Actions

Work Header

Antinatura

Summary:

Desde hacía muchos años, la población de polillas del bosque dictaba una ley silenciosa; No acercarse al bosque.
Era la única manera que tenían de escapar de las trampas mortales de la araña. Durante años, los habían estado cazando, en silencio, llevándose a quien pudieran atrapar si eran descuidados. Vivir con estas criaturas los había condenado a una vida de paranoia constante. Las cosas habrían seguido su transcurso normal si no fuera porque, de repente, muchos de los habitantes del pequeño poblado comenzaron a desaparecer a un ritmo alarmante. Las pequeñas polillas comenzaron a entrar en pánico: cada noche significaba la ausencia de un puñado más de su gente, por mucho que intentaran esconderse y vigilarse unos a otros.

Todos sabían quiénes eran los culpables, pero nadie podía dar una razón por la repentina motivación para aniquilarlos.
Nadie podría dar una idea clara.

Nadie... excepto Cellbit.

o

Cellbit es una polilla que busca una manera de detener la masacre de su pueblo y en su camino atrapa a Roier, una araña.

Chapter 1: I | Telaraña

Notes:

Hola, si estas leyendo esto quiere decir que eres un lector nuevo o que has decidido volver a leer la obra desde un inicio, asi que primero que todo voy a agradecer el interés y cariño :3

Antinatura es un fic que he estado escribiendo alrededor de un año, con varias pausas largas entre caps debido a varios factores. Las actualizaciones son algo lentas pero trato de hacer que los caps sean largos e interesantes para compensar ese hecho. Cabe resaltar que he prometido que voy a terminarlo así que no hay riesgo ninguno de cancelación o similar.

Últimamente he estado editando caps anteriores para corregir pequeños detalles que podrían chocar más adelante, pero estoy bastante consciente de que no es una obra perfecta asi que pueden colarse errores o incongruencias de vez en cuando, sigo siendo algo amateur después de todo.

Agradezco nuevamente el interés y espero de corazón que disfrutes el fic (hasta donde esté actualizado a la fecha)

Chapter Text

Las copas de los árboles estaban sumidos en la neblina que significaba aquel bosque oscuro y aterrador hasta cierto punto, pero Cellbit no se iba a dejar intimidar.

Se encaminaba por tierra, a un ritmo sigiloso, casi como si temiera ser visto por algo . Estaba determinado a terminar su misión.

Verán, Cellbit en este caso no era otra cosa más que un pequeño insecto alado; Una polilla, de bellas alas verdes ocultas en una capa de gran tamaño que ondeaba misteriosamente por sus movimientos, a medida que se encaminaba por la sombra de la vegetación. 

Él sabía que no era el único en ese bosque, pero estaba cansado de huir de ello. Huir de ese problema.

Desde hace muchos años, la no tan pequeña población de polillas en el bosque había dictaminado una ley silenciosa; No debían acercarse al bosque. Vivían en las afueras, donde el terreno se despejaba de los árboles y las flores eran abundantes. Habían aprendido escondidos, lejos del peligro que acechaba las sombras de los grandes árboles. 

Seguía siendo más incómodo y peligroso de lo que debería hacer, pero era la única manera que tenían para alejarse de las trampas mortales de las arañas.

Por años, ellas los habían estado cazando, en silencio, llevándose a quien podían alcanzar en cualquier descuido. Convivir con esas criaturas los había condenado a una vida de paranoia constante. Incluso lejos de los lugares que habituaban, seguía habiendo un porcentaje significativo de desapariciones (probablemente muertes) por culpa de sus vecinas. Todos sabían que debían estar atentos a cualquier indicio brillante de la aparición de alguna de sus trampas.

Las cosas hubieran seguido su ciclo normal si no fuera porque, de repente, muchos de los habitantes del pequeño reino comenzaron a desaparecer a un ritmo alarmante. Las pequeñas polillas comenzaron a entrar en pánico: Cada día significaba la ausencia un puñado más de su gente, incluso por mucho que trataran de ocultarse y vigilarse entre sí. 

Todo el mundo sabía quiénes eran las culpables , más nadie podía dar una razón de porque la repentina motivación por aniquilarlos. 

Algunos rumoreaban algo de que ya habían demasiadas de ellas para la poca fuente de comida que lograban conseguir en los bosques; Otros señalaban el inicio de una guerra (posiblemente perdida) ... 

Nadie podía dar una idea clara

 

Nadie… excepto Cellbit.

 

   Casi nunca se involucraba en las congregaciones sociales, más sin embargo y por el sentido alarmante de los acontecimientos, Cellbit se había obligado a ir esa vez. Muchos lo miraron raro cuando apareció; El cuerpo lleno de cicatrices y su mirada agotada había llamado la atención de los participantes casi enseguida. 

