Chapter Text
Hola posible audiencia. Este es un fic un poco especial. No es lo típico que suelo escribir. Pero es para mi. Me apetecia un monton escribirlo, así que lo he hecho. No tiene sentido dentro del Canon, los personajes no están IC y no busca llegar a ningún sitio ni alcanzar ninguna meta filosófica. Por lo tanto solo espero que lo disfruteis, si no es así seguid vuestro camino hacia horizontes más tradicionales dentro de AO3. un saludo. Ada.
Era por los chicos. O eso se repetía con frecuencia mientras Astoria y ella se iban conociendo en las reuniones de padres que Hogwarts organizaba. Al principio, cuando Albus y Scorpius las presentaron, fueron frías la una con la otra. Apenas sí la recordaba de sus propios años en el colegio, después de todo estaba un año por debajo de su curso y eran de casas rivales. Pero a fuerza de quedar para que los chicos se viesen en vacaciones, empezaron a congeniar.
Le gustaba Astoria, era divertida. No del mismo modo en que ella podía serlo habiéndose criado con seis hermanos, no. Era una dama, pero a pesar de ser una Malfoy no era una estirada. Y eso le agradaba. Aunque odiase a su marido con toda su alma.
—Vamos, Ginny. Draco no es tan malo.
Harry buscó sus ojos furiosos en el espejo, mientras su mujer luchaba por desenredar su larga melena pelirroja para la reunión. Había estado volando gran parte de la tarde y eso siempre dejaba su pelo lleno de enredos.
—¡No me deja hablar con ella! Cada vez que estamos teniendo una conversación, llega con su cara de higo y se la lleva de mi lado.
—Suenas celosa.
—El celoso es él. Además, ¿por qué defiendes tú a Malfoy? ¿Qué es esto, una conspiración?
Intentó llegar hasta ella a través del caos de ropa que cubría la cama y parte del suelo. Ginny debía de haberse probado todo el armario dos veces, pero aún seguía dando vueltas en ropa interior, lo que no ayudaba a que Harry se pudiese concentrar. Tropezó un par de veces, pero consiguió alcanzarla justo a tiempo para quitarle el cepillo antes de que lo lanzase.
—Vamos, cálmate. La reunión de bienvenida en Hogwarts empezará pronto y no querrás llegar tarde.—Se sentó en la banqueta de la que ella acababa de levantarse y la sentó sobre sus rodillas peinandola con suavidad, tenía mucha práctica haciendo lo mismo con Lily.
Cuando terminó la abrazó por la cintura volviendo a mirarla.
—¿Que es lo que realmente te preocupa?
—Quiero estar guapa.
—Eres preciosa, Gin.—Hundió la nariz en su cuello llenándose los pulmones de su olor.— Pero creo que sé a lo que te refieres.
En ocasiones se sentía culpable por haberse casado demasiado pronto. Por no haberla dejado vivir su juventud. Llevaban saliendo desde que eran unos críos, habían crecido juntos y aunque no dudaba de que estaban enamorados, en momentos como éste en que la veía tan emocionada con alguien, no podía evitar preguntarse si todo se hubiese evitado si años atrás hubiese tenido más experiencias. Por eso apoyaba a su mujer en lugar de agobiarla aún más poniendose celoso.
Ginny le puso las manos en las mejillas sonriendole.
— ¿Qué has pensado?
—Podríamos hacer un Hermione
—No tenemos tiempo para tres estudios de mercado y quinientos graficos.
—No seas mala.—Ginny rió besándolo en los labios.— Me referia a usar la logica. En lugar de probartelo todo a lo loco, hagámoslo con cabeza.
—Tú ganas.
—Me gusta ganar.—No pudo ni quiso contener más las ganas de besar su cuello mientras sus manos se desplazaban con una caricia de la cintura a los pechos rozando los pezones por encima del encaje blanco del sujetador.— La ropa interior la apruebo.
—Para si no quieres que tenga que ir a cambiarme de bragas.
Harry rió alzando las manos en son de paz.
—Esta bien. No perdamos el foco. Ropa.— El enorme montón parecía burlarse de ellos desde la cama. Harry alcanzó su varita.— Bueno, empecemos por lo básico ¿falda, pantalón o vestido?
— Mejor falda.
— Muy bien.— Con un gesto mandó todas las opciones desechadas al armario dejando la zona mucho más despejada.—Mi recomendación, si es que quieres escucharla, elegir la parte de arriba primero y después ya decidirnos entre las faldas.
— Lo veo muy lógico.
— Te dije que el método Hermione funcionaba.
Tras un par de pruebas más, al final Ginny se decidió por una falda en forma de a, con largo un poco por encima de la rodilla, de color gris, la chaqueta a juego y una camisa verde.
Harry se enfundó en unos pantalones chinos de color arena y un jersey también gris de cuello alto. Tras una última mirada en el espejo ambos asintieron. Estaban preparados.
Con tres hijos en el colegio (y siendo uno de ellos James), los Potter siempre pasaban un buen rato hablando con los distintos profesores. Daban gracias a que los menores les hubieran salido mucho más tranquilos y moderados.
