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Sentía la garganta irritada, aunque no había gritado el aire frio de la noche expandia dolorosamente sus pulmones y siente que le raspa cuando aspira fuertemente sin sentir realmente que esta respirando.Las lágrimas seguían nublandole la vista, no importaba cuanto intentara limpiarlas. Su cabeza no dejaba de latir y de verdad juraba que sentía cómo tenia el corazón echo pedazos.
Parecía que llevaba horas de rodillas sobre la tierra, pequeñas piedritas irritandole la piel de las rodillas envueltas en un ligero pantalón que no era suficiente protección contra el frio. Su rostro estaba helado, pegajoso envuelto en húmedos trazos de lagrimas y mocos, ni siquiera quería pensar en su aspecto o cómo de patético se veía ahora mismo.
El cuaderno que Kawamura le había regalado con tanta amabilidad lleno de sus dibujos que él mismo le había pedido, estaba tirado en el suelo ensuciándose y empapado en tristeza. Ni siquiera eso era capaz de apreciar. Un odio frio hacia si mismo que ya conocía lo lleno al darse cuenta de lo mal agradecido que era con todo. No le bastaba ser amigo de Hirose, tenia que desear desesperadamente su corazón, ser egoísta en todos los aspectos. Mira a donde lo había llevado eso.
no era su culpa, de verdad se conformaba con ser parte de la vida de Hirose, estar a su lado en momentos importantes para él, pero su propia mente lo hizo imaginar cosas donde no las había ese horrendo dia de san Valentín y ahora pagaba las consecuencias, era la parte mala de dejar que su mente se perdiera en las nubes, el corazón terminaba mojado. Mientras más dejaba que sus esperanzas subieran, más le dolería la caida, y vaya que si dolió. No creía que pudiera levantarse esta vez.
Subio la vista y sintió el recorrido cálido de las nuevas lagrimas brotando de sus ojos, frotandose violentamente con su manga y levantandose con mucho esfuerzo, despues de la carrera intensa que tuvo en su bici y pasar mucho tiempo de rodillas dejo sus piernas sintiendose como gelatina, aun asi tuvo cuidado de no pisar y ensuciar más el preciado manga donde Hirose y él podian ser mas que amigos.
Ni siquiera se le habia ocurrido preguntarle a Kawamura sobre cómo sabia de sus sentimientos por Hirose, ya no le importaba mantener el secreto sucio e inutil dentro de él. Quiza era mejor que esa verdad estuviera expuesta a la luz de una vez por todas, permitir disculparse con Hirose por atreverse a sentir eso sin su conocimiento, aprovecharse de su amabilidad para sus fantasias de un amor correspondido.
Dio unos cuantos pasos con dificultad hacia el frente hasta que sus manos agarraron con firmeza los barrotes de la valla frente a el, separandolo de una caida de varios metros, sin contar las rocas grandes y los arbustos espinudos que lograba ver a travez de la humedad de sus ojos. Un viejo impulso, que se había quedado en el fondo de su mente al sentirse mas cercano con Hirose y otros chicos en la escuela, volvio a cobrar sentido y comenzó a llenarle de ideas cálidas la cabeza. Ideas que antes le llenaban el pecho de un consuelo retorcido que lo ayudaba a pasar las tardes solitarias escondido en los baños de la primaria, lejos de las miradas de asco y desprecio que los demás le lanzaban cuando hacia algo que para ellos era raro.
puedes terminar con esto en cualquier momento
La soledad se puede detener, las miradas burlonas de la gente se pueden borrar, el dolor ardiente en el pecho de saber que Hirose nunca lo vería como algo más que un amigo se apagaria. No creía que a su familia le hiciera mucha falta, no recordaba la ultima vez que había hablado con su padre mas allá de sonidos y palabras cortas, a Kana no le importaría en absoluto. No quería pensar en su madre.
Y la mayoría de sus compañeros de clase ciertamente no notarian qué faltaba el chico callado y lúgubre que nunca hablaba.
se veía tan simple, un pequeño salto y todos sus problemas rodarían cuesta abajo, olvidaría todo, quiza incluso volvería a la vida siendo alguien más normal, o incluso siendo un pulpo feliz en el mar. Lo que sea era mejor que estar desgarrándose los pulmones con el aire frio, llorando en lugar de estar feliz por su amigo.
Volvio a mirar el abismo oscuro por el que se perdería para siempre. La amenaza por algo que Nakamura ya había rogado hace años.
Le dolía la cabeza de tanto llorar, le picaba la piel pegajosa de su rostro por las lagrimas cálidas contrastando con el gelido aire invernal. Una determinación abrasiva le lleno el pecho cuando levantó una pierna, pasándola con esfuerzo hacia el otro lado de la valla, sin soltar aun el tubo del que se sostenía. Le temblaban los dedos.
