Actions

Work Header

Meteorítos Metafísicos/Keijijou Ryuusei

Summary:

En un futuro donde ya no hay preocupaciones por el mal de algún villano, en un Mobius en relativa paz y tranquilidad, ya no hay mucho que hacer. No hay un plan qué seguir; no hay una arma, un invento nuevo…
La vida se trata de solo dejarse llevar, de esperar lo inesperado, sin ningún tipo de plan o presentimientos, ¿Pero sabrá él hacer eso?
Todo es tan metódico, todo lleva un orden y un plan. En él no cabían los sentimientos y emociones, cuando menos no de manera premeditada.
Pero ella apareció, un torbellino rosa que movió su mundo por completo, un respiro de aire fresco, cuando se estaba ahogando y ni él mismo lo sabía.
Pronto se dio cuenta de que, tal vez eso le faltaba. Dejar de pensar tanto, solamente dejar que sus emociones fluyeran, que sus sentimientos tomaran parte en su vida de nuevo, sin temores, sin preocuparse.
¿Sentirlo todo? ¿Sentir nada?
¿Cuál era el punto medio?

ACTUALIZACIONES QUINCENALES. 1-3 / 15-17 DE CADA MES.

Notes:

Hola! tengo años sin escribir algo para esta fandom. Genuinamente tengo nervios. Si hay alguna duda o corrección necesarias, no duden en hacermela saber.

Chapter 1: PRÓLOGO: ¿Eres un niño perdido, no es así? Toma mi mano…

Chapter Text

La metafísica es una rama de la filosofía que se ocupa de estudiar y explorar temas fundamentales que van más allá de lo físico y observable. Tradicionalmente, aborda cuestiones sobre la naturaleza del ser, la realidad, el tiempo, el espacio, la causalidad, el libre albedrío y la existencia de Dios, entre otros. Se interesa por aspectos que no son fácilmente accesibles a través de los métodos empíricos de las ciencias naturales, buscando comprender la estructura última del universo y de la experiencia humana.

...

Llevaba aproximadamente 2 días dando vueltas en su departamento sin saber realmente que hacer. Habían pasado ya 3 meses desde que el Sonic Team se había “disuelto”, más que nada porque ya no había algún peligro del que defender a la población. Hablamos de una disolución en el sentido de que, ya no había planes por detener, no había un rumbo, una estrategia que seguir. Las reuniones eran por mero placer de reunirse entre viejos amigos y compañeros, y obviamente no debía ser parte de ello; bastante condescendiente había sido con el azul al aceptar “formar parte” del equipo cuando se trataba se salvar a la preciada humanidad que María adoraba tanto… podía seguir protegiendo el planeta a como diera lugar.

Claro, siempre estaba su puesto como comandante de escuadrones en G. U. N. pero se volvía repetitivo tener que repetir millones de veces las instrucciones a los reclutas nuevos cuidar críos cual si fuera niñera no era su sueño, ni algo que esperara hacer toda la eternidad que le quedaba de vida.

Por eso mismo (y por obligación de su psicoterapeuta, el líder de GUN y hasta el psiquiatra), decidió darse una semana completa de vacaciones. No se la iban a negar, tenía tantas semanas acumuladas, que bien podría irse de sabático con goce de sueldo por dos años y medio.

Permitirse sentir más emociones que la rabia, enojo y tristeza era bastante difícil cuando se encontraba prácticamente solo…

Solo con sus recuerdos, sus pensamientos, sus malas decisiones del pasado, sus errores, y todo lo que había implicado ser él mismo. Esa sensación de soledad no era nada agradable a las 2 de la mañana, después de una pesadilla hiperrealista. Mantenerse ocupado era su modo de evadir la realidad. Y si bien últimamente solo se encargaba del tedioso papeleo de las instalaciones y de interrogar a uno que otro criminal desquehacerado e inofensivo, eso lo mantenía lo suficientemente ocupado para que su cabeza no se desviara a los numerosos volúmenes de la enciclopedia de sus errores.