Cellbit pensó con gracia que debía verse como un desquiciado.

En determinado momento decidió hablar. Golpeó el suelo con sus pies, llamando la atención de todos los presentes y tuvo la osadía de extender sus alas al hablar, determinado.

Elas tem uma fraqueza. Acreditem, vou prova-los!

 No esperó aprobación alguna, sencillamente decidió soltarlo, ignorando la mirada consternada de su pueblo. 

Quizás esperaba que hubieran testigos de sus intenciones en caso de que fracasara en el intento.



 

 

 

Y ahora, ahí estaba.

Con su único bolso y una espada afilada en su espalda. Dejando atrás a su único hijo, enfrentando una posible muerte en las afueras de un reino desolado.

 No le temía a su muerte.

 Temía más a perder todo lo que amaba a manos de esas bestias. 

Era un luchador, más también un científico en cierto modo: Estudioso, inteligente. En su mente se hacían planes, un tanto retorcidos para algunos, pero para él tenían todo el sentido del mundo .

Imaginaba que clases de cosas podría hacer tras estudiar a una araña. ¿Qué sería portar ese veneno? ¿Podría matar a una araña con este? ¿Podría usarlo a su favor? Todo sería más fácil si tuviera un arma, tan solo una ventaja en contra de esos seres que lo superaban en tantas habilidades físicas.

Sabía que tenía que intentarlo. Por su hijo.

Por su futuro .

Caminó por entre los troncos, sobre las hojas secas que albergaban el suelo. El lecho del bosque era oscuro, pero pacifico. Peligrosamente acogedor. 

Rodeando una serie de hongos , Cellbit se deslizó por una pequeña ladera hasta un riachuelo. Allí comió y descansó un momento antes de volver a ponerse en marcha. Pudo visualizar, a medida que el paisaje cambiaba a su alrededor, como poco a poco se lograban visualizar más hilos invisibles destellando peligrosamente en el ambiente, como si ansiaran enrredarse entre sus alas.

Era un indicativo de que se estaba acercando, más sin embargo, no vio a ninguna araña.

Cellbit titubeo. 

Tan solo necesitaba hallar una red en buen estado. Ya había planeado el resto. Su idea no parecía la mejor, pero podría funcionar. Usando parte de las redes abandonadas, logró armar su propia trampa pegajosa. Todo lo que necesitaba era un lanzador con otros materiales, nada más. 

 

Entonces comenzó a ejecutar su captura.









Tras toda su vida maquinando trampas para sobrevivir, Roier nunca se esperó caer en una. 

Una araña envuelta en una red sin escapatoria... Era simplemente irónico. 

Lo único que recordaba era haber sentido una ligera pero perceptible vibración en los encajes de su red, llamando su atención enseguida. Hace mucho que NO sentía que algo se adhería a ella, así que salió curioso de su escondite, descendiendo por la red con cautela. Fue entonces cuando su cuerpo se vio envuelto violentamente por seda ajena, sacándole un genuino grito de sorpresa.

— ¡MIERDA CABRÓN!

Se retorció inútilmente, cayendo con un ruido sordo sobre el suelo, pero sus extremidades estaban presas en la red. Le iba a tomar un buen rato forcejeando para liberarlas.

Otimo  — una voz desconocida le hizo alzar la cabeza, confundido.

Abrió sus ocho ojos con sorpresa al detallar al culpable de su pequeño problema: Una polilla. Parada sobre una pequeña elevación rocosa, mirándolo desde arriba. 

Roier nunca había visto una de ellas en su vida, tan solo había escuchado sobre su existencia desde la boca de otras arañas… Hasta ahora.

Era sabido que las arañas preferían a las polillas sobre otro tipo de presas al ser perfectas para ello; suficientemente grandes, con grandes alas que podían encajar fácilmente contra las redes pegajosas. 

Hace muchos años que habían dejado de frecuentar los bosques. 

 

 Roier no pudo evitar detallar sus facciones, embelesado por la aparición de lo que casi consideraba casi una leyenda. 

La polilla bajó tan pronto como se dio cuenta de que estaba atrapado, completamente a merced de sus intenciones desconocidas. Escuchó una pequeña risa incrédula. Quizás no esperaba que aquello funcionara.

—Oh, qué bien se siente tener una probada de tu propio veneno, ¿no es así?— Se detuvo frente a Roier, observándolo desde una distancia prudente. Tenía una sonrisa suficiente en el rostro, casi burlona. 

Sin embargo y lejos de sentirse vulnerable u ofendido, la sorpresa del arácnido pronto se transformó en curiosidad. ¿Esa polilla había maquinado esa trampa completamente sola? ¿Qué intenciones tenía con él? Roier pudo ver algo similar a un brillo de determinación y repudio en sus ojos al mirarle, cosa que de alguna manera le produjo un pinchazo.

