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Caída libre

Summary:

Enji Todoroki pasó la mitad de su vida creyendo que el poder bastaba para construir un legado.

En un Japón donde los dones y el omegaverse sostienen matrimonios arreglados como estructuras políticas, convertirse en el héroe número uno no lo libera del pasado ni de sus errores.

Cuando la Agencia Kizuna entra en escena, Enji se enfrenta al candidato selecto por la Agencia de Héroes.

o

Enji divorciado a sus 40 años es "forzado" a un segundo matrimonio con Keigo.

Notes:

Esta historia combina un tono serio y reflexivo con un desarrollo romántico pausado como una base pero el romance existe, no es fluff inmediato, pero sí una historia donde el cariño tiene peso.

Chapter Text

A los veinte años, Enji Todoroki entendió que nunca sería más fuerte que All Might.
No importaba cuánto entrenara, cuánto se exigiera, cuánto quemara su cuerpo hasta el límite. Estaban en niveles distintos, separados por una distancia que no podía acortarse con esfuerzo. Aunque se estirara hasta romperse, no alcanzaría siquiera el suelo que sostenía a All Might: ese terreno firme que el Símbolo de la Paz había construido y que el mundo entero contemplaba con confianza ciega.

Endeavor deseaba ser el más fuerte.

Y no era posible.

La conclusión no llegó de golpe, sino como una presión constante, una verdad que se filtró entre la rabia, el cálculo y la estrategia. Si no podía superarlo en esta generación, lo haría en las siguientes. A través del tiempo, los dones se fortalecían; la lógica era clara, fría, irrefutable.

Un legado.

En su rabia, en su cálculo, en su estrategia piensa que a través de las generaciones los dones se fortalecen y en su cabeza racional la decisión está tomada: un matrimonio por conveniencia de dones.

La idea de un matrimonio por conveniencia de dones había rondado su mente durante años. Siempre la apartó. Quería ser él quien, con sus propias manos, se alzara en lo más alto. No depender de nadie. No compartir el mérito. Pero ahora, con All Might siempre inalcanzable, esa resistencia comenzó a erosionarse.

Existía una agencia que se encargaba de todo: entrevistas, contratos legales, análisis de compatibilidad genética y estabilidad emocional. Su nombre era Kizuna. Se decía que su principal criterio era la “compatibilidad de feromonas”.

Alfa, Beta y Omega

Como si no fuera suficiente con la existencia de los dones hay otra clase de división en la humanidad, en Japón, los betas conformaban el ochenta por ciento de la población; los alfas, apenas el quince; los omegas, un cinco por ciento estrictamente regulado.

Enji era alfa.

Y no necesitaba mediadores.

No necesitaba compatibilidad emocional.

No necesitaba que nadie más se entrometiera en sus decisiones.

Quería resultados.

Y un don en específico para potenciar el suyo. Y aunque quisiera los servicios de la agencia “Kisuna” solo la elite más elevada y con un historial influyente políticamente o familias tradicionales como clanes podían gastar su tiempo (como Enji pensaba en ese entonces) y dinero.

Enji buscó durante meses.
Familia. Linajes. Registro de dones.

Encontró a una familia tradicional que pasaba por una crisis, los hijos del jefe de familia tuvieron unos escándalos y perdieron reputación, a Enji que tenía un origen para nada de élite no le importaba encajar en la élite, pero si sostener una imagen como héroe (otra razón para hacer las cosas él mismo). La familia tenía el don que le interesaba, Enji escogió al don de esa casa.
Él no eligió a una persona.
Eligió un don
Quedaba la hija menor se llamaba Rei Himura. Tenía el don de hielo. Era beta.
Un año de compromiso hasta que Rei cumplió la mayoría de edad y se casaron.

Ahora mirando hacia atrás, Enji se da cuenta de que si se hubiera registrado en la agencia jamás podría haberse casado con Rei aunque ella venía de buena familia porque ella tenía una alta sensibilidad emocional.

Ella no discutía: solo acataba,

no negociaba: solo obedecía en silencio,

Y Enji, en su juventud, solo sabía dominar.

Con su obsesión por All Migth, era incapaz de escuchar las señales de límite y era emocionalmente inmaduro. Kisuna jamás los hubiera unido por su propio bien.

El año en que Touya cumplió los 13 años él y Rei se divorciaron, reconoció sus fallas —tarde, pero las reconoció— y desea que su familia esté feliz sin él. Aún es su mayor estabilidad económica, les compró una casa para que no tengan que vivir donde él los lastimó.

Seis años después, ocupó el puesto de héroe número uno.
No porque lo hubiera superado.
Sino porque All Might ya no estaba.
La ironía era del tamaño del país entero, pero Enji la aceptó y siguió adelante.
No había forma de que la situación empeorara.

Pero lo hizo.

La habitación está en silencio, apartada estratégicamente para privacidad, sólo los pensamientos del héroe son el ruido más alborotado y no mira la hora porque sabe que llegó temprano, y vuelve a recordar los últimos acontecimientos:

Estaba regresando de patrullar cuando es interceptado por Burnin —¿Quién? —interrumpió Endeavor cuando la heroína soltó palabras enredadas. Entendía lo esencial, pero necesitaba precisión—. No te despediré, Burnin.

Ella tragando saliva y al fin más claro dice —La presidenta de la Agencia de Héroes y un representante de…Kisuna, señor— Usa un tono enérgico pero el borde de su boca y mirada están disgustadas, como un mal presentimiento con algo de preocupación.

Enji frunce el ceño, pero asiente con la cabeza y va directo a la sala de juntas.

Allí lo esperaban.

