Chapter Text
Alex Browning nunca podría olvidar el primer día en que conoció a Carter Horton. Estuvieron juntos desde secundaria; él era uno de los chicos más populares al ser deportista, capitán del equipo, atractivo, con calificaciones decentes, pero con un pésimo humor. Así como fue conocido por destacar, todos supieron que nunca debieron sacarlo de quicio, ya que Carter no se contendría y molestaría sin parar a quien interrumpiera sus momentos de tranquilidad. Solo que no le importó a Alex; si Carter quiso comportarse como un idiota, lo evitaría; prefirió concentrarse en los estudios. Así como Alex era conocido por sus compañeros como un joven amable y con ese toque de ironía, también uno de los más inteligentes, uno diría que los caminos de Carter y Alex no tendrían por qué cruzarse; sin embargo, sucedió en un proyecto de ciencias. Era el último año de la secundaria, así que el maestro asignó la tarea de trabajar en equipo; antes de que los estudiantes escogieran, les dijo que él los elegiría. De ese modo, estuvieron ahí mismo en la casa de Alex, trabajando en lo que les encargaron, solo que Carter no puso tanto de su parte y dejó que el rubio hiciera casi todo. Eso irritó a Alex; pensó en reclamarle y llegó a un punto de la desesperación que no dudó en detenerse unos momentos y reclamarle porque no lo ayudaba en nada. Carter lo miró con molestia, cruzó sus brazos, diciéndole que la materia no era lo suyo, que prefirió otras asignaturas y que por ahora no fue de su prioridad. Alex, enojado, se levantó y fue a la cocina a buscar algo de tomar. Sin embargo, cuando regresó, no tomó el agua, oh no, le había rociado el agua encima a Carter. Enseguida, el deportista se levantó y lo agarró del cuello hasta acorralarlo contra la pared.
—¿Qué demonios te pasa, maldito Browning?
—No iba a dejar que hagas lo que se te venga en gana, vas a ayudarme quieras o no, no haré todo el trabajo por ti; tal vez estás acostumbrado a que otros te tienen miedo, pero yo no, Horton.
Alex esperó recibir un golpe o insultos de Carter, pero en lugar de eso, de repente, sintió los labios ajenos encima de los suyos en un beso apasionado. Eso lo tomó desprevenido; no supo si fueron las malditas hormonas o porque en el fondo siempre le pareció atractivo Carter; sin embargo, al final cedió y correspondió el beso. Sobra decir que en esa ocasión el proyecto pasó a segundo plano y tuvieron relaciones sexuales. Carter había sido el primero para Alex, tan especial e intenso, al menos para el rubio. Solo que le dolió saber que Carter prefirió tener una relación a escondidas, solo que lo entendió; ser homosexual no era bien visto por los demás, todavía hay mucha discriminación y fue paciente. Disfrutó de los encuentros apasionados, de cada contacto que tuvieron juntos.
Pero pasó el tiempo hasta convertirse en años y no vio señales de que Carter quisiera hacer su relación pública. Pero aguantó lo mejor que pudo y guardó silencio; se había enamorado del idiota de Carter Horton, quien lo insultaba y golpeaba en frente del resto y al mismo tiempo, a escondidas, lo besaba hasta dejarlo sin aliento. Alex pensó soportar, no obstante, cuando habló del tema con Carter, en lugar de recibir comprensión de parte de su pareja, ocasionó la molestia de Carter, quien se volvió distante.
—¿En serio? ¿Quieres hacerlo público? ¿Hablas en serio, Alex?
—Sí, ¿por qué no? Estoy cansado de esconderme y fingir que nos odiamos, no puedo vivir así, no cuando quiero que…
—Pues no estoy listo todavía, tendrás que esperar.
—Pero, Carter…
—¡Ya te dije que no! Solo te pido más tiempo, sabes que… te quiero, idiota, pero no puedo perder mi estatus, no quiero enfrentar a mi padre…
—Lo siento, Carter… te amo, pero no puedo aguantar más; si no podemos estar juntos, supongo que esto es el fin…
Carter no esperó escuchar esas palabras; tal vez al sentirse herido, dijo algo que lamentaría por mucho tiempo, pero enojado, le respondió que buscaría a alguien más, que Alex no era el único que deseó ser su pareja. Alex se aguantó las lágrimas y salió corriendo; no pudo creer su indiferencia, ¿en serio fue arrojado a la basura? Creyó que Carter lo entendería y así terminó su primer amor. Enseguida, fue a la casa de su mejor amigo Tod y esa noche, él lo consoló. Las cosas no mejoraron dos semanas después, ya que Carter apareció al lado de Terry, una de las chicas más populares, agradable, amable, y Alex presenció cómo Carter la besaba en frente de todos. Ese día lloró en silencio en los baños; nada más Tod entendió lo que pasaba. El último año de preparatoria fue un tormento para Alex al ver a Carter junto a Terry, pero lo soportó. Sería libre e iría lejos a alguna universidad, así que con el corazón destrozado siguió.
