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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-07-31
Updated:
2026-06-29
Words:
149,495
Chapters:
19/?
Comments:
11
Kudos:
4
Bookmarks:
2
Hits:
312

Sometimes all you need is someone for to be

Summary:

A veces la vida es jodida y dura, te enseña a golpes, una y otra y otra vez, hasta que aprendes la lección o mueres en el intento. Hogwarts es el lugar más seguro del mundo y equivocarse aquí no será tan malo como en el mundo real, pero cuando eres adolescente las cosas se sienten con demasiada intensidad.
Remus solo quiere un lugar donde pertenecer. Sirius esta re-descubriendo un mundo que creía conocer. Peter quiere ser alguien en la vida sin importar el precio. James no sabía que la vida podía ser tan miserable para algunos. Los merodeadores será un lugar seguro donde ser.
Lily confió en la persona equivocada. Regulus solo quiere que su hermano lo mire de nuevo. La vida familiar nunca fue fácil.
o
Un fanfic multipov que acompaña a nuestros personajes favoritos por su paso por Hogwarts hasta 1981.

Notes:

Hola¡ Así que, este es el primer fanfic que publico por esta plataforma y de este fandom. Tengo más o menos una planificación establecida (serán de 12 a 20 capítulos por año) cada capítulo tendrá un punto de vista diferente y ninguno es realmente un narrador confiable. Idealmente los puntos de vista serán de Remus, Sirius, Lily, Regulus (en su debido momento) y esporádicamente algún personaje secundario. Además habrá si o si un capitulo narrado desde el punto de vista de James y otro desde el punto de vista de Peter por cada año (porque si, ahondaré en los por qués de la traición de una forma lenta y tortuosa)
En un principio son niños (inician Hogwarts con 11-12 años, por el amor de Merlín) pero en su gran mayoría han vivido más de lo que cualquier niño debería, sobre todo los hermanos Back y Remus. Es por eso que advierto que los capítulos narrados por ellos contengan posiblemente violencia gráfica y lenguaje violento, incluyendo abuso físico a menores y obviamente profundizando la Licantropía como alusión al VIH.
La construcción del mundo se basará en Harry Potter (ándate a la mierda JK) pero también en algunos fanfic que he leído u otros mundos de fantasía con una construcción de mundo menos pobre, por eso en algún punto terminaré hablando de dinero y política mágica, pero eso será mucho más adelante. Por otro lado esto son los 70´s y obviamente habrá homofobia, transfobia, machismo y homofobia, pero no tanto, debido a que quiero ahondar más bien en el racismo (o como lo llames) de la pureza de la sangre (así que probablemente no haya tanto problema en dos hombres besándose como en un sangre pura saliendo con un nacido de muggles)
Dejaré advertencias al inicio de los capítulos si es que se vienen demasiado violentos (avísame si consideras que debería agregar alguna advertencia)
Amo recibir retroalimentación, así que si me dejas un comentario me harás bastante feliz.
(Estos personajes no me pertenecen, son de las obras de Harry Potter de J.K Rowling, pero todos queer porque Merlín sabe cuanto amo a mi comunidad)
Entonces, creo que sin nada más que decir, disfruta la lectura.

Chapter 1: Prólogo: La noche

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Que detestable es la noche, definitivamente es la peor parte de la vida.

Remus John Lupin en sus largos cuatro años de vida nunca jamás ha comprendido la necesidad que el cielo tiene de expulsar la luna por las noches. Si, es bonita y trae las estrellas, que son aún más bonitas, pero al final de todo, lo mejor siempre se daba durante las horas diurnas. 

Durante el día puedes jugar y leer, durante el día se come a montones y se toma jugo de calabaza, durante el día puede salir al jardín a jugar con la pelota, andar en bicicleta con los niños de la otra cuadra y, si se esconde lo suficiente de sus vecinos (y de su madre) puede volar en su escoba de juguete en el patio trasero. Durante el día su madre tararea canciones de Elvis y The Beatles que suenan en la radio, a media mañana le leerá un par de capítulos de un libro en voz alta con una merienda y una taza de té; durante el día su padre llegará a casa a media tarde y encantará sus juguetes y lo alzará por los aires.

