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Mío sin importar el tiempo

Summary:

Stiles y Derek llevan saliendo en secreto durante meses, hasta que una bruja rejuvenece al hombre lobo gruñón, y ahora un adolescente cachondo, experimenta lo que es tener a su propia pareja reclamada por primera vez...

Notes:

Advertencia: Contenido explícito +18

:D buen provecho.

Work Text:

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El aire en el loft olía a desinfectante y a soledad. Stiles se movía entre las habitaciones, recogiendo ropa sucia y restos de comida congelada, murmurando maldiciones hacia su mejor amigo por haberle dejado a cargo de un Derek Hale rejuvenecido.

Un Derek que, en lugar de los treinta y tantos años de amargura y mirada asesina, cejas fruncidas y una confusión palpable que emanaba de él como una neblina...

Cómo si no hubiera sido suficiente ya haber visto la versión adolescente de Derek Hale cuando la loca de Kate decidió jugar con los rituales de rejuvenecimiento en Mexico, ahora tiene que lidiar con este adolescente malhumorado apenas mayor de edad... Rejuvenecido por una bruja que, por suerte, ya estaba bien muerta...

A sus veintitantos años...

—Si tocas eso otra vez, te amarro a la cama.- gruñó Stiles sin mirar, sintiendo más que viendo cómo la mano adolescente de Derek se acercaba al control remoto por quinta vez en una hora.

—Eres muy mandón.- replicó el joven, con esa voz que aún no había alcanzado la grave resonancia que Stiles conocía tan bien.

Era extraño, como escuchar un eco deformado.

—Alguien tiene que serlo, porque tú, en este estado, pareces decidido a redecorar la sala con tus garras...- Stiles se giró, una pila de sábanas en los brazos —Y no, no es un cumplido.-

Derek se levantó del sofá, moviéndose con esa gracia felina que nunca había perdido, ni siquiera en un cuerpo adolescente. Stiles sintió un escalofrío familiar. Era su Derek, y al mismo tiempo no lo era...

—¿Por qué me cuidas tú?.- preguntó curioso acercándose.

Sus ojos azules, menos cansados pero igual de penetrantes, escudriñaban el rostro de Stiles —No eres un hombre lobo, hueles a… humano, pero a algo más.-

—Ah, el clásico «hueles raro». Qué poético.- Stiles intentó esquivarlo, pero el lobo bloqueó su camino hacia el pasillo —Oye, voy a lavar esto. Mueve tu trasero adolescente.-

Pero Derek no se movió. En cambio, lo empujó contra la pared cercana a la puerta del baño, con una fuerza que hizo que Stiles soltara las sábanas. El impacto fue seco, pero no violento. Era una acción de dominio, de curiosidad lupina. Stiles contuvo el aliento. Esto también era familiar. Demasiado familiar.

—Siempre estás hablando...- murmuró Derek, inclinándose hacia su cuello, inhalando profundamente —Como si las palabras pudieran protegerte.-

Stiles iba a soltar una réplica mordaz, pero entonces los labios de Derek rozaron la piel justo debajo de su oreja, donde el cuello se une al hombro, y todo se detuvo.

Un gruñido bajo, visceral, emergió del pecho de Derek... Sus dedos se cerraron alrededor del brazo de Stiles con fuerza casi dolorosa, primitivo.

—¿Qué es esto?.- la voz de Derek era áspera, cargada de una emoción cruda que no había estado ahí antes —Esta marca.-

Stiles lo sabía. Lo había sentido arder cuando Derek, su Derek, se la hizo meses atrás, en la intimidad de su loft, después de estar juntos como pareja durante un tiempo, de miradas cargadas, de casi-accidentes. Había sido una posesión, una promesa, un «eres mío y yo soy tuyo» tallado en piel y psique... La marca del mordisco de un hombre lobo sobre su compañero humano, un vínculo que trascendía lo físico.

—Es… es nada.- tartamudeó Stiles, pero su cuerpo lo traicionó.

El simple hecho de tener a Derek cerca, de sentir su aliento en la marca, hizo que una oleada de calor lo recorriera.

