Chapter Text
Bakugou Katsuki no llora.
Pero gimotea cuando su mejor amigo lo estruja, con tanta fuerza que se tambalean en su camino al sofá en la sala de estar; Katsuki no puede verlo, pero ha detenido la habitación entera.
—Kacchan...
Viniendo de Denki, el mote duele. Duele haber encontrado a la persona que ama en medio de algo tan íntimo con alguien más y en la sala de estar que comparten. Duele saber que Izuku tiene un novio y que ni siquiera pensó en decírselo.
Y le duele pensar que en algún momento deberá volver al departamento.
—¿Él... te rechazó? —pregunta Hanta; Katsuki no tiene que mirarlo para saber qué expresión tiene.
Los brazos de Eijiro todavía lo rodean; de alguna manera, se siente como si tuviera cinco años otra vez y su papá lo estuviera consolando porque se cayó de un árbol que intentaba escalar. Pero no hay tal árbol.
—Tiene a alguien más—dice Katsuki, pero las lágrimas no se detienen todavía y ensució la camiseta de Eijiro con mocos. —Ni siquiera lo sabía.
No dice más y nadie hace más preguntas, no insisten, pero los conoce lo suficiente como para saber que están mirándose entre ellos con expresiones preocupadas y sin saber qué hacer. Bakugo Katsuki no llora.
No llora, pero durante la siguiente hora se desahoga como puede, gimotea de vez en vez mientras sus ojos no paran de escurrir, y Eijiro procura tener pañuelos suficientes a la mano; hay una película palomera en la tele, botanas desparramadas por la alfombra y latas de cerveza vacías, y de pronto Katsuki es consciente de que aún lleva zapatos. Realmente arruinó el ambiente.
Se limpia la cara con las mangas de su suéter, deja sus zapatos en el genkan y va hacia la cocina; Mina sube el volumen de la televisión y, por un segundo, puede fingir que todo está normal, que no ha llegado hecho un mar de lágrimas, que es una tarde como cualquier otra y que Izuku seguramente está estudiando como el nerd que es con sus amigos nerds. Y ahora él tiene una excusa para emborracharse con sus propios amigos en un viernes por la noche...
Y llorar hasta cansarse.
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Por la mañana despierta en una maraña de extremidades que no son suyas, con el cabello esponjoso y rosado de Mina haciéndole cosquillas en la cara y la saliva de Denki secándose sobre su brazo derecho. Hay un zumbido que lo está volviendo loco y los parpados le punzan; se levanta de mala gana entre las quejas de sus amigos.
—Sí, sí, ya. Si quieren desayunar, será mejor que se levanten ya.
Si va al baño a vomitar después de eso, es asunto enteramente suyo; pues vomita hasta que solo escupe saliva burbujeante, con un nudo en el estómago que no se afloja, y maldice en voz baja su sentimentalismo, el alcohol y sobre todo, a Izuku.
Lidiar con resaca no es lo suyo, ese es el trabajo de sus idiotas; el suyo es darles agua antes de acostarlos y asegurarse de que duerman de lado para que no mueran, simple.
Es aun más simple prepararles el desayuno, pero en la condición en la que está, la cocina rosa de Eiji y Mina da vueltas en cuanto pone un pie en ella, tiene que aferrase a la encimera mientras los huevos chisporrotean, con el olor a frito atravesándolo como si fuera lo más desagradable del mundo.
—Hey.
Hanta se queda en la puerta, recargado en el marco porque claramente también esta sufriendo de una resaca infernal. Apenas lo mira.
—Kats…
El suave ‘ding’ de la arrocera lo interrumpe; Katsuki le ordena en voz baja que sirva el arroz mientras él continúa friendo. Hanta lo hace, pero duda antes de decir:
—Lo siento, yo...
Katsuki no se gira ante el tono suave y arrepentido de Hanta; continúa dándole órdenes a diestra y siniestra, su habitual yo, pero Hanta no se rinde.
