Chapter Text
Cuenta esa leyenda, que los espíritus del bosque no pueden sentir nada excepto indiferencia; especialmente hacia los mortales.
O bien, no exactamente…
Los espíritus sí tienen un fuerte sentimiento de sobreprotección respecto a la naturaleza, su territorio y la libertad. Es por eso que se excluyen de cualquier trato con los humanos, esclavos de las pasiones y precursores de la violencia.
Cuando algún mortal camina cerca de los límites de sus bosques, los espíritus se esconden en lo profundo de sus entrañas. Los engañan con magia arcana para que se pierdan en laberintos de arboledas, túneles de enredaderas y maleza inexpugnable, lo cual puede que tenga que ver a veces con cierta manipulación del tiempo y la percepción óptica. Pocos salen con vida, y si lo logran, vuelven ebrios de polen primaveral, mareados sin poder recordar correctamente el trayecto o su propósito al haber ingresado allí en primer lugar. Su mente jamás vuelve a ser la misma y son presas de las naturales garras del delirio.
En este dominio paradisíaco, cada clorofilo refulgente y cada rocío de agua son tan hermosos como para hacer llorar a sus ninfas con cada beso del alba y cada despedida del ocaso; pero también es tan distante e inasequible, que sólo se puede soñar con visitarlo en sueños. E incluso al anochecer, los lagos lloran sus cánticos por el reflejo de los elogios de la luna, y las estrellas susurran encantamientos a los viajeros para que se sumerjan hasta morir de placer en lo profundo, el sueño eterno donde se reclaman mutuamente.
Es este el Thanatos. El viaje más largo y dulce al final de una contemplación ineludible. La muerte.
Dominio de los réprobos y las almas sin salvación o retorno.
Fue allí en la espesura más solemne, donde la Reina de la Ciudad Luna extravió una de las más preciadas joyas de la corona y uno de los núcleos más importantes de la fe de su pueblo.
La sacerdotisa Cantalunas y sus profecías habían sido raptadas por la sombra de una antigua maldición pagana. Desde un faro a kilómetros en la montaña más alta, la luz alumbró a lo lejos hasta caer sobre el salón principal, la corte donde todos se reunían para escuchar las letanías que darían los designios sobre el futuro del reino.
Y cuando la luz fue más refulgente sobre el salón, con la primavera en su punto, en lugar de flores y brotes de vida; la sombra más oscura renació de cenizas y el humo ígneo del inframundo se elevó hasta ahogar el salón, tomó a la mujer y desapareció en una danza de eucalipto y menta incinerados en fuegos fatuos, dejando la huella de polvo negruzco, el sello de su dominio, que sin importancia o temor ante una posible réplica de los soberanos; guiaba hacia el lugar donde ahora pertenecía la sacerdotisa, en el bosque sagrado junto a él.
Desde luego las huellas desaparecían al inicio del sendero, sin dejar rastros más allá del punto exacto -y realmente aquello sería demasiado pedir para un área tan engañosa y traicionera-. Desde luego durante días, semanas, incluso meses; exploradores, caballeros, embusteros y hasta bardos intentaron penetrar en la espesura del bosque sin éxito. Desde luego la Reina ofreció famosas recompensas por su rescate, comenzando con una fortuna en piezas de oro, agregando feudos y títulos para cualquier valiente que se arriesgara y lo consiguiera, llegó incluso a ofrecer la mano de su hermana menor, la princesa Nilou.
Siendo así, fue cuestión de tiempo para que muchos interesados comenzaran a aparecer para embarcarse en la misión. Muchos también, estaban genuinamente preocupados por el futuro de las profecías del pueblo, y también muchos de ellos subestimaron la crudeza de la naturaleza en su estado más salvaje.
A través de relatos, algunos decían escuchar una flauta envolver el viento en espirales por las noches, en la distancia, para cuando la seguían como polillas, se encontraban de vuelta en la salida sin su equipamiento o cerca de un precipicio, a punto de caer por un risco hacia los hambrientos farallones de la costa y su impiadosa marea. En otros se hablaba de espejismos e ilusiones de cosas que realmente no estaban ahí.
A veces el bosque hacía de juez con los pecados del alma de cada hombre, y pronto también comenzó a esparcirse el rumor de que sólo una persona pura, noble y valiente podría completar semejante cruzada.
Los intentos se fueron tornando entonces cada vez más escasos, sobre todo después de que incluso extranjeros y gloriosos personajes viajaran desde tierras lejanas para recuperar a la dama, pero en vano pudieran conseguirlo. Algunos como el excéntrico y arriesgado Itto del país de los Onis terminaron muriendo, siendo posiblemente envenenado o terminando ahogado en algún rincón de ese bosque. Lo cierto es, que nadie nunca volvió a saber del famoso mercenario.
Paulatinamente, tras escasear los intentos pasaron directo a ser inexistentes. Aún así, justo en el momento en el que ya nadie más se atrevía a traspasar el follaje y que todos los demás comenzaran a perder toda esperanza, dos errantes más llegaron al reino:
Uno era un noble, con grandes habilidades de combate, armamento y provisiones de primera calidad. Pelirrojo y de cabellos largos, se trataba de un apuesto pero esquivo príncipe que había renegado de la sucesión y ahora emprendía viajes en busca de respuestas, mientras también perseguía la forma de dar con los asesinos de su padre. Había abdicado el trono para tomar el mandoble, y en su lugar, su hermano menor Kaeya se quedó gobernando.
El príncipe Diluc había arribado desde el norte con la certeza de que este sería sólo un peldaño en el camino, no estaba interesado realmente en ningún rescate, ni tampoco buscaba recompensas, si se encontraba a la profeta sagrada, trataría de regresarla a su corte; pero realmente, lo único que quería era atravesar el bosque y buscar la forma de llegar hasta las tierras de la Emperatriz, la Tsaritsa.
Esa era la única forma, el único camino para él.
El otro hombre era un ya medianamente conocido paria de esa misma tierra, el cual desde hace tiempo se había autoexiliado temporalmente para hacer el duelo por la muerte de su abuela. Reflexionando inevitablemente sobre la muerte, no toleraba muchas de las manías de la sociedad en la que se veía envuelto, queriendo vivir de una forma tan libre que no se viera atado a ningún designio divino; por lo que en ese sentido podía empatizar con la pobre figura raptada. Pero él resultaba particularmente desagradable para las personas cuando tenía una parte de su alma atrapada en la melancolía. Había huido de los cuchicheos tan pronto como pudo, viajó y aprendió del mundo sin detenerse nunca. No tenía equipamiento alguno como un príncipe, más que sus libros y una espada heredada por su padre que apenas y le enseñó lo básico para defenderse. No era un guerrero, sino un escriba, no lo suficientemente importante como para ser un noble, pero tampoco corriente como para no ser uno de los hombres más educados en el mundo, por tanto, era un hombre aprovisionado adecuadamente con su astucia.
La mayor herramienta de este Escriba era su casi ilimitado conocimiento y su facilidad para tomar las mejores decisiones con rapidez y eficacia. Su único objetivo al pretender entrar al bosque, era quizá el más desencajante.
El Escriba buscaba desmentir a sus coetáneos en varios aspectos, si bien no le interesaba que nadie recordara su nombre. Alhaitham.
Primeramente, quería estudiar las verdaderas propiedades del bosque, entendiendo y aprendiendo más sobre él sin llegar a ser un crédulo o un ingenuo, mucho menos importunarlo. Además quería estudiar las antiguas runas de los druidas que se decía habitaron el área, esa antigua civilización que tanto le intrigaba. Pero por último y más importante, también quería silenciar las –a su parecer- fanfarronas frases que se pronunciaban a sus espaldas, y que decían cosas como:
”Alguien como él jamás podría lograrlo, no tiene lo que se necesita”
”Nunca sabrá qué hacer allá, no es ni valiente, ni noble… mucho menos alguien puro”
”Ni siquiera posee la fuerza para subsistir, es un débil escriba sin nociones de combate"
”Además siendo un hombre tan desagradable como él, que apenas es tolerado en la corte... los espíritus lo harán pedazos en un instante”
”Se lo merece, por presuntuoso e insoportable"
Aunque el Escriba sólo reía ante tales comentarios sin darles ningún tipo de importancia. Otra parte suya, muy dormida, se asomó con curiosidad. Se preguntaba si realmente había algo que no podría lograr con su ingenio, sobre todo tratándose de criaturas relacionadas con esto.
Además, nadie merecía quedar a merced tan sólo del destino, quizá podría encontrar una solución para liberar a la mujer de la maldición del bosque.
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Así fue que, ambos extraños se internaron en el bosque desde diferentes direcciones, con distintos motivos, armados con diferentes estrategias y sin tener la menor idea de lo que les esperaba.
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Estuvo perdido durante varias horas, a sabiendas de que era bastante predecible que está lugar lo encerraría en sus laberínticas fauces tan pronto colocara un pie dentro. Varias veces cruzo cerca de las mismas especies de árboles, y entre paisajes que le parecían sospechosamente estarse repitiendo, aunque tomara diferentes caminos mientras se internaba en busca de ciertas especies que pudieran delatar el patrón de movimiento del bosque... ¿Hacia dónde se dirigirán dependiendo de su especie? ¿Hacia un pantano o arroyo? ¿Tal vez hacia el mar en donde estaría el faro?
Finalmente llegó hasta un lugar que por primera vez le pareció diferente a lo que había visto anteriormente por horas.
Eran árboles altísimos de caoba, rodeados en círculos en torno a un espacio un poco más despejado en el centro, aunque las hojas creaban un dosel que amortiguaba el acceso.
El claro era espectral en un sentido único.
Demasiada quietud, exceptuando a las telarañas y las gotas de lluvia deslizándose sobre el musgo y los tallos delgados. El mayor movimiento dentro del ecosistema, lo acaparaban los rayos tibios de aurora, los primeros resquicios de amanecer que asomaban y transformaban la zona vegetal en una cúpula, en un espectáculo de prismas de colores argentos y fríos, pálidos, casi sombríos.
Lo primero que Alhaitham percibió tras dar los primeros pasos dentro de él, fue el olor a ozono y la pesada electrostática en el aire.
Indicaban que se desataría una tormenta eléctrica en cualquier instante.
Pero como si estuviera cruzando a través de un ligero velo, por fin llegó al centro del claro, en donde se encontró una mesa de piedra, bordeada con una inscripción con varias runas escritas sobre un muro, a modo de altar, y encima de él una copa alta de cristal que reflejó la imagen del Escriba, parecía que precisamente aguardaba por un invitado.
Alhaitham sabía que pocas personas podrían realmente leer la inscripción, y de hecho tomó ventaja de su habilidad, porque al decifrar las runas reconoció el mensaje oculto que rezaba:
"Hacia la aurora,
Por la Reina de la Primavera,
Y de los labios del amado,
Entrega tu alma al cambio,
Yaceremos en el inframundo por la eternidad"
Extrañado por este mensaje y más aún por el artefacto, el Escriba analizó por largo tiempo sus opciones, llegando a la conclusión de que aquella copa naturalmente no era para él, pues en ella había un deje sobrenatural que no coincidía con el mundo mortal y él todavía no estaba interesado en ningún amado, mucho menos en morir, muchas gracias, no.
Aún así, eso no descartaba que pudiera guardar algún secreto clave del bosque...
Alhaitham se decidió a tomar la copa, sólo para observar si alguna cosa allí cambiaba, si la tierra se removía, si alguna criatura aparecería para maldecirlo o si la misma copa lo rechazaría... Pero después de unos minutos observando el entorno, nada sucedió.
El silencio y la incertidumbre se entremezclaban para crear una sensación ensordecedora. Por un instante el Escriba tuvo que reconocer que no sabía cuál camino tomar ni sabía cuál de sus instintos seguir. Todavía con la copa en la mano, comenzó a dar vueltas sobre su propio eje con los ojos bicolor pasando sobre cada posible sendero, el ámbar se sobreponía encima del agua marino en el centro de las pupilas, y cuando un viso de luz iluminó resaltando el tono cálido de su mirada; se detuvo para apreciar mejor el telón de media mañana que descubría una cortina de fosfenos. En frente había un camino que parecía ser el principal, y otro par que iban en diagonal, uno más por el flanco izquierdo que lucía más selvático y por supuesto el camino desde el que venía en principio.
Entonces, en un impulso calculado por el capricho y por querer enfocar en los patrones de fosfenos alguna extraña figura, levantó la copa y estudió la refracción de la luz a través del fondo del cristal. Había leído alguna vez, que las tribus nómadas solían guiarse y encontrar sus sitios de culto a través de las formas de estos curiosos fenomenos. Así que sin esperar mucho realmente, apuntó con la copa alrededor, notando que un nuevo caleidoscopio de colores se desplegaba ante él. La vegetación parecía florecer aún más bajo este filtro de vidrio, y había una especie de humo entorpeciendo los bordes, cubriendo con neblina ciertos enfoques, hasta que, el fondo del vaso apuntó hacia el camino de vuelta por el cual Alhaitham había ingresado hace por lo menos media hora.
Allí los rayos del sol se concentraron e iluminaron el camino como si desde lo profundo se contuvieran auroras boreales de colores dorados.
"¿Tratas de decirme que debería regresar?" Murmuró a la inmutable copa de cristal, como si esta fuera una confidente con vida propia "Nah, apenas llegué aquí... Es verdad que no espero lograr mucho, pero esto sería directamente humillante"
Y de todas formas, mientras más veía a través del cristal, más encontraba que el paisaje no sugería otra cosa diferente. Si debía tomar un camino en base a otro razonamiento, pensando por ejemplo que los caminos con vegetación más densa lo acercarían al corazón del bosque, o que los caminos hacia adelante lógicamente lo llevarían a internarse más; Alhaitham no decidió seguirlos, en cambio se preparó para tomar de vuelta el camino por el cual ingresó.
"¿Cuáles son las posibilidades?" Dijo para sí mismo, mientras guardaba la copa dentro de la bolsa de cuero que llevaba sobre su espalda, y también ajustaba la riñonera de tela alrededor del cinto "Dicen que primero debes dar dos pasos atrás para luego avanzar unos diez. Entonces tendrás un impulso"
Con tal resolución, a tan solo tres horas de haber ingresado en el bosque, el Escriba tomó el camino de vuelta por el cual entró al claro, casi persiguiendo el regreso hacia el inicio. Estaba convencido de que regresaría al sendero de paso, y de ser el caso, sinceramente sólo pensaba volver a entrar, después de todo no había pasado demasiado tiempo desde que entró al bosque, todavía podía averiguar cómo descifrar sus secretos... Lo que no le gustaría sería caer desde tan pronto en un bucle que lo llevara eternamente de nuevo donde comenzó.
