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El clima caliente de Brasil los recibió como un fuerte abrazo y los rayos del sol golpearon su rostro apenas bajaron del avión, de su mochila sacó sus anteojos de sol y se pasó su mano por su cabello rizado que estaba siendo desordenado por el viento. Estaba bastante emocionado por estar en Interlagos. Esta locación era especial, sabía que una gran delegación de argentinos irían a verlo y sería lo más cercano a estar de local. Además, en un par de horas estaría en una conferencia de prensa con su ídolo, Lewis Hamilton. Estaba muy ilusionado.
Escuchó a Alex mencionar algo del clima que les ofrecía el lugar en las carreras anteriores mientras ambos se subían al carrito que los llevaría al edificio del aeropuerto, el Beta se notaba maravillado por el país sudamericano y el paisaje que se extendía frente a ellos. De ahí fueron a buscar sus valijas, las cuales por suerte no perdieron. De allí fueron recibidos por parte del staff que había llegado antes y varios de sus familiares de Argentina que lo saludaron con un fuerte abrazo. Primero su mamá, luego su hermana, su papá y por último una pequeña mata rulitos castaños casi negros que saltó a su brazos para ser cargado por el piloto de Williams.
—¡Hola, bebé! —Saludó franco al niño abrazándolo como un koala. —¿Me extrañaste?
El niño, vistiendo una remerita de plaza sésamo, asintió efusivamente. —Mucho, mucho.
—Yo también, bebé —Lo apretujó contra su pecho y lo dio vueltas en el lugar. En ese momento también apareció Alex con su valija para saludar al niño. —Mirá, Mar. Él es Alexx, saludalo.
— Hola, ¿Mar? ¿Cómo se llama? —Preguntó en inglés Alex.
—Martín —Respondió Franco con una sonrisa, embelesado por el niño en sus brazos dándole los cinco a su compañero.
—Martín, hola —Volvió saludarlo bastante contento intentando hablar un poco en español. —¿ Cuántos años tienes?
—¿Cuántos años tenés, amor? —Le habló Franco a Martín que extendió su manos levantando cuatro dedos.
—Así —Dijo Martín causando las risas de los de a su alrededor. —Soy un niño grande.
—Claro que lo sos —Franco besó el pelito del chiquillo. — Tiene cuatro.
— ¿Es tu sobrino? —Alex le colocó su gorra de Williams sobre los rulitos de Martin, la cual le quedó grande para su pequeña cabeza.
Antes que pudiese contestar, alguien del staff los apuró a salir del espacio que estaban ocupando y se dirigieron a la salida donde los estaban esperando los autos listos para llevarlos al hotel donde se hospedarían. Martín seguía en los brazos de Franco y estaba negado a bajarse, quería ir con el piloto argentino como fuera. Tanto que estaba a nada de largarse a llorar para que no los separen.
Tenían suerte que era bien temprano a la mañana y los hinchas argentinos no sabían su momento de arribo como para recibirlo, si no esa pequeña escenita protagonizada por el infante habría sido fotografiada y esparcida por todo el internet.
Tras darle una mirada a su madre diciendo que no había problema, ambos pilotos emprendieron viaje en la camioneta. Después iban a encontrarse, además quería pasar tiempo con el rayito de sol que era el chiquilín sentado sobre su regazo viendo fascinado por la ventana polarizada la autopista.
Alex volvió a ver al par de argentino, Martín era muy parecido a Franco; sus rulitos castaños oscuros, sus cachetes ligeramente sonrosados y su nariz eran un calco, pero lo que los diferenciaba eran sus grandes ojos verdosos casi azules con sus pestañas gruesas.
— Entonces… —Rompió el silencio el Beta, queriendo seguir la conversación anterior.
—¡Mirá, papá! —Exclamó Martín señalando algo por la ventana. Oh, entonces el parentesco era otro.
—Si veo, bebé —Se rió el argentino viendo lo que señalaba el infante, luego volvió a Alex. —¿Qué decías?