—¿Y esto a que viene o qué? — reprimió con clara confusión en su voz, más no se oía alterado. ¿Las polillas eran seres inofensivos después de todo... no?  

La polilla no pareció escucharle. Lo detallaba con sus pequeños ojos azules, oscuros como el cielo de una tormenta, como si buscara desnudar cualquier secreto de su fisiología ahora que lo tenía preso.

 Esto hizo sentir a Roier algo incómodo. 

La polilla parpadeó y finalmente, sacó lo que parecía ser la hoja de una espada de su dorso y cortó de un tajo las redes que aún lo ataban a su propia telaraña. Roier sintió que lo arrastraba, más no se opuso. 

Sentía que su peso iba a ser suficiente problema para aquel pequeño ser, además, le daba tiempo para observarlo. Parecía cansado pero determinado. Aquello hacía que su estómago se revolviera.

 

¿Determinado en qué?

 

 —¿A dónde me llevas? — preguntó de nuevo, en voz rasposa. El silencio comenzaba a molestarle. No era alguien muy callado después de todo, aunque casi siempre prefería estar solo. La polilla nuevamente lo ignoró y sorprendentemente logró llevarlo algo lejos de aquel pequeño claro. 

Roier subestimó un poco su fuerza, a decir verdad. 

Trató nuevamente de liberarse, más sus extremidades seguían firmemente atadas por los pegajosos hilos de la telaraña ajena. Más que preocuparle, le intrigaba. ¿Cómo demonios habían logrado atraparlo así?    

Finalmente llegaron a un lugar algo apartado, donde la polilla lo dejó en lo que parecía ser, una jaula improvisada, pero bastante resistente. 

—Te estoy hablando, pendejo, no me ignores— gruñó Roier. 

La polilla se le acercó, observándole de nuevo. Roier sintió el impulso de retroceder.

—Jamás había visto a una araña de cerca. Que extraños son. —  habló de repente, ladeando un poco la cabeza mientras detallaba. 

El arácnido arrugó la nariz, frustrado.

— Responde mi pregunta, culero— Le informó, un poco molesto de ser ignorado.

La polilla emitió un chasquido de lengua, dándole la espalda. Roier pudo apreciar que sus alas estaban cubiertas por aquella capa oscura.

 Se preguntó de qué color serían.

— Callate.

 Roier arqueó las cejas ante el tono agresivo. La polilla no volteó a mirarle, parecía buscar entre un improvisado equipaje alguna cosa que Roier aún no lograba visualizar.

— Pero si me vas a responder? — Preguntó, inquieto.

— Por que debería? — respondió con sencillez el contrario, extrayendo lo que parecía ser, un tubo delgado con una pequeña aguja y luego se giró para encarar a la araña — No tengo nada de que hablar con mi presa—

—¿Qué chingados es eso? — cuestionó con intriga al observar el aparato.

—Nada que te importe — Se limitó a decir el desconocido, y sin esperar respuesta de Roier, clavó en su brazo la punta de la aguja. El arácnido gimoteó por la sorpresa, tratando de apartarse inútilmente. —Recomiendo que te quedes quiero, aranha — Dijo la polilla con algo de desprecio — Tu voz es irritante.—

Roier vio como el pequeño tubo se iba llenando, por lo que supuso, era su sangre. Apretó los labios, tratando de ignorar el dolor agudo.

Perfeito — La polilla volvió a alejarse, dejando a un Roier bastante confundido y temeroso en la jaula. Vió como el otro se llevaba la jeringa hacía el rincón oscuro donde supuso, estaban sus cosas. Lo observó revisándola rápidamente y anotado algo en una pequeña agenda. 

— Estoy cansado de vivir con miedo… Con esto las cosas comenzarán a ponerse a nuestro favor— murmuró, más Roier logró oírlo.

Se le heló un poco la sangre ante la confesión.

¿Pensaba experimentar con él? ¿Torturarlo? Qué demonios.

— ¿Pueblo? — habló entonces, confundido — ¿Cuántos hay de ustedes? Pensaba… pensábamos que ustedes estaban extintos. —

Aquello pareció llamar la atención del contrario. Este se giró a verlo; Ceño fruncido y ojos oscurecidos por las tinieblas.

—Bueno, no estamos lejos de eso— escupió. Había odio en su voz. —Eso gracias a todos ustedes. —

—Pero qué dices — Roier lo observó indignado — ¡Hace años que no vemos a ninguna polilla! ¡Te lo juro! —
Não vejo por que eu deveria confiar em uma aranha. — respondió secamente la polilla, haciendo a Roier fruncir el ceño. 

—Bueno, si quieres vete por otra. Te va a decir exactamente lo mismo: Nadie ha visto una polilla en décadas. Pensábamos que ustedes simplemente se habían extinguido — Refunfuñó, siseando un poco por sus grandes colmillos.