Eso sí que le frustraría.
Sin embargo, muy diferente a lo esperado, resulta que no volvió por el mismo sendero que recordaba. La punta de su nariz fue la primera en percibir el cambio y la carga inusual de humedad en el ambiente, porque efectivamente se había adentrado aún más profundo en el bosque, en lugar de salir, sus entrañas sabían que se dirigía hacia algo.
El chasquido del agua fluyendo cercana contra piedras y hojas fue el sonido que más lo acompañó en esa jornada en adelante. Podía imaginar que había además algunos estanques cercanos para descansar, pero nunca lo suficientemente al alcance. De todos modos, por ahora no se interesaba en desviarse para buscarlos, pues la magia era aún más poderosa en esos lugares.
¿Qué buscaba entonces exactamente?
No lo sabía, y ya había descartado la posibilidad de lograr ubicarse espacialmente sólo con su sentido común.
Así discurrieron horas y horas, hasta que el amanecer había traspasado el medio día y finalmente las primeras gotas de lluvia y los truenos comenzaron a crujir e iluminar el paisaje.
Apenas era el comienzo, pero Alhaitham rápidamente sacó su capa de viaje para cubrirse lo mejor que podía, porque la forma en la que aquella furia de los dioses partía el cielo, amenazaba con tornar el diluvio en algo demasiado violento pronto.
Se detuvo sólo un segundo, y descubriendo la vista detrás de un par de hojas de palma y arbustos, desde la vereda, observó a lo lejos un valle que desde ese punto resultaba algo hundido, y de todos modos cercano. Allí había un castillo pequeño, o una especie de mansión fortificada, rodeada por un lago y un puente levadizo.
Por más que el Erudito trató de recontar todos los diarios de expediciones de viajes y exploraciones hacia esta zona, jamás leyó o escuchó siquiera sobre algo como esto. Así que no podía decidir si era increíblemente afortunado, por haber hecho este avistamiento a tan poco tiempo de estar en la zona, o si en realidad era una señal de que jamás podría regresar para contarlo.
Un mal augurio...
Las gotas de lluvia aceleraron, y él también tuvo que apresurarse. Se colocó rápidamente la capa y esta vez, de hecho continuó el camino con un trote cuidadoso y sigiloso. Ahora había fijado como objetivo llegar hasta aquél edificio, debía recopilar más información al respecto, y con suerte, podría determinar si la sacerdotisa estaba allí dentro captiva o no.
Comenzó su descenso a través de la maleza y la densidad del bosque, derrapando constantemente sobre la tierra mojada que se volvía lodosa por la lluvia, a su vez prestando mucha atención más allá de lo que se veía cada que podía, para no perder de vista su objetivo. En cualquier momento los caminos podían volver a cambiar y no quería resultar de vuelta en la entrada por perderse en la penuria de las circunstancias.
«Sálvame»
Alhaitham perdió el balance, su pie resbaló sobre una piedra lisa y terminó derrapando sobre la tierra al menos seis metros hacia abajo, cayendo en semi cuclillas sobre un desnivel en la tierra que estancaba el agua poco más abajo de sus rodillas, por donde pasaba un río que llevaba hasta el lago que vio antes y estaba más adelante.
Pero estaba seguro de que había escuchado esa voz, la voz de una mujer en su cabeza.
Se había quedado congelado en su punto, el agua había inundado sus botas por completo, no tenía mucho sentido preocuparse por eso ahora. Estaba más preocupado por escuchar aquél susurro de nuevo, por comprobar que había sido real.
Después de unos minutos, cuando nada sucedió, salió de aquél bache de agua estancada, escalando con un par de zancadas un breve montículo de tierra y dando por fin con una vista de frente y al mismo nivel hacia la entrada de aquella mansión.
Oscura y lúgubre, detrás de los pinos desde donde estaba emergiendo el Escriba, el lugar le pareció que tenía un aura de soledad y vacío, más que de algo atemorizante.
Aunque la soledad puede ser en sí misma aterradora y asfixiante...
Las paredes eran más negruzcas de lo que se veía a distancia, tenía almenas muy altas y cuatro torres cuadradas y ligeramente más altas en cada punta. La forma de las del frente era de lanzas y sólo podía alcanzar a ver además, que las almenas se conectaban por puentes, seguramente ideales para la observación desde lejos de posibles enemigos.
Decidió entonces volver a sacar la copa para observar con ella si encontraría algún otro rastro extraño, quizá un indicio para continuar, o incluso una advertencia para no hacerlo.
«¿Estaría allí la Sacerdotisa o sería una trampa?»
Lo único que vio con el fondo de la copa de todos modos, era una muy sutil reflectancia azúl oscura, que hacía subir una especie de llamas alrededor del lago, como protegiendo el castillo con fuegos fatuos. Y después de estudiarlo lo suficiente, volvió a guardar la copa.
Sin que la lluvia hubiera menguado, y ya empapado de las rodillas para abajo, el peligrís avanzó cuidadosamente. Se ocultó entre los troncos de los árboles y las ramas, llegando hasta el extremo donde iniciaba el prado del valle para observar más de cerca el puente. Entonces el aroma del ozono se hizo tan pesado y fuerte, que por un momento creyó que un rayo le caería allí mismo, y sobre todo estando cerca de los árboles, el Escriba entró en un estado repentino de máxima alerta. Incluso, algunos cabellos de su nuca se tensaron y crisparon.
No había nadie tras las almenas y ninguna torre, ventana o corredor. Nada del lugar arrojaba pistas de que alguien estuviera vigilando. De hecho el lugar para lo que se veía, bien podría estar totalmente abandonado.
Pero... No había nada de maleza, ninguna enredadera, ni siquiera líquenes. Había algo muy raro al respecto, su vibración, su aire, era escalofriante. Como si aquél lugar más bien estuviera habitado por muertos y no permitiera a la vida cruzar.
Justo como traído a colación, cuando Alhaitham por fin se había decidido a dar un paso hacia el lugar, determinado a penetrar en la fortaleza antes de que comenzara a atardecer, el aroma del ozono cubrió por completo la atmósfera y además una pesada presencia se alzó muy silenciosamente tras él.
“No puedes entrar ahí, mortal” La hermética, pero suave voz pronunció a sus espaldas, discurriendo el viento y la lluvia como si cayera aún más fuerte sobre los hombros tensos del Escriba
No le dejó otro remedio más que girarse para quedar cara a cara con un hombre mucho más alto, que apenas y era visible por la sombra oscura y negra que le cubría el cuerpo de forma antinatural; a duras penas distinguía la cabellera azul rey y los ojos ardiendo como antorchas de fuego blanquecino. Las sombras se convirtieron en más, las cuales le rodeaban como pesadas capas de ceniza, hasta que se sacudió un poco y algunas se dispersaron. En su mano llevaba un farol con un fuego azul. Un fuego fatuo, distinguió Alhaitham, quien por la declaración que escuchó, infirió que el recién aparecido no era un ser vivo.
Debía ser él, el raptor.
“Así que no era el sello de una tormenta eléctrica, me estuviste siguiendo desde el principio" Le replicó al extraño "Pero aunque no pueda entrar ahí, de todos modos necesitaré un lugar donde pasar la noche—…”
"Te convendría que no fuera ninguno en este bosque... Ahora, entrega la copa que usurpaste"
El extraño extendió una mano esperando la entrega, la otra tamborileó los dedos en el aire y después de la caída de un relámpago en el fondo, el cual hizo vibrar la tierra con pesadez y chisporroteó contra el tronco de un árbol, manifestó allí una lanza, que había adaptado por arte de magia la semi forma de la lámpara con fuego fatuo de antes.
"No la usurpé, debía tomarla para encontrar el camino correcto. No puedes culparme por buscar mi supervivencia ¿O sí?"
Alhaitham giraba ahora por completo, su muñeca espiralizó (onduló) en el aire para manifestar su propia espada en defensiva. Siendo sensatos, no le convenía una confrontación directa con aquél ser en ese momento, en cualquier caso preferiría evitar tal encuentro; pero tampoco estaba dispuesto a entregar lo requerido.
“Será mejor que regreses al reino del cual perteneces, no hay lugar aquí para ti”
“Los mortales seguimos siendo parte de la naturaleza… ¿por qué este bosque me rechazaría, extraño?”
“El bosque no rechaza tu existencia, sino tu condición. Estás acostumbrado a otros lugares, y este bosque sólo tiene morada para criaturas que tocan el fondo de los instintos”
“En ese sentido, no pareces muy diferente de mí, si tratas de decirme que sólo seres irracionales hacen parte de la naturaleza primigenia. Tu teoría no tiene fundamentos”
“Soy muy diferente… no estoy vivo y mi propia energía alimenta parte de este lugar. Esa fortaleza que tratas de invadir, es una manifestación propia. El día que puse un pie en este lugar, ese castillo nació para dar morada a las almas en pena. Si insistes en continuar, cuando mueras tu alma quedará confinada allí mismo y simplemente te convertirás en combustible fósil de mi poder, ¿querrías convertirte en eso?”
Alhaitham dudó entonces, el hombre parecía sincero, quizá incluso cauteloso por su destino; sin embargo, no podía desistir sólo por aquellas palabras.
“Pero si no muero, todavía tengo una oportunidad”
“Morirás sin duda, si continúas, sobre todo si—…”
El hombre se cortó a medio discurso, su respiración se tornó en una inhalación profunda y sus ojos muy amarillos fueron visibles por un momento. Como los de un águila, parecieron captar movimiento de algo cercano y su cuerpo se tensionó visiblemente como a la espera de una afrenta.
La mirada de Alhaitham siguió la ajena y hubo un lapso ralentizado de tiempo, en el cual pudo percibir muy brevemente una explosión de fuego rojizo desde los arbustos. Desde allí un ave de fuego arrasó sobre el área en donde estaba parado el hombre de la lámpara. La onda de calor, arrasó con una franja de bosque e hizo sisear las gotas de lluvia evaporadas que antes habían sido electrificadas, como si contuvieran el aliento y se asombraran de tal intervención al mismo tiempo. Para cuando el Escriba pudo observar mejor, la persona frente a él había desaparecido, evadiendo el inesperado atentado. Sus ojos se movieron entonces hacia otro extremo del bosque, justo en donde una figura pelirroja había batido su mandoble contra el ser sobrenatural, este último había chocado acero contra el recién llegado, usando su lanza para desviar el ofensivo mandoble que se clavó en tierra.
“Fuiste tú quien tomó a la sacerdotisa de la Ciudad Luna… ¿Dónde está?” Espetó el pelirrojo, apretando la empuñadura de su espada
El Escriba avanzó rápidamente, llegando a estar a un par de metros del conflicto, se enteró entonces de que no había sido el único en este lapso de tiempo que venía en busca de la Cantalunas. Pero lo que le sorprendió aún más, de todas formas, fue la actitud que tomó el ser espectral al que confrontaba; el cual le miró como si hubiera tomado mayor ofensa de las palabras del pelirrojo que de tales acciones agresivas.
“Mortales, deben entender... que ella no pertenece a su mundo, debía regresar a este lugar y debía estar a mi lado. Nuestra profecía—…”
“La raptaste... Si realmente perteneciera a este lugar, ella habría venido por su propia voluntad”
“Todavía no lo entienden, la Sacerdotisa tampoco, pero ella debe ser mi Reina, no hay otro final posible”
Observándolo todo en silencio, Alhaitham mantuvo su propia espada en una postura defensiva frente al torso dispuesto a intervenir o defenderse. Mientras tanto el pelirrojo volvía a cargar contra el extraño sin contemplaciones, desentendiéndose de la tierra que había apresado su mandoble, volvió a atacar mientras el peliazul seguía desviando sus tajos, a duras penas soportando el impacto y la presión continua, además ahora, una pesada atmosfera de electricidad azul oscura le cubría. Seguramente generando pesados voltios en su entorno y desde luego, provocando ciertas agresiones al cuerpo de quien le atacaba cada vez que chocaban. Ninguno de los dos demostraba aun así ningún atisbo de debilidad o de querer ceder.
“La Reina de la Primavera...” Aseveró entonces Alhaitham, y por un instante notó que captó la atención del ser de cabellos azules
Este fue distraído momentariamente del combate, por lo cual, una patada a su diafragma proveniente del atacante lo mandó lejos, hasta que su cuerpo aterrizó varios metros más allá contra un árbol, rompiendo el tronco con su peso y a su vez despejando sus sombras mortíferas para dejar en su lugar algunas diminutas llamas naranjas consumiéndole el ropaje.
“Supongo que también vienes a rescatarla” Le murmuró el pelirrojo que quedó recuperando el aliento, su cuerpo humeaba por la pesada electrostática, y además se tambaleaba ligeramente al dar algunos pasos en su dirección “Me llamo Diluc—… yo—…”
No tuvo tiempo de decir nada más, porque en ese instante hubo una luz enceguecedora, como si el mismísimo sol hubiera decidido hacer acto de presencia frente a ambos. Sólo que este sol era oscuro y eléctrico.
No supo nada más de Diluc, puesto que desapareció frente a sus ojos embestido por una fuerte ráfaga que lo arrojó colina abajo hacia un acantilado junto a su oponente, quién se había precipitado contra él. Apenas notó en el último breve momento, que al fondo tras rodear un poco la mansión estaba el inicio de una cascada, hacia donde los hombres se habían avalazado.
Por su parte, al estar cerca de la zona de impacto y estando empapado de cabeza a pies, sintió una estruendosa corriente eléctrica freirle cada músculo mientras se desmoronaba hacia el suelo y caía boca abajo en el prado.
Con una última mirada trémula observó que ya no había rastro de los contendientes, sólo una humareda por doquier y los vestigios de fuego y rayo que permanecieron confrontándose, cuando la lluvia todavía seguía manando a cántaros...
Como lágrimas de advertencia.
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Despertó con el último rayo de luz dando un beso de despedida al cielo, y porque el frío helado le recordó que su cuerpo estaba consumido por más agua y electricidad, que ninguna otra cosa.
Algunas gotas le golpearon el rostro.
Su mano se ciñó por reflejo a la espada que estaba medio suelta y a un lado de su cuerpo inmóvil. Desorientado y vulnerable, trató de incorporarse como pudo, con mirada borrosa y trastabilleos por la humedad y el entumecimiento.
Empuñó la espada, pero allí no había nadie.
