Work Text:
En el mundo donde los lazos de sangre y los instintos primarios se entrelazaban con fuerza, Kim Seokjin había sido padre muy joven. Apenas dieciocho años cuando Taehyung llegó, fruto de un matrimonio arreglado con Namjoon, un alfa estable, responsable y… terriblemente predecible. Namjoon era un buen esposo: nunca levantaba la voz, proveía todo lo necesario y cuidaba de su omega con respeto. Pero ya no lo buscaba. Ya no lo arrinconaba contra la pared con esa mirada hambrienta. El fuego se había apagado hacía años.
Jin se sentía invisible.
Por eso empezó a ir al gimnasio. Por eso, cuando el nuevo entrenador personal —un alfa joven, musculoso y con una mirada que prometía pecado— lo miró como si quisiera devorarlo entero, Jin no huyó. Se hizo el difícil. Le gustaba sentirse deseado otra vez.
Jungkook no tardó ni una semana en acecharlo. Pequeñas “coincidencias”, mensajes profesionales que se volvían demasiado personales, roces “accidentales” mientras lo corregía en las máquinas. Hasta que una tarde, después de cerrar el gym, Jungkook lo acorraló en los vestuarios.
—Hyung… llevo días oliendo tu puto aroma a través de la sala. Dime que no soy el único que se muere por esto —gruñó contra su cuello, manos fuertes sujetando sus caderas.
Jin solo sonrió, fingiendo resistencia dos segundos antes de rendirse. Esa noche folló como nunca en años: contra las taquillas, en las duchas, sobre una banca. Jungkook era salvaje, insaciable, y lo marcaba con mordidas y chupetones que Jin tuvo que ocultar con maquillaje. Dos días después, todavía sentía el cuerpo dolorido y el olor del alfa pegado a su piel.
Y entonces llegó el sábado familiar.
Taehyung entró a la casa con una sonrisa enorme, arrastrando de la mano a un chico alto de cabello oscuro y ojos intensos.
—Appa, te presento a mi novio. Se llama Jungkook. Nos conocimos hace un mes en el gimnasio donde entrena.
El mundo se detuvo.
Jungkook levantó la mirada y sus ojos se clavaron en Jin como dos brasas. Por un segundo, el pánico cruzó el rostro del alfa, pero luego… luego apareció una sonrisa lenta, peligrosa, casi orgullosa.
—Hyung —dijo Jungkook con voz ronca, inclinándose para saludarlo formalmente—. Es un placer conocerte por fin. Taehyung me ha hablado mucho de ti.
Seokjin sintió cómo su olor a omega se volvía más dulce por la vergüenza y la excitación prohibida. Namjoon, ajeno a todo, sonrió amablemente desde la cocina.
—Bienvenido a la familia, Jungkook. Siéntete como en casa.
La cena fue una tortura.
Cada vez que Jungkook pasaba el plato, sus dedos rozaban los de Seokjin deliberadamente. Cuando Taehyung contaba algo divertido, Jungkook lo miraba a él, no a su novio. Y debajo de la mesa, una bota rozaba su tobillo, subiendo lentamente por su pierna.
Después de la cena, mientras Namjoon y Taehyung lavaban los platos charlando animadamente, Jungkook se ofreció a ayudar a Jin a recoger la sala. Apenas estuvieron solos en el pasillo que llevaba al estudio, Jungkook lo empujó contra la pared con el cuerpo entero.
—¿Tu hijo? —susurró contra su oreja, voz temblando de rabia y deseo—. ¿El chico con el que estoy saliendo es tu puto hijo, hyung?
Jin jadeó cuando sintió la erección del alfa presionando contra su estómago.
—Fue un error… solo fue una vez —mintió Jin, aunque ambos sabían que no era verdad.
—Mentiroso. Todavía tienes mis marcas en los muslos. Puedo olerte desde aquí, estás mojado solo de verme —gruñó Jungkook, metiendo la mano por debajo de la camisa de Jin y apretando su cintura—. Me volví loco buscándote estos dos días. Quería volver a follarte hasta que no pudieras caminar. Y ahora resulta que eres el appa de Taehyung… Joder, esto está tan mal.
Jin tembló, agarrando la camiseta de Jungkook.