—Debiste quedarte en el primero —saludó una voz divertida a sus espaldas. Ginny se volvió con una sonrisa y besó en la mejilla a Astoria Malfoy.
—Quizás debí saltarme a ese y empezar por el segundo —contestó la pelirroja con un gesto de dolor de cabeza fingido, haciendo que su amiga empezase a reír.
Harry se acercó a ellas, sonriente.
—Buenas noches, Sra. Malfoy.
—Buenas noches, Sr. Potter. Pero por favor, llámeme Astoria. La Señora Malfoy es mi suegra.
—Astoria, entonces. Llámame Harry —Inclinó la cabeza, galante—. Permiteme decirte que esta noche estás deslumbrante.
—Qué caballeroso.
—Es la verdad—Astoria vestía un traje chaqueta de color negro, con falda entallada y una camisa de seda burdeos.
Continuaron un rato con la charla divertida y casual, hasta que Ginny se puso pálida.
—Tiburón a las seis.
—Vamos, Gin, no llames así a Draco.
—Lo siento, Astoria, pero tu marido saca lo peor de mi.
—Sólo hay que conocerlo.
—¿Cómo voy a conocerlo si nunca me habla más de dos minutos?
Draco llegó hasta donde estaban reunidos. No parecía contento, pero nunca lo estaba.
—Potter, Potter —saludó con un seco movimiento de cabeza.
—Malfoy —respondió Harry, mientras Ginny sólo movía la cabeza, incapaz de hablar de la rabia.
—Vamos, Tori, quiero mostrarte algo —Su voz sonó más a orden que a petición, lo cual puso de los nervios a la pelirroja, que si no lo despedazó allí mismo fue porque la mano de su marido la sujetaba con fuerza.
—Harry, Ginny. Nos vemos luego —Astoria siguió a su marido, que la guiaba hacia uno de los corredores del castillo.
—Voy a seguirlos, ¿vienes?
—No sé qué decirte, en sexto año aprendí que nunca sale nada bueno de seguir a Malfoy.
—Pues voy sola.
—Creo que te acompaño. No me fío de ti.
Ginny sonrió contenta de haberse salido con la suya, siguiendo los pasos de los Malfoy.
Anduvieron un par de minutos por los oscuros pasillos, hasta que una suave luz y unas voces los guiaron hacia una puerta entreabierta.
Se acercaron sin hacer ruido, y muy lentamente se asomaron. El espectáculo los dejó estupefactos.
Astoria Malfoy estaba tumbada en una mesa con los ojos cerrados, mientras su marido cubría de besos su cuello y escote. Con lentitud, Draco iba desabrochando uno a uno los botones de su preciosa camisa, dejando al descubierto su piel perfecta. Mordía y besaba por igual, mientras ella se esforzaba inútilmente en no gemir.
—¡Por Merlín, Tori! Es superior a mis fuerzas —La camisa había desaparecido y ahora las manos de draco subían desde las rodillas por debajo de la falda —. Cada vez que hablas con la pelirroja sufro una erección.
—Espero que le deje las perlas —La voz de Harry, apenas susurrando en su oído mientras su cerebro procesaba lo que Malfoy acababa de decirle a su amiga, fue demasiado para Ginny, que intentó darse la vuelta e irse. Pero el cuerpo de Harry ocupaba todo el espacio—. Vamos, Ginny. No le hagas esto a Malfoy, lo ha preparado para ti.
—¿Cómo?
—Él no sabe que nosotros lo sabemos, pero no soy tonto. Es evidente. Quería que le vieses con Astoria, que le oyeses decirle que le pone veros juntas —La atención de su marido se desvió hacía la escena que se desarrollaba en el interior—. Vamos Draco, no me jodas. Déjale las perlas.
—¿Qué te ha dado a ti ahora con las perlas?
—Es largo de explicar —Simplemente se encogió de hombros y volvió a mirarla, sonriendo—. ¿Preparada para contratracar?
—¿Sí?
—Levántate la falda.
Los ojos de Ginny se abrieron como platos. No entendía nada de lo que pasaba, ni de lo que Harry hablaba.
—¿Y si nos pillan?
—Soy el jefe de aurores, ¿de verdad crees que no he tomado medidas antes de pedirle a mi mujer que se desnude en medio de un pasillo?
“Mirándolo de ese modo”.
Poco a poco, con manos temblorosas, fue levantándose la falda, hasta dejarla enrollada en su cintura.
—Ahora, míralos.
Draco mordía el cuello de su mujer, mientras su mano jugaba bajo su falda. Había liberado sus pechos, pero para disfrute de Harry las perlas seguían en su sitio. Astoria tenía los ojos cerrados, los labios rojos e inflamados y las mejillas llenas de color. Ginny sintió ganas de abrir la puerta y salir de su escondite para degustarla. Pero una de las manos de su marido rodeaba su cintura, reteniendola, mientras la otra subía por el muslo suavemente hasta colarse bajo sus bragas. Se mordió la palma de la mano, ahogando un gemido al notarlo.