Solo que Alex no supo que Carter lo extrañaba; Terry era una forma de desquitarse, pero no la amaba. Esa relación estuvo destinada al fracaso desde antes de que comenzara. Pasaron los años y Alex había terminado de estudiar psicología; con el tiempo admitió a sus padres que le gustaban los hombres, que era homosexual, y ellos lo entendieron, dándole todo su apoyo. Así que ahora contó con un buen trabajo, conoció a Sam Lawton, un chico agradable que era un chef excelente y, aunque a Alex le costó confiar en alguien más… decidió darse una oportunidad en el amor. La relación con Sam escaló rápido, tanto que estuvo decidido a casarse con él. La época cambió y ahora eran más aceptables las otras sexualidades. Estuvo emocionado por eso. Comenzaron los preparativos para la boda, por lo que solo esperó que todo marchara bien…
Lo que no contó fue con que justo en la fiesta de compromiso, se encontraría de nuevo con su amor de secundaria y preparatoria: Carter Horton. Algo nervioso, trató de evitarlo a toda costa hasta que, después del brindis, fue abordado por él. No quiso hablar con él, pero estuvo junto con Sam, su prometido, así que tuvo que disimular. La conversación fue tranquila hasta que surgió un incidente y Sam, dándole un beso en los labios a Alex, se despidió, dejándolos solos.
—Así que… ¿Te vas a casar con él?
—Sí, ¿y se puede saber qué haces aquí? Estoy seguro de que no te invité…—declaró con molestia.
—¿Qué esperabas? Me enteré gracias a tus padres; siempre les caí bien y me lo dijeron.
—Bueno, si eso es todo, adiós, yo tengo que irme.
No estuvo listo para esa conversación. Alex siempre amó a Carter; demonios, todavía en el fondo lo amaba. Carter fue el primer chico de su vida, con quien tuvo su primera vez y luego de esos tantos encuentros que lo dejaron con ganas de más. Pero amaba ese lado rudo y protector; por alguna razón, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras salió del lugar, en un intento desesperado por calmarse. Amó a Sam… pero no a la misma intensidad que a Carter. Sam era tan dulce que durante años, hasta antes de encontrarse a Carter, se había olvidado de Carter, de la forma pésima en la que acabó su relación. Pero para su sorpresa y molestia, ese idiota vino a parar aquí, pero entendió el motivo de su aparición inesperada en la fiesta. Sin saberlo, Carter lo siguió y no estuvo dispuesto a dejarlo ir.
—Solo dime algo, Alex… ¿Lo amas?
—Eso no te importa, Carter.
—Me importa porque no puedes estar con él.
—¿Y por qué no? Sam ha estado ahí para mí desde hace tiempo, no como alguien que prefirió su reputación antes de luchar… ¿Sabes qué? Olvídalo, eso pasó hace años y no vale la pena recordarlo.
—Porque te amo, tonto, ¿qué crees que hago aquí? Sé que te lastimé, pero quiero…
—¿Que te dé una oportunidad? Oh, por favor, Carter, has llegado demasiado tarde, me voy a casar con Sam.
—Solo espera y hablemos… por favor.
—No, no quiero, ¿crees que no me dolió verte con Terry poco después de que acabó lo nuestro? Te odio, maldita sea, a ella sí la podías besar frente al resto y, en cambio, a mí…
Alex estuvo a punto de subir a su auto; ya después le explicaría a Sam por qué se marchó, pero antes de que pudiera hacerlo, Carter lo agarró del brazo. Alex forcejeó, en un intento de liberarse del agarre, pero él se lo impidió. De alguna manera, Alex no recordó con exactitud, solo que al final acabaron en el carro de Carter; no supo a dónde fueron; sin embargo, Carter los llevó a un lugar lejos de la ciudad. Conforme se acercaron, llegaron a una playa que reconoció a la perfección. Fue uno de los lugares que compartieron en sus primeras citas; sin decir nada, Carter se bajó y Alex lo siguió.
—¿Qué pretendes?