Jungkook mordió su labio inferior—. Quiero follarte en esta misma casa mientras tu esposo y tu hijo están en la sala de al lado. Quiero que sepas que ahora eres mío, aunque estés casado con otro.
Se besaron con desesperación, lenguas enredadas, manos buscando piel. Jungkook metió la mano dentro del pantalón de Jin y lo acarició justo donde estaba más sensible, arrancándole un gemido ahogado que tuvo que silenciar contra su cuello.
—Esta noche, cuando todos duerman… —susurró Jungkook— voy a colarme en tu habitación y te voy a recordar por qué gemiste mi nombre como un omega en celo hace dos días.
Jin solo pudo asentir, perdido en el deseo.
Porque por primera vez en mucho tiempo, se sentía vivo. Deseado. Culpable.
Y no quería que parara.
Dos días antes.
El gimnasio cerraba a las diez, pero Jungkook siempre se quedaba más tiempo cuando Kim Seokjin estaba en la sala. Ese omega maduro, de hombros anchos y cintura estrecha, exudaba un aroma dulce y maduro que volvía loco al alfa. Desde el primer día que entró por la puerta, Jungkook lo quiso. No, lo necesitó.
Jin fingía no darse cuenta. Hacía sus series con esa cara de príncipe aburrido, pero Jungkook captaba cada detalle: cómo su respiración se aceleraba cuando él se acercaba a corregir su postura, cómo sus pupilas se dilataban cuando sus manos rozaban su cadera “por accidente”.
Esa noche, la sala estaba vacía. Solo ellos dos.
—Hyung, la espalda más recta —murmuró Jungkook, pegándose por detrás mientras Jin hacía sentadillas con barra. Su pelvis presionó contra el culo del omega de forma descarada—. Así… joder, qué bien te ves.
Jin soltó una risa baja, pero no se apartó.
—¿Siempre corriges tan… de cerca a todos tus clientes, Jungkook-ah?
—Solo a los que me vuelven loco desde el primer segundo —respondió el alfa sin filtro. Su nariz rozó la nuca de Jin, inhalando profundamente—. Tu olor… me tiene duro desde que entraste hoy. ¿Sabes lo difícil que es entrenar con la polla palpitando dentro del pantalón?
Jin se estremeció. Llevaba años sin oír palabras tan crudas dirigidas a él. Namjoon nunca hablaba así. Namjoon pedía permiso hasta para besarlo.
Terminaron la serie. Jungkook le quitó la barra y la colocó en su sitio. Luego, sin decir nada más, agarró a Jin por la muñeca y lo arrastró hacia los vestuarios vacíos. Cerró la puerta con pestillo.
—Dime que pare y paro —gruñó, pero sus manos ya estaban bajando los pantalones deportivos de Jin, revelando la piel suave y el rastro húmedo que ya empapaba su ropa interior.
Jin lo miró a los ojos, respirando agitado.
—No quiero que pares.
Eso fue todo.
Jungkook lo empujó contra las taquillas frías. El beso fue brutal: dientes, lengua, saliva. Lo levantó como si no pesara nada y Jin rodeó su cintura con las piernas, gimiendo cuando sintió la enorme erección del alfa frotándose contra su entrada aún cubierta.
—Tan mojado ya… —Jungkook mordió su cuello, bajando la mano para tocarlo—. Estás empapado por mí, hyung. ¿Cuánto tiempo llevas sin que te follen como mereces?
—Callate… —dijo Jin entre jadeos.
Jungkook no esperó más. Bajó los pantalones lo justo, escupió en su mano y lubricó su polla gruesa antes de empujar dentro de un solo movimiento profundo.
—¡Ahh! —Jin arqueó la espalda, uñas clavándose en los hombros del alfa.
—Joder… tan apretado —gruñó Jungkook, empezando a embestir con fuerza. Cada golpe hacía que las taquillas resonaran—. Eres mío ahora. Este coño de omega maduro es mío.
Lo folló contra las taquillas, luego lo cargó hasta una de las bancas acolchadas. Lo puso a cuatro patas y volvió a entrar desde atrás, una mano en su cadera y la otra tirando de su cabello. Jin gemía sin control, el aroma de ambos mezclándose en el aire: dulce omega en celo y alfa dominante.
