella... ella volverá a hacerlo —Midorima ahora sollozaba incontrolablemente—. Ella volverá a tocarme.

Takao tenía la sensación de que no se refería a Akane. ¿Quién era ella, la que le había hecho tanto daño a Midorima? Supuso que no era momento de preguntarle. El trauma que Midorima tenía dentro debía ser horrible.

—Ella no va a hacerte daño, Shin-chan —Midorima levantó la vista hacia Takao—. No mientras yo esté aquí.

Midorima lo miró con esperanza.

—¿Lo prometes?

—Claro que sí, Shin-chan —Takao extendió una mano y Midorima la tomó, con temor. Él le acarició su mano derecha, como si estuviese limpiando el contacto que había tenido con la chica hace unos minutos—. Es una promesa.

Por primera vez, fue Midorima el que lo abrazó.

Takao pasó sus brazos por la ancha espalda de Midorima, susurrándole que todo estaría bien. Midorima lloraba, aferrado a la espalda de Takao, ocultando su cabeza en su hombro derecho. No sabe cuánto tiempo pasó hasta que Midorima por fin se calmó. Midorima susurró algo.

—Gracias —dijo más fuerte, para que Takao pudiera escucharlo—. Gracias, Takao.

Midorima se separó de él y se sacó los lentes para limpiarse las lágrimas.

—¿Quieres hablar de lo que pasó, Shin-chan? —Takao no quería presionar a Midorima, pero supuso que era mejor que soltara todo de una vez.

Su compañero lo pensó. Volvió a ponerse los lentes y miró hacia el piso.




Su nombre era Sakura.

Era una superior de tercer año. Había repetido dos años, por lo que era bastante más mayor que el resto. Era muy linda, alta y fuerte. Era parte del club de judo. Algunos, incluso, decían que tenía vínculos con los yakuza. Midorima tuvo la mala suerte de que ella se fijara en él. El día de San Valentín, la chica se le había acercado y le había dado chocolates. Midorima se los rechazó amablemente.

La chica no se tomó bien el rechazo.

A Midorima se le había quedado su objeto de la suerte, un tigre de peluche, en la sala de clases. Al menos, eso pensaba, ya que no estaba por ningún lado. Al entrar al salón, tres chicas del club de judo se le tiraron encima. Aunque fuera más alto que ellas, las tres chicas que practicaban artes marciales eran considerablemente más fuertes que él. Lo arrastraron a una de las mesas en la parte de atrás de la sala, y lo sentaron sobre un escritorio. Dos de las chicas le agarraban los brazos, y la otra lo tenía sujeto por la espalda.

—Ah, Midorima —Sakura se había posicionado frente a él—. Ningún chico me había rechazado antes, ¿sabes?

La chica se le acercó y desabrochó su pantalón. Midorima intentó pegarle patadas, pero la chica que lo tenía sujeto por la espalda lo golpeó en la cabeza, aturdiéndolo.

—Si a mí me gusta algo, lo tendré de una forma u otra —la chica le bajó los pantalones y la ropa interior al mismo tiempo—. ¿Y qué mejor que tu primera vez, aquí y ahora?

No, no, no. Un profundo terror inundó a Midorima. Aunque seguía aturdido por el golpe, intentó patalear, pero fue en vano. Sakura bajó una mano hacia su entrepierna, y con la otra lo agarró del cuello.

—Hoy vas a ser mío, Midorima. Voy a hacerte gritar tanto que vas a olvidarte hasta de tu nombre.

—Basta, no, por favor-

Midorima intentó todo: patear, soltarse... pero no podía huir. En un momento desesperado, pegó un grito, pero la chica que lo golpeó le puso la mano sobre la boca.

Sakura estaba grabando mientras sonreía y comentaba lo patético que se veía Midorima. Midorima había comenzado a llorar. Tenía miedo, mucho miedo. No quería que esa fuera su primera vez, no quería que una mujer lo tocara. Solo quería que alguien lo salvara. Por una vez en su vida, rezó con todas sus fuerzas para que alguien viniera en su rescate.

Como si de un milagro se tratase, Aomine justo abrió la puerta del salón de clases y les gritó a las chicas. Las chicas del club de judo no se intimidaron, e incluso Sakura golpeó a Aomine en el momento en que se acercó. Pero Aomine tenía más fuerza y la golpeó de vuelta. Las chicas salieron en defensa de su compañera, lanzándose contra Aomine. De un momento a otro, Akashi y unos profesores entraron, separando a las chicas de Aomine.

Afortunadamente, Aomine no sufrió ningún daño más que unos golpes en sus costados. Se levantó rápidamente a ver cómo estaba Midorima, quien seguía en shock.

—Ey, Midorima, mírame —lo tomó por los hombros—. Todo va a estar bien, ¿sí?

—No me toques.

Aomine quitó sus manos al ver la mirada sin brillo de Midorima.

