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Reencuentro atrayente.

Summary:

Kuroo Tetsurō, lo reconoció como si fuera ayer que lo vió por primera vez, apretando sus manos contra las de Daichi demostrando la rivalidad que sentían. Su camiseta blanca apretaba lentamente los músculos de su cuerpo, haciendo que su pecho se note apretado contra la misma, el primer botón de ésta estaba desabrochado, un suspiro ahogado y cansado salió de sus finos y brillosos labios, los cuales se había relamido previamente. Sus dedos se enredaban en su corbata para poder sacársela de a poco, notandose lo tan apretada que estaba; soltó un jadeo satisfactorio gracias a la libertad de su cuello anteriormente apresado.

Su voz dura se escuchó, golpeando más sus oídos que la propia música, estaba cayendo absorto ante los movimientos del hombre, hipnotizado enteramente en él, vaya que era atractivo.

Tobio siempre había apreciado la belleza de los demás, sabía reconocer su lindura, sabía reconocer cuando alguien era atractivo o simplemente lindo, tierno, hermoso. Kuroo para él, era alguien demasiado atrayente, en todos los aspectos que se pudiera interpretar.

Notes:

Me da mucha vergüenza publicarlo, pero espero sea de su disfrute

Work Text:

Las noches de Japón eran silenciosas, sobre todo en sus calles llenas de citadinos cohibidos en su propio país. Todos eran sumamente tranquilos y cada uno siempre metido en sus propios asuntos.

Claramente, esto solo en sus calles vacías, dentro los locales estaban llenos, ya sea de niños, jóvenes adolescentes, adultos o señores mayores buscando distraerse de su vida entera.

Y en uno de esos tantos los locales estaba uno de los mayores jugadores de volleyball conocido mundialmente, Kageyama Tobio.

En un bar prestigioso, permitiendo su entrada a grupos pequeños personas, aunque aquella noche vaya que estaba lleno ya que era ese día en que el bar abría sus puertas al público sin reservación previa y ahí se encontraba, bebiendo vodka con algún jugo preparado por el mesonero. Detestaba el alcohol puro, así que normalmente pedía que se le fuera ligado con alguna bebida para poder pasarlo y olvidarse de todo su estrés.

Había ido con sus amigos ese día, aunque algunos ya lo habían abandonado, uno de ellos fue Ushijima quien tenía un esposo esperándole en casa ¿Y él como podía negarle el irse para acompañarlo? Su compañero Hoshiumi bailaba con desenfreno en la pista de baila con algún chico de dudosa procedencia.

Los tres habían decidido emprender un viaje a Japón por el simple recuerdo de sus antiguos días pero esta vez, instalándose en Kyoto.

Había visitado a Hinata, a su hermana y algunos viejos amigos como lo eran Daichi, Sugawara, Asahi, Tanaka y Nishinoya, vaya que los extrañaba y por eso se encontraba ahogando algunas viejas penumbras de sus recuerdos en la extasiante bebida, añoraba sus días con ellos, a veces reía levemente por el simple recuerdo que alguna vez vivió a su lado, era simplemente feliz con el cariño que les tenía.

Ellos lo cambiaron, lo hicieron mejor ¿Alguna vez lo agradeció? Se preguntó Tobio.

Sus pensamientos fueron enteramente interrumpidos cuando una presencia nueva apareció a su lado, por instinto se movió como si de alguna manera ocupará el espacio de éste.

Grata fue su sorpresa cuando sin querer sus ojos se voltearon al hombre pelinegro e imponente que a su lado se posó.

Kuroo Tetsurō, lo reconoció como si fuera ayer que lo vió por primera vez, apretando sus manos contra las de Daichi demostrando la rivalidad que sentían. Su camiseta blanca apretaba lentamente los músculos de su cuerpo, haciendo que su pecho se note apretado contra la misma, el primer botón de ésta estaba desabrochado, un suspiro ahogado y cansado salió de sus finos y brillosos labios, los cuales se había relamido previamente. Sus dedos se enredaban en su corbata para poder sacársela de a poco, notandose lo tan apretada que estaba; soltó un jadeo satisfactorio gracias a la libertad de su cuello anteriormente apresado.

