Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2023-11-08
Words:
8,366
Chapters:
1/1
Kudos:
45
Bookmarks:
4
Hits:
609

if you like a teacher, you probably had a pretty decent childhood

Summary:

Jeno trata de pensar en otra cosa que no sea el maestro jardinero de Chenle. Probablemente trata tanto que, perdidos en los intentos, no logra parar de pensar día, tarde y noche en él.

Notes:

Hace mucho tiempo no escribía. Está beteado pero no se fien

Work Text:

En su teléfono tiene, por lo menos, cien llamadas pérdidas de un número desconocido. Al principio frunció el ceño confundido ante tantas insistencias, pero, después de ver un mensaje de la mamá de Chenle, un frío recorrió su espalda baja mientras se apresura corriendo hacía la salida de la oficina. En sus 25 años, Jeno jamás se había olvidado de su sobrino, pero está vez, con el trabajo atiborrando su cerebro y el estrés llenándolo en un limbo de tormentos, ocurrió esta insolencia de su parte.

Jeno se ofreció él mismo, y es algo que tiene que pagar y aceptar si quiere conservar su orgullo, pero admite que tener que buscar y llevar a su casa todos los días a su sobrino es algo que está hartándolo. Claro que quiere al niño, ya que es la razón por la que se ofreció en primer lugar. Jeno es un alma solitaria, la mayoría de su tiempo la pasa solo si es que no está durmiendo, en el trabajo o en cualquier otra situación. Pero desde que su hermana tuvo a Chenle, Jeno volvió a tener una llama de niño en sí mismo. Cuando está con Chenle, todas las preocupaciones de su trabajo se derrumban por las charlas interminables que tienen los dos juntos de películas de Disney, superhéroes, animalitos y cualquier otra cosa que quieran hablar.

Por lo tanto, no hizo mucha batalla cuando su hermana le preguntó si podía hacerle el favor de buscarlo todos los días, durante dos meses, a Chenle a la salida del jardín. Está bien, puede hacerlo, pero se equivocó. Es un adulto responsable, y también es capaz de hacer más de una tarea al mismo tiempo; pero de un día al otro todo su estrés se multiplicó cuando su unidad a cargo falló en una de sus actividades y para recompensar esos errores empezó a trabajar doble turnos en la noche. Lo que, como predijo, derivó en cien llamadas pérdidas del jardín de Chenle y otros cincuenta mensajes enojados de su hermana reclamándole en dónde estaba.

Estaba en el trabajo, claro, pero ahora corría a su auto para buscar al infante y llevarlo a casa de su madre. Antes, piensa llevarlo por un helado para disculparse, jamás tuvo tal falta con él y le rompe el corazón pensar en cómo se siente Chenle al sentirse abandonado después de ver como todos sus compañeritos se iban de las manos con sus padres. Después lo llevará a su casa, no sin antes comprarle algún peluche que le guste y quiera, luego de eso, antes de acostarse tendrá que terminar unos informes para entregar mañana, pero tendrá que hacerlo rápido si quiere tener tiempo para dormir, y…

—Tarde —dice una voz rasposa, su dueño, un rubio platinado, de un cabello casi blanco, le está frunciendo las cejas algo molesto y tiene un aura oscura a su alrededor la cual logra que Jeno ponga derecha la espalda y deje de perderse en sus pensamientos por minutos. Abre su boca para contestar, pero el otro hombre se apresura para hablar—. Entiendo tardanzas de cinco, quince, veinte minutos… Pero una hora, ¿no es demasiado?

El rubio (que Jeno supone es un maestro por su delantal celeste repleto de pines de dibujos alegres) se hace a un costado de la puerta para permitirle pasar, y Jeno, aunque dudó por unos segundos, casi se vio forzado a entrar cuando la mirada fría del maestro se posó en la suya. Exigiéndole que entrará.

Nunca había entrado al salón. Primero porque no veía necesidad, segundo porque al ir a buscar a Chenle sólo planeaba eso; buscarlo, saludar rápido e irse. Ni más, ni menos. Vio múltiples veces a este maestro, lo saludaba de lejos con su mano y se iba, a veces no era él, sino una maestra auxiliar con la que tampoco tenía más charla que los “hola, gracias, bueno, chau”. Jeno no es una persona de personas, por eso se sentía nervioso y sudaba frío al enfrentarse a la mirada del otro hombre.

—Sí, perdón —responde Jeno, con una sonrisa nerviosa en su rostro mientras trata de ahuyentar las cosquillas que siente en su nuca por su timidez—. Es la última vez que pasa, perdón, tengo tanto trabajo que, por suerte, todavía no me desmayo.

Jeno nota que en su delantal celeste también tiene su nombre bordado en amarillo: Jaemin. Cuando sube su vista, el platinado relajó sus afilados ojos por unos que parecía compadecerlo, junto con una mueca que parecía terminar de comprender su ausencia. Pero solo fueron atisbos, ya que a los minutos la mirada enojada volvió y se dirigió con pasos enérgicos hacía el patio del edificio. Jeno lo siguió detrás.

—Si es por trabajo, lo entiendo. Aunque este también es mi trabajo, así que usted también tendría que ser más comprensivo conmigo —a Jeno no le gustaba como se dirigía hacia él como si fuera un anciano despistado. Al acercarse más al patio, Jeno escucha las voces fuertes y chillonas de dos niños, una que sin lugar a duda era la de su sobrino, pero la otra era desconocida—. ¡Jisung! Vamos, anda a buscar tus cosas. Chenle, tu papi está acá, ¿ya tenés todo?

Fue un asombro ver cómo Jaemin pasó de una expresión más seria a una cálida y amorosa en segundos. Los niños, corriendo como en una carrera, se aproximaron rápido a su maestro y le contaron millones de cosas en dos segundos mientras buscaban sus mochilas. Jeno estaba tan patidifuso y atontado por la situación que Jaemin creyendo que era el padre de Chenle pasó por encima suyo.