Su piel se sonrojó, su respiración se aceleró... Su cuerpo, adaptado tras meses de intimidad con un hombre lobo, comenzó a reaccionar de la manera para la que había sido condicionado: preparándose para su compañero.

Derek retrocedió un centímetro, sus ojos brillaban con un destello azul electrico. Entre sus propios recuerdos confusos y la bruma de la juventud, vio imágenes, flashes; piel pálida contra sábanas oscuras, una risa entrecortada y nerviosa que se convertía en jadeo, la sensación abrumadora de pertenencia y hogar. No eran recuerdos claros, eran sensaciones, emociones ligadas a este olor, a este latido del corazón.

—Es mía.- pronunció Derek, no como una pregunta, sino como un descubrimiento arrasador —Tú… eres mío.-

Stiles no pudo negarlo... Asintió lentamente, tragando saliva —Sí, pero tú no… no eres tú del todo ahora.-

El instinto en Derek joven era más puro, menos filtrado por la experiencia y el dolor. La lujuria, el impulso de reclamar, de reproducir, de poseer, surgió en un torrente incontrolable.

Hundió la nariz en el cuello de Stiles, lamiendo la marca, y Stiles gimió, sus piernas temblaron, sus manos se aferraron a los hombros de Derek, no para empujarlo, sino para sostenerse.

—Hueles a excitación.- ronroneo el lobo contra su piel —A necesidad.-

—Es tu culpa.- jadeó Stiles —Siempre… haces esto...-

Derek deslizó una mano entre ellos, presionando la palma contra el bulto evidente en los jeans de Stiles, luego, con movimientos torpes pero decididos, desabrochó el cinturón y bajó el cierre.

Al deslizar su mano dentro del boxer, encontró humedad, no solo en el frente, sino también detrás, una lubricación natural, cálida y lista.

Los ojos de Derek se ensancharon, fascinados, todos sus instintos a flor de piel.

—¿Qué…?.- preguntó, confundido pero eufórico, relamiéndose los labios, como depredador que muere de hambre y está acechando su presa.

—Efecto secundario de salir con un licántropo hiper-territorial.- explicó Stiles entre dientes, avergonzado y demasiado excitado para cuidar las palabras —Mi cuerpo se… adaptó... para ti.-

Esa información fue la chispa final. El Derek joven, abrumado por instintos primarios, por el aroma de su compañero reclamado y por la evidencia física de su preparación, perdió todo resto de control.

Giró a Stiles, empujándolo contra la pared con más fuerza, este gimió sin poderlo evitar apoyando su mejilla a la pared, mientras la mano de Derek sostenía su cabello y la otra su cadera, frotando su propia erección contra las nalgas de Stiles a través de la tela.

—Quiero... Tengo que...- gruñó con palabras cortas como si fuera un cavernícola en un tono peligroso, y era una demanda, no una petición.

—Sí.- fue lo único que Stiles pudo articular, porque también era lo que él quería, lo que anhelaba incluso en esta situación distorsionada.

Era su Derek, en esencia, en alma, y su cuerpo clamaba por la reconexión.

Derek bajó los jeans y boxers de Stiles hasta los muslos con movimientos bruscos, no hubo preámbulos, ni preparación de lubricantes artificiales, su aroma, sus gemidos, el sudor de su piel, la humedad entre sus nalgas, el humano era perfecto...

Con un gruñido ronco, Derek lo penetró de un delicioso y brusco empujón húmedo y firme.

Stiles gritó, un sonido ahogado por el ladrillo y la boca que se tapó a sí misma contra el antebrazo.

Dolió, un dolor agudo y familiar que rápidamente se transformó en un placer abrasador, intensificado por la urgencia animal de Derek...

Cada embestida era un reclamo, una marca renovada desde el interior.

Derek sujetó sus manos a los lados de la cabeza de Stiles, sin permitirle ahogar esos hermosos gemidos colmados de lujuria.

Cada embestida golpeaba su próstata, haciéndolo ver estrellas...

—Mío —repetía Derek, mordiendo el hombro de Stiles, evitando la marca ya existente —Todo mío.-

—Sí, tuyo.- gemía Stiles en respuesta, cada sílaba sacudida por el impacto —Siempre.-

La primera vez fue rápida, explosiva, contra la pared del pasillo. Derek vino con un rugido sofocado, colapsando sobre la espalda de Stiles, pero su energía juvenil y su necesidad lupina no tenían fin.

