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One more hour

Summary:

Todos se hacen la misma pregunta sin saberlo : por qué hicieron esto ??

Notes:

Disculpen si esto no es tan bueno, simplemente salió un día en dónde tuve un mal estado de ánimo.
▶ Probablemente no sea tan compatible con el canon o agregué ciertas cosas.
▶ También voy a introducir a 2 de mis OCs. En este fanfic no estarán tan bien desarrollados, ya los tengo desde hace años pero no he podido acabar la historia en dónde explico sus pasados (perdón, hace tiempo que no tengo inspiración ni tiempo :/)

Aún así, espero que aún así lo disfruten :3 y si no es así, recuerden comentar para modificar mis futuros fanfics.

Work Text:

Ryoske se recostó en la cama kingsize con las lujosas sábanas de seda y miro al techo pensando ¿porque había hecho esto ?, porque se había unido a Bonten, la mayor banda criminal de Japón.

El realmente lo tenía claro, lo había hecho por amor, un amor de amigos o hermanos pero, ¿dónde había dejado el amor que tenía hacia Draken ?. Ese amor que le causaba placer sexual y sentimental, aquel amor que le había hecho sentir lo inimaginable, ¿dónde había quedado ?. Sus ojos sin previo aviso se llenaron de lágrimas cálidas que resbalaron a los costados de sus sienes y rodaron hasta sus orejas, aquellas a las que Ryuguji les hacía burla por ser tan pequeñas pero a las cuales amaba. Sin duda alguna ese amor había quedado roto en el pasado, se había quedado dónde su alma lo había hecho, porque su corazón estaba con Akira pero su alma tan rota siempre quedaría con Draken como un recuerdo del amor infinito que aún sentía por el rubio. 

Ryoske pensó hasta que finalmente cayó dormido soñando con un futuro con Draken.


Manjiro se sentó en su imponente trono de terciopelo rojo y toques de oro y pensó, pensó en todo lo que había dejado atrás solo para conseguir la felicidad de los demás, pensó en el amor enfermizo que ahora sentía por Ryoske y también por la obsesión que Sanzu sentía hacia el, pensó en lo mucho que todo dolía, en cómo quería morir y liberarlos a todos en especial a Ryoske.

¿Los demás pensarían en el ?. ¿Acaso Kenchin se preguntaba dónde estaba ?,  ¿cómo estaría Takemichi y los demás ?. Takemichi ... ese nombre que se repetía continuamente en sus sueños, pesadillas y recuerdos, ¿acaso había sido feliz con Hinata?.

Sanzu entró a la sala y miro a Manjiro, corrió hacia el con una sonrisa complaciente y se sentó en el suelo como un perro esperando órdenes de su dueño.

- Hola mi rey - saludo con las mejillas rojas como una colegiala frente a su primer amor.

- Sanzu - fue la única respuesta que emitió el peliblanco, la voz tan fría como todo el. 

- ¿Cómo está hoy? - Sanzu sonrió con admiración y amor, algo enfermizo.

- Como siempre, - contesto monótonamente - ¿dónde está Ryoske ? - pregunto sintiendo su piel calentarse sin previo aviso.

- En su habitación - respondió el pelirosa sintiendo el sabor amargo de la envidia y el odio en su lengua, ¿por qué Ryoske y no el?.

Manjiro se preguntó, ¿por qué había hecho esto ?.


La mente drogada de Haruchiyo finalmente hizo la pregunta que todos, incluso el sin saberlo, esperaban.

¿Por qué había hecho esto?.

La parte enfermiza y loca decía que por amor, amor hacia Manjiro pero la parte rota y destruida decía que lo había hecho por dolor. Porque su hermano Takeomi nunca lo había querido, porque sentía celos de su hermana menor Senju. Porque Mickey le había hecho aquellas cicatrices en la boca y a nadie le había importado. Porque había asesinado a Muto Yasuhiro, la única persona que había demostrado afecto hacia el, solo por Manjiro, quien apenas lo veía como un perro rabioso leal.

Las lágrimas salieron de los ojos de Sanzu al recordar todo ese dolor pero inmediatamente después rió, rió con dolor, con una mente que ya estaba rota incluso sin que el lo supiera. 

Su risa lo hacía parecer un loco total pero sus ojos llenos de dolor y desesperación, llenos de lágrimas, contaban otra historia. 

Lo único que tenía ahora era a Manjiro. Un amor y unos celos enfermizos que lo llevarían a la muerte sin posibilidad de nada. Ni siquiera de pedir perdón.