— Es tuyo, tu hijo —murmuró sin ocultar la sorpresa en su voz. — No sabía, ¿alguna vez me lo contaste?
Una risa se escapó del Omega al verlo nervioso a su compañero, era normal escuchar eso cuando se enteraban de que Martín era su hijito. Es decir, a no ser que estuviera sin el inhibidor de aromas, era difícil pensar que Franco era papá y mucho menos sin una marca de algún lazo. — No, nunca te lo conté.
— Con razón —Sonrió el tailandés.
— A nadie se lo dije, de hecho. Solo a la gente importante de la escudería y mis representantes, obvio. No quiero exponer a Mar, tampoco que se hable de que el nuevo Omega en F1 viene con acompañante.
Sí llegar a la Fórmula 1 siendo latinoamericano era difícil, ser también Omega intentando competir en un deporte predominantemente de Alfas y Betas lo era todavía más. Ni hablar si sumado a eso venía con un hijo. Siempre se había utilizado la maternidad como excusa para no querer subir a Omegas a la máxima categoría, por el temor de perder varías carreras debido al obvio parate que deben hacer si quedan en cinta y el miedo de que su rendimiento baje una vez habiendo tenido al bebé.
Franco sabía muy bien lo cruel que era el ambiente en el que estaba metido, sabía que podían utilizar cualquier excusa para querer sacarlo de su asiento. Lo habían hecho con varios pilotos antes que él, nada le aseguraba que no podría pasarle y más que se estaba jugando su estadía en la categoría para el próximo año.
Martín fue el regalo más lindo que le hizo la luna e iba a hacer todo lo que pudiera y más para proteger a su rayito de sol de toda la gente que le deseaba el mal, él no tenía que sufrir la crueldad de los demás. Por eso lo tenía escondido del ojo público, sólo las personas necesarias sabían de su existencia y hasta el momento no le falló su discernimiento.
— Tiene sentido —Asintió Alex comprensivo. — Es muy parecido a vos.
El tiempo que llevaba conociendo a Alex le había confirmado que el Beta era realmente un buen tipo, excelente diría, todo lo que le fue ayudando y los consejos apenas llegó al garaje de Williams. No pudo haber pedido mejor compañero que Albon, él simplemente fue un regalo del cielo.
—Gracias, aunque él es más lindo que yo —Ambos rieron.
— Cómo lo tenías escondido, me imagino que tu pareja también —Lo molestó el Beta, pero Franco negó con la cabeza. — ¿No? ¿Estás criándolo solo tan joven?
— Mi familia me ayuda, más con lo de las carreras en la otra punta del mundo —Explicó Franco removiéndose incómodo en su asiento sin querer contar tantos detalles, Martín seguía encantado por lo que veía por la ventana, totalmente ignorante de lo que hablaban los adultos. Por pura inercia, besó la cabellera rizada del niño. — Luego somos Martu y yo, contra el mundo.
***
La estadía de Martín en su habitación de hotel se había extendido más de lo esperado, se quedaría acompañándolo hasta la noche cuando tendría que dormir bien para las prácticas que tendría temprano por la mañana y no podía estar ocupándose al cien de su pequeño torbellino que incluso si se quedara dormido, nada le aseguraba que no se levante y se ponga triste porque no lo vea a él a su lado.
Así que en ese momento lo tenía jugando a los autitos sobre el alfombrado de su habitación, su mamá le había dejado diferentes juguetitos junto con la ropa que había empacado para que se entretenga Martín. Su pequeño era bastante inquieto por lo que necesitaba diferentes estrategias para que pueda divertirse sin salir lastimado en el intento.
—¡Papá, papá! —Lo llamó desde el piso, Franco lo estaba mirando casi al lado de la pista improvisada que había hecho. —¡Este sos vos!
En la manita estaba un auto azul y lo hizo dar vueltas por el aires antes de deslizarlo por la pista hasta cruzar la meta que consistía de dos medias hechas bollito.
—¡Fium!
El pequeñín se lanzó a los brazos de su papá que lo sacudió con diversión sacándole carcajadas, y ambos festejaron con un abrazo de oso, en el que se quedaron un buen rato disfrutando de la compañía del otro.