En lugar de separarse, lo llevó al sofá, dónde lo hizo cabalgar su polla, luego al suelo de la sala, penetrandolo a cuatro patas, y finalmente a la cama deshecha del loft, asegurándose de besar, morder y marcar cada rincón mientras llenaba a su compañero de una nueva carga abundante de esperma...

Cada encuentro fue una variación de lo mismo; posesión feroz, miradas doradas en la penumbra, y la sensación abrumadora de que el vínculo entre ellos, incluso distorsionado por el tiempo, era inquebrantable.

Stiles respondía con igual intensidad, arañando espaldas, jadeando su nombre, gimiendo, sollozando de placer, sus piernas rodeando su cintura para atraerlo más profundo... Quedándose ronco de tanto gritar el nombre de su amante, y viniéndose más veces de las que podía contar...

Con la luz de la luna filtrándose por el enorme ventanal, yacían enredados en la cama, sudorosos y agotados. Derek joven, ahora más calmado, trazaba con un dedo la marca de reclamo en el cuello de Stiles.

Acarició cada centímetro del cuerpo del humano con reverencia y adoración, besando su nuca y hombros

—Eres insaciable...- susurró Stiles con una sonrisa somnolienta sin abrir los ojos.

—Te quiero.- respondió Derek, las palabras saliendo torpemente, como si no estuviera seguro de dónde venían, pero sabiendo que eran verdad absoluta.

Stiles, medio inconsciente y adolorido en los lugares más satisfactorios, volvió la cabeza para mirarlo y se giró entre sus brazos.

En esos ojos azules, por un instante, vió al hombre que amaba, no a la versión joven de él.

—Lo sé.- susurró —Y yo a ti... Incluso cuando eras un idiota más adulto con cejas de oruga.- le sonrió de lado

Derek frunció esas cejas, pero una esquina de su boca se torció en algo cercano a una sonrisa. Se acurrucó contra Stiles, inhalando su olor, ahora irrevocablemente mezclado con el suyo propio.

Lamió una franja de piel lechosa, mientras Stiles tarareaba con aprobación.

Fuera, la luna se desvanecía, y dentro, el vínculo, forjado en el tiempo y reclamado en la pasión, se mantenía firme, esperando el momento en que todo volviera a su lugar.

Pero por ahora, esto, este Derek salvaje y posesivo y este Stiles receptivo y entregado, era suficiente. Era más que suficiente.

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La mañana llegó con la crudeza de la luz solar filtrándose sin piedad a través de los ventanales del loft.

Stiles se despertó primero, con un dolor sordo y generalizado que iba desde la nuca hasta los gemelos, pasando por zonas muy específicas que recordaban cada embestida, cada mordisco superficial, cada posesión de la noche anterior...

Gimió, no solo por el dolor, sino por la abrumadora realidad. Derek (su Derek, el de los treinta años y el corazón endurecido) seguía siendo un chico apenas de edad legal de aspecto feroz que ahora roncaba levemente, acurrucado contra su espalda como un koala territorial.

Un brazo pesado estaba arrojado sobre su cintura, los dedos relajados pero todavía con las uñas inusualmente largas.

Dormía relajado, anormalmente entrelazado a él.

—Dios...- murmuró Stiles para sí mismo. Su mente, ya hiperactiva, comenzó a procesar a toda velocidad: ¿Violé a un menor? Técnicamente él tiene treinta y tantos años, pero su cuerpo de diecisiete tal vez dieciocho. ¿Es esto ilegal en cuarenta y nueve estados? ¿Scott volverá hoy? ¿Qué hago si Derek recupera su memoria adulta y me mata por esto?

Un gruñido bajo interrumpió su espiral de pánico... El brazo alrededor de su cintura se tensó, y una nariz fría se enterró en la marca de su cuello, inhalando profundamente.

Lamió su nuca y mordisqueó el lóbulo de su oreja, haciendo que el humano jadeara.