Tras unos segundos escaneando el entorno, se asomó por el extremo de la colina, observando hacia el fondo de la cascada por la que Diluc cayó junto a su oponente, y por un momento consideró seguirlo; sin embargo, no había ni señal y dado que el manto nocturno ya estaba encima, decidió desistir y buscar primero un lugar dónde pasar la noche.
Tomando la palabra del sujeto de antes, no intentó traspasar en aquél lugar que no era para los mortales. No quería dar su vida en vano aunque la curiosidad fuera poderosa.
En su lugar, se arrastró en busca de una cueva, en el extremo opuesto de dónde estaba.
El exceso de oscuridad era sofocante para ese punto. Estando en un área tan abierta y sobrenatural, era normal que cierta ansiedad comenzara a trepidar por doquier, hormigueando tras su nuca, erizando su espalda y otorgando escalofríos en sus antebrazos. Se sentía más diabólico por qué se encontraba en la intemperie, en una región totalmente desconocida y con un sin fin de peligros inciertos. Honestamente sólo quería dar con una cueva para tener un punto de anclaje, colocar su espalda contra la pared y así al menos aminorar sus puntos ciegos.
Encontró algo parecido a una gruta profunda y amplia, mientras tiritaba por el frío y soñaba con hacer una hoguera dentro, rezando además para que no hubiera ningún peligro dentro de la caverna, o nada demasiado peligroso que no pudiera manejar.
Posó el pie zurdo en la entrada, todavía empuñando la espada delante de su figura, y con su mano libre concentró un poco de energía dendro -la energía con la que tuvo más afinidad desde pequeño- para iluminar el interior con uno de sus cristales rutilantes.
«Llevame de vuelta contigo»
De nuevo la voz de la mujer que oyó antes. Ahora lo hizo trastabillar por el susto, pues esta vez sonó casi sobre su espalda. Y en un vano intentó volvió a buscarla sin tener éxito, alrededor de él, observando primero la entrada y la periferia y luego dentro de la cueva.
El brillo verde centelló y tomó protagonismo de la escena, despejando poco a poco la oscuridad y confinándola hacia los rincones más austeros. La forma de hoja y cristal creaba además un efecto reflejo de la luz y las paredes se convirtieron en carruseles de prismas verdes. No había nada más dentro de la cueva, excepto roca y granito, y quizá un espacio dónde reunir leña. Alhaitham estaba a punto de dar un segundo paso para internarse aún más adentro, cuando una de las sombras de la caverna salió del fondo, como si hubiera estado oculta de cuclillas todo este tiempo, se irguió y comenzó a avanzar, tomando voluntad propia. Primero fue sólo una bola deforme, luego se enlongó y finalmente tomó la altura y las extremidades de algo humanoide.
No pudo preveer el ataque frente a lo insólito del suceso. La sombra se abalanzó contra él de frente, enseñando unas afiladas garras que tan pronto lo tuvieron al alcance, perforaron en su ropa y llegaron a rasgar incluso parte de sus pectorales. Ante la ofensiva, el Escriba batió la espada de un tajo vertical, queriendo partir la sombra en dos y apartarla de su persona. Pero tras el quejido de dolor por los rasguños, sólo pudo observar atónito cómo la sombra se transformaba en humo negro y se dispersaba, inmaterial, como si nunca hubiese tenido forma sólida.
No solamente esto, sino que también, tras la dispersión, se dio cuenta de que habían cuatro nuevas sombras rodeándolo desde diferentes puntos. Así que giró sobre su propio eje, ondulando la espada sobre su muñeca en arcos amplios para establecer cierta distancia y medir la longitud de sus posibles ataques. Cuando las sombras se abalanzaron de vuelta hacia él, surcó la espada, efectuando ataques mientras cambiaba el apoyo de la mano dominante de una a otra, dependiendo del lateral desde el cual era atacado. Sin embargo, no importaba cómo llegara a estocar aquellas sombras, el resultado era siempre el mismo, estas manifestaciones simplemente se dispersaban en un humo negruzco y no recibían daño de ninguno de sus contraataques.
Varios minutos después, estuvo cediendo al cansancio y el desgaste de energía. No tenía sentido continuar así y probablemente necesitaría retirarse... El problema era que no conseguía encontrar una brecha para hacerlo.
Con este pensamiento recibió otro rasguño sobre uno de sus hombros, uno más fuerte que el anterior, tanto que lo empujó hacia otro costado del bosque, trastabillando mientras caía de espaldas y aún mantenía la guardia con su espada en alto porque las sombras todavía le perseguían y estaban casi encima de su persona.
Aunque aquello no llegó a suceder, porque gracias a los dioses, en ese momento una luz blanca, sobrecogedora y pura irradió sobré él. Se antepuso entre las sombras y su persona y entonces comenzó a borrar todo vestigio de moldes de oscuridad.
Sólo cuando la luz dejó de lastimar sus ojos y aminoró un poco, Alhaitham pudo discernir que se trataba de un ciervo cubierto por una luz plateada de luna.
Hermoso y albino, pero con baches de pelaje y manchas azúl oscuro, casi como el lapislázuli. Sus astas eran muy grandes y majestuosas, de presencia imponente. Y en su frente entre esos grandes ojos brillantes, había una marca de una luna creciente.
Poco a poco, él se levantó del suelo recuperando el aliento tras un par de quejidos de dolor y sujetándose el hombro herido. Al estar frente a frente de su salvador, se quedó con una sensación insólita que le oprimió muy grueso el pecho, admirando y maravillándose por aquella aparición que dispersó por completo aquellos entes de la oscuridad, como si hubiera sido un milagro del cielo, algo que jamás le sucedería a nadie. Y cuando descubrió que el animal no se apartaba, sino que lo observaba atentamente de la misma forma, como esperando por algo; se acercó aún más lentamente, extendiendo la mano para acariciarle el cuello, pidiendo permiso implícito primero.
El primer contacto fue ligeramente torpe. Alhaitham no sabía acariciar, pero sabía que no quería ser rudo ni espantarle. Quería agradecerle de alguna forma. Por otro lado el animal parecía desconfiar en principio, parecía tímido. Sin embargo, tras el primer contacto y al comprender que nada malo le sucedería a ambos por parte del otro. Sus respiraciones se acompasaron y sincronizaron, para que la tensión se dispersara y abriera entonces una posibilidad, una posibilidad para comenzar a recién conocerse. Alhaitham notó entonces que de sus astas colgaban unas curiosas cuentas, joyas hermosas que resplandecían y pendían a cada balanceo de aquellos marfilados cuernos.
Quedó suavizado cuando el ser astado inclinó la cabeza ligeramente y buscó la mano del Escriba por su propia cuenta, tras un par más de caricias.
"Gracias" Fue lo único que Alhaitham pudo decirle, preguntándose si estaría solo, porque la criatura parecia estar tan perdida como él
Él le contempló las mejillas y mimó su barbilla, detallando entonces en sus largas y espesas pestañas, las cuales le daban una apariencia gracil y femenina.
"Así que eres una señorita" Murmuró, al tiempo que pasaba los dedos sobre una de sus afelpadas orejitas y la cierva cerraba los ojos, disfrutando de aquello como si de hecho fuera la primera vez que alguien le acariciaba
Era extraño, pero la sensación de paz y calma, de seguridad y bendición que sentía provenir de esa aparición plateada, hacían difícil para el Escriba partir caminos con el animal. Ya fuera por su brillo inusual, o por la suavidad de su pelaje, de la nada se dio cuenta de que se quedaría muy solo y desamparado si la dejaba ir, así que se prometió que tenía que intentar acompañarse del animal. Trató de dar un paso hacia la cueva sin dejar de administrar caricias a la cierva, buscando que le siguiera adentro para pasar la noche ahora que las sombras fueron dispersadas, y que la criatura no parecía ir a ninguna otra parte tampoco.
Está última volvió a abrir los ojos al detectar movimiento y por un momento él se congeló temiendo haberla asustado.
"No quiero hacerte daño" Le dijo rápidamente, aún sabiendo que el animal no le entendería. De todos modos, el lenguaje siempre es un recurso que puede funcionar no sólo mediante lo cognitivo, hay sentimiento, entonación en las palabras, acompasamiento, por lo que trató de sonar muy suave en busca de despertar algo más en ella "Prometo buscar alimento para ambos si me acompañas un poco más..."
«La verdad es que no quiero estar solo aquí»
Pensó. Pero contrario a lo pronosticado, la cierva retrocedió, y por alguna extraña razón el hombre sintió su corazón hundirse frente a la inminente partida. Sin embargo, no la detendría, era un espíritu libre del bosque y aquí nada merece ser apresado.
Aquél ser de plata daba un par de pasos hacia atrás, muy lentamente. Dio una mirada hacia la cueva, y entonces cargó contra Alhaitham con fuerza, empujó su cabeza astada contra la cadera del hombre y comenzó a apartarlo del camino. No era exactamente doloroso, pero como lo hizo repetidas veces, comenzó a entumecerle esa zona.
"¿Mh? ¿Qué sucede? Por qué me..."
Otro cabezazo y esta vez logró hacer que Alhaitham se hiciera a un lado del camino, lejos de la entrada de la cueva. Entonces él le dirigió una mirada recriminatoria, no podía saber si era alguna clase de juego por parte del animal, o si de alguna forma le había ofendido; de todos modos, antes de que pudiera decir nada, la cierva dio una vuelta galopando y saltando alrededor de su persona, luego salió disparada hacia una dirección contraria del bosque, y antes de que Alhaitham pudiera convencerse de que se iría definitivamente, la cierva se detuvo y giró, mirándolo con ojos suplicantes, como quien espera que le sigan.
Los ojos de Alhaitham volvieron a la oscuridad de la cueva, y entonces algo dentro suyo comprendió. Aquél lugar no era seguro y aquél espíritu del bosque en forma de ciervo le estaba previniendo de entrar allí.
Cuando volvió a verla, esperando en la colina, observó como agachaba la cabeza y la volvía a subir, como asegurándole que estaría bien y que debía venir con ella.
¿Pero realmente debía confiar en ese ser?
El inmortal con quien se topó antes había sugerido que no sobreviviría en ese bosque, a menos que se desprendiera de las explicaciones racionales y comenzara a enfocarse en su instinto. Por esa parte hasta entonces, aquél animal sólo le había trasmitido confianza y bondad, así que genuinamente intuyó que debía seguirle.
Y así lo hizo. Su cuerpo ya no podía soportar más el frío de todos modos, y pronto podría darle fiebre o algún otro resfriado.
Siguiendo a la cierva, cruzó la vereda, a través de higuerones y bejucos, con raíces aéreas que transformaban el bosque en miles de hilos colgantes, que eran en realidad raíces y extensiones vivas de los árboles. Tenía que apartarlos un poco mientras seguía de cerca el brillo plateado, pero al final, después de traspasar la platea de aquél teatro de la naturaleza; finalmente llegaron hasta el escenario de un templo en ruinas.
Totalmente desolado.
Se alzaba todavía en pie, con muchas columnas aún bastante sólidas, una construcción rectangular que estaba enmarañada por más de aquellas raíces aéreas y troncos que se habían comenzado a comer el interior del templo, emergiendo con sus raíces por las ventanas y grietas. Todo empezaba en la entrada, donde unos escalones de piedra cubiertos por maleza recibían a los visitantes, estaba además ligeramente amarillenta, como si la roca caliza se hubiera desgastado por el paso del tiempo y algunos fenómenos físicos. El suelo conducía hacia un pabellón más angosto que el resto del lugar, donde algunas paredes estaban derruidas a los laterales, pero aún así encerraban lo suficiente el interior, como para que este fuera engullido por la oscuridad y no permitiera que se viera más de lo que podría esperarles dentro. A ambos lados de la entrada se alzaban dos torres, cada una finalizando con una cúpula de bulbo algo alargada, de esas mismas que rememoraban las coloridas y exóticas catedrales de Snezhnaya; sin embargo, al seguir con la vista te encontrabas la parte central, donde devía estar la nave de la catedral, una enorme cúpula agrietada y casi caída por completo.
A medida que Alhaitham daba pasos dentro del lugar, se daba cuenta de que aquella edificación había pertenecido a la antigua civilización de Hyperborea, lo suficientemente avanzada como para tener su propio sistema de escritura y algunas representaciones rituales y religiosas, que se expresaban a través de pictogramas y grabados en las paredes.
Aunque estaban ya desgastados y sin color, algunos incluso llenos de huecos y cuarteados por la ausencia de un mantenimiento y la toma de la lluvia y la humedad; los dibujos representaban un culto hacia dos personajes, uno siendo muy claramente el hombre inmortal de antes y la otra debía ser su Reina de la Primavera. Alhaitham notó que su figura llevaba la misma lámpara de mano que tenía entonces y que con ella dispersaba las sombras, a su lado, tomada de su mano estaba una mujer muy esbelta cubierta de flores y hojas, con largas astas de ciervo en la cabeza, decoradas con perlas y piedras de luna que le recordaron las de la cierva que lo guió hasta allí.
Mientras ella estaba rodeada por animales, flores y personas en la mitad de la pared que le correspondía, la mitad de la pared de él estaba llena de sombras y muerte, esqueletos y otro tipo de criaturas que no pudo reconocer.
"Un contraste bastante extraño. No parece una pareja que pueda coexistir junta por mucho tiempo ¿No crees?" Le dijo a la cierva que le miraba con ojos curiosos y dulces, entonces no pudo resistirse y volvió a acariciarle las mejillas "Si él es el Rey de los Muertos, ella debe ser la Reina de la Primavera... Y tu debes ser una emisaria de esa Reina, ¿Verdad? ¿Sabes dónde está?" Continuó el Escriba, trazando una línea hacia la marca en forma de luna sobre el pelaje y subiendo a la cabeza del animal, tratando de acariciar sus astas, pero deteniéndose a medio camino cuando notó que dichos cuernos comenzaban a brillar brevemente
Quizá no debería tocar algo que podría ser considerado sagrado y místico.
Sin más y sin ningún otro movimiento del animal que indicara algún entendimiento, dejó caer sus pertenencias al suelo. Se retiró la capa y la camisa escurriendo un poco el agua de las mismas al enroscarlos con las manos. Haciendo esto se percató de reojo, de la mirada atenta de la cierva, que seguía cada uno de sus movimientos con fascinación. Entonces se dio la vuelta un poco intimidado por aquella mirada peculiar, y aunque por un momento pensó en quitarse también los pantalones y el resto de su ropa, un rápido vistazo a su espalda, mientras la cierva todavía tenía la mirada encima suyo, lo hizo sentir muy observado y sin nada más qué colocarse para cubrirse frente a tal extraña disección. No importa cuán absurda fuera esa sensación, no lograba sacarse la incomodidad de encima.