Y aquí estamos de nuevo, sobre pensando.

—Maldita sea la hora en que le hice caso a la doctora Izora… —susurró al aire. Ah, esa era otra manera en la que lidiaba un poco con su soledad; hablaba consigo mismo con frecuencia, expresaba sus pensamientos sin ningún filtro y sin temor a ser juzgado cuando se encontraba solo. Parte de la terapia, le dijeron que era para escuchar voces reales y, a su vez, hablar y expresarse con más libertad, a lo mejor hablar sobre lo que no expresaba en público… Cosas de psicólogos.

Ya estaba seguro de que se había acabado su catálogo de “ver más tarde” en Netflix, le había dado la vuelta a la sección de películas que probablemente serían de su gusto, vaya, hasta comenzó a ver esas series coreanas que a la gente tanto le gustaban.

Odiaba admitir que había quedado completamente atrapado con un drama de una mujer enferma de cáncer que, al morir, reencarnaba en su pasado para evitar casarse con su esposo, que a su vez la engañaba con la mejor amiga de ella; Nada más por lo buena que fue haciendo sus planes de venganza sin llegar a ser violenta. Él ya los habría matado a ambos, admiraba sin duda la paciencia de la protagonista.

Su departamento de dos pisos ya estaba limpio de inicio a fin, era entusiasta del orden, así que nunca ha estado desordenado más que cuando olvida su ropa tirada por ahí, o cuando no tenía el ánimo de hacer su cama en la mañana, y simplemente la dejaba así.

Suspiró de nuevo, haciéndose bolita en su colchón, y cubriéndose con sus sábanas, como queriendo dormir y a la vez no. Ese era uno de esos días donde deseaba que la rata azul le llamase para, cuando menos, poderse burlar de él.

Pero alguna razón tenía la doctora para prácticamente obligarlo a hacerlo tomarse una semana de vacaciones.

Debía afrontar sus emociones y su soledad de manera pura.

Y no es que le hubiese contado a la doctora que no había prácticamente nadie a su lado, simplemente ella lo adivinó al notar que no hablaba de muchas cosas que no fuesen sus memorias del ARK, o las innumerables peleas que había ganado junto al farsante azul. Rouge le acompañaba a medida que él se lo permitiese. No era invasiva, y a su modo “comprendía” que lo que el erizo negro quería era una soledad que le pudiese traer paz; además de nunca preguntarle por su proceso con la psicóloga. Bastante era el hecho de que ella supiera por culpa del papeleo del servicio en GUN; cuando leyó como el erizo era remitido a acompañamiento psicológico casi le da un infarto. Preguntó muy cautelosamente al azabache, quien sólo le contestó “Es necesario”.

Shadow no se sentía preparado para decirle al mundo que necesitaba ayuda emocional y mental; nunca lo estaría al parecer.

Miró la ventana de su habitación oscurecerse; las nubes grises oscuro comenzaban a llenar el cielo, listas para soltar una fuerte tormenta. Cerró los ojos, listo para poder dormitar con el relajante sonido de la suave lluvia chocando con su ventana.

Pero extrañamente su telefono comenzó a sonar.

Frunció el ceño, no recibía llamadas más que las del trabajo, ¿quién será?
tomó el aparato, arqueó una ceja, era Rouge.

—Hablando del diablo… —suspiró y deslizó la opción de contestar—. ¿Diga?

—Hola Shads, ¿Cómo te está yendo en tus vacaciones forzosas? —escuchó un gruñido en la otra línea—, Ah, ya veo que nada bien… —ahora su tono de voz era de genuina preocupación— ¿Estás bien, corazón? ¿Quieres que vaya a tu piso? —sugirió.

—No, digo… —gruñó frustrado de no poder organizar sus ideas—, Estoy bien, Rouge. No necesito que vengas, creo que más bien… necesito salir de este lugar por un rato; tocar pasto, no sé… —Rouge ahora estaba realmente preocupada, creía que la soledad era lo que le caería mejor al huraño erizo; pero parecía ser todo lo contrario.