—Sigues oliendo a mí.- ronroneó la voz ronca y juvenil, ahora cargada de una satisfacción primaria. —Bien.- se mostró orgulloso.

Stiles se obligó a respirar.

—Sí, bueno, tú… hueles a sudor de adolescente y a… a mí también, supongo. Es un círculo de olores.-

Derek lo tomó del cuerpo, manipulando para que se enfrentaran.

Sus ojos azules estaban despejados, sin rastro de dorado, pero la intensidad en ellos era paralizante... Recorrió el rostro de Stiles, deteniéndose en sus labios hinchados, y en los múltiples chupetones que bajaban desde su cuello hasta debajo de sus clavículas, y el resto del torso.

Sonrió presumido de su propia obra.

—Lo hicimos.- comentó Derek, como confirmándolo para sí mismo. —Muchas veces.-

Stiles puso los ojos ligeramente en blanco

—Tu memoria matemática sigue intacta, genial.- bromeó Stiles, pero su voz sonaba tensa. —Oye, Derek… ¿recuerdas algo más? ¿Algo de… de después de tener dieciséis?.-

Derek frunció el ceño, su mirada se tornó hacia adentro, buscando en la niebla.

—Fragmentos. Sentimientos. Oscuridad… y dolor. Mucho dolor.- Su expresión se ensombreció, la sombra del hombre que seria cayendo sobre el chico que era —Pero también… un jeep. Tu jeep. Olor a café y a libros viejos. Un hogar...- Sus ojos se clavaron en Stiles. —Contigo.-

Stiles sintió un vuelco en el estómago que no tenía nada que ver con el sexo salvaje de la noche anterior... Era ternura, una ternura agria y complicada, levantó una mano, casi sin pensar, y apartó un mechón rebelde del pelo de Derek.

—Sí...- susurró —Un hogar, eso es… eso es lo que somos.-

Antes de que pudiera decir algo más, sonó el teléfono en el suelo, enterrado bajo un mar de ropa rasgada. Era Scott.

—¿Stiles? ¿Todo bien? Lydia y yo tenemos una posible cura para el hechizo de la bruja... Una hierba que crece en el bosque de la reserva, cerca de la antigua piscina del club de campo. Debería revertir el envejecimiento… o des-envejecimiento. Necesito que traigas a Derek ahí... Sin detenerte.-

—Sí, sí, sin detenernos.- farfulló Stiles, sintiendo cómo se sonrojaba al recordar todas las “paradas” de la noche. —Vamos para allá.-

Stiles se sentó en la cama para empezar a cambiarse, pero unos brazos firmes, lo arrojaron nuevamente a la cama

—¡Derek!.- el humano lo regañó —Tenemos que irnos, ya escuchaste a Scott.-

—Si... Escuché perfectamente...- atrapó su pezón izquierdo con los dientes y se posicionó entre sus piernas

—Der... No tenemos tiempo...- gimió intentando protestar, sonrojado, y arqueandose en la cama por lo sensible que estaba su cuerpo.

—Sera rápido...- se relamió el lobo, mientras nuevamente entraba en su cálida pareja, soltando un gemido placentero al sentir ese interior apretado y caliente envolverlo y succionarlo por completo —O tal vez no.-

—Der...- Stiles gimió, pero Derek se agachó para besarlo una vez más y callar sus protestas, mientras lo hacía suyo una y otra vez.

...

Más tarde... El viaje en el Jeep fue tenso y silencioso. Derek joven miraba por la ventana, observando Beacon Hills pasar como si fuera un lugar nuevo, de vez en cuando, su mirada se desviaba hacia Stiles, hacia sus manos nerviosas en el volante, hacia el latido acelerado en su cuello...

Su mano se encontró en el muslo del humano, como un ancla o una promesa...

—Scott es tu mejor amigo.- declaró en un momento dado, no como pregunta.

—Sí.- afirmó Stiles aún con la mirada en el camino mientras conducía.

—Él no sabe... Sobre nosotros.-

Stiles se tensó.

—No, es… complicado.-

—Porque soy un hombre lobo y tú no.-

—En realidad es porque eres tú y yo soy yo...- corrigió Stiles, con más aspereza de la que pretendía. —Y tenemos un historial de… de casi matarnos mutuamente, o apenas tolerarnos en público... Esto ciertamente es algo "nuevo" aún...-

Derek asintió, como si eso tuviera todo el sentido del mundo.