—¡Por favor, escúchame! —los hombros de Katsuki se tensan y aprieta la espátula todavía en su mano. Hanta continúa: —¡Lo siento mucho! ¡No debí orillarte a que te confesaras! ¡No debí meterme en lo que no me importa!
Fue Hanta quien le dio el empujón que necesitaba para intentar hacer algo al respecto. Le habló de la vida, el odio y el resentimiento; de lo bello que era enamorarse, y de lo mucho que valía para todos ellos... con un porro en la mano. Sí bien todos sus amigos son conscientes de sus sentimientos por Izuku, que la perorata viniera de Hanta le dio un valor diferente al que hubiese tenido si Eijiro hubiese soltado toda esa mierda cursi. Eijiro ya es un maldito Sol optimista habitualmente, entonces-
—No es tu culpa —dice, y por un segundo vacila. —Tiene a alguien más. Ya está.
Hanta ya no insiste; permanece en la cocina haciendo lo que pide mientras los demás se levantan uno a uno, casi tan muertos como él mismo. Y desayunan entre quejas y arrepentimientos; y un intento grande de ignorar el elefante en la habitación.
Cuando ya no hay más quejas que inventarse, y el desayuno claramente ya se terminó, el silencio los envuelve. No es cómodo; de hecho, parece ahogarlos, y es Mina quien se atreve, finalmente, a hablar de algo que no son los maravillosos dotes culinarios de Katsuki.
—Quédate por el fin de semana, Kats.
Suena más a súplica que a una invitación, Katsuki puede sentir la mirada de Eijiro fija en él, esperando; claramente hablaron de eso. Pero aún le duele la cabeza y le duele parpadear, hacía mucho que no lloraba y le está pasando factura. Necesita su propia cama.
—No puedo.
—Pero-
—¡La última vez que me quedé, los escuché cogiendo toda la noche!
Eso revienta la burbuja de incomodidad; Denki y Hanta se carcajean en voz alta mientras la pareja parece avergonzada. Aunque no lo suficiente como para cambiar el tema.
—¡Esta vez te invitaremos, Kats! —agrega Mina, como una ocurrencia tardía.
—¡Puaj, qué asco!
Eso le da pase libre para fingir que todo está normal, la conversación se desvía y después, les ordena que limpien todo mientras él abusa de la hospitalidad de sus amigos y toma un baño; además de tomar ropa limpia prestada. No va a apestar su coche casi recién lavado con hedor a ebrio y sudor, muchas gracias.
Aunque el alcohol parece haber abandonado su sistema, aún se siente borroso, pero se ve y definitivamente huele mejor que sus amigos, que incluso después de comer, la mayoría parecen estar todavía borrachos, lo que los hace más efusivos y más pegajosos. Lo detienen camino al genkan varias veces, con la excusa de que la fiesta debe continuar, pero Katsuki no es un cobarde, irá a casa y se enfrentará a ese… Deku, que tanto… quiere. No es un cobarde.
No es un cobarde pero si tarda el doble de tiempo en llegar a casa, es problema suyo. Además de que convenientemente, el drive thru tenía descuentazos que no iba a dejar pasar sólo porque sí y una malteada bien hecha no está de más. Y, además, si toma la escalera al piso seis y no el elevador, también es problema suyo.
Estando frente a la puerta de su propio departamento, y sin poder entrar por cuenta propia, es cuando se permite aceptar que tal vez es un poquito cobarde. Sólo un poquito, así que suspira y mete la llave a la cerradura, casi salta cuando abre la puerta y la cara pecosa de Izuku es lo primero que ve.
—¡Kacchan! —dice, con voz aguda y preocupona. —¡Saliste muy tarde en la noche, yo quería-!
—No me va el voyerismo, Izuku.
Mierda. No era lo que quería decir pero al menos Izuku tiene la decencia de parecer avergonzado y quitarse del camino para que pueda entrar. La cara roja y brillante le queda bien. Es bonito, pero vuelve su atención a desatarse los cordones de las botas y arrojarlas con más violencia de la que debería.
—¿Fuiste dónde Kirishima-kun?
Katsuki resopla: —¿A dónde más iría?