La polilla lo observó, pensativo.

Roier le devolvió la mirada, sintiendo el ambiente tenso. Lo detestaba, incluso a pesar de haber sido literalmente secuestrado. Era casi un impulso nervioso hacer algo al respecto.

—¿Que piensas hacer conmigo? ¿Eres una especie de druida ermitaño o algo así? ¿Me quieres comer acaso? Que te conste que tengo un sabor muy asqueroso, las arañas solo somos exoesqueleto y un poco de carne nada más, aunque nunca he probado una araña si te soy sincero...— Y tan rápido como había comenzado a hablar, volvió a perderse en un monólogo bastante cómico. La polilla tan solo lo miró, con una mezcla de gracia y molestia.

— No puedes simplemente callarte, verdad?

Roier sonrió, notando que había logrado (al menos), evocar una mueca similar a una sonrisa en el rostro ajeno. 

— Tú decidiste llevarte a esta araña — repuso, alzando los hombros con un aire divertido.

El desconocido bufó.

— No es como que tenga otras opciones.

Roier soltó un “gasp” dramático, como si se hubiera ofendido.

— Wow. Okay. Pensé que teníamos algo especial. Entiendo. — Hizo un puchero, cosa que volvió a generar esa mueca a medias en el rostro de la polilla.

¿ De que diablos estás hablando , seu maluco? — dijo con algo de irritación, volviendo a enfocarse en sus estudios. 

— No sisi, ya entendí. — Dramático como era, le dio la espalda (como podía, aún atado) cosa que hizo al contrario resoplar. Quizás eso haya sido una risa disimulada.

—No pienses ni por un segundo que esa actitud te va a salvar, aranha — advirtió. Su voz parecía firme… más flaqueaba. 

Roier sonrió para sus adentros.

— Como diga, jefe.




El tiempo transcurrió. 

Cellbit iba de un lado a otro anotando cosas y examinando la muestra. Su plan era ver qué sustancia experimental afectaba con mayor efecto la sangre ajena, al tiempo que estudiaba cómo se comportaba. Tal vez iba a necesitar más muestras después, como de su veneno o telarañas. Luego pensaría una manera para obtenerlas de su captura.

Era lo menos que podía hacer, con su limitado equipo de viaje y sus conocimientos adquiridos a lo largo de los años. 

Podía sentir los ojos de la araña pegados en si mientras trabajaba en silencio, pero trataba de ignorarlo lo mejor que podía.

Aún seguía recordando lo que le había dicho, pero estaba convencido de que era una vil mentira. Las telarañas nunca habían parado de perseguirlos, ¿Por qué debería creer que en realidad, la amenaza no provenía de ellas? 

Después de todo era la palabra de una araña.

Cellbit odiaba a las arañas.

Era la razón por la que despertaba con temor de no ver a su hijo en casa otra vez. Eran la razón por la que se recluían en las sombras. 

Eran un problema.

Más… Había algo en él. Había notado cómo lo miraba fijamente en todo momento, como si se tratara de una aparición: Ojos escarlata bien abiertos, genuina fascinación en ellos. 

Un depredador no miraba así a una presa.

Cellbit soltó un suspiro. 

—Hey — Frunció el ceño. No otra vez.

No respondió. Escuchó un chasquido detrás suyo. Molestia quizás.

— ¿Puedo saber tu nombre al menos?

¿Por qué debería dártelo? — Respondió Cellbit, resignado. Había atrapado a una araña demasiado curiosa, lo cual, si bien era algo bueno porque no había presentado ningún inconveniente en intentos de escape, era realmente irritante cuando lo único que quería hacer era conversar.

¿Por qué carajos? Había estado convencido de que la primera de esas cosas que atraparía lo iba a deshumanizar al grado de quedar al nivel de un bocadillo, pero esa araña seguía intentando conversar con… ¿normalidad? ¿Era una distracción acaso?

—¿Prefieres que te diga polilla? — respondió en un tono casi burlón. 

Cellbit se llevó una mano al puente de la nariz.

Não ligo. No mudara nada. — repusó finalmente. 

— Bien. Entonces yo te diré el mío.

Eu não me import-

— Roier — Le interrumpió. Nuevamente Cellbit volvió a mirarlo.

Sus ojos destellaban con ese tono rojizo que caracterizaba a su especie, más había algo similar a… ¿simpatía? En ellos. Casi lo hace reír secamente.

Bom. No se que esperas que haga con eso.— dijo, sonriendo sin gracia, como si pudiera humillarlo con ello.

—Usarlo — respondió Roier con simplicidad, sonriendo también.

—¿Y si no quiero ? — Desafió el de ojos azules. 

