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T-shirt
—¡Van contra Barcelona! —el gritó feliz le hizo dar un saltó en su lugar. Miró de reojo a quien entraba en la cocina con tanto entusiasmo, Silas lucía realmente alegre. La noticia de enfrentar al FC Barcelona en Champions también le alegraba.
—Que bueno... —murmura, sigue en su labor de preparar el chocolate caliente que el omega ha pedido mientras veían la transmisión del sorteo. Y como no quiso hacerle esperar, se levantó y lo estaba preparando. —¿Y qué equipo más?
—Oh... no he visto. Ya lo veré después. —Silas se aferra a él desde atrás, su cortos brazos rodeándolo de forma fuerte y firme. El más bajito liberaba su aroma cubriéndolo totalmente como si fuese a salir en algún momento.
—¿Quieres que te consiga una camiseta de Robert Lewandowski, Schatzi? —la pregunta provoca una risita en el omega, pasa su cabeza por debajo de sus brazos con facilidad. Sus ojos verdes brillan, con la emoción de alguien que ha sido descubierto.
—¿Puede ser autografiada? —pregunta en tono dulce, el alfa asiente y continúa revolviendo el chocolate. Silas se aferra nuevamente a él, aunque ahora ha decidido meterse debajo de su suéter. —Te daré lo que quieras a cambio. —escucha apenas, pero sujeta la mano contraria que juguetea sobre su abdomen, sabe que lo está provocando y ahora mismo no puede abandonar el chocolate o se cortara.
—Eso espero, Schatzi. —saca la mano contraria y deposita un beso en su Palma. La risita del más bajito resuena sobre su piel, erizandose totalmente.
××××××
El estadio St. James' Park acogía el tan esperado debut del equipo local. Las urracas recibían al club que la temporada pasada fue una total revolución en el fútbol mundial.
Él Barça hacía una de sus equipaciones por primera vez y los ojos de Silas brillaban mientras veía ingresar a todos los jugadores. Su alfa había quedado en el banquillo, aunque eso relegaba a un tercer o quizás cuarto plano.
Sus ojos y la cámara del móvil enfocan directamente al delantero del club español. Robert Lewandowski. Desde niño lo había admirado demasiado y verlo ahí en vivo nuevamente era una sensación indescriptible.
Tim a su lado se reía de la forma emocionada en que observaba todo lo que hacía Lewandowski en la cancha. Solamente podría pensar en el pobre de Nick que quedaba fuera de toda la atención de Silas cuando estaba en frente suyo a quien él consideraba "el amor de su vida" futbolístico. Amaba a Robert Lewandowski y eso demostraba en la forma en que estaba grabando miles de vídeos y miles de fotos se quedaban en su móvil.
Incluso pareció no importarle cuando un jugador del Barça marcó gol y vino a celebrarlo cerca de su esquina, fue ahí cuando tuvo la toma más cercana de Robert.
—Tim... míralo, es... es... wow
Se queda sin palabras, mira con emoción todo y él solo puede negar. El omega casi trajo una camiseta del equipo rival ese día, tanto Nick como él tuvieron que persuadirlo de no hacer eso. De otro modo la afición podría enfadarse con ellos, no querían eso.
Nick ingresó al minuto 62, en una de sus tantas subidas, se quedó a media cancha justo cuando había un cambio más. Lewandowski estaba muy cerca.
—Cuando terminé el encuentro podemos intercambiar camisetas... —murmura un poco bajo, tapándose la boca. El delantero polaco que lo tenía a la vista sonríe.
—Claro, búscame en el túnel.
La pelota siguió rodando, el partido continuó su curso y cuando el pitido final resonó en el estadio. Incluso con el resultado en contra, Nick pudo observar como su omega sonreía feliz mientras señalaba el resultado.
Sabía que no le estaría grabando ese día, él no era quien para competir con Robert Lewandowski. Niega y va al banquillo a tomar un poco de agua y recoger la pluma que ha dejado en su abrigo.
Se despide de sus compañeros e ingresa detrás del delantero polaco.