La noche es distinta. La noche es oscura, tenebrosa y si no te duermes a tiempo se escuchan ruidos tenebrosos. Si hay una cosa que Remus odia, definitivamente es la hora de irse a la cama, pero odia aún más cuando su casa se encuentra oscura por la noche y se escuchan los murmullos de sus padres escaleras abajo, cuando se encuentra oscuro y se escuchan aullidos de perros y a veces, solo ocasionalmente, de lobos.

Una vez cuando tenía tres incluso se encontró un monstruo saliendo de su armario que hizo que toda la habitación se volviera aún más oscura, cuando gritó sus padres corrieron a donde estaba y su padre alzó su varita. Cuando se calmó su padre le explicó que ese había sido un boggart. Remus se prometió que nunca, nunca se encontraría con uno otra vez.

Si los días fueran eternos, entonces Remus sería el niño más feliz de todo el mundo.

Pero entonces despertaba y era todo fácil, no tenía que pensar en la noche hasta que, bueno, anochecía. Levantarse de la cama es muy fácil cuando el gallo canta a las seis en punto y sus ojos se abren, se frota la cara y estira sus músculos, entonces corre directamente con su madre, quién siempre está en la cocina preparando el desayuno y cantando junto con la radio que toca la misma música de siempre.

—Buenos días—Hope Lupin se encontraba concentrada en una sartén, levantó la vista para sonreírle a su hijo, pero en cambio le ofreció una mueca- Remus, cariño ¿y tus zapatos?

—¡Buenos días mamá!—y antes de pisar el último escalón corrió escaleras arriba buscando sus zapatos, ¿Cómo podían perderse todas las mañanas si todas las noches los dejaba en el mismo lugar? Se paró en medio de la habitación y miró alrededor.

No estaban en el suelo, no estaban en la cómoda, ni en el closet, ni debajo de la cama. Así que volvió a correr escaleras abajo, habló desde el último escalón.

—Mamá, mis zapatos no están por ningún lado—Su madre rió con aquella risa suave y ligera que encantaba a quien la escuchaba.

—¿Tendremos acaso duendes en esta casa?

—Bueno, cariño, no confundas al niño, los duendes definitivamente no se robarían un par de zapatos—Lyal Lupin hacía su aparición puntual en la cocina, seis y quince de la mañana, con una sonrisa grande y bonachona, Remus rió en voz baja ante el comentario.

—Oh, buenos días, Lyal, mi vida. Entonces, ilumíname ¿Qué hacen los duendes?

—Los duendes—Dijo su padre tomándolo desde abajo de los hombros y avanzando dos pasos para acortar el espacio entre la escalera y la cocina de la pequeña casa. Con su hijo en brazos besó a su esposa—son quienes vigilan el oro en el banco mágico, son realmente mezquinos, pero definitivamente no unos ladrones de zapatos.

—¿Entonces dónde están mis zapatos?—dijo mientras su padre lo dejaba sobre la encimera junto a un plato de fruta fresca y se dirigía a su puesto habitual.

—Oh, bueno, definitivamente dentro de la casa, a ver, déjame pensar.

—Lyal—el tono era amenazante, con conocimiento de causa. Sin embargo, el hombre levantó su varita y…

—¡Accio zapatos! 

Entonces se escuchó un estruendo en el piso de arriba, proveniente de su habitación, luego el estruendo bajó las escaleras y voló directamente sobre las cabezas de los dos hombres, quienes ágilmente se agacharon esquivando los zapatos que terminaron directo a un costado de donde estaba parada Hope.

—¡Te lo he dicho cientos de veces, sin magia dentro de la casa!

Esto fue seguido por las risillas de ambos y una mirada amonestadora de parte de la mujer mientras murmuraba en descontento. Su padre caminó y posó un beso en la frente de su esposa para luego tomar los zapatos y caminar hacia su hijo.

La rutina era tan amena como la de cualquier otro día cuando se sentaron a comer su delicioso desayuno inglés. Su madre servía el desayuno, su padre leía el periódico con fotos móviles y él jugaba con unos autos encantados para correr por sí solos, el rojo definitivamente ganaría la carrera.

—Hope, cariño, te voy a pedir que te mantengas en casa por estos días, hay cosas pasando en el mundo mágico.

—Tal vez si me dijeras lo que está pasando podría tomar precauciones.

—Solo debes confiar en mí.

