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Si tienes un día de mierda (yo seré tu remedio)

Summary:

Wednesday se levantó de golpe, empujándola con una fuerza inesperada para alguien tan menuda. Enid retrocedió medio paso, pero no se dejó intimidar; respondió sujetando la muñeca de Wednesday antes de que la empujara otra vez.

—¿Qué pasa, Addams? ¿Crees que puedes asustarme como a todas las demás? —dijo Enid, la mandíbula apretada.

El rumor en la universidad era simple: nadie sobrevivía más de dos semanas siendo la compañera de habitación de Wednesday Addams.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Ni tu ni yo sabemos retroceder

Chapter Text

El rumor en la universidad era simple: nadie sobrevivía más de dos semanas siendo la compañera de habitación de Wednesday Addams. La última chica había salido llorando a las tres de la madrugada, arrastrando su maleta y jurando que prefería dormir en el pasillo antes que seguir bajo el mismo techo que la gótica.

Por eso, cuando la administración anunció que la única cama libre quedaba en la habitación 312, Enid Sinclair —alfa, jugadora estrella de lacrosse y eternamente optimista— no dudó en ofrecerse. No era que le sobrara el espacio en su dormitorio, pero algo en ella se sintió retado.

¿Que tan terrorífica puede ser?”, pensó, cargando su caja de ropa fluorescente y cojines con estampados de gatitos.

La respuesta fue inmediata: mucho.

Wednesday abrió la puerta sin siquiera mirarla, su silueta recortada contra la penumbra de la habitación. Vestía negro de pies a cabeza, los labios presionados en una línea fina.

—Así que tú eres la siguiente víctima. —lo dijo sin inflexión, como si narrara el informe de una autopsia.

Enid sonrió de más, como siempre.

 —¡Encantada! Prometo no llorar a medianoche… al menos no demasiado.

La convivencia se volvió un campo de batalla invisible. Wednesday ignoraba a Enid, pero la notaba demasiado: el olor alfa era cálido, invadía el aire y, aunque Wednesday era beta, su cuerpo reaccionaba con un cosquilleo irritante. Enid, por su parte, descubre que la forma en que Wednesday sostenía la pluma al escribir podía ser más sexy que cualquier cita en fraternidades.

Los días pasaron entre roces accidentales, discusiones sobre la temperatura de la calefacción, y el sonido insistente de los audífonos de Enid que filtraban pop alegre a través de la pared.

La noche del quiebre llegó a mitad de semestre. Enid entró a la habitación tras un entrenamiento brutal, agotada y con un humor de perros. Tiró su bolsa contra la pared y se dejó caer en la cama, sudorosa, jadeante, con el olor alfa más fuerte de lo habitual.

Wednesday alzó la vista de su máquina de escribir.

 —¿Podrías no perfumar el cuarto como si fuera un zoológico en celo? Incluso yo puedo sentir tu olor a perro mojado.

—¿Podrías por una vez no sonar como si odiaras respirar? —replicó Enid, chasqueando la lengua.

El silencio posterior se volvió pesado, eléctrico. Enid se puso de pie, aún ardiendo, y se acercó demasiado al escritorio. Wednesday no retrocedió.

—Eres insoportable. —susurró Wednesday, y por un instante, sus ojos se clavaron en los de ella con una furia que parecía otra cosa.

—Dilo de nuevo. —Enid sonrió con esos colmillos demasiado pronunciados como si fuera un intento de depredador observando a su presa.

La tensión se rompió en un segundo. Wednesday se levantó de golpe, empujándola con una fuerza inesperada para alguien tan menuda. Enid retrocedió medio paso, pero no se dejó intimidar; respondió sujetando la muñeca de Wednesday antes de que la empujara otra vez.

—¿Qué pasa, Addams? ¿Crees que puedes asustarme como a todas las demás? —dijo Enid, la mandíbula apretada.

Wednesday forcejeó, intentando zafarse, hasta que Enid la empujó contra la pared. Wednesday reaccionó al instante, clavándole la rodilla en el muslo para liberarse, pero Enid contraatacó sujetándola por la cintura y atrapando sus muñecas arriba de su cabeza.

Ambas respiraban fuerte, jadeantes, tan cerca que el calor de una chocaba con el de la otra. El cuarto entero parecía encogerse alrededor de ese choque de voluntades. Wednesday, con el rostro apenas a centímetros del de Enid, siseó con furia:

—Suéltame.

Enid la observó en silencio, con los ojos ardiendo, la respiración entrecortada y la adrenalina mezclándose con algo mucho más primitivo. Y entonces, sin pensarlo más, la besó.

No fue suave ni cuidadoso: fue un beso marcado por la rabia, por la tensión acumulada, por la necesidad de ganar y al mismo tiempo rendirse. Wednesday, sorprendida, intentó resistirse durante un segundo eterno… hasta que terminó cediendo con un gemido sofocado contra sus labios.

Se separaron bruscamente, como si el aire se hubiera vuelto de pronto irrespirable. Ambas se miraron, atónitas, el pulso desbocado, los pechos subiendo y bajando con violencia.

El silencio ardía. Ninguna de las dos parecía dispuesta a dar el primer paso, pero tampoco a retroceder.

Enid inclinó la cabeza, mostrando los colmillos en una sonrisa descarada, y se acercó otra vez. Esta vez Wednesday no se movió. El choque de sus labios fue más urgente, más necesitado, y lo que comenzó como un beso acabó arrastrándolas hacia la cama, entre tropiezos, respiraciones entrecortadas y el sonido de sábanas revueltas.

La lámpara quedó encendida, proyectando sombras que se mezclaban en la pared, hasta que todo se desdibujó en la penumbra y lo único que quedó fueron jadeos, murmullos cortados y el peso ineludible de rendirse la una a la otra.

Cuando al fin la habitación cayó en calma, solo quedaron dos cuerpos exhaustos, tendidos en la misma cama, con la certeza muda de que ya nada volvería a ser igual.

Fue Enid quien habló, la voz rota por la tensión acumulada, apenas un susurro cargado de verdad.

—Oye… te tengo que dar las gracias. —su sonrisa tembló, aunque no apartó la mirada—. Tuve un día de mierda, pero cuando estuve dentro de ti… sentí esperanza.

Wednesday parpadeó, incrédula, antes de soltar una risa seca, breve, peligrosa.

 —Eres patética.

Notes:

Me siento triste, quería escribir angst pero termine escribiendo esto.