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La sonrisa en el rostro de la chica ya llevaba demasiado tiempo, estaba entretenida mirando su teléfono y moviendo sus pulgares con rapidez cada cierto tiempo. Yuta estaba sentado solo a unos metros de su novia en el mismo sofá de su pequeño departamento, mirando con atención como ella parecía divertirse con quién sea que estuviera hablando por teléfono.
Habían estado mirando una serie, pero luego de un mensaje ella parecía estar más atenta a su teléfono que en los capítulos de la televisión. Se estaba molestando, cada mensaje que ella enviaba era un grano de arena a su vaso de celos, un vaso no muy grande por cierto.
—¿A quién le escribes? —preguntó con enfado.
Ella aparta la mirada del teléfono para darle la atención a su novio, notó el enfado en su rostro serio y ojos oscuros con sospecha. Bloqueó el teléfono y le sonrió lo mejor que pudo, intentando que su novio pueda olvidar el tema rápido y no causar algún problema.
—Con Inumaki, está comprando algunas cosas en el centro y me envía fotos por si quiero algo.
La mención del amigo de Yuta no fue del todo agradable a los oídos y a su lado celoso. ¿Qué hacía su amigo enviándole mensajes a su novia y fotos además? Los pensamientos intrusivos, negativos y posesivos que tanto se esforzaba en controlar, en trabajar a diario para no causar un quiebre en la relación, invadieron su mente como un gran enjambre de abejas.
—¿Oh, sí? ¿Puedo ver el chat? Quizás hay algo que te haya mostrado que me guste —pide lo más tranquilo posible.
Esto vuelve nerviosa a la chica, ella no quiere que Yuta vea su teléfono y en especial el chat con Inumaki. Todo podía irse en picada si veía los últimos mensajes, se supone que deben mantener en secreto la fiesta de cumpleaños que ella está organizando para Yuta, si este veía todo el esfuerzo que estaba haciendo junto a los amigos de este, se arruinaría la fiesta.
—No creo, son cosas tontas —guardó el teléfono en su bolsillo y se levantó del sofá—. ¿Vamos a la tienda a comprar algo de comer?
—No hasta que me muestres la conversación con Inumaki —la toma de la muñeca —. ¿Qué es lo que estás intentando ocultar? Te ves nerviosa.
—No estoy nerviosa —dijo en voz baja, como si tratara de convencerse a sí misma. Intentó liberarse del agarre en su muñeca, pero Yuta no se lo permitió —. Yuta, no estoy ocultando nada. Ahora suéltame, por favor.
Yuta estaba cada vez más enojado, ahora viendo la evasión de su novia a ver los mensajes con su amigo, estaba más que determinado a tomar el teléfono y ver la conversación.
—¿Por qué no puedo ver unas fotos que mi amigo te envió? Me ocultas algo, lo sabía —Yuta se levantó del sofá, el enojo en sus ojos brillan como llamas—. ¿Me estás engañando con él?
Con la insinuación y el dolor en su muñeca ella no dudó en darle un bofetada al chico. Este acto repentino provocó que Yuta soltara el agarre en la muñeca de la chica.
—Es algo privado y no quiero que lo veas —contestó con voz algo temblorosa y enfadada.
Enojada, la chica tomó su mochila de la silla de la pequeña cocina y se dirigió a la salida. El cuerpo alto de Yuta la detiene, bloqueando así su salida.
—No contestaste la última pregunta.
Por un momento ella no entiende a que se refiere, hasta que recuerda la última pregunta que Yuta le hizo antes de pegarle una bofetada.
—¿¡Creés que te estoy engañando!? Dios, Yuta. Claro, estoy follando con tu mejor amigo y mandando mensajes de mis fotos desnuda en tu cara —dijo con claro tono sarcástico—. ¡Qué poco confías en mí!