Su rostro estoico se mantiene cuando da un casi imperceptible saludo con un movimiento de cabeza. No hay grandes saludos verbales cargados de falsa cordialidad, Enji sabe que la presencia de la señora significa “favores” y jamás los ha aceptado ni en su debut.

¿Por qué sería distinto ahora?

—Endeavor—Saluda la mujer y da el espacio para que el hombre a su lado salude. El héroe toma asiento, en la cabecera está la presidenta. —¿Cómo te fue?—Hace una breve pausa para seguir con lo que parece un monólogo bien sabido en su cabeza.—Eres el héroe con más casos resueltos…tal vez no debí iniciar así…
Actuaba como si improvisara. Enji sabía que no era cierto.
Extendió el brazo para presentar a su acompañante.
—Él es Shigure Aoyama, representante de la agencia “Kizune”, seguro has escuchado hablar de ella.

El silencio se tensó.

Enji estaba a punto de despedirlos cuando Shigure habló por primera vez, con una voz calma, medida.
—Solo es una conversación, y ni siquiera decimos porque vinimos—Pausa y mira a Enji sin expresión—No te hubieras sentado si ya hubieras decidido echarnos sin escucharnos.

Algo se tensó en la mandíbula de Endeavor.

Esa actitud le molestó.

Le recordó a Touya.

Endeavor alzó la mirada, crítica, incandescente.

Y el fuego, apenas contenido, respondió.

—Si esta es una maniobra política —dijo Enji al fin, con la voz grave y controlada—, pueden retirarse ahora.
La temperatura de la sala subió apenas un grado; no lo suficiente como para activar alarmas, pero sí lo bastante como para que la presidenta cruzara las manos sobre la mesa con un gesto contenido. Shigure no reaccionó. No retrocedió. No tensó los hombros.
Solo observó.
—No lo es —respondió Shigure sin dudar—. Y si lo fuera, no estaríamos aquí los tres.
La presidenta ladeó la cabeza, aceptando implícitamente la afirmación, pero no intervino. Aquello no era su terreno.
—Kizuna no opera por favores —continuó Shigure—. Operamos cuando el sistema empieza a fallar.
Endeavor entrecerró los ojos.
—El sistema funciona.
—Funciona —corrigió Shigure—, pero a un costo creciente. Y usted es ahora una de las variables críticas.

Esa palabra no pasó desapercibida.

Variable.

Enji apoyó ambos antebrazos sobre la mesa, inclinandose apenas hacia adelante. Su sombra se proyectó larga sobre la superficie pulida.
—Habla claro.
Shigure asintió, como si hubiera estado esperando exactamente eso.
—Desde que asumió el puesto de héroe número uno, su perfil psicológico ha sido reevaluado tres veces por organismos distintos —dijo—. No por inestabilidad en combate, sino por aislamiento prolongado.
La presidenta frunció el ceño, pero no negó la información.
—No es ilegal estar solo —replicó Enji.
—No —concedió Shigure—. Pero en un alfa con su nivel de influencia, sí es observado. La narrativa importa. La percepción pública importa. Y su historial familiar… importa.

El fuego subió otro grado.

—No usaré a nadie para limpiar mi imagen.
—No se lo estamos pidiendo.
Shigure hizo una pausa breve. Calculada.
—Le estamos ofreciendo una estructura donde eso no vuelva a ocurrir.
Enji se quedó inmóvil.
No porque estuviera convencido, sino porque algo en el tono de aquel beta le resultaba peligrosamente distinto. No era persuasivo. No estaba vendiendo nada. Estaba delimitando un marco.
—Kizuna no busca reproducir errores pasados —continuó—. Tampoco borrar consecuencias. Nuestro trabajo es prevenir escenarios donde el poder, incluso sin intención, vuelva a causar daño.

La palabra daño cayó pesada.

Durante un segundo, Enji pensó en Rei.

En el silencio de la casa.

En las miradas que nunca supo leer.

—¿Y cree que yo permitiría que me digan cómo vivir? —preguntó, con una risa seca.
—No —respondió Shigure con absoluta calma—. Creo que por eso todavía está aquí, escuchando.
La presidenta intervino por primera vez.
—Endeavor, nadie está cuestionando tu capacidad como héroe. Pero el equilibrio social después de All Might es frágil. Kizuna ha trabajado con figuras de poder antes. Sabemos cuándo intervenir… y cuándo retirarnos.
Enji se recostó en la silla.
—Entonces retírense.
Shigure no se movió.
—Aún no.
El silencio volvió a instalarse, más denso.
—Hay un candidato —dijo finalmente.
La palabra no fue acompañada de detalles. Ni nombre. Ni clasificación.
Solo eso.
Candidato.
—No he solicitado nada —respondió Enji.
—Todavía —replicó Shigure—. Pero lo hará. Y cuando lo haga, queremos que sepa que esta vez las condiciones no las impondrá solo usted.

Algo en el pecho de Enji se contrajo.

No rabia.
No miedo.
Resistencia.

—No estoy interesado en repetir el pasado.
—Lo sabemos —dijo Shigure—. Por eso estamos aquí ahora… y no hace veinte años.

La temperatura subió dos grados.

La presidenta se levantó, dando por terminada la reunión.
—Piénsalo —dijo—. No es una orden. Es una opción.
Shigure también se puso de pie. Antes de salir, se detuvo y miró a Enji una última vez.
—Si decide escuchar —añadió—, no será para firmar un contrato. Será para aprender a detenerse cuando alguien diga no.
La puerta se cerró.
La sala quedó en silencio otra vez.
Enji no se movió de inmediato.
El fuego descendió lentamente, como si su cuerpo entendiera que no había enemigo al que enfrentar.
Por primera vez en años, no sentía rabia.
Sentía algo peor.

La certeza de que esta vez, no podría hacerlo solo.