«¿Quizá debería soportar el frío en lugar de caminar por ahí desnudo buscando leña?»
Justo cuando el pensamiento cruzó su mente, escuchó las pezuñas chocar contra el suelo y moverse hacia la nave central del templo, internándose un poco más en el lugar al parecer en busca del lugar donde debía estar el altar; en su lugar había una mesa destruída totalmente vacía, y estantes con cuencos de arcilla en las paredes, por otro lado en una de las esquinas donde estaban unos bloques de piedra, se ocultaba una zona del piso que estaba hecha de madera, un poco más adentro tras el objeto central del rito. La cierva comenzó a golpear esta parte de madera con las patas, como si tratara de abollar las tablas para removerlas.
En cuanto Alhaitham vio esto, se apuró para ir hasta ella y tratar de apartarla.
"Detente, te harás daño" Le dijo apresuradamente, y trató de atrapar su caja torácica para atajarla
Sin embargo, el animal continuó tercamente hasta que la pata rompió una parte de la tabla y se coló bajo ella haciendo que se abriera un hueco, aunque en el intento, parte de la extremidad también quedó pillada por una astilla mediana. Por lo cual la pequeña criatura soltó un agudo chillido y retrajo la patita delantera para alejarla de la ofensiva madera, sin embargo, Alhaitham notó que ya estaba incrustada dentro de la carne. Con una expresión visible de aflicción se arrodilló frente a ella, estiró la mano para tomar delicadamente el miembro herido y evitar que fuera a apoyarla, acercó a la cierva hasta asirla sobre su regazo con mucho cuidado y lentitud, y entonces sacó la astilla con la mayor delicadeza que pudo reunir, para luego extraer unas vendas de su riñonera y comenzar a vendarle la herida, sorprendido de que mientras lo hacía, vio que aquella sangre era de un azúl plata brillante, un color sobrenatural, pero muy bello.
"Te lo dije..." Murmuró él con voz ronca por el cansancio, aunque aún contuviera algo de fascinación y curiosidad en su tono "¿Qué tanto buscabas de todos modos?"
La cierva alzó el rostro buscando la mirada del escriba apologeticamente y entonces comenzó a lamerle parte del rostro, luego bajó al pecho y los hombros, limpiando las gotas de agua que aún lo tenían tiritando. Poco a poco fue dirigiéndose hasta las heridas de los rasguños que aquellas sombras le propinaron y que a duras penas habían dejado de sangrar, porque la camiseta había retenido la misma por un tiempo.
Las cosquillas por las lamidas hicieron resoplar con diversión al hombre que con suavidad apartó el rostro de la cierva, la dejó reposada en el suelo, acostada y con la pata herida y vendada extendida, así no se haría daño. Tras esto se inclinó sobre la obertura en el suelo y metió la mano para sacar algo parecido a una tela de algodón, y cuando pescó el objeto, efectivamente se dio cuenta de que era una túnica idéntica a la que usaban los sacerdotes representados en las paredes.
Inmediatamente al darse cuenta, buscó a la cierva con la mirada, la cual recargó la barbilla sobre la patita y lo miró con inocencia como única respuesta.
"¿Hiciste eso por mí?" Era una pregunta que no buscaba respuesta lo sabía, pero por un efecto de entrañamiento raro en él y que le inspiraba el animal, trató de nuevo entablar alguna forma de comunicación con ella sin saber realmente cómo
Quizá se estaba volviendo loco después de pasar sólo un día en el bosque, y realmente quería imaginar que hablaba con alguien y que ella podría entenderle.
Ah, Alhaitham no era alguien para dejarse llevar por la ternura, pero francamente, estaba embelesado con aquella criatura. Elegante, pulcra, reluciente y sobre todo encarnando toda la bondad que nunca creyó encontrar en aquél bosque. ¿De dónde habría salido?
"Que buena chica" Murmuró y volvió a acariciarle el lomo y las orejitas, incluso con mayor afecto y respeto que antes, una sonrisa muy breve y ladina dibujada en su rostro, al tiempo que uso dicha tela de algodón para secar un poco el pelaje de la cierva "La más buena..."
Por un momento le pareció que la astada escondía la cabeza bajo la patita con timidez, pero descartó el pensamiento porque sólo parecía estar adolorida e incómoda con la venda. Por su parte entonces, se puso de pie y dio media vuelta para comenzar a quitarse las prendas inferiores y la riñonera, colocándose la túnica religiosa en su lugar, sólo muy superfluamente fría por haber secado un poco al animal.
Posteriormente reunió su ropa, salió y se acercó a un arroyo aledaño que había escuchado antes y comenzó a lavar la sangre y la tierra, luego extendió la ropa en un lugar cercano, pero dentro de las ruinas, para que aún así nadie más pudiera ver o tomar sus pertenencias. La mochila que llevaba en la espalda la dejó sobre un estante en el altar, cerca de una cornisa que estaba escondiendo la zona rectangular del altar del sitio religioso, ya había decidido que allí sería donde se prepararía para pasar la noche.
Luego volvió a desenfundar su espada, y con ella comenzó a cortar la mayor cantidad de madera cercana posible para hacer una hoguera en el interior del templo. Transportó la leña y recolectó algunas bayas de una especie que reconoció para compartirla con el animal herido.
Seguido servía en unas cuencas viejas que encontró y lavó por allí, una fresca reserva de agua de su cantimplora. También dejó a un lado las bayas sobre una hoja, lo acompañó con un poco de pan y carne seca que traía en su bolsa y lo ofreció a su astada acompañante. Cuando la vio comiendo un poco, colocó su atención de vuelta en la hoguera y comenzó a encender un pequeño fuego que poco a poco fue tomando mayor tamaño hasta que iluminó el interior de las ruinas y por fin, pudo sentarse a reposar por un momento, adquiriendo algo de calor en el proceso.
Suspiró pesadamente, pero dejó la vista perdida en el corazón de las llamas, ya que su luz quedaba encerrada dentro del lugar y ese efecto sólo enaltecía la potencia guardada en cada danza profana que daba.
En ese momento se asentó dentro de él la realización de que había sobrevivido a su primer día en aquél bosque pese a tanto caos, pero aún así estaba tan perdido que ni siquiera tenía pistas de dónde encontrar a la sacerdotisa, y su plan para regresar de vuelta seguía siendo muy circunstancial.
Tan solo en un día ya había pasado por tantas penurias y había encontrado tantas cosas extrañas, que no dudaba el siguiente día sólo podría empeorar. La única opción que estaba probablemente a la vista era la posibilidad de reencontrarse con ese tal Diluc de alguna forma -si es que seguía vivo- y compartir información entre ambos, después de todo él parecía estar de su lado, o por lo menos tener objetivos similares. Por otra parte, encontrarse con el otro sujeto parecía malas noticias y tal vez debería evitar volver a merodear cerca de donde tuvieron aquél encuentro los tres.
¿Dónde buscar entonces? ¿A dónde ir?
Otro suspiro y entonces sacó de su bolsillo de cuero una bitácora de viaje y un cálamo, el cual alimentó con su propia energía dendro para grabar las siguientes notas que tomaría.
Primero comenzó describiendo los sucesos a lo largo del día y sus apreciaciones personales o posibles perspectivas y rutas a tomar a partir de lo vivido. Debía aprender de lo experimentado para no cometer errores y aprender a preveer al menos ciertos predicamentos. También replicó las runas que encontró en el claro del inicio, así como su extraña traducción. Además trató de replicar algunos bocetos y dibujos de lo apreciado... La copa, las sombras, la mansión, la cierva. Y por último, se puso de pie y comenzó a analizar y anotar todo lo que veía en ese templo, cada gota de información que podía exprimir.
Su acompañante mascaba rítmicamente su comida, y era el único sonido de fondo mientras él traducía algunas runas. Pero ella observaba atentamente en silencio de nuevo, lo estudiaba, más de una vez la descubrió ojeando dispersamente las notas, como por reflejo.
Para cuando logró interpretar mejor algunos enunciados, decidió que podría romper el silencio sólo por pasar el tiempo.
"¿Sabías que las personas de Hyperborea creían que cada lago, cada montaña y cada claro tenía un 'amo' o 'dueño' espiritual diferente? Los espíritus se encargaban de proteger el lugar y siempre debía de pedirse permiso antes de cruzar cada uno. Este no es un sitio natural, pero ahora pienso que tú debes ser el espíritu protector de este templo… por alguna razón"
La cierva sólo le miraba, sus ojos aparentemente vacíos de entenimiento aún así pestañearon y buscaron uno de los grabados en una pared cercana, la imagen de un sacerdote con un libro al que el tiempo había robado el título. Alhaitham se dio cuenta en ese momento que la cierva no se había comido la carne seca y el extraño detalle lo hizo reír suavemente.
"¿Vegetariana?" Cuestionó con diversión y luego él también se quedó observando la pared
"También dicen que no enterraban a sus muertos bajo tierra, lo hacían dentro de los troncos de los árboles para capturar sus espíritus; puede que esa sea la razón de por qué hay tantos árboles acaparando este lugar… deben de haber muchos cadáveres y espíritus en este templo"
Alhaitham había escuchado de la trágica calamidad que de la noche a la mañana había caído como una maldición a toda la población. Muertes inmediatas y corrosión de espíritus, había sido obra del Rey de los Muertos, tras reclamar este lugar como suyo.
"Las personas dejan telas o listones de colores atadas en las ramas para ayudarlos a guiarse hacia otras vidas y recordar su pasado…" Dudó por un momento "Tal vez eso es lo que debería intentar mañana para encontrarla. Marcar los árboles con listones y tratar de averiguar los patrones de cambio de este lugar aunque tome demasiado tiempo… No lo sé, pero no me rendiré tampoco"
Anécdotas subsiguieron hasta que el cansancio resurgió y el confort de la hoguera y la ropa seca adormilaron un poco sus sentidos.
Entonces el Escriba volvió a guardar su bitácora y sus instrumentos antes de comenzar a acomodarse en el suelo, usando restos de ramas y hojas secas para prepararse para dormir y amortiguar la dureza de la piedra y la madera.
La fogata estaba agonizando, las gotas de lluvia todavía acariciaban el bosque con toques lánguidos y constantes.
De hecho estaba bostezando y cerrando los ojos, apenas esforzándose por observar un poco más de los alrededores, cuando sintió que la cierva se incorporaba, trastabillando con sus tres patas buenas y la cuarta herida en la delantera, engatillada, de modo que no se lastimaba más mientras daba cortos saltitos lentos y se acercaba hasta el hombre recostado.
Alhaitham ni siquiera tuvo más fuerzas para murmurar nada al respecto o tratar de detenerla o cuestionarla, demasiado somnoliento y desgastado por el viaje y las heridas. Confiaba en ella.
Sólo observaba atentamente lo que trataba de hacer.
La criatura giró sobre su propio eje estando justo en frente suyo, entonces la vio inclinarse y de pronto sintió su lomo afelpado apegándose a su pecho en un ovillo. Él estaba semi inclinado sobre un costado con la espalda contra una pared de las ruinas, viendo hacia la fogata con un antebrazo bajo la cabeza para apoyarla, así que sentir tal cercanía le pareció reconfortante y protector, como si aquél animal estuviera cuidando ese flanco abierto, como si resguardara su pecho y sus signos vitales con su pequeño cuerpo, su pequeño peso, su inmensa energía y presencia.
Normalmente, el Escriba detestaría todo tipo de contacto físico con otro ser y buscaría tomar distancia por su espacio personal, odiaba ser tocado directamente o si quiera tener un roce accidental, sobre todo se sentía claustrofóbico cuando se le ocupaba su burbuja personal por mucho tiempo. Sólo que... esto ocurría cuando se trataba de las demás personas, humanas y de intenciones ocultas; era totalmente diferente a la sensación que transmitía una criatura del bosque como esta.
De pureza y confort.
No pudo encontrar razones para no hacerlo. Cuando menos lo pensó y se dio cuenta, su brazo libre ya estaba envolviendo el torso del animal, como si acunara un cachorro junto a su pecho, mientras comenzaba a repartir nuevas caricias abajo de la zona de su patita herida, sin causar dolor y sin tocarle directamente la zona afectada. Simplemente tratando de brindar la misma clase de bienestar que sentía provenir del animal hacia él.
Tal vez también podría ayudarle a ambos a conciliar un sueño pacífico de manera más sencilla.
Y así se fue...
Lentamente...
Hacia la oscuridad.
Nunca se enteró, que tiempo después, hubo un momento en que la bolsa donde guardaba la copa que tomó del claro, por el viento resbaló del estante cercano sobre el cual la puso y rodó por el suelo de madera hacia las pezuñas de la cierva, dándole un pequeño toque que en ese momento inició una silenciosa reacción en cadena.
Como un llamado del destino.
No se enteró del brillo que revolucionó hasta envolver la forma que sostenía.
Mucho menos imaginaría que de una forma surreal, la pequeña forma que había aupado cerca suyo, comenzaría a transformarse paulatinamente en una figura mucho más alargada, curvilínea y de piel lisa en vez de afelpada.
Él apenas hizo un pequeño ruido similar a un gruñido suave cuando esa nueva silueta femenina se reacomodó mejor para encajar junto a su cuerpo. Girando de frente hacia él mientras dormían, y en esta nueva posición, reposando delicadamente sobre su pecho, con una respiración acompasada que fue contagiosa, y además acomodando una larga pierna alrededor de las de él. A medianoche, las astas en la cabeza de la mujer seguían estando allí en el mismo tamaño de la forma de ciervo que tuvo antes. Comenzaron a brillar con un resplandor muy tenue por el confort del calor corporal compartido, estando en medio de una noche tempestuosa y ambos profundamente dormidos.
______________
Entre sueños, Alhaitham percibió un aroma...
Un aroma que lo envolvía y que se desprendía por doquier.
Era suave y cremoso como... vainilla, pero a la vez fresco como menta y hierbabuena. Sumado a que tenía un aroma que contenía la seducción ligeramente dulce de diversos frutos del bosque; cerezas y arándanos, fresas y uvas.
Era un aroma delicioso.
Lo arrastraba en sueños hacia una orilla donde el sol caía sobre su cuerpo. Hacía mucho calor. Pero había una persistente caricia de una fuente de agua constantemente asentándose en su costado. Eran olas, y su espuma era lo que develaba ese maravilloso aroma que se desprendía como esporas.