Su voz dura se escuchó, golpeando más sus oídos que la propia música, estaba cayendo absorto ante los movimientos del hombre, hipnotizado enteramente en él, vaya que era atractivo.

Tobio siempre había apreciado la belleza de los demás, sabía reconocer su lindura, sabía reconocer cuando alguien era atractivo o simplemente lindo, tierno, hermoso. Kuroo para él, era alguien demasiado atrayente, en todos los aspectos que se pudiera interpretar, aún recordaba verlo de adolescente con una sonrisa subyacente siempre en su fino y esculpido rostro, apreciaba la forma en que jugaba y cómo se movía cuando de voley se trataba, claro está.

Nunca tuvo un crush antes, pero si estuviera obligado a mencionar uno sería sin duda aquel hombre, más ahora, tan imponente y trabajado, su sonrisa coqueta no desaparecía, era un total caso.

—Oh! Kageyama ¿Eres tú? —La voz del dueño de sus ahora pensamientos retumbó de lado a lado en todo su cráneo, poseía una hermosa sonrisa haciendo que sus ojos se achinaran, mientras tomaba el nuevo trago con sus manos, relamiendo sus labios mojados gracias al whisky que en el cristal entre sus dedos descansaba.

Tobio sonrió un poco incomodo, hubiera deseado voltear a verlo pero su mirada ya estaba enteramente clavada en aquel hombre. Como si de un depredador cazando a su presa se tratará.

—¿Kuroo? —Preguntó haciéndose el desconcertado como si no hubiera reconocido esa cara perfectamente a la lejanía —¿Cómo me reconociste? Es bueno verte! —Su sonrisa se ensanchó, dejando caer su codo en la madera al lado de donde su vaso descansaba, para que su mejilla se apoyara en su puño, viendo con más intensidad a Tetsurō.

El pelinegro mayor se acercó, para poder hablarle mejor, cosa que casi hace que Tobio tambalee en su propio asiento.

—¿Cómo podría no reconocer al mejor armador de todo Japón, eh? —Preguntó vacilante, dejando su propio vaso en la mesa para analizarlo, Tobio río y Kuroo lo acompañó creando una perfecta melodía gracias a sus voces. —¿Qué haces aquí? ¿No debería estar en Italia?

La curiosidad en su voz resonó para Tobio, este tomo su vodka acompañado de jugo, pensativo. Su sonrisa coqueta no desaparecía de su cara.

—Se acabo la temporada así que.. estoy nuevamente aquí, ya sabes, de paseo para.. recordar ¿Tú qué haces en Kyoto? —Curioso Tobio relamió sus labios, fue una grata coincidencia encontrarse justamente con él.

—Tome algunas vacaciones.. ya sabes, trabajo y esas cosas de adultos... Y ahora estoy aquí, despejandome y viendo tus lindos ojos azules —Comentó, con gracia y un cierto deje de coqueteo en su voz, regalándole una preciosa sonrisa a Kageyama.

El miocardio de Tobio se aceleró con fuerza, soltando una pequeña sonrisa tímida para concentrar enteramente su mirada en su bebida, se sintió avergonzado, cohibido ante la enorme presencia que Kuroo emanaba, los ojos de éste mismo estaban enteramente clavados en la presencia del menor, en su cuerpo, en sus pequeños movimientos y en absolutamente todo de él, haciendo que los vellos de su piel se ericen.

Como si lo desnudara con simplemente verlo, como si el simple hecho de apreciarle con su mirada lo perforase enteramente.

Tobio de un momento a otro, decidió que era buena idea tragarse toda su bebida de un solo trago, buscando una manera de alivianar su ser entero.

Tetsurō lo miró, riéndome lentamente al ver como Kageyama movía su cabeza de lado a lado gracias al pequeño mareo que tal tonta acción le causó.

—¿Estás bien? No pensaba que alguien como tú bebiera con tanta intensidad.