—Pero yo te entiendo... Y… el otro yo también.-

Stiles estacionó el Jeep, le sonrió con dulzura y se inclinó para besarlo en los labios

—Si, lo haces...-

Derek le devolvió una sonrisa tímida.

Llegaron al borde del bosque, Scott y Lydia ya estaban allí, junto a Malia, que olfateaba el aire con recelo...

Cuando vieron al Derek adolescente, pegado al flanco de Stiles como una sombra protectora, se hizo un silencio incómodo.

—Wow.- comentó Scott, sus ojos de hombre lobo escaneando a Stiles de arriba abajo. Su olfato captando las obvias actividades nocturnas entre ambos. Arrugó la nariz. —Hueles… extraño.-

Stiles abrió la boca para responder, pero parecía un pez fuera del agua

Malia puso los ojos en blanco

—¿Aún tenemos que fingir que no sabemos que se acuestan juntos?.-

—Si, Malia, es parte de la etiqueta social no mencionar eso.- Lydia la regañó con una mirada firme

Stiles las miró con los ojos muy abiertos y luego a su mejor amigo quien simplemente se encogió de hombros, señal de que claramente también sabía y no le importaba en lo absoluto.

—Tenemos la hierba.- interrumpió Lydia rápidamente, cortando cualquier divagación de excusas o silencio incómodo. —Es una ingestión simple... Debería funcionar en minutos.-

Le extendió a Derek una hoja de un verde vibrante y brillante, él la miró con desconfianza, luego miró a Stiles.

—¿Confías en ellos?.- le preguntó, solo a él.

Stiles sintió todas las miradas sobre él. Asintió. —Con mi vida... Y con la tuya.-

Derek tomó la hoja y se la comió.

El efecto fue inmediato y violento, cayó de rodillas, gritando mientras sus huesos crujían y se reestructuraban, su cuerpo estirándose, ensanchándose, madurando ante sus ojos.

La ropa que Stiles le había prestado (y que ahora olía irremediablemente a ambos) se rasgó en las costuras.

El aire se llenó del sonido de vértebras recolocándose y de un aullido de dolor que se fue volviendo más grave, más profundo, más Derek.

Cuando el polvo (literal y figuradamente) se asentó, arrodillado en el suelo del bosque, jadeando y cubierto de un brillo de sudor, estaba Derek Hale.

El de siempre, espalda ancha, tatuaje de triskelion en su espalda, rostro marcado por la edad y la experiencia.

Los ojos, cuando los alzó, eran los de un hombre, no los de un chico.

Stiles se arrodilló para estar a su lado en menos de un segundo.

—¡Derek! ¿Estás bien? ¿Recuerdas quién eres?.-

Derek se puso de pie, con un movimiento fluido y poderoso que hizo que Stiles diera un paso atrás, de repente inundado por una oleada de vergüenza y nerviosismo.

«Él lo recuerda todo... ¿Y si le parece horrible lo que hice? ¿Y si piensa que lo quise manipular como Kate?... ahora me va a romper el cuello» pensó con intranquilidad y tristeza

Los ojos de Derek, de un azul intenso y conocedor, barrieron el grupo y se posaron en Stiles... Los recorrieron, desde sus zapatos hasta sus ojos, deteniéndose en cada moretón, cada marca que él mismo había dejado... Su expresión era inescrutable.

—Sí.- dijo Derek, su voz la grave y rasposa melodía que Stiles anhelaba y temía. —Recuerdo.-

Hubo un silencio cargado, Lydia observaba como si estuviera en el teatro, Malia olfateaba, confundida por el torbellino de emociones, y Scott sonreía, aliviado.

—¡Genial! Deberíamos celebrar, ¡tal vez en la casa de Stiles!.- comentó Scott, dándole una palmada en la espalda a Stiles, quien casi se desmayó.

—No.- dijo Derek, su tono era final. —Stiles me llevará a casa, a mi casa... Tengo que… asentarme, reponer fuerzas.-

Era una orden, no una sugerencia.