Remus se apresuró a terminar su desayuno, después de todo, sus padres tenían está conversación todos los días desde hace al menos un par de semanas. A él no le importaba mucho, después de todo, a él le gustaba mucho estar en la casa, a veces extrañaba a los niños muggles de la otra cuadra, pero estar en casa siempre sonaba bien.

Corrió escaleras arriba con un peculiar ruido a su costado. Su padre siempre subía tras él para recordarle lavar sus dientes, sin embargo, cuando se dio la vuelta, estaba escaleras abajo, sonriendo ampliamente. Los cuadros de la pared estaban  volteados en todas direcciones menos derechos.

—Mira a tu hijo, Hope, tu hijo es un mago fuerte, en siete años estará causando caos y terror en Hogwarts.

Hope rió mientras se acercaba al pie de las escaleras, le encantaba la risa de su madre, sonaba como los pájaros en primavera.

—Este pequeño no necesita magia para causar caos, definitivamente es tan problemático como su padre, no me sorprendería que los profesores tengan miedo de lo que tu primogénito pueda hacer después de siete años soportándote a ti.

La risa ahora fue de los tres.

La vida en la casa Lupin es, sin dudas, una vida tranquila. Su padre trabaja para el ministerio y es bueno en lo que hace, su madre es una dueña de casa amorosa y alegre, él es un niño amado y divertido que mezcla a la perfección el alma busca problemas de su padre con la paciencia infinita y la calma de su madre, a veces, piensa que sin dudas es el niño con más suerte del mundo.

Su padre se fue a las seis con cuarenta como siempre y él se bañó y vistió. Como no podía salir a la calle a jugar le pidió a su madre si podía salir a andar en escoba, y su madre, amable como es, le dijo que si lo veía montando en escoba estaría castigado por más tiempo del que quedaba para entrar a Hogwarts, además de agregar que no saldría al patio trasero hasta dentro de 2 horas.

A media mañana prepararon juntos una merienda y leyeron. A la hora de almuerzo comieron un estofado bastante sabroso y a media tarde cuando se supone que su padre llegaría se encargó de guardar los juguetes esparcidos por la casa y seleccionó un par para seguir jugando en la sala.

A la hora exacta  en que su padre debía entrar por la chimenea entró una lechuza por la ventana de la cocina.

Su padre no llegó, pero su madre se puso muy pálida al leer la carta, miró a su hijo y le dijo con voz temblorosa que subiera a su habitación a jugar. Sabía que no se suponía que escuchara, pero no pudo evitarlo, su madre lloró gran parte de la tarde. 

Cenaron solos y en silencio, cada tanto miraba a su madre, sus ojos rojos y la mirada distante en la chimenea. Él sabía que no debía y por eso la pregunta que tenía atrapada en su garganta se quedó tan atrapada como estaba. Justo antes de que el sol cayera detrás del horizonte su madre le dijo que debía acostarse y por primera vez en toda su vida, sintió que debía correr a su cama.

Ya en su cama solo su madre le dio las buenas noches, le besó la frente y lo arropó, cuando iba a apagar la luz el pequeño Remus se escuchó a sí mismo diciendo con la voz más pequeña que había salido de él "¿Puedes dejar la luz encendida?"

Y así lo hizo. Remus se quedó mirando por la ventana, la luna llena subiría en el cielo mientras las estrellas adornaban el horizonte donde el sol se había apagado hace unos instantes. Estuvo ahí lo que pareció una eternidad. En la oscuridad de la noche podían haber pasado unos minutos u horas eternas, él jamás lo sabría. Lo que sí supo es que después de lo que parecieron un par de horas acostado en la cama se escuchó un “crack” y luego la puerta de entrada, la voz de su madre sonaba aliviada y la de su padre cansada, quizás, enojada. Él sabía que no debía oír nada, pero no podía evitarlo, el silencio de la noche traía a su habitación la conversación de sus padres.

—Lo liberaron, Hope, lo liberaron justo antes de la luna llena.

—Lyal, por favor, sabes que no entiendo de esas cosas.