Ran Haitani, tirado en el suelo del gran y opulento salón de aquella mansión, se hizo una pregunta que siempre había pasado por alto. 

¿Por qué había hecho esto?.

No sabía la respuesta exacta, quería creer que si. Lo único que se le venía a la cabeza era la violencia que enfrentaba día a día desde niño, como sus padres siempre lo dejaban solo con su pequeño hermano Rindou, como a sus padres no les importaban un carajo. Cómo tenían que sobrevivir con poco, como siempre tenía que pelear con alguien que molestaba a Rindou y con el tiempo aprendió a disfrutar aquello. Aprendió a amar el dinero, el lujo y el poder.

Cómo lo había hecho para sobrevivir junto a su querido Rin-Rin.

Por un momento sintió pena y tristeza, ¿qué sería de sus vidas si tan solo hubieran tenido mejores padres?. ¿Si no hubieran crecido en un mundo de violencia y pandillas dónde el más fuerte, sádico y violento domina todo?. 

Tal vez estaban condenados desde el principio pero no se arrepentía de nada. Si Rin y el estaban vivos, entonces había hecho lo correcto. 

Sin más, se quedó dormido en el suelo, disfrutando de la frescura y de la oscuridad del lugar.


Rindou Haitani estaba en su balcón, mirando a la luna, simplemente admirando su esplendor y belleza, fumando un cigarrillo caro que sabía a mierda como todos los demás y la pregunta llegó inesperadamente, como un meteorito.

¿Por qué había hecho esto?.

La respuesta podría ser fácil y vacía. Porque le gustaba el poder y el dinero, simple.

Pero en lo más profundo de su mente se alzó la respuesta correcta.

Porque debía de sobrevivir con Ran, porque no quería ser una carga para su hermano mayor.

Un recuerdo salto rápidamente : Ran de 6 años cargandolo cuando el tenía 5 años, Ran lo había ido a recoger a la guardería después de salir de la primaria. 

No pudo evitar sentir puro cariño y amor hacia la persona que básicamente lo había criado y cuidado sin medida. Lo había hecho por Ran, para ya no ser una carga, para ayudarlo, para estar a su lado. Porque ellos siempre estaban juntos.

Si Ran estaba en el trono, Rindou también tenía que estar. Si Rindou estaba en la cima, Ran también lo tenía que estar.

Esa era su promesa, siempre juntos, hasta en la muerte. 

Sin más, Rindou dió la última calada a su cigarrillo y lo dejo caer del balcón.


Kokonoi Hajime estaba en la mesa de su habitación, contando fajos de billetes con dedos rápidos y largos cuando la pregunta lo golpeó como un camión de carga. 

¿Por qué había hecho esto?.

Cualquiera a quien se le preguntara aquello simplemente diría que Kokonoi era un perro ambicioso que quería más dinero de manera fácil. 

Pero solo Kokonoi sabía la verdad, ni siquiera Inui podía comprenderlo del todo.

El dolor de la pérdida de Akane aún ardía en su pecho, en su alma como un recordatorio de lo inútil que había sido. La culpa y el remordimiento de saber que había salvado accidentalmente a Inupi cuando el únicamente pensaba en Akane. Recordar el shock de mirar el rostro del pequeño Inupi y no el de Akane. Cómo se sintió devastado, porque la verdad en ese momento era que el hubiera preferido que Inui muriera y que Akane siguiera viva. 

Recordar el beso que le había dado a Inui mientras dormía solo porque le recordaba a Akane. Cómo después sintió asco de si mismo, porque estaba haciendo algo horrible. No estaba pensando en Inui, aquel que lo había acompañado siempre en las buenas y en las malas como un perro guardián, sin cuestionar nada. Y aún así no podía pensar claramente en sus sentimientos ni en el. Tan solo en Akane y en el dinero. 

Tal vez lo había hecho por dolor, por amor.

Las lágrimas volvieron a sus ojos. Ahora que Inui ya no estaba, se daba cuenta de cuánto lo extrañaba, esperaba que Inui lo perdonará algún día.

Sin más, siguió contando los billetes, manchandolos de lágrimas pero saboreando el consuelo al sentir  el papel entre sus dedos. 


Kakucho Hitto descansaba en una tina llena de burbujas y agua caliente. La pregunta llegó junto con un recuerdo de Izana.

¿Por qué había hecho esto?.

Casi se quedó perplejo ante la pregunta pero tenía la respuesta clara. 

El dolor de perder a Izana, su rey, la única persona que lo había hecho sentir mejor en sus días en el orfanato. Izana era lo único que tenía. 