—No te agobies, ¿Te veo en el Starbucks de Plaza Hollow en 30 minutos? Te hace falta un poco de compañía, y algo de café. —sonrió, levantándose de su escritorio y estirándose con pereza. Su turno había terminado hacía 3 minutos, ya podía irse sin remordimiento ni penalización algunos.

Shadow se quedó pensando por aproximadamente 10 segundos, ¿era salir lo que en verdad necesitaba?

“Salir de tu rutina y molde también te hará bien. Hazlo a tu ritmo. No te digo que lo hagas ya, hoy, o mañana, pero hazlo en algún momento. Las rutina sin cambio alguno también cansa la mente.”

—Hecho. Lleva una sombrilla, parece que lloverá en un rato más. —Rouge sonrió del otro lado de la línea.

—Perfecto, te veo ahí. —colgó la línea, y como alma que lleva el diablo, emprendió vuelo a su hogar, no iba a salir con el uniforme de trabajo a un lugar público; bastante pena pasaba por ser reconocida por la gente, ahora llamando la atención con las chaquetas de GUN. Suicidio social, definitivamente.

Shadow dejó caer su celular junto a su brazo en la cama. Miró al techo; comenzando a sentirse arrepentido de haber aceptado.

Pero, peor era quedarse con sus tortuosos pensamientos en casa.

Se levantó de golpe, hizo a un lado su teléfono, e hizo su cama; caminó al closet en su habitación y buscó algo que usar; no recordaba la última vez en que había usado algo que no fuese su uniforme del trabajo.

Entonces se cruzó precisamente con la última prenda que había usado fuera de sus uniformes; la playera de Hot Honey que Amy Rose y él tenían a juego por ir al concierto juntos como regalo de cumpleaños de la rosada hacía ya un año. Sonrió al recordar lo emocionada que estuvo durante el concierto, y a su vez, las 4 o 6 veces que jaló de su hombro y brincó de la emoción con cada canción que, parecía ser la favorita de ella.

La tomó en sus manos y la dobló religiosamente, dejándola en uno de los cajones; tenía que seguir con la búsqueda de un atuendo para salir en un momento más…

—Bueno, blanco y negro será… —encontró una playera blanca en cuello v, que pensó en estilizar con un pantalón cargo y una de sus chaquetas negras de mezclilla, después de todo llovería…

En menos de 10 minutos tomó una ducha, se cambió y perfumó. No iba a impresionar a nadie, pero tener una apariencia agradable para sí mismo también era importante. Después de todo, mirarse en el espejo y gustarse era el plan más apto para poder ganar unos puntos de autoestima y amor propio.

Se miró una última vez en el espejo, asintió satisfecho con su aspecto. Tomó del buró junto a su cama las llaves de su motocicleta y su billetera. Bajó las escaleras con relativa calma, y al llegar a la puerta suspiró. Tomó las llaves de su departamento, sus AirPods y salió sin pensarlo demasiado. En el elevador camino al estacionamiento del edificio se dedicó a ponerse los audífonos, sincronizarlos a su celular y, tras bajar el volumen a un nivel apto para escuchar su alrededor, poner una de las listas aleatorias que le ofrecía el sistema de Spotify.

Cerró los ojos, deleitándose con la melodiosa voz de uno de los pocos artistas a quienes seguía genuinamente.

Escuchó el “ding” del ascensor llegar a la planta subterránea, y al abrirse la puerta, los ojos de una anciana loba (su vecina de en frente), lo miraron con curiosidad. No lo había visto en semanas. Le sonrió con dulzura.

—Qué bueno verte, cielo. Cuidado con la lluvia. —intercambiaron lugares, ella ingresando y él saliendo. Shadow asintió con la cabeza, sonriendo levemente.

