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Tres corazones rotos

Summary:

Taehyung ha amado y volverá a amar, pero nunca como los amo a ellos.

Notes:

Recuerden que esta es la tercera parte de una serie, sin embargo, pueden leer bajo sus propios términos, son bienvenidos.
Disfruten.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Pasado

Chapter Text

El alma de Kim Taehyung estuvo dividida en dos desde su nacimiento.

Sin embargo, nunca notó lo incompleto que estaba hasta aquel encuentro. Por fin, después de siete largos años de espera, su alma se completó cuando lo conoció a él.

Él: Park Jimin.

Su otra mitad.

Su alma gemela.

Fue tan casual como perfecto en todos los sentidos.

Tae siempre ha sido considerado un chico “inusual” según las personas. Soñador, diría Jimin en cambio.

Pues eso, Tae es un soñador, y como todo buen soñador, estaba en las nubes aquel día.

El patio de receso era casi una lucha diaria por sobrevivir. Escóndete para que no te quiten tu almuerzo, cuídate las espaldas por si alguien quiere golpearte por detrás, guarda tus plumas favoritas o al final del día desaparecerán, cosas así, pero Tae, siempre soñador, olvidaba las reglas básicas para estar bien durante esos veinte minutos al día.

Taehyung no tenía amigo. No les agradaba a los demás niños por ser distraído y también solía ensuciarse mucho al pintar, por lo que nadie quería sentarse junto a él. A Taehyung eso no le importaba (aunque un poco sí) y solía ir a un rincón detrás de los salones durante el receso.

Viendo hacía el pasado, Taehyung realmente no puede recordar porque le era tan interesante mirar a esas hormigas cargando el pedazo de pan que acababa de dejarles sobre el suelo, pero en eso estaba entretenido cuando llegaron los chicos.

No puede recordar sus nombres. No le importaban en ese tiempo y mucho menos en el actual. Para él era cosa de todos los días que ese grupo de tres chicos más grandes se metieran con él, quitándole su comida, insultándolo un poco y Tae aguantaba todo, sabiendo que al final se aburrirían de él y se irían. Era una rutina, una costumbre. No fue hasta tiempo después que entendió que aquello no era normal.

Pero en ese entonces, cuando los vio acercándose, solo se le encogió el estomago (ni siquiera había terminado la mitad de su emparedado) y se levanto de su lugar en el suelo, con la cabeza baja.

—¡Kim Taehyung, justo a quien estábamos buscando! —gritó uno de los niños mayores.

Tae se encogió en su lugar, notando que sus manitas comenzaban a temblar, pero las apretó, consciente de que, si reaccionaba, ellos durarían atormentándolo más tiempo.

—¿Te comió la lengua el ratón? —bromeó otro.

Tae siguió sin decir nada.

El más alto de todos dio un paso al frente, azotando sus manos contra el escuálido cuerpo de Tae, haciéndolo caer al suelo y tirando su emparedado junto a él.

Tae siguió con la mirada el camino de hormigas que se alejaban de él, abandonado el trozo de pan.

Llévenme con ustedes, pensó.

Nunca lo habían agredido físicamente. Se pregunto si eso también se volvería parte de su rutina. Sus ojitos se llenaron de lágrimas.

—Aww, la nenita va a llorar.

Las risas venenosas calaban en su piel. Se sentía sucio, mal, triste. Sabía que no podía hacer nada, había visto a niños más grandes que él intentar defenderse y todo terminaba peor. Su miedo era mayor. Se mordió el labio para evitar llorar cuando el chico se acercó otra vez a él, con el puño en el aire.

Entonces una nueva voz se unió al grupo.  

—¡Déjenlo en paz!

Alzó la cabeza, sorprendido al escuchar la voz chillona detrás de los otros tres, quienes también giraron al oír la voz.

Sus ojos se encontraron con los del otro y lo reconoció al instante. Era un niño nuevo, no llevaba ni una semana en el jardín de niños, pero ya se había ganado el cariño de muchos profesores y todos los niños del salón querían ser sus amigos. Era muy sociable, sin embargo, Tae no se había acercado a él, siendo demasiado tímido para hacerlo y sin querer molestarlo.

No importa, había pensado Tae al verlo jugar con los demás niños, porque un chico como él no sería amigo de alguien como Taehyung.

Pero ahí estaba, frente a los niños más grandes, con las manitas en la cintura y una mirada feroz.

—¿Qué quieres? —pregunto uno de los niños—. ¿También quieres una paliza, gordito?

Taehyung pudo ver como Jimin apretaba sus regordetas manos en dos puños y sus ojos se afilaban.

Uno de los chicos se acercó a él, entre risas por el comentario de su amigo y fue justo ahí cuando Jimin hizo algo que paralizo a todos.

Abrió la boca y comenzó a gritar.

Fuertes gritos, chillones y ruidosos que llenaron el lugar. Algunos niños en el patio comenzaron a acercarse, curiosos por los gritos.

—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó el chico mayor, tapándose los oídos.

Tan rápido como inicio, se detuvo y los miró, la mirada más inocente del mundo.

—En cuanto los vea acercarse a Taehyung o a mí o cualquier otro chico menor, voy a comenzar a gritar tan fuerte que llamare la atención de los profesores y los van a castigar —habló rápido, su voz igual de chillona que cuando grito.

Los tres chicos se quedaron de piedra, pues Jimin hizo lo único que ningún otro chico se había atrevido a hacer antes: amenazar con acusarlos.

—¡No puedes hacer eso! Van a llamar a nuestros padres —se lamentó uno de ellos.

Jimin se miró su mano, como si estuviera revisando sus uñas (desde niño era una diva, Taehyung lo respetaba).

—Tendré que hacerlo si vuelven a molestar a mi amigo —dijo, y no hubo pizca de miedo en su voz—. Voy a contar hasta cinco y si no se han ido para entonces, volveré a gritar tan fuerte que todos vendrán a ver qué pasa.

Todos seguían donde mismo, nadie se atrevió a moverse.

Jimin alzo su diminuta mano y bajo un dedo.

—Uno —comenzó.

No tuvo que decir más. Los niños salieron despavoridos del lugar, sin dejar de lanzarles miradas llenas de ira (tanta como puede un niño de nueve años) y abandonaron su rincón.

El silencio cayó sobre ellos. Taehyung seguía mirándolo, conmocionado. Jimin camino hasta él, sentándose a su lado sobre el frío suelo y sin decir nada más, partió su emparedado en dos, tendiéndole una mitad.