—Capturamos a un hombre cerca de la casa de un auror, algo como los policías muggles, lo encontramos mirando hacia la habitación donde jugaba su hijo—hizo una pausa que pareció contener el aire de la habitación—creo que quería atacar hoy en luna llena, era solo cosa de retenerlo y ver si se transformaba…

Un hombre lobo, su padre le había hablado de esas temibles y horrorosas criaturas, le había dicho sobre lo peligrosos que eran y que si te topabas con uno era tu fin, siempre decía lo despreciables y asquerosas que eran esas criaturas, enfermando gente porque se les antojaba, matando a otros por placer.

—Bueno, pero eso ya no es tu culpa.

—Se que no es mi culpa, pero si esa criatura llega a atacar a alguien…

Algo pesado se instaló en su estómago, como si tuviera piedras hundiéndolo en un lago, un hombre lobo suelto, un hombre lobo suelto y enojado. Intentó dormirse con más vehemencia.

Parecía haber dado resultado, porque un ruido en el patio trasero lo removió de su sueño. La casa ahora estaba inundada por un silencio que solo podía significar que sus padres se habían acostado también. Sintió como en el patio de atrás algo se movía, rápido y ágil. Mantuvo sus ojos cerrados cuando sintió que lo que se movía en el exterior entraba en su habitación por la ventana medio abierta y se posaba con un sonido sordo en en el suelo. 

Apretó los ojos con fuerza mientras escuchaba una respiración gruesa y pesada recorriendola. Comenzó a sudar frío y el miedo se apoderó de su cuerpo. Quería a su mamá, necesitaba a su papá, pero no sentía la fuerza necesaria para mover ni siquiera un músculo. Su respiración se volvió superficial, le faltaba el aire cuando sintió lo que fuera que fuese que estaba allí se posaba a sus pies. 

Se demoró unos instantes, pero la voz de un hombre resonó por las paredes. Abrió los ojos para captar al hombre con una varita mientras el hechizo salía despedido. Se giró hacia él con ojos desquiciados.

—Tu padre, niño, ha hecho muy mal hoy y necesita una lección y creo que eres el indicado para dársela—su apariencia gritaba que el hombre tenía un mal vivir, se acercó, lo tomó con demasiada fuerza dejando su garganta bajo el agarre de un brazo firme mientras la otra mano tocaba lugares impensables.

Remus gritó y pateó pero mientras más se movía más fuerza perdía. Sentía que el aire escaseaba y sus ojos se movían más rápido de lo que podía pensar. Justo cuando sintió un dolor punzante que tiraba desde el interior, el hombre lo soltó y comenzó a gritar él mismo de dolor.

Presa del pánico, movió su cuerpo a la esquina de la habitación mientras veía huesos quebrarse y recomponerse, la piel romperse y distorsionarse.  Justo cuando el lobo enorme se encontró frente a él la casa retumbó con el lamento del niño.

Lo último que vió mientras el dolor intenso y arrasador se instalaba en su costado derecho y recorría todo su cuerpo fue a su padre entrar por la puerta.  Remus no estaba seguro de que hechizo había usado su padre, porque en sus oídos sonaba un fuerte pitido, que iba aumentando en intensidad a cada segundo, no estaba seguro de nada, quizás eso que sentía muy a lo lejos era su madre que se acercaba llorando.

A la mañana siguiente se despertó con el sol alumbrando por su ventana cuando el dolor le invadió de golpe, asentándose en su costado derecho. Las voces en la habitación eran confusas, pero distinguió la voz de su madre.

—Está despertando, ¡Lyal, está despertando, ven rápido!

Escuchó los pasos firmes y apresurados de su padre junto con otro par de pies que lo seguían, sus ojos le pesaban y se quejó audiblemente cuando por fin los abrió.

—¿Mami?—su voz temblorosa y apagada salió como un hilo teñido de dolor. Su madre, quién estaba sentada al lado de la cama le miraba con tristeza, como si mirara a un cachorro herido que se debe sacrificar. Su padre, que entró inmediatamente por la puerta estaba destrozado, jamás le había visto tan mal en la vida—Mami, me duele.

Esas palabras habían activado algo en sus padres, porque su madre comenzó a llorar con fuertes sollozos que removía todo su cuerpo y su padre salió por la puerta mientras los otros dos hombres compartían una mirada, eran los Prewett. Ignatius se acercó a su madre con palabras suaves mientras que su primo, Lancelot se acercaba con varita en mano para inspeccionar. 