Izuku lo sigue como un pollito a su mamá gallina; pasan por la cocina, dónde Katsuki comprueba que al menos Deku limpió y que su reunióncita no tuvo más inconvenientes. Arroja el envase vacío de su segunda malteada, lava sus manos y revisa el refrigerador con recelo. ¿Izuku habrá cocinado ayer para- para ese cabrón?
Deduce que no, todo en el refrigerador está tal como lo dejó; y si bien está molesto con Izuku, no va a privarlo de su maravillosa comida. Toma la carne cruda y arroja una sartén en la estufa de mala gana, y en una cacerola pone a hervir pasta.
Deku está demasiado callado, permanece recargado en el refrigerador y Katsuki puede sentir su mirada quemándole la espalda mientras él hace su papel de adulto funcional.
—¿Qué quieres, Deku? Me estás poniendo de los nervios, escúpelo ya.
Lo escucha suspirar, fuerte y dramático, pero no voltea e Izuku grita:
—¡Lo siento, Kacchan! ¡No quería que- que vieras algo así! — Katsuki no necesita voltear para saber que se ha convertido en un tomate vivo. —¡Nunca estás en casa los viernes y creí-! ¡Hitoshi solo-! ¡No debí-!
—Estás murmurando.
—¡Ay!
Katsuki ha estado enamorado de Midoriya Izuku desde que puede recordar. No tiene citas jamás, corrió lejos del juego de la botella toda la secundaria y ha rechazado a toda persona que se le ha declarado en los últimos tres años... Y aunque vivir juntos es todo un regalo y la peor de sus pesadillas, no lo cambiaría por nada, puede verlo como nadie más lo hace; recién levantado, con el cabello hecho un lio y con saliva seca en el mentón.
O eso creía, el día anterior estaba muy bien acompañado; un tipo con ojeras enormes y cabello morado. Ambos sonrojados y desnudos de la cintura hacía abajo, al menos tuvieron la decencia de parecer avergonzados y cubrirse cuando lo notaron congelado bajo el umbral de la sala. Katsuki se obligó a reír, se carcajeó ante ellos sin gracia y con el corazón perforándole las costillas, e Izuku se tragó su acto después de sus amenazas sobre dañar el sillón.
Se encerró en su habitación, esperando a que la puerta del dormitorio de Izuku se cerrara y salió como alma que lleva el diablo directo al departamento de Eijiro sin mirar atrás. Saber que Deku tiene un novio dolió. Dolió haberlo encontrado en medio de un ‘te amo’ que quizá no correspondió porque Katsuki lo interrumpió al llegar de imprevisto.
—¡De verdad estoy muy apenado contigo, Kacchan! —su voz es aún más chillona, si es que eso es posible. —¡Tam-también vives aquí! Y-y-y fue- fue descortés…
—No necesito más detalles —dice, carraspea un poco, con la mirada en la sartén. —Sólo, avísame si tendrás compañía, la próxima vez.
Sería de gran ayuda, pero Izuku no parece aliviado, de hecho, parece más que horrorizado, con la cara peligrosamente rosada, como si fuera a explotar.
—Es que, ¿seguro que está bien? Es-es… ¡No quiero que te molestes!
—No me importa con quien tengas coito, Deku.
¡Ja!
—¡No lo llames así!
—Oh, ¿entonces metesac-?
—¡Cállate, Kacchan!
Katsuki se ríe, pero es apenas una risita. Por un momento, todo pareció normal.
—No es como si no supiera que estabas haciendo, Deku. No me importa.
—¡Es vergonzoso! ¡Yo jamás te he visto a ti en medio-! ¡Eres discreto! —exclama, todavía sonrosado. —¡No es que planeé verte… así!
Es inevitable, Katsuki se sonroja, y es que le parece gracioso que Izuku crea que tiene más experiencia que él. También se ríe, por lo hilarante de su situación. Ojalá le caiga aceite hirviendo en la cara.
—Te avisaré si invitó a alguien —dice Katsuki, sin mirarlo si quiera. —Pásame los platos.
Izuku lo hace, y después de eso, cenan en un incómodo silencio