Estas olas comenzaron a ser más fuertes, más pesadas, pasando de apenas bañar un poco su costado, a ahora azotarle todo el cuerpo y lentamente comenzar a tratar de arrastrarlo hacia su interior, tiraba de él para devorarlo mar adentro. La marea lo endosaba de un lado a otro, en un vaivén ineludible y cada que el calor aumentaba, una nueva ola bañaba su cuerpo y aliviaba su incordia.
Aunque todavía no podía moverse porque sentía algo pesado e invisible sobre su persona, reteniéndolo contra el suelo.
Fue ante esa realización que también se dio cuenta de que todo ese oleaje que le había recorrido el cuerpo antes, ahora se había enfocado particularmente en su zona baja, bajando por la curva de su espalda, subiendo por sus muslos, concentrándose en su pelvis, estaba en sus caderas, le cosquilleba en la entrepierna.
Se le escapó entonces un jadeo suspirado con efervescencia por el vapor condensado de su garganta, la ola volvió a caer con más vehemencia, y esta vez su espalda se estiró ligeramente, sus caderas se levantaron del suelo y recibió el placer directamente sobre la base de su sexo al rozarse contra algo, esa cosa invisible que le seguía reteniendo con su peso.
En ese momento sus ojos viraron hacia atrás de sus cuencas y en contraste, en la realidad sus ojos se abrieron un poco. Sobreponiendo la imagen de la playa en su sueño, por la de una luz borrosa, la sensación de un lugar que está a punto de aparecer, pero no termina de consolidarse. Luego volvió a caer en la playa, esta vez sintiendo el agua como manos que tiraban de él, de su cuello, de su ropa, acariciaban su torso y se regocijaban. Alhaitham quería apartarlas pero no podía, y su frustración debió ser ligeramente visible, porque justo entonces escuchó una risa femenina cerca de su oído.
Su mundo comenzó a consolidarse, sin que su mente adormecida pudiera encontrar lógica en lo que estaba sucediéndole. Frunció el ceño, trataba de alejarse, quería volver al sueño, quería dormir, obtener placer sólo de las olas y no volver a la culpa de sentirse mundano en la realidad.
Pero el despertar iba siendo muy lento y sofocante, pues seguía envuelto por algo que le acaloraba. Deletéreo suplicio, que le estaba derritiendo mientras su anatomía trataba de regularse. Pero su pulso salió disparado y la respiración permaneció atropellada a medida que retornaba a la consciencia.
Finalmente la visión comenzó a despejarse y pudo enfocar la imagen frente a él.
La imposible imagen frente a él.
Además de estar de vuelta en el suelo de las ruinas, captando un poco de luz que se filtraba por los agujeros y las paredes desmoronadas. Todo quedó totalmente aislado en el momento en el que vio lo que tenía posado sobre el pecho, y su respiración desapareció por completo, podía jurar que por varios minutos estuvo en total shock.
Pues aunque Alhaitham no se fijaba en los atributos físicos de los demás y no sentía atracción o interés respecto a ese tipo de cosas; de forma objetiva le era inevitable aceptar que, yaciendo sobre su pecho, estaba la mujer más hermosa que hubiera visto jamás en su vida, totalmente desnuda y apegada a él como si sus cuerpos pertenecieran juntos.
Esta misteriosa ninfa, le observaba con enormes ojos de colores corales, brillantes e intrépidos. Parecía que le estudiaba, que esperaba por algo que él no sabía cómo corresponder. Entonces ella batió las pestañas y Alhaitham viró los ojos un poco más arriba, inquieto mientras caía en cuenta de aquellos largos y brillantes cuernos que decoraban la cabeza de cabellos lapislázuli. Estaban decorados por perlas y cuencas con forma de luna, unos colgantes que eran exactamente iguales a los de la cierva que lo había guiado a ese lugar.
La cierva junto a la que se había quedado dormido...
«No es posible...»
Ella pareció leer la realización que tuvo el Escriba por las expresiones de su cara, ya que en su rostro floreció una hermosa sonrisa que le extrajo aún más el aliento al hombre. Usó la mano para despejar sus propios cabellos y le enseñó la marca de luna creciente sobre la frente. Silenciosamente ella le reafirmaba un «Sí, soy yo»
Liberó entonces el aire contenido, de forma pesada y rápida. Por lo que su pecho comenzó a subir y bajar notoriamente, lo que produjo que el movimiento resonara en el cuerpo ajeno, y por lo tanto que también los senos de ella se balancearan y apretujaran contra el cuerpo del hombre. Un roce y una sensación que le recordaron su baja anatomía estaba completamente dura y erecta.
Frenéticamente trató de removerse del suelo, pero un costado estaba atrapado contra la fría pared, y el otro estaba franqueado por el cuerpo de la ninfa; cuerpo el cual estaba tratando principalmente de no tocar ni por accidente, así que le fue imposible...
Cuando ella notó el pánico creciente en el hombre, posó la mano delicadamente sobre su abdomen, palpando la tensión en su musculatura a través de la ropa y bajando cada vez más hacia una zona muy peligrosa, en lo que parecía una caricia para amortiguar sus nervios y también con una expresión de ceño fruncido por preocupación. Genuinamente estaba ansiosa de que algo le estuviera pasando al Escriba para comportarse tan nervioso. Jugando en círculos lentos que amenazaban con llegar hasta la manifestación física que él trataba de ocultar, para obtener ella misma una respuesta y ayudar de primera mano, ella buscó una reacción en los ojos ajenos. Cuando Alhaitham los vio, se dio cuenta que sus ojos estaban dilatados en curiosidad e interés mientras lo observaba fijamente, entonces Alhaitham compendió que ella ya sabía de su estado de excitación, que de hecho la estaba disfrutando por alguna razón.
En algún momento el tacto ajeno casi cae directamente sobre su entrepierna, así que sin poder eludirlo más le sujetó la muñeca, impidiendo su descenso hacia su pelvis antes de que pudiera ocurrir.
Ninguno de los dos se había atrevido a decir ni una palabra, entre ambos reinaba un acontecimiento insólito que no sabían cómo abordar, aunque Alhaitham era quien tenía mayores problemas y mayor vergüenza, tampoco podía verbalizarlo. Por lo tanto, trató de mover un poco a la chica, mientras tiraba de aquella mano para asirla hacia un lado, sin ser brusco; pero aún así, obtuvo en cambio un quejido de dolor de parte de la fémina.
«Así que sí tenía voz...»
Rápidamente retrajo la mano y la soltó, volviendo a tomarla pero está vez por la zona de abajo de la herida, empleando mayor delicadeza para atraer el brazo y observar la herida re abierta que ella se había hecho con la astilla la noche anterior, cuando todavía era una cierva. Ella cedió dócilmente.
¿Cómo era posible que ahora se hubiese transformado en una mujer?
La lógica en ese bosque definitivamente no existía.
"Creo que te agradaba más en mi otra forma. Alhaitham"
La voz de la fémina finalmente resonó con confidencia en el pequeño espacio compartido, sorprendiendo visiblemente al Escriba, que la miró ampliando los ojos. Sin poder creer nada de lo que sucedía.
"¿Cómo... Supiste mi nombre?"
"Lo leí cuando escribías tu firma en esas hojas de pergamino" Sus ojos dieron un rápido vistazo de soslayo hacia la bitácora que yacía a un lado cercano, sobresaliendo de la riñonera de él; luego volvieron hasta los ojos del peligrís "Es un nombre que guarda sabiduría en su portador, me gusta"
Aprovechando que él apenas estaba asimilando sus palabras, ella se soltó del ligero agarre ajeno de forma sutil y entonces llevó esa palma de la mano, tibia y suave, como un pétalo de primavera, para acunar la mejilla del estupefacto joven. Luego comenzó a acariciar su rostro con tanto aprecio, que al Escriba le fue imposible retirarle la mano, a pesar de sus rígidas fronteras de contacto, el toque que recibía era dulce e inocente, lo suficiente como para ser reconfortante en ese momento de fuertes revelaciones.
Un ancla desde lo sobrenatural hacia la realidad.
"De haber sabido que estarías espiando, no te habría dejado mirar tan de cerca" La afirmación de Alhaitham fue dicha con la intención de sonar jocosa para liberar un poco la extraña tensión; pero en cambio, sonó con un tono tal de doble sentido, que pronto apartó la mirada hacia la pared, escuchando nervioso las apacibles risas de ella
"Ahora te sonrojas con facilidad, ¿Eres así con todas las personas que conoces o sólo con las ciervas?"
"Nunca he tenido ningún tipo de contacto físico con los demás, pero... ¿Qué hay de ti? ¿Sueles fingir ser una cierva y luego despertar como una mujer desnuda sobre todos los hombres que recién conoces?" Le recriminó él sin dejarse opacar, con suerte traer el tema de que ella debía apartarse de encima suyo o que al menos le explicara qué sucedía
En lugar de tomar ofensa alguna, ella simplemente volvió a reír de esa forma gracil y suave que le sentaba tan bien.
"De hecho eso fue por una maldición, una maldición que rompiste sin darte cuenta, así que gracias puedes tomar esto como una forma de agradecerte, ya que me agrada tu compañía y cómo me sostienes cuando estás dormido... Era como si no quisieras soltarme jamás" Ella volvió a reír muy suavemente, queriendo devolverle la picardía, pero luego volvió a una faceta más dulce "Esta es la primera vez que alguien me ve desnuda... Y tampoco había visto los secretos que encierra el cuerpo masculino tan de cerca, leí sobre ello, claro... Pero, bueno—..." La astada se apartó un poco y se apoyó en el pecho de él, haciendo un espacio entre sus cuerpos para bajar la mirada y enfocar el bulto que se marcaba sobre la túnica ajena. Alhaitham casi podía desmayarse de mortificación ante la evidencia de su propia virilidad "Verlo en persona es más interesante. Me hace preguntarme cómo se verá debajo de—"
"Basta, ¿No sientes vergüenza?" Él cortó aquellas divagaciones, tratando de colocar la palma de la mano para cubrirle la boca, pero tenía tanto temor de tocarla y astillar su piel de porcelana con el mero roce, que rápidamente retrajo la mano tosca, conservando en los poros de su propia piel, el rastro del aliento ajeno, enjaulado ahora para siempre en la reminiscencia de su tacto "Todo este tiempo pensé que eras sólo una adorable cierva... Un espíritu guía tal vez... Me engañaste"
Su cuerpo estaba volviendo a subir de temperatura, y ella volvió a dejarse caer suavemente con todo su peso sobre su pecho. La mano herida seguía acariciando el rostro del chico, así que esta vez fue su muslo izquierdo el que comenzó a subir, enrollandose sobre la cadera ajena y usando su cara interna para rozar deliberadamente sobre la tela la erección del Escriba, la cual totalmente dura y apegada a su abdomen, saltó en interés ante la pequeña atención. Aquél no pudo reprimir a cambio un pequeño suspiro ahogado, sonando necesitado mientras la miraba fijamente.
"Oh Alhaitham, ¿No sabes que las ciervas cortejan a los machos invitándolos a perseguirlas? Y tú siempre me seguiste" Esta fue la ocasión de Alhaitham para reír muy bajo y suave por su comentario ingenioso, desde luego lo sabía, pero nadie en su sano juicio imaginaría que una cierva lo estaría cortejando "No siento vergüenza por algo que es tan natural y sagrado" Ella susurro un poco más bajo, con cadencia y con un vaivén en las palabras que embriagaba al débil Escriba, sosteniéndole la intensidad de la mirada sin cuartel "Tu cuerpo necesita atención, sentí cómo me buscabas por alivio en tus sueños. Justo como ahora, si te sueltas un poco..."
Alhaitham, de ser posible, se puso tan rojo como un fruto harra. Recordaba sus movimientos inconscientes, simplemente había estado en un estado de sopor muy diferente. Sería muy bajo de su parte perder el control ahora que tenía todos los sentidos para refrenarse.
"Prefiero aliviarme a solas... Esto simplemente es..."
"Puedo ayudarte Alhaitham. Nunca lo he echo, pero—..." Fue el turno de ella para sonrojarse, desviando un momento sus ojos corales celestes, antes de volver a verlo a los ojos fijamente "Las mujeres en el templo cuentan historias... He escuchado mucho, no puedo decir que no me haya dado curiosidad"
"¿Las mujeres en el templo?... Hnm, e-espera" La mano del escriba bajó hasta el muslo de la fémina queriendo detenerlo, ya que había vuelto a moverse, apresando la erección contra su piel desnuda y estrujandola en un movimiento oscilante de arriba a abajo. Era demasiado bueno, adictivo en su más primitivo sentido, por eso mismo debía detenerla. Pero al sentir la piel de seda, suave y cremosa de su muslo, acarició la curva del mismo y lo asió por completo hasta subir sin hacer presión, sólo con intriga de saber cómo se sentiría ese simple tacto, y como se sentiría acariciar la horma de su serpentina cadera. El movimiento, por lo tanto, en lugar de detener el vaivén de su pierna, sólo lo elevó un poco y lo ajustó de forma que su erección pudiera clavarse más de lleno dentro de esa cara interna que le brindaba placer sólo con el roce, casi tentadolo a embestir contra el placer que le lamía la espalda "Hhn...por favor, por favor... Detente"
"¿Estás seguro?" En ese momento el rostro de la mujer se torció en aflicción, sus cejas se curvaron, casi triste por tener que permanecer quieta tras sentir cierta correspondencia de parte de él. Sin embargo, obedeció respetando sus deseos
Por alguna razón el Escriba se sintió mal de ponerle esa expresión en su rostro, no le quedaba para nada bien y no quería volver a verla con ese aire triste. Sin embargo, asintió solemnemente a su pregunta por el bien de ambos. No tenía intención de realizar ese tipo de cosas con nadie, era un asunto de compartir energías, fluidos y tanta intimidad con tal confianza, que jamás podría sentirse cómodo, mucho menos con alguien que no conoce realmente.
"Cierva... estas cosas deberías hacerlas con una persona especial, con una persona que comparta la misma pasión por ese tipo de contacto..." Él trató de suavizar su voz, queriendo calmar su decepción por haber frustrado aquellos avances. Aunque su tono conciliador sonaba un poco ridículo cuando su sexo seguía palpitando con fuerza tras los últimos roces, contradiciendo las palabras del hombre, y exponiendo que en efecto necesitaba liberarse de la carga acumulada "Tampoco deberías decirle ese tipo de cosas a un desconocido..."
"¿Qué debería hacer entonces si quiero decirte ese tipo de cosas a ti?"