Su padre no volvió a aparecer ese día, pero el siguiente cuando entró por la puerta lo miró con una mezcla de dolor y desprecio que nunca más desaparecería.

—Hope, déjame a solas con el niño—La voz de su padre, siempre dulce y melosa al hablarle a su madre ahora era fría y cortante. Su madre lo miró con furia, notoriamente quería protestar, pero se levantó de la silla en la que había estado y caminó en dirección a la puerta, antes de salir los miró con recelo—Cierra la puerta.

Remus también quería llorar ahora ¿Qué había hecho para que su padre esté tan enojado con él y su madre? El hombre lo miró durante unos minutos masticando las palabras antes de pronunciarlas, él esperó con un nudo formándose en sus entrañas.

—La otra noche, la criatura que viste, era un hombre lobo, ese bastardo te mordió.

—Papi, estoy vivo, tú me salvaste, no soy un lobo, mírame.

—Te condené ¿no lo entiendes? ahora eres uno de ellos, una criatura…

Pero Remus dejó de escuchar, porque si lo que su padre decía tenía algún sentido entonces ahora era una criatura horrenda que buscaba comerse a los niños. Era raro, pero él no quería comerse a ningún niño, él solo quería que su vida siguiera tal como era, en su bonita casa, en su bonito barrio, el quería su tranquila vida en la casa de los Lupin, quería despertarse con risas y estar rodeado de amor y que sus padres se dijeran cosas melosas asquerosas, quería adorar los días porque quería jugar y comer y leer y volar en escoba a escondidas de su mamá. Su padre seguía hablando.

—Papi, no te preocupes, yo no me voy a comer a nadie.

Los ojos de su padre se desorbitaron y ahora parecía que realmente había hecho algo malo, porque su padre, mientras una gruesa lágrima corría de sus mejillas, comenzó a gritar.

-¡No lo entiendes! Ahora eres uno de ellos, el próximo mes te transformarás igual que él, serás igual de peligroso y horrible que él, ¡Eres un hombre lobo!¡Eres una criatura horrenda y…!

Su madre entró con un fuerte portazo en la habitación, gritando fuerte y agudo, el olor del pasto afuera hacia presencia en su nariz y lo desconcertó, pero no tanto como las lágrimas que rozaban sus mejillas mientras su madre gritaba a todo pulmón “¡A mi hijo no le levantas la voz, no le vas a gritar así a mi hijo!” seguido de un “no te acerques a nosotros, es tu culpa ¡es tu culpa que mi hijo esté así!”. Lo que siguió a continuación fue una bofetada en la cara de su madre que hizo que se le escapara un grito. La habitación quedó en silencio salvo por el hipeo histérico de su madre, la respiración pesada de su padre acompañada por tres pares de latidos acelerados del corazón. 

Entonces su padre, sin decir nada más, salió de la habitación y dio un portazo y Hope Lupin se abalanzó sobre su hijo para consolarlo.

Pero no había consuelo, porque Remus lo único que quería era su tranquila vida en su tranquila casa. Él no lo sabía, pero el día anterior, extraño como había sido, fue el último día en que la casa Lupin estuvo tranquila, él no descubrió si no hasta el próximo mes el dolor que la transformación de hombre lobo requería, no lo supo hasta que sus huesos se rompieron en mil pedazos, hasta que su piel se hubo resquebrajado, hasta que sus músculos se estiraron y acomodaron mientras lloraba y le suplicaba a su madre que le diera un abrazo, no lo supo hasta la mañana siguiente cuando despertó en una habitación destrozada, cuando su madre con los ojos rojos e hinchados lo abrazó fuertemente, cuando su padre, después de ese día no volvió a dirigirle la palabra, no lo supo hasta que un par de meses después su padre les dijo que se mudarían porque los gritos del niño llamaban demasiado la atención, no lo supo hasta que llegó a la casa nueva, pequeña y lúgubre en medio de la nada, del otro lado de la colina en la que estaba el castillo Prewett, con tres pequeñas habitaciones, no lo supo hasta que su padre colocó una puerta y barrotes de plata en la habitación desocupada, no lo supo hasta que fue demasiado tarde, su vida había cambiado eternamente.

“Que detestable es la noche” pensaba cada noche Remus Lupin “pero son aún más detestables las noches de luna llena”.