Taehyung lo tomó, dudoso y sin apartar la mirada. Jimin comenzó a comer, dejando su jugo en caja en medio de los dos.

—Dime si vuelven a molestarte. Mamá me dijo que sí quieren hacerme algo, grite muy muy muy fuerte —dijo—. Nunca lo había hecho, pero se sintió bien.

A Taehyung se le escapo una risa nerviosa, a lo que Jimin le sonrió en respuesta. Notó que sus ojos parecían medialunas al sonreír. Estiró su mano, como los adultos al saludar.

—Me llamo Taehyung —se presentó.

—Lo sé —contestó Jimin. Estrechando su mano—. Yo me llamo Jimin.

—Lo sé —respondió Tae.

—Tienes un nombre difícil de pronunciar.

—Puedes llamarme Tae si quieres.

—¿Tus amigos te llaman así? —quiso saber.

Taehyung se encogió de hombros, algo avergonzado.

—No tengo amigos.

La mirada de Jimin se ilumino.

—Yo quiero ser tu amigo —dijo.

No dijo “puedo”, dijo “quiero”, y nunca nada le había llenado tanto el corazón.

Y en ese momento, cuando Taehyung por fin se atrevió a mirarlo a los ojos, se dio cuenta, tan claro como el agua, de que ese niño algo rechoncho, con ojos de medialuna y voz chillona, era su otra mitad.

—Yo también.

Comieron en silencio, hasta que Tae dijo:

—Gracias.

Jimin solo se encogió de hombros, restándole importancia.

Taehyung no tenía ni idea de que esa solo sería una de las tantas veces que Jimin lo salvaría en su vida.

No podía ni imaginar el impacto que ese pequeño niño tendría en su vida. De como la cambiaría. De cuantas veces volvería a sentarse a su lado en el suelo, acompañándolo una y otra vez.

Tan rápido e inusual como sucedió ese evento, ninguno de los dos sabía que, por fin, tras años de espera, sus almas se habían encontrado.

 

Ese día Jimin se sentó a su lado al volver del recreo y no le importo que Taehyung ensuciara toda la mesa con pintura ni tampoco se desesperó cuando se distraía. Se río de sus chistes y Taehyung sintió increíble cuando una niña linda le pidió a Jimin ser su compañera de lectura, pero él contesto que ya estaba emparejado con Tae.

Así lo llamó: Tae. Nadie fuera de su familia lo había llamado así.

De ese modo fue al día siguiente, y el siguiente, y el siguiente.

Durante toda la primaría, si querías encontrar a Jimin, podías iniciar buscando al lado de Taehyung y viceversa.

Taehyung lo llevo a casa y cuando lo presento con sus padres uso estas palabras:

—Él es Jimin, mi alma gemela.

La sonrisa de Jimin fue enorme y cuando Jimin lo invito por primera vez a su casa, así fue como lo presento:

—Este es Tae, mi alma gemela.

Y lo eran, nadie podía negarlo.

Taehyung lo supo, haría cualquier cosa por hacer feliz a Jimin.

Lo que no sabía es que eso terminaría rompiéndole el corazón.

A lo largo de los años, Jimin y Taehyung se volvieron inseparables. Cuando no estaban en casa de Jimin, estaban en casa de Taehyung. Eran tan cercanos que incluso sus familias comenzaron a convivir y cuando tenían diez años, sus familias pasaron su primera navidad juntas. Se volvió una tradición.

Terminaron la primaria juntos e iniciaron la secundaria al lado del otro. A cualquier persona que conocían se presentaban igual.

—Yo soy Jimin, este es Tae, mi alma gemela.

—Hola, soy Taehyung y él es Jimin, mi alma gemela.

Algo que había iniciado como una broma entre ellos, se volvió una realidad para todo el mundo.

Estuvieron en cada fiesta de cumpleaños. ¿Proyectos escolares? Los hicieron juntos. ¿Bodas? Eran el acompañante del otro. Pasaron festividades juntos; navidades, años nuevos, san valentines. Las paredes de sus habitaciones eran una línea del tiempo de sus vidas unidas, llenas de fotografías de ambos: de su primera salida sin compañía de sus padres, en las vacaciones de verano, en viajes escolares, en salidas al cine, dormidos mientras estudiaban. Toda una vida de recuerdos, pequeños instantes congelados sobre sus paredes.

Hubo peleas, por supuesto, siendo la más destacada la “gran pelea del dumpling” (como la llamo Taehyung y como Jimin se reusaba a llamarla). O aquella vez que pelearon a gritos en un parque (siendo honesto, Taehyung no puede recordar el motivo de aquella discusión, pero tres días después, en ese mismo parque, se reconciliaron entre llantos y abrazos).

A pesar de todo eso, Jimin sostuvo a Taehyung en su primer corazón roto y Taehyung estuvo para Jimin cuando su perrita murió.

Siguieron juntos en sus peores momentos, como cuando Taehyung fue diagnosticado con TDA o cuando Jimin comenzó a tener problemas con la comida.

Pasaron horas frente a la computadora, intentando descifrar quienes eran. Taehyung fue el primero en saber que a Jimin le gustaban los hombres y Jimin fue quien le dijo a Taehyung que no tenía nada de malo sentirse atraído tanto por las mujeres como por los hombres.

Se ayudaron. Jimin saco a Taehyung de su caparazón de timidez y Tae fue quien aviso a los padres de Jimin que esté necesitaba usar anteojos (que Jimin se reusó a usar hasta que le consiguieron de contacto).

El punto, su amistad se volvió algo más grande que todo lo demás. Sus familias solían bromear sobre su conexión telepática y amigos de ambos decían que terminarían enamorándose, pero Taehyung sabía que eso no sucedería. Se conocían tanto, lo mejor y lo peor del otro, pero Taehyung nunca podría ver en Jimin un amante y estaba seguro de que Jimin pensaba igual.  

Su relación iba más allá de eso. No podría renunciar a tomar la diminuta mano de Jimin entre las suyas (mucho más grandes) sin que un sentimiento de calidez y amistad lo envolviera.

Simplemente eran eso: almas gemelas.

Por lo que, naturalmente, cuando Taehyung conoció al amor de su vida, a la primera persona que quiso contarlo fue a Jimin.

Solo que las cosas no salieron como él esperaba.

Taehyung es un romántico incomprendido, ni siquiera Jimin podía entender del todo su amor por el amor, vaya la redundancia, pero es que es cierto: Taehyung ama el amor. Está enamorado del amor.