A veces le hacía sentir culpable pasar tanto tiempo separado de su rayito de sol, se perdía de muchos momento importantes de su vida, varías veces se tuvo que enterar por videollamada que Mar había dicho sus primeras palabras o se le cayó su primer diente de leche. Era doloroso estar alejados, tener que cubrir ambos roles y proveer para ellos siendo un Omega no enlazado, pero sabía que todo lo que estaba haciendo, cada paso avanzado era para darle una buena vida a su niño, una mejor a la que él tuvo.
—Te amo, mi vida —Le dijo con cariño.
—Te amo, papi —balbuceó Martín quedándose dormido.
Franco lo vio con ternura y lo cargó hasta la cama donde lo arropó con los edredones para que no pase frío, sin duda era el niño más bonito del mundo. Él se quedó a su lado y cuando el sueño le empezó a pegar, le avisó a su hermana que Martín se quedaría con él porque no le daba el corazón despertarlo.
Ambos se dejaron envolver bajó los brazos de Morfeo y Franco pasó de largo hasta que temprano en la madrugada se despertó por los movimientos de Martu que estaba inquieto en sus sueños. Aprovechó a taparlo y a ir al baño, en tanto estaba ahí se metió a sus redes sociales, quería ver qué onda con el supuesto banderazo que los fanáticos argentinos habían organizado en su honor, debió ser toda una locura. De repente, vio que le llegaron varios mensajes deseándole condolencias. Le pareció raro, no entendía sobre qué exactamente. Entonces se puso a scrollear por Instagram y luego se metió en Twitter, en donde vio una noticia que le cayó como un balde de agua fría. No quería creerlo, no podía ser cierto lo que había leído, era imposible.
Habló por el grupo familiar y nadie le dijo nada, nadie respondió. Entonces una angustia le invadió, la falta de respuesta le estaba poniendo nervioso y no pudo evitar que una tristeza lo vaya estrangulando. Sentía de todo, quería llorar, quería gritar, quería saber si su abuelo ya no estaba más a su lado o si todo era un chiste de mal gusto.
Su pecho subía y bajaba, sus ojos estaban llenos de lágrimas esperando por ser derramadas y lo único que lo detenía a sumergirse era que tenía a Martín aferrado a su remera suspirando entre sueños, con el ceño medio fruncido. Seguramente sintió el cambio de aroma por su angustia y eso le hizo sentir más culpable, no debería verlo de ese modo.
Sin embargo, todos en su familia estarían igual o peor que él. No podía hacerles eso.
Sin pensarla más y por pura inercia se abrazó más a su cachorro, intentando calmarse por medio de su leve aroma; una mezcla de dulce de leche y té negro, un vestigio del padre y del Alfa que todavía hacía visitas en su corazón.
Aquella pequeña esencia en la que recordaba el efímero tiempo en que soñó tener un futuro con dicho Alfa fue suficiente para ir relajando su caótica mente hasta que nació el sol por la ventana de su habitación.
Ya no quería dejar ir a su cachorro con toda la ansiedad que cargaba y el dolor opresivo en su pecho, lo necesitaba a su lado, sino perdería su cabeza en los pensamientos dañinos que iban y venían. Tenía que lograr al menos eso para las prácticas de ese día.
***
La mañana del sábado los recibió y Franco no podía asegurar que había dormido lo suficiente, quizá un poco mejor que el día anterior donde descansó un par de horas entrecortado. Había armado un pequeño nido para él y su cachorro, lo que significó que no pudo dejar que Martín estuviera lejos de él.
María, su representante, lo regañó apenas lo vio entrar junto a ese niño tan tierno de rulitos durante las prácticas del viernes, pero pronto lo tranquilizó entendiendo el porqué estaba tan aferrado a su pequeño. También le recordó el riesgo que estaba tomando y de lo cuidadoso que tenía que hacer los siguientes días si quería seguir trayéndolo.
