Chapter Text
En la antigua provincia de Shimane, el vigésimo cuarto príncipe de la octava esposa del Tennō pasaba días en calma llevando una vida modesta bajo el cuidado de las cortesanas olvidadas, nacido y criado en Izumo Eiji no era más que otro de los anodinos hijos del emperador. . .
"Una carta del palacio." Anunció una longeva cortesana, de las pocas mujeres que lograban mantenerse ahí. "La entregó el mensajero del palacio y viene acompañada de otras personas."
"¿Acompañado de quien?, ¿Son hombres de la guardia?"— indagó una mas joven llevando un trozo de tarta a la boca, troceada con los dedos que no tardó en limpiar con la lengua."¿que es lo que desean? "
"Quizá sea para anunciar que cortará la beneficencia, al fin fue abandonado " chismorreó otra mujer. "Al final pasó, seremos arrojados a la calle, ya no solo nos exilió ahora los arrojarán a la calle."
"Su majestad nunca olvidaría su sangre" protestó otra más, indignada de las acusaciones, cubrió su boca con la mano exagerando su gesto ofendido.
"Estoy hablando de mí, de todas las que nosotras en realidad, seremos arrastradas a la calle con él, es obvio que no recuerda a este hijo suyo, no vale lo suficiente para seguir gastando oro en él."
"Es su sangre, ¡nunca lo abandonará!" Su voz dudó, miro a los demás en busca de apoyo temblar en lo incierto de sus destinos, era verdad que solo estaban ahí para servir al joven amo, refugiadas en las migajas del emperador.
"Es un omega " recordó a los demás virando los ojos, un omega más, un omega menos. Irrelevante para la corona.
"Por los dioses, es verdad. Estamos acabados "
"Debemos avisar a nuestro príncipe de esto, ¿dónde acabará alguien como él?, sus manos que nunca han hecho más esfuerzo que bordear y tejer." Angustiada la más vieja mujer se consumió en la desesperación de las palabras de las más jóvenes, "nuestro pobre príncipe, un omega nunca podría sobrevivir afuera"
"Tendrá un destino como el nuestro, en un burdel vendiendose por unas monedas" Declaró una recién llegada, "Si es que aún es virgen podrá venderse a buen precio, eso es todo. Si el Tennō lo abandonar, nadie querrá acogerlo" opinó otra arrancando una uva del racimo con los dientes. "si perdió el favor es que quizás hizo algo o malo ó muy grave ¿quizás está preñado?"
"¡Basta de decir tantas tonterías, mujer!" Ibe, un hombre poco más que instructor y tutor al fin habló haciendo pegar brincos a las damas, como pilar al ladrón en pleno robo. "Si sus sucias palabras llega a oídos de su esplendor su destino no será mejor que la horca."
Su mirada de enojo no lucía más que a una musaraña tratando de verso feroz, sentenció con gesto de negación y las manos en la cintura la conducta de las supuestas damas.
"Usted sabe, ¿verdad?, el contenido de esa carta es importante si el mensajero real vino hasta este lugar" El hombrecillo, un viejo beta a carga de los alimentos que son servidos al príncipe interrumpió el hilo de palabras listas a salir de su boca sobre modales y sermones acerca de lo incorrecto de hablar de cosas que no les conciernen.
"Bueno, no lo sé." —Admitió bajando las pobladas cejas, a sus manos llegó la carta que tenía a todos preocupados, el sello rojo del palacio estaba impreso en la ahora fría y dura cera, iba dirigido a quien era responsable de la tutela, ni siquiera su nombre propio fue utilizado como remitente.
No tuvo delicadeza, desgarró el sobre con la dificultad del temblor de sus manos, leyó y releyó sin decir palabra.
Tantos años sin dar signos de importancia a su hijo, ni una carta o presente, era más que justificado su sorpresa por la palabra escritas, el simple acto de enviar a la caballería y al mensajero del palacio era, por expresarlo de algún modo, excesivo. . .
"Uh, bien" El beta sintió el cuerpo drenarrse, una roca se posó en su pecho haciendo opresión y más difícil el jalar aire. "Todo está bien, son maravillosas noticias, ¿el joven amo, en donde se encuentra en estos momentos?" No era mentira llamar buena noticia algo de tal magnitud y aún así estaba mintiendo pues era incierto el futuro que deparaba para todos, en especial para su joven señor.
"En el jardín, ¿mando a llamar por él? " Ofreció otra moza con la mitad del cuerpo girando lista para ir a su encuentro, Ibe negoció con la cabeza sin aliento para decir más palabra, un simple ademán y salió medio tambaleado al encuentro del joven omega.
" Dios, esto es tan"— aterrador, fue lo que no quiso decir en voz alta y en su mente la imagen de su protegida se vio absorbida, devorada en las sombras de la sanguinaria familia Lee. Sería devorado y digerido tan rápido, desgarrado por las fauces de bestias que no eran bestias, vivo e indefenso y nadie haría nada, ¿Cómo detener lo que no está al alcance de sus manos?
"Joven amo" llamó la atención de quien miraba un retoño de jitomate como se admiraba un puñado de piedras preciosas.
Eiji le mira con disgusto, "creí que lo de joven amo había quedado en el pasado". Señaló el joven nipón aún en cuclillas sin mirarlo del todo, mientras que su concentración iba dirigida a cortar lo mejor posible el tallo maleado de su preciado cultivo esperando que su tutor hablara o lo reprendiera por saltarse las clases de la mañana.
