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Cualquier petición que un Bakugou le hiciera
Izuku había estado consciente desde el comienzo que salir con un alfa divorciado y con hijos jamás sería fácil. No con su estatus de esterilidad a pesar de ser omega, con la ex presente, y dos críos pequeños que jamás serían suyos. Pero cuando Katsuki le preguntó si estaba interesado en almorzar con él (trabajaban cerca, así que no era salir tanto de su rutina), y luego a tomar café (para eso tenían que reunirse en un punto en común) y después a cenar (que ya implicaba partir desde casa, y para su cita, buscar una niñera para sus gemelos), Izuku ya estaba tan enamorado que el siguiente paso (conocer a sus hijos) fue inevitable.
Y no por ello menos doloroso.
En un pasado no demasiado alejado el presente, Izuku había estado casado con Tomura. Pareja desde tiempo atrás, la suya había sido una relación con todos los hitos esperados y que culminó en una bonita boda que apareció como la nota cumbre de la sección de sociales en el periódico porque su esposo era el hijo de un conocido empresario, y por lo tanto, el suyo un matrimonio analizado bajo la lupa del escrutinio público.
Y por 2 años, nada había sido distinto a lo que conocían hasta que extrañados por no tener un embarazo, habían acudido al médico por un chequeo de emergencia. Ahí es donde Izuku se enteró que su útero no conectaba a ningún sitio, que sus ovarios eran inmaduros, y que sus probabilidades de engendrar un cachorro eran de 0%.
Sin esperanzas para convertirse en padres por medios naturales, fue Tomura quien rechazó la adopción a pesar de ser él adoptado, y de paso, quien empezó los procedimientos de divorcio con tal rapidez que Izuku no proceso su separación sino hasta casi 3 meses después, cuando superado al duelo de jamás convertirse en madre le siguió el de su divorcio con aquel que había creído que sería el amor de su vida.
Sin deseos de atormentarse demasiado con aquella serie de caminos que ahora jamás recorrería, el omega se mudó a su propio departamento y cambió de trabajo al no impartir más clases de primaria y en cambio certificarse como profesor de preparatoria. Cubriendo sus bases para no echar más sal a la herida, se distanció un poco de sus amigos con hijos y creó una vida alrededor de intereses adultos con la finalidad de no tener que enfrentarse más a sus deficiencias como omega.
Dando por sentado que esa sería su vida de ahí en adelante, con lo que Izuku no contó fue con cruzar caminos frente a Bakugou Katsuki y sus cachorros gemelos Mahoro y Katsuma.
Daba la casualidad que vivían en el mismo barrio residencial, aunque Izuku en un edificio de departamentos y Katsuki en una casa que había pertenecido a sus padres antes de que estos se mudaran al norte en su jubilación. El alfa era divorciado, y su ex era una beta que le había otorgado la custodia total apenas los cachorros cumplieron 1 año porque descubrió que esa vida no era para ella, así que ahora tenía a su cargo a dos niños de 6 años que lo reconocían como su único padre y se referían a su madre por el nombre de pila.
Y justo esa era la familia con la que Izuku había cruzado caminos en el supermercado cuando jugando entre sí, Mahoro empujó a Katsuma contra una pila de latas e Izuku evitó un accidente al sujetar al niño fuera de peligro. Katsuki se acercó a averiguar qué destrozos habían causado sus hijos, y una cosa llevó a la otra con el alfa invitando a Izuku a almorzar en vista de que trabajaba cerca de su escuela y sus horas de comida coincidían a la perfección.
Sin un interés real en volver a salir en citas o llevarse un chasco amoroso, Izuku había estado reticente al comienzo, pero acabó por ceder cuando luego de ese primer almuerzo se sintió tan infatuado con Katsuki que sólo tenía dos opciones: Enamorarse del alfa y sufrir, o apartarse de él e igual sufrir. Sin una alternativa real, lo único que Izuku pidió fue ir despacio, revelando que había pasado por un divorcio pero sin entrar en los detalles de su separación, y Katsuki tuvo la prudencia de dejarlo ir a su ritmo.
Aunque Izuku conocía a los gemelos de Katsuki, al comienzo evitó su compañía y las invitaciones que el alfa le hacía de pasar tiempo los cuatro juntos. Escudándose bajo razones que sonaban tontas hasta para sus oídos, lo que Izuku pretendía era pasar el menor tiempo posible con aquella familia de tres que ya tenía la estampa de perfección y en donde él no encajaba.
Por mucho que Katsuki le hubiera asegurado que lo suyo con Camie hacía años que se terminó y que los cachorros consideraban a su madre más una amiga lejana de la familia que los visitaba 1 ó 2 veces por año y que aparecía con obsequios y abrazos pero no afecto materno real, Izuku guardó su distancia e intentó no encariñarse demasiado con los niños en las ocasiones en las que coincidían.
Katsuki era tan buen padre que seguido organizaba salidas para ellos, y como era de esperarse, invitaba a Izuku a unírseles porque los cachorros así lo pedían. En esos momentos, era cuando más duro le resultaba a Izuku negarse, siendo su omega quien se mostraba reacio a rechazar la oferta.