Su hermana apareció en el lobby y no estaba mejor que él, quizá con el maquillaje disimulaba más, pero ninguno podía disimular lo que andaban sintiendo. Martín por su lado, seguía adormilado con sus ojitos entrecerrados del sueño que tenía por haberse despertado tan temprano.
—En su mochila están los pases para ustedes, los que puedan ir —Le explicó a su hermana mientras se agachaba a la altura de su niño. —Portate bien. En un rato nos volvemos a ver, ¿Dale?
Martín asintió soltando un bostezo y Franco se volvió a parar.
—¿Cómo están? —Preguntó, su tono estaba bastante apagado. —No me contestaron mis mensajes, no… no lo hagan de nuevo.
Y esto no pudo evitar escucharse como un reproche.
—Papá se volvió a Argentina en el primer avión que tuvo disponible —Le contestó. —Perdón, todo fue tan rápido y… nada, yo seguramente también salga para allá después de la práctica de hoy, no lo tengo decidido. Podemos llevarnos a Mar si es que…
—No, no hace falta, quiero tenerlo cerca y más ahora.
La chica asintió comprensiva. —Avísame cualquier cosa.
Franco asintió y en ese momento tuvo la señal de parte de Maria retirarse para la pista que lo esperaba en las camionetas alquiladas. Sin más preambulo la despidió con un beso en el cachete. —Dale, nos vemos más tarde.
***
El Paddock era un mundo de gente, un montón de argentinos en las gradas mientras que no paraban de alentar mientras que los mecánicos e ingenieros iban de un lado al otro. Un poco de ese barullo lo calmaba, su cabeza no hacía tanto ruido y podía concentrarse mejor. También la presencia de su cachorro era tranquilizante, por más que tengan que establecer cierta distancia debido a las cámaras.
Las prácticas salieron bien, las SQ también fueron competentes, mejor de lo que Franco esperaba para todo lo que experimentó la noche anterior. Sin embargo, su lado competitivo no le dejaba sentirse satisfecho por más que sean las primeras prácticas. Lo hubiese hecho mejor sin todo el bollo de pensamientos hilando mil por hora.
Al término de la Sprint salió de su monoplaza, se sacó su casco y balaclava, y fue a agradecer a los mecánicos que lo felicitaban desde el interior, después se acercó al sector de familiares donde lo estaban esperando su hermana con Mar, ahora más entretenido con sus autitos andando sobre las paredes del espacio.
—¿No se aburrió? —Preguntó divertido con el chiquito perdido en su mundo de juegos.
—En un momento se sentó junto a uno de los mecánicos para ver las prácticas cuando se cansó de sus juguetes—Le contó. —Estuvo bastante tranquilo.
—Qué bueno, tenía miedo que se ponga inquieto como ayer.
—Se portó bien —Aseguró su hermana dándole una sonrisa tranquilizadora, luego atendió una llamada entrante.
De pronto apareció uno de los ingenieros, Jego, para comentarle algo de la estrategia que estaban considerando para la Qually que tendrían en un par de horas.
Mientras lo escuchaba su mirada recorrió el garaje, notó que la mata de rulitos de su hijo se le escapó de la vista y no estaba en el sector de familias junto a su hermana que estaba hablando por teléfono, ni en ningún rincón visible del taller de Williams. Eso lo puso nervioso.
¿A dónde se había metido?
Se disculpó con el ingeniero y empezó a buscar a su cachorro. Se fijó por si estaba socializando con los mecánicos, si se había ido por la pista o se había ido a la vía del Paddock. Dónde sea que estuviera, odiaba que fuera tan parecido a él de chiquito.
***
Tras haber hablado con los ingenieros sobre lo que harían durante la Qually considerando las posibles precipitaciones que habían pronosticado, Oscar salió del garaje a tomar un poco de aire fresco con su traje hasta que lo vuelvan a llamar para la Qually y se dirigió a la zona de amenities de Mclaren.