Probablemente lo había hecho porque estaba roto, porque necesitaba algo a lo que aferrarse otra vez aunque no fuera igual, tal vez lo había hecho por amor y dolor.

Kakucho lloró sin inhibiciones, extrañaba a Izana como a nadie. Había podido vivir sin un padre ni una madre pero aún le costaba vivir sin Izana. 

Recordaba las promesas, las alegrías, recordaba lo asustado que se había sentido al llegar al orfanato y como Izana a pesar de ser duro y molesto, lo había hecho sentir mejor, le había dado un propósito, diciendo que cuando construyera su imperio, el estaría a su lado.

Kakucho recordó como aquella promesa, le sonaba demasiado a como Dios le había hablado a Jesús, sobre como el estaría a su derecha en el cielo. Sonaba exactamente igual, a un Dios que promete algo hermoso y tentador pero que acaba en tragedia. 

Finalmente Kakucho, se limpio las lágrimas y se sumergió por un momento debajo del agua, intentando sentir algo más que pérdida.


Akashi Takeomi estaba fumando un cigarrillo mientras veía un vídeo porno y al pregunta llegó tan inesperadamente que casi se atraganta.

¿Por qué había hecho esto?.

Cualquiera diría que Takeomi era un hombre cruel incapaz de sentir algo, incluso su hermano lo pensaba.

Pero Takeomi sentía, sentía la pérdida de Shinichiro, sentía cariño por su hermanita menor. Sentía demasiado y a la vez nada. 

Tal vez estaba roto, sentía culpa por lo que le había hecho a Sanzu aunque no lo admitiera abiertamente. 

Siempre buscaba escapar de su realidad teniendo relaciones sexuales con cualquier mujer, sin siquiera mirar su rostro o su cuerpo, simplemente siendo un agujero para aliviar su frustración y odio, odio hacia si mismo.

Se lamento por no haber sido un buen hermano mayor para Sanzu, se lamento por ser un idiota, por no haber mantenido vivo el legado de Shinichiro, se lamento por haber dejado que las pandillas se volvieran un símbolo de violencia y odio en vez de un símbolo de unión y protesta. 

Se lamento por no poder amar, por no haber podido cuidar nada en su vida.

Sin más, apagó la televisión, su erección había menguado o tal vez ni siquiera había empezado. Apagó el cigarrillo con brusquedad en su vaso de whisky. 


Akira Nakamura estaba en el jardín de la mansión, lleno de vegetación, de flores y en especial de camelias rojas y lirios de araña rojos. Las flores de la eternidad y las flores de la muerte juntas, que  chiste tan malo. La pregunta llegó como si una bala le entrara por la sien.

¿Por qué había hecho esto?.

La respuesta estaba difusa. Lo había hecho por venganza, por matar al hombre que había asesinado a su hermano mayor, Ishiro. Pero a su vez había condenado a Ryoske, a aquel hombre que la había salvado, aquel que la consideraba como una hermana pero del que ella estaba perdidamente enamorada. 

Pensó en como Ryoske la protegía sin importar si ella era testaruda o causaba demasiados problemas. Cómo Ryoske se había arriesgado miles de veces a insultar o cuestionar a Manjiro solo por ella. 

Lo había hecho por amor, dolor, venganza y pérdida sin darse cuenta que estaba arrebatando el mundo de Ryo en un abrir y cerrar de ojos. 

Lloró al recordar como Ryoske siempre la cuidaba, como nunca era duro o grosero a pesar de que Akira hiciera las cosas mal. Cómo ella estaba enamorada de el. 

Akira lo sabía, estaba mal amarlo, esto tal vez solo era una ilusión pero quería aferrarse a eso, quería seguir amando a Ryoske. 

Sintió asco hacia si misma y aún así no pudo borrar como quería desesperadamente a Ryoske, como todo dolía y ardía pero como Ryo funcionaba como un analgésico, su sola presencia hacia soportable todo.

Sin más, acarició los lirios y decidió que tal vez esa era su flor favorita, porque ella merecía la muerte y no la eternidad.


Todos habían tenido motivos para hacer esto, eso no significa que fuera lo correcto. Aún lloraban por sus errores, por sus heridas, sufriendo en silencio, odiando en silencio. Lo único que los unía era el asco, la repulsión, la pérdida, el significado. Ahora formaban parte de algo, algo que eligieron tal vez sin medir las consecuencias. 

Esa noche todos lloraron sin saberlo, todos pensaron lo mismo, todos se hicieron la misma pregunta sin siquiera pensar si los demás se sentían igual.

¿Por qué habían hecho esto?.