El silencio del beta despertó curiosidad en Eiji, por lo que ni lento ni perezoso dejó en el canasto de palma tejido y la tijera de jardinería "¿Ibe-san?"—no obtuvo respuesta y la mirada perdida del hombre comenzaba a preocuparle, Ibe. no era de los que se quedaban callados, era de hecho un hombre simple y transparente, yendo derecho y fiel a lo que él creía correcto siendo guiado por su moral. Amable y leal inculcando en él los mismos principios, o bueno lo intenté.
"Su majestad el emperador..."— tragó saliva y presionó los ojos buscando como iniciar, ordenar el revoltijo de palabras en su cabeza. Eiji ladeó la cabeza ya de pié, quitando con lentitud los guantes cubiertos de tierra y fango. "El mandó una carta.."
"¿Una carta?" Los ojos del joven brillaron entusiastas, amar al padre que nunca le dió un abrazo o acaricio su cabeza era parte de la nobleza en el corazón de su joven protegido, cualidad que más preocupa a su tutor. "¿Que dices? ¿Es para mí?"
—"No pregunté por usted, aunque Eiji-chan escucha, es importante". sostuvo con suavidad uno de sus hombros buscando cercanía, logró obtener su total atención, la sonrisa en su cara se tornó una fina línea acompañada de un entrecejo fruncido. "Es un decreto, una orden".
"¿Una orden? Bien, quiero saber que decretó su majestad, mi padre." Su puño apretó el par de guantes ansiosos, rogando por qué el hombre soltara lo que tenía que decir.
Eiji solía mantener la calma, esta vez resultó imposible al ver el estado del beta que, si bien solía ser medio nervioso el nivel de ansiedad que irradiaba en este momento es tal que le afectaba a su persona.
"Bien, te lo leeré" de su saco tomó la carta arrugada por su propio puño desdoblando y tratando de plancharla con las palmas y dedos. Inhaló y exhaló, miró una vez más al Omega y prosiguió, —" La enemistad y la guerra trajo desconcierto y penuria a los pueblos, plebeyos y nobleza por igual, traigamos paz y gloria a nuestras generaciones, ¡Contraer matrimonio el hijo último del longevo! rey Lee Hong Lung y el vigésimo cuarto príncipe del Tennō Japonés!, la paz habrá de pactar con sangre y con sangre la descendencia traerá honor a una nueva era."
¿Qué?, claro que entendía, pero no podía evitar sentirme enfermo de pronto.
"..yo no...", una punzada en la cabeza, náuseas, vértigo, no. ¿Su majestad en verdad lo había obsequiado como ofrenda de paz? Claro, antes de todo era el emperador, el emperador que no había visto más que en retratos e imaginado en su mente como un hombre amable, manos cálidas que frotaba su espalda para reconfortar su decadencia de afecto paternal.
Sunichi mantuvo el silencio sin atreverse a mirar al menor, no teniendo valía suficiente, era un simple hombre y sabía que era imposible detener la tormenta con las manos.
" Son grandes noticias, "— volvieron sus pasos ni lento ni perezoso donde había estado cosechando, su mente como engranajes chirriantes y oxidados haciendo ruido ensordecedor, procesando la información, dando cefalea.
No tuvo idea de que había caminado hasta la cocina hasta que el dulce olor a jalea de melocotón recién hecho llegó a su nariz, el canasto que también desconocía haber recogido lo dejado en la vieja mesa de pino.
Las mujeres no dejaron su trabajo a pesar de la curiosidad por saber más detalles, la carta había sido entregada y por el aspecto de su joven amo no debía ser algo bueno.
" Su baño esta listo mi señor, ¿desea algún aperitivo para la merienda?" La doncella personal era un par de años mayor, no había día en que no se le observara con la mirada hacia el piso y la cabeza inclinada estando cerca de Eiji.
Eiji simplemente creyó adecuado intentar hacer una amistad con quien veía su desnudez todos los días, por más amable que sea su doncella nunca miró sus ojos, aún no se iba a rendir. La dama era importante, como hija de la difunta hermana de su Shunichi Ibe llegó cuando el se presentó como omega, una mañana mientras el calor de su celo apenas se manifestaba.
Justo a tiempo diría Eiji, la en ese entonces dama de quince años fue de gran ayuda, incluso si su casta es beta parecía saber las necesidades básicas para cuidar de él, ahora siete años más tarde continuaba reacia a decir más que unos monosílabos, las palabras suficientes para no ser descortés pero las pocas para no entablar conversaciones innecesarias.
"Gracias Akira, Ibe-san, trataremos este asunto más tarde, después de tomar una muy larga ducha."—Sentenció. Lo que se supone era una sonrisa floreció en sus labios como una mueca de lado, Akira simplemente junto las manos sobre su estómago retorciendo sus dedos. Giró sobre sus talones decidiendo que todo podía esperar un poco, casi sintió el cuerpo pegajoso y caliente ansioso de sacar todo el estres con una larga ducha.
Inició su retirada ignorando los mal disimulados murmullos de las cortesanas detrás suyo iba Akira, con una distancia prudente de cuarenta centímetros. Como tener a un polluelo siguiendo a la mamá gallina.
Su huida a refugiarse en el baño de su habitación se vio frustrada cuando el hombre a carga de la casa principal apareció en su campo de visión con una reverencia exagerada.
"Su excelencia, el mensajero real guarda." — a los presentes en la cocina se les unió el mayordomo, era nuevo para todos la presencia de hombre, cuyo deber era la casa principal. Si había llegado hasta ahí era motivo urgente a atender.
Eiji simplemente quería desaparecer