Chenle estaba casi gritando a las risas con el otro niño que parecía más callado pero que reía a la par de Chenle, alentado a que siga hablando de sus tonterías. Jaemin parecía estar buscando su bolso y Jeno lo tomó como una señal para despedirse.

—Jisung, ¿llenaste tu botella con agua? Si te cansas, te llevó a upa. Pero te aviso que es un camino largo —incluso si Jaemin estaba seguro de que sus susurros eran silenciosos, Jeno llegó a escucharlos y asumió que el niño, Jisung, estaba al cuidado del maestro. Jisung parece refunfuñar molesto y con pasos fuertes y enojados se aleja con su botella para ir a cargar agua, mientras aprieta los dientes se escucha un finito “odio caminar” y un Chenle atrás suyo lo sigue diciendo “¡yo también!”.

Jeno y Jaemin quedan solos de nuevo, pero Jeno está más curioso y menos asustado que hace unos minutos.

—¿Caminar? —pregunta, acercándose con la mochila pequeña de Chenle que debe verse ridícula colgando en sus amplios hombros. Jaemin deja de acomodar las cosas de la mesa para mirarlo.

—Si, caminar. Solemos tomar el camino a casa en autobús, pero para esta hora ya lo perdimos. Así que tendremos que volver caminando.

Oh. Jeno asiente de forma comprensiva, pero su cerebro maquina a mil por hora y antes de que pudiera pensar, una respuesta se formó en sus labios.

—Yo los puedo acercar en mi auto.

Jaemin levanta la mirada de sus papeles nuevamente, confundido y casi sorprendido, pero Jeno puede vislumbrar una pequeña mueca de sonrisa que contorna sus labios, la cual a los segundos desaparece al igual de cómo llegó. El platinado suspira y parece estar pensando su respuesta.

—No es problema —explica Jeno, otra vez atropellando sus palabras y hablando inconscientemente por segunda vez en el día—. Es una forma de repagar por mi error. Yo fui el que te hizo perder el autobús, después de todo.

Jaemin lo mira atentamente, parece estar estudiando su rostro cuidadosamente y Jeno no puede evitar que su mirada se fije en cómo los ojos del maestro brillan y sus labios, remojados y boquiabiertos, brillan a la par. Está seguro de que es una de las personas más bonitas que ha visto, hasta el punto en que su estómago da un retorcijón de sólo pensar que lo fastidió hace unos minutos y que esa fue su primera impresión. En los minutos que parecieron horas, Jaemin respondió:

—Bien.

Le dedicó una suave sonrisa antes de levantarse a guardar el resto de sus cosas en un bolso, mientras Chenle y Jisung volvían con una botella con agua. Jisung se acercó a decirle algo al oído al maestro que Jeno no pudo escuchar, pero sí logró oír a Jaemin diciendo que era su día de suerte al no tener que caminar, mientras acomodaba la campera del chico. Jeno estaba tan perdido que recién se daba cuenta de Chenle pegado a su pierna gritándole que le prestará atención ya que le estaba mostrando un juguete que hizo.

Chenle volvía su vista de su tío a su maestro, y de su maestro a su tío. Tenía su ceño fruncido y Jeno quería reír por la confusión en su cara, pero se mantuvo sereno con una sonrisa. Jeno se paró en frente de su auto y abrió la puerta de atrás, dejando que Chenle se deslizará por el asiento y que Jisung se sentará con él también. Jaemin parecía inquieto por no saber qué hacer, pero Jeno se encargó de abrochar el cinturón de ambos niños antes de dedicarle una suave sonrisa a Jisung, la cual hizo que este último bajará su cabeza tímido. Al cerrar la puerta, se dirigió rápido a abrir la del pasajero, dejando que Jaemin pasará. El otro abrió sus ojos grandes antes de musitar un suave gracias. Con la misma sonrisa que le dio a Jisung, cerró su puerta, tratando de tranquilizar a ambos de su latente nerviosismo ante la inesperada hospitalidad.

—Gracias —le dice Jaemin de nuevo, respondiendo también con una sonrisa que deja a Jeno observándolo de más y acordándose de dónde estaba en el momento en que Jaemin, todavía sonriendo, junta sus cejas confundido por el silencio.

—Ah… —es lo único que Jeno se ve obligado a soltar—. No es nada… Ah.

Jeno se acerca, cubriendo con su torso a Jaemin tomando el cinto de seguridad y cruzándolo por el pecho del otro, abrochándolo antes de volver a su asiento.

El movimiento de las cejas de Jaemin vuelve a cambiar, tornándose para arriba sorprendido y Jeno disipa un rosa casi imperceptible en sus mejillas.

—No me puedo concentrar si no están todos con el cinturón —responde apresurado, carraspeando su voz que salió casi aguda y temblando al volverse consciente de lo invasiva y atrevida que fue su acción. Pero algo de Jaemin lo hacía actuar a Jeno por inercia.

De reojo, ve como el platinado junta sus labios presionándolos fuerte antes de largar una larga exhalación, tratando de bajar la temperatura repentina en su rostro.

—Está bien —responde Jaemin, mientras Jeno arranca el auto y el maestro se da la vuelta para revisar que los dos chicos estuvieran con el cinto, encontrándose con la vista de los dos jugando a la pelea de dedos. Al volver su vista al perfil de Jeno, pareció meditar antes de decir algo—. Jaemin.

—¿Eh?

—Me llamo Jaemin, creo que no lo dije.

Jeno larga otro “oh”, no agregando más a la conversación. Cuando ya está manejando estable, se dirige de nuevo a Jaemin con una sonrisa. Jeno entonces señala su propio pecho y Jaemin entiende el mensaje mirando su delantal, acordándose de su nombre bordado en el costado de su pecho. Entonces, ríe suavemente antes de indicarle a Jeno la dirección de su casa.

—Yo Jeno. —suelta, de la nada—. Digo, ya que estamos. Creo que también me olvidé.

—Está en la planilla de quién retira a los chicos —responde Jaemin.

—¿No decía ahí que no soy el papá de Chenle?