—¡Hey, Robert! —llama y este se detiene con una sonrisa. Él ya tiene su camiseta en mano y el delantero del Barça se quita la suya.
—¿Quieres un autógrafo? —pregunta el mayor en alemán.
—Sí, pero no es para mí. Es para mi omega, es un gran fanático tuyo.
—Oh, que genial. Tiene buen gusto. —Robert se ríe, recoge la pluma y Nick le dice el nombre de su pareja.
—Hoy ni me ha visto entrar, lo vi más feliz viéndote a ti.
—Lo siento. —el polaco se disculpa con una risita.
—Es culpa mía por no ser Robert Lewandowski.
Charlan un momento más y después se despiden. Nick entra al vestuario y lo primero que hace es guardar la camiseta del polaco. Después se toma una ducha y sale media hora después rumbo al estacionamiento.
Ve a su omega y su cuñado esperándolo al lado del auto, hablando entre ellos como si no se hubiesen visto en años.
—¡Mein Mann!. Estuviste genial hoy, incluso si no ganaron, lo hiciste bien, amor. —Silas Salta a sus brazos y él se ríe.
—No seas mentiroso, Schatzi. No te has fijado en mí en este día. —deposita un beso corto en sus labios y después frota sus narices. De reojo ve a Tim rodar los ojos ya harto de sus constantes muestras de cariño.
El frío empezaba a sentirse aún más, ya era muy tarde y las mejillas de su pareja empezaban a enrojecer. Silas se había puesto un montón de abrigo y abrazarlo lo hacía sentirse como si tuviera en brazos a un osito de felpa.
—¿Nos vamos? O ya se olvidaron que sigo aquí.
La protesta de Tim hace reír a los otros dos. Suben al vehículo del alfa y ponen en marcha al hotel en donde se queda Tim, porque; "prefiero mantener mi salud mental" por eso no se quedó con ellos.
×××××
La calefacción del hogar los recibe. Silas es el primero en entrar ya que desde hace rato anda diciendo que se muere de frío. A Nick me resulta gracioso como recoge una de las mantas que tienen en la sala para tumbarse en el sofá y taparse de los pies a la cabeza buscando calor.
El alfa baja su mochila en el estante de la entrada y saca de adentro la camiseta que le fue entregada por el polaco.
—Schatzi... —El tono suave con el que se dirige a su pareja hace que este le preste atención de inmediato. Su mirada verdosa pasa de su rostro a sus manos y esos ojitos que tanto adoran brillan.
—¿Eso es?... —cae al piso rodando, se levanta de en medio de la manta y con asombro ve el número, después el nombre y apenas lo toca. Le mira a él, después la camiseta, da saltitos y después lo vuelve a tocar. —¡Eres el mejor alfa del mundo! Gracias, gracias, te amo, te amo.
Recibe unos cortos besos, pero bruscos porque Silas está saltando para alcanzarlo. Le quita la camiseta de las manos y lo desdobla. Su boca se abre sorprendido, sus ojos emocionados y totalmente feliz. Su aroma, su forma de pararse.
Nick sabe cuando su omega está feliz y ahora lo estaba, el pequeño TIC nervioso cuando siente demasiado aparece. Su pierna moviéndose de forma inquieta.
—Tiene mi nombre y su firma...
Silas murmura, ya ha dejado de mirar la camiseta. La coloca con sumo cuidado sobre el sofá. Después se acerca a él a pasos lentos, se para sobre sus pies pegando sus cuerpos y se pone de puntillas.
—¿Que quiere mein mann? —pregunta de forma suave y coqueta. Sus labios rojizos tentadores a la vista del alfa. Nick lleva sus manos a la cintura del más pequeño y lo levanta para ponerlo más a su altura. Silas se ríe ante la forma en que sus pies quedan colgando muy lejos del sueño.
—Mhm... me has prometido lo que yo quería, Schatzi. Y lo quiero todo.
