Chapter Text
—¡Qué emoción… qué emoción… ¡QUÉ EMOCIÓN! —la exclamación melódica rebotó por todo el puente de mando Autobot. Jazz giraba sobre sí mismo, balanceando los hombros y las caderas con descaro, el visor brillándole como si acabara de consumir una dosis de estimulantes.
—¡Oye! —gruñó Prowl sin apartar la vista de los paneles, los servos pasando por el teclado—. ¿Podrías guardar la compostura? No tengo la menor necesidad de soportar esto antes de que empiece.
—No seas aguafiestas, Prowl —Jazz se inclinó hacia él, apoyando un codo en la consola, todavía contoneándose—. Será muy divertido.
—Discúlpame si yo no lo encuentro placentero —respondió Prowl, escupiendo tanto sarcasmo como pudo.
—Podría serlo… —Jazz ladeó la cabeza, con una sonrisa ladeada y sugerente— si hicieras el intento.
—No voy a rebajarme a algo como eso. Todavía conservo mi dignidad y pretendo que continúe así.
—Sí, claro —Jazz rodó los hombros con exagerada ironía.
A Prowl no le gusto lo que insinuaba.
—Mira —dio un paso al frente, erguido, dominante—. Tú puedes ir, revolcarte entre la mugre y la indecencia tanto como quieras. Pero yo no voy a sacar tu popa de la zanja donde te quedes atascado!
—Tranquilos, ambos —intervino Optimus al ingresar al puente, seguido de cerca por Bumblebee. La intensidad disminuyó cuando se colocó entre ellos—. Jazz, me alegra que estés tan entusiasmado por participar en esto y que tengas un procesador tan abierto.
—Y sé —añadió, girando levemente la óptica hacia Prowl— que no estás del todo de acuerdo.
—Es una pérdida de recursos, Optimus —replicó Prowl sin dudar—. No tiene sentido congregarnos para esto.
—Tú sabes cuál es su importancia.
El Ignis Spark.
La mayor congregación de mechs, sin importar su afiliación. Todas las líneas divisorias, materiales o imaginarias, son completamente suspendidas durante el equivalente terrestre de una semana laboral: cinco días y cinco noches de convivencia neutral.
Bajo esta premisa, toda actividad relacionada con el conflicto y/o la guerra queda suspendida.
Desde la perspectiva de los aliados nativos del planeta, se percibe como un alto al fuego sin intención real de resolver el conflicto. En esencia, una ridiculez. Son pocos los humanos que comprenden que la fisiología cibertroniana dista significativamente de la suya en el aspecto reproductivo.
A diferencia de los humanos, cuyos estados reproductivos son variados y desincronizados, los nuestros presentan un rasgo distintivo: en determinados periodos de nuestra existencia experimentamos un breve deseo reproductivo intenso y, en muchos casos, difícil de controlar.
Lo cual representa un problema. Nadie desea sentir cómo los paneles pélvicos se recalientan y la chispa entra en un estado de sobreexcitación en medio de un campo de batalla, mientras el enemigo dispara en todas direcciones.
Existe otro inconveniente. Calcular los ciclos reproductivos individuales de cada cybertroniano es impredecible e inexacto. Afortunadamente, se descubrió que una alta concentración de individuos puede inducir este estado de forma sincronizada.
De esta manera, se elimina cualquier preocupación futura al respecto.
Claro que aquellos con morales demasiado rígidas y conflictos personales, no toleran tales argumentos.
—Es una excusa —sentenció Prowl, con desdén— para comportarse igual o peor que las bestias de este planeta.
La decepción emana del campo de energía de Optimus como una onda tenue pero perceptible; la luz azul de sus ópticos se atenuó apenas ante la renuencia inflexible de su segundo al mando.
El puente se volvió denso.
—Creo que el tema en cuestión sería un menor problema si no tuviera que incluir a los Decepticons para empezar —intervino Red Alert desde su estación, rígido en su asiento, los dedos crispados sobre la consola como si esperara una alerta inminente. Aunque había permanecido en silencio, la tensión en sus placas era evidente.
—No puede ser tan malo… ¿verdad? —Bumblebee habló esta vez con menos firmeza de lo habitual.
Era evidente su juventud frente al resto de la tripulación; la incertidumbre se filtraba ligeramente en su campo.
No es que Bumblebee fuera precisamente un infante. Pero si será su primera vez en el Ignis Spark.