Jaemin abre su boca, pero ningún ruido sale, sino que queda con una expresión de sorpresa.

—Mhm, no. Lo asumí porque… —Jaemin pareció meditar sus palabras, pero desistió a decir las que pensó en primera instancia—. ¿Supongo que por el aura de padre? ¿Es raro?

Jeno ríe, sorprendido por las palabras que crearon una calidez en su corazón. Nunca se había visto a él mismo de esa manera, mucho menos por el hecho de que hoy actuó como un irresponsable, pero pensar en que Jaemin tenía esa opinión de él lo hacía sentir menos inmaduro.

—Es el hijo de mi hermana —responde, con miradas furtivas a su derecha para mirar al maestro, el cual de vez en cuando se gira hacía atrás para chequear a los niños—. No es raro, la verdad es que, desde que pasó tanto tiempo con Chenle, entiendo el sentimiento de los padres. Aunque yo sentí el mismo aura de tu parte, pero más fuerte.

Jaemin lo mira con una sonrisa y larga un suspiro.

—Bueno, supongo que es más fuerte porque Jisung sí es mi hijo. —Jeno lo suponía, principalmente por la mirada de recelo y protección que recibía del niño del otro lado. Aunque es bueno recibir una confirmación de su parte.

—Sí, lo suponía. Se parecen mucho.

Escucha un largo suspiro del rubio a su lado. Jeno se estaba poniendo algo nervioso por el repentino silencio luego de su respuesta, pero cuando el semáforo se vuelve rojo, se permite ver a Jaemin y lo encuentra admirando a su hijo en silencio y con ojos brillosos.

Jeno se siente raro por unos segundos, la sensación de unas cosquillas subiendo por su estómago repentinamente. El mismo sentimiento de saber que algo está por pasar, pero no sabe exactamente qué. Lo único que puede hacer es concentrarse en manejar y seguir el camino que el maestro le indicó, pero no puede evitar llevar su mirada de nuevo al rostro del otro, porque no saber qué está haciendo lo pone nervioso. Es incómodo, pero no es el silencio incómodo de querer que todo termine rápido, sino que es una incomodidad de curiosidad, de querer saber si el brillo en los ojos de Jaemin es algo diario, si sus sonrisas suaves le transmiten la misma calidez a todo el mundo o es algo que sólo siente él. Quiere saber si el entumecimiento y picor en las yemas de sus dedos puede irse si peina el cabello del maestro lejos de su vista para poder permitirle admirar mejor a su hijo.

—No se parece tanto a mí… —suspira Jaemin—. Estoy seguro de que es más parecido a su mamá.

El manubrio se siente más pesado y el aire del auto es casi sofocante. Jeno deja que su sonrisa caiga un poco, pero se niega a que su rostro lo demuestre. Una debilidad suya es ilusionarse tan rápido que su imaginación va más rápido que la rotación de la tierra; quizás hubiera pensado en una respuesta para Jaemin si no fuera porque hace minutos estaba pensando que el rostro del rubio encandila como el sol.

—Bueno, debe haber sacado lo mejor de los dos. Esperemos que no se enoje al ver que tardan tanto en llegar a casa.

—Oh, nos separamos hace mucho. En casa solo estamos Jisung, yo y el perro.

Como palabras mágicas, todo a su alrededor vuelve a flotar en un aire ligero y las comisuras de su labio se estiran aún más, junto con las lunas crecientes de sus ojos, no pudo evitarlo. Jaemin lo ve y se ríe incrédulo, pero no comenta nada de la reacción de Jeno y cómo observó el momento exacto en que los hombros del pelinegro se destensaron.

—Sería bueno darle un perrito a Chenle, pero su mamá me mataría.

—¡No hay nada más lindo para un niño que un perrito! Capaz si le comentas a la madre mejor, o podrías tenerlo en tu casa y Chenle ir a visitarlo. Son muy desestresantes, no hay nada más lindo que acariciar el pelo de un perrito luego de un largo día.

—Yo tampoco puedo tener uno —Jeno sonríe apenado, lo que hace que Jaemin resigne un puchero en sus labios y preguntando el por qué con sus ojos—. No hay tanto lugar en mi departamento y soy alérgico al pelaje de los gatos, así que no sé si sería lo adecuado arriesgarme a averiguar si también los perros tienen el mismo efecto.

—Oh… —Jaemin sigue con su puchero, está mucho más relajado que hace minutos atrás y Jeno se siente fascinado por el cambio al sentirse con más confianza—. Supongo que no le hace falta igual cuando su tío se parece mucho a un perrito…

Jeno suspira ofendido y junta sus dientes antes de largar una risa molesta, mientras la propia risa de Jaemin suena de fondo. Se siente bien, familiar, como si fuera algo que Jeno ha vivido de hace mucho y siente una presión en su pecho cuando presta atención que ya están llegando al destino del maestro y que probablemente sea la última vez que se vean. Al estacionar, Jeno observa por el espejo retrovisor que Chenle le devuelve la mirada mientras Jaemin desabrocha el cinturón de su hijo, que estaba durmiendo en el hombro de su sobrino. Al llevarlo cargando, Jaemin se vuelve a acercar a su ventanilla.

—Gracias por el viaje —le dice, mientras Jisung, que parece estar despertando, pestañea repetidas veces antes de despedirlo con su mano—. Nos vemos mañana.

La frase funciona como un mantra para Jeno, que más que despedida lo toma como una sorpresa que calma su interior, olvidándose que hace unos minutos pensaba que un acercamiento igual con el profesor sería imposible. Pero en lo poco que compartieron juntos, Jaemin parecía mucho más simpático de lo que en un inicio había sido, más dispuesto a soltarse alrededor suyo. Al alejarse, Chenle saca su cabeza por la ventana del auto y le grita adiós a Jisung, que responde moviendo nuevamente su manito y volviendo a enterrar su cabeza en el cuello del rubio. Jeno no pierde la mirada y sonrisa que Jaemin le dedicó por el espejo retrovisor.

—Te gusta el maestro.