Allá tú — la araña ladeo la cabeza — Al menos sabrás que tengo un nombre antes de intentar hacerme nada. —

Entonces Cellbit frunció el ceño. Rabia comenzaba a crecer en su estómago.

A si como ustedes hacen con nosotros ? — Dijo amargamente, dándole la espalda de nuevo, más el arácnido no pareció inmutarse.

— Te he dicho que no hemos hecho nada. — Se quejó. Tono de resignación en su voz.

Cellbit tuvo que contener el impulso de lanzarle algo.

— Continuas mintiendo para mi y aun así esperas que te de mi confianza— masculló con desprecio.

—Eh? — esta vez, Roier no parecía haberlo entendido.

Você é um mentiroso — dijo esta vez Cellbit, acercándose a la jaula improvisada, viendo al ser con odio — ¿Por qué debería tener piedad de ustedes cuando mi gente está muriendo lentamente por culpa de su especie?—

Roier lo miró con tranquilidad, como si Cellbit no pudiera solamente acabar con su vida en ese momento sin que él pudiera hacer nada al respecto.

—Tu eres el que elige no creerme— contestó en voz suave. — Lo entiendo en realidad, pero no tengo otra manera de probar mi palabra si no es con el testimonio de otra araña— Sus ojos brillaban en la penumbra —Tendrás que creerme, o cegarte con el odio y castigar a alguien inocente—

Cellbit lo maldijo en silencio. Claro que estaba jugando con su moralidad, con su empatía. Sentía como si moviera hilos sobre si, buscando su punto más débil para luego morder. 

Como una araña sabe hacer muy bien.

Esqueça — se alejó, volviendo a lo suyo en un afán de ignorar el pinchazo en su pecho —No me manipularás. No caeré en tu trampa.—

Roier suspiró pesadamente y Cellbit temió que aquello hubiera sido un genuino sonido de decepción. 

—Como gustes.




Las horas pasaron y Cellbit comenzaba a sentir sus párpados pesar, más se negaba a dormirse; No teniendo a una araña (aunque enjaulada) a su lado. 

Roier parecía dormido. Su pecho subía y bajaba con la lentitud propia de un durmiente. Cellbit trataba de no mirarlo mucho para no dormirse también.

No habían hablado mucho después de la anterior conversación y quizás él lo prefería así. Era raro hablar con esa araña.

Sus instintos le decían que no podía confiar en su palabra. 

Que debía ignorar cualquier cosa dicha por sus labios, más… solo era porque era una araña ¿Verdad?

Cellbit tuvo que reprimir un gruñido de frustración.

Todo se sentía contradictorio cuando se trataba de aquel ser dormitando en la jaula. Era totalmente diferente a cualquier araña que hubiera visualizado desde la lejanía y la prudencia. No podía explicar bien por qué, pues todavía no se fiaba, pero se le hacía cómodo. 

Muy a su pesar, era cómodo. 

Era casi como una maldición para sí.

Cellbit sentía que poco a poco el cansancio comenzaba a apoderarse de sí. Trataba lo mejor que podía en combatirlo más simplemente terminó por ceder.

Su cuerpo cansado se desplomó sobre la roca que estaba usando de mesa y su consciencia se desvaneció.




Cellbit abrió los ojos súbitamente y lo primero que notó fue que la jaula estaba vacía. 

La puerta había sido claramente forzada y restos de la red que había usado para inmovilizarla estaba en el suelo de la misma.

“merda, onde ele foi” se preguntó, con una creciente paranoia dominándole. Lo buscó en todos los rincones de aquel estrecho escondite, temiendo que se abalanzara sobre si, más parecía que no estaba.

El sol comenzaba a anunciar su partida desde el firmamento y el bosque comenzaba a susurrar una suave melodía nocturna, más Cellbit no lograba sentirse tranquilo.

Fue hasta ese momento que se percató de algo:

Roier lo había dejado vivir.

Tan solo se fue, quién sabe a donde.

 

Lo había dejado vivir.

 

¿Por qué?

 

Perfectamente hubiera podido matarlo mientras estaba inconsciente, porque por mucho que Cellbit fuera fácil de despertar con contacto físico, él no podría hacer absolutamente nada en contra de un ser mucho más grande y fuerte qué sí mismo. No en ese estado al menos.

Mientras Cellbit comenzaba a barajar sus opciones, un sonido se escuchó desde la entrada. Rápidamente Cellbit sacó su espada (que Roier no se había llevado, al parecer) y se puso en posición, preparado ante cualquier amenaza.

Ocho ojos rojizos aparecieron tras el agujero que llevaba al exterior.

—Oh, despertaste 

Cellbit se aferró más fuerte a la espada, sintiéndose idiota. Era obvio que no lo iba a dejar ir así no más. Quizás solo esperaba que despertara para hacer su asesinato más divertido. Por fortuna, parecía que lo había subestimado; Con su espada a la mano, se sentía capaz de asesinar a la araña si intentaba algo.