"No es decente, señori—"
"Lauma, sólo dime Lauma"
Con esa revelación espabiló incrédulo en un segundo, tomándose un tiempo para asimilar lo escuchado.
«Lauma» ¿Y no era esa una completa ironía del destino? ¿Cómo no había hilado todo mucho antes?
Resultaba ahora que la persona que venía a buscar, era la misma que le había salvado la vida y ahora yacía completamente desnuda sobre él.
De nuevo, falto de palabras y completamente estupefacto, él murmuró lo obvio más que nada porque necesitaba declararlo como algo avasallante entre ambos "Eres... La Sacerdotisa, la Cantalunas..."
Inmediatamente la mirada de Alhaitham viajó hasta las paredes del templo, recordando las pinturas desgastadas. La mujer astada, la supuesta Reina de la Primavera de la profecía, las palabras del hombre que supuestamente quería desposarla tras raptarla, sus ojos se movieron a la izquierda del mural para verlo a él, sus ojos amarillos, su cabello azul cenizo y sus sombras que parecían estarlo juzgando; como si él estuviera robándole a la mujer que amaba. Sintió que era parte de aquél engaño, y que la mujer sólo jugaba con él, que en efecto sólo era un capricho con el que ella se complacía, con el que buscaba devolver su insatisfacción y un golpe vengativo a su esposo.
"Lo soy" Ella murmuró y atrajo la mirada del Escriba, el cual, indignado estuvo a punto de reprocharle aún más lo que hacía. En cambio, este último enmudeció al ver que la expresión de la fémina se había hundido aún más en la miseria, sus ojos, más hermosos que nunca contenían las gotas en forma de perlas transparentes en ese mar coral de colores pastel. Ambos comprendieron más que nunca y bajo la sombra lúgubre de un silencio compartido, la posición en la que se encontraban, Alhaitham casi quiso darse una cachetada por confundir, los deseos del Rey de los Muertos, con los deseos de una mujer raptada, ella en realidad no le pertenecía a él ni a nadie, y ahora que la tenía en frente y de ese modo, corroboraba que necesitaba regresarla a su Reino. Ella por su parte, contenía las lágrimas, las cuales no terminaban de escapar de sus ojos "No quiero serlo, no si eso significa que estoy condenada a esta profecía..."
La mirada de ella cayó por completo, y le siguió un largo silencio apesadumbrado. Había retirado la mano del rostro del escriba y también el muslo. Ahora sólo apretaba los puños y parecía bastante molesta, inquieta incluso. Ese mismo estado por parte de ella, fue lo que también lo llevó a él a calmarse lentamente de su estado de excitación, hasta que la evidencia ya no continuó marcándose sobre su ropa de forma indecente.
"No me importa renunciar a todo lo demás, romperé la profecía. Tiene que haber alguna forma" Lauma continuó y Alhaitham le dio un pequeño toque sobre la cabeza a modo de caricia, buscando reconfortarla con amabilidad. Entonces ella volvió a alzar su mirada, con esos hermosos ojos grandes que volvían a mirarlo como si él fuera un astro que alumbraba el único camino a seguir "Tú viniste a buscarme, lo leí en tu diario"
"Así es... si es posible te ayudaré a romper la profecía para que regreses al Reino de la Luna. La Reina Columbina te espera, ha enviado a muchas personas tras de ti" Mas con solemnidad agregó: "Pero debes saber que no estoy dispuesto a dar mi vida por esto, si en algún momento debo desistir para salvarme,o haré primero"
Ella asintió a lo dicho, le parecía sensato "¿Y por qué tú? No mencionas tus motivos en tu diario... Debe ser una recompensa muy valiosa supongo, para que arriesgues tu vida a pesar de que nadie lo ha logrado... ¿Qué es? ¿Es dinero, o quizá la mano de una doncella?"
Tomó un instante de silencio para preguntarse por qué ella haría tal pregunta, sin embargo al notar que el suspenso tras no responder de inmediato sólo la afligió de nuevo, se apresuró a responder con total honestidad, pues era algo que no veía necesidad de ocultar.
"Es cierto que ambas recompensas están sobre la mesa, pero no me interesa ninguna de ellas. No necesito más dinero del que ya poseo para tener una vida tranquila y sin suntuosidades, y tampoco me interesa el amor... Sólo busco la experiencia y el conocimiento único que encontraré en este lugar, aunque tampoco tengo deseos de poner demasiado en riesgo mi vida, es una exigencia de supervivencia que creo poder soportar. Además quiero demostrar que el destino no puede esclavizarnos, podemos escoger nuestro propio camino y no depender de profecías absurdas que fueron escritas por seres anticuados y con innunerables sesgos"
De repente y sin darse cuenta, la mano de ella había vuelto a su mejilla para acunarla, pero nuevamente no estaba intentando seducirlo, así que lo dejó pasar, un poco inquieto de que se acostumbró bastante rápido al gesto, con sólo replicarlo una segunda vez.
"Es curioso que le digas eso a una Sacerdotisa, precisamente es mi trabajo hacer esas profecías absurdas" No había queja sin embargo, su voz sólo sonaba más divertida que antes "¿Y por qué no te interesa el amor? Sé honesto" Ella le pidió
El cabiló ligeramente, temiendo que su respuesta quizá pudiera sonar un tanto deprimente. Pero la caricia de ella en su mejilla se tornó más tierna, como si le prestara un poco de confianza para decirlo de todos modos. Así que Alhaitham cerró los ojos y asintió "A veces pienso... Que no tengo la capacidad de brindar el suficiente afecto hacia una persona que seguramente siempre merecerá mucho más. No puedo exteriorizar mi sentir con las misma intensidad que ellos, así que probablemente sólo haré infeliz y miserable a mi pareja"
El silencio que subsiguió fue ensordecedor para él. Pudo sentir que ella contuvo la respiración y entonces abrió los ojos para verla, preocupado de que quizá dijo algo que a ella le pareciera raro o incorde. En cambio, se encontró con que las lágrimas de ella por fin habían resbalado entre sus espesas pestañas.
En ese momento, cuando vio tal imagen y sin pensarlo, se movió rápidamente para acunarle el rostro por ambos lados, olvidando su temor más leve de poder cuartear un rostro tan sagrado e impoluto con sus manos, para en su lugar comenzar a remover las lágrimas torpemente con los pulgares.
"No llores, ¿dije algo malo? Lo siento Lauma"
Casi al instante, ella se envolvió con más ahínco sobre su cuerpo, lo abrazó por los hombros y casi rozó su rostro con el propio. Alhaitham francamente no sabía qué ocurría, por algunos momentos tal afecto honesto y jamás antes recibido, le parecía un trozo de cielo que por primera vez podía probar mientras descubría que se había muerto de hambre durante toda una vida; y por otros momentos le parecía todo un infierno, era sofocante, jamás había tenido tanto contacto con nadie a lo largo de su vida, y además no sabía cómo reaccionar o corresponderlo... Esa era la parte más incómoda.
Descubría sin embargo, que para Lauma eso no era un problema, porque ella simplemente buscaba la forma de encajarse allí por su cuenta.
"Puede que no lo aparentes, pero tienes un muy noble corazón, lo supe desde que te conocí como una cierva" Le dijo ella, dejando una última opresión más lenta en su abrazo al Escriba "Todas esas señoritas querrían tenerlo, pero no te engañes, esta hecho para sólo amar a una, lo creas o no"
"Mnn, no dejes que te engañe Cierva, en realidad en el Reino del que venimos no soy una persona nada grata. Todas las personas, tanto mujeres como hombres tienden a evitarme, será mejor que te hagas a la idea de que en realidad puedo tener una personalidad poco agraciada y que mi corazón no acogerá a nadie"
"Bueno, yo creo que no se debe juzgar a las personas por las opiniones de los demás, y que nunca se debe decir nunca"
"Las opiniones ajenas se pueden convertir en un factor común que harían un poco más objetiva una certeza... ¿Qué habíamos dicho sobre los destinos impuestos?"
"Quizá todos sean adeptos a un mismo rumor... Lo dicho no te será una imposición"
"Lauma..."
"Alhaitham"
"¿Cuál es el punto de esto? ¿Contradecirme?"
"Quizá sólo el escuchar tus diferentes emociones y matices al hablar. Para alguien que dice no sentir tanto, en realidad guardas mucho bajo tus palabras..."
La escucho reír de nuevo, ese sonido que se estaba volviendo tan familiar y a la vez tan entrañable, por lo que genuinamente sintió algo cambiar dentro suyo, sólo que aún no entendía qué. Luego sintió que ella comenzaba a incorporarse y entonces se preparó, llevó una mano a su propio rostro cuando ella se sentó a su lado, evitando ver nada más allá.
Aunque realmente ya había visto tanto...
"Lauma ¿Y tu ropa?" Inquirió Alhaitham colocándose de pie, todavía con ojos cerrados y recargando una mano a ciegas en la pared
"Pff ¿Acaso eres como uno de esos monjes célibes? Sólo mírame"
"¿Acaso tú no eras una sacerdotisa virgen? No debería mirar..."
Dio un respingo cuando sintió las manos femeninas de vuelta tocándole, porque no había sentido sus pasos acercarse. La mano de ella se cernía sobre la suya, la que todavía cubría parcialmente los ojos para evitar mirar, poco a poco la guió en descenso lejos del rostro y se inclinó para susurrarle: "Mírame"
Temiendo y ansiando simultáneamente lo que tendría en frente, se dejó llevar por aquella petición y tono de voz, abriendo los ojos para por fin observarla de cuerpo completo.
Ella era una mujer alta, no tan alta como él, pero lo suficiente como para opacar a muchas otras mujeres, sobre todo gracias a sus cuernos, que ahora habían vuelto a un tamaño un poco más corto, como si se hubieran retraído mientras ella regeneraba su energía elemental en el entretiempo. Los cabellos eran mucho más largos y espesos de lo que había notado antes, de un hermoso color oscuro que le recordaba las olas de un mar agitado en la noche. Y qué decir de su cuerpo, que sí antes le había parecido curvilíneo y esbelto, de prominentes atributos; ahora sólo parecía enaltecerse más. Había cubierto su cuerpo con flores y hojas, algunas enredaderas que ocultaban sus senos, al menos parcialmente, el muy ligero y muy apegado intento de vestido floral bajaba cubriendo su abdomen con alguna ramas, ocultando también su entrepierna y retaguardia. Sin embargo dejaba su espalda, sus caderas y sus muslos totalmente descubiertos; era este el efecto que los hacía lucir más anchos y -objetivamente según Alhaitham- indiscutiblemente sensuales. Las lianas se enredaban en torno a sus brazos y muslos, creando brazaletes que reafirmaban su opinión de que lucía totalmente como una ninfa de ensueño. Su rostro no podía ser más cautivador, sonriente y de semblante maduro y sagaz; ahora estaba parcialmente oculto por el cabello, pero también había adquirido un aire de dignidad y templanza.
"¿Y bien? ¿Te gusta?" Inquirió ella, con un aire risueño
En la opinión del Escriba, no sabía cómo podría moverse o ir por ahí usando sólo hilos de bosque y lirios como ropa. Sin embargo, por alguna razón, sintió que protestar la llevaría a deshacerse de al menos esa modesta cobertura, para entregarse al libertinaje absoluto de andar completamente desnuda.
"Lirios, menta y eucalipto" Murmuró en su lugar "Es lo que olía en mi sueño. Me resulta muy agradable"
"Mhum es cierto, usé un poco de mi poder para calmarte usando mis plantas, estabas tan agitado..."
Él negó con la cabeza, atajando la posibilidad de comenzar a recordar las sensaciones del sueño "Si podías cubrirte así desde el principio, ¿Por qué no lo hiciste?"
Por primera vez, ella frunció el ceño con molestia, una expresión muy rara, que lejos de lucir intimidante, lucía absurdamente tierna en sus facciones "Detesto la ropa, preferiría estar siempre desnuda a decir verdad. Sin embargo, no puedo estar así en la corte del reino, sólo en este lugar la desnudez se confunde con la naturaleza primigenia, así que me permito disfrutarlo... Ningún animal te observa con morbo o te juzga por tu cuerpo"
"Pero yo no soy un animal como ellos, yo podría mirar con otros ojos. Además hay otros aquí, otros que también podrían—..."
La Cantalunas le miró por largo rato, como si procesara aquella información pero no supiera cómo replicarle "Está bien Hait, no tienes que preocuparte, no dejaré que me vea nadie más que tú"
"No se trata de mí... Además yo tampoco debería verte" Ignoró por completo que ella se tomara la libertad de abreviar su nombre
"¿Entonces?"
"De ti... No deberías dejar que te vean, ¿no quisieras reservar tu cuerpo para... No lo sé alguien más?"
"¿Para quién?" Ella resopla "¿Para Flins?"
"¿Flins?"
"El hombre que me raptó"
"Así que ese es su nombre"
"También fue su acto lo que me convirtió en una cierva. Impedía que dejara el bosque—" La mujer se agachó para tomar la copa que yacía tumbada en el suelo "Sólo cuando tocara la copa podría volver a mí forma original; porque se supondría que la tomaría para por fin beber de ella y morir, eso me convertiría en un ser inmortal que estaría junto a él, cumpliéndose la profecía. Pero fue por casualidad que tú tomaste esta copa y la trajiste contigo, no sabía que la tenías ahí hasta que cayó de tu bolso. Algunas personas dicen que lo que está destinado para ti, habrá de llegar, aunque tenga que cruzar portales a otras dimensiones"
"Eso no nos daría muchas esperanzas sobre la profecía..."
"Bien, hay otras cosas que en lugar de entregar al destino, debes tomarlas con tus propias manos ¿No es verdad? Yo diría que puede ser una mezcla de ambos, puedes permitir al destino atravesarte con su fría lanza y conducirte a donde quieres, o puedes atrapar la lanza y revertirla... Por eso, uso mi labor profética, no sólo para aceptar lo que puedo premonizar, si no también, para tratar de prevenir y cambiarlo"
Él asintió simplemente, coincidía bastante, no le gustaba pensar en que realmente había algo tan definitivo controlando vidas que pueden ser cambiadas de acuerdo a muchos fenómenos inestables, tales como el temor, la determinación o la artimaña.
"Pero aún no has bebido de la copa, ¿No tendrá eso repercusiones?"
"Desde luego... él vendrá por mí"
Eso no eran buenas noticias, quizá incluso ahora ya estaba tras sus pistas.