Chenle lo sorprende, y Jeno abre sus ojos grandes por el repentino susto.

—¿Eh? —Jeno siente que sus hombros vuelven a tensarse y que su cara arde, Chenle tiene la capacidad de ser tan astuto como un adulto, pero Jeno tiene la misma capacidad de volverse igual de tímido que un niño pequeño—. No, creo que él es amable.

—Jaemin es lindo —le responde, volviendo a sentarse y jugando con su juguete.

Cuando la tarde pasa y Chenle ya está con su mamá, Jeno se encuentra solo pensando en su cama.

No es la primera vez que se siente así al ver a alguien, porque es un sentimiento conocido que puede reconocer. Pero se ve incapaz de trazar las líneas que se desdibujan en la primera impresión que le dio Jaemin. Cuando lo trató frío lo dejó avergonzado y con intenciones de demostrarse intimidante ante él, pero luego las sonrisas crecieron como un fuego que quemó más allá de la impresión que formó hace momentos, dejándolo como un testigo de algo ardiente y acelerado. La naturaleza de Jeno recaía en que su intensidad lo dejaba como una víctima de lo que su corazón decidiera, pero esta vez, no sabe si es porque captó a Jaemin perdido en la misma admiración que él ahora siente; pero sabe que la vulnerabilidad en la que se encuentra puede ser protegida en las manos del amable maestro. Esa noche se durmió pensando en la sonrisa de despedida que le regaló Jaemin antes de entrar a su casa.

Al otro día, no puede ser más consciente del tiempo. Se encuentra a él mismo observando cómo las agujas del reloj se mueven a un paso lento, como burlándose en su cara de la atención inmaculada que tiene en su movimiento más que en su trabajo sentado en el escritorio. Cada minuto se vuelve un minuto menos que descuenta a las horas que restan para volver a ver a Chenle, y, por consecuente, a su maestro. La necesidad de conectarse al suelo con el constante golpe de sus pies en el piso es un mecanismo para tratar de ser consciente en lo que tendría que estar haciendo, más en lo que desea hacer. Pero al ver la lámina delante suyo su imaginación se distorsiona a los ojos de Jaemin curvándose, en las manos de Jaemin, en los labios de Jaemin; y Jeno supone que así es como se siente un hombre en el desierto soñando despierto con el oasis.

Pero cuando llegó al jardín, Jaemin estaba rodeado de padres y la atención que le dio a Jeno fue tan efímera como el pestañeo de tener a Chenle en la mano arrastrándolo al auto luego de despedirse de su maestro. Jeno estaba confundido por la rapidez que antes era costumbre, e incluso, pensó en bajar del auto para repetir el proceso y permitirse tener el tiempo decente del que tanto espero. Pero no podría pasar tal vergüenza solo por su egoísmo, así que decidió volver a manejar a su departamento con la amargura del día. Entonces, decidió poner pausa a la película que estaba viendo con su sobrino y se dirigió a él.

—Me vas a tener que hacer un favor.

—¿Eh?

—Jisung, es tu amigo, ¿no?

—Sí, ¿qué tiene?

Jeno decidió desprenderse de su moral al minuto en que se dio cuenta que, si quería construir su mundo de ilusión, el mejor facilitador sería su inocente sobrino.

—Invítalo a jugar.

Chenle se ríe, en su cara, burlándose.

—¿Y que el maestro esté ahí también?

—En lo posible.

Chenle vuelve a reírse y le arrebata el control remoto de sus manos para volver a reproducir la película. Pero la atención de Jeno está más lejos, las palabras y los sonidos no son nada más que una música de ambiente al tiempo en el que se vuelve a ahogar en la sensación que se esparce por su cuerpo ante el pensamiento de volver a ver a Jaemin de nuevo. Al otro día, Chenle le dice que Jisung le va a decir a su papá que lo invitó, pero no recibe una respuesta hasta una semana después.

Jaemin lo ve caminar hacia la entrada del jardín y se despide de la mamá con la que estaba hablando. Jeno siente que su sonrisa florece de manera inconsciente al notar que, por fin, después de haber esperado tanto, vuelve a tener la mirada atenta del maestro para él.

—Jeno —saluda, volviendo a su sonrisa brillante y con sus ojos arqueando y sonriendo a la vez—. ¿Así que una cita para jugar?

—Ah, ¿Jisung te dijo?

Jaemin asiente, mientras saluda a otro padre atrás. Jeno se queda en su lugar esperando que Chenle se asomará, pero Jaemin se acerca nuevamente a él, acercándose lo suficiente para susurrar en su oído.

—¿Podemos ir cuando se vayan todos?

El corazón de Jeno pega un salto, y con sus ojos como platos, asiente ferviente. Siente que sus manos transpiran y se siente inquieto al ver a Jaemin mucho más tranquilo que él, mostrando a veces como su mirada furtiva se encontraba con la suya y a los segundos volvía a concentrarse en despedir a sus alumnos. Cuando Jeno siente la mano de Chenle estirarlo hacia afuera, su respuesta fue un guiño el cual Chenle entendió. Sonriendo, llamó a Jisung para decirle que iban a seguir jugando.

Al momento en que se perdió viendo a ambos niños correr dentro del salón, siente la presencia de Jaemin cerca suyo.

—Jisung me dijo que Chenle lo invitó a jugar—suspiró—. Pensé que sería bueno si también voy yo, los dos comentaron algo de un parque que quieren visitar, así que pensé que podíamos aprovechar la situación.

Jeno asiente, no escuchando realmente y con su vista más allá de los ojos brillantes de Jaemin, justo en ese momento, se rindió ante él. Incluso cuando no habían hablado hace días, aún si se mantuvo girando en círculos ante un mismo recuerdo, no puede evitar caer ante la misma mirada luminosa del maestro. Entonces, Jaemin roza su hombro despacio para indicarle que ya podían irse y Jeno lo siguió detrás, tomando la mano de Chenle, apretándole suavemente con emoción y dejando que el niño rodará los ojos ante la expresión del adulto.