Kuroo rió, golpeando el tímpano de Kageyama haciendo que sus oídos se derritieran, si pudiera se arrodillaria ante ese hombre y no precisamente para otorgarle su entera devoción, aunque eso tampoco le molestaría.

—No bebo con tanta intensidad, solo.. ya sabes, lo necesitaba. —Se excusó relamiendo sus labios, mirándolo con una hermosa pero subyacente sonrisa, conectando sus ojos con los del contrario.

—¿Ah sí? ¿Para qué lo necesitabas en concreto? —Una voz socarrona salió de lo más profundo de su garganta, tomando el whisky que ya había descansado lo suficiente.

Tobio tembló.

No podría decir que la razón era él, su presencia, su cuerpo y cara gritaban que quería que lo follara hasta que no pudiera caminar nunca más.

Bueno, tal vez aquello era un poco extremista.

Rió nervioso, acomodando un poco su cabello, abriendo sus labios para decir la tontería que nunca antes se había escuchado, esperando recibir un premio nobel por la tontería y excusa nunca antes dicha, caminar por una alfombra roja por ser tal ganador y que todos lo abucheen por ser un idiota.

—¡Kageyama! —Una voz detrás de ellos hizo que los dos pelinegros voltearan, un hombre de cabellos blancos detrás de él jalaba su camisa, más que un hombre parecía un niño haciendo un berrinche, sobre todo por su altura.

Así que ese es el sonido de la campana.

Hoshiumi, su gran compañero el cual lo había abandonado horas antes gracias a que la pista de baile ya se encontraba activa, ahora lo jalaba, gritando cosas incoherentes.

—¡Vamos a bailar! —Le tendió una sonrisa tranquila, más que rogando o exigiéndole, le pedía amablemente. Aunque no parecía querer una respuesta negativa.

Y Tobio usualmente diría que no, pero en este caso, gracias a la presencia del contrario mayor, decidió asentir.

—Supongo que no podrás saberlo, Kuroo! —Dijo levantándose de su silla dispuesto a acompañar a su amigo, con una sonrisa en sus labios —Por ahora.

Instó, como si fueran a volver a verse, como si él lo pidiera, como si lo necesitará.

Como sí Tobio le pidiese, que le suplicase que le responda y acaben follando una semana entera hasta dejarlo postrado en una cama como si fuera un inválido.

Pero aquello era una estupidez, no estaba en su adolescencia ya y vaya que las hormonas hacían sus efectos.

Sus piernas se movieron solas mientras el de cabellos blancos lo jalaba de la mano hacia donde las pocas personas bailaban pero hacían su propio ambiente llamando la atención de los demás.

Si bien era conocido que los japoneses no fueran las personas más animadas en el baile, Hoshiumi acostumbrado a la vida citadina en Italia junto con sus compañeros habían tomado como costumbre el bailar tal como ellos y dejarse llevar.

Aunque la mente de Tobio hizo un click en ese preciso instante.

Él no sabía bailar.

Podría decirse que sabía, pero él precisamente no era la persona con más movilidad de Japón, no sabía mover sus caderas, donde debían ir sus brazos, sus piernas o que debía de hacer realmente. Estaba ahí porque huyó por instinto, huyendo de aquel gran animal que buscaba cazarlo como una pequeña liebre.

Kōrai lo guió un poco tomándolo de las manos, marcando una coreografía con la música que resonaba, siguiéndola torpemente. Los dos reían gracias a sus malos pasos, ni siquiera podía mover correctamente su cadera.

Minutos después, se adaptó un poco más al baile, dejando que el alcohol que por sus venas corría haga en cierta parte su efecto, hoshiumi pocos minutos después lo libero yendo a bailar con alguna chica citadina de por ahí, dejándolo solo.

Oh vamos, no tan solo!

Lo supo cuando por fin sintió una vista clavada en su espalda, haciéndolo sentir en cierta parte tenso. Se enteró que no estaba solo cuando unas manos se instalaron en sus caderas, guiando un nuevo ritmo mientras una nueva música totalmente diferente sonaba en los altavoces.