Su cumpleaños número once había marcado un hito. Cada día estaba más deprimido en la maldita cabaña Lupin. El tiempo pasaba sin dar tregua y parecía que los meses se resignaban a ser todos exactamente iguales, exceptuando por supuesto las noches de lunas llenas. Bueno, en realidad no todos los días eran iguales, la semana previa a la luna llena era bastante dolorosa y solía tener un hambre voraz, su madre había aprendido que en esos días él prefería trozos de carne cruda que se negaba a darle, en su lugar prefería darle pedazos de carne escasamente cocinados y montones de verduras y carbohidratos. Aún así parecía nunca subir de peso.

Los días posteriores no eran mucho mejores, solía no tener apetito debido al dolor muscular y de huesos contundente, así como las siempre nuevas, dolorosas y brillantes heridas. Solían ser en sus brazos y piernas, pero eso no impedía la horrible cicatriz que adornaba su espalda. Su madre solía dejarle quedarse en cama toda la semana siguiente a la luna, llevando sus comidas y pociones que escasamente funcionaban, las heridas al ser mágicas no podían ser curadas con pociones curativas y el dolor al venir de él mismo a penas se reducía con las pociones calmantes. En cambio su madre se dedicaba con devoción a curar sus heridas todas las mañanas y noches y terminaban siendo cicatrices plateadas antes de la siguiente luna.

No es como que hiciera mucho más. Cuando se levantaba de la cama leía algún libro, generalmente prefería los libros de hechizos o transformaciones, aunque cuando su madre traía un bestseller nunca podía negarse. Ignatius le había entregado un par de libros sobre hombres lobo, incluyendo el suyo, aunque no frente a su padre. Los que su padre traía no decían mucho más de lo que ya sabía: son criaturas que se transforman con la luna llena, parecidas en apariencia a un lobo, pero más grande, con una cola más peluda y un instinto asesino asqueroso. Son clasificadas como XXXXX por su peligrosidad. Había un par de libros que decían que eran más peligrosos en manadas, pero como nadie podía realmente acercarse no podía comprobarse con exactitud. Los de Ignatius habían sido mucho más explicativos y generosos.

Algunos días su padre llegaba a casa y compartían la cena. Realmente era más bien como comer en silencio mientras su madre miraba a la nada con esa mirada perdida mientras Lyal lo miraba comer su porción extra de carne. A veces, después de cenar, se quedaban en silencio frente a la pequeña chimenea. Parecía que cada vez que se cambiaban de casa era más pequeña que la anterior, también más alejada de la civilización, aunque siempre en Gales. A su madre parecía no importarle haber sacrificado toda su vida social y su padre pasaba demasiado tiempo fuera de casa como para que le importara. 

Desde que ese hombre lobo había entrado a la casa y lo había mordido su padre le había dejado en claro que no podría ir a Hogwarts, pero el hecho de haber cumplido once años realmente le había hecho comprender su realidad, jamás tendría escapatoria de esa casa. No es que no amara a su madre o no respetara a su padre, pero cuando miraba por la ventana hacia los campos vacíos que rodeaban la cabaña, a veces, se imaginaba una vida donde hubiese tenido una existencia normal con su madre sirviendo alegremente el desayuno, su padre bromeando y riendo antes de ir al trabajo, luego cumpliendo once años y recibiendo su carta en agosto, yendo a comprar sus útiles al callejón Diagon, tomando el Hogwarts Express el primero de septiembre. Podía imaginarse a sí mismo teniendo amigos y corriendo por un castillo mientras reía de tonterías. Habría crecido, incluso se hubiese enamorado de una chica guapa y todas esas cosas.

En cambio estaba aquí, estudiando hechizos por su cuenta porque estaba harto de la magia incidental que empeoraba los días cercanos a la luna. Rompiéndose y rearmándose una y otra vez mes a mes, incluso, en los peores meses, dos veces al mes. Viendo a su madre marchitar cada vez que la luna había sido más dura que otros meses. Viendo la relación de sus padres hundirse cada vez que se despertaba con un nuevo rasguño infernal. Había aprendido a no llamar por su madre durante las lunas, su padre desaparecía por más tiempo cuando lo hacía. En su lugar lloraba en silencio cuando lo encerraban tras esa pesada puerta de plata hasta que el dolor era demasiado intenso para soportarlo. Entonces gritaba a todo pulmón hasta que el grito se transformaba en un aullido y todo se iba a negro hasta la mañana siguiente, cuando el dolor quemaba cada centímetro de su ser.