Es abrumador el sentimiento ardiente que siente en el pecho al momento en que los cuatro están de nuevo en el auto. Todo su cuerpo se destensa, es como volver a casa después de un largo día; piensa que es raro, pero a la vez, es algo que no es nuevo, es algo que ya había sentido desde hace rato y que todo este tiempo lo estuvo tratando de encontrar de nuevo. Es nostalgia, o quizás algo más. Pero se puede limitar a argumentar que no es fastidioso y que podría acostumbrarse a ello.

Jaemin no para de hablar y Jeno se siente aliviado por ello. Al no verlo por tanto tiempo, se carcomió el cerebro con situaciones en las que el tiempo dio reversa y Jaemin había vuelto a ser un desconocido más con el que habló un par de veces. Pero sus preocupaciones solo habían resultado en fastidios, ya que Jaemin le está hablando de cómo sus alumnos le ofrecen todo el tiempo yogurt de frutilla y él lo detesta. Quizás, y solo quizás, Jeno se está tomando su debido tiempo en llegar al parque.

Si bien tardó su tiempo en llegar, las horas pasaban rápidamente. Las charlas no terminaban jamás y estaba seguro de que en algún momento Jaemin ya no sabría de qué hablar, pero cuando estaba seguro de que esto estaba por llegar, Jaemin saltaba con otro tema de conversación y lo hacía hablar a Jeno a la par. Está seguro de que ni su madre sabe tanto de su trabajo como ahora sabe Jaemin. No sabe si esta siendo confianzudo o despreocupado, pero su lengua parece desenredarse solo con la sonrisa amable que Jaemin le dedica. Jisung y Chenle se van y vuelven corriendo, sucesivamente, muchas veces en poco tiempo. Pero en ningún momento Jeno se pierde el brillo de los ojos de Jaemin que sigue tan intacto como lo recuerda.

La mayoría de gente del parque los mira a los cuatro por más tiempo del que Jeno estaría de acuerdo que es normal. Sus miradas quizás pecan de curiosas o bien de ofendidas, no sabe cuál será, su único miedo es que molesten a Jaemin. Pero el rubio lo despreocupa con palmadas en su espalda, consolando como si él fuera uno de sus alumnos y asegurándole de que estaba bien.

—Es que no entiendo qué miran —Dice Jeno, con la voz un poco más alta de lo usual para que la gente de su alrededor lo escuche, Jaemin sonríe y sigue con el masaje en su espalda relajándolo.

—Deben pensar que somos una familia.

—Bueno, está bien. Pero incluso si fuéramos una familia, ¿no está mal quedarse viendo así? —Jaemin se ríe por la exageración del asunto, pero a Jeno no le causa gracia—. ¿Me equivocó?

—No, pero creo que incluso me gusta la idea de que piensen que somos una. —responde Jaemin, el corazón de Jeno da una patada en su estómago y debe esforzarse a no quedar atontado y con sus ojos grandes. Tampoco le disgusta la idea—. Me parece divertido, solo eso. Es mejor pensar que nos envidian antes que otra cosa.

—Si, creo que yo también lo envidiaría —Los chicos están mucho más adelante que ellos, completamente incrédulos de su alrededor y solo concentrándose en los toboganes que resultan mucho más divertidos que los juicios de personas adultas. Jeno está de acuerdo con ellos. Jaemin lo arrastra hacía una banca ya cansado de caminar y ofreciendo un poco del dulce que le compró Jeno (a él, Jisung y Chenle. La billetera de Jeno seguramente también era un juicio de su juntada) larga un suspiro que vuelca la vista de Jeno en él. Resulta abrumador tener la belleza de Jaemin tan de frente, es el único pensamiento que recorre su mente.

—Si… Bueno, no es como si no fuera yo él que arruinó una familia —Responde Jaemin—. A veces, me preguntó si Jisung me odiará en un futuro por no darle una familia más grande. O sea, por supuesto que me tiene a mí, ¿pero es suficiente? Su madre ni siquiera lo llama porque se borró, hice lo que pude para contactarla de nuevo, pero desde que supo que no tengo interés en… Ningún tipo de mujer, simplemente se borró. Es abrumador. A veces es duro ser el adulto, creo que por eso me aferro tanto a esto.

—¿A esto?

—A ser maestro jardinero, digo. Supongo que estar rodeado de niños, además de darte un “aura de padre” es lo único que puede devolverte un poco el niño anterior que tenemos adentro.

Jeno asiente, entendiendo que quizás las cosas que siente por Jaemin por supuesto que son nostalgia y un poco de otra cosa. Chenle lo hace sentir como un niño a veces, pero cree que Jaemin también lo hace sentir como un niño de otra forma; completamente ingenuo e inocente, como si fuera la primera vez que siente algo parecido a amor que no fuera de su madre. Jaemin roza su mano con la suya. Jeno lo busca con su dedo meñique y el rubio la toma, en silencio, sin hablar más. Siente que corazón esta latiendo en su garganta, es como ser pequeño otra vez.

La vuelta a casa fue cálida, los chicos se unieron a su charla desde la parte trasera del auto y eran bastante ruidosos entre los cuatro. Jeno a veces se quedaba mirando el rostro de Jaemin riendo. Jaemin a veces tomaba su mano solo para apretarla. Todo se sentía tan abrumador y como en una burbuja.

—Este es el último día que buscas a Chenle.

—¿Eh? —Jeno casi grita en el teléfono y se atraganta con su almuerzo, su hermana lo había sorprendido.

—Bueno… Te dije que iba a necesitar dos meses, pero ayer me llamó su papá y me dijo que iba a estar acá. Me dijo que quería verlo y le dije que podía ir a buscarlo para pasar tiempo con él.

Está confundido, pero no puede negar que tiene sentido. Tampoco va a reclamarle al padre de Chenle ser un padre. Solo que sabe que eso que siente doler en su pecho y la sensación de querer gritar proviene de su corazón.

—Creo que se va a quedar bastante tiempo, Jeno…

—¿Y?