—No. Claro que no —se apresuró a responder Optimus, enderezando su postura—. Sé que es inusual, pero forma parte de nuestra cultura y de nuestra fisiología. Además, existen reglas establecidas para que los conflictos entre facciones no sesguen el proceso.
Bumblebee apartó la mirada, los ópticos bajando hacia el suelo metálico del puente, todavía sin convencerse del todo.
—Yo también estaré presente. Y no estás obligado a convivir con nadie si no lo deseas.
—¿Y qué pasa con la fragmentación? —preguntó Jazz con aparente ligereza, apoyándose contra una consola como si el asunto no fuera lo suficientemente complicado.
La incomodidad cayó sólida en el puente. Varias miradas se cruzaron. Mientras las pantallas y monitores titilaban. El silencio que siguió fue espeso, incómodo.
Optimus carraspeó suavemente, tratando el asunto con la naturalidad que pudo reunir.
—Bueno, pues… tampoco estarás obligado a interactuar con nadie, fuera o dentro de la facción, si no lo deseas.
—Pero si decidieras hacerlo —añadió Jazz, encogiéndose de hombros con media sonrisa—, nadie te juzgará por ello. Al final, es la razón por la que nos tomamos tantas molestias.
—Es cierto que el principio básico es regular y controlar nuestros protocolos de celo dentro de un espacio neutral y controlado —continuó Optimus —. Razón por la que no podemos descalificar a la facción Decepticon, como cibertronianos que son. No pretendo verlo necesariamente como la meta de todo.
—Es una forma muy conveniente de justificar el revolcarse con el enemigo —escupió Prowl con desagrado.
—Por eso precisamente prefiero quedarme aquí —secundó Red Alert, acomodándose con rigidez en su asiento, como si el simple hecho de mantenerse en su puesto le ofreciera una trinchera segura.
Optimus llevó un servo a su placa facial, presionando con lentitud calculada. El leve chirrido del metal contra metal delató una frustración que intentaba mantener bajo control. La conversación giraba en círculos.
Jazz, percibiendo el desgaste en su líder, decidió intervenir para aligerar el ambiente.
—No les hagas caso, Bee —dijo con tono despreocupado, balanceándose sobre los talones—. Prowl necesita aprender a relajarse. Empezando por retirar la viga de metal que lleva atorada en el tubo de escape.
Bumblebee carraspeó con rapidez, cubriéndose la boca con el dorso de la mano para ahogar la carcajada que amenazaba con escaparse. Sus alas vibraron apenas.
Prowl, en cambio, se quedó inmóvil. Sus ópticos se afilaron hasta convertirse en dos líneas. La idea de arrancarle el visor a Jazz y devolvértelo por una vía poco elegante cruzó su procesador con inquietante claridad.
—Tienes oportunidad de retirarte —continuó Optimus, retomando el control con voz firme—. Faltan dos días. Y ya casi tenemos todo listo. El setenta por ciento de la facción asistirá.
Aún con un destello de diversión insinuándose en los bordes de su entrada, sopesó sus opciones con cuidado. Llevaban un tiempo considerable en la Tierra; suficiente para comprender sus dinámicas.
Había sido sorprendente la serenidad —o pragmatismo— con la que los líderes estadounidenses recibieron la noticia. Incluso habían proporcionado un área extensa y apartada para llevarlo a cabo, lejos de la población nativa. Desierto de Black rock, nevada. Un gesto diplomático… o una forma elegante de no hacer preguntas.
Habían pasado más de once ciclos estelares desde el último Ignis Spark. Once.
Demasiado tiempo.
La guerra había convertido esa tradición en un lujo imprudente. Y durante años no hubo certeza de que pudiera celebrarse otro.
No podía permitir que la indecisión lo orillara a perderse algo como aquello.
—En fin. Aún tengo que inspeccionar el manifiesto de carga para organizar el transporte.
—Yo puedo hacerlo, Optimus —se ofreció Bumblebee de inmediato. Recibió un d-pad, con dicho manifiesto.
—¡Yo te ayudo! —Jazz alzó el servo con entusiasmo exagerado y, en una maniobra completamente innecesaria, saltó el panel de control en lugar de rodearlo, aterrizando junto a Bumblebee antes de encaminarse hacia la salida.
Una vez afuera, el leve eco de sus pasos metálicos se extendió por el largo y estrecho corredor del Arca. Las luces superiores proyectaban reflejos fríos sobre las paredes pulidas. El tarareo despreocupado de Jazz llenaba los huecos entre cada pisada; fuera de eso, el silencio los envolvía.
