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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-11-05
Completed:
2025-11-05
Words:
12,541
Chapters:
10/10
Comments:
25
Kudos:
68
Bookmarks:
7
Hits:
1,230

Corazón rojo

Summary:

Kara Zor-El tenía solo catorce años cuando Krypton fue destruido. Lanzada al espacio en una cápsula de escape, su rumbo se volvió incierto, atrapada en la inmensidad del universo... hasta que una fuerza roja como la sangre la encontró.
Un anillo de los Linternas Rojas, guiado por la ira ardiente en el corazón de Kara, la eligió como su portadora. Su furia, su dolor, su odio por lo perdido... la transformaron en algo nuevo, una guerrera de la rabia, temida en sistemas enteros, portadora de una voluntad indomable.

Por diez años, Kara fue una leyenda, una sombra roja que caía sobre planetas, reinos y dictadores con una venganza sin límites. Pero todo cambió al llegar a la Tierra. Allí conoció a Lena Luthor, una científica brillante, poderosa empresaria y defensora silenciosa del planeta. Lena no la temió. Lena la vio. Más allá de los ojos incandescentes y la armadura del anillo, vio a la niña perdida que aún sangraba por dentro.

Lo que comenzó como enfrentamientos se convirtió en entendimiento. Luego en deseo. Luego en algo que ni Kara ni Lena sabían cómo nombrar. Kara había quemado mundos... pero ahora, quemaba por Lena.

Chapter 1: Furia de krypton

Chapter Text

Sinopsis
Kara Zor-El tenía solo catorce años cuando Krypton fue destruido. Lanzada al espacio en una cápsula de escape, su rumbo se volvió incierto, atrapada en la inmensidad del universo... hasta que una fuerza roja como la sangre la encontró.
Un anillo de los Linternas Rojas, guiado por la ira ardiente en el corazón de Kara, la eligió como su portadora. Su furia, su dolor, su odio por lo perdido... la transformaron en algo nuevo, una guerrera de la rabia, temida en sistemas enteros, portadora de una voluntad indomable.

Por diez años, Kara fue una leyenda, una sombra roja que caía sobre planetas, reinos y dictadores con una venganza sin límites. Pero todo cambió al llegar a la Tierra. Allí conoció a Lena Luthor, una científica brillante, poderosa empresaria y defensora silenciosa del planeta. Lena no la temió. Lena la vio. Más allá de los ojos incandescentes y la armadura del anillo, vio a la niña perdida que aún sangraba por dentro.

Lo que comenzó como enfrentamientos se convirtió en entendimiento. Luego en deseo. Luego en algo que ni Kara ni Lena sabían cómo nombrar. Kara había quemado mundos... pero ahora, quemaba por Lena.

 

Capítulo 1: Furia de Krypton

El espacio es silencioso. Inmenso. Vacío. Pero en ese vacío viaja una cápsula.
Pequeña. Dañada. Casi olvidada por el universo. En su interior, una adolescente flota en animación suspendida. Su piel es pálida, casi traslúcida bajo la luz de estrellas que jamás conocerá. Su nombre es Kara Zor-El.

Tenía catorce años cuando todo terminó.
Krypton… su hogar, su madre, su padre, todo... se convirtió en fuego y ceniza. La cápsula no llegó a tiempo a la Tierra como estaba planeado. En su lugar, quedó atrapada en una tormenta de agujeros de gusano, saltando años y sistemas sin control. Mientras su primo, Kal-El, aterrizaba en Kansas, Kara vagaba en un limbo estelar, perdida y olvidada. Hasta que la rabia la encontró.

Una voz habló en la oscuridad. Fría. Aguda. Viva. “Kara Zor-El de Krypton… tú tienes una gran rabia en tu corazón.” La cápsula se sacudió violentamente. Una luz roja cortó la negrura del espacio y entró en ella como una flecha ardiente. Un anillo rojo flotaba frente a su rostro dormido, brillando como sangre líquida.
“Bienvenida al Cuerpo de Linternas Rojas.”

Kara despertó con un grito. Su cuerpo convulsionó mientras el anillo se fundía con su piel, su sangre, su alma. El oxígeno en la cápsula ardió. Su traje kryptoniano se desintegró. Y en su lugar, apareció uno nuevo, oscuro como la noche, con el símbolo rojo del cuerpo que se alimentaba de furia. Su primer aliento fuera de la cápsula no fue de alivio… fue un rugido.

Años después...