La puerta del ascensor cerró en su espalda, él siguió derecho hasta llegar a sus cajones de estacionamiento. Claro que tenía un auto y una camioneta además de su moto; pero nada se comparaba con sentir el viento y la brisa de la lluvia golpearle el rostro manejando a toda velocidad por la autopista. Había encontrado una calma en lo que mucha gente consideraba molesto, a pesar de siempre terminar completamente empapado después de salir así.

Quitó la pata de su motocicleta, llevándola hacia atrás despacio. Cuando se encontró en el camino del circuito, se montó y la encendió. Con un gesto en sus orejas subió el volumen de la canción que resonaba en sus audífonos. Se arrancó a baja velocidad, tras pasar por el punto de control de su condominio; sonrió como saludo al guardia en la caseta, que le abrió la plumilla y le dio un “Que tenga buen día, señor Shadow” como saludo y despedida. No lo había escuchado, pero pudo leer bien sus labios, para poder decir con seguridad “Gracias”, antes de cruzar la plumilla e incorporarse a la calle para partir.

“Mi estrella madre protectora, desaparece hoy silenciosamente… me deja escuchando un sonido en mi pecho, sin duda mis latidos comienzan a vibrar, es un despertar…”

 La guitarra de la melodía le recorrió cada parte del cuerpo, de no ser porque venía manejando, ya habría cerrado los ojos y se hubiera dejado llevar por la música.

“¿Por qué nací? No lo sé… aun así sigo viviendo intensamente. Quiero seguir con vida. Si es que soy amado… Me disculpo, mil gracias por todo…”

Se detuvo en una luz en rojo, mirando su alrededor, con la música resonando aún. Después de todo lo que había pasado; la invasión de los Black Arms, su tortuoso despertar, la perdida de sus memorias, las millones de batallas, el virus; la perdida de la humanidad… ¿Él era querido? ¿Era admirado, cómo su némesis azul? Jamás había cruzado por su cabeza la percepción positiva o negativa de los mobians; no debía tomarle demasiada importancia, pero sin duda era algo que no debía pasar por alto tampoco.

El sonido del claxon del auto de atrás lo sacó de sus pensamientos, acelerando por la avenida al ver que el semáforo ya estaba en verde. Por más lento que pudiera avanzar, llegaría en 10 minutos más a lo mucho, así que podía darse el lujo de conducir despacio. Admiró cada detalle del paisaje, arboles llenos de vida por estar a mediados de mayo, el fresco viento soplaba entre sus púas, cómo un fiel recordatorio de que seguía con vida; seguía aquí. Sentía, era un ser vivo.

La canción que venía escuchando pronto terminó en otro semáforo en rojo, la transición le dio la bienvenida a una canción de un ritmo completamente diferente, diferente artista, comenzó cruda, una feroz guitarra lo guio a lo que identificó como la versión de radio de una canción que hacía años no escuchaba por larga y tediosa en ocasiones. Tenía en su biblioteca la versión editada por ser más digerible y fácil de escuchar, pero eso no hizo que dejara de sentir el escalofrío por todo el cuerpo de cuando iniciaba la guitarra.

“Estoy rompiendo el muro dentro de mi corazón, sólo quiero dejar mis emociones salir. Nadie puede detener mi camino a la libertad, no importa cuánto quieras encerrarme en tu mundo…”

Y, mientras la canción seguía, no pudo evitar de nuevo ponerse a pensar, ¿Ahora toda su música se estaba tratando de superarse? ¿De lo cansado que estaba de tener que reprimirse y no saber cómo afrontar sus emociones? Hizo una mueca; su yo del pasado jamás se habría permitido identificarse con música de humanos. Pero precisamente eso le estaba ayudando a sanar el conflicto interno con no saber quién era, como era, de donde venía. Sus sentimientos eran válidos y entendidos por más gente. Y eso era muy bueno…

—No está mal… —susurró para sí mismo, arrancando de nuevo tras ver que el semáforo se ponía de nuevo en verde.

Cuando menos pensó, vio el establecimiento junto a la concurrida plaza comercial. El cielo se había oscurecido aún más desde la llamada telefónica de Rouge, Así que probablemente su amiga llegaría en su auto, o en un uber, no se arriesgaría a mojarse volando.