Gracias al video que las chicas habían grabado y la influencia de Akashi, las cuatro fueron expulsadas. Durante una semana, Midorima faltó a la escuela. Se esparció el rumor de que las chicas del club de judo habían golpeado a Midorima por haber rechazado a Sakura. Aomine y Akashi eran los únicos que sabían qué había pasado realmente.

Midorima fue diagnosticado con hafefobia y ginofobia.

No dejaba que nadie lo tocara, nadie; en especial las mujeres. Ni siquiera su madre podía tocarlo. Midorima incluso le dejó de hablar a Momoi. No podía evitar ver a una mujer y acordarse del incidente. Durante semanas, tuvo ataques de pánico y pesadillas con el recuerdo de aquel día.

Aomine y Akashi intentaban todo lo posible por apoyarlo. Aomine se le pegó a él (no literalmente, por suerte), alejando a las chicas de Midorima (en especial en San Valentín y otras festividades) y salvándolo de los abrazos de Kise. Akashi mantenía a raya a Murasakibara, instruyéndole que no tocara a Midorima en ninguna circunstancia. Durante todo su segundo y tercer año, ellos fueron su apoyo. Estaba muy agradecido con ellos, aunque no se los diría en voz alta.

Su miedo a las mujeres disminuyó un poco al entrar a Shuutoku. Aunque se ponía nervioso, podía hablar con la mánager del equipo por unos minutos sin tener un ataque de pánico. Pero su miedo al tacto humano seguía igual de fuerte que antes.

Hasta que Takao llegó y lo abrazó por primera vez.




Takao lo miró con horror y tristeza cuando terminó su historia. Que Midorima hubiera pasado por todo eso, con apenas 14 años... era terrible. Entendía perfectamente ahora el temor y rechazo al contacto físico que tenía Midorima. Su rostro estaba sereno, sin poder derramar más lágrimas, como si por fin pudiera decirle a alguien más aparte de su terapeuta lo que había ocurrido.

Ahora era el turno de Takao de ponerse a llorar. Midorima se sorprendió y entró en pánico nuevamente.

—¿Takao? ¿Por qué-? No, no llores, Takao.

—Pero, Shin-chan... ¿Cómo no quieres que llore? —Takao se secó las lágrimas—. Es terrible, lo siento mucho, Shin-chan...

Midorima, por segunda vez, fue el que abrazó a Takao. Sintió que los papeles se invirtieron. Era él quien debía ser consolado ahora.

—Shin-chan —Takao se separó de él, tras haberse calmado—. ¿Por qué solo dejas que yo te toque?

Midorima no respondió inmediatamente, pero sí se sonrojó. Una reacción inusual en él.

—Yo... no lo sé —Midorima se miró las manos—. Desde hace dos años, no había tocado a nadie, ni siquiera a mis padres —Midorima volvió a mirarlo—. Pero tú... yo confío en ti, y sé que no me harás daño.

Takao sentía que el corazón le iba a explotar.

—Confío en ti más que nadie, Takao.

Midorima estaba abriéndose con él, después de todos esos meses de amistad. Takao se sentía feliz.

—Shin-chan, ¿puedo besarte?

—¿Ah?

—O sea, a lo mejor es muy pronto, y tal vez deberíamos tomarnos las cosas con más calma, pero... —Takao le tomó las manos a Midorima—. Realmente quiero salir contigo, Shin-chan.

Midorima le sonrió, como nunca lo había hecho antes.

—Tal vez no ahora, yo... no sé si esté listo —Midorima lo tomó de las manos, mirándolo con cariño y adoración—. Pero tal vez pronto.

Para Takao, eso era suficiente.

Midorima fue abriéndose un poco más con Takao. Tomaba la iniciativa en darle la mano o abrazarlo, en esos momentos en que iban a casa o estaban solos. Unas semanas después, Midorima se acercó y le dio un beso en los vestidores después de un partido importante. Takao estaba orgulloso de su progreso. Midorima le había comentado que logró darle un abrazo a su madre y a su hermana menor. Le comentó, incluso, que ya no tenía ataques de pánico por las noches. Y aunque el trauma de Sakura seguía allí, solo le bastaba con pensar en Takao prometiéndole que lo protegería para que se sintiera mejor.

Era hermoso, pensó, tener a alguien que lo quisiera con tanto cariño como Takao.





—Así que, Shintaro y tú son novios.

Takao miró a Akashi mientras comían. El ex capitán de la Generación de los Milagros se había "encontrado" con él de casualidad por las calles de Tokio en un fin de semana, y lo había invitado a comer a un restaurante cercano.

—Me alegro mucho de que él haya encontrado a alguien que lo ayudara a intentar superar su trauma.

Takao masticaba su comida, esperando a que Akashi terminara de hablar.

—Sin embargo, si me entero de que por alguna razón, le haces daño a Shintaro, yo personalmente te enterraré en el patio de tu casa, ¿entendiste?

Takao se atragantó con la comida.

Los amigos de Midorima eran realmente aterradores. 

Notes:

Kudos y comentarios se agradecen. Esperen recibir noticias mías pronto.