—¡Por supuesto que creo que me estás engañando! Me estás diciendo que estás hablando con Toge, y ahora quieres huir cuando pido ver tu conversación con él. ¿¡Crees que soy idiota!? ¿¡Crees que simplemente voy a aceptar tus palabras sin ningún tipo de prueba!? —el tono de la voz subió cada vez más, la discusión estaba llegando a mayor nivel—. En este momento está claro que hay algo que me estás ocultando.
Si el vaso de Yuta era pequeño en cuanto a los celos, el de su novia era con el enojo. Sacó el teléfono de su bolsillo, lo desbloqueó y empujó contra el pecho de Yuta con fuerza, como si deseara que se lo tragara.
—Eres un idiota. Arruinaste todo lo que quería hacer por tí —escupe con brusquedad al entregarle el teléfono.
Yuta leé los mensajes que hablan sobre la fiesta de cumpleaños sorpresa. Inumaki le estaba mandando fotos de las cosas que había logrado comprar, las cuales la chica había pedido a este en una extensa lista. El corazón de Yuta se sintió pesado, sus peores pensamientos habían arruinado un detalle tan lindo que su novia estuvo preparando para él. Sus celos dominaron su mente como una tormenta oscura sobre el océano, se dejó llevar y estas eran las consecuencias.
Su novia estaba enojada, la mejilla le ardía (aunque se lo merecía) y ahora los planes de sus amigos por su cumpleaños estaban en la basura.
—Y-Yo —no sabía que decir, su voz no lograba salir coherentemente —. Yo, lo siento. Creí que me estabas engañando con Toge, hablabas con él y te veías…
Unas lágrimas asomaban por los ojos de la chica, el corazón de Yuta se estrujó en su pecho al verla tan lastimada por su culpa. El teléfono le fue arrebatado de las manos y tirado dentro de la mochila de la chica.
—Bueno, ahora estás seguro de que no. Me voy a casa.
Ella intentó salir de nuevo. Yuta reaccionó rápido y se movió, evitando que su novia escapara por un lado.
—Espera, no te vayas —rogó—. Me equivoqué, lo siento mucho, no tienes idea de lo mucho que me arrepiento de actuar así. Estaba pensando lo peor de tí, en lugar de confiar como se supone que hace un verdadero novio —al ver qué ella estaba decidida a irse, comenzó a ser más insistente—. Soy un idiota, pero por favor no me dejes. ¡Haré lo que sea para compensarlo! ¡Puedes hacer lo que quieras conmigo, pero perdóname!
Las últimas palabras de Yuta llamaron la atención de la chica, quien notó la desesperación de su novio al verlo a los ojos. Había miedo de qué ella dejara ese departamento y no volviera a verlo. Algo que sin duda era claro cuando empezaron a salir es que Yuta dependía mucho de ella. Quería estar a su lado el mayor tiempo posible y complacerla siempre, incluso en lo más mínimo. Parecía un sumiso cachorrito.
Una idea pasó por su cabeza.
—¿Lo que yo quiera? ¿Harías cualquier cosa por mi perdón, Yuta?
—Por supuesto —se apresuró a responder el chico, quería compensar a su novia por el daño que le hizo—. Lo que tú quieras. Solo quiero que sepas que en verdad lo siento. Pensé en lo peor de tí, en lugar de confiar como se supone que se debe hacer en una relación.
Se veía realmente arrepentido. Aquellos ojos que estaban cargados de furia hace unos momentos, ahora se veían como los de un pequeño cachorro bajo la lluvia. Tristes y desamparados. Y ella estaba realmente enojada, quería irse para dejarlo sufriendo un poco y así que pensara mejor en sus acciones, en el daño que causó. Pero tenía otra idea de castigo para él, una más productiva y placentera para ambos.
—Entonces ponte de rodillas —ordenó.
Yuta se quedó desconcertado por el repentino pedido y la autoridad en la voz de la chica. Él la miró, buscando alguna señal de que había escuchado mal, estaba muy confundido. Aún así, obediente se arrodilló frente a ella.