—Acabo de descubrir algo en lo que no eres bueno, es sorprendente —Halagó en cierto punto el pelinegro que detrás de él se encontraba, meciendo lentamente las caderas contrarias para pegarlo a él mismo.

Kuroo Tetsurō se encontraba detrás de Kageyama, tomando sus caderas entre sus grandes manos mientras marcaba un ritmo en conjunto a la melodía que retumbaba en el pequeño lugar.

La gente tan sumergida en sus propios asuntos no notaban la cara llena de un tono carmesí de la cara de Tobio, como si hubiesen hecho hervir una rosa dejándola enteramente seca sin su distintivo pigmento y se lo hubieran echado todo en la cara de Kageyama.

—¿Eres muy bueno bailando? —Preguntó Tobio, dándose la vuelta regalándole una sonrisa socarrona como si su cara no estuviera totalmente roja, como si sus pasos y acciones no actuarán en automático, como si él no fuera un inmenso mar de nervios.

Kuroo sonrió, acercando peligrosamente su cara a la contraria.

—Soy bueno en bastantes cosas.

Él aseguró, haciendo que el de menor edad se estremeciese, sus vellos estaban en su punto más nervioso completamente parados. (Al igual que otra cosilla)

La voz de Kuroo le hacía cosquillas a Kageyama, pero no en un sentido gracioso. Era como si hablara en su oído, golpeando su tímpano y acelerando su miocardio, le provocaba un cosquilleo raro a su corazón, débil ante él.

—¿En serio? Deberías demostrarmelo todo, así puedo comprobarlo.

Tobio rió, no sabía de dónde sacaba agallas para ser tan atrevido como en aquel instante, moriría derretido.

Su corazón se detuvo por un breve segundo cuando el pelinegro mayor se acercó peligrosamente hacia su oreja, relamiendo sus labios.

—Me encargaré de que no puedas ni dudarlo.

El frío aliento chocó contra su cálida y enrojecida cara, podría morir ahí mismo si las manos del contrario no lo sostuviesen.

Moriría.

Moriría de todo lo que él le provocaba.

En ese momento, Tetsurō podía asemejarse con el veneno de una manzana, tan preciosa y comestible, llamándote para que la comas y absorbas absolutamente todo su líquido benigno y vaya que Tobio estaba dispuesto a morder, chupar y tal vez algo más.

Kageyama se movía al compás que Kuroo lo hacía, siguiendo sus pasos aún con los nervios a tope, relamía sus labios cada tanto, su garganta se sentía como un desierto deseando ser llenada por la lengua de quién tenía enfrente.

Tal vez su mente estaba un poco nublada gracias al alcohol (teniendo en cuenta que su resistencia no era la mejor), tal vez la música dolía contra sus tímpanos, tal vez estaba cayendo lentamente en el veneno que era Tetsurō Kuroo, tal vez y solo tal vez.

La canción acabo y con eso concluyó su lento baile, el pelinegro mayor no tardó mucho en tomar sus manos para lentamente jalarlo.

—¿Esta bien que lo lleve conmigo? —Preguntó el mayor a Kōrai como si fuera su padre.

La mirada verde se encontró con la marea de los ojos de Tobio, río brevemente antes de asentir.

—Cuidalo bien —Le murmuró antes de girarse hacia la barra.

Vaya, así que ese era su gran compañero. Le molestaría si fuera otra persona pero como en ese instante Kuroo lo llevaba hacía su auto, ahora mismo nada de eso importaba realmente, nada más que su éxtasis y lo que podría significar su perdición.

Porque Tobio quería perderse en él, anhelaba entrar en el laberinto que era Tetsurō.

Lo quería todo de él.

Entro con cuidado en el auto después de que el mayor le abriera la puerta. Los dos estaban en completo silencio mientras le regalaba una mirada tímida.

—Mi apartamento está cerca, espero no te moleste que te muestre mis talentos en mi casa. —Recalcó sus "dotes", mirando divertido al contrario en el asiento de su propio auto.