Su padre siempre estaba la noche de luna llena, llegaba justo después de la cena, traía pociones curativas y calmantes, gasas, toallas y sueros. Nunca estaba a la mañana siguiente.

Esa calurosa tarde de agosto realmente deseaba que se le permitiera salir afuera, era increíblemente aburrido estar solo en una casa tan pequeña azotada por el calor, al menos le hubiese gustado mojarse con la manguera como cuando era un niño. En cambio estaba mirando por la ventana cómo los pájaros cantaban en el árbol de afuera, con la luna llena tan cerca le dolían los huesos y sentía como sus músculos comenzaban a arder lentamente, a una semana era bastante soportable, sabía que conforme pasaba la semana el dolor aumentaría y con ello su mal humor. Su estómago gruñía cada pocos minutos y el olor de la carne que su madre guardaba en el refrigerador no ayudaba, aún quedaban demasiadas horas para la cena. Su madre lo conocía bien, pero el plato de frutos secos que había estado engullendo monótonamente no hacía mucho por aliviarlo. Intentó buscar algo de diversión afuera: estaba el árbol con los pájaros que cantaban, en el cielo habían un par de nubes sin forma que vagaban lentas por el cielo, a lo lejos en el prado se veía el linde de un bosque, un poco más cerca había unos matorrales, por el camino de entrada estaban las rosas y lirios que su madre plantaba, al lado de estas había un hombre vestido con una peculiar túnica de mago y gafas de medialuna.

Espera. No. ¿Qué? Un mago. Sus ojos se abrieron de par en par mientras el viejo le guiñaba un ojo con una sonrisa divertida en sus labios.

No podía ser, lo encontraron. Miró a su madre que se mecía frente a la chimenea apagada tejiendo otro horrible suéter. 

—Mamá—Su voz salió mucho más preocupada de lo que había previsto—Mamá hay un hombre…—pero el mago ya había tocado la puerta.

Su madre puso una cara que reflejaba el mismo pánico que él sentía. 

—Corre, rápido, escríbele a tu padre

—Pero…—su madre ya estaba junto a la puerta colocando todos los cerrojos posibles.

—Te he dicho que le escribas a tu padre ¡ahora!

Corrió a la habitación de sus padres y tomó una hoja y un lápiz del pequeño escritorio y redactó una breve nota con letra tiritona. “Hay un mago en casa”.

El sabía que no debía, pero aún así volvió a asomarse. Su madre hablaba con voz temblorosa pidiendo al extraño que se marchase, a cambio, el extraño explicaba con voz calmada que necesitaba hablar con un tal Remus Lupin. 

Comenzó a hiperventilar mientras observaba con pánico a su madre. Sabía que del ministerio podían intentar llevarlo por ser un peligro, pero jamás pensó que realmente sucedería. Ahora estaba sucediendo. Nunca más vería a su madre. ¿Y si lo metían a Azkaban?¿Era eso posible siendo solo un niño?. Pero no era solo un niño. Era un hombre lobo. Era un hombre lobo y ahora el ministerio lo sabía. Lo sabía. Venían por él.

Después de lo que parecieron horas, un sonido de aparición se escuchó afuera de la casa. Luego la voz de su padre. Luego un intercambio de palabras que no logró entender. Se escuchó que tocaban la puerta y la voz de su padre de nuevo. Su madre abrió la puerta y él no pudo evitar mirar por la leve abertura que quedaba en la habitación de sus padres. Lyal Lupin entró con sus ropas de trabajo seguido por el hombre con barba blanca como la nieve. 

—Querida este es er—su padre miró nervioso hacia donde él estaba escondido mientras el mago lo observaba como si la puerta no estuviese allí—Albus Dumbledore. ¿Pueden tú y el niño ir a la habitación mientras hablamos un momento?

¿Dumbledore? ¿El Albus Dumbledore? Ahora si que nada tenía sentido.