—Es tan duro no seguir mis instintos —le confió Izuku a su amiga Ochako, quien por casualidad daba clases en la misma escuela que él y de paso era quien le había conseguido el empleo—. Es decir, adoro a Mahoro y a Katsuma, ¿cómo no hacerlo cuando son pequeñas copias al carbón de Katsuki? Mahoro es tan impulsiva como él, es una pequeña chispa; y Katsuma tiene sus mejores cualidades y esa amabilidad que sólo cuando baja la guardia es posible apreciar. Ambos son parte de Katsuki, y los amo tanto como a él…
—No veo cuál es el problema —le respondió su amiga, siempre dispuesta a prestarle un hombro en el que pudiera apoyarse—. Hasta ahora, sus interacciones han sido buenas.
—Tú misma lo has dicho, ‘hasta ahora’… Pero todo cambiará una vez que Katsuki sepa que no puedo darle cachorros y rompa conmigo igual que hizo Tomura.
—Tu ex es un maldito hipócrita. Mira que romper contigo cuando sugeriste adoptar siendo que él lo es —masculló Ochako poniendo los ojos en blanco—. Mira, no puedo decidir por ti, pero si aceptas mi consejo… No eres el único en esta relación que está enamorado, y Katsuki sabrá escucharte y comprender por lo que pasas. Y si llegara a ocurrir en el remoto caso que no es así, entonces es porque él no era el indicado.
Izuku suspiró. —Eso es lo que me temo. Me he encariñado demasiado con él, y de sus hijos…
Justo lo que no quería hacer, pero ya no había vuelta de hoja cuando a pesar de poner distancia en un comienzo, Izuku no había conseguido llevar una vida separada del alfa o sus cachorros.
Ah, sólo esperaba que al romper con él, Katsuki fuera más amable de lo que lo fue Tomura.
Katsuki no sólo no rompió con él, sino que escuchó a Izuku narrarle entre lágrimas la actitud déspota que su ex había tenido al pedir el divorcio y humillarlo. Después, hizo preguntas referentes a sus planes a futuro, si consideraba adoptar o probar con algún otro medio para garantizar su maternidad, pero el omega se encogió de hombros.
—Hace tiempo que renuncié a esa idea… Cumplo los 40 en 2 años, y a mi edad ya no me imagino cargando un bebé en brazos o levantándome a medianoche a cambiar sus mamilas o pañales.
—¿Pero estás negado a la idea de cachorros en general? Porque… Mis hijos y yo somos uno; no puedes tenerme sin aceptarlos a ellos —le recordó Katsuki lo único que era inamovible en su vida: Sus hijos iban en primer sitio.
En gran medida, Izuku estaba consciente de ello y lo aprobaba porque él haría lo mismo, y de paso, jamás saldría con un alfa que anteponía su botón al bienestar de sus cachorros, pero carajo, vaya si dolía tener aquella conversación porque implicaba escarbar en tejido cicatrizado de su pecho y revelar porciones de sí que prefería ignorar.
Pero, como suele suceder en esos casos, ir un día a la vez ayudó, e Izuku se volvió poco a poco parte de los Bakugou al estar no sólo para Katsuki sino también para los niños, viéndolos graduarse de kindergarten, asistir a su primer día de primaria, celebrar con ellos la caída de sus primeros dientes, y también ayudar cuando de tareas se trataba.
Aprendiendo a confiar el bienestar de sus hijos al omega, Izuku se volvió una especie de segunda madre para estos, y se embebió en la fantasía de que a pesar de todo eran una familia. Ni siquiera las visitas anuales de Camie arruinaban la ilusión porque ésta conocía de sobra su papel y no excedía sus límites, e Izuku intentaba hacer lo propio al limitar cuántos días se quedaba en casa de los Bakugou, no utilizando la llave que Katsuki le había dado sin antes avisar, y en general, no asumiendo responsabilidades que no le correspondían a pesar de que los cachorros algunas veces se habían confundido queriendo llamarlo ‘mamá’ antes de utilizar el Deku que había sido motivo de risas cuando aprendieron a leer kanjis.
En un limbo donde el omega podía pretender que era su madre pero conocía bien sus limitantes, los cachorros llegaron a sexto año de primaria, e Izuku se sorprendió pensando que los conocía por más de la mitad de sus vidas y ya no imaginaba no estar a su lado por lo que les restaba de existencia. Un pensamiento de solidez y que hablaba de compromiso, pero en donde Izuku seguía marcando firmemente su línea al no asumir ciertas responsabilidades, como acudir los días en que se invitaba a los padres a presenciar las clases de sus hijos, a firmar permisos o tareas, o incluso, llenando su agenda en día de festivales u otras celebraciones porque no quería vivir la decepción de ni siquiera ser invitado.
Asumiéndose como amigo de la familia, en el mejor de los casos, novio de Katsuki pero sin conexión con los cachorros, Izuku había llegado a un punto de su vida donde su omega deseaba más pero era él quien se veía incapacitado de pedirlo, y entonces…
La cercanía de aquel día de madres en el último año de primaria de Katsuma y Mahoro hizo a Izuku entristecerse un poco porque nuevamente no tendrían a nadie a su lado durante el festival que se celebraba en su escuela. Camie ni de broma estaba de visita en Japón durante el mes de mayo, y aunque así fuera, los cachorros no tenían ninguna intención de invitarla, así que era tarea de Katsuki escribir a la escuela pidiendo que se les dispensara de esa ceremonia.