Ha crecido rodeado de él, ¿cómo no esperarlo para sí mismo? Sus padres se conocieron cuando tenían tan solo quince años y su padre supo que ella sería el amor de su vida en cuanto la vio. A Taehyung le encanta escuchar esa historia y desde que era un niño espera tener su propia épica historia de amor.

Jimin no es así, nunca ha tenido expectativas del amor, mucho menos en el romance, aun así, ha estado en más relaciones que Taehyung.

A pesar de que a Taehyung le gustan los hombres, nunca ha estado con ninguno, pero salió con dos chicas, ambas muy lindas, pero con las cuales no duro demasiado. Su padre decía que no tuviera prisa, que cuando encontrara al amor de su vida, lo sabría, así como supo que Jimin era su alma gemela.

Pero Taehyung no podía dejar de buscar.

Al cumplir lo dieciséis se pasó una semana entera llorando. Creía que para ese entonces ya habría conocido a la persona indicada, justo como sus padres. Jimin, siempre a su lado, durmió en su habitación durante esos siete días en los que Taehyung sentía que su mundo termino.

—¡Es que no lo entiendo, Jimin! —lloraba en el hombro de su amigo—. He buscado durante años.

Jimin acarició sus rizos con ternura.

—No creo que el amor sea algo que tengas que buscar —respondió.

Taehyung se apartó de él, notando la poca distancia entre sus rostros.

Se sorbió lo mocos.

—¿En serio lo crees?

Su amigo tragó saliva y por un momento Taehyung pudo jurar que su mirada bajo hacía sus labios antes de volver a sus ojos.

Por primera vez desde que se conocieron, Taehyung se preguntó que estaría pensando Jimin sin tener ni una pizca de que podría ser.

—A veces simplemente llega, Tae —continuó Jimin—. Puede incluso ya estar aquí.

El silencio cayó sobre los dos. Taehyung no logro entender del todo aquello que Jimin parecía estarle diciendo con la mirada, cargada de una enorme intensidad.

Desvió la mirada y volvió a apoyar la cabeza sobre su hombro.

—¿Alguna vez te has enamorado, Jimin? —pregunto.

Por mucho que conociera a su amigo, Jimin era reservado en los aspectos románticos de su vida, dándole pocos detalles sobre los chicos con los que salía e ignorando ese tipo de preguntas, pero Taehyung jamás se lo había preguntado directamente.

Jimin no contestó por un momento, tanto que Taehyung comenzó a cerrar los ojos debido al cansancio y a las caricias de la pequeña mano de su amigo sobre su cabello, haciéndolo sentir somnoliento.

—Sí.

Taehyung casi se pierde la respuesta que solo fue un susurro junto a su oído. Se acurrucó más cerca de su costado. Cerró los ojos.

—¿Y qué se siente? —balbuceó.

Esta vez la respuesta no duro en llegar, pero siguió siendo un susurro, el cual nunca llegó a los oídos de Taehyung, quien yacía dormido a su lado.

—Duele mucho.

El día que Taehyung conoció a Jungkook, afuera llovía.

Jimin y él estaban en su primer día del último año, a solo un año de la universidad y de que ambos se fueran a vivir en un departamento para ellos solos (cosa con la que soñaban desde los catorce años), pero ese día Jimin no estaba en clases, sino en el club de danza de la escuela, organizando como sería su año en el club.

Con el pasar de los años, Jimin había crecido y aunque era uno de los chicos más bajos del salón, también era una belleza, aunque esa palabra se quedaba corta: Jimin era hermoso. Esa era la descripción más cercana de su amigo, con el cabello negro opaco, rostro tierno y esbelto. Atrás había quedado aquella época donde la grasa de bebé adornaba su cuerpo.

Taehyung no se había quedado atrás, había crecido convirtiéndose en un joven muy guapo, con una mandíbula fuerte y alto, su cabello castaño oscuro algo rizado arriba, cosa que le gustaba tanto a las chicas como a los chicos.

Taehyung estaba tan distraído mirando fuera de la ventana como la lluvia caía con fuerza y golpeaba los vidrios, que casi se pierde el timbre de salida. Agarro sus cosas, metiéndolas descuidadamente en su mochila (de los dos, Jimin siempre fue el organizado).

—¡Hasta mañana, Taehyung! —se despidió una chica.

Taehyung le devolvió el saludo, algo desanimado viendo el lugar a su lado vacío. Era la última clase del día y Jimin no había regresado

—¿Qué paso, Tae? ¿Jimin está enfermo? —preguntó Chanyeol, un compañero de clases que estaba enamorado de Jimin desde primero.

Taehyung sentía pena por el pobre chico, pues Jimin no había tenido citas desde hacía un año, cuando termino con su último novio y Taehyung dudaba de que Chanyeol (o para ser justos, cualquiera) fuera a cambiar eso.

Aun así, era obvio que estaba preocupado, por lo que se colgó la mochila en el hombro y negó con la cabeza.

—No te preocupes, está en el club de baile. Tienen algunas cosas que organizar.

Chanyeol suspiro aliviado y le tendió algo a Taehyung.

—¿Puedes darle esto de mi parte, por favor?

Taehyung lo agarró, juzgando la caja de chocolates con aprobación, eran los favoritos de Jimin, cosa extraña, ya que no solía comer dulces. Sin duda alguna hablaría con Jimin para decirle que Chanyeol era un buen tipo.

Le sonrió, guardando la caja dentro de su mochila con cuidado.

—No te preocupes, yo se los doy. Cuídate, Chan.

Despidiéndose, salió del salón camino a la salida.

Sacó su celular, marcando el número de Jimin, molestándose cuando esté lo mando directo a buzón.

—Maldito Park —maldijo, sabiendo que lo más probable es que su amigo hubiese apagado el celular a propósito para no distraerse en baile, como solía hacer.

—Algún día habrá una emergencia y no te vas a enterar —se quejaba él. A lo que Jimin solo sonreía.

—Si te sucediera algo, lo sentiría aquí —y se tocaba el pecho, justo en el corazón.

Taehyung sabía que era una táctica injusta para distraerlo, pero maldita sea, funcionaba muy bien.

Entre murmullos enojados y maldiciones a Jimin, llego a la salida, dejándose caer en las escaleras de la entrada, resignado a esperar a que Jimin llegara por él. Tendría que haber sabido que darle su paraguas era una mala idea, pero era demasiado tarde para arrepentimientos, solo le quedaba esperar a que Jimin saliera de su práctica en el edificio de baile y fuera por él a la escuela.