—Está bien… me equivoqué tanto; si después te casas con ese idiota, supongo que me lo tengo merecido, pero déjame disculparme como debería hacerlo desde hace años, por favor, Alex…
El rubio pensó decir no de inmediato, pero quiso escucharlo, así que accedió y solo tomó asiento en la arena. ¿Por qué no pudo alejarse y ya? Sam no se mereció esto, pero su corazón… se aferró al pasado, nunca había olvidado a Carter, ninguno de los momentos lindos que pasaron juntos. Lo escucharía, cerraría ese ciclo, el capítulo inconcluso de su vida, pero… no pudo del todo. La presencia de Carter lo alteró en muchos sentidos, llevándolo a cuestionar sus sentimientos por Sam. ¿En verdad se casaría con alguien a quien no amaba lo suficiente? Estuvo enamorado de su prometido, en serio, solo que era innegable que se estremeció un poco por la aparición repentina de Carter.
—Lo siento por todo… por tener miedo de enfrentar que me gustaban los hombres, que te amaba a ti. Siempre fuiste el único para mí; se me hizo fácil decirte cosas hirientes y solo cuando te perdí, entendí que no tenía caso nada más. Empecé a salir con Terry para llenar el vacío que dejaste, pero después de la graduación, terminamos; pasaron los años y no podía olvidarte. Sé que lo jodí, ¿de acuerdo? Y luego me enteré de que ibas a casarte con ese tal Sam; necesitaba verte por última vez, Alex.
Alex no pudo contener las lágrimas. ¿Por qué apareció Carter de nuevo justo cuando había decidido dejarlo atrás? Lo fulminó con la mirada; sentirse herido era decir poco porque, más que nada, Carter lo defraudó, lo hizo sentirse miserable y reemplazable. Quiso olvidarse de las veces que vio a Carter con Terry, cómo se besaron y, en especial, la manera en la que Carter prefirió mantener su reputación que defender la relación que tuvieron. No culpaba a Terry; ella no sabía nada de lo que tuvo con Carter y aun así… fue doloroso. Preguntándose: "¿A ella sí la elegiste? ¿En serio alguna vez me amaste o te acostumbraste a la idea de tenerme cuando quisieras?".
—Me hiciste sentir miserable, soporté el último año que estuvieras con Terry, ¿tanto te costaba entenderme? No deseaba ser un secreto; que solo me amaras a escondidas me torturaba. Nunca dejé de amarte, no dejaba de pensar en ti, pero tenía que darme mi lugar. Cuando conversé contigo, solo esperaba un poco de comprensión y te enojaste, no tuviste problema en desecharme como si lo nuestro no significara nada… ¿Qué imaginas que sucedería? Que aparecieras de nuevo no te da derecho a poner mi mundo de cabeza.
Alex todavía mostró sus ojos llorosos; su sentir lo estremeció, que apenas logró mantener la poca compostura. En cambio, a Carter le dolió… Era el culpable del sufrimiento acumulado del otro, de ese amor de su vida que nunca pudo dejar atrás, pero no iba a renunciar, no dejaría que el rubio se casara con ese tal Sam. No por razones egoístas, solo que no se imaginó sus días lejos de Alex. Se dejó llevar por el impulso, agarrándolo de la camisa y besándolo en sus labios, un contacto que extrañó mucho desde hace años. Mientras Alex quedó absorto y, aunque se negó a corresponder en un principio, al final lo hizo, apegándose más a su cuerpo.
—No te dejaré ir, no puedo estar sin ti, nunca volveré a cometer el mismo error, solo quiero estar contigo.
Esas palabras debieron de sonar vacías para Alex, ¿cómo pudo confiar de nuevo en él? Carter había desaparecido de su vida y regresó nada más para atravesar cada una de sus barreras. Creyó que su querer por Sam sería suficiente para continuar y sanar sus heridas, que con el paso del tiempo terminaría por enamorarse por completo. Pero aunque su intención nunca fue herirlo ni traicionarlo, ni siquiera pudo pensar en nada más al estar inmerso en medio de ese beso. ¿Por qué Carter siguió adentrándose en su corazón? Alex era incapaz de comprenderlo. Ya no importó la explicación; al final se dejó atrapar otra vez, en ese amor que todavía no acababa.
—Más te vale cumplirlo porque estoy a punto de mandar todo al demonio, mi boda, mis principios… solo porque no puedo negar que todavía te amo.
—Lo cumpliré y, más que decirlo, te lo demostraré.
Compartieron un último beso bajo la luz de la luna llena, luego volvieron a subir al auto y Carter los llevó a un hotel exclusivo. Alex no estuvo al tanto de lo que el otro había hecho a lo largo de los años, ni a qué se dedicaba, si acaso terminó sus estudios, mucho menos si tuvo otras relaciones aparte de Terry. Solo que prefirió no saber esa respuesta a lo último, no quiso saber si él anduvo con más personas; de tenerlo en consideración, sintió molestia y tristeza. Pero en cuanto entraron a la habitación, no pensó más al ser acorralado por Carter y que este lo llevara cargado a la cama.