Pasó por la pluma del estacionamiento y dejó su moto en un lugar designado a vehículos de dos ruedas. Caminó dentro y tomó asiento en una mesa de dos plazas con sillones acolchonados. Aún faltaban 8 minutos para que se cumpliera el plazo de media hora que habían establecido; así que, ya con su orden en mente, simplemente subió el volumen a sus audífonos y cerró los ojos, disfrutando de la música.

Aspiró profundo, deleitándose con el aroma del café en su alrededor. Si bien, ya había tomado sus respectivos granos de café del día, no iba a negarse a un expresso doble bien helado, a fin y al cabo, la cafeína no tenía ningún efecto en su organismo. Tardaban más en prepararlo que su cuerpo en digerirla y eliminarla.

Pronto sintió a la murciélago tocarle el hombro con suavidad, la miró de repente, medio esbozando una sonrisa, no lo logró muy bien al parecer, pues la albina le miró entre divertida y sorprendida. Se levantó, e hizo algo que la dejó perpleja; le dio un abrazo.

—Ok, ¿Seguro que todos esos clones que hizo Eggman fueron destruidos y no eres uno? —le correspondió el abrazo, escuchó un gruñido y sintió cómo trataba de alejarse—, ¡Jah! Estoy bromeando, corazón. Sé que lo haces por llevar una relación sana con tu entorno.

—Te abracé porque en verdad te extrañé. No abrazo a quien no quiera o sienta que deba hacerlo. —confesó separándose lentamente.

—Ah, ya veo… —dejó su bolso en la mesa, sacando solo su celular y cartera—, en ese caso, gracias por hacerlo. —le sonrió—, ¿Ya pediste?

—Te estaba esperando. —dijo guardando sus audífonos en su respectiva caja cargadora, dejándola igual en un bolsillo de su pantalón.

Ambos se acercaron al mostrador, Rouge pidiendo una Pink Drink con poco hielo y una rebanada de pastel de queso. Shadow solamente pidió su Expresso doble y fue todo. Después de una pequeña discusión sobre quien debía pagar, Shadow terminó acercando su tarjeta a la terminal.

Se sentaron de nuevo en espera de la orden, sumiéndose en un silencio breve; un poco incomodo, cabría destacar.

—Entonces, ¿esa idea del descanso de quien fue? —La albina recargó su cabeza en sus manos, flexionando los codos encima de la mesa. Shadow suspiró, gruñendo levemente. Rouge trataba de no reír mientras imaginaba al pobre azabache muriendo de aburrimiento en la sala de su enorme departamento.

—De Tower; en conspiración con la doctora Izora y el doctor Salomón. Prácticamente fue una intervención en mi oficina. Me extendieron el informe de mis “Días libres por salud mental con goce de sueldo”, sellado, firmado, endosado y casi que enmicado.

—No quiero preocuparte, pero el hecho de que tu psicóloga y el psiquiatra de GUN hayan decidido ponerte en “tiempo fuera” quiere decir que en verdad estás mal. —el ceño de la murciélago se arrugó. Ambos voltearon al mostrador al oír el nombre de la albina; su orden estaba lista. Ella se levantó y rápido trajo la charola con las bebidas y su rebanada de pastel.

—No estoy mal, Rouge. Bastante hago con ver a Izora y contarle toooodo lo que me pasa, lo que sueño, lo que no, lo que pienso, como y hago. Estoy llevando mis emociones a cómo puedo y sé.

—Y lo comprendo, cariño. Pero, parte de ello es reconciliarte con las emociones. Positivas y negativas. Y, seamos honestos, has tenido más emociones negativas en tu vida. No porque seas “la forma de vida perfecta” vas a negarte a los placeres de la felicidad; un helado, pintar, escribir, dibujar. Se te podrían bien las artes, ¿Por qué no empiezas por ahí?

