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El camino de vuelta a casa

Summary:

Izuku Midoriya al conocer el secreto de All Might se vuelve un blanco de la comisión de héroes, quienes buscan mantener la imagen del símbolo de la paz.

Pero solo terminan por crear a un monstruo, a un dios, Savitar, el dios de la velocidad.

Chapter 1: Destino Sellado

Chapter Text

Izuku Midoriya se levantó con dificultad aquella mañana, sus ojos aún hinchados por las lágrimas derramadas la noche anterior. La imagen de All Might diciéndole que no podía ser un héroe sin un quirk se había convertido en un eco constante en su mente, una herida abierta que sangraba cada vez que intentaba pensar en su futuro. Pero, a pesar de todo, su madre seguía siendo su ancla. Si no podía ser un héroe para el mundo, sería uno para ella.

"Vamos, Izuku. Un día más", murmuró mientras se ponía el uniforme escolar.

Lejos de su vista, en las oficinas de la Comisión de Héroes, una serie de imágenes borrosas del joven quirkless aparecían en la pantalla de un monitor.

—¿Él lo vio? —preguntó una mujer de cabello corto y gafas oscuras, con tono impasible.
—Sí, señorita Nagant. Tenemos pruebas suficientes de que estuvo cerca de All Might durante el incidente —respondió un técnico mientras ampliaba las imágenes del dron.

La líder de la operación cruzó los brazos. Izuku Midoriya no era un peligro inminente, pero su existencia misma representaba una amenaza para la estabilidad del símbolo de la paz. Si alguien como él comenzaba a hablar, podría desatar rumores que el mundo no estaba listo para escuchar.

—Eliminémoslo. Que parezca un accidente.

Izuku llegó temprano ese día, algo inusual para él. Había decidido evitar a los matones que siempre lo esperaban a la salida y había tomado un atajo directo a casa. Pero apenas cruzó la puerta, sintió algo extraño.

La casa estaba en un silencio que pesaba como una losa.
—¿Mamá? —llamó con voz temblorosa, pero no hubo respuesta.

Con pasos cautelosos, recorrió las habitaciones, cada rincón más vacío que el anterior, hasta que llegó al comedor. Allí, el mundo se le vino abajo.

Su madre, Inko Midoriya, yacía sobre la mesa, inmóvil. Un charco de sangre teñía la madera. Izuku sintió que el aire le faltaba.

—¡Mamá! —gritó, corriendo hacia ella. Sus manos temblorosas trataron de tocarla, pero algo en su interior sabía que era inútil.

Antes de que pudiera hacer nada más, una explosión ensordecedora sacudió todo a su alrededor. El impacto lo lanzó contra la pared, el calor de las llamas abrasándole la piel.

—"Esta hecho. Parecerá que fue una fuga de gas", dijo Lady Nagant, observando desde un edificio cercano mientras bajaba su rifle. Su voz carecía de emoción; era simplemente un trabajo.

Mientras el apartamento se desmoronaba a su alrededor, algo dentro de Izuku se rompió. En un impulso desesperado por alcanzar a su madre, algo inexplicable ocurrió. Sus pies comenzaron a moverse a una velocidad que desafiaba la lógica, su cuerpo vibrando con una fuerza que nunca antes había sentido.

Pero la velocidad era demasiado. El mundo a su alrededor comenzó a deformarse, a desintegrarse en un mar de luces y sombras. Izuku no lo entendía; solo podía pensar en una cosa: alcanzarla. Salvarla.

—¡Mamá! —gritó mientras su cuerpo se desvanecía en la corriente del tiempo.

Cuando finalmente se detuvo, se encontró en un vacío absoluto. El espacio era un vasto mar de oscuridad, interrumpido únicamente por un eco constante: el momento exacto en que perdió a su madre.

El reloj de la cocina marcaba las 3:47 p.m.
El sonido de la explosión.
El calor abrasador.
El cuerpo de su madre, frío y sin vida.

Una y otra vez, las imágenes se repetían, como si el universo mismo estuviera atormentándolo. Izuku estaba atrapado, incapaz de moverse, incapaz de cambiar nada.

—Esto no puede ser real... —susurró, pero su propia voz parecía perdida en el vacío.

Pasaron minutos. O tal vez horas. Tal vez días. El tiempo no tenía sentido en ese lugar. Lo único constante era el dolor, el arrepentimiento, la soledad.

—¿Es este mi destino? —se preguntó, mientras lágrimas ardientes rodaban por sus mejillas.

En algún rincón de su mente, recordó las palabras de All Might:
"Mejor rindete, sin un quirk, no puedes ser un héroe."

—No soy un héroe. Ni siquiera pude protegerla...

Mientras Izuku se consumía en su desesperación, una chispa de luz apareció en la distancia. Era pequeña, casi insignificante, pero suficiente para captar su atención.

—¿Qué es eso? —murmuró, dando su primer paso hacia lo desconocido.

No sabía qué le esperaba al otro lado, pero una cosa era segura: ya no tenía nada que perder.