—Oye, tranquilo, solo fui por algo de comer — El arácnido alzó sus cuatro brazos como señal de rendición al verse amenazado por el filo de la espada.

—¿Qué estás buscando ahora? Eres libre, puedes regresar al lugar de donde viniste.— masculló Cellbit, tenso.

La araña ladeó la cabeza, genuinamente confundido.

—¿Me vas a dejar ir así nomás? ¿Y qué pasó con tu super plan malvado de estudiarme? — Sonrió suavemente, como si aquello le hiciese gracia.

Cellbit se sintió más irritado al respecto.

—Ya no tengo red para atarte y de todas formas parece que no va a funcionar de nuevo.— admitió, con el ceño fruncido. — Pero puedo matarte. Sólo estoy siendo compasivo.— 

Roier soltó unas suaves risas.

—No será necesario. No tengo intenciones de hacerte ningún mal— Se cruzó de brazos superiores, mientras que los inferiores fueron a su cadera. —Quiero probar la inocencia de mi especie—

Cellbit parpadeó.

— ¿Esperas que crea eso?

Roier hizo una mueca. 

—Cabrón, si hubiera querido matarte ya lo hubiera hecho, ¿no te parece? — refunfuñó, casi indignado por la falta de confianza. Comenzaba a tomárselo algo personal.

Cellbit titubeó, más mantuvo su espada aferrada y extendida a la altura de su pecho. 

— No es suficiente, podría ser una táctica de manipulación.— dijo secamente. 

La araña resopló.

—¿Qué buscas a cambio de mi confianza? ¿Muestras? ¿Otra araña? ¿Algún lugar especifico que desees conocer?

Cellbit casi suelta una risa sarcástica.

—¿Por qué pones tanto esfuerzo en esto? ¿Qué ganarías tu? —preguntó cauteloso.

Roier se encogió de hombros.

—Dices que tu pueblo está siendo devastado por arañas, pero nosotros no vemos polillas desde hace un chingo de tiempo. — Reflexionó —Entonces buscas una manera de eliminar el problema. Eso me involucra. Soy parte del problema— Señaló con una sonrisa —Aquí la cosa es que yo se que no es por nuestra culpa, así que aquello que está diezmando a tu población puede que pronto pase a presas más grandes, ¿sabes? —

Cellbit apretó los dientes. Tenía un punto.

—¿Cómo estás tan seguro que no es gracias a ustedes? El bosque es muy grande, hay muchas arañas.

—No estoy completamente seguro, más me sirve de algo asegurarme. Si se trata de nosotros, te dejaré usarme para lo que desees hacer en pro de encontrar una manera de protegerte a ti y a tu gente, ¿te sirve? — Roier ladeó la cabeza, esperando una confirmación.

Cellbit volvió a titubear, inseguro.

Evaluó sus opciones. Podría seguir sus estudios con Roier a su lado de todas formas, analizar su comportamiento y su forma de pensar de una manera que ninguna otra polilla podría hacer: De cerca.

Nada le garantizaba que, en caso de desechar la idea, la próxima araña que (aun sin saber si podría conseguirlo de nuevo) capturara fuera tan cooperativa como lo era Roier. 

De hecho, Roier era un caso raro.

Las había observado de lejos después de todo.

Roier simplemente no se les asemejaba, y eso lo ponía nervioso.

Finalmente cedió.

—Si intentas algo, no dudaré en matarte...— advirtió, guardando su espada de mala gana.

—Entiendo, entiendo — El arácnido apoyó su espalda contra la pared de barro ligeramente húmeda por el rocío de la mañana, junto a la entrada. —Bien, cuál es el plan ahora—

Cellbit recogió sus cosas.

—Buscar otra araña— dijo con sencillez. 

—¿Qué hay de malo en mí? — preguntó Roier, en una mezcla de indignación y burla.

Cellbit sonrió con suficiencia.

Por onde eu começo…

—Órale culero, así quedamos.

Tuvo que contener una risa. 

—Eres demasiado gentil , no me sirve de nada— admitió para su pesar la polilla. —Necesito estudiar a un enemigo, a una araña que se lanzara a devorarme tan pronto como me viera. —

Roier parpadeó.

—¿Soy muy gentil? — preguntó suavemente, con una mirada consternada. Nuevamente Cellbit quiso reír por su expresión. ¿De verdad era lo único que había resaltado de su respuesta? 

Mais burro, eu diria. — Remató, negándose a darle esa satisfacción. Se regañó mentalmente por haber pensado en aquello último.

Roier hizo un puchero. 

—Tu síguele carnal, nomás síguele— advirtió, más su indignación solo lograba divertir más a la polilla.