—Más fuerte… Jungkook-ah… por favor…
El alfa sonrió con salvajismo y obedeció. Lo penetraba tan profundo que Jin sentía que lo partía en dos. Cuando Jungkook alcanzó su punto sensible una y otra vez, Jin se corrió sin que nadie tocara su polla, temblando y apretando alrededor del alfa.
Jungkook no tardó mucho más. Con un gruñido gutural, mordió el hombro de Jin (no lo suficiente para marcarlo permanentemente, pero sí para dejar un moretón) y se corrió dentro, llenándolo hasta que el semen chorreó por sus muslos.
Se quedaron unos segundos en silencio, solo respiraciones agitadas.
Jungkook besó su nuca con una ternura inesperada.
—No fue suficiente —susurró—. Quiero follarte otra vez en las duchas.
Jin soltó una risa débil, aún temblando.
—Eres insaciable…
—Y tú estás desesperado por que alguien te desee así —respondió Jungkook, girándolo para besarlo en la boca—. No finjas conmigo, hyung. Sé que te encanta.
Y tenía razón.
Terminaron en las duchas: Jin contra los azulejos, piernas temblando mientras Jungkook lo penetraba de nuevo bajo el agua caliente, mordiendo sus pezones y susurrándole lo hermoso que se veía cuando se dejaba follar como un omega necesitado.
Cuando salieron del gimnasio esa noche, Jin tenía chupetones en el cuello, mordidas en los muslos y el culo dolorido. Pero por primera vez en años, se sentía vivo.
Después de la cena, todos se acomodaron en la sala. Namjoon preparó café para los adultos mientras Taehyung ponía algo de música suave de fondo. Jin se sentó en el sofá de tres plazas, con las piernas cruzadas, intentando mantener la compostura. Aún sentía el fantasma de los dedos de Jungkook en su muslo de debajo de la mesa durante la cena.
Jungkook, con esa cara de niño bueno que engañaba a cualquiera, se sentó justo al lado de Jin. No pegado, pero lo suficientemente cerca como para que su aroma a alfa joven y dominante envolviera al omega sin piedad.
Namjoon y Taehyung charlaban animadamente sobre el último proyecto de Taehyung en la universidad.
Jungkook tomó su taza de café, sopló suavemente y miró a Jin con ojos inocentes.
—Omma… —dijo de repente, con voz dulce y clara.
El silencio cayó por medio segundo. Taehyung soltó una risita sorprendida. Namjoon levantó una ceja, divertido.
Jungkook continuó con la misma expresión angelical:
—¿Puedo llamarte Omma? O… ¿cómo prefieres que te llame? Taehyung siempre habla de ti con tanto cariño que siento que ya te conozco. No quiero faltarte al respeto.
Jin casi se atraganta con el café. El corazón le latió con fuerza. Sabía perfectamente que Jungkook lo estaba haciendo a propósito. Ese “Omma” salió demasiado suave, demasiado íntimo, cargado de algo oscuro que solo ellos dos entendían.
—Jin-hyung está bien… —respondió Jin con la voz más calmada que pudo, aunque sus mejillas se habían enrojecido levemente—. O Seokjin. Como te sea más cómodo.
—Pero Omma suena tan bonito —insistió Jungkook, sonriendo con esa inocencia falsa que hacía que pareciera el yerno perfecto—. Eres tan joven y guapo para ser el papá de Tae. Parece que eres su hermano mayor.
Taehyung rio abiertamente.
—Te lo dije, Kook. Mi appa es un ídolo.
Namjoon sonrió con orgullo, ajeno a la tormenta que se estaba formando.
Jungkook dio un sorbo a su café y luego, como si nada, soltó la siguiente bomba con voz curiosa y suave:
—Hyung… ¿me cuentas tu historia de amor con Namjoon hyung? Taehyung me ha dicho que se casaron muy jóvenes. Debe ser una historia hermosa.
Jin sintió que el calor subía por su cuello. Debajo de la taza, su mano tembló ligeramente. Jungkook lo miraba con ojos brillantes, fingiendo pura curiosidad familiar, pero la comisura de su labio se curvaba en una sonrisa casi imperceptible. Con la mano que tenía libre, rozó “accidentalmente” el muslo de Jin por encima del pantalón, un roce lento y deliberado que nadie más podía ver.