El omega sonríe, su aroma a miel inundando todo el espacio. Sus pequeñas manos toman el rostro del alfa y lo besó con suavidad, un exceso que quizás al más alto no le guste tanto. Por lo cual reacciona de inmediato profundizando el beso, Silas se ríe antes de separarse un poco.
—Vamos a la cama...
La respiración de Nick parece alterarse, su aroma poco a poco va saliendo libre. El supresor ya estaba cediendo y su alfa despertando sin apuros.
Silas sonríe con dulzura cuando su cuerpo golpea el colchón, las manos de Nick hundiéndose a sus costados.
—Lo haremos a mi manera. —susurra sobre sus labios de forma provocativa. Se aparta de él y le retira sus prendas, no se detiene hasta tenerlo totalmente desnudo y sonrojado. —Me tienes mal... muy mal... —sus palabras salen roncas, desesperadas mientras sus manos suben por sus piernas, el contraste de temperatura haciendo su efecto. Su piel tibia temblando al paso de la mano fría del alfa.
—Tengo frío... —susurra, sus mejillas ardiendo cuando la boca contraria atrapa su pezón. El mordisco le hace levantar el cuerpo en contra del contacto. No puede cerrar sus piernas por lo cual siente su erección pegarse a la ropa contraria y su entrada se lubrica de forma exagerada. No quería que Nick juegue con él, quiere que lo tome ahí mismo. —Alfa...
—Shhh... hoy estuviste muy atento a otro alfa, creo que me sentí muy herido. —el tono de burla era notorio, Silas tembló cuando los dedos fríos rozaron su entrada. Nick los hundió de inmediato en su interior y él ahogó un gemido agudo.
—N-Nick... —jadea, el alfa parece no escucharlo, sus dedos entran y salen, primero dos, luego tres y después lo está presionado. Abriendo y empujando profundo en él. Sus gemidos se ahogan contra sus manos y busca cerrar sus piernas, pero el alfa no se lo permite.
Nick mira el espectáculo de cómo su entrada está tomando sus dedos profundamente, de como el lubricante natural empapa su mano y las paredes del omega se contraen. Levanta la mirada y se encuentra con los ojos llorosos y las mejillas rojas del omega.
—Mhm... mi Schatzi parece que quiere más. —Nick baja, lentamente sin detener el trabajo de sus dedos. Lame desde el ombligo para arriba, pasa por en medio de sus pechos y sube hasta su glándula omega, en donde termina mordiendo sin fuerza y Silas termina corriéndose de forma inmediata.
Sus manos aprietan los hombros del alfa, temblando y respirando con dificultad.
—Te quiero... te quiero, alfa... —su voz sale desesperada, sus ojos ruegan al igual que su boca. Sus manos buscan quitarle la ropa al alfa de forma desesperada y este le concede el honor. Cuando Nick queda desnudo permite que su omega lo toqué, aunque solo por un momento.
Sujeta las muñecas de su chico contra el colchón, Silas no lucha. Deja que Nick explore su cuello con besos húmedos y mordiscos que seguro dejarán muchas manchas sobre su piel. Siente la erección del alfa rozar sus muslos de forma insistente sin buscarlo, no comprende porque va despacio, ambos lo desean. Él quiere tenerlo dentro suyo.
—No bajes los brazos... —murmura sobre su abdomen, se levanta y lo mira con atención, las manos se han juntado sobre su cabeza, sus brazos pálidos temblorosos, pero quietos de una forma que le hace sonreír. Sus dedos bajan, lentos y firmes sobre la tersa piel.
Silas tiembla bajo el toque, sus ojos brillantes de la emoción y el deseo que causa en él, su alfa. Nick recorre los costados, hasta sujetar su cintura, misma que cabe en sus dos manos de forma perfecta.
Desciende y toma una de las piernas que se aferra a él. La piel se eriza a su paso, los músculos se tensan y el temblor placentero del más pequeño le provoca lo mismo. Tiembla de deseo, de urgencia por hundirse en él, por follarlo, pero se contiene. A sabiendas de que tienen todo el tiempo del mundo y que nada le impedirá estar en su interior y llenarlo de su semilla como siempre lo hace.