—¿Por qué? Puedo hacerlo, pero esto es algo extraño y…
Ella dejó la mochila en una esquina y le acarició el rostro, Yuta dejó de hablar para darle atención a las acciones de su pareja.
—Pídeme perdón, Yuta. Ruega para que te perdone.
Yuta comprendió lo que ella quería y comenzó a implorar por el perdón como le pidió.
—Te lo ruego, por favor, perdóname. Lo siento, perdón, me equivoqué —repetía con el rostro rojo por la vergüenza.
Ella estaba disfrutando de verlo de esa forma, arrodillado frente a ella y pidiendo disculpas. Pero sólo repetía las mismas palabras, no estaba aprendiendo de sus errores y si ella aceptaba esas disculpas tan poco honestas, volvería a ocurrir este mal entendido.
—No. No estás siendo honesto con tus disculpas, Yuta —tomó el cabello negro de su novio y lo jaló hacia atrás—. Tienes que ser honesto, así podré creer en tí.
Una mueca de dolor estaba en el sonrojado rostro del chico, pero su mente estaba muy confundida. Las acciones dominantes de su novia lo tenían no solo perdido, si no también excitado. Porque no podía negar que su pantalón estaba apretado al ser humillado de esta forma por una mujer como ella.
Tratando de mantener sus manos lo más lejos de sus pantalones, evitando así que ella notara la reacción de su cuerpo a sus acciones. Volvió a insistir por el perdón de su amada una vez más.
—Te ruego perdón. De verdad, prometo no volver a ofenderte de esta manera, nunca más.
Su pelo fue liberado del firme agarre femenino, Yuta dejó escapar un gemido ante la acción que sonrojó aún más su rostro. La observó caminar hasta el sofá donde toda la discusión comenzó, se sentó en este con sus piernas cruzadas en una postura de arrogancia plena. Los pantalones de Yuta apretaron más.
—¿Vas a confiar más en mí? Sí es así, entonces ven gateando y besa mis piernas —ordenó ella.
Lo observó gatear hasta ella, quedando sentado de rodillas frente a sus piernas. El chico no podía creer que estuviera haciendo eso, era la primera vez que actuaba tan sumiso ante alguien y que veía a su novia de esa forma. No le desagrada en absoluto está nueva faceta de ella.
Tocó con sus dedos una de sus piernas, pero ella lo detuvo.
—No. Usa tus manos para sacar mis zapatos y tus labios para besar mis piernas —ella se acomodó mejor para que fuera más fácil para él hacer lo que le pidió.
Yuta tragó fuerte y comenzó a cumplir la orden, desató los cordones para aflojar los zapatos y sacarlos. Bajó los labios mientras hacía eso hasta las piernas desnudas de su novia, ella estaba usando una falda que llegaba por arriba de la rodilla. Besó arriba del tobillo izquierdo, con adoración y cariño. Dejó los zapatos aún lado, llevó sus manos hacia arriba mientras besaba un poco más, subiendo lentamente hasta la rodilla.
Subió la mirada buscando la aprobación de su pareja, viéndola con los ojos brillantes de deseo y las mejillas sonrojadas. Estaba cubriendo su boca con una de sus manos, como si tratara de contener algún gemido o jadeo. Yuta se sintió poderoso de provocarle eso, por lo que manteniendo la mirada, siguió subiendo sus besos, llegando a los muslos y subiendo la falda.
Pero ella lo detuvo, el agarre en el cabello del chico está vez no fue tan fuerte.
—Puedes irte si quieres, o podemos seguir para que aprendas a confiar en mí. Tu decides, Yuta.
Ella deseaba seguir ese juego, pero no quería presionar a su novio para que lo hiciera, por lo que le daba la opción de irse ahora y perdonarlo de todas formas. Yuta no lo pensó mucho, estaba decidido a hacer cualquier cosa para que su novia aceptará sus más sinceras disculpas.
