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Silly Day

Summary:

Solo una ocasion en la que Caleb y MC tienen demasiado tiempo libre y poco autocontrol.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Las caderas de Aysselle se elevaron justo en el momento exacto en que Caleb presionó las suyas hacia abajo. El choque fue delicioso, su piel contra la suya, y cada centímetro de él en el lugar correcto.

Aysselle dejó caer su frente contra el colchón y sus dedos se enredaron en las sábanas, un jadeo escapó de su boca entreabierta.

Caleb volvió a rodar sus caderas contra las suyas, sin darle oportunidad de recuperarse. Todo su cuerpo la cubrió desde atrás, y el dije de su collar cayó sobre su cabello cobrizo.

—Caleb, tu collar…

Un quejido. O el intento de uno. Las rodillas de Aysselle cedieron al peso, al esfuerzo y al placer desquiciante que todavía la recorría. Su cuerpo se hundió apenas en la cama.

—Lo siento —susurró él, las palabras perdiéndose contra la curvatura de su cuello, mientras su aliento y sus labios se arrastraron sobre su piel.

No lo sentía. No realmente. Así como tampoco sentía haber terminado ahí, Aysselle lo sabía y, si era sincera… ella tampoco tenía el menor remordimiento. Lo único que podía pensar ahora era en lo beneficioso que resultaba el apartamento de Caleb.

Sin responsabilidades. Sin interrupciones. Sin nadie caminando detrás de la puerta. Solo él, ella y una cama increíblemente desastrosa debajo de ellos que Aysselle quería inundar de su olor.

La mano de Caleb se deslizó por su cadera, trazando su figura y apretándola contra él. No tardó en volver a embestirla, haciendo que la cama vibrara debajo de ellos, y el dije volviera a revolotear contra su cabello una vez más, sin ningún ápice de culpa o al menos no que importara.

La mandíbula de Aysselle se tensó, un intento nada sensato por contener otro gemido. Caleb sonrió, sus labios regresando a sus atenciones en su cuello y hombros.

Si seguía a ese ritmo Aysselle estaba segura que iba a morir. Necesitaba más. Sus caderas se elevaron, buscándolo, y solo se complacieron hasta que el suave y obsceno plap de sus pieles al chocar resonó de nuevo.

Lo siguiente que inundó la habitación fue su respiración superficial y temblorosa, además de la risa baja y estremecedora de Caleb cayendo justo sobre su nuca. Aysselle se deslizó una vez más sobre el colchón.

—¿Ansiosa? —preguntó, intercambiando su peso de su mano a su antebrazo, siguiendo el cuerpo de Aysselle hacia abajo y aprisionandola con el suyo. La cadena de su collar resbaló por la curva de su espalda arqueada, el metal enfriando su piel de una manera abrumadora que la hizo retorcerse un poco más— ¿Necesitas ayuda?

Aysselle negó, aun cuando sus antebrazos luchaban contra la gravedad y el regusto que latía debajo de su piel, rogando por más. Caleb no dijo nada, pero ella podía sentir su diversión en cada toque. Sus dedos navegaron sus curvas, deslizándose por su piel sensible, hasta que se detuvieron en el valle de sus senos.

Sus yemas acariciaron su piel erizada y rozaron sus pezones en círculos que parecían más apreciativos que carnales. Nunca era brusco, era lento y desquiciante. Aysselle tiró su cabeza hacia atrás, insegura de qué sensación perseguía ahora, pero totalmente entregada al placer que Caleb desataba en su cuerpo con tanta facilidad.

Caleb arremetió contra ella otra vez, y las caderas de Aysselle se elevaron casi en automático, casi por desesperación. Sus brazos cedieron y terminó por resbalarse sobre el colchón. La mano de Caleb quedó atrapada entre ella y las sábanas, mientras que la presencia abrumadora de su cuerpo conectado al suyo, desde la pelvis hasta su torso ondulante, la dejó en un estado febril.

Nada de eso detuvo a Caleb, quien apoyó su rostro contra las hebras sudorosas de su cabello y su respiración desordenada rozó su piel. La mezcla de estímulos hundió a Aysselle en algo más que el colchón, lo único de lo que aún era consciente era de sus caderas elevadas para él y los movimientos circulares que seguían azotando su trasero.

Ya no hubo retención, solo un vaivén rítmico y firme que remeció sus cuerpos. Su miembro perdiéndose entre sus pliegues una y otra vez, hasta que giraron en un espiral de éxtasis sin retorno.

Su perdición llegó una vez que Caleb jadeó contra su oído y su cuerpo se tensó sobre el de ella, derramando su liberación con un último movimiento de su pelvis. Aysselle se estremeció a su alrededor, empujando y tomando todo lo que le ofrecía, sintiéndolo vaciarse contra ella de una manera que la completaba.

Las oleadas de calor pasaron y los inundaron, pero aún en medio de la caída sus cuerpos se buscaron. Eran un manojo de respiraciones a medio hacer y piel reluciente cuando Caleb se dejó caer sobre ella, cuidando no aplastarla por completo. Aysselle apenas se removió, su frente descansando sobre sus brazos.

Por un momento, todo el mundo se redujó a ellos, mientras seguían sumergidos en la calma reconfortante que se desató en la habitación. Caleb la buscó a través del placer y depositó besos suaves a lo largo de sus hombros, su espalda y sus brazos, aliviando cualquier tensión persistente.

Su cuidado era tan cálido como había sido tenerlo en su interior, e igual de reconfortante, como su cuerpo aún le recordaba.

—¿Estás bien? —preguntó, su aliento golpeando su oído, y Aysselle suspiró, algo divertida. El hombre sobre ella no tenía la menor consideración al arrebatarle la cordura, ni al convertirla en un desastre entre sus sábanas, pero era agradable saber que sus atenciones siempre volverían a ella.

—Aún no lo sé… —respondió, girando sobre su espalda para mirarlo de frente.

Sus miradas se encontraron, una fracción de segundos, antes de que sus ojos, de ese violáceo profundo y absorbente, bajarán por su figura. Aysselle no se cubrió, sería una tontería a ese punto. Además, le gustaba la forma en que la veía.

—¿Admirando tu obra?

—No —respondió en un tono absoluto, sin ninguna duda— No eres mi obra. Eres tú… y no tiene nada que ver conmigo. Siempre eres así de hermosa...

Aysselle contuvo la respiración. No era justo como podía arrebatarle el aire incluso sin tocarla.

—¿Sí? —Aysselle probó la palabra, sus brazos rodeando su cuello— Tenía la esperanza de lucir menos despeinada en mi día a día…

La risa de Caleb acarició sus labios mientras bajaba a su encuentro. Aysselle lo observó, su cabello igual de desordenado que el suyo y su piel sonrosada por el esfuerzo, y terminó por unir sus bocas. El contacto fue suave y deliberado, con el sabor salado de sus cuerpos mezclado con el dulce de sus lenguas.

—Tonta —susurró al separarse, apenas unos centímetros, antes de besarla otra vez.

Y otra vez.

Y una vez más.

Porqué aparentemente nunca tendrian suficiente del otro y, sin embargo, aún tenían un apartamento que aprovechar.

Notes:

No tengo mucho que decir, esto fue un sueño febril... no queria publicarlo porque me parece incompleto perooo dejare que pruebe suerte de todas formas.

Kudos y comentarios son agradecidos!