Debería comerse sus chocolates en venganza.

Poco a poco el lugar se fue vaciando, Taehyung se despedía de una que otra persona conocida. A pesar de su timidez durante su infancia, conocer a Jimin lo había convertido en una persona sociable y abierta, cosa que para Jimin cambio. Por supuesto seguía siendo amigable y sociable, pero era reservado con su persona, aun así, atraía a las personas como libélulas a la luz. Era cómico y adorable en partes iguales.

El lugar se quedó vacío al poco tiempo y Taehyung sacó su celular, revisando la hora. Probablemente Jimin estaría saliendo justo en ese momento del club, corriendo bajo la lluvia con el paraguas para llegar a Taehyung al ver lo tarde que era. El pensamiento lo hizo reír.

Guardo su celular en el momento que una voz desconocida detrás de él habló.

—¿Necesitas un paraguas?

Taehyung volteó, sin molestarse en levantarse de su sitio y lo vio.

Y su mundo se detuvo.

Sintió sus mejillas enrojecer cuando su mirada se encontró con los ojos marrones más adorables del universo. Recorrió el rostro del desconocido con la mirada, deteniéndose en su pequeña sonrisa y sus dientes frontales que sobresalían un poco, dándole un aspecto de conejito. Bajando más la vista se topó con unos brazos impresionantes que salían por la manga corta del uniforme. Vaya, ¿Cuántos años tenía este chico? Taehyung, en sus dieciocho años de vida, jamás había logrado general ese tipo de musculo.

Quedo embelesado.

Y el chico volvió a hablar.

—¿Estas bien?

Taehyung abrió la boca, pero la voz del desconocido lo volvió a dejar en trance. Profunda, algo débil, con tintes de timidez, pero hermosa. Sabía que estaba quedando en vergüenza, así que tragando fuerte, carraspeó y se puso en pie, quedando cara a cara con el otro chico. Eran de la misma estatura.

—No te conozco —dijo y se quiso morir en ese mismo instante.

El otro chico se removió, incomodo, pasando el peso de un pie a otro.

—Lo siento, no quería molestar.

Las mejillas del chico brillaron en rojo carmesí y Taehyung no había visto algo tan hermoso en su vida.

—¡No, no! —gritó, sobresaltándolos a los dos—. No me refería a eso, es que… me refería a que… yo no te había visto por aquí y conozco a mucha gente, bueno, eso sonó muy egocéntrico. No es que sea popular o algo por el estilo, me refiero a que mi amigo es popular y ambos conocemos mucha gente y no te había visto antes y ya hablé mucho, debería callarme.

Cerró la boca de golpe, su rostro ardía. ¿No sería ese un increíble momento para que Jimin llegara y lo salvara de autosabotearse?

Pero el chico solo sonrió y soltó una risita ligera. El corazón de Taehyung parecía a punto de sufrir un infarto.

—Soy nuevo —explicó y estiró la mano—. Estoy en último año, me llamo Jungkook.

Entonces tenían la misma edad. Interesante.

—Soy Taehyung. También estoy en último año.

Tomó la mano extendida entre las suyas y el contacto lo hizo sentir eléctrico por dentro. Así es como su padre le había dicho que fue tomar la mano de su madre por primera vez.

La sonrisa de Jungkook se hizo volvió enorme, ¿estaría sintiendo lo mismo que Tae?

—Entonces espero vernos luego, Tae.

El apodo, saliendo de sus delicados labios, lo hizo volver a aquella vez que alguien externo a su familia lo llamo así, a pesar de haber sido hace años y de que el apodo había dejado de ser algo importante.

Volvió a sentirse especial.

Jungkook soltó su mano, abrió su paraguas y se lo extendió. Taehyung lo tomó, dudoso.

—Para que vuelvas a casa —explicó y añadió—, y así tendremos otra excusa para volver a hablar, ¿no?

Sin darle oportunidad a responder, Jungkook se llevó las manos a la cabeza y corrió al estacionamiento, entrando en un Mercedes negro, dejándolo atrás, con el corazón lleno y un paraguas abierto en la mano.

Exactamente cuatro minutos después, llego por detrás suyo un Jimin jadeante y con un paraguas mojado en su mano.

—¡Perdón por llegar tarde! Un chico nuevo entro al club y estaba mostran… ¿qué te sucede? —preguntó, interrumpiéndose a sí mismo.

Taehyung seguía donde mismo, con las mejillas encendidas y con un agarre mortal sobre el paraguas de Jungkook.

—Creo que encontré al amor de mi vida.

No vio la expresión de su amigo, pues no podía apartar la mirada del lugar donde Jungkook se había ido y con él, su corazón.

Durante los siguientes días, Jungkook y él volvieron a hablar, tal y como dijo, convirtiéndose en amigos.

Dos semanas después, Taehyung se atrevió a invitar a Jungkook a verse fuera de la escuela. No fue una invitación a una cita (quería ir lento), le dijo que sería una salida de amigos.

Le aviso a Jimin que se perdería su tarde semanal de películas con una excusa tonta que probablemente Jimin supo que era mentira, pero no le pidió más explicaciones.

Por esos días Jimin parecía estar mal, desanimado, pero no parecía querer hablar de ello y si Taehyung sabía algo de Jimin es que odiaba ser presionado, por lo que le dio espacio y tiempo.

Se sentía mal plantando a Jimin, pero ya encontraría la manera de pagárselo.

Una hora antes de su (no) cita con Jungkook, comenzó a arreglarse. Hubiese querido a Jimin ahí para que esté le dijera cual outfit lucía mejor, pero tendría que conformarse con su reflejo y la mirada de sorpresa que le dio su madre cuando se la encontró al bajar de las escaleras.

—¿Vas a salir con Jimin? Pensé que verían películas en su casa.

Sintiendo una punzada de culpa, aclaró su garganta, intentando parecer tranquilo.

—No, Jimin se sentía mal y lo cancelo, así que voy a salir con un amigo.

Su madre entrecerró los ojos. Taehyung nunca había sido bueno mintiendo y tampoco estaba seguro de porque mentía ahora. Tal vez era la vergüenza de salir con su crush o la culpa de haber dejado a Jimin.

—Bien, solo no vuelvas tarde —lo dejó ir.

Corrió hacía la salida, para después regresar y plantarle un beso en la mejilla a su madre.

—Te quiero. Vuelvo en unas horas.

Iba llegando a su encuentro con Jungkook cuando sonó su celular anunciando un nuevo mensaje.