—Aún no aprendí mi lección, necesito pedirte disculpas honestamente —respondió mientras ignoraba el agarre de ella en su pelo y seguía besando los muslos.
La chica abrió sus piernas, levantando su falda y dándole más acceso a su novio para que siguiera besando, que fuera nublando su mente en deseo por lo que iban a hacer. Yuta llegó hasta las bragas de su novia, siguió besando como había hecho con las piernas y muslos. Un gemido escapó de los labios de la chica, estaba siendo demasiado tierno y lento, algo que le molestaba y entendía que era intencional.
Por eso comenzó a desabrochar los botones de su camisa, dejando un poco al descubierto su escote.
—Si quieres quedarte, ven a besar mi cuello.
Sumisamente, Yuta subió su cuerpo encima de su novia en el sofá para poder comenzar a besar el cuello de ella, con la misma tranquilidad y cariño de antes. La chica pensó en algo para provocarlo, quería al chico intimidante que logró ver hace unos minutos cuando estaba celoso de otro hombre.
—¿No estabas celoso de Inumaki? —provocó hablándole al oído, notó a Yuta tensarse sobre su cuerpo—. Demuéstrame que tan celoso estabas. Márcame, para que él sepa que no puede tocarme.
Él tomó en serio la provocación, dejando salir aquel sentimiento de posesividad. Iba a demostrarle a su amigo, Toge Inumaki, lo que había hecho con su novia, cuanto le pertenecía y que jamás la tocaría. Los besos suaves fueron reemplazados por mordidas y succiones, dejando las marcas moradas que tardarían en desaparecer de la piel varios días. Yuta se encargaría de dejarlas a la vista, para asegurarse de que solo él puede tocar a su novia y solo él puede hacerle esas marcas.
—Así, imagina que tocó mi cuerpo, limpia todo rastro de él.
La idea de que su amigo ya había pasado sus manos por su chica lo llevaron a ser más brusco, bajando hasta el inicio de los pechos y mordiendo sobre el brasier de esta. Llevó las manos a la espalda de ella, por dentro de la camisa y le quitó el seguro, para poder tener un mejor acceso a los pechos y seguir "limpiando" los inexistentes toques de su amigo.
Gemidos más fuertes comenzaron a salir de los labios de la chica, estaba sintiendo el dolor de las marcas y eso la excitaba más. Rodeó con sus piernas las caderas de Yuta, chocando así ambas intimidades y sintiendo la dureza de su novio. Debía dolerle, ya que comenzó a buscar más contacto golpeando contra ella como si fueran embestidas.
Ambos estaban demasiado perdidos en el placer de la situación. La idea de marcar a su novia le estaba dando un nuevo placer a Yuta que no había experimentado y que desconocía. Sentir esos celos y el dolor de la posesividad de su pareja estaban llevándola a una nueva pirámide del placer que solo había leído en historias de romance. Yuta seguía besando los pechos de ella, mientras la fricción a través de sus ropas se hacía más dolorosa.
—Yuta, quítate la camiseta —le ordenó mientras lo separaba de su pecho.
Sin querer parar lo que estaba haciendo, se sacó con rapidez la camiseta. Las manos de ella pasaron por el pecho del chico, el cual estaba en forma debido a los ejercicios. Lo empujó contra su cuerpo para poder acercar sus labios al cuello pálido del chico, le mordió el hombro provocando que un jadeo saliera de sus labios y que las manos de Yuta fueran a su cintura.
—Quítame la ropa, admira lo que casi pierdes por no confiar en mí.
Se levantó un poco del sofá para hacerle la tarea más fácil, él terminó desabrochando por completo la camisa de la chica, luego le quitó el molesto brasier y fue al inicio de la falda, donde con sus dientes bajó el cierre de esta, luego la bajó por las piernas junto a las bragas, volviendo a besar esos lugares como cuando empezó todo.
—No volveré a dudar de ti, amor —prometió mientras terminaba de desnudarla, su voz era mucho más grave—. Soy tuyo, siempre seré tuyo.