Excepto que no ocurrió así, y sufriendo pinchazos en el pecho porque a su alrededor todo eran anuncios de celebrar el día de las madres y recordatorios constantes de lo que jamás tendría, Izuku se llevó una enorme sorpresa cuando días antes, una noche en que se quedó a dormir en casa de los Bakugou a pesar de que se sentía excediendo su estancia (pero todos se lo pidieron), Izuku despertó casi 1 hora antes de lo usual cuando Katsuki abandonó su sitio en la cama y se reunió con sus cachorros en el piso de abajo.
Tratando de dormir pero escuchando su barullo en la cocina, Izuku toleró casi 20 minutos de ruido antes de bajar a inspeccionar que ocurría, y en las escaleras se topó a los gemelos frente a la estufa preparando pancakes adornados con fruta, en resultados más o menos decentes.
Paralizado en su sitio, Izuku no hizo notar su presencia pero Katsuki sí lo percibió, y haciéndole señas desesperadas de volver a subir, después le acompañó.
—¿Qué haces? —Siseó al empujarlo de vuelta al dormitorio—. Vas a arruinar la sorpresa.
—¿… qué?
—Los críos quieren sorprenderte en la cama con el desayuno y pedirte algo. Tienes que fingirte dormido —le pidió después, acariciando su mejilla con una mano y casi consiguiendo que se derritiera en el proceso.
—Yo-…
—Vamos, Izuku —le pidió el alfa, guiándolo hasta la cama y convenciéndolo de acomodarse entre las almohadas y cerrar los ojos como si descansara—. Hazlo por ellos, pero también por mí.
Porque nunca había sido bueno para negarse a cualquier petición que un Bakugou le hiciera, Izuku cumplió las órdenes del alfa y se fingió dormido por casi 10 minutos hasta que el ruido de voces y pisadas se hizo más notorio, y de pronto tuvo a los cachorros en su habitación y llamándolo Deku en voz alta.
—Tendrán que probar de esa otra manera si quieren obtener resultados —dijo Katsuki, y lo que siguió fue una palabra que Izuku jamás creyó escuchar dirigida a él.
—¡MAMÁ! —Dicho en coro, y con alegría.
—Despierta, mamá.
—Sí, te preparamos el desayuno, mamá.
Abriendo un ojo y con el corazón sobrecogido de que fuera una broma o estuviera escuchando mal, Izuku presenció a los gemelos sosteniendo una bandeja que contenía los pancakes de antes y un aromático café, además de un pequeño florero y en él tres margaritas.
—C-Chicos —dijo Izuku, todavía conteniéndose.
—Ahora sí, pueden pedírselo —autorizó Katsuki a sus hijos, y los cachorros se acercaron para colocar la bandeja en su regazo y con alegría hablar del festival que se celebraría en su escuela, del desfile, y el bailable, los obsequios, y también el asiento que habían reservado para él…
Porque sin lugar a dudas lo que ambos le pedían era que acudiera como su madre, e Izuku se tensó. Claro que quería ir, por supuesto que quería cubrir ese puesto y ser la madre de aquellos niños a los que amaba como si fueran propios, pero… Su mirada se dirigió nerviosa a Katsuki, y éste sumó a la sorpresa al colocarse despacio sobre una rodilla y mostrarle que alrededor del tallo de una de las margaritas iba un anillo que a todas luces era de compromiso.
—Les dije que no se veía —murmuró Mahoro con impaciencia, pues al parecer su colocación había sido idea de los tres y los tres estaban al tanto de lo que implicaba.
—Como podrás deducir, no soy sólo yo quien te pide que te cases conmigo —dijo Katsuki, acercándose a Izuku para limpiar las lágrimas que le corrían por el rostro—, pero aunque parece tarea en equipo, debes de saber que lo más duro no fue decidir que formaras parte de nuestra familia, sino ponernos de acuerdo en el anillo.
—Papá tiene unos gustos muy raros —dijo Katsuma.
—Le falta elegancia —secundó Mahoro.
—¡Bah!, críos sin sentido de la moda —se defendió el alfa.
Y entre que reían y discutían como era usual entre ellos, fue Mahoro quien deslizó el anillo en el dedo de Izuku y después lo abrazó con todas sus fuerzas.
—Ah, mamá —dijo al acurrucarse a su lado, la primera pero no la última de aquella manada que había subido a cuatro miembros y donde Izuku se sintió pertenecer a la perfección.
Sin ese dolor sordo en el pecho que le hacía sentirse como mero espectador de la familia que siempre asumió que jamás llegaría a tener, Izuku tuvo que centrarse en el único problema al que se enfrentaba en el futuro inmediato: ¿Qué vestir en el festival del día de las madres?
El resto, dedujo él, no tenía importancia hasta pasada esa importante fecha.
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