Los siguientes 30 minutos fueron los más eternos de su existencia, sólo después de aquella noche. No podía escuchar absolutamente nada de lo que los hombres hablaban mientras su madre se sentaba pesadamente sobre su cama mirando sin ver por la ventana y él se apoyaba contra la puerta sentado en el suelo. Sus pensamientos volaban entre las miles de opciones de lo que estaba sucediendo afuera, cada una más inverosímil que la anterior. Realmente se iba a volver loco si pasaba otros diez minutos sentado ahí. 

Pero no necesitó estar sentado otros diez minutos. En cambio la puerta se abrió tras de él, dejándolo en el suelo, entre los pies de su padre, que lo miraba desde arriba sin expresión. Se levantó lo más rápido que pudo del suelo y miró sobre el hombro de su padre al hombre que sonreía tan apacible como lo había hecho desde que entró a la casa.

—Hope, trae a tu… nuestro hijo a la sala, por favor.

Y así lo hicieron, caminaron directamente a la sala, con su madre tomándolo protectoramente por el hombro, se sentaron en el sillón triple mientras el anciano los miraba desde el sillón al lado de la chimenea. Su padre se sentó en el sillón de al frente.

—Remus—comenzó su padre—él es Albus Dumbledore, director de Hogwarts. Él sabe de—hizo una pausa, respirando pesadamente—Sabe de tu condición.

Algo se revolvió en su estómago, sintió su corazón acelerarse en su pecho. Escuchó el corazón de su madre también. El hombre olía a caramelos de limón, libros viejos y magia. Su mirada era tan penetrante que estaba demasiado seguro de que podía meterse en su mente y leer sus pensamientos. Le era imposible dejar de mirarlo.

—Remus—dijo el viejo, haciendo que su espalda fuera recorrida por electricidad—¿Te gustaría ir a Hogwarts?

—¿Yo?¿Hogwarts? no, no lo entiende, eso es imposible.

—¿Ah sí? ¿Por qué?—esto era absurdo, el hombre estaba preguntando por qué era imposible que él fuera a Hogwarts.

—Porque soy un monstruo—repite monótonamente, lo había escuchado por lo menos un par de veces al mes durante los últimos siete años—soy un monstruo peligroso que puede dañar a las personas. Mientras más pasan los años más peligroso soy.

El hombre lo miró con curiosidad, quizás compasión.

—¿Alguna vez has lastimado a alguien?

—No.

—¿Alguna vez has querido lastimar a alguien?

—No.

—¿Quieres ir a Hogwarts?

—Si, más que nada en el mundo.

—Bien—el hombre ahora sonrió mostrando los dientes—está todo listo, entonces. Esta es tu carta de Hogwarts, deben comprar los útiles. Deberás abordar el Hogwarts Express el primero de septiembre. Te estaremos esperando.

—No, no puedo ir, soy peligroso.

—No—repuso el anciano—no eres peligroso. Así como aquí en casa te mantienen seguro en aquella habitación junto a la que duermes, en Hogwarts tendrás tu lugar para transformarte. Ya hemos adaptado todo: se ha dispuesto de una cabaña con todos los encantamientos pertinentes para tu seguridad y la de los demás estudiantes, conectada con el colegio por un pasaje oculto bajo un sauce boxeador, para espantar a los curiosos. Además se ha instruido a madam Pomfrey, nuestra estimada sanadora, en los cuidados básicos de criaturas.

—Entonces…—las lágrimas inundaban sus ojos, su voz se quebraba. Sus plegarias fueron escuchadas—¿entonces podré ir a Hogwarts?

—Si, Remus, te estaremos esperando—el hombre se puso la mano en el pecho mientras se levantaba de su asiento, su sonrisa sin flaquear en ningún momento—Ahora si me disculpan, necesito estar en otro lugar en unos minutos. Espero que pases una buena luna.

Y sin más, se escuchó un “crack” y Albus Dumbledore había desaparecido.

Notes:

Este capitulo es intenso y básicamente es vómito verbal, porque la mitad está escrito desde la perspectiva de un niño de 5 años. De aquí en adelante comienza realmente la aventura por Hogwarts.
Espero que lo hayas disfrutado, querido lector, y si no, pues bueno jajaja.
Espero estar publicando un primer capitulo la próxima semana. Aún tengo que terminarlo y editarlo (porque realmente escribí el segundo capitulo antes que el primero jajaja)
En fin, me alegro de recibir comentarios, sugerencias, reclamos o lo que sea.