—¿O qué? ¿Finalmente vas a matarme?— preguntó con cierto recelo, camuflado con un tono de mofa.

Roier resopló.

—Mejor te pongo algo de tela en la boca y así te callas tantito— dijo con una sonrisita. —Y quien sabe hasta cuándo podrás quitártela toda—

 Ante ello Cellbit rodó los ojos y se irguió.

— Tanto faz, vamos lá






El trayecto fue silencioso hasta cierto punto.

Si bien, Roier parecía empeñado en tratar de conversar, Cellbit siempre respondía escuetamente a cualquiera de sus preguntas o intentos. 

Eso claramente no detenía a la araña de preguntar, a pesar de saber cuándo tenía que guardar silencio en afán de no irritar a su compañero.

Habían avanzado un buen trecho, pues el bosque parecía casi abandonado en aquella zona, estático y silencioso, siempre sumido en la niebla que dejaba pasar escasamente los rayos del sol poniente.

Roier había mencionado que las arañas no frecuentaban vivir tan apegadas; Preferían marcar un territorio entre ellas, por lo que debían buscar un poco más alejados de allí puesto a que Roier sería la única araña que viviría en ese sitio. 

Aquello se le hizo curioso a la polilla. 

—¿Dices que vives solo?— había cuestionado Cellbit, interesado.

Roier sonrió con tristeza.

—Ahora si…

Quizás fue porque Cellbit no quería ondear en un tema personal pero tras lo dicho decidió dejar el tema allí.

Ambos caminaron en silencio otro tramo. 

Cellbit comenzaba a notar que la aparición de hongos era más frecuente a cada paso.

Curioso.

—Creo que estamos cerca — musitó Roier de repente, en voz grave. Cellbit se giró a verle.

— ¿Cómo lo sabes?

—Lo huelo — la araña sonrió. 

—¿Reconoces a los demás por el olor? — preguntó Cellbit, en un afán de conseguir un poco más de información sobre esos seres. Tenía que admitir que conversar con Roier (a pesar de haber sido en cortos periodos de tiempo) le había proveído de mucha información acerca de la especie enemiga.  

Era gracioso.

— No exactamente. Es más una percepción — trató de explicar el arácnido, llevando sus brazos superiores detrás de la nuca mientras caminaban. —cosas hormonales y así—

Cellbit asintió, volviendo a enfocarse en el camino. 

Si había una araña cerca, debían tener el doble de cuidado ahora. 

 Empuñó su espada por si las dudas.

 

Pronto llegaron junto al tocón de un árbol, donde las telarañas comenzaban a vislumbrarse. 

Sintió que Roier se le adelantaba y por un momento Cellbit se puso en tensión, pensando que podría intentar algo. La araña tan solo se detuvo junto a él, poniendo un brazo en frente.

—Espera — siseó en advertencia. Cellbit parpadeó.

O que?

—Algo está mal. 

Cellbit abrió y cerró la boca, como si tratara de encontrar las palabras adecuadas para el momento.

…Como você sabe?

—Eso de allá— Roier señaló una serie de destellos que se movían de una manera casi fantasmal en el fondo oscuro que proporcionaba la madera del tocón. — Se supone que es la telaraña principal. No deberíamos poder estar tan cerca sin haber llamado ya la atención, menos conmigo cerca. —

La polilla apretó el agarre de su espada.

—Cual es tu punto? — seguía sin verlo.

Roier tragó saliva.

—No hay araña, pero siento que estuvo aquí recientemente. En una situación normal ya deberíamos haberla topado. 

Hubo un silencio, casi aterrador. El bosque incluso parecía más callado que antes.

Cellbit exhaló.

— Deberíamos investigar.

Roier lo miró con inseguridad. 

—Estás… ¿seguro?

—No llegamos hasta acá para no hacer nada, ¿no es así?— Cellbit hizo girar su espada. El arma destelló peligrosamente ante el movimiento.

El arácnido finalmente asintió, resignado y siguió al contrario a sus espaldas. Ambos avanzaron con cautela hasta donde los hilos se hicieron más visibles y notorios, sin abandonar las sombras por miedo a ser descubiertos por un enemigo.

Roier parecía incluso más tenso que Cellbit. Sus ojos rojizos escudriñaban las sombras, buscando cualquier indicio de peligro. Tenía toda su percepción instintiva trastocada, como si la araña estuviera en todas partes sin estarlo. Le irritaba. 

En eso, lograron identificar a lo lejos un pequeño montículo.

Algo se movía allí. 

 

Roier se detuvo, tomando desprevenidamente a Cellbit del brazo para que lo hiciera también. El más pequeño dio un respingo ante la acción, pero no tuvo tiempo para quejarse o soltarse, pues aquello que estaba en las sombras pareció haberse detenido. 

