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Haechan ya se había destapado en el momento que vió el visto de parte Mark, dandole como señal que la no respuesta significaba solo una cosa: él lo estaba observando en ese momento. Ante esa simple idea, se mordió el labio inferior mientras sobre su boxer, la única prenda que llevaba en ese momento ante el calor interior que se había visto corporal, comenzaba a acariciar su bulto. Inició lento, cerrando sus ojos y dejando leves suspiros salir por sus labios pomposos.
Las manos traviesas dejaron de tocar la tela suave para meterse dentro de ella y hacer tacto directo con la piel de su miembro. Un suspiro más prolongado y de alivio salió de él al acariciar su longitud. Podría decir que no había puro, era él solo en su habitación pero tan así no era. El enojo sumado a la excitación lujuriosa se habían acumulado a lo largo del día ,por lo que los movimientos empezaron a ser más rápido, está vez rodeando su pene con sus manos.
—Ah, si. —lamió sus labios, sus ojos aún cerrados imaginándose a Mark… su Markie.
Mientras con su mano se masturbaba, con la otra bajó su bóxer en una maniobra bastante complicada pero que terminó cumpliendo su objetivo. Ahora se encontraba totalmente desnudo. De solo pensar que Mark lo estaba mirando, causó un pequeño estrago en su pene.
—Mierda, Mark… —gimió aumentando la velocidad.
Llevó su mano libre hacia su boca y metió dos de sus dedos, chupandolos lascivamente. Cuando sintió que estaban lo suficientemente mojados, giró en su cama quedando en cuatro. Siguió estimulando mientras llevaba su mano húmeda hacía su entrada y metió esos dedos sin más, necesitado de sentir algo dentro de él -aunque deseaba que fuera otra cosa pero por el momento, serviría-.
—Oh, así Markie. —gimió moviendo sus dedos primero lentamente pero luego aumentando la velocidad, metiendo un tercer dedo. —Oh Markie, te sentís tan bien. —estaba perdido en su imaginación.
En su mente, sus dedos se convirtieron en el miembro del peliazul. Todo su cuerpo temblaba con solo el hecho de pensarlo a él tomándolo posesivamente y cogiéndolo duro hasta olvidarse quien era y dónde estaba.
Necesitaba tanto que sucediera eso pero mientras podía confirmarse con la imaginación y el ser observado desde lejos -aunque no por mucho-.
Los movimientos se volvieron desenfrenados, casi rudos. Sus rodillas flaqueaban pero eran a la vez lo único que lo mantenían a punto de derrumbarse contra su colchón. Su mejilla izquierda se encontraba totalmente aplastada contra la almohada mientras los gemidos salían fuertes desde su garganta, sin una pizca de vergüenza.
Quería ser escuchado, quería que esa pequeña cámara pudiera captar los sonidos imprudentes y llegarán hasta él, su peliazul.
—Markie, Markie… estoy… estoy cerca. —se lo imaginó dando las últimas estocadas llegando a su próstata. Un gemido fuerte y tembloroso salió de él para luego dejarse caer contra sus sábanas manchadas con su semen. —Oh mierda. —dijo con sus respiración errática.
Giró sobre sí mismo, miró directo hacia la cámara y sonrió para luego dejarse llevar al sueño profundo.