Bumblebee caminaba con los servos flexionándose con una inquietud.
—¿Qué te tiene tan preocupado, amiguito? —preguntó Jazz sin dejar de avanzar, ladeando apenas el visor hacia él.
—¿Cómo lo haces?
—¿El qué?
—Esto. El no preocuparte —Bumblebee frunció el ceño—. Prácticamente estaremos codeándonos con nuestros enemigos.
Jazz soltó una breve risa nasal y levantó las hombreras despreocupado.
—Ah, bueno… ya sabes. Lo dejo fluir.
Bumblebee giró el rostro hacia él, insatisfecho con la respuesta.
Jazz redujo un poco el ritmo.
—Además, es más fácil cuando consideras que todos somos mechas… —hizo un gesto vago con el servo— y que la mayoría teníamos una vida antes de la guerra.
El corredor y el silencio se extendió, con el pequeño bot amarillo sumido en su procesador. Reflexionando la declaración de su compañero.
Se percibía actividad en el exterior al descender por la plataforma de embarque. El aire terrestre golpeaba las placas con una brisa seca, mientras el sol se reflejaba en superficies pulidas.
Los gemelos Lamborghini, Sideswipe y Sunstreaker, trabajaban junto a Ironhide, apilando grandes contenedores metálicos en formación compacta. Cada caja resonaba con un golpe grave al encajar en su sitio. A unos metros, Mirage extendía lonas anti-tormenta, asegurándolas con cierres magnéticos.
—Ironhide. ¿Qué tal el recuento? —jazz se aproximó, con los brazos en alto tras el yelmo.
—Casi terminamos —respondió sin dejar de supervisar—. Arcee traerá los últimos mañana.
Bumblebee observó el volumen acumulado. Se apresuró a catalogar todo.
—¿De verdad vamos a necesitar todo esto? No recuerdo haber visto tanto energon en un solo lugar.
Ironhide soltó una risa áspera.
—Bueno, no todo es energon. Tenemos alto grado, suplementos concentrados, energon saborizado… —hizo un gesto con el pulgar hacia Mirage— y gracias a él contamos con una amplia selección repostera.
Mirage percibió la atención y dejó de ajustar la lona. Se incorporó en un gesto elegante.
—No puedo asegurar su calidad —admitió con serenidad—. Pero mis cuidadores me enseñaron múltiples preparaciones. Hice lo que pude con lo que teníamos. Estarán satisfechos.
—Además de una generosa dotación proporcionada por nuestros amigos de Washington —añadió Ironhide, claramente complacido.
—Los Decepticons también llevarán sus propios suministros —exclamó Sideswipe, cargando más cajas de las que debería. Dio un paso inestable hacia atrás.
Sunstreaker, redistribuye el peso desde el lado opuesto antes de que su gemelo se fuera de bruces contra el suelo. Sus ópticos brillaron con reproche.
—…Eso espero —concluyó Sideswipe, fingiendo que el tambaleo había sido intencional.
Ciertamente, las estipulaciones dictaban que ambas facciones debían aportar algo al evento.
Gracias a las relaciones diplomáticas entre los Autobots y los líderes humanos, su acceso al energon minado era amplio, si no prácticamente ilimitado. Contaban con reservas suficientes para abastecer una colonia entera durante ciclos.
Los Decepticons, en cambio, se encontraban en la situación opuesta. Sin acuerdos formales ni acceso abierto a los recursos terrestres, debían recurrir a otro tipo de contribución: materiales estructurales, sistemas de instalación, infraestructura temporal. Todo bajo estricta supervisión, por supuesto.
El cargamento continuó creciendo bajo el cielo abierto, más parecido a la preparación de un asedio logístico que a una simple “convivencia”.
Cuando finalmente se declaró un descanso necesario, el grupo se reunió alrededor de un módulo portátil de repostaje.
Bumblebee sostuvo su cubo unos segundos antes de hablar. Sus ópticos recorrieron el círculo, evaluando reacciones.
—Bueno… ¿y qué planean hacer?
Ironhide fue el primero en resoplar.
—Yo planeo cumplir con el protocolo y mantener los sensores abiertos —dijo, apoyando el cubo contra el pecho—. Si alguien intenta algo fuera de las reglas, lo sabré antes de que termine de parpadear.