Tobio estaba tenso ¿Qué debía hacer? ¿Qué debía de decir? El alcohol se había ido enteramente de su cuerpo, sobre todo cuando el olor tan varonil de Tetsurō invadió sus fosas nasales, haciendo que se relaje pero que cada vez se imagine más y más cosas.

"Lindo" Fue lo único que pensó Kuroo al verlo tan nervioso.

Con una sonrisa encendió el auto, comenzando a conducir. Una gran mano se dirigió a uno de los gruesos muslos de Kageyama, inconscientemente abrió un poco sus piernas dándole más espacio para acariciar y apretar su piel cubierta.

Simplemente esas caricias estaban llevando a Tobio al cielo. Perforó a el mayor con una simple mirada, soltó un pequeño jadeo cuando apretó con demasiada fuerza.

—Eres muy sensible y muy lindo, príncipe —Apodó para dedicarle una sonrisa sin verlo.

Kageyama tapó su boca para ver a otro lado, se sentía caliente y no solo por sus nervios, podía sentir su abdomen cosquillear, definitivamente esas caricias estaban causando algo en él, sus piernas se cerraron apretando la mano de Kuroo y frotandola entre sus muslos sintiendo gustoso los dedos del mayor por encima de la tela.

No supo ni cuando pasaron tanto los minutos hasta que el auto se detuvo, dándole entender que ya habían llegado a su destino.

—Por más que me encantaría estar entre tus muslos creo que en la cama estaríamos mejor ¿Podrías soltarme, lindo? —Preguntó Tetsurō en oído, denotando el desespero que tenía por simplemente bajar del auto y hacerlo completamente suyo.

Lentamente sus muslos se fueron abriendo dejándolo bajar del auto sin antes darle una última caricia, para que rápidamente el abra la puerta para él. Le tendió la mano y sin dudarlo la tomo, aunque poco duro su agarre ya que llevo su tacto hacia su cintura, acercando sus propios cuerpos y apresurado su paso para llegar más rápido.

Una cosa llevo a la otra y ya estaban en la cama. Tobio lo empujó con fiereza hacía el colchón para sentarse en su regazo, meciéndose lentamente de lado a lado por arriba del miembro del contrario.

Y Kuroo tampoco se quedó atrás, llevo su mano hasta la cintura cubierta de Tobio para comenzar a apretarlo contra su pene, buscando más contacto. Sus jeans resonaban gracias al roce en toda la habitación, más los pequeños jadeos placenteros de cada uno.

Necesitaban más, ellos siempre buscaron más.

Kageyama comenzó a saltar un poco, sintiendo cada vez más como el miembro de Tetsurō se endurecía por debajo de él, jadeaba como si ya lo tuviera dentro aunque la ropa aún estuviese ahí.

—Principe —Kuroo tartamudeó, sentandolo en su propio regazo y parando todos los movimientos, el placer lo estaba mareando —Desnúdate para mí ¿Sí?

Y tal como un perro Tobio hizo lo que se le ordenó.

Se quitó con lentitud su camiseta buscando en cierto punto provocar al mayor quién se relamía los labios al admirar el esbelto cuerpo de quién tenía enfrente. Sus pantalones fueron quitados con más rapidez, al igual que su ropa interior dejando ver la erección de su desmedido falo, goteante de líquido preseminal buscando atención y ser saciado.

—A la cama —La voz varonil de Kuroo resonó en todo su cuerpo, haciéndolo sin rechistar.

Sus piernas se abrieron como si fuera un recibidor.

El cuerpo de Tetsurō gateo hasta llegar hasta él, deteniéndose entre sus piernas comenzó besando y escalando sus cordilleras, hasta llegar a las olas que imitaban sus preciosas caderas agregando su lengua para saborear el dulce sabor de su piel.

Lentamente su lengua fue bajando por la línea de su vientre, hasta llegar al interior de sus muslos evitando evidentemente tocar su miembro, lamiendo y mordiendo esperando dejar una marca que demostrase de quién había pertenecido Kageyama Tobio.