Un sonido similar a un gorjeo se oyó en las sombras. 

La vista agudizada de Roier se adaptó primero al entorno oscuro, y fue allí cuando este abrió los ojos, exhalando una pequeña respiración de sorpresa. 

Cellbit sintió que apretaba su brazo, pero pronto supo a qué se debía:

 

Frente a ellos, había nada más ni nada menos que otra polilla, junto al ahora cadáver a medio comer de una araña.

Algo que definitivamente ninguno de los dos se esperaba.

Ni siquiera tuvieron tiempo de procesar lo que ambos habían visto; Aquel ser había saltado rápidamente sobre ellos, emitiendo un gorjeo distorsionado. 

Suerte que Roier tenía buenos reflejos, puesto a que logró alejarse a tiempo del peligro, arrastrando a Cellbit por la cadera. 

—Vete a la verga — masculló conmocionado, enfocando sus múltiples ojos en el ser que ahora se mostraba mejor bajo un pobre rayo de luz: La polilla, o más bien, aquello que alguna vez fue una polilla, se balanceaba perezosamente sobre unas piernas ligeramente deformadas. Mandíbula colgando, por donde escurría sangre y restos de araña. No había pupila en sus ojos. Su cuerpo parecía lleno de una especie de capa irregular, más por la poca iluminación, ni Cellbit ni Roier supieron a qué se debía. 

que porra é essa — El ojiazul parecía igual o incluso más sorprendido que Roier.

—No, ni en pedo vamos a pelear contra esa madre — Sin esperar respuesta de Cellbit, el arácnido rápidamente se dio a la fuga, usando las patas de araña que salían de su espalda para balancearse con rapidez afuera de aquel lugar. La criatura pareció chillar a sus espaldas. —Vámonos a la verga—

—ROIER — Cellbit trató de soltarse del agarre inútilmente — ME PÕE NO CHÃO, SEU MERDA

La araña lo ignoró. 

La criatura mientras tanto no parecía haber desistido. Sus sonidos anormales se podían escuchar en eco contra los árboles.

Entonces, sin previo aviso, algo golpeó a Roier en el costado, desequilibrándolo. Ambos cayeron contra el lecho vegetal del suelo. 

Cellbit rodó en un torbellino de hojas, cayendo pesadamente hasta detenerse. Aturdido, trató de recomponerse, notando entonces como la criatura se había abalanzado sobre Roier.

La araña, por otro lado, estaba haciendo mejor esfuerzo por alejar las mandíbulas sanguinolentas que se cerraban estrepitosamente en el aire, en un afán de alcanzarle, entre quejidos adoloridos. La polilla podía ser mucho más pequeña en comparación a él, pero sus movimientos frenéticos e impredecibles solo hacían más difícil la tarea de Roier de salvarse de su ira enloquecida.

Cellbit notó entonces, ahora lejos de las sombras fuertes y bajo la luz rojiza del sol, la textura irregular que rodeaba a la piel de la polilla consistía en una masa extraña, similar a un pelaje en algunas áreas, que emergía de su piel como si de una especie bizarra de parásito se tratara.

Las alas de la polilla, que parecían marchitas y enfermas, se agitaban con frenetismo, elevando más polvo a su alrededor. 

Entonces un grito lo sacó de su estado de shock: Aquella cosa había mordido a Roier. Eso bastó para que la polilla reaccionara, sin pensarlo mucho más.

Se levantó, alzando su espada del suelo y con el mayor impulso que pudo tomar, se lanzó al frente, extendiendo sus alas para controlar mejor la caída.

SUA BESTA FILHA DA PUTA — Gritó, propinándole un limpio corte en la cabeza. La criatura se retorció en un chirrido. Su cabeza cayó con un golpe sordo sobre el suelo y su cuerpo, aunque se contorsiona unos momentos, dejó de moverse al cabo de los segundos.

Roier exhaló pesadamente, sin haberse movido de su lugar. 

Un silencio se instauró entre ambos, donde solo transpiraban, sin poder digerir lo que habían visto.

— Estas bien?—Cellbit se acercó a la araña, que parecía dolorido, sujetando uno de sus brazos con cierto temor.

—E-esa cosa casi me arranca el brazo— balbuceó, dejando ver la profunda herida por la que sangraba. El estómago de Cellbit se revolvió.

Irónico. 

— Ven, vamos a salir de aqui— le ofreció una mano, la cual Roier tomó titubeante. 

—Gracias…— musitó la araña.

Cellbit.

—uh?

Meu nome é Cellbit. — Roier abrió un poco los ojos, sorprendido. 

Claro. Lo había olvidado.

La polilla, Cellbit, decidió no decir nada más, arrastrando a Roier a un lugar apartado de ese infierno.