Un planeta sin nombre se encuentra bajo ataque. La atmósfera tiembla. Las nubes arden. Naves explotan en el cielo como fuegos artificiales siniestramente hermosos. Y en el centro del caos, está ella. Kara. Su nueva armadura parecía forjada en la superficie de una estrella moribunda. Botas altas de un rojo profundo, metálico, marcadas con líneas negras en espiral como cicatrices ardientes. Pantalones ajustados, diseñados para el combate y la velocidad, reforzados con placas flexibles sobre los muslos y rodillas. Una chaqueta blindada se ajustaba a su torso como una segunda piel, abierta en el pecho con el símbolo de los Linternas Rojas ardiendo con un resplandor interno.

Una capa roja, más oscura que la sangre, se extendía tras ella como un río de fuego líquido, sujetada por hombreras negras con runas alienígenas talladas. En su rostro, un antifaz del mismo tono que el anillo cubría sus ojos, proyectando una expresión eterna de furia controlada.

Su cabello rubio, largo y rebelde, caía como una cascada solar detrás de ella. Pero todo su ser brillaba con un aura roja intensa. Incluso su piel tenía un leve resplandor rojizo, como si estuviera hecha de energía viva. Sus ojos, donde alguna vez hubo luz y ternura, ahora ardían con fuego puro, dos brasas inquebrantables que quemaban todo lo que miraban.
Kara Zor-El ya no era solo kryptoniana.
Era una fuerza. Una llama viva que recorría el universo.

Su capa ondea tras de sí como una llama viva mientras su cuerpo se mueve con violencia perfecta. Nada puede detenerla. Cada enemigo que la enfrenta es reducido a cenizas o sometido. Su cuerpo ya no responde a límites físicos: vuela, lucha, ruge y destruye con una pasión que es más arma que emoción. No habla. No razona. No perdona. Pero en su mirada —tras esos ojos encendidos por el anillo— aún existe un dolor antiguo. No lo deja ir. No puede. Es lo que la sostiene.

Cuando el último enemigo cae, Kara se posa sobre los restos de un palacio interestelar. Su armadura está cubierta de sangre y energía. El aire crepita a su alrededor. La acompañaba una nave de guerra que parecía esculpida de obsidiana y sangre endurecida. Bautizada como Skal'thra, tenía la forma de una lanza que podía atravesar atmósferas y escudos como si fueran papel. A cada costado, enormes motores vibraban con energía roja pura, alimentados por la rabia misma que emanaba de Kara y su anillo.

En su interior, los corredores eran estrechos y oscuros, iluminados solo por luces escarlata. Las paredes estaban adornadas con símbolos de mundos conquistados, grabados por el fuego del anillo. En la sala de mando, una cámara flotante proyectaba mapas estelares de sistemas enteros en tiempo real. Decenas de droides de combate la asistían: esqueléticos, sin rostros, con extremidades largas y cuchillas retráctiles. No hablaban. Solo obedecían.
Pero no estaba sola del todo.

A su lado, caminaba Klaar'Vek, un antiguo guerrero del planeta Nalorr, de piel azul marino y ojos plateados. Alguna vez fue un soldado enemigo… ahora, era su aliado más leal. Alto, imponente, con brazos que parecían árboles tallados en acero, Klaar'Vek había jurado su vida a Kara después de que ella le perdonara en batalla —algo que aún no comprendía.
—Tienes fuego en el alma, Kara Zor-El —le había dicho una vez—. Y donde hay fuego… siempre hay propósito.

Él era su voz de razón. Su conciencia en los días en que la rabia se volvía demasiado. La única criatura viva que podía acercarse a ella sin temor… y salir ilesa. Un silencioso droide se acerca.
—Objetivo cumplido, comandante Zor-El —dice la máquina, temblando ante ella.
Kara no responde al instante. Mira al cielo. Más allá del planeta conquistado. Más allá de las estrellas.
—¿Queda algo más que destruir? —pregunta al fin, con voz rasgada.
—Recibimos una señal kryptoniana —responde el droide—. Fuente: planeta clase M. Tierra.

Kara frunce el ceño. El nombre no le es ajeno. Tierra. Su destino fallido. El lugar donde su primo debió encontrarse con ella. Un mundo intacto. Un mundo que aún tenía lo que ella había perdido. Kara se puso de pie. Su capa ondeó tras ella como una tempestad.
—Pongan rumbo inmediato —ordenó—. Si Kal-El vive… voy a encontrarlo. Klaar'Vek la observó en silencio.
—¿Y si es como tú? —preguntó con tono neutro. Kara no lo dudó.
—Entonces quemaré ese planeta con él… o contra él.

La nave rugió cuando sus motores se encendieron, un estruendo infernal que atravesó la oscuridad del espacio. Y así, la furia de Krypton se dirigió a la Tierra.
El universo guardó silencio.
Porque sabía lo que se acercaba.