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Normalmente, Ferran no era alguien que juzgaba a una chica sexy por probar algo nuevo en la cama, oye, que era un chico de veinticuatro años con mente abierta y una conducta sexual sana, pero pensaba que era totalmente razonable pedir alguna advertencia antes de que una chica con la que estaba conectando le metiera un dedo en el culo.
—Whoa, ¿qué haces? —dijo con una sonrisa, mirando a la rubia desnuda entre sus muslos. La vista era fantástica, la curva de su cintura y trasero le estaba haciendo agua la boca, pero el dedo mojado en el culo de Ferran lo tenía demasiado espantado como para apreciar completamente la vista.
Julia dejó de chupar su polla el tiempo suficiente para sonreír y decir.
—Relájate. Tal vez te guste. A mi ex le gustaba tener un dedo en el culo durante una mamada. Dijo que se sentía más intenso.
Ferran sacudió la cabeza riendo.
—No estoy en ese tipo de cosas, bebé…
Ella torció su dedo y Ferran vio las estrellas, su cuerpo se convulsionaba mientras dejaba escapar lo que probablemente fue una mezcla entre un grito y un gemido. Él se corrió, y se sintió desorientado, su cuerpo temblando de placer.
Cuando Ferran finalmente fue capaz de enfocar su mirada de nuevo, se encontró con Julia mirándolo con una mirada de asombro en su rostro.
—Wow —dijo débilmente antes de sonreír—, no estás en eso ¿eh?
Ferran se sonrojó, sintiéndose incómodo, avergonzado y asustado, por lo que rápidamente les dio la vuelta y se hundió en ella hasta que se olvidó incluso de su propio nombre, y más importante... de ese incidente.
Después, cuando la puso en un taxi y se dio una larga ducha, Ferran trató de no pensar en lo que había sucedido. No era un gran problema. No lo era.
***
—Ya suéltalo.
—¿Qué? —dijo Ferran dentro de su vaso de cerveza.
—Tienes algo en mente —dijo Eric García —. Suéltalo.
Ferran bajó su cerveza y miró a su mejor amigo a través de la mesa antes de pasear su mirada alrededor del pub.
—No sé lo que estás hablando, hombre.
Silencio.
Suspirando, Ferran volvió a mirar a Eric, que se limitó a levantar las cejas, expectante. A veces Ferran odiaba lo bien que Eric lo conocía. Como que, eran camaradas y todo, pero apestaba ser un libro tan abierto para Eric. Siempre le había molestado a Ferran, en el pasado cuando iban a la escuela secundaria juntos, que Eric nunca había comprado su mierda cuando Ferran alardeaba sobre sus conquistas. Eric siempre se burlaba con esa mirada molestamente divertida en los ojos, cada vez que Ferran... exageraba las cosas un poquito.
Era molesto que todavía no pudiera mentirle a Eric ni una mierda, incluso luego de todos estos años. No era como si fueran inseparables hoy en día. Ya no iban a la misma escuela: Eric estaba en la escuela de derecho, mientras que Ferran no se había molestado con la Uni luego de la sexta aplicación, había decidido trabajar en el pub de su familia en cambio. Tenían diferentes amigos en estos días, diferentes intereses y todo.
Pero que mierda. Eric García seguía siendo su mejor amigo. Eran compañeros de por vida; Ferran lo sabía.
No habían perdido el contacto incluso en el año en que Ferran había vivido con sus abuelos en Valencia. Cuando había regresado a Barcelona, su amistad era tan sólida como siempre. Ferran había sido la primera persona con la que Eric había salido del closet, la persona en que Eric había confiado más. Como que, aunque realmente ellos no hablan sobre sentimientos, ya que no eran niñas, pero ambos sabían que se cuidaban la espalda el uno al otro, sin importar qué.
Razón por la cual Ferran estaba considerando la posibilidad de compartir su problema con Eric.
Lamiéndose los labios, Ferran se quedó mirando a su mejor amigo con incertidumbre. Eric le devolvió la mirada, sus ojos avellana expectantes.
—¿Recuerdas la chica rubia con la que salí hace unos días? —dijo Ferran.
Eric tomó un sorbo de su cerveza, pero había algo de curiosidad en sus ojos ahora. Eric sabía que Ferran no se enganchaba con sus ligues ocasionales. Ferran ligaba un montón; era fácil, divertido y sin complicaciones, lo cual era básicamente su lema de vida.
—¿La que estuvo manoseándote la polla en la pista de baile? —dijo Eric.
—Sí —dijo Ferran, inclinándose hacia atrás en su asiento con una sonrisa. Eric resopló.
—Sácate esa estúpida sonrisa. Pareces un idiota. Uno más grande de lo normal.
—Las chicas que se van a casa conmigo todas las noches, claramente no están de acuerdo contigo, y lo siento, su opinión es la que cuenta.
Eric se rio.
—Es jodidamente adorable que realmente pienses que follan contigo a causa de esa sonrisa idiota. Agradece a tus padres por tus genes. Ese es el único motivo por el que logras follar. Aunque, personalmente, no veo el encanto.
Ferran rodó los ojos. En privado, él siempre pensó que Eric exageraba un poco todo ese asunto de... no encontrarlo atractivo. Era un poco insultante, de verdad. No era algún tipo de gilipollas homofóbico. Eric debería saberlo ya. No iba a salir gritando si Eric admitía que Ferran era caliente, objetivamente hablando.
Como que, Ferran era perfectamente consciente de ser un poco vanidoso, pero era por una razón, ¿de acuerdo? No era su culpa que a las mujeres les gustara tanto. Era un tipo bien parecido, en forma objetiva. Tenía un bonito cabello negro y ojos mieles. Las chicas enloquecían con sus ojos… lo cual, a decir verdad, Ferran no entendía, pero lo que sea.