Soulmate:

Mándame foto de tu outfit para ver si le doy mi aprobación.

 

Lo siento :(

Soulmate:

Invítame la comida del lunes y te perdono.

Ahora enséñame.

*Foto*

Soulmate:

Luces hermoso

Con mayor seguridad, corrió hasta el lugar del encuentro, donde Jungkook ya estaba esperando.

Estaba increíble, con el cabello peinado a un lado y una camisa quizá tres tallas más grandes que él. Antes de acercarse a él, saco nuevamente su celular, revisando su peinado y se acercó al banco del parque donde Jungkook estaba sentado.

—Hola —saludo, intentando ignorar el aleteo de su corazón al verlo sonreír.

—Hola, Taehyung —devolvió el saludo—. ¿Quieres ir por un helado antes de que inicie la película?

Asintió con la cabeza (relajado y cool, como había visto a Jimin hacer) y ambos se encaminaron a una nevería cruzando la calle.

—¿Qué helado te gusta?

—En realidad no me gusta mucho el helado —dijo Jungkook.

Lo miro con sorpresa y fingido disgusto, sacándole una carcajada.

—Prefiero los postres calientes, lo siento —se defendió, levantando las manos.

—La próxima vez podemos ir por unas crepas o algo por el estilo —tanteó.

Jungkook se encogió de hombros.

—Por supuesto.

Taehyung pidió un helado doble de vainilla y chocolate y Jungkook un raspado de limón. Intentó no abatirse por no haber recibido ni un comentario sobre su vestuario, aunque para ser justos el tampoco le había dicho nada a Jungkook, ¿sería muy apresurado comenzar con los halagos? Ni siquiera sabía si a Jungkook le gustaban los hombres.

Era tiempo de averiguarlo.

Caminaron mientras charlaban y llegaron al cine justo cuando Taehyung terminaba su helado.

—¿Cuál película quieres ver? —preguntó Jungkook.

Era momento de la verdad.

—Se llama Yo soy Simon. Es una película de amor.

Jungkook hizo una mueca y las alarmas se prendieron en la cabeza de Tae. ¿La conocía? ¿sabía que era una película sobre un romance gay? ¿por eso el asco?

Retorció sus manos, un intento por sacar su creciente ansiedad.

—¿No te gustan este tipo de películas? —dijo inseguro.

Jungkook pareció ver a donde iba su línea de pensamientos, porque negó rápidamente con la cabeza y las manos.

—¡No es debido a que sea una pareja gay! Simplemente no me gustan las películas románticas de ningún tipo, ni siquiera las que me representan como persona —soltó rápido.

La esperanza brillo dentro de sí. Se relajo visiblemente.

—¿Te gustan los hombres? —muy sutil Tae.

El pelinegro se sonrojo, llevándose la mano detrás de la nuca.

—Y las mujeres. Soy pansexual —Dio un paso atrás—. ¿Tienes algún problema con ello?

Fue el turno de Tae de entrar en pánico.

—¡Para nada! A mí también me gustan los hombres… y las mujeres. Soy bisexual —aclaró.

Los dos se miraron en silencio, pero al poco comenzaron a reír.

—Esa fue la salida de closet más incomoda que he tenido —dijo Jungkook riendo.

—Lo siento si fui muy directo.

—Está bien, es mejor ponerlo sobre la mesa de una vez —restó importancia.

Se formaron en las palomitas y Tae volvió a sacar conversación.

—Entonces, ¿no te gustan las películas románticas?

Fingió tener escalofríos y Taehyung lo golpeo, sacándole otra carcajada. Dios, estaba amando todo.

—No, nunca han sido lo mío. Prefiero las películas de acción, comedias, cosas así —confesó.

—¡Eres igual a mi amigo! —comentó, feliz.

Ya podía ver las futuras reuniones en casa con sus dos chicos viendo películas y pasándola en grande.

—¿En serio? Deben ser muy diferentes —notó Jungkook.

Taehyung resopló.

—Ni que lo digas. Ver una película con él es dos horas de pelear para ponernos de acuerdo. Incluso en cosas tan simples como la comida somos totalmente diferentes. Él ama la comida picante y yo no puedo soportar ni el olor.

Jungkook volvió a sonreír.

—¿Es un buen momento para confesar que amo la comida picante?

Tae lo miro boquiabierto.

—Ustedes van a amarse.

Rieron mientras compraban su comida y Taehyung no podía creer su suerte.

Si tan solo hubiera sabido lo cierto que sería aquello.

Jimin no tenía ni idea de quien era el “misterioso amor de vida de Taehyung”, pues esté había guardado celosamente el secreto, intentando proteger la dicha de felicidad que sentía y de la cual sabía lo que Jimin diría.

—Ni siquiera lo conoces —se quejaba Jimin.

—Estoy trabajando en ello —contestaba Taehyung.

A Jimin nunca parecían gustarle los chicos o chicas en los que Taehyung se interesaba, poniéndoles peros y refunfuñándose. Taehyung entendía que Jimin solo quería protegerlo, pero demonios, Taehyung tenía dieciocho años, podía cuidarse a sí mismo. Así que no, Taehyung no había querido decirle a Jimin quien era Jungkook, por lo menos aun no.

—Vas a amarlo, te lo prometo —decía Taehyung—. Fueron cortados con la misma tijera.

Jimin solo resoplaba enojado, cruzándose de brazos y mordiendo su abultado labio inferior.

Las semanas pasaron, entre Taehyung dividiendo su tiempo en la escuela, su familia, Jimin y sus nuevas salidas con Jungkook. De todas maneras, Jimin parecía demasiado ocupado en el club de baile (del cual lo habían vuelto co-capitán, por lo que sus ocupaciones en el club se habían multiplicado) y cada día que salía del club, Taehyung lo encontraba de malas.

—Es este chico nuevo del que te hable —confesó semanas más tarde—. Parece empeñado en volver mi vida un infierno.

Taehyung puso mala cara, dispuesto a defender a su amigo de quien sea.

—¿Quién es? Quizá él y mis enormes músculos quieran conocerse.

Hizo un amago de mostrar los músculos de sus brazos, fallando estridentemente. Jimin se burló con cariño y eso es todo lo que Taehyung quería: que Jimin fuera feliz.

—No importa, es un mocoso. Le gusta meterse conmigo por mi estatura y parece estar revoloteando a mi alrededor. Mira —sacó de su mochila una caja—, me dio esto.

Taehyung tomo la caja. Eran bombones de fresa con chocolate. Entrecerró los ojos, sintiéndose perdido.  