Y mientras tanto, el pelinegro menor soltaba pequeños jadeos de placer, mirando hacia el techo buscando algún tipo de palabra que demostrase todo lo que sentía pero era imposible, estaba en blanco.

Su pene bombeaba como si de su corazón se tratase, pidiendo atención, la necesitaba tanto, pero sentía que por más que quisiera el mismo no podía tocarse, porque el único que le daría la satisfacción que quería era única y precisamente Kuroo Tetsurō.

—Volteate —Fue lo que el mayor ordenó y así lo cumplió.

Dejo su cara enterrada en la almohada, para levantar sus caderas, enterrando lentamente sus rodillas en el colchón para abrir lentamente sus piernas, dejando la vista perfecta para Kuroo, una vista que le daba entrada a hacerle absolutamente lo que desease ¿Y cómo podría negarse?

El miembro de Tetsurō pedía gritos de auxilió dentro de su ropa interior, caliente y goteante, podía sentir lo mojado que se encontraba a través de la tela siendo incómodo y verdaderamente doloroso.

Retiro lentamente su ropa, sin quitarse la camisa y la corbata roja que resaltaba en el blanco de la misma.

Se arrodilló detrás de él; acercó lentamente su boca hacia el anillo carnoso, arrugado y bombeante de Tobio, paso lentamente su lengua por el mismo haciéndole soltar un fuerte gemido contra la almohada, babeando sin querer.

—Si esos son tus sonidos ahora créeme que imagino mucho cómo serán después..

Soltó Kuroo sarcásticamente contra sus dos nalgas, haciendo que el aliento caliente de este golpee su ano haciéndole estremecerse.

La lengua de el pelinegro mayor hacia maravillas con la entrada cerrada de Tobio, haciéndolo gemir al punto de casi sollozar de todo el placer que le estaba causando, empujando su cintura hacía atrás buscando más y más.

Pero cuando él retiro su lengua, todo se sintió absolutamente vacío, empujando sus nalgas contra el pecho de Kuroo, quería y necesitaba más.

—Kuroo por favor —Pidió y exigió en un pequeño berrinche de jadeos necesitados.

—¿Estas necesitado, precioso? —Preguntó acompañándolo con una linda risa coqueta que hizo que Tobio quisiera desvanecerse a él mismo de la tierra misma.

Miró por el rabillo de su ojo como Kuroo se alejó, escuchando algun cajón ser abierto y cerrado con rapidez.

Y de un segundo al otro, un dedo era introducido en sus paredes carnosas con rapidez, soltó un fuerte gemido sorprendido y extasiado.

—Estás tan apretado, príncipe.. voy a necesitar abrirte mucho ¿Entendido? —Habló con condescendencia en un tono subyacente, mientras sonreía más y más gracias a los gestos de Tobio quién asentía desesperado por más de todo lo que le daba.

Los dedos de Kuroo tocaban sus paredes carnosas, acariciando con esmero llenándolo de lubricante, haciéndole sentir enteramente lleno.

Pero Tobio quería más, buscaba más, necesitaba más.

Un dedo no era suficiente y el más alto lo supo en cuanto más se abría, introduciendo otro comenzando a estirar paulatinamente más y más el apretado lugar que sería el próximo hogar temporal de su necesitado pene.

Sus dedos se movían haciendo tijeras dentro de él, a veces uniéndose y haciendo círculos para abrir más y sentir aún más la calidez de los adentros de Tobio.

Minutos después de puros gemidos por parte del más bajo y halagos por parte de Kuroo, ya un poco más abierto se dió de lo bien hecho que estaba su trabajo.

"Por favor Tetsurō, dame más.. te necesito dentro de mí, por favor"

Fue lo que Kageyama suplicó entre jadeos, dejando que sus rodillas se dejarán caer un poco más en la cama, abriendo más y más sus piernas solo para él.

—Eres tan precioso.

Le halago dulcemente acariciando su cadera.