"Nuestros caminos se toparon antes, en efecto parece muy interesado en recuperar la copa. También parece muy empecinado en el tema de la profecía y dice que aún no la entiendes... ¿Acaso ya sabes de qué trata?" Alhaitham la observó con seriedad, ella era difícil de leer en esos momentos, con una expresión totalmente incierta, desolada "El lugar donde tomé esta copa tenía unas runas, la inscripción—..."
"Esa no es la profecía. Esas sólo son las palabras que otorgan el hechizo una vez bebes de ella"
"¿Y entonces?"
La mujer soltó un pesado suspiro que estuvo conteniendo, se acarició el abdomen y luego cerró los ojos por unos segundos "Es verdad lo que dijo Flins. No conozco la profecía aún, así que no la entiendo por completo"
"Tal vez en algún punto de la historia, terminarás por enamorarte de él"
De repente ella se dio media vuelta y se quedó observando la pintura en la pared contigua "No es una mala persona, Flins... Es bueno conmigo, dentro de lo que cabe, ha deseado darme tanta libertad como puede para apelar a mi rendición, lo sé. Pero él está atado a todo lo que los hados desean hacer con él, la profecía, la muerte, las sombras, la soledad de este bosque. Nunca podrá estar cerca de la vida y eso condena y ata mi alma a la misma trágica suerte" Alhaitham también observó el mural, hasta que ella volvió a girarse para encararlo "No quiero ese destino Alhaitham, no amo y nunca amaré al Rey de los Muertos, tengo esa seguridad porque ya soy infeliz estando en este lugar, sabiendo que sólo él estará cerca. Incluso cuando sé que a su extraño modo sólo quiere protegerme"
"¿Protegerte de qué?"
"No lo sé..."
Para sus adentros, él descartó la posibilidad de que pudiera ser alguna criatura del bosque per sé. Él la había dejado vagar allí con total libertad en un sitio lleno de peligros y las sombras no parecían ser un problema para el poder que tiene la Cantalunas, incluso estando como una cierva.
¿De qué podría estar hablando entonces?
"Hay otro hombre aquí buscándote" Mientras seguía hablando con ella, comenzó a hacer un escaneo rápido de sus cosas, comprobando que su ropa estuviera seca y lista para partir. Era cierto que Flins podría impedirles la salida en cualquier momento si se quedaban en un solo lugar "Su nombre es Diluc"
"No lo conozco, debe venir de parte de su majestad Columbina o en busca de alguna recompensa"
Caminando hasta hacerse tras una pared oculta más allá del altar derruido, Alhaitham llevó su ropa para cambiarse con privacidad. No mencionó nada cuando regresó vestido en su traje habitual, con su riñonera ya colocada en su cinto, y la espada enfundada. Tampoco dio ninguna explicación mientras guardó el traje ceremonial, según él, por simple apego como un erudito al que le gustaría conservar un símbolo de tal cultura.
Luego extendió la mano para recibir la copa y volver a guardarla en su bolsa, ella cedió a entregarlo sin ningún afecto hacia el objeto y pronto Alhaitham estuvo colgando la bolsa en su espalda de nuevo. Cuando estuvo listo, le dio una larga mirada a la mujer y entonces se acercó para colocarle la capa ya seca sobre los hombros, al menos cubriendo parcialmente su cuerpo.
"Hace mucho calor en este bosque de día Hait" Ella le recordó
El negó con la cabeza "No la cierres en el frente sólo— no es por los demás—... A decir verdad... Tu ropa puede ser un elemento bastante distractor"
Sonrojándose, ella ajustó la prenda. Tomando la delantera para dirigirse a la salida de las ruinas "¿Tienes alguna idea de cómo podremos salir de aquí?" Se atrevió a preguntar lo que venía dándole vueltas desde que volvió a su forma humana y por tanto recuperó su esperanza
Alhaitham soltó entonces una risa contenida, breve y suave como para ser casi un resoplido de viento fresco, pero con el suficiente impacto para sorprender a su acompañante "Francamente. Ni siquiera tenía idea de cómo encontrarte y pensaba que esa sería la parte más difícil"
"Me encontraste. Esa era la parte más importante" Susurró ella "A partir de ahí haremos que funcione"
Las palabras lo descolocaron un momento y por alguna extraña razón, también removieron sus cimientos, unos cimientos alrededor de su miocardio. Era extraño sentir que su presencia era así de apreciada, así de suficiente para motivarla a seguir incluso sin un rumbo o plan. Cómo si hubieran sido complices naturales desde antes de encontrarse.
"Seguramente otros te habrán encontrado antes"
Ella vaciló un poco antes de detenerse un momento después de cruzar un arco de piedra en las afueras del templo "Ninguno logró verme... No buscaban una cierva y eso es lo que yo era. En cambio, seguían el espejismo de otra persona que ya no soy, siguieron la dulce flauta de un eco del pasado hasta perderse. Así que no me encontraron realmente"
"Entonces yo tuve mucha suerte"
Concordaron en que primero podrían intentar seguir el rumbo naciente del sol, tratando de ir al este, que es donde se suponía estaba su Reino. Contemplaron también la posibilidad de buscar huellas en favor de encontrar al misterioso Diluc para unir fuerzas con él. Sin embargo, a medida que avanzaron durante la mañana, se dieron cuenta de que pronto necesitarían recargar sus suministros de agua, además de que tomar un baño sería bastante conveniente tras la acumulación de calor en el cuerpo y el sudor. Después de eso continuaron en silencio, abandonaron las ruinas pero ignoraron el arroyo cercano porque este -en palabras de Lauma- estaba contaminado por las sombras que acechaban en las noches.
"Aunque encontremos otros riachuelos o lagos, no podemos beberlas. Leí de diarios de exploradores extraviado en este luga, que quizá todas las fuentes de agua están envenenadas" Mencionó el Escriba
"Algunas lo están, pero otras no, sé sobre esto. Debes usar la copa, si el agua se tiñe de rojo quiere decir que el agua está envenenada, pero si el agua no cambia de contextura estará bien" En ningún momento detuvieron sus pasos, pero realmente no se sentía como si siguieran yendo hacia el este, y en ese justo momento los techos de los árboles eran tan espesos que no se podía ver al sol "Aún así, no es el único peligro que encontraremos en los acuíferos"
El estamento estremeció a Alhaitham, porque ciertamente ya se imaginaba otra clase de peligros que serían difíciles de combatir "¿Cómo fue que tú lograste sobrevivir por tu cuenta siendo una cierva todo este tiempo?"
Ambos pasaron a través de un follaje que tras su espesura iluminó un nuevo claro despejado, con árboles de diversos colores, amarillos, rosa, rojos, violetas y azules; sus hojas caían como en tempestad, cubriendo ampliamente los suelos y transformando sus pasos en un sendero de arcoiris. Al fondo del mismo, por fin llegaron hasta el primer arroyo, una delgada cascada que terminaba allí sobre un estanque, pequeño, pero lo suficientemente hondo para conservar muchísima agua. En el reflejo del espejo de agua observaron el sol, esta vez alzándose en el punto opuesto sobre el cual lo habían estado persiguiendo hace unos veinte minutos.
Ambos suspiraron simultáneamente, seguir el reflejo del sol no funcionaría, el lugar parecía cambiar como un faro dando vueltas, apuntando hacia una nueva dirección indiscriminadamente.
Además del reflejo del sol, el reflejo de las hojas los atrajo hasta la orilla del arrollo, contemplando su belleza y pureza, pero sabiendo que no debían dejarse engañar de su aparente imperturbabilidad.
"Parcialmente fue porque las criaturas de este bosque no pueden lastimarme. Y parcialmente fue por Flins, nunca ha intentado acercarse, pero me ha dejado comida y agua todos los días al atardecer, cerca de esa mansión... Fue un pacto silencioso, después de todo no quiero morir tampoco y él espera convencerme algún día de que me rinda..." Ella se arrodilló frente al estanque, juntó las manos como si fuera rezar y de hecho, por un instante a Alhaitham le pareció que sus labios se movieron, diciendo algo silencioso. Entonces le extendió la mano a él, pidiéndole implícitamente que le pasara la copa "Por eso estuve merodeando la mansión ayer al caer el atardecer, fue cuando te encontré dirigiéndote hacia esa cueva"
Alhaitham se agachó al lado suyo, sacando la copa y dejándola en su poder. Ella pasó la palma de la mano a milímetros de tocar el espejo de agua, pero sin hacerlo realmente. Bajo ella, una pequeña aura de energía dendro iluminó el líquido, buscando por alguna señal extra, pero cuando no vio nada, sumergió la copa y la llenó, manteniendo un impoluto silencio mientras esperaba el veredicto final.
Le daría un par de minutos, decidió. Entonces, sin nada más con qué entretenerse, giró el rostro hacia el Escriba. Él ya la observaba sin querer, estaba curioso de alguna forma con todo lo que sucedía frente a sus ojos, la transformación, la resiliencia, la espiritualidad y la magia que manaba de ella.
"Si no hubiera estado en ese momento..." Retomó ella
"Ya estaría muerto" Complementó él "Te lo agradezco much. No sabía sobre esas sombras y no habría podido enfrentarlas"
"Fueron liberadas por el poder de Flins, pero son más como parásitos. Lo persiguen como si fuera una flama cuando lo ven, y se esconden en las cuevas y lugares oscuros cuando no tienen ningún otro rumbo. Debe ser un verdadero martirio para él"
«Por eso querrá tanto tu compañía, tanto como para raptarte. Su lirio rodeado de sombras» Pensó Alhaitham, pero no lo dijo en voz alta, no era su lugar complicarla más con dilemas morales y las cargas de pensamienots de otros.
"¿El templo es una zona muerta para las criaturas entonces?"
"Sí, el templo es mi dominio. He estado allí desde que fui raptada" Ella jugó un poco con sus manos "Es como dijiste antes, sobre los espiritus que protegen lugares… El lugar se alimenta de mi energía y me atrae de regreso"
"Debió ser solitario y silencioso" La mirada de él cayó al suelo, Lauma lo observó un poco más, preguntándose si él estaba sintiendo lástima "Disfrutaría de un lugar así, sólo si tuviera libros, aunque naturalmente, somos seres sociales, el agobio paulatinamente llegaría"
La Sacerdotisa sonrió ladinamente y asintió, había sido difícil, desde luego, pero Alhaitham no sabía todavía que ella podía hablar con los animales, por lo que en teoría no estuvo tan sola. Aún así, decidió guardarse ese pequeño secretito un poco más. Tras otro instante de silencio, ella volvió a hablar, esta vez cambiando de tema.
"Aunque somos del mismo Reino, no puedo recordar haberte visto antes"
"Procuro pasar bastante desapercibido"
"¿Cómo es eso?"
"No suelo salir mucho de mi ala en el castillo, tomo notas del Consejo Real y documento algunas actas públicas. También he redactado relaciones y cédulas reales, pero esas difícilmente se mezclan con el trabajo del sacerdocio, ustedes tienen sus propias escribas, yo suelo trabajar mayormente con los nobles... El resto del tiempo trato de evadir a las personas tanto como puedo y dedicarlo todo exclusivamente para mí"
"¿Por qué? ¿No quisieras tener amistades tampoco?"
"Ah, tengo algunas, pero pueden ser bastante problemáticas..." Alhaitham rodó los ojos, recordando particularmente a su rubio amigo el maestro constructor que siempre estaba en algún aprieto, por quién sabe cuál razón distinta cada día "El trato con los demás en general tiende a ser bastante problemático. Como dije, quizá es mi personalidad que siempre va en contra de su estándar... No es mi culpa que no puedan ver más allá de sus narices, desgastarse explicándole a las personas porque están equivocadas y que se infurien por mi honestidad y por tener la razón me es bastante agotador a veces, prefiero evitarlos"
"¿Sabes?, me cuesta mucho imaginar que está persona huraña y misántropa que describes coincida con la persona que vino hasta aquí sólo para liberar a alguien de su destino"
"También quería contemplar el bosque y los vestigios de civilización con mis propios ojos... No me confundas"
"Por las razones que fuese, me sorprende tu valor"
Pronto cayeron de nuevo en silencio, finalmente era momento de enfrentar el resultado de la copa, y cuando ambos pares de ojos bajaron para atestiguarlo, sus suspiros pareados volvieron a resonar.
El agua se había tornado carmesí dentro de la copa. En efecto estaba envenenada.
"Mientras más colores vistosos haya en la naturaleza, también es señal de que será más venenosa. Suelen haber colores llamativos para atraer con su pigmentación. Tal vez también aplique para este lugar" Acotó el Escriba
"Es una pena, en verdad es hermoso. Me habría encantado tomar un baño en este lugar" Lauma respondió mientras tiraba el agua con visible desprecio de vuelta a su fuente y se colocaba de pie para guardarla de vuelta en la mochila, mirando a Alhaitham y esperando para que se lo permitiera
"Pronto, quizá en un lugar mejor..." Trató de brindar cierto tono tranquilizador y se incorporó también, abrió la mochila para darle espacio a ella de meter la copa
Cooperando al mismo tiempo lograron el cometido y finalmente, como un verso libre para cerrar el momento, los dedos de ambos se rozaron levemente y produjeron una nota de poesía en la piel del otro.
Lauma no tardó en sonreír, como últimamente hacía cada que captaba la mirada del varón. Por su parte Alhaitham desvió la vista a los pocos segundos y se acomodó el bolso a su espalda.
Apuraron aún más el paso entonces, ahora con el contratiempo de que no sabían realmente cuánto les tomaría encontrar el lugar correcto, el afluente seguro, y si anochecía de nuevo, probablemente no podrían quedarse en las cuevas, tendrían que regresar al templo... Si es que había una forma de saber cómo regresar, aunque confiaba en ello. Lauma parecía tener una conexión especial con ese lugar.
Pero ¿Qué harían entonces si Flins decidía esperarlos allí a sabiendas de que esa sería su opción más segura?
Puede que las sombras no pudieran lastimar a Lauma, pero sería una noche pesada de esas cosas persiguiendo a Alhaitham si tomaban esa opción.
Por un instante incluso, el Escriba comenzó a pensar que estaba siendo más un lastre que dependía de la persona que venía a salvar, en lugar de ser el salvador que se suponía debía ser. Extrañamente el pensamiento, no le desagradó, pero sí le hizo mucha gracia.
De la nada, mientras adelantaban pasos, comenzó a reír suavemente y el sonido hizo que Lauma se detuviera en seco. Leve sorpresa evidenciada en todas sus facciones mientras una diminuta 'o' se formaba en sus tiernos labios, sólo porque lo había escuchado reír de esa forma ingenua y natural absolutamente de la nada, lo cual por arte de magia la hizo reír también sin razón alguna.