Lando se había quedado adentro para ver algunas otras cosas del monoplaza que le quedaron con dudas, por lo que era él vagando por la vía, admirando el lindo cielo de Brasil. Casi sin resistirse sacó su celular y abrió la cámara para capturar el paisaje celeste decorado con las nubes altas en el cielo, se la mandaría a su familia.
De pronto, sintió que alguien se chocaba contra su pierna. Al bajar su mirada se encontró con una pequeña mata de rizos chocolate que al darse vuelta y alzar su mirada se encontró con unos grandes ojitos celestes con motitas verdes en ellos. Llevaba una remera azul y una mochila de Cars en su espalda.
— Hola, amiguito — Le saludó dándole una pequeña sonrisa. — ¿Querés una foto?
El niño no respondió, solo se le quedó viendo. Oscar miró a los costados por si había alguien que pareciese su familiar, debió venir con alguien al Paddock. Él solo no se pudo haber metido.
— ¿Estás perdido?
El nene siguió sin responder, volviendo su atención al autito de juguete en sus manos.
— Parece que sí… — El australiano se arrodilló a la altura del niño intentando hacerse entender. —¿Dónde está tu mamá o tu papá ?
— ¿Papá? — El niño se giró y empezó a ver a los costados, buscando a alguien conocido, pero su puchero indicaba que no había logrado identificar a nadie. — Papá no está. Mi papá no está.
Entonces el niño se largó a llorar, obteniendo las miradas juzgadoras de la gente a su alrededor. Muy bien Oscar hiciste llorar a un nene.
—Tranquilo, vamos a buscarlo a tu papá — Le aseguró al niño que ya tenía los ojos cristalizados y su nariz roja por el llanto, pero la palabra que reconocía le hizo asentir a lo que le dijo el rubio que le ofreció su mano. —¿Vamos?
El niño de rizos le miró con duda, casi con miedo. Oscar dedujo que era obvio que no podía esperar que lo siga así como así, estaba estresado y no se podían comunicar por el idioma que los separaba.
Rápido, rápido.
— ¿Vamos con tu papá? — Repreguntó en español, lo que había entendido que hablaba, tal vez debería llamar a alguien que hable el idioma para no asustarlo tanto con la diferencia idiomática. A Franco lo podría hablar o a Carlos.
Entonces asintió el niño, medio hipando con sus lágrimas bañando sus cachetes colorados, y ahí se levantó Piastri del piso, más tranquilo
—Hey, Osc — Apareció Lando vistiendo su traje naranja —Te andan busc… ¿Y este chiquilín?
—Está perdido — Explicó brevemente. Mientras tanto, sin que ninguno de los dos pilotos lo note, el niño sollozando se acercó al inglés. —Lo voy a llevar con un guardia así buscan a su familia.
—Pobrecito… — Lando se agachó para estar a la altura del niño de rulos . —Vamos a encontrar a tus padres, pronto ¿sí? ¿Cómo te llamás, campeón?
No obtuvo respuesta, pero de repente sintió como el nene se abrazaba a su cuello, ocultando su pequeño rostro en el hueco entre sus clavículas. Sin saber cómo reaccionar, simplemente lo abrazó de vuelta, haciendo circulitos en su espalda con su mano. Le conmovía mucho como el chiquilín había ido a refugiarse con él, y sin darse cuenta soltó feromonas para calmarlo.
Ambos pilotos se miraron y sin otra opción -porque el niño amenazaba con llorar si Lando lo quería apartar- Lando cargó al niño sin molestías y se sorprendió de la familiaridad con la que este se acomodaba para ser transportado, como si no se hubiesen conocido hace menos de cinco minutos. De ese modo, salieron a buscar algún guardía o una autoridad responsable para dejar al chiquillo.
Habían caminado casi una cuadra en el Paddock cuando Lando sintió que el nene se removía de su agarre en el que lo tenía alzado a upa.
— ¡Papá! — Escucharon gritar al nene emocionado y el inglés bajó enseguida para que vaya corriendo a quien había reconocido como su papá.
Grande fue su sorpresa cuando vieron a Franco Colapinto abrazar con fuerza al pequeño niño con rulos que habían estado cuidando.