Shadow suspiró revolviendo los hielos en su café. Rouge tenía razón. Tenía demasiado tiempo libre, y ese tiempo lo ocupaba siempre en misiones, papeleos, regaños, entrenamiento.

Y debía admitir que ya también se estaba cansando de eso.

—¿Conoces a alguien que pueda enseñarme a pintar o escribir? No pienso pagarle a algún engreído para que luego se pare el cuello diciendo que le enseñó a “la forma de vida perfecta” a canalizar el desastre que tiene en la cabeza. —dio un sorbo despreocupado a su bebida, el sabor del café le sacó una pequeña sonrisa. Ah, estas eran las pequeñas cosas de la vida que lo ponían genuinamente feliz.

Rouge se había llevado un bocado de pastel a la boca, puso su dedo en señal de que le esperase.

—Amy es excelente escribiendo, dibujando y haciendo todas esas cosas. Todas mis tarjetas de aniversario, San Valentín y cumpleaños son obra de ella. Ya le comisioné incluso una pintura para la sala de estar de mi departamento. La chica tiene talento.

—¿Rose…? —lo pensó por dos segundos, sabía que la pelirrosa vivía básicamente de hornear pasteles y tejer (además de la generosa pensión que recibían todos los miembros oficiales del Sonic Team por las innúmeras ocasiones en que salvaron el mundo), además, honestamente disfrutaba su compañía, no era alguien invasiva con su espacio, hablaba lo necesario, claro que esa emoción y euforia tan características de ella jamás lo habían incomodado, gracias a ello la conoció, y pudo ayudar a salvar el mundo—. De acuerdo, creo que podría funcionar. ¿Tendrás su número?

—Claro, te lo mando en un mensaje —tomó la mano del azabache con fuerza—, no sé si en verdad me consideres tu amiga, si sólo somos compañeros de trabajo, o si sólo soy alguien a quien aprecias, pero en serio… Me preocupas. Eres fuerte, y me lo has demostrado muchísimas veces, pero una ayuda de vez en cuando no te matará. Permítete sentir, ser feliz. Lo mereces, aunque no lo creas.

Shadow pudo ver que los ojos de la albina se llenaban de lágrimas, podía sentir su agarre firme. Él mismo lo conocía. Era el mismo que le daba a María cada que ella estaba enferma; una señal para decirle “Estoy aquí, no me voy a ir”. Shadow sonrió levemente, correspondiendo al gesto.

—Si no te quisiera, no te hubiera abrazado, zonza. —ahora la murciélago se cubrió el rostro con su mano libre, como impidiendo que el azabache la viera llorar—, se te va a escurrir el maquillaje, toma. —le extendió una servilleta.

 —Gracias —se limpió a toquecitos, carraspeó la garganta y recuperó la compostura—, espero que el día en que tengas una novia no me dejes de lado, cabrón. —dio un sorbo a su bebida, el azabache rodó los ojos.

—Claro, porque un erizo mitad alienígena color negro que nunca sonríe y que casi destruye la tierra es taaaan atractivo. —la miró con los ojos entrecerrados.

—Nunca sabes a quien le puedas gustar… Eres guapo, aunque no quieras aceptarlo. —Inclinó la cabeza, mirando por encima del hombro a un grupo de mobians que los miraban entre risitas y sonrojos. Rouge le hizo un gesto con la cabeza al azabache, con la intención de que volteara de reojo a verlas. Las chicas se toparon con los rubíes del erizo y soltaron un gritillo de emoción. Rouge casi se ahoga con su bebida.

—Ahora le voy a tener más repelo a salir, gracias. —dijo sarcásticamente el veteado.

 

-00000000000000000000000-

 

La lluvia se había soltado por fin, después de aproximadamente hora y media. Vio a la albina montarse en su uber camino a su departamento y, tirando su basura en el cesto, salió al portal del establecimiento. Volvió a ponerse sus AirPods, resguardando su telefono dentro de una bolsa impermeable y guardándolo en su pantalón. Salió con calma del establecimiento, la lluvia lo recibió; fresca, apenas molesta. No era muy pesada, pero tampoco era muy suave.