Stiles tragó saliva y asintió. —Claro. Sí. Vamos.-

El viaje de regreso al loft fue aún más tenso que el de ida... La presencia de Derek adulto llenaba la cabina, silenciosa y abrumadora.

Stiles sentía que su latido cardíaco era un tambor traidor, se estacionó frente al edificio y apagó el motor.

—Derek, sobre lo que pasó…- comenzó, sin saber cómo terminar esa frase.

«¿Cómo debía seguir?... ¿Lo siento?, ¿fue un error?, ¿fue increíble?, ¿no me mates?»

Nada suena lo suficientemente bien para evitar que le arranquen la garganta con los dientes...

Derek se giró hacia él, en la penumbra del atardecer, su perfil parecía esculpido en piedra.

—Ven.- le dijo simplemente, y salió del jeep.

Stiles lo siguió, sintiéndose como un cordero camino al matadero... Subieron las escaleras hasta el loft en las mismas condiciones que lo habían dejado por la mañana.

Derek cerró la puerta detrás de ellos con un golpe seco que resonó en el espacio vacío...

Y entonces, sin previo aviso, Derek lo empujó contra esa misma puerta, pero no era el empujón curioso y brusco del adolescente.

Era el movimiento calculado, potente e ineludible del hombre, su cuerpo, ahora más grande, más duro, encajó contra el de Stiles, dejándolo sin aliento...

—Derek…- jadeó Stiles.

Derek inclinó la cabeza y enterró la nariz en el mismo punto del cuello, en su marca, inhaló larga y profundamente, como bebiendo su esencia. Un temblor recorrió su cuerpo.

—Todo lo que él sintió.- murmuró Derek, su voz un roce áspero contra la piel de Stiles, —la obsesión, la lujuria, la posesión… era mío. Es mío.-

Stiles dejó escapar un gemido tembloroso —¿No estás… enfadado?.-

Derek se separó lo suficiente para mirarlo, en sus ojos ya no había inescrutabilidad, solo un calor feroz y reconocible.

—Estoy furioso... Porque un yo más joven y estúpido tuvo que recordarme lo que es sentirte sin filtros, sin muros.- Una de sus manos, grande y callosa, desabrochó los jeans de Stiles con una destreza que el adolescente no tenía. —Tengo meses de cuidado, de contención, de intentar hacer las cosas ‘bien’ contigo, porque pensé que esto era frágil...-

Stiles reprimió un sollozo de placer, la mano de su lobo encontró la misma humedad, la misma preparación que había fascinado a su versión más jóven.

Derek gruñó, un sonido de triunfo y profunda necesidad...

—Pero no eres frágil, ¿verdad, Stiles?.- Sus dedos juguetearon, probando, reclamando ese agujero cuyo líquido se resbalaba entre las mejillas —Eres mío. Y tu cuerpo… nuestro vínculo… lo sabe.-

—¡Derek!.- gritó Stiles, arqueándose.

Esto era diferente. Era más lento, más deliberado, pero mil veces más intenso.

Era la culminación de todo el tiempo que habían estado juntos en secreto, filtrado a través del recuerdo crudo de la noche anterior.

—Él te tomó contra una pared.- anunció Derek, desabrochando su propio cinturón con la otra mano, su mirada clavada en la de Stiles. —Yo te voy a hacer recordar quién soy realmente... Toda la noche. De la manera en que yo lo necesito.-

Cuando lo penetró, esta vez frente a frente, mirándose a los ojos, Stiles lloró. No de dolor, sino de alivio abrumador. Era el mismo placer, la misma conexión eléctrica, pero ahora con el peso del amor adulto, de la historia compartida, de la promesa de un futuro.

Era el regreso a casa, y cuando Derek, su Derek verdadero, inclinó la cabeza y mordió su marca una vez más, sellando su posesión con el hombre que era y siempre había sido, Stiles supo que no importaba la edad, la forma o el tiempo. Eran del otro. Estaban enlazados.

Y, mientras el último destello de luz del día moría fuera del loft, Derek cumplió su promesa, lenta, metódica y profundamente, le recordó a Stiles, hasta el amanacer, exactamente quién era su hombre lobo...