Sideswipe soltó una risa ladeada.
—Oh, vamos. No tienes que ser tan conspirativo, viejo. Es un evento neutral. Yo pienso… socializar. —La pausa vino acompañada de una sonrisa peligrosa—. Ver qué tan civilizados pueden ser nuestros “invitados”.
Sunstreaker giró apenas el rostro hacia su gemelo.
—Tú apenas puedes ser civilizado con los nuestros —murmuró con sequedad impecable—. Yo observaré. Evaluaré. Si voy a interactuar con alguien, será porque lo considere… interesante.
Mirage sostuvo su cubo con elegancia.
—Me intriga el aspecto cultural —comentó—. Las diferencias entre facciones no eliminan lo que somos como cibertronianos. Claro que prefiero pasar desapercibido antes que todo.
Bumblebee bajó la mirada hacia el reflejo rosáceo en su energon.
—¿De verdad creen que puedan comportarse? —preguntó, más para sí mismo—. Digo… son Decepticons.
—Son mechas —corrigió Mirage con calma—. Como nosotros. Más o menos.
Sideswipe inclinó el cubo hacia Bee con complicidad.
—Además, ¿no te da curiosidad? Once ciclos sin un Ignis Spark. Estadísticamente, la tensión acumulada tiene que liberarse en algún lado.
Sunstreaker alzó un óptico.
—No cites estadísticas inventadas.
Ironhide negó con la cabeza, un destello de humor cruzó sus ópticos.
—Solo recuerden esto: neutral no significa ingenuo. Disfruten si quieren. Pero no podemos olvidar quién está al otro lado. Habiendo dicho eso: Ratchet actualizará nuestros cortafuegos y antivirus, como precaución.
El viento terrestre movió ligeramente las lonas detrás de ellos. A lo lejos, los contenedores brillando bajo el sol prístino, alineados con cuidado.
Bumblebee dio otro sorbo.
Curiosidad, precaución y expectativa.
—Y si no me enfoco en nada de eso… —murmuró, moviendo distraídamente el cubo entre los dedos—. La cuestión de fragmentar no es estrictamente obligatoria. Digo, no es que no me interese, pero… —contrajo su campo— …podría encontrar otra cosa para distraerme.
La aprehensión es un concepto compartido entre facciones. Tras tanto tiempo en guerra, se han vuelto tan reacios a sus enemigos que la sola idea de interactuar fuera del campo de batalla se percibe, por defecto, como un acto de traición.
«Primus nos libre de incurrir en actos indebidos con nuestros mortales enemigos.»
Claro que no es más que una fachada para pretender que se puede tener control sobre uno mismo, más allá de los protocolos de reproducción grabados en el código.
Al final, lo único importante es estar en paz con la propia naturaleza.
Aun así, no hay motivo para romper la fantasía tan pronto.
Sideswipe chasqueó los dedos.
—Bueno, planeábamos una carrera de velocidad y un concurso de derrapones. Terreno abierto, sin tráfico humano. Sería un desperdicio no aprovecharlo.
—Alto grado y música —añadió Jazz—. Pasar un buen rato entre compañeros es tan bueno como cualquier otra cosa.
Sunstreaker levantó el mentón con un gesto elegantemente absurdo. Una burla hacia los pomposos buscadores y su necesidad patológica de regodearse.
—Muchos lo aprovecharán como pasarela de vanidad. Restregar una pintura recién pulida frente a esas latas oxidadas será… satisfactorio. —Su óptico brilló con desafío—. A varios les molestan nuestros colores “estridentes”.
Ironhide soltó una risa grave.
—Sera un desfile narcisista.
Mirage inclinó levemente la cabeza.
—Tal vez algo más práctico. Un nuevo modo alternativo, por ejemplo.
Eso sí capturó por completo la atención de Bumblebee. Sus ópticos se iluminaron con intensidad renovada.
—¿Un nuevo modo?
La idea se desplegó en su procesador. No era que desagradara su configuración actual; era eficiente, ágil, reconocible. Pero siempre había existido esa inquietud… esa pequeña espina de comparación cada vez que veía los modelos llamativos de los gemelos atravesar el paisaje con potencia superior.
La perspectiva era palpable. Velocidad, fuerza y potencia. Mucha más potencia.
Un nuevo modo alternativo no sonaba mal en absoluto.