—Creo que no entiendo.

Jimin rodó los ojos y le arrebato la caja, aventándosela a un chico que pasaba a su lado, que los miro desconcertado, pero se fue con su nueva caja de bombones.

—¡Quiere que engorde para quitarme mi puesto de capitán!

Taehyung dudaba seriamente de ello, pero asintió distraído, mientras observaba a lo lejos a un chico con aspecto desorientado al que nunca había visto y el cual no traía uniforme.

—¿Deberíamos avisar que hay un extraño sin uniforme fumando en el estacionamiento? —le preguntó a Jimin.

Jimin se volteó. Evaluó al chico.

—Creo que lo conozco.

Antes de que pudiera contestar, apareció otro chico corriendo hacía el extraño. Un chico al que Taehyung reconoció al instante.

Parecía el momento de decirle a Jimin quien era el misterioso chico, el chico de sus sueños. El amor de su vida.

Miro a Jimin, encontrándolo con la cara de enojo más grande que había visto hasta la fecha en su amigo.

—¿Estas bien? —preguntó.

Jimin se giró hacía él, rojo de la ira y señaló hacía Jungkook y el desconocido, ambos ajenos a la mirada asesina de su amigo.

—¡Ese es el chico nuevo! Es un fastidio y parece que me lo encuentro en todos lados.

El mundo de Taehyung se partió a la mitad.

Abrió la boca sin emitir sonido alguno. Su cerebro se apagó. Estaba sufriendo un corto circuito y en ese momento la mirada de Jungkook se dirigió a la salida, encontrándose con ambos chicos.

Se giró, diciéndole algo al chico desconocido y corrió hacía ellos, con la mano en alto, saludándolos.

El cerebro de Taehyung pareció volver a la vida en ese momento.

Miro a Jimin, quien parecía a punto de cometer un delito.

—Tengo que decirte algo —susurró rápido.

Jimin lo miro desconcertado, pero antes de que dijera algo Taehyung le cubrió la boca con la mano al llegar Jungkook a su lado.

—¡Taehyung! —después miró a Jimin y su mirada brillo—. Jiminie —saludo.

—Jeon —saludo, cruzándose de brazos—. Ya te dije que soy tu superior en clase, háblame con respeto.

Jungkook sonrió con más fuerza.

—Muy bien, Jiminie Sunbae —exagero el honorifico. 

La cara de Jimin nunca había lucido menos amigable.

Taehyung miraba entre los dos, sin saber que hacer. No tuvo que decidir, Jungkook rompió el silencio.

—¿Ustedes se conocen?

Jimin entrelazo su brazo con el de Tae, acercándolo a su costado.

—Somos almas gemelas, ¿tú de donde lo conoces?

Antes de que Jungkook pudiera hablar, Taehyung lo interrumpió, separándose de Jimin.

—¡Somos compañeros! —ambos lo miraron sorprendidos por su arrebato—. Compartimos algunas clases y salimos de vez en cuando —termino, intentando disimular su pánico.

Técnicamente no era una mentira, sí compartían clases y sí salían a menudo, simplemente no menciono el día lluvioso, pues eso sería un pase directo de parte de Taehyung a Jimin diciéndole “Es Jungkook, el amor de mi vida, a quien pareces odiar con todo tu diminuto ser”.

Jimin lo miro, sin creerse nada, pero Jungkook asintió de acuerdo. Jimin lo miro mal, cosa que pareció emocionar más a Jungkook.

—Tengo que irme, pero ya que todos somos amigos, ¿por qué no salimos un día de estos?

Sin dejar tiempo a replicas, Jungkook despeino el cabello de Jimin y despidiéndose con la mano corrió hacía su amigo, que lo esperaba junto a un auto y negaba con la cabeza.

Jimin refunfuño a su lado mientras se peinaba el desordenado cabello con las manos.

—Es un fastidio, ¿verdad?

Taehyung trago saliva.

—Sí —dijo, aunque no hablaba de Jungkook.

La situación era, sin duda alguna, un fastidio.

Se permitió ser optimista.

Taehyung los conocía a ambos, sabía que los dos podían llegar a llevarse bien si Jungkook dejaba de ser un mocoso con Jimin y si Jimin era un poco más flexible con Jungkook.

Y Jungkook tenía razón en algo, Taehyung solo tenía que hacer que convivieran fuera del club de baile y comenzaran a llevarse mejor, entonces Taehyung podría vivir su fantasía de casarse con el amor de su vida y que su alma gemela fuera su padrino de bodas.

Sería increíble.

Solo necesitaba convencer a Jimin de salir con ellos.

—Vamos, Jiminieeeeeee —rogo.

—No —fue la rotunda respuesta de su amigo.

Llevaba por lo menos cinco minutos intentando convérselo de salir a comer con Jungkook, pero su amigo se negaba a dar su brazo a torcer.

Taehyung llevaba años acostumbrándose a que Jimin le dijera que sí, que ahora se sentía como un golpe al hígado el tan duro y seco no.

—¿Por qué no? —pregunto por enésima vez.

Los dos se encontraban en la habitación de Jimin, comiendo galletas recién hechas por la señora Park y viendo una película de zombies que a Taehyung no le interesaba demasiado, prefería las comedias románticas. Pero ¿saben a quién si le gustan las películas de zombies como a Jimin? A Jungkook.

Si tan solo su amigo le diera la oportunidad podrían ser tan grandes amigos.

—Es molesto —comenzó a enumerar su amigo—, su perfume me da alergia, no se toma el club en serio, no me respeta como su superior en clase, sigue burlándose de mi estatura y ahora lo hace de mis manos, sigue dándome dulces a pesar de que estoy a dieta, la otra vez escribió mi nombre junto a Jeon en vez de Park en el pase de lista y la maestra pensó que yo estaba burlándome de ella y me castigo, cambio mi sudadera con la suya en los vestuarios, sigue…

—Ya entendí —lo interrumpió, suspirando.

¿Por qué Jungkook molestaba tanto a Jimin? Tal vez debería hablar primero con él sobre eso y después intentar convencer a Jimin.

Sí, debería hacer eso.

Los brillantes (y hermosos) ojos de Jungkook se agrandaron con sorpresa.

—¿Piensa que estoy burlándome de él?

Los jueves eran los únicos días donde compartía hora de almuerzo con Jungkook y los únicos días donde no lo hacía con Jimin, por lo que le pareció el mejor momento para hablarle a Jungkook de su (cuestionable y extraño) comportamiento.