—No te reprimas, amor —Circe bendita, esa voz en su oído. En veinte años juntos nunca había sido tan varonil y sensual. Maldito hijo de puta—. Queremos que te oiga, Gin. Queremos que Draco te oiga gemir viéndolo tirarse a su mujer. Queremos que sepa que deseas estar ahí, con ellos.
Alejó la mano de su cara apoyándose en la pared, sujetándose. Dejando fluir los gemidos que había estado reteniendo.
—Abre los ojos, pequeña. Mira lo que has logrado.
Le costaba enfocar, los dedos de Harry, oír a Astoria y la situación en general la estaban devastando, pero cuando vio como Draco la miraba directamente a los ojos al tiempo que penetraba con deliciosa lentitud a su mujer, toda inhibición que pudiese quedarle desapareció por completo.
—Amor. Te necesito. Ahora —Su petición entre gemidos desesperados fue inmediatamente atendida.
Sentir a Harry colarse en su interior arrancó otro gemido de la garganta torturada de Ginny, mezcla de alivio y de placer. Se retorció para agarrar el cuello de su marido.
—Eres un cabrón —Sus labios estaban pegados, mientras entre besos se comían los gemidos del otro—. Veinte años juntos, Potter —lo mordió suavemente, como remarcando las palabras—, y ahora me entero de que eres un pervertido.
Harry le sonrió, la besó con deleite y, con cuidado, le giró la cabeza para que no se perdiese nada.
—Lo que tienes que entender —gimió él— es que todos los hombres somos unos pervertidos, amor —Su voz cada vez estaba más entrecortada y sonaba más profunda—. Es sólo que algunos disimulamos mejor.
Harry controlaba el ritmo sin perder de vista a Draco, ambos parecian mantener un extraño duelo de miradas por encima de la cebeza de Ginny, pero esta estaba demasiado ocupada mirando a Astoria para percatarse. Astoria que se retorcia agarrando a Draco por el pelo, rogandole más y mas. Astoria que enredaba sus piernas en la cintura de su marido intentando retenerlo. Astoria cuya visión la estaba volviendo loca.
—Aún no, Gin—Harry hizo aún mas lentas sus embestidas—Aguanta un poco más.
—No… no puedo.
—Claro que puedes.
Al final cuando vió a su amiga llegar al orgasmo, Ginevra no pudo aguantarse más y la siguió.
—Abre los ojos, Tori —El susurro estaba lleno de un cariño que no se esperaba oír viniendo de Malfoy—. Abre los ojos, mi amor. Tenemos invitados —.Astoria abrió los ojos, asustada y avergonzada. Había estado tan inmersa en lo que Draco le hacía sentir, que no se había percatado del ruido que los Potter hacían tras la puerta entreabierta.
Gin ni se molestó en bajarse la falda, después de todo su amiga no estaba mucho más presentable. Salió de su escondite, seguida por Harry, que se mantenía a una distancia prudente.
—Gin, yo, no... —La cara de Astoria estaba roja de bochorno, la pobre no sabía donde meterse y no parecía terminar de entender la situación. Cosa que le quedó clara cuando en dos zancadas, la pelirroja se plantó a su lado y, sujetandola con suavidad del cuello, la besó. No fue un beso delicado, fue pasional y posesivo. Un beso de los que reclaman, pero también de los que otorgan.
Las dos mujeres se quedaron mirándose un buen rato, sonriendo, sin atreverse a decir nada que rompiese el momento.
—Me moría de ganas de hacerlo —confesó la pelirroja, al fin.
—Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que el deseo era compartido — Draco sonrió, colocando la blusa de Astoria sobre sus hombros, ayudándola a cubrirse.
—¿Es cierto lo que dijiste? ¿Por eso la apartabas de mí? ¿Te excita vernos juntas?
—Cualquiera se pondría viéndoos juntas, Gin —comentó Harry bajando la falda de su mujer con disimulo.
Los hombres se miraron, sonriendo, como si ese chiste sólo pudiese entenderlo la hermandad masculina.
—Por cierto, Malfoy, hay una cosa que me muero por hacer desde que íbamos al colegio.
—¿Me va a doler, Potter?
—No. A ti no, puede que después a mí me duela mucho, pero para ti será inocuo.
—Si te reporta sufrimiento, por mí adelante —Draco sonreía con suficiencia, creyéndose muy inteligente al dar esa respuesta. Lo que desde luego no hubiese esperado ni en un millón de años, es que Harry Potter se acercase a él y repitiese lo que Ginny acababa de hacerle a Astoria.
Ron estaba un poco aburrido, Hermione hablaba con los profesores mientras él contaba las piedras de la enorme chimenea intentando decidir si arrojarse al fuego sería más o menos doloroso que aquella fiesta. En ese momento vió a su mejor amigo y a su hermana salir corriendo de uno de los pasillos con la cara sonrojada y algunas prendas de ropa fuera de su lugar. Lo saludaron con la cabeza antes de meterse de cabeza en la chimenea y desaparecer. Se quedó mudo de asombro hasta que vio a los Malfoy aparecer por el mismo pasillo. Si Draco tenía algo que ver en aquella desbandada no podia ser nada bueno.