Namjoon, siempre el más entusiasta para contar esa historia, empezó:
—Bueno, fue un arreglo familiar, pero desde el primer momento—
—Quiero escucharla de Jin… Omma —lo interrumpió Jungkook suavemente, girándose un poco más hacia él—. ¿Cómo supiste que Namjoon hyung era el indicado? ¿Fue amor a primera vista? ¿Te conquistó con esa voz profunda y sus libros?
Cada palabra era una puñalada disfrazada de miel. Jungkook sabía perfectamente que Namjoon ya no lo tocaba, que ya no lo provocaba, que la pasión se había muerto. Y lo estaba usando en su cara.
Jin apretó los dientes y forzó una sonrisa serena.
—Éramos muy jóvenes… Namjoon siempre fue responsable, estable. Me cuidó desde el principio. Tuvimos a Taehyung muy pronto y… construimos una vida juntos.
—Qué bonito —murmuró Jungkook. Su dedo índice trazó una línea invisible en el muslo de Jin, subiendo peligrosamente—. Entonces, ¿fue más una decisión madura que una pasión loca? Porque yo… yo creo que cuando uno encuentra a alguien que realmente desea, no puede controlarse. Se vuelve casi… obsesivo.
Sus ojos se clavaron en los de Jin al decir “obsesivo”. El aroma del alfa se volvió más espeso, más oscuro, y Jin sintió cómo su propio cuerpo reaccionaba: un calor húmedo comenzando a formarse entre sus piernas.
Taehyung bostezó.
—Omma, cuéntale cómo Appa te escribió poemas horribles al principio.
Namjoon rio, avergonzado.
Jungkook sonrió con dulzura, pero su mano ahora presionaba con más firmeza el muslo de Jin, peligrosamente cerca de donde no debía.
—Quiero todos los detalles, Omma —susurró Jungkook solo para que Jin lo oyera, mientras fingía estar atento a la conversación general—. Especialmente los que Namjoon hyung no cuenta.
Jin tragó saliva. Su polla ya empezaba a endurecerse y su entrada estaba definitivamente mojada. Todo por un maldito “Omma” y una mano que no dejaba de provocarlo.
La conversación siguió fluyendo, pero Jin apenas podía concentrarse. Jungkook había retirado la mano de su muslo… solo para volver a colocarla minutos después, esta vez más atrevido, deslizando los dedos por la cara interna con lentitud tortuosa. Cada vez que Namjoon o Taehyung miraban hacia otro lado, Jungkook apretaba suavemente, rozando con los nudillos justo donde la tela del pantalón se tensaba por la erección que Jin ya no podía ocultar del todo.
—…y entonces Namjoon me dijo que quería cuidar de mí y de nuestro hijo —terminó Jin, la voz un poco más ronca de lo normal.
Jungkook sonrió con esa cara de yerno ideal.
—Qué bonito, Omma. De verdad admiro eso. Un amor tan… estable. —La palabra “estable” sonó casi como un insulto dulce en su boca—. Yo soy más del tipo que no puede esperar. Cuando quiero algo, lo persigo hasta que es mío.
Sus ojos se clavaron en Jin mientras decía eso. Taehyung rio, pensando que era solo el típico comentario romántico de su novio.
—Kook es muy intenso, appa. Desde que nos conocimos no me ha dejado en paz ni un día.
—Intenso es poco —murmuró Jin, y Jungkook sonrió de lado, apretando su muslo con más fuerza como castigo silencioso.
Namjoon miró el reloj.
—Se está haciendo tarde. Tae, ¿Jungkook se queda a dormir?
Taehyung miró a su novio con ilusión.
—¿Quieres quedarte, babe? Hay habitación de invitados.
Jungkook fingió pensarlo dos segundos, pero sus dedos seguían acariciando el muslo de Jin por debajo de la manta ligera que alguien había puesto sobre el sofá.
—Si no es molestia… me encantaría. Quiero conocer más a la familia de Tae.
Jin sintió que el corazón se le iba a salir del pecho.