—¿Qué haces?
—Recuperar el tiempo perdido y recordarte que nunca fuiste de Sam, de nadie más, ¿o acaso lo vas a negar?
—Tú… no sabes cuándo controlarte, me iba a casar con Sam, apareces y haces lo que te da la gana —bajó la mirada.
—No podía perderte y no voy a renunciar a ti.
Ahí estaba de nuevo ese lado de Carter que más derritió a Alex por dentro. Adoro cada una de sus facetas, pero la determinada, que mostrará un poco de vulnerabilidad, y ver la mirada decidida le provocaron perderse por completo otra vez. En esta ocasión, Alex inició el beso, lo guio a que se sentara en la cama y fue acomodándose encima de su regazo. Compartieron una mirada en la que no necesitaron decir más; supieron que ya no había vuelta atrás. Alex no quiso lastimar a Sam, solo que sus pensamientos se enfocaron nada más en Carter, quien pronto lo recostó en la cama y retiró las prendas de ambos hasta dejarlas esparcidas en el suelo de la habitación.
Carter repartió caricias, permitiéndose unos momentos para apreciar el cuerpo ajeno, deleitándose con la vista. Hace años que no tuvo a Alex entre sus brazos; si bien lo amaba, sus encuentros siempre fueron apasionados; los recordó como si fuera ayer. Ahora por fin pudo disfrutar de esos momentos a solas con él y se encargaría de que fuera inolvidable. Descendió a su pecho y jugueteó con sus pezones al lamerlos y succionarlos. Un tenue rubor apareció en las mejillas de Alex, mostrándose incapaz de resistirse a esas sensaciones placenteras. Como si nunca estuvieran distanciados todos esos años, su cuerpo reaccionaba de inmediato a su toque.
—Te gusta jugar…
—Tengo que disfrutar del momento.
Después de ese intercambio de palabras, Carter dirigió dos dedos a la boca de Alex, quien entendió lo que quiso hacer y comenzó a recorrerlos con su lengua. Luego de unos segundos, Carter los sacó y los dirigió entre las nalgas ajenas hasta que los introdujo de golpe para prepararlo. Los movió en forma de círculos, dilatándolo, y Alex no paró de jadear. Cuando Carter consideró que era suficiente, sacó los dedos y alineó su miembro y comenzó a abrirse paso en su interior al embestirlo con una estocada certera, ante lo cual Alex gimió alto su nombre al sentirlo dentro.
—Ngh… Carter.
—Justo así quiero escucharte, que digas mi nombre…
A Alex no le extrañó la posesividad del otro, pero sus pensamientos fueron interrumpidos conforme Carter aceleró las embestidas, las cuales adquirieron más profundidad y no pudo contener sus gemidos. Ambos se fundieron en medio de ese placer. Unidos en ese frenesí en el que los años sin verse solo incrementaron el anhelo por amarse y entregarse sin medidas. Incluso Alex, quien siempre trató de ser racional… no le importó nada más, solo dejarse llevar por la lujuria. No era nada más conectarse en ese acto carnal, sino que conllevó una entrega más especial, una en la que sus corazones se complementaron porque desde un principio debieron permanecer juntos.
Carter cometió el error de no defender su relación en el pasado, pero ya no lo lastimaría. Durante tanto tiempo quiso buscarlo y su maldito orgullo se lo impidió. Tal vez una vida no bastó para compensar el daño que le ocasionó a Alex. Ya no dejaría que el temor a qué pensarán los demás fuera un obstáculo para alcanzar la felicidad porque, al hacer suyo a Alex, encontró de nuevo esa chispa que hizo tanta falta en su vida para no sentirse vacío por dentro. Pensar eso mientras hicieron el amor... Bueno, Carter no nada más era un deportista o un bravucón como la mayoría de sus antiguos compañeros lo percibieron; también había muchas capas debajo de su faceta ruda, impulsiva y temeraria.
—No puedo descifrarte por completo… —dijo en medio de gemidos entrecortados.
—Tienes todo el tiempo para hacerlo, Alex —susurró en su oído con la voz algo ronca y no dejó de mantener ese ritmo en sus movimientos.