Asintió con la cabeza, dándole un trago a su deliciosa malteada de miel, ¿cómo podía la gente decir que era horrible? Tae jamás lo entendería.

—Yo solo… —Jungkook parecía muy avergonzado—. La verdad no soy bueno haciendo amigos, solo quería acercarme a él —admitió.

Taehyung se enterneció, recordando aquellos tiempos donde su propia timidez le impedía hacer amigos. Podía entenderlo, pero, sobre todo, podía ayudarlo.

Estiro la mano por encima de la mesa, agarrando la mano de un sorprendido Jungkook.

—No te preocupes, Jungkook, yo te ayudare a acercarte a nuestro queridísimo Jiminie.

Los ojos de Jungkook se iluminaron y Tae podía jurar que era lo más hermoso que sus ojos verían jamás.

—¿En serio harías eso por mí, Taehyung?

A pesar de tener la misma edad, a veces Taehyung pensaba en Jungkook como alguien menor. Le encantaba. Quizá en otro mundo él sería el mayor.

La otra mano de Jungkook cayó sobre la suya, haciendo que la mano de Taehyung quedara atrapada entre sus dos manos. El corazón le iba a mil por hora.

—Por supuesto, Jungkook.

Cualquier cosa por ver el brillo en sus ojos otra vez.

Llevar a Jimin a la cafetería un sábado por la tarde fue sencillo, simplemente una salida más entre ellos.

Entrar a la cafetería y fingir encontrarse con Jungkook no fue tan fácil. Después de todo, Taehyung no era un gran mentiroso.

—¡Vaya! ¿Jungkook eres tú? —preguntó alzando la voz y caminando hacía la mesa donde un Jungkook bien vestido y nervioso los esperaba—. Que gran coincidencia encontrarnos aquí, ¿no, Jimin?

Jimin camino detrás de él, con cara de muerto.

—Sí, que coincidencia —concordó, lleno de sarcasmo.

Jungkook se removió con mayor nerviosismo en su asiento. Taehyung le hizo un gesto por encima de Jimin.

Jungkook se levantó de golpe de la mesa, saludando a ambos chicos con una reverencia.

—Taehyung y Jimin Sunbae, que gusto verlos.

Jimin no parecía impresionado.

Taehyung sentía perder el control rápidamente. Tomo a Jimin por los hombros y lo empujo hasta la mesa, sentándolo frente a Jungkook y él tomo asiento al lado de esté.

—Bueno, ya que nos encontramos aquí, ¿por qué no comer juntos?

Lo primero que hizo Jimin fue respirar con fuerza, conteniendo su enojo, para después ladear la cabeza con extrañeza y respirar hondo. Miro a Jungkook, quien pareció encogerse en su lugar.

—¿Cambiaste de perfume?

Jungkook a su lado trago saliva y se acomodó en su asiento.

—Me dijeron que te daba alergia. No quería molestarte Jimin… Sunbae.

Jimin miro a Taehyung, dudoso. Él solo alzo el pulgar.

—Nuestro Jungkookie, tan amable, ¿no crees, Jiminie?

Esté se removió incomodo, pero termino asintiendo con brusquedad.

Los ojos de Jungkook brillaron con intensidad. Tae lo miro con adoración. Jimin desvió la mirada.

—¿Puedo tomar su orden?

Jimin aún le ponía muchos peros a Jungkook y se mantenía alejado de él, pero con Taehyung como moderador entre ambos chicos, comenzaron a llevarse sorprendentemente bien.

La segunda vez que salieron juntos fueron al cine, donde Taehyung perdió la discusión y terminaron viendo Spiderman: un nuevo universo. Verlos trabajar en equipo (aunque fuera contra él) fue lindo.

En su tercera salida Jimin quiso probar un nuevo platillo extra picante de un restaurante al que les gustaba ir y Jungkook lo reto a ver quién podía aguantar más picor (gano Jimin, pero no pareció importarle a Jungkook, cosa extraña porque el chico era competitivo a más no poder).

La cuarta vez que salieron como grupo, Taehyung casi mata a Jungkook (es una exageración, pero la cosas si pudo acabar mal).

Estaban saliendo de una tienda de videojuegos cuando Taehyung les dio un caramelo a los otros dos. Caramelos de miel, sus preferidos.

Sucedió muy rápido, Jungkook desenvolvió el dulce, sin dejar de contarles sobre aquella vez que se rompió el pie cayéndose de las escaleras y al segundo siguiente el dulce que estaba llevándose a la boca termino en el suelo.

Taehyung miro impactado a Jimin, que se había lanzado hacía delante, dándole un golpe en la mano a Jungkook haciéndolo tirar el caramelo.

Los tres se quedaron en un silencio desconcertante.

—¿Lo querías? —preguntó Jungkook.

Jimin se sonrojo.

—¡Lo siento! —gritó, agarrando la mano de Jungkook, sobándola—. Era de miel —explicó.

Tae no lo entendió, pero los ojos de Jungkook se abrieron con sorpresa y gratitud.

—Guau, muchas gracias, Jimin.

Taehyung no puede recordar en qué momento ambos se sintieron cómodos el uno con el otro para dejar de lado los honoríficos, pero eso no era lo importante en ese momento.

—No estoy entendiendo nada —dijo.

Ambos lo miraron, como si hubiesen olvidado que estaba ahí.

—Es alérgico a la miel.

—Soy alérgico a la miel.

Dijeron al mismo tiempo.  

Se miraron, un silencio cayó sobre ambos. Había una extraña tensión que Taehyung no entendía. ¿Iban a pelear?

—¿Cómo lo supiste? —le preguntó Jungkook.

—Te escuche decirlo en clase de baile una vez —confesó, su voz teñida de una timidez que Taehyung nunca le había escuchado.

Jungkook sonrió casi ¿coqueto?

—¿Tan al pendiente de mí estas en clase?

Jimin soltó la mano de Jungkook con brusquedad. Su rostro se tiño de rojo, pero aparto la mirada de Jungkook.

—Cuidado, tu ego podría inflarse más de lo que esta.

—Oh, créeme, no solo mi ego creció. Mi autoestima esta al cien ahora mismo.

Taehyung carraspeó, sintiéndose incomodo de pronto.

Los tres se miraron, Jimin y Jungkook sonrojados, y Taehyung…

Taehyung sentía que estaba perdiéndose de algo importante.

Después de todo eso, las cosas mejoraron y Taehyung no podía ser más feliz.