Más tarde, cuando Namjoon y Taehyung subieron a la segunda planta para preparar las habitaciones, Jungkook se ofreció a ayudar a Jin a recoger las tazas de café en la cocina.
Apenas entraron, Jungkook cerró la puerta sin hacer ruido y empujó a Jin contra la encimera. El beso fue inmediato, hambriento y silencioso. Jungkook devoró su boca mientras metía la mano dentro del pantalón de Jin, envolviendo su polla semi-dura con dedos firmes.
—Omma… —susurró contra sus labios, burlón y excitado—. ¿Sabes lo rico que se siente llamarte así delante de tu esposo e hijo mientras estás mojándote por mí?
—Jungkook… estás loco —jadeó Jin, pero separó las piernas casi por instinto.
—Loco por este coño —gruñó el alfa, metiendo dos dedos entre sus nalgas y encontrándolo empapado—. Joder, hyung. Estás chorreando. ¿Te excita que te llame Omma mientras tu hijo está arriba?
Jin mordió su propio labio para no gemir cuando Jungkook curvó los dedos dentro de él, tocando justo ese punto que lo hacía temblar.
—Solo… un rato más y subimos —susurró Jungkook, sacando los dedos y limpiándolos descaradamente en la camisa de Jin—. Esta noche voy a follarte en tu propia cama matrimonial. Quiero que huelas a mí mientras duermes al lado de Namjoon.
Subieron las escaleras. Taehyung acompañó a Jungkook a la habitación de invitados, y Namjoon entró con Jin al dormitorio principal.
Namjoon le dio un beso casto en la frente, como siempre.
—Descansa, Jin. Mañana tengo reunión temprano.
Y se durmió en menos de diez minutos, dándole la espalda.
Jin se quedó mirando el techo, el corazón latiéndole con fuerza. Su cuerpo ardía. Podía sentir su propia humedad empapando la ropa interior.
Quince minutos después, la puerta del dormitorio se abrió con un clic casi inaudible.
Jungkook entró descalzo, solo con pantalones de chándal bajos en las caderas, el pecho marcado y los ojos brillando en la oscuridad. Cerró la puerta con pestillo y se acercó a la cama como un depredador.
Sin decir una palabra, retiró las sábanas y se subió encima de Jin, atrapándolo bajo su cuerpo. Namjoon dormía a solo medio metro de distancia.
—Shhh… —susurró Jungkook contra su oído, tapándole la boca con una mano mientras con la otra bajaba el pantalón de Jin—. No hagas ruido, Omma. No querrás despertar a tu esposo mientras te follo, ¿verdad?
Jungkook se movió con lentitud depredadora sobre Jin, el peso de su cuerpo musculoso presionándolo contra el colchón. A solo medio metro, Namjoon dormía de espaldas a ellos, respirando profunda y regularmente. El riesgo hacía que el aroma de Jungkook se volviera más denso, más oscuro, casi asfixiante.
—Shhh… ni un solo ruido, Omma —susurró Jungkook contra la oreja de Jin, tapándole la boca con una mano grande mientras con la otra bajaba bruscamente el pantalón de pijama del omega hasta los tobillos—. Estás chorreando tanto que puedo olerlo desde la habitación de invitados. Tu coño me estaba llamando.
Jin tembló entero cuando sintió la cabeza gruesa y caliente de la polla de Jungkook frotarse entre sus nalgas, empapándose de su slick. Intentó respirar por la nariz, pero el alfa empujó de una sola vez, lento pero implacable, enterrándose hasta el fondo en un movimiento fluido.
Un gemido ahogado vibró contra la palma de Jungkook.
—Joder… tan apretado y caliente —gruñó bajísimo el alfa, mordiendo el lóbulo de su oreja—. ¿Cuánto tiempo llevas sin que te llenen como mereces? Tu esposo está justo aquí y sigues abriéndote para mí como una puta omega necesitada.
Jungkook empezó a moverse. Embestidas profundas, lentas y controladas, saliendo casi por completo solo para volver a hundirse hasta que sus bolas chocaban suavemente contra la piel mojada de Jin. Cada thrust hacía que el cuerpo de Jin se deslizara un poco sobre las sábanas, pero Jungkook lo mantenía firme con su peso.