Kuroo se arrodilló detrás de sus piernas, permitiéndole ahora tener una mejor vista, sus dedos se dirigieron hacia su corbata resaltante en la oscura habitación, quitandosela como si se quitará un peso de encima.

Y lentamente con sus dos manos enrolló la corbata en los ojos del de menor edad, dejándolo enteramente ciego.

—¿Qué haces..? —Preguntó en un tartamudo desconcertado, volteando su cabeza hacia él aunque no pudiera ver.

—Se dice que cuando no ves, todos los demás sentidos que tienes se agudizan. Deberíamos probarlo ¿Quieres, cielo?

Decía monosilabamente, dejo los extremos de la corbata siendo tomados por una sola mano mientras la otra ahora libre acariciaba la espalda de la tersa piel de Tobio, quién asentía ante la pregunta.

Su mano acarició su espalda hasta dirigirse hacia el coxis contrario para llevarla lentamente hasta su propio pene bombeante.

—Respira hondo, príncipe.

Y así lo hizo, antes de que siquiera pudiera exhalar de una sola embestida el pene de Kuroo ya estaba dentro de él, buscando acostumbrarse al tamaño enorme que esté poseía.

Las paredes carnosas apretaban fuertemente el falo de Tetsurō, ahogandolo en su calor y bombeando del placer.

Los gemidos de Kageyama salian contra la almohada y se dio cuenta que el contrario realmente tenía razón, no podía ver nada y aún así no podía imaginarse algo, no podía pensar en nada más que el pene dentro suyo, nada era más importante que la situación dolorosa y tan placentera que Tetsurō le estaba causando.

Comenzó a moverse haciéndole casi dar un respingo, las embestidas eran lentas pero a su vez fuertes, no llegaban directamente a darle a su próstata pero hacían que su pene doliera con mucha más fuerza.

—Tobio... —Llamó el más alto en un jadeo suave, haciendo que la piel del mismo se pusiera de gallina, gimió en respuesta cuando las estocadas contra su ano comenzaron a aumentar.

Gemía y babeaba importandole poco llenar las sábanas del más alto de sus propios líquidos, sus ojos lagrimeantes se secaban al instante gracias a la tela, sentía mil veces más, podía escuchar aún más el choque resonante de sus pieles, sus gemidos y su calor que hacían que todo se sintiera empapado, pegajoso y caliente, jodidamente caliente.

Y los gritos de Kageyama aumentaron cuando la punta del falo golpeó su próstata haciéndole llegar a la cúspide del placer.

—¡Ah! Ahí Tetsurō, me encanta ¡Más!

Gritaba entre sus propios jadeos, siendole casi imposible concentrarse en algo real, sus palabras estaban tan combinadas con sus gemidos que ni siquiera podías entender lo que decía.

Mientras más golpeaba, la corbata más se bajaba y el agarre era aún más fuerte, deteniéndose en cierto punto dentro de su boca y jalando su cabeza hacia atrás, haciendo que su espalda se arquease como quién se estira en la mañana, no podía ni siquiera gemir gracias a la tela, sus gritos eran ahogados por está y eso ni siquiera le importaba, no cuando su culo estaba siendo terriblemente destrozado y tal cosa le encantaba.

Kuroo podía jurar estar en el cielo, que ingirió alguna droga y le dio el más hermoso momento y sensación del mundo, como si pudiese parar el tiempo, acelerar y repetir todo con un simple movimiento, pudiendo quitarse la vida y nacer de nuevo porque al paraíso que iría no sería lo suficientemente perfecto, como si se tratará de un cuento pudiendo crear algún defecto por si aquello tan perfecto como este momento lo asustase.

Pero se dio simplemente cuenta de que no era el cielo, no podía parar el tiempo, no tenía poderes, estaba follando con Kageyama Tobio que era casi igualar la perfección pura.

La corbata se movió nuevamente gracias a un movimiento de Kageyama al sentirse ahogado, la tela roja ahora estaba más oscura gracias a lo mojada que estaba.