Besa el tobillo, la pantorrilla y por último el muslo blanco, suave y delicioso a su vista. Sus caricias suben y bajan y él se recuesta suavemente sobre el cuerpo de su omega. Sin lastimarlo, sin forzarlo.
—Me encantas, no sabes cuánto. —Besó la mandíbula del omega, dejándose atrapar por el aroma a miel que lentamente se mezclaba con el aroma a madera que le pertenecía. Se adentra en el más joven, quien gimotea buscando moverse, sus manos se hunden en la almohada que está debajo de su cabeza. Nick entra, totalmente y él lo toma, como si no hubiera un mañana.
Lo recibe en su interior mientras respira con dificultad, nunca se acostumbrará del todo. De tenerlo tan profundo, de sentir el pequeño bulto en su vientre cuando se mueve.
Aunque al principio es lento, logra activar todos sus puntos nerviosos. Silas jadea en busca de algo más, le encanta, pero quiere que vaya más rápido. Pero no puede pedirlo, cada que quiere hablar, Nick lo embiste y sonríe.
Está jugando con él.
Las manos del alfa sostienen su cintura y aceleran sus movimientos. Golpeando su próstata una y otra vez mientras él se retuerce de placer.
Nick aún sostiene una de sus piernas mientras lo folla, las manos grandes se hunden en la carne tibia de su omega. Los labios rojizos tentadores se entreabren buscando formular alguna palabra.
—Ni... ah... Nick... al... alfa.
Le causa ternura y a la vez le incentiva a ir más profundo, a follarlo más fuerte mientras escucha sus monosílabos placenteros. Le encanta que Silas no retenga sus gemidos, adora como sus paredes lo absorben, lo toma completo y cuando baja la mirada a su unión le fascina la vista que contiene.
La entrada de su omega se estira alrededor de su polla, el lubricante natural escurre y el sonido húmedo de sus pieles al chocar se vuelve más repetitivo.
La piel de Silas brilla, su abdomen está nuevamente empapado de líquido pre seminal.
Silas baja los brazos, se aferra a los suyos y logra liberar su pierna elevada anteriormente. Es pequeño y escurridizo. Lo tumba con facilidad en la cama, las pequeñas manos puestas sobre su pecho.
—E-eres cruel... —suelta de pronto. Sus uñas se hunden en la piel del pecho del alfa cuando éste levanta la pelvis y lo penetra profundamente.
Los pequeños gritos de Silas se vuelven más repetitivos cuando él empieza a moverse, montando a su alfa como muchas veces, como tantas veces en donde terminaba totalmente exhausto.
Las manos de Nick lo sujetan de la cintura y guía sus movimientos, una tras otra estocada con donde un bulto se forma en su bajo vientre.
—Mi Omega... Mein Schatzi. —jadea el mismo, Silas continúa con sus movimientos, esta vez más lentos. Más tortuosos y llevándolo al límite. Hunde sus dedos en la cadera de su pareja y lo detiene cuando ambos se corren.
La semilla del alfa calienta el interior del omega, antes de que caiga derribado sobre el cuerpo del más grande. Lo siente palpitante en su interior, su nudo siendo inevitable. Las pequeñas caricias que le brinda Consuelo le hacen suspirar.
Nick cambia de posición de forma lenta, sin lastimarlo. Queda él debajo del cuerpo más grande, es más reconfortante estar unidos en esa posición.
—Te amo... —suelta el alfa mientras besa su cuello, la zona en donde la marca de unión estaba, cicatrizada desde hace un tiempo. Sus manos suben a hundirse en el pelo contrario, le brinda cortos masajes sobre su cuero cabelludo.
—Yo también te amo. —confiesa de forma tímida, aunque lo ha dicho miles de veces. Nunca se acostumbrará a amarlo tanto, incluso si eso le salía con facilidad.
Amaba a Nick y Nick lo amaba a él, por eso se encargaba de conseguirle todas las camisetas que él quisiera.
Fin♡