La mano libre del alfa bajó hasta la polla de Jin, masturbándolo con movimientos precisos y húmedos por el precum que no paraba de salir.
—Mírate… goteando en mi mano mientras tu marido duerme al lado —susurró Jungkook con voz ronca de placer—. Dime, Omma… ¿Namjoon hyung te ha follado alguna vez así? ¿Tan profundo que sientes que te parto en dos?
Jin negó con la cabeza desesperadamente, lágrimas de placer en los ojos. Sus paredes internas apretaban con fuerza alrededor de la polla gruesa que lo penetraba sin piedad. El sonido húmedo de cada embestida era apenas audible bajo las sábanas, pero para ellos era ensordecedor.
Jungkook aceleró un poco, cambiando el ángulo para golpear justo ese punto sensible dentro de Jin. El omega arqueó la espalda, mordiendo con fuerza la palma del alfa para no gemir. Sus uñas se clavaron en los hombros de Jungkook, dejando marcas rojas.
—Así… apriétame —gruñó Jungkook contra su cuello, lamiendo la piel donde había dejado mordidas dos días atrás—. Quiero que te corras con mi polla dentro mientras él duerme. Quiero que sepas que este coño ya no le pertenece.
Jin estaba perdiendo el control. El placer era demasiado intenso: el miedo a que Namjoon despertara, el olor de Jungkook envolviéndolo todo, la forma en que el alfa lo llenaba por completo. Su cuerpo empezó a temblar, el slick chorreando por sus muslos con cada thrust.
Jungkook sintió cómo se apretaba alrededor de él y sonrió con salvajismo. Quitó la mano de la boca de Jin solo para reemplazarla con sus labios, besándolo profundamente y tragándose cada gemido mientras seguía follándolo sin parar.
—Córrete para mí, Omma… —susurró contra su boca—. Ahora.
Jin se corrió con violencia, su polla palpitando en la mano de Jungkook mientras su interior se contraía en espasmos alrededor de la erección del alfa. Un gemido largo y bajo intentó escaparse, pero Jungkook lo silenció con otro beso brutal.
Namjoon se removió ligeramente en la cama.
Los dos se congelaron. Jungkook seguía enterrado hasta el fondo, palpitando dentro de Jin, conteniendo la respiración. El corazón de Jin latía tan fuerte que estaba seguro de que su esposo podía oírlo.
Namjoon murmuró algo ininteligible y volvió a respirar con calma.
Jungkook soltó una risa silenciosa y oscura contra el cuello de Jin.
—Qué cerca… —susurró, empezando a moverse otra vez, más lento pero más profundo—. Me voy a correr dentro de ti, hyung. Quiero que mañana camines con mi semen chorreando por tus piernas mientras desayunas con tu familia.
Aceleró las embestidas, cortas y fuertes, persiguiendo su propio orgasmo. Cuando llegó, mordió con fuerza el hombro de Jin para ahogar su gruñido, empujando tan profundo como pudo mientras su nudo empezaba a hincharse ligeramente dentro del omega, llenándolo con chorros calientes y espesos.
Se quedaron unidos varios minutos, Jungkook todavía moviéndose perezosamente dentro de él, besando su nuca con una mezcla de posesividad y ternura retorcida.
—Esto no termina aquí —susurró antes de salir con cuidado, dejando que parte de su semen escapara entre las piernas de Jin—. Mañana quiero follarte en el baño mientras todos están abajo.
Jungkook se levantó en silencio, subió el pantalón de Jin y le dio un último beso largo y sucio antes de escabullirse de la habitación como una sombra.
Jin se quedó mirando el techo, el cuerpo temblando, el olor de Jungkook pegado a su piel y el semen del alfa goteando lentamente entre sus muslos… mientras Namjoon dormía plácidamente a su lado.
Jin se despertó temprano, el cuerpo todavía dolorido y pegajoso por lo que había pasado en la madrugada. Namjoon ya se estaba moviendo, murmurando algo sobre una reunión importante. Seokjin, como siempre, bajó primero a preparar el desayuno: café negro fuerte, huevos y tostadas, el ritual que mantenía la apariencia de un matrimonio estable.
Estaba sacando la sartén cuando lo escuchó.