"Lo siento..." Murmuró él entre risas "Sólo— no puedo dejar de pensar que se suponía que serías la damisela en apuros, pero en realidad parece lo contrario, soy yo quien más apuros ha tenido"
Lauma rió un poco más fuerte, y se acercó bastante a su espacio personal, para luego inclinarse hacia el oído del peligrís y murmurar muy suavecito, con cuidado, como entregando un detalle delicado "Si estamos en apuros, podemos salvarnos el uno al otro sea como sea... Ninguno será el cliché del héroe, prefiero la simpleza de eso, al ego o la gloria"
La Sacerdotisa dejó un ligero toque con la punta de la nariz sobre uno de los mechones que caían en el rostro de Alhaitham, muy de cerca, casi tocándole la mejilla en el proceso de retroceder de vuelta a su distancia inicial. Las palabras lo habían dejado clavado en su lugar, sinceramente, eso fue lo que le impidió marcar distancia, su confortable distancia que seguía siendo constantemente robada -o eso se dijo a sí mismo- mientras recibía el contacto, con algo más que tibieza en el rostro.
Y haciendo lo demás a un lado, no podía estar más de acuerdo con ella. No quería ser un héroe, no había ido allí para ser un héroe.
Retomaron el paso con el tenue susurro del siguiente afluente comenzando a serpentear en las entrañas del siguiente claro, estaba cerca. Pero desafortunadamente, este no sería el último, ni el penúltimo que visitarían; de hecho, para bien entrada la tarde, habían visitado más de cinco arroyos cuando todos arrojaron exactamente los mismos resultados: rojo carmín.
Los lugares que visitaron, de todos modos, se volvían más mágicos y más hermosos que el anterior que abandonaron. Pasaron por un lago cristalino, con piedras preciosas incrustadas en el fondo, que tornaban sus aguas en manchones de acuarelas brillantes, de nuevo enseñando muchísimos colores combinados. También pasaron por aguas termales, que lucían deliciosas para tomar un baño fresco, incitaban con sus vapores y humaredas, que descendían por las terrazas, eran muchísimos humedales apilados. Finalmente otros que pululaban a polen y aromas extravagantes; decidieron mejor no acercarse, a menos que quisieran terminar bajo un hechizo extraño.
"Alhaitham... tal vez deberíamos regresar al templo, pronto va a ser el ocaso, podemos intentar de nuevo mañana, aún nos queda un poco de agua para el anochecer"
"¿Qué hay de Flins?"
"Dudo que esté allí, nunca le gustó el templo por sus memorias, los sacerdotes siempre lo pusieron como el villano de sus mitos. De todos modos no puede entrar a las ruinas, si estuviera allí, sólo podría observar de lejos"
"Podría rodearnos y esperar para matarnos de sed y hambre"
"Él no es alguien cruel, no haría eso... Además su último objetivo es matarme"
"Tienes razón. Eres lo más importante para él después de todo, pero conmigo sí podría hacerlo"
"Tendrá que ajustarse a los caprichos de su Reina y dejarte en paz conmigo" Ella bromeó, buscando la mirada del contrario, pero al Escriba no le había hecho nada de gracia y la miró mal "Sólo es un chiste, lo siento"
El Escriba abrió la boca con cierta molestia, iba a replicar algo más al respecto, pero entonces sonaron unos chasquidos cerca, como hojas siendo removidas que fueron el preludio del peso de unos pasos apurados, olvidando el sigilo. Ambos giraron la vista hacia los arbustos, Alhaitham anteponiéndose a la Cierva para protegerla de lo que fuera a salir de allí, mientras su mano viajó hasta el mango de la espada para liberarla y tenerla lista. Y en ese momento, cuando había adquirido su postura defensiva, un hombre de cabellos naranjas y cortos apareció frente a ambos, llevaba un arco a la espalda, pero en cuanto los vio frenó en seco y lo empuñó, sin importar que estaba muy falto de aire por su prisa y que su pecho subía y bajaba por el esfuerzo, se quedó apuntando directamente hacia la figura del peligrís sin cavilar.
Ninguno de los dos reconoció quién era el nuevo sujeto. Eso sí, todos se quedaron congelados en el acto, no parecía que ninguno quisiera atacar, pero tampoco quisiera ceder a bajar su arma primero.
"¿Quién eres? ¿Cuál es tu objetivo aquí?" Era mejor ir a lo directo, supuso Alhaitham, determinar si serían aliados o enemigos, o cada uno podía ser indiferente a la presencia del otro
"¿Por qué debería decirte?" El naranjoso respondía con otra pregunta
«Genial...» Pensaba Alhaitham
"Porque nos sorprendiste de la nada… sería bueno que aclares tus intenciones primero"
"Pues tú fuiste el primero en empuñar la espada, ¿por qué no comienzas?"
"No soy el único que empuñó el arma, no importa el orden, simplemente hubieses hecho lo mismo"
"Supongo que nunca lo sabremos, ¿No?"
"Basta, basta señores... ¿Acaso son niños?" Lauma salió detrás de la espalda de Alhaitham y rodeó su eje, situándose entre ambos, señalando su propio pecho con la mano "Mi nombre es Lauma, soy la Sacerdotisa de la Ciudad Luna"
Al escuchar esto, el joven se irguió ligeramente en su postura, entonces comenzó a bajar el arco, tras verlo, Alhaitham hizo lo mismo silenciosamente con su espada. Todos a lo largo de cada Reino ya se habían enterado de esa desaparición, así que no era de extrañar que fuera un caso famoso.
"Discúlpeme Señorita Cantalunas—..."
"Uh, sólo Lauma está bien"
"Lauma, discúlpeme. No tenía idea de que la encontraría aquí sólo por el mero azar del destino" Finalmente volvió a colgar el arco en su espalda, la prisa volvió a aparecer en sus gestos, en su rostro ansioso "Como sea, Lauma—..." El naranjoso volteó a ver al peligrís como esperando que también elaborará su identidad
"Alhaitham, un simple Escriba" Dijo él escuetamente
"Lauma, Alhaitham... Mi nombre es Ajax, pero ahora no hay tiempo de más presentaciones. Esa persona... ¡Está en grave peligro, necesito ayuda urgente!"
Entonces Ajax se dio media vuelta sin esperar, Lauma y Alhaitham compartieron una mirada antes de seguirlo apresuradamente. Los tres emprendieron un trote que se fue convirtiendo en un correr más acelerado, parecía que el tiempo era vital, así que hicieron a un lado ramas y helechos de forma violenta, sin detenerse, rasgando sus extremidades en el proceso. Esta era una de las partes más densas y espesas del bosque hasta ahora, pero Ajax estaba prendado de un trozo de hilo al parecer, porque estaba siguiendo la pista de regreso gracias a este artifício. Por tanto no debía de estar muy lejos.
"Estaba buscando una corriente de agua, pero es mejor encontrar personas. Ya deben saber que no se puede confiar en los arroyos de este bosque" Él siguió explicando sin detenerse, alzando la voz sobre su respiración atropellada
Pasaron por encima de más arbustos y finalmente llegaron hasta la zona baja de un risco, allí, recostado contra un tronco caído estaba el cuerpo inconsciente de Diluc en bastante mal estado. Tenía toda clase de golpes, su ropa estaba rasgada y rota y tenía una enorme venda manchada de rojo en torno al hombro que se veía bajo la ropa entre abierta de su abrigo. Probablemente lo único que pudo hacer Ajax para al menos contener esa herida.
Los tres se situaron de pie en torno al joven, recuperando sus alientos mientras analizaban qué debían hacer.
"Debemos llevarlo al templo, está por anochecer. Será más seguro allí" Lauma fue la primera en intervenir, Ajax la miró sin comprender a qué lugar se refería, pero asintió de acuerdo sin tener otra alternativa mejor
"De todos modos necesitamos recoger agua... No sobrevivirá la noche sin ello" Replicó Ajax "Fue impactado por un rayo"
"Flins..." Murmuró entonces Alhaitham, reconociendo varias heridas como fruto del poder que apenas alcanzó a apreciar por unos breves minutos el día anterior "Tenemos agua suficiente para él durante la noche, pero sólo para él. Si además tenemos la fortuna de que llueva de nuevo, entonces podremos hacer una recolección de algo de agua durante el resto del tiempo. Sin embargo mañana tendremos sí o sí que encontrar una fuente de agua para abastecemos por completo de nuevo"
Las otras dos cabezas conscientes asintieron. Entonces Ajax y Alhaitham sin palabras de por medio rodearon los flancos del pelirrojo y lo levantaron cada uno desde un hombro para levantarlo entre ambos y cargar su peso con mucho cuidado de no tocar la herida ni presionarla mucho.
Lauma se acercó y colocó la mano sobre el torso de Diluc, palpando los signos vitales, luego subió la mano a su pecho y estudió el pulso "Es débil, pero persistente, debemos llevarlo cuanto antes y tratar de ajustarlo a una posición cómoda para tratar sus heridas"
El grupo emprendió una tormentosa caminata, lenta por la seguridad del pelirrojo y cautelosa por cualquier otro peligro. Lauma los guiaba a través de la espesura del bosque mientras el ocaso se tragaba lentamente todo rastro de luz restante. Aunque pocos minutos después de caminar, y afortunadamente porque estaban cerca, pudieron ver las ruinas aguardando por su llegada.
Lo demás fue un borrón de sucesos mecánicos. Colocaron al pelirrojo de costado sobre el suelo, usando de nuevo el colchoncito improvisado de hojas que había hecho Alhaitham antes en el altar. Le retiraron las prendas superiores y estudiaron sus heridas, además del gran impacto bajo su hombro y cerca de la clavícula, el resto del cuerpo tenía cortes, quemaduras, moretones, pero Lauma aseguró -gracias a su magia dendro- que ningún órgano interno estaba realmente comprometido o en grave condición.
Por el lado del cuidado de la gran herida principal del rayo, Ajax había hecho ya un excelente trabajo tratando la zona de impacto con delicadeza, limpiando y vendando. En eso debió haber gastado sus suministros y por lo mismo debía ser su preocupación.
"Estuvo peleando durante toda la noche con ese sujeto que mencionaste" Mencionó Ajax dando una mirada a Alhaitham "Los vi a lo lejos cuando casi daba la madrugada y decidí unirme, estaba buscando retar al Rey de los Muertos en una batalla desde que escuchamos de su resurgimiento. En realidad no venía a rescatarla Miss Lauma" Agregó ahora mirando a la fémina con cierta vergüenza por la declaración "En Snezhnaya somos bastante creyentes de la profecía que conlleva la unión entre los regentes del bosque Demiurgo, no nos gusta interferir al respecto… aunque si hubiera obtenido la victoria quizá usteda ya sería libre por consecuencia"
Ella asintió a las palabras del pelinaranja, aunque su expresión denotaba que no estaba muy entusiasmada con aquellas palabras. Tal vez Ajax también lo notó, porque rápidamente decidió retomar el tema.
"La pelea rápidamente se convirtió en una batalla de tres extremos" La voz del joven pronto se elevó, sus ojos parecían perdidos rememorando la escena "Él, Diluc, pareció reconocer mi afiliación, porque en ese momento sus intereses se comprometieron. Durante el amanecer, no pudo contener más su ira, se notaba que sus ataques se habían concentrado en mi persona, mientras descuidaba su defensa respecto al inmortal… no sabía exactamente de qué se trataba, pero nuestro otro oponente se dio cuenta rápido de su obvia ventaja. Esperó a que se agotara más y justamente cuando Diluc cargó un ataque contra mi, su velocidad ya se había reducido lo suficiente; traté de detenerlo, de avisarle de algún modo… pero fue muy tarde. Él había estado cargando todas sus fuerzas en ese último golpe. El impacto del rayo fue muy poderosos y dobló a Diluc en su lugar hasta que cayó inconsciente"
"¿Por qué los dejó ahí y no los mató?" Inquirió el Escriba
"Dijo que no estaba interesado, y que en cierta forma había utilizado el rencor de Diluc como artimaña para desentenderse de la pelea… Por alguna razón esperaba que salvara a Diluc, aún cuando no me conocía ni sabía si lo haría"
"Debió leerlo en tu alma" Intervino Lauma esta vez "Sabía que no dejarías morir a un buen hombre si podías evitarlo"
Ajax simplemente asintió a lo dicho con la mirada perdida en el hombre de cabellos carmesí, cuya respiración había vuelto a estar estable y no tan dificultosa, en los ojos del joven había mucha culpa y remordimiento, no senecesitaba ser un genio para percibirlo. Pero dejando esso dilemas a un lado, Lauamadio un paso en dirección al inconsciente y estuvo a punto de intentar despertarlo, porque era importante cerciorarse de que sus funciones cognitivas estaban bien; cuando en ese momento se levantó más rígida y seria que nunca. Alhaitham observó agudamente que su espalda se colocó rígida y erguida, había tensión en sus hombros y una desconexón tenue con su entorno.
Malas noticias…
Lo primero que sintieron fue el regreso de la lluvia, luego la presencia de un lobo frente a la puerta de entrada. Aunque 'lobo' sería muchísima palabra para representarlo, no tenía piel, y apenas le quedaban trozos de músculo pálido pegados a los huesos. Parecía el cadaver o los restos andantes de lo que alguna vez fue un lobo. Aún así los colmillos estaban intactos, porque tan pronto los vio, enseñó cada trozo de afilada dentadura de forma intimidante.
Lauma fue la primera en moverse, entendiendo de que se trataba; le siguió Alhaitham de cerca, que trató de tomarla del brazo para impedir que se acercara a la bestia, el siguiente fue Ajax, que volvió a empuñar el arco para empuñarlo contra la criatura, flecha lista y cargada. Sin embargo, el animal lo único que hizo fue dar media vuelta y regresar por la entrada, Lauma le seguía de cerca los talones sin hacer caso a la silenciosa petición de Alhaitham de esperar y protegerse, tampoco leyó sus ojos que buscaban respuestas. Cuando ya fue demasiado tarde y la situación tomó el ritmo necesario, se encontraron los tres en la entrada del templo,antes de la escalinata, observando a las sombras del bosque hacia donde el lobo se desplazó, sentándose allí al lado de su amo, su único amo de la muerte, claro, el lobo tambiéne estaba muerto, sus ojos de cristal azul sólo podían corresponder al llamado de aquél que gobierna ese dominio.
"Flins" Dijo Lauma
"Lauma" Respondió el ser desde las sombras que no podía traspasar, observándola fijamente a ella, únicamente a ella