Al pasar la otra pierna quedó de espaldas al abismo, cada vez más oscuro al pasar las horas. Miró el cuaderno tirado en el suelo una vez más, trazos delicados mostrando una dulce mentira que nunca se cumpliría. Soltó un suspiro y, pidiendo perdón mentalmente, cerró los ojos y decidió soltarse por fin de su agarre en el frio metal.
No pudo hacerlo.
Se paralizó a último momento, abriendo los ojos como platos al sentir un rayo de claridad atravesando su mente mientras temblaba y soltaba un sollozo que le desgarro aun más la garganta.
Ni siquiera eso podía hacer.
No podía invitar a Hirose a comer juntos, no podía darle el chocolate que compró para él, no pudo admitir que compró el boligrafo especialmente para él, no podía ponerle fin a su sufrimiento.
Cerró los ojos con fuerza y se obligó a soltarse.
Pero no podía.
¿Qué sería de su precioso Ichan? Su madre no sabia cómo cuidar de él, a Kana le daba asco. Suponía que lo devolverian a la tienda de mascotas, pero se deprimiria sin tener a nadie que le cuente su día y que le cante canciones melosas de los 80s y 90s.
Aún le debía a Kawamura un regalo en agradecimiento por haber dibujado su manga con tanto amor y esfuerzo. Se sentiría culpable por no darle algo a cambio despues de sentirse tan animado por las palabras que escribió.
No es mucho, pero no estaba en su naturaleza dejar cosas inconclusas, de verdad quería aferrarse a esos pequeños momentos de luz en su vida, pero no veía su futuro brillante sin Hirose.
no veía razón para no soltarse.
¿Quien era Nakamura realmente sin amar a Hirose?
El chico de piel bronceada y de ojos hermosos con sonrisa brillante que no lo veía más allá de un amigo.
No podía culparlo realmente, Nakamura era consciente de el aura que proyectaba en la gente, el miedo y la incomodidad que daba. Nada que ver con la suavidad, delicadeza y belleza que la novia de Hirose transmitía. Sin mencionar que era una chica.
Incluso le haría un favor al mundo si saltaba.
Dejar de ser el agujero negro que intentaba acaparar toda la luz que emitia Hirose.
No quería ser la sombra tétrica que acosaba a su amigo. Se prometió a si mismo estar ahí para él, apoyarlo y acompañarlo en todas las etapas de su vida, sentirse completo con el simple hecho de verlo a lo lejos y recibir una sonrisa cordial a cambio.
Pero no fue lo suficientemente fuerte para soportar el dolor de la desepcion que ya sabia que lo esperaba.
Soltó su agarre.
Sentir la gravedad envolverlo con fuerza y atraerlo hacia abajo de alguna manera fue liberador. Su vista se fijo en el cielo, las estrellas brillantes difuminandose en las lágrimas que aún no habían dejado sus ojos, dándole una sensación de irrealidad, como si fuera un cuadro o una fotografía borrosa.
Fotografía.
Recuerda, en esos 7 minutos de tu vida que vuelves a experimentar antes de morir, aquella fotografía que su profesor tomó de Hirose y él, cuando Hirose le dijo que pensaba que ellos eran amigos. Recordó la calidez en su pecho, el olor del mar envolviendolos a ambos mientras Hirose pasaba una mano por su cuello sin soltar el pequeño llavero de cangrejo que Nakamura le habia regalado, casi presumiendolo ante la cámara y dejo que el recuerdo lo envolviera cuando su cuerpo chocó con violencia contra las rocas enormes que habia debajo del abismo donde se había arrojado, rodó varios metros rompiendo arbustos y sintiendo que sus extremidades perdían rapidamente la sensibilidad y se detuvo cuando su cuerpo fue detenido bruscamente por el tronco de un árbol.
¿Era de locos rezar para tener mejores alucinaciones? Antes de cerrar los ojos para siempre juró que escucho un auto detenerse, la voz que le raspaba la mente en busca de un nombre o un rostro a juego con el sonido, pero sus oídos zumbaban desde que se arrojo a los brazos del destino y no sabía quienes eran las personas que andaban por ahí a mitad de la noche.
Por algún motivo no sentía las piernas ni sus manos, y al sentir un liquido viscoso caer desde su sien a sus ojos no pudo limpiarlo. Cerrólos ojos y soltó un suspiro al escuchar gritos y palabras sin sentido.
Su mente oscilaba entre la conciencia y la sonrisa que Hirose le daba y la mano que le extendía, su último pensamiento consciente fue el deseo ardiente de volver a ver a Hirose.