Gemidos bajitos. Ahogados. Provenientes del pasillo de la habitación de invitados. Un “Kook… ahh…” claramente de Taehyung, seguido de un gruñido bajo y familiar que hizo que se le helara la sangre.
Jungkook estaba follando a su hijo.
Jin se quedó congelado frente a la encimera, el estómago revuelto. Una náusea amarga le subió por la garganta. No solo era celos. Era asco, culpa y una excitación enfermiza que lo hacía odiarse a sí mismo. Ese mismo alfa que lo había llenado hace horas ahora estaba dentro de Taehyung, en su propia casa.
Arriba, los gemidos siguieron un par de minutos más hasta que cesaron. Jin apretó los dientes y siguió preparando el desayuno como si nada.
Media hora después, todos bajaron al comedor.
Taehyung tenía las mejillas sonrojadas y una sonrisa satisfecha. Namjoon leía el periódico en su tablet. Jungkook apareció con el cabello húmedo de la ducha, oliendo a jabón y a sexo reciente. Sus ojos se clavaron inmediatamente en Jin.
No dejó de mirarlo ni un segundo.
Mientras servía el café, el teléfono de Jin vibró sobre la mesa.
Jungkook: Escuchaste verdad?
Jin leyó el mensaje y no contestó. Bloqueó la pantalla con dedos temblorosos. Jungkook sonrió de lado, bebiendo su jugo de naranja como si fuera el yerno más inocente del mundo.
Minutos después, Jungkook se levantó.
—Voy al baño un segundo.
El teléfono de Jin vibró otra vez.
Era una foto. Jungkook en el baño, pantalones bajados, su polla gruesa y semidura en la mano, todavía brillante por los restos de lo que claramente acababa de hacer con Taehyung. La punta estaba roja e hinchada.
Jungkook: Mira lo que provocas, Omma. Todavía tengo ganas de más. Tu olor me tiene loco.
Jin borró la foto inmediatamente, el corazón latiéndole con fuerza y la entrepierna traicioneramente húmeda a pesar del asco que sentía.
Cuando Jungkook regresó al comedor, Namjoon ya había terminado y se estaba levantando para irse.
—Jin, me voy ya. Gracias por el desayuno —dijo Namjoon, dándole un beso rápido en la mejilla.
Jin, desesperado por sentir algo, por recuperar un poco de control, lo detuvo. Se pegó a su esposo por detrás, abrazándolo por la cintura y deslizando una mano hacia abajo, rozando su entrepierna.
—Joon… ¿tienes un poco de tiempo? —susurró contra su cuello, usando esa voz suave que antes siempre funcionaba—. Te extraño…
Namjoon suspiró, sujetando su muñeca con gentileza pero firmeza para apartarla.
—Jin, ahora no. Llego tarde a la reunión. Esta noche tal vez, ¿sí?
El rechazo fue suave, educado… como siempre. Pero dolió como una bofetada. Jin se quedó ahí, con los brazos vacíos y la humillación quemándole las mejillas.
Y entonces lo vio.
Jungkook estaba de pie en la entrada del comedor, apoyado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados. Lo había visto todo. La expresión de su rostro era una mezcla de lástima, satisfacción y deseo oscuro.
Namjoon salió por la puerta principal sin notar nada.
El silencio cayó entre Jin y Jungkook.
Jungkook se acercó lentamente, deteniéndose a solo unos centímetros. Su voz salió baja, casi tierna, pero cargada de posesividad:
—Qué triste, Omma… Intentando que tu esposo te folle después de que yo te llené anoche. —Levantó una mano y limpió una lágrima que Jin ni siquiera se había dado cuenta que había caído—. No llores. Yo sí te deseo. Tanto que me da igual follarte en esta mesa ahora mismo aunque Tae esté arriba.
Jin tragó saliva, humillado, excitado y roto al mismo tiempo.
Jungkook se inclinó y le susurró al oído:
—Dime que pare… y esta vez sí paro.
Todo el día había sido un desastre de deseo y culpa.