Antes de que el impulso de la idea se diluyera, Bumblebee se incorporó de golpe. El movimiento fue tan súbito que los demás se exaltaron.
—¿Saben qué…? —extendió el brazo y le entregó su cubo casi vacío a Jazz sin darle tiempo a reaccionar—. Acabo de recordar que tengo algo que hacer. ¿Podrías terminar la lista por mí?
—Sí, claro, no hay…—
Bumblebee ya se había lanzado fuera del perímetro del Arca, transformándose en un destello amarillo que levantó una breve estela de polvo terrestre antes de perderse en la distancia.
—…problema —concluyó Jazz, mirando el cubo en su mano y luego el horizonte.
El grupo intercambió miradas.
—¿Y ahora qué se le metió? —murmuró Sideswipe, inclinando la cabeza hacia el punto donde había desaparecido.
—No lo sé —respondió Mirage sin interés—. Ha estado bastante ansioso con el tema del Ignis Spark.
Sunstreaker cruzó los brazos.
—Ansioso es una forma amable de decirlo.
Ironhide dio un largo trago a su cubo, inclinándolo hasta la última gota antes de dejarlo vacío con un leve golpe seco contra la caja más cercana.
—Bueno —gruñó—, espero que no les esté yendo tan mal a los demás con la instalación.
Jazz aún observaba el horizonte, una sonrisa ladeada asomándose bajo el visor.
...
—¡No es justo! Nosotros también nos merecemos unas vacaciones —exclamó Rumble, indignado y escandalizado por la notificación de Soundwave.
—Denegado. Cassettecons: no presentan ciclos reproductivos. Presencia: contraproducente. Capacidad de contención: mínima.
—Nos portaremos bien. Podemos hacerlo. ¿Verdad?
—¡Sí! —coincidió Frenzy, asintiendo eufóricamente con el casco.
—Eventos anteriores demuestran comportamiento contrario. Conclusión: la evidencia no está a su favor.
—Yo no tuve la culpa de eso. Astrotrain debería revisar sus propulsores más seguido. Además… —hizo un gesto incómodamente vago— …no fue tan grave —concluyó Frenzy.
—Astrotrain: requirió nueve ciclos de reparaciones. Incursiones posteriores: obstaculizadas —contradijo Soundwave —. Cassettecons: permanecerán en el Némesis. Bajo supervisión de Overlord.
—Pero…
—No hay cambios.
Ambos se resignaron, emitiendo exclamaciones exageradas. Soundwave no reaccionó.
—En otras palabras, Soundwave no quiere lidiar con ustedes, par de plagas. Y yo tampoco —intervino Starscream sin haber sido invitado a la conversación.
—Qué lástima. Es una pena —canturreó Skywarp con sarcasmo mientras pasaba empujando una plataforma cargada de contenedores. Les dedicó una mirada burlona y engreída antes de continuar su camino.
Los irascibles cassettes no estaban conformes ni con la decisión ni con la intervención de Starscream.
La reacción de los pequeños gemelos no podría importarle menos al comandante aéreo. Soundwave, por otro lado, le dedicó una penetrante y estática mirada de disgusto, lo cual ya era mucho para un mecha cuya óptica y placa facial permanecían ocultas bajo visera y máscara.
Starscream sintió un escalofrío recorrerle los puntales traseros, incómodo por la atención del jefe de comunicaciones Decepticon. Tanto que carraspeó el vocalizador antes de apartarse con aparente naturalidad y regresar a su tarea: supervisar la instalación del arco superior del escenario.
—Comienzo a creer que esto es una mala idea —comentó distraídamente Thundercracker mientras movía los contenedores de la plataforma.
Starscream no perdió la oportunidad de quejarse abiertamente.
—¿Tú crees? Megatron consideró beneficioso este acuerdo. Si fuera por mí, no tendríamos que tolerar la presencia de esos Autobots terrestres malolientes. —Escupió tanto disgusto en esas últimas palabras que su expresión se contrajo como reflejo de su aprensión.
—Yo no creo que apesten… —murmuró el buscador azul, sin levantar demasiado la voz.
—Debes tener algo mal en el procesador.
—Pues yo estoy emocionado. —Skywarp recargó el brazo con postura casual sobre los contenedores que Thundercracker aún no tocaba—. Siempre he sentido mucha curiosidad por esos marcos brillantes.
La expresión boba y casi soñadora de Skywarp, sumada a su reputación de impredecible, solo reforzó la frustración de Starscream.