—Que no creo que tengas que buscarlo más, ¿no te fastidiaba?

—No —Responde, casi sin dejarla terminar—. Nunca me molestó, lo haría todos los años. Lo que sí es fastidioso es su papá comportándose como tal solo cuando le viene la gana.

—Es molesto, sí. Pero no saca el hecho de que es su padre. —Jeno chasquea su lengua molesto y sabe que está actuando como un niño caprichoso.

Su hermana se despide y le repite la condena, como si no la hubiera escuchado la primera vez. Esta molesto, se pasó todo el turno molesto irritado y quisiera saber que otra cosa hacer. Pero el pensamiento de que no vería a Jaemin tan seguido lo perturbó lo suficiente para que en un abrir y cerrar de ojos ya sea la hora de buscar a su sobrino. Arrastra los pies y sabe que se ve como un perro mojado.

Jaemin deja de hablarle a los padres para dedicarle una risueña sonrisa cuando lo ve llegar. Jeno siente pena por demostrarse tan deplorable y rendido, cuando Jaemin se merece que lo reciban con la misma energía. Se obliga a sonreír y acercarse despacio, como siempre, tratando de alargar el tiempo que puede llegar a tener con el rubio.

—Jeno.

—Jaemin —incluso con semanas de interactuar seguido, no sabe como debería saludarlo. Quiere agarrar la mano del rubio, pero con el tumulto de padres y niños un saludo se ve raro. No quiere imaginarse como va a ser la despedida. ¿Es raro despedirse de un maestro? Está seguro de que ni sus alumnos lo extrañan tanto cuando se cambian de curso como él sabiendo que no verá su rostro por un tiempo. Qué delirante, cómo si fuera una competencia de quién merece más la atención de Jaemin, pero es el único consuelo que puede encontrar por el momento.

Chenle asoma su cabeza y salta en sus brazos tan pronto como lo ve, Jaemin se mantiene hablando con una madre, pero Jeno no se pierde la forma en la que sonrió a su dirección y como sus ojos le pedían unos minutos. Jeno quería quedarse el resto de la tarde. Apenas terminó de charlar, el maestro se acercó a ellos y dejó caer sus hombros, como si estar con ellos dos lo relajará.

—¡Jisung está super enfermo! —le dice, casi gimiendo con dolor recordando a su hijo tirado con fiebre en la cama—. Ahora lo está cuidando un amigo, pero Dios, ¡temo que se enferme toda la sala!

Jeno le dedica una sonrisa que siempre parece hacer los hombros de Jaemin destensarse.

—Tranquilo. ¿Le estuviste diciendo a todos los padres lo mismo!

—¡Si! Jeno, si ves que Chenle levanta el mínimo de fiebre, lo pones a descansar, ¡sin peros! —Chenle se cruza de brazos ofendido al escuchar a su maestro, y se queja de algo como “yo hoy quería jugar con Jisung, aunque tenga fiebre, ¡tiene que venir a jugar conmigo!”.

—Tiene que descansar y va a volver a estar bien —responde Jeno.

—Si, acordate que cualquier cosa, a la cama.

—Le digo a mi hermana.

—Oh, ¿pensé que los martes se quedaba con vos? —Jeno suspira, ignorando por completo la punzada de su corazón.

—Si, pero… Creo que es el último día que busco a Chenle, desde mañana lo busca su padre —dice, casi murmurando y muy cerca de Jaemin. Tan cerca, que ve el momento exacto en que los ojos de Jaemin muestran al instante su decepción.

—Ah…

—Si, “ah…”. No hay mucho que pueda hacer, incluso si le digo a mi hermana que-

—¡Está bien! —apresura Jaemin, sin dejarlo terminar—. Está bien, soy un maestro Jeno. No tenés por qué explicarme esas cosas.

Jeno siente que sus ojos un poco más y explotan, Jaemin tenía un leve carmín en sus mejillas, pero se apresuró a despedirse sin dejarle otra opción a Jeno de darse vuelta e irse. Chenle también parecía algo confundido.

—¿Tan rápido? ¿Sin los tartamudeos de siempre? —pregunta Chenle, y Jeno siente sus mejillas explotar por culpa de este niño.

—Si. ¿Qué esperabas?

—Bueno, el maestro si parecía gustar de vos…

Jeno rueda los ojos, ¿qué podría saber Chenle que él no?

—Teníamos que dibujar una familia con los chicos: yo, puse a mamá y a vos. Jisung, ¡también te puso! Yo me quede confundido y le dije que mi tío no es su papá, pero me calle tan pronto como vi que el maestro estaba más rojo que un tomate, ¡me partí de la risa! Los chicos también, pero es la primera vez que veo al maestro tan rojo y encima trataba muy fuerte de no mostrar su sonrisa, ¡pero yo me di cuenta!

Jeno siente que su estómago da un vuelco. Se encuentra todo el camino pensando una y otra vez en la misma anécdota que Chenle le contó, se siente exaltado y raro. Como si supiera que es un cierre, pero no quiere que sea así. Sabe que no es así.

Al otro día, en el almuerzo, Donghyuck le dice que tendrían que irse temprano porque hay una lluvia torrencial pronosticada para las cuatro de la tarde. Jeno no puede dejar de pensar que, a esa hora, tendría que buscar a Chenle, lo que por consecuente a esa hora también veía a Jaemin. Dibuja en su cabeza lo mismo hasta que se sobresalta. Jisung no está yendo al jardín, Jaemin seguramente se queda hasta tarde con los alumnos y seguramente pierda el colectivo; ¿hay alguien que lo busque? ¿Está esperando que pase la lluvia para irse de nuevo a casa? Pero no está pronosticado que termine hoy, sino mañana. A Jeno se le erizan los pelos de la nuca por la preocupación, Donghyuck pregunta casi a los gritos qué está haciendo, planeando salir ahora con esta lluvia, pero Jeno tiene que buscar a Jaemin.