Tanto Jimin como Jungkook comenzaron a hablar sin dejar de lado realmente esa extraña dinámica de Jungkook molestando al más bajo, pero con el tiempo Tae noto que a Jimin le daba gracia y ya no lo veía como algo malo, sino amistoso.

Taehyung quería explotar de felicidad.

Y entre tanta felicidad que sentía, olvido decirle a Jimin quien era su autoproclamado amor de vida.

Un día, al salir de clases, Tae tenía prisa por volver a casa y salió junto a Jimin del edificio hasta el estacionamiento, donde se encontraron con Jungkook recargado en su auto. Cuando los vio, los saludo, su mirada viajando de Taehyung a Jimin y sonrió.

—¿Tienen prisa? Puedo llevarlos.

—Claro —contestó Jimin al instante.

Jungkook abrió la puerta del copiloto, dejando entrar a Jimin.

Taehyung los miro confundido. El gesto había sido automático, sin pensar, como si lo hubieran hecho antes. ¿Quizá habían salido juntos antes?

No le dio demasiadas vueltas. Se alegraba de que ambos comenzaran a llevarse mejor.

El viaje fue caótico, obviamente, eran chicos de preparatoria. Bajaron las ventanas, dejando entrar el aire y cantaron a todo pulmón. Taehyung se sorprendió al descubrir que la mayoría de las canciones que sonaron eran las favoritas de Jimin.

Desde el asiento de atrás, miro a Jungkook, que se detuvo en un semáforo e inmediatamente giro la cabeza para observar el perfil de Jimin, quien miraba hacia afuera, contemplando el paisaje.

De golpe, se sintió como cuando veía una película romántica, viendo la típica escena donde uno de los chicos miraba al otro sin que esté lo notara, pensando en lo hermoso que era.

¿Cuántas veces Taehyung no había querido ser observado de la manera en la que Jungkook miraba a Jimin en ese momento?

Se pregunto que estaría pensando Jungkook.

Y comenzó a entenderlo.

Un pequeño “oh” salió de sus labios, pero ninguno de los otros lo escucho, pues el semáforo cambio y el auto arranco otra vez.

Oh.

Los siguientes días fueron sucesos rápidos con Taehyung intentando quitarse la ansiedad de encima.

Era ridículo, ¿Jungkook y Jimin? ¡Si ni siquiera se soportaban! Era ridículo.

Pero mientras más miraba, más cosas notaba.

Jimin saliendo del club con un nuevo dulce en la mochila.

Jungkook esperándolos en la salida en su auto.

Jimin sonriendo con timidez cuando Jungkook halagaba su atuendo.

Jungkook observando a Jimin a los lejos, siguiéndolo con la mirada.

Pensó en lo que Jimin le había dicho hace ya tiempo: “es un mocoso... cambio Park por Jeon… me dio esto… cambio nuestras sudaderas…”

Todo había estado ahí.

Ahí.

Ahí.

Ahí.

Todo el tiempo ahí.

Oh.

—¿Estas bien? —preguntó Jimin, sacándolo de su mente.

Estaban en la casa de Taehyung, horneando un pastel a petición de Jimin. ¿Sería para Jungkook? Se sacudió el pensamiento.

—Estoy bien —dijo, su voz no tembló—. Solo pensaba.

Jimin dejo de mezclar y lo miro.

—¿En aquel chico?

—¿Qué chico?

Ahora lo miro con preocupación.

—¡El chico! El amor de tu vida. Hace semanas que no me dices nada de él.

Era el momento perfecto. Podía confesarlo, decirle quien era el chico y ver su reacción. Abrió la boca, pero una notificación en el celular de Jimin lo interrumpió

—Puedes contestar —le dijo.

Jimin negó con la cabeza, concentrándose en Taehyung.

—Es solo Jungkook, pero ahora estoy hablando de algo importante contigo.

La forma en que lo dijo… como sus ojos brillaron felices al pronunciar su nombre.

Lo supo. Lo conocía mejor que nadie en el mundo y Taehyung lo supo en ese instante.

No era solo Jungkook, no para Jimin.

—No paso nada con el chico —dijo al final, bajando la mirada a su propia mezcla—. No fue nada.

Sintió la presencia de Jimin a su lado de inmediato, después sintió el abrazo de su amigo y las lágrimas comenzaron a salir.

Sollozo y abrazó a su alma gemela con fuerza, aferrándose a él.

—Lo siento tanto, Tae. Es un idiota si no puede ver a quien tiene enfrente —acarició su espalda con ternura—. No hay nadie más perfecto que mi dulce Taehyungie.

Excepto tú, pensó.

Supo, en los brazos de su mejor amigo, que jamás podría decirle la verdad.

Lo conocía, lo conocía como a su propia mente. Sabía, desde el fondo de su corazón, qué si Taehyung le decía a Jimin la verdad, Jimin se alejaría de Jungkook sin pensarlo. Pondría el bien de Taehyung por encima de su felicidad, como aquella vez que le dio su sabor de helado favorito a pesar de que él también lo quería, o como cuando habían comprado el mismo traje para su baile de graduación y Jimin se había cambiado para no quitarle protagonismo a Taehyung, a pesar de que a él se le veía mejor.

Lo conocía, sabía que lo dejaría ir, que no lucharía, que ni siquiera miraría a Jungkook si Taehyung se lo pidiera.

Y por un segundo lo pensó. Pensó en decírselo, en pedírselo, ¿no sería lo justo? Él lo había querido primero, él lo había amado mucho antes.

Pero entonces… pensó.

Taehyung jamás había visto los ojitos de su amigo brillar con tanto cariño, ¿cómo sería capaz de quitarle eso? Había sido egoísta en el pasado, sin embargo, no podía serlo con eso.

No podía. No lo haría.

Cerró los ojos y se permitió llorar, sabiendo que Jimin nunca sabría la verdad detrás de su llanto.

Cinco semanas después, Jungkook y Jimin lo invitaron a comer y anunciaron su relación.

—Todo te lo debemos a ti, Taehyung —dijo Jungkook. Sonreía con tanta felicidad que el pecho de Taehyung se hincho de anhelo—. Gracias por ayudarme a acércame a Jiminie.

Jimin sonreía a su lado, entrelazando sus manos y mirándolo como si fuera lo único en la habitación.

—Eres el mejor amigo del mundo —declaró.

Taehyung levanto su vaso, invitándolos a brindar y con una enorme sonrisa y el corazón partido en dos, dijo:

—Me alegro por ustedes, chicos.

Se pregunto si, en un futuro, podría decirles eso con sinceridad.