Actions

Work Header

Rating:
Archive Warnings:
Category:
Fandoms:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 28 of Historias de cuarentena , Part 1 of TNMT
Stats:
Published:
2024-02-04
Updated:
2024-10-19
Words:
27,902
Chapters:
20/?
Comments:
1
Kudos:
274
Bookmarks:
4
Hits:
2,327

Cielo negro

Summary:

Después de una batalla contra los Kraang, Miguel Ángel cae en la dimensión X y es considerado muerto por sus hermanos, quienes se culpan por lo ocurrido. Seis años después, el mundo corre peligro. Hay muchas nuevas amenazas que están surgiendo para acabar con todo lo conocido por el hombre y es deber de los hermanos salvar a la humanidad y a su hermano, Mikey, de la oscuridad.

Notes:

Esta historia fue originalmente publicada en Fanfiction.net, pero decidí trasladarla a Ao3.

Por favor lean las etiquetas porque soldado avisado no muere en guerra.

La historia fue inspirada por los cómics así que habrán muchas referencias a ellos, también habrán referencias a otros cómics de DC, como The Arrow y Suicide Squad. Mucha de la información aquí es parte de estos cómics pero decidí cambiarles los nombres aunque creo que muchos podrán llegar a entender las referencias.

Sí, habrá romance porque la idea original era más bien romántica pero una cosa llevó a la otra y al final hasta tuve que hacer una línea de tiempo para no perderme de tantas cosas que agregué a la trama.

Quizás más tags y personajes serán agregados conforme avance la historia, así que vayan revisándolos de vez en cuando aunque creo que abarqué la mayor cantidad que pude hasta donde tengo escrcita la historia en estos momentos (tuve que borrar 75 tags porque Ao3 no me dejaba publicar).

Las actualizaciones serán algo rápidas al principio, pero seguramente, mientras avance el semestre (maldita carrera de medicina), se vayan a poner un poco más lentas.

Por ahora eso es todo.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: uno

Chapter Text

 

La casa estaba en silencio.

Miguel Ángel mira a su alrededor y suspira cuando por fin recuerda en dónde se encuentra su familia a esas horas de la mañana y sonríe ampliamente.

El clima era frío y lluvioso. Hace poco habían comenzado las temporadas de lluvia y todo el jardín trasero, que daba camino al dojo, estaba enlodado y resbaloso. La madera del pórtico estaba húmeda y el suelo, también de madera, estaba tan frío que sus pies dolieron y se entumecieron al salir de la casa.

El sol ya había salido pero las nubes grisáceas se encargaban de ensombrecer el día que fácilmente podría haber sido acogedor y soleado. El cántico de los animales le relajó y le hizo silbar suavemente el ritmo de una canción que él había escuchado en la radio el día anterior pero que no recordaba cómo se llamaba; luego le preguntaría a Raphael por el nombre, después de todo, él parecía saberse el título de todas las canciones que le preguntaba.

Mientras más se acercaba al dojo, mejor podía escuchar las quejas de sus hermanos al ser golpeados quizás por su padre Yoshi, o quizás entre ellos mismos. El sonido metálico que ocasionaban las armas filosas que sus hermanos utilizaban le hicieron sonreír y él, sin esperar mucho tiempo, aceleró el paso hasta que la enorme puerta corrediza se alzó ante él de manera imponente. Recordó una vez en la que su padre le había mencionado que una de las cosas más sagradas para un ninja, era el entorno en el que fomentó todo lo que había llegado a ser y, a pesar de que Yoshi no lo había especificado, Mikey logró captar implícitamente que su amado y respetado padre hablaba del lugar donde se aprendían los valores y movimientos básicos que debía saber un ninja en entrenamiento.

Sus raíces, mejor dicho.

Con lentitud, queriendo pasar inadvertido, deslizó la puerta y se adentró con cautela. Observó con atención como sus hermanos mayores peleaban entre sí con total concentración y en sus ojos se instaló un inevitable brillo de admiración.

Sus hermanos eran tan fuertes e increíbles como él anhelaba llegar a ser. Ellos eran sus ejemplos que seguir, a pesar de todo y sus defectos.

Miguel Ángel sonríe cuando Raphael, con quien había estado viendo un programa la noche anterior hasta altas horas de la madrugada, le sonríe con diversión y le guiña un ojo. Mikey entiende a qué se refería con ello y desvía su vista a los movimientos de Leonardo y asiente, captándolo.

Raph, antes de que fuese su hora de ir a dormir, le comentó sobre cómo detectar los puntos débiles de sus enemigos y como un ejemplo, el pelirrojo sacó a la luz el punto débil —o más bien el descuido— de Leonardo; quién a pesar de todo, aún no lograba corregir.

Mikey se queda un segundo de pie, esperando el mejor momento para adentrarse a la pelea y así poder derribar a su hermano mayor; con sus ojos tan azules como el cielo, sigue los movimientos con atención. Quizás Miguel Ángel se estaba demorando un poco, pero a Raphael aquello no le molesta realmente; mientras más tiempo tenga de golpear al pelinegro, mejor. Mikey toma impulso cuando ve, por fin, como el mayor de todos los hermanos no deja caer todo su peso en la pierna que se encarga de sostenerle y servirle de apoyo para potenciar sus ataques y, deslizándose por el suelo, le da una patada que logra hacerlo caer.

El rubio grita con entusiasmo y la risa de Raphael no se hace esperar. Ambos terminan chocando las manos y Leonardo sólo resopla en el suelo, fastidiado.

—Eso será todo por hoy, hijos míos —Yoshi se da la vuelta y comienza a caminar hacia la entrada del dojo. Donatello, quién estaba maniobrando su Bō cerca de la puerta, detiene sus movimientos y hace una reverencia hacia su padre y sensei—. Y Leonardo, hasta Miguel Ángel notó qué es lo que estás haciendo mal, corrígelo.

Yoshi salió del dojo y de nuevo se escucharon las risas de Raph y Mikey; pero esta vez, la de Donnie se les había unido.

Aquella era una rutina para ellos: levantarse temprano en la mañana, entrenar y divertirse entre todos. El desayuno iba después, y luego sus clases en casa. Siempre juntos.

Eran una familia.

—¡Hasta yo, hermano! —Mikey volvió a chocar los cinco con el pelirrojo y el mayor de todos se levantó con una sonrisa en la cara, negando con la cabeza, un poco avergonzado.

—Sí, como sea —Leo se da un momento para ver a sus hermanos y no puede evitar la sonrisa que se le escapa.

Mikey, sin duda, podía llegar a ser una enorme caja de sorpresas.