Hasta sus cuerpos encajaron a la perfección. No, nada más fue el dejarse llevar por la pasión. La conexión entre sus corazones y almas resonó, debido a que pudieron transmitirse sus sentimientos a través de ese encuentro íntimo. No fue solo sexo, era mucho más que eso. Consistió en una entrega total, sin secretos ni nada que ocultar. Ya después hablarían; ahora mismo desearon fundirse y Alex sintió que se derritió al hallarse entre los brazos ajenos. Varios sonidos eróticos salieron de los labios del rubio, quien contrajo su trasero, ante lo cual Carter gruñó por lo bajo y marcó un ritmo frenético. Inmersos en la pasión y sin límites, pudieron amarse, así como demostrarse cuánto se extrañaron gracias a cada beso, caricia y el roce entre sus pieles.
Carter lo sujetó de la cintura y acomodó las piernas ajenas encima de sus hombros para poder embestirlo con más facilidad que antes e inmediatamente, Alex arqueó su espalda hacia atrás; todo se sintió tan intenso, pero maravilloso. Nunca creyó que caería de nuevo; sin embargo, no hay manera de huir lejos de Carter Horton, el chico que lo molestaba en su época de estudiantes, aunque al mismo tiempo con quien descubrió un sinfín de experiencias. Y se sintió casi igual que en aquel entonces, nada más que Alex no era el mismo. Supo que no podría alejarlo nunca porque lo amaba tanto.
Los dos continuaron con ese vaivén y Carter lo besó en sus labios, mordió el labio inferior ajeno hasta que entrelazaron sus lenguas en un beso húmedo e intenso. El azabache jugueteó con sus pezones, apretándolos, pellizcándolos, y se inclinó para lamerlos, puesto que esperó provocarlo aún más. Aunque a Alex le costó concentrarse, no quiso quedarse sin hacer nada, así que se acercó a su pecho para dejar un recorrido de besos húmedos, luego en su cuello, hasta que acabaron en el hombro, donde dejó una mordida. Carter jadeó y las estocadas pasaron de ser certeras a ser más profundas; que pronto encontró su punto dulce, arremetiendo sin parar una y otra vez.
—No voy a aguantar mucho, Alex.
—Tampoco… ah, solo hazlo, Carter —como le costó trabajo pronunciar esas palabras.
Sin más, estuvieron cerca del límite, pero Carter no dejó de moverse y, por su parte, Alex entrecerró sus ojos y sucumbió a la sensación de la adrenalina mezclada con el placer. De un instante a otro, Carter alcanzó su orgasmo y sonrió de medio lado al apreciar la vista erótica de tener a Alex todo sonrojado y hecho un lío por todo lo que hicieron juntos. De inmediato, Alex también llegó al éxtasis y gimió alto su nombre, mientras que liberó su semen y manchó un poco los abdómenes de ambos. Los dos con la respiración agitada, se acomodaron en la cama y Carter lo abrazó.
—No podía quedarme sin ti, no me lo podría perdonar…
—Supongo que debo agradecer a mis padres, pero aun así me siento culpable; iba a casarme dentro de poco tiempo, Carter.
—Pues te tengo algo para que te acuerdes de que no puedes estar con ese tal Sam ni con nadie más.
Alex observó con curiosidad cómo Carter sacó algo de una de las cajas del buró cercano a la cama. Pero sin decir nada más o siquiera explicarse, Carter había agarrado un plug con cola de conejo. Lo metió por debajo de las sábanas y lo acomodó en la parte privada de su pareja para metérselo de golpe y que no saliera nada de la esencia de su interior. Un tenue rubor de tinte escarlata se apoderó del rostro de Alex, quien gimió entre sus labios por la sensación de ese juguete.
—Al menos… dime antes de hacerlo, idiota.
—Sí, ya sabes cómo soy, pero te recuerdo… —fue acercándose a su oído y susurró—. Eres solo mío, de nadie más, Alex.
—Carter… —mencionó un poco apenado—. Eres tan posesivo y sí, soy tuyo, aunque te quede claro que también eres solo mío.
—Por supuesto que lo sé, tonto, ¿qué te parece si descansamos?
—Sí, necesito recuperar energías.
El deportista abrazó a Alex de forma protectora contra su pecho y los cubrió con las sábanas. Dijeron "te amo", que expresó todo su sentir, un amor mutuo que perduró con el paso del tiempo. A pesar de que las cosas sucedieron como no esperaba, Alex tuvo la confianza de que todo saldría bien, pero mañana tendría que hacer lo correcto y hablar con Sam. Al final, ambos quedaron dormidos de manera profunda después de hacer el amor en esas cuatro paredes y volver a asegurarse de que no pudieron estar lejos el uno del otro. Así, la pareja de enamorados descansó con una sonrisa en sus rostros.