—Mis padres no me dieron estos bebés —dijo Ferran, acariciando su abdomen.
Eric se rio.
—¡Por favor! No me digas que llamas “bebés” a tus abdominales. Por favor.
—Oh, vete a la mierda —dijo Ferran, pateándolo por debajo de la mesa —. Desearías que tu cuerpo fuera tan sexy como el mío — Bueno, para ser totalmente honesto, Eric estaba tan en forma como él. En realidad, eran exactamente de la misma altura y de contextura similar. Eric podría o no tener mejores brazos, pero Ferran no iba a admitir eso en voz alta. Nunca.
—Cierto —Eric descartó rodando los ojos—. Entonces, ¿qué pasó con esa chica rubia? ¿No pudiste hacer que se corriera o algo?
—Vete a la mierda. Deberías saber que la hice gritar — Ferran bajó la mirada hacia su cerveza—. Fue sólo que... ella hizo algo... fue extraño y un poco asqueroso, pero no puedo dejar de pensar en ello ahora —lanzó una mirada hacia Eric y lo encontró con el ceño fruncido.
—¿Algo? — dijo Eric.
Ferran sintió que su cara se ponía caliente.
—Como… ella puso un dedo en… en mí.
Silencio.
—¿No te gustó?
—No… sí… yo —Ferran gimió, incapaz de mirarlo a los ojos—… Me gustó, hombre. Ese es el problema. Nunca llegué tan duro. No puedo dejar de pensar en ello ahora, y está jodiéndome la mente. ¡No soy gay! ¡Sabes que no lo soy!
—Ferri.
Ferran se obligó a mirarlo.
Eric tenía una expresión de incredulidad en el rostro.
—Te das cuenta de que los tipos homosexuales no son las únicas personas que pueden sentir placer por la estimulación anal, ¿verdad? En realidad, a algunos tipos homosexuales ni les gusta. Un dedo en el culo no te hace insatisfactorio de algún modo, hombre. Mucho menos intenso.
Miró a Eric implorante
—. Eres gay… Lo entiendes, ¿verdad? gay, imbécil.
Ferran exhaló. Eric tenía razón. Eric lo sabía mejor. Eric era en realidad homosexual. A diferencia de Ferran.
—Pero —dijo, mordiéndose el labio—. El problema es que me tiene mal… la cosa dedo. Ni siquiera puedo pajearme sin sentir que algo falta. Me follé una chica super caliente ayer y se sintió… no sé.
Eric lo miró con extrañeza.
—No realmente, en realidad. No soy —Se pasó los dedos por su cabello castaño con una sonrisa irónica—… No es lo mío, Ferri.
Ferran parpadeó.
—Pero eres gay —Se sentía casi traicionado. Se suponía que Eric era la persona que lo entendería.
Eric le dio una mirada algo pícara.
—Como dije, no a todos los homosexuales les gusta — Se encogió de hombros—. No hace mucho por mí. No vale la pena la molestia. Creo que mi próstata no es tan sensible. Pero parece que la tuya sí, así que felicidades. Disfrútala.
Ferran lo miró con incredulidad. ¿Disfrutar?
—¿Estás bromeando, hombre? ¿Ese es tu consejo?
Eric se rio entre dientes.
—¿Qué tipo de consejo quieres? Compra algún buen lubricante y prueba con tus dedos.
—Mantén la voz baja, maldición —dijo Ferran, con el ceño fruncido dentro de su cerveza. Hasta sus orejas se sentían calientes—. Soy un hombre heterosexual. Los hombres heterosexuales no hacen eso.
Eric exhaló con fuerza.
—Dios, eres un idiota. ¿Dime por qué somos amigos de nuevo? Tengo amigos mucho más relajados.
Ferran golpeó su rodilla contra la de Eric.
—No mientas —dijo, sonriendo—. Soy tu mejor amigo. Todos tus amigos del colegio de abogados de lujo son aburridos y horribles. Y soy totalmente el mejor copiloto que un gay pueda desear.
Eric resopló.
—No recuerdo que nunca fueras mi copiloto. No necesito un copiloto al que arrastrar de todas formas.
—¿Por qué crees que levantas algo cuando salimos juntos? Los homosexuales te ven con un tío caliente como yo y piensan que no eres el perdedor que realmente eres.
—Sí —dijo Eric secamente—. debe ser eso.
—Oh, no me jodas.
Cayeron en un silencio agradable. Ferran echó un vistazo hacia la barra, pero no parecía que Lamine necesitara ayuda. Lamine era nuevo, pero no era la hora pico. Él debía estar bien.
—Lo digo en serio, amigo —dijo Eric, haciendo que Ferran volviera a mirar hacia él—. Consigue un buen lubricante y pruébalo. Si se siente tan bien como dices, te debes a ti mismo el probarlo. Si se trató de un golpe de suerte, no hay daño. Si no fuera así, bien por ti. Ponerte un dedo en el culo no te hará gay —Eric resopló y levantó las cejas— ¿Salvo que estés inseguro de tu heterosexualidad?
Ferran entrecerró los ojos.
—Que te den. No estoy inseguro —Era cien por ciento hetero. Eric lo sabía mejor que nadie.
Recostado en su asiento, Eric lo miró por sobre el borde de su vaso de cerveza. —Entonces hazlo. ¿Qué tienes que perder?
Más tarde esa noche, Ferran se quedó mirando el techo de su habitación, jadeando como si acabara de correr un maratón, su polla gastada, sus dedos todavía enterrados en su culo, su cuerpo aun hormigueando luego del orgasmo más intenso de su vida.
No podía esperar a volver a hacerlo.
Y otra vez, y otra vez, y otra vez.
—Mierda —susurró.
Era todo culpa de Eric.