Después del desayuno en la mesa, Jungkook no había dejado a Jin en paz ni un segundo. Apenas Taehyung salió hacia la universidad, el alfa lo arrastró de vuelta a la mesa, lo dobló sobre ella y lo folló hasta que Jin gritó su nombre. Luego lo llevó al sofá de la sala, después contra la pared del pasillo, en la ducha del baño de abajo, y finalmente en la cama matrimonial de Jin y Namjoon, donde lo anudó dos veces seguidas, llenándolo hasta que el semen chorreaba por sus muslos cada vez que se movía.
Jin había perdido la cuenta de las veces que se corrió. Su cuerpo estaba marcado: mordidas en el cuello, chupetones en los muslos, las muñecas enrojecidas de que Jungkook lo sujetara mientras lo embestía sin piedad. Olía completamente a Jungkook. A alfa joven, posesivo y obsesionado.
No habían limpiado nada. Los platos del desayuno seguían sobre la mesa, fríos y abandonados. Las tazas de café, una de ellas aún con los restos del de Namjoon, seguían exactamente donde Jin había tenido la cara mientras Jungkook se lo comía.
Era casi las ocho de la noche cuando Namjoon abrió la puerta principal.
—Jin? ¿Tae? —llamó, quitándose el saco. La casa estaba completamente oscura, solo iluminada por la luz tenue que entraba desde la calle.
Taehyung llegó justo detrás de él, todavía con la mochila de la universidad.
—Appa, ¿qué pasa? ¿Por qué todo está apagado?
Namjoon frunció el ceño. El olor en la casa era extraño: fuerte, denso, cargado de sexo y feromonas. Caminó hasta el comedor y encendió la luz. Los platos del desayuno seguían ahí, intactos desde la mañana.
—Esto no es normal… —murmuró Namjoon.
Fue entonces cuando lo escucharon.
Golpes fuertes. Ritmicos. Violentos. El sonido inconfundible de carne contra carne, un cabecero golpeando la pared y gemidos ahogados que no se molestaban en ocultar.
Taehyung palideció.
Namjoon subió las escaleras corriendo, Taehyung detrás de él. El corazón de ambos latía con fuerza, pensando que algo malo pasaba.
La puerta del dormitorio principal estaba entreabierta.
Namjoon la empujó de golpe.
La escena los golpeó como un puñetazo.
Jungkook tenía a Jin completamente desnudo, a cuatro patas sobre la cama matrimonial. Una mano fuerte sujetaba el cabello de Jin, tirando su cabeza hacia atrás mientras lo follaba con embestidas brutales y profundas. El cuerpo de Jin brillaba de sudor, semen seco en sus muslos, el culo rojo de tanto uso. Su cara era pura expresión de placer roto: boca abierta, ojos vidriosos, gemidos que ya no podía contener.
—¡Sí! Más fuerte… Jungkook-ah… por favor… —suplicaba Jin entre sollozos de placer.
Jungkook giró la cabeza hacia la puerta, sudoroso, con una sonrisa oscura y satisfecha al verlos. No se detuvo. Siguió follándolo incluso más fuerte, haciendo que Jin gritara.
—Llegaron justo a tiempo —gruñó Jungkook sin dejar de moverse—. Omma estaba a punto de correrse otra vez.
Namjoon se quedó congelado en la puerta, incapaz de procesar lo que veía. Taehyung soltó un sonido ahogado, entre shock y traición.
—Appa… —susurró Taehyung, la voz quebrada.
Jin abrió los ojos lentamente, aún empalado en la polla de Jungkook. Miró a su esposo y a su hijo en la puerta. Por un segundo, la vergüenza y el horror cruzaron su rostro… pero luego Jungkook golpeó justo ese punto dentro de él y Jin se corrió con un gemido largo y tembloroso, sin poder evitarlo, su polla soltando lo poco que le quedaba sobre las sábanas ya arruinadas.
Jungkook se rio bajito, empujando profundo y manteniéndose ahí mientras su nudo empezaba a hincharse de nuevo.
—Tranquilos —dijo con voz ronca, mirando directamente a Namjoon—. Yo sí sé cómo follar a tu omega. Llevo todo el día dándole lo que tú no le das desde hace años.
Jin cerró los ojos, exhausto, destruido y extrañamente en paz por primera vez en mucho tiempo.
La casa que Namjoon había construido con tanto cuidado se acababa de romper para siempre.