Incluso si ya se fue y no está, lo tiene que buscar. Parece que toda su vida se resume a que estuvo buscándolo, está lluvia lo está congelando, pero el auto lleno de memorias de risas risueñas parece ser lo único que lo mantiene cálido. Cuando llega, entiende que las noticias catalogando esto como un diluvio no estaban mintiendo, las nubes parecían estarse rompiendo y Jeno, en un lamentable intento de mantenerse seco al bajar del auto, llevó su porfolio sobre su cabeza. Logrando que sus cosas y él se empapen, los anteojos llenos de gotas de agua bloqueaban su vista. Pero Jeno es un hombre de costumbres y el camino hacía el maestro se lo ,sabe de memoria.

Hay una inmensa cantidad de posibilidades al momento en que se planta sobre la puerta. Jeno no se considera una persona valiente, mucho menos fuerte. Si recibe un rechazo del maestro quedará en tal estado que su única razón para levantarse sea trabajar; si el maestro no está, se sentirá tan ridículo que deseará nunca más salir de su casa; y por último… De solo pensar en otras posibilidades, un nudo se formaba en su garganta. Jeno siempre esperaba lo peor, todo el tiempo, al parecer es lo único que aprendió en su vida adulta: nunca esperar nada y si esperaba algo, que sea lo peor. Bien por ello quizás es la razón por la que Jaemin le da la suficiente esperanza e inocencia para dejarlo ilusionarse.

Sus manos están mojadas y Jeno no sabe distinguir que son gotas de lluvia y cuáles son sudor de nervios. Decide enfocarse en el fuerte latido de su corazón antes de tocar la puerta del jardín. Adentro, Jaemin parece correr hacia la puerta, como si estuviera asustado de haberse olvidado de algo. Es por ello que al abrir la puerta, Jeno se encuentra con los ojos más brillosos, grandes y atentos que jamás había visto. Su corazón se vuelca como si fuera la primera vez que lo ve y su lengua se enreda con las palabras que preparó en su cerebro antes de tocar. Jaemin solo lo observa, expectante, con sus cejas alzadas y algo encorvadas, sabiendo que tiene que esperar por cualquier cosa que Jeno quiera decirle; no es como si él hubiera estado esperando esto, debe tener menos palabras de las que Jeno quiere expresar ahora. Por eso espera, porque quizás el pelinegro toma el vuelo de las palabras correctas de lo que parece merodear alrededor de ellos.

—Yo… —Jeno tartamudea. Queda en blanco, quizás por más tiempo del que sería seguro pensar que es una persona sana, pero solo suspira antes de largar lo primero que está corriendo por su cabeza, como si fuera la última chance que tiene en esta vida de expresarse con Jaemin—. Realmente no sé qué estaba pensando. Pero cuando vi la tormenta, solo pensé en si estabas bien y que necesitaba verte. Cuando me di cuenta estaba en el auto, la mayoría de la calle estaba llena de agua y tenía miedo de chocar de lo resbaladizo que estaba. Pero también pensé que tenías frío. Así que volví de vuelta, rápido, solo para buscarte algo para que te seques, Dios… Qué inmaduro. ¿No? Lo siento. Tendría que irme. Ahora que veo que estás bien, me siento más tranquilo y creo que volví a respirar un poco mejor que antes; pero si necesitas que te lleve estoy acá, aunque no te quiero incomodar. Si no querés nada está bien, pero no sé, es raro, ¿no? Estoy siendo raro, creo. Lamentablemente cuando te tengo enfrente es como si no supiera reaccionar de otra manera que no sea esta. 

Jaemin parece estar sin palabras, o bien, Jeno se comió todas. El pelinegro no lo sabe. Pero cada segundo que pasa siente que le presta más atención al rostro de Jaemin y se arrepiente de haber explotado de esta manera, tan repentinamente, siente que la tormenta le tapó el ingenio de pensar de forma lógica; pero todo es parte de un instinto cuando se trata de Jaemin. Y confirma que quizá no es el único que actúa por inercia, cuando Jaemin lo cubre con sus brazos y lo deja entrar, permitiendo que deje de mojarse, pero empapando su propia ropa en el abrazo. Jeno está algo confundido. 

—Ah… —En sus brazos y con su rostro tan cerca del cuello del maestro, siente como se relaja y deja salir todo su aire en un suspiro. Jaemin lo está apretando fuerte, tomando su nuca—. Me sentí tan ridículo estos días, me alegra saber que no era sólo yo él que sentía electricidad cada vez que te veía. A veces pensaba que estaba delirando.

—No, no —Jeno se separa de sus brazos, pero Jaemin todavía tiene sus manos en sus hombros. Tiene su rostro tan cerca y sus ojos tan concentrados en él que Jeno teme que sus piernas cedan ante la presión—. Yo también pensé que estaba loco. Casi pienso que todo eran alucinaciones, ¿entonces…? 

—¿Entonces?

—¿Entonces también lo sentís? ¿Sentís como si nos conociéramos hace años? ¿Cómo si te picaran los brazos por no poder tocarte? ¿Estoy siendo intenso?

Jaemin larga una carcajada, Jeno teme, pero se derrite a los segundos cuando Jaemin lo vuelve a apretar y los mece a ambos a la par. Como si tratará de tranquilizar ambos corazones con su delicadeza. 

—Sí, es increíble pero pensaba ¿tardará mucho para darse cuenta…?

—Oh, bueno, no hacía falta que fuera yo el que pierda la cabeza. 

—Si… —Jaemin acaricia su rostro, pasando toda su mano por su mejilla, tan suave que Jeno piensa que es una pluma y no los dedos gentiles del maestro. Parece un trance, la forma en la que llega a perderse en la vista del otro es casi hipnosis—. Jeno, ¿puedo besarte? 