El choque sucio resonaba en toda la habitación, mojado y seco a la vez nuevamente con los gemidos de Tobio y jadeos cansados pero satisfactorios por parte de Kuroo, la tela de la corbata se engancho contra el cuello de Tobio asfixiandolo, movió su cabeza hacia arriba, sacando la lengua por su boca reseca, Tetsurō se acercó lentamente arqueando lentamente más y más la espalda del contrario sin dejar de embestir para comenzar a besarlo con desenfreno.

Succionó con mucho esmero sus labios, beso y lamió sus belfos, murmurando cosas contra su boca.

—Te encanta que te follen duro ¿No es así? ¿Quién puede hacerte gemir así, cielo?

Sus embestidas aumentaban cada vez con más fuerza, violando su próstata con la cabeza de su propio glande.

—¡Solamente tú puedes hacerme gemir así, Tetsurō!

El nombre del más alto resonaba en toda la habitación, a Tobio no le importaba ni siquiera si tenía vecinos, si sería incómodo después, no le importaba absolutamente nada más que lo follara en ese instante.

—Eres tan sucio, Tobio. Todos podrían escucharte y aún así gimes como una pequeña y linda puta. —Rió exhausto contra su oído, lamiendo el lóbulo de su oreja hasta dirigirse a su mandíbula, mordiendo, chupando y besando, esperando dejarle más marcas a su amante.

Sus gritos aumentaron, moviendo sus caderas al compás en que Kuroo se alejaba y se acercaba con rapidez, la corbata lo ahogaba, demasiado. Pero los besos, las movidas y las lamidas lo excitaban aún más, no poder respirar lo excitaba increíblemente y sentir su culo ser increíblemente follado era un éxtasis máximo.

Estaba en su último punto, su vientre cosquilleo mientras su próstata era golpeada y tras un par de embestidas más, su glande se abrió lentamente dejando salir enteros chorros blancos que ya venían contenidos.

Sin siquiera ser tocado además, él se había corrido enteramente.

Su cuerpo cayó desplomado y temblando sin poder más, pero Tetsurō todavía no había acabado.

"Córrete dentro de mí.. por favor Tetsurō córrete dentro de mí."

Repetía sin ningún tipo de vergüenza el chico debajo de él mostrando su entera sumisión hacía el más alto quién simplemente gimió en alto apretando las nalgas del más bajo para aumentar su ritmo y tras un par de estocadas hacer lo pedido, correrse dentro de él.

Los dos suspiraron cansados, agotados y sudando. Sus cuerpos pedían clemencia, ni siquiera los partidos de voley de 5 sets habían llegado a destruirlos tanto. Paso un rato antes de que Tetsurō sacará su falo dentro de Kageyama, cuando por fin lo hizo jadeo al ver la entrada llena de su propio líquido blanco. Mirando hacia otro lado para evitar ponerse duro nuevamente.

Tobio murmuraba un par de cosas inentendibles y completamente mareado, su cuerpo temblaba y soltaba algunos espasmos, entendible debido a lo tan saturado que estaba. Pero el pelinegro menor, aún así, se sentía increíblemente vacío sin el falo de su amante dentro de él.

—Vamos a limpiarte, cariño.. —Murmuró un Kuroo cansado, cargandolo para llevarlo con cuidado hasta la bañera y comenzar a limpiar con cuidado su cuerpo.

Lo lleno de besos, lo abrazo y lo mimo. Trato su cuerpo con respeto a la hora de limpiarlo así como Tobio siempre se lo imagino, tan rudo pero a la vez tan dulce.

Al final acabaron bañándose juntos sin otras intenciones de por medio porque era evidente que Tobio no lo aguantaría. Tetsurō le prestó su ropa y lo llevo hasta la cama después de cambiar las sábanas manchadas de sus propios líquidos.

Lo acostó y arropó, prontamente lo abrazo, dejando que se acurruque consigo, beso lentamente su frente con amor, dedicándole una y mil palabras en una simple acción.

—Me encanto hacerte mío, Tobio.

Fue lo último que dijo antes de que el pelinegro menor cayera en el lado morfeo.