Los dedos de la chica lo tomaron del mentón para que Yuta pueda mirarla a los ojos, está acción causó más fuego en el interior del chico, esa dominación lo estaba llevando al límite.
—Confía en mí, tanto como yo confío en tí —le pidió—. Y seré tuya, por completo.
Con aquellas palabras y la fina línea de sus pensamientos cuerdos, Yuta empujó a su novia contra el sofá quedando recostada por completo. Ella se sorprendió ante las acciones repentinas pero no lo detuvo, lo observó quitarse los pantalones y tomarla de las piernas para quedar entre medio de estas, logrando que finalmente su erección y la mojada feminidad estuvieran en contacto.
—Si eres mía —comenzó a decir mientras empujaba sus caderas contra la entrada de su novia, sintiendo que esta se volvía más impaciente por sus acciones—, entonces me aseguraré de hacerte sentir tan bien que no puedas pensar en nadie más que en mí.
La mirada de Yuta le indicaba a la chica que estaba esperando su permiso, una orden clara y llevaría a cabo el acto que ambos deseaban. Satisfecha por esto, ella levantó sus manos y las colocó sobre su cabeza, cediéndole la autoridad a su novio para la siguiente parte.
—Hazme sentir bien.
Con las palabras finales y la orden dicha, Yuta empujó sus caderas y adentró su miembro en el interior de su novia. Ella dejó escapar un jadeo debido a la brusquedad de la intromisión, llevando sus manos al pecho desnudo del chico y empujándolo un poco. El chico esperó unos segundos para que ella recuperara el aire y se acostumbrara a tenerlo en su interior, luego le tomó las muñecas, llevándolas de nuevo sobre su cabeza y comenzando las embestidas.
Yuta no iba a detenerse, porque podía ver como esa pequeña mueca de dolor de su novia al entrar en ella fue acompañada por el brillo del masoquismo. Cuando los golpes en el interior de la chica fueron volviéndose más certeros, le soltó las muñecas dejando que comenzará a arañar su espalda, la sintió abrir más sus piernas y gemir en su oído.
Las manos de Yuta bajaron hasta la cintura para guiar sus movimientos, una de ellas fue hasta el punto sensible de la chica y comenzó a tocarlo como sabía que le gustaba. Quería complacerla y demostrarle cuánto la amaba, lo perdido que estaría si ella cruzara esa puerta y decidiera no volver a verlo. Quizás sus sentimientos ya tocaban la línea de lo enfermizo, pero no le importaba, podía humillarse como hace unos minutos si eso le permitía tenerla a su lado.
—Estoy tan enamorado de ti —jadeó mientras besaba el cuello de la chica, justo sobre una de sus marcas—. No me dejes, nunca.
Estaba perdido en el placer y en su locura de amor mientras la veía gemir bajo su cuerpo, siendo víctima de su mano y su miembro a la vez. Ambos estaban cerca, el juego previo fue demasiado intenso para ambos, por lo que los jadeos comenzaron a salir de Yuta y sus movimientos de caderas iban cada vez más rápido.
Ya no podía controlarse, fue llevado por las hábiles palabras y órdenes de su novia al punto máximo de su placer. La sintió reaccionar bajo su cuerpo mientras ella alcanzaba el auge del placer, apretando a la vez el miembro de este y provocando el orgasmo. Yuta se dejó caer sobre el cuerpo de su novia, tratando de no aplastarla con su peso y a la vez recuperando sus fuerzas.
—Eres el único, lo sabes —le recordó la chica mientras recuperaba el aire y le acariciaba el pelo.
El chico se sintió tan completo cuando escuchó esas palabras. Sabía que su novia le era fiel, que lo amaba y que jamás le mentiría o engañaría con otro, pero sus pensamientos eran intrusivos, no era fácil pararlos. Intentaría trabajar para controlarlos, quizás lo que descubrió ese día podía ser un buen método para ello.