Mucha gente se le quedó viendo, pero simplemente no le importaba, sabía bien que la gente no lo entendería si se detenía a explicarlo.

Sintió la fresca lluvia empaparlo por completo, sonrió, encendiendo su moto y arrancando con rapidez fuera del estacionamiento. Decidió tomar la ruta larga, pasando por los hermosos paisajes de los cerros y árboles, el sol no estaba del todo oculto, las nubes lo resguardaban con recelo, con sus fuertes rayos escapando por donde pudieran, tratando de brillar por los últimos momentos de día. Cosas así son las que atesoraba y guardaba siempre en su memoria. Eran el firme recordatorio de que seguía con vida.

Al llegar a su departamento, lo primero que hizo fue quitarse sus airshoes (que en realidad mojados no estaban), para después quitarse la ropa camino al baño. Una buena ducha después de salir era el plan. Tenía comida preparada de la cena del día anterior. Simplemente se sentaría a ver qué más podría ver en sus múltiples plataformas de streaming.

Justo cuando salió de la ducha, con una playera básica negra y en boxers, se permitió sacar el telefono de la bolsa impermeable, descubriendo el mensaje de Rouge con el numero de Amy, tal como se lo había prometido.

“Ya sabes qué hacer.” Junto al contacto “Pinky Roses”

Presionó el contacto, llevándolo directo a un chat nuevo con la erizo rosada, en su foto de perfil estaba ella, un día que recuerda bien fue una reunión en Angel Island por el cumpleaños del equidna rojo. Sonreía a la cámara, usando un vestido color lila pastel, debía admitir que la erizo ya no usaba esa ropa infantil. Ya simplemente no le quedaba a la estética, ni a su edad.

“Hola Rose, soy Shadow. Rouge me pasó tu contacto. Espero no te moleste”
presionó enviar, dejando su teléfono en su pecho, Dejó caer la cabeza en el respaldo del sofá, tomando el control remoto de su televisión. Justo había abierto Prime Video cuando sintió la tenue vibración de la notificación de un mensaje nuevo. La erizo había respondido.

“Hola Shadow! Que gusto saber de ti. No te apures, Rouge me dijo que necesitabas mi ayuda con algo, ¿Está todo bien?”

—Siempre preocupada… —sonrió levemente.

“En realidad todo está bien, pero si hay una cosa en la que creo que me puedes apoyar, ¿Te parece si nos reunimos mañana para desayunar y te cuento un poco más de detalles al respecto?”

Uy, había sido muy directo, podría jurar que casi sonaba convenenciero solamente, como si solo buscase algo de ella.
Pero si era así, ¿Verdad? Digo, sólo buscaba su ayuda, a fin de cuentas.

“Digo, si no estás ocupada y no te molesta…”

Listo, pudo medio arreglar su frase para no sonar muy “interesado”.

Miró por aproximadamente 10 segundos como Amy no respondía, no escribía, sólo había dejado en visto. Hasta que los puntos comenzaron a moverse.

“Con gusto! Me alegra poder ser de ayuda con algo para mis amigos. ¿Te veo en Bistro Mía a las 10?”

Amigos…

Amy Rose lo consideraba un amigo.

Inconscientemente sonrió.

“Paso por ti a tu casa, si quieres”

De nuevo, esperó como 7 segundos la respuesta.

“¡Uy! Te diría que no, pero una oportunidad de montarme en tu motocicleta no la pierdo por nada JAJAJA. Te veo en mi casa a las 9:30, ¿Está bien?

Ahora exhaló una leve risita por la nariz, Amy Rose era definitivamente una caja de sorpresas.

“Hecho, te veo mañana. Descansa, Rose.”

Bloqueó el teléfono, sin realmente esperar una respuesta. Decidido a ver un drama coreano que le habían recomendado hacía unas semanas. “The Glory”

 

Vaya que le esperaba un día lleno de emociones mañana.