Jeno aprieta la cintura de Jaemin con ambas manos, exaltado. Asiente, porque es realmente lo único que puede hacer al tener la mente tan en blanco. Piensa que tuvo un accidente y murió antes de llegar, porque se siente como un sueño y parece flotar, porque de las miles de posibilidades que tanto rodeaban su cabeza hace minutos, esta es la última que se le ocurría y no había chance de no estar en el cielo. Jaemin se ríe, es una pequeña risa que cesa cuando toma el mentón de Jeno y lo acaricia suavemente antes de cerrar los ojos y dejar flotar sus labios sobre los del pelinegro, pero todavía sin llegar a tocarse. Como si estuviera disfrutando el pequeño aire caliente que se forma entre ellos, disfrutando la respiración entrecortada y larga de Jeno. El pelinegro siente como los labios de Jaemin lo acarician suavemente, como si estuviera tímido de aventurarse más allá. Ante tal desespero y necesidad, Jeno los junta bruscamente y siente como Jaemin se derrite entre sus brazos, por un minuto la fuerza de ambos es lo único que los mantiene de pie.

El ritmo al principio es lento pero violento, como si los meros segundos de no estar conectados los estuviera matando. Jaemin siente que está trastabillando con todos los objetos del jardín mientras Jeno lo mueve para todos lados, buscando más, aventurandose aún más profundo dentro suyo. Su respiración está tan acelerada que le cuesta respirar, pero no quiere separarse, él también quiere cavar profundo en Jeno. Si se separa, luego toma el cabello de Jeno para empujarlo de nuevo a su boca y volverlo a sentir hasta que se sienta de nuevo al borde del colapso. Jeno está masajeando su cadera, Jaemin se siente tan débil que deja que el pelinegro haga lo que desee con él, luego Jaemin encontrará su forma de seguirle el paso. Mientras piensa el cómo, Jeno puede acomodarse entre el hueco de su cuello y respirar acelerado allí tratando de recuperar su aliento mientras deja más besos húmedos en su cuello, deseando que sepa que está ahí, que no se irá por un largo tiempo. Que sólo tiene que pensar en él. 

Jeno siente que está completo, es el epítome del caluroso sentimiento del auto. Es el sentimiento de pensar que este lugar es donde pertenece, que todo este tiempo estuvo dando vueltas alrededor de estupideces solo para encontrar su destino en Jaemin. Es tal la conexión que el resto de su vida parece un borrón, que nada tuvo sentido hasta ahora que piensa que tendría que ser el único que vea a Jarmin así, el único que tiene derecho a cuidarlo, protegerlo y satisfacerlo. Es el único que merece la vista de los ojos vidriosos de Jaemin pidiéndole que siga, que lo apriete más fuerte, que quiere sentirlo más de lo que sea posible. Jeno lleva sus manos por debajo del delantal de Jaemin y siente toda su espalda baja, mientras el otro se retuerce y se abraza aún más fuerte a su cuello.

Jeno lo mira, y sabe lo que Jaemin quiere. Jaemin no lo pide, pero sabe que Jeno lo entendió. Es como un rompecabezas completándose. 

El pelinegro logra levantarlo por los muslos antes de deslizarse por una pared del jardín. Jaemin parece un ángel sentado en su regazo y respirando sobre él, acariciando con su nariz la propia de Jeno. Sonriendo cuando Jeno busca su boca nuevamente. La mano del rubio traza su cuello junto con sus venas antes de posarse sobre su bulto, Jeno suspira.

—¿Acá? —pregunta Jeno, como si la respuesta de Jaemin masajeandolo ferviamente no fuera suficiente. Como si él, no actuando de forma instintiva y tapando la mano de Jaemin con la propia suya, no fuera una invitación a seguir. Sin embargo, el rubio no le responde, solo larga un pequeño ruido afirmativo que vibra en el pecho de Jeno. 

—Acá, dónde sea. No me importa. Pero acá, ya —Jaemin acaricia la mano de Jeno y Jeno, por inercia, la toma y la besa. Jaemin le muerde un dedo y gime cuando siente sus dos erecciones tocarse. Jeno está casi delirando, pero deja que la mano de Jaemin lo guíe a ayudarse a sacarse los pantalones. El rubio también se los saca rápidamente, están en bóxer los dos y Jeno solo quiere sentir a Jaemin más cerca. 

Al momento en que abre los ojos y baja un poco de la nube de calor que significa tener a Jaemin abrazando su cintura con ambas piernas y casi montándolo, decide tomar un poco el control. Erigiéndose contra la pared, apoyando mejor a Jaemin mejor arriba suyo, empieza a moverlo más rápido, casi olvidándose que todavía tenían una tela puesta. Pero la ropa interior no significaba nada si Jeno podía sentir como su erección se frotaba justo contra la curvatura de las nalgas de Jaemin, que casi apretaba ansioso y a la par que su propia erección se frotaba contra el duro abdomen de Jeno. 

Jaemin deja que pequeños gemidos se escapen, casi gimoteos débiles que Jeno acepta que largué sobre su boca, sintiendo que está tan cerca suyo que quizás las exhalaciones calientes de Jaemin son lo que lo están llevando al borde. Los ojos de Jaemin se concentran en los suyos, los brazos del rubio lo están abrazando tan fuerte sobre sus hombros que Jeno no sabe decir si siempre estuvieron con sus frentes pegada o es que fue la fricción de la montada o la fuerza de Jaemin al aferrarse a él lo que los llevó a tal posición. Siente que sus ojos se están desenfocando, y Jaemin está gimiendo un poco más fuerte sobre él, pidiéndole que sea más duro, más rápido. Jeno no puede decirle que no, y sabe que sus dígitos que están apretando tan fuerte a Jaemin le dejarán marcas rojas y moradas después, que tardarán en salir y que Jeno querrá besar hasta que se disipen. Jaemin cierra sus ojos y larga un lloriqueo, es la única vez que deja de mirar a Jeno al momento en que se viene sobre su ropa interior. Jeno se viene a los segundos que Jaemin decide ayudarlo moviendo su mano abajo de sus boxer en un vaivén lento que buscaba terminar con la calentura de su abdomen. Al venirse, Jeno está tan aferrado a Jaemin que solo quiere más, como último premio; muerde fuerte el pectoral de Jaemin y sabe que el rubio está cerrando sus ojos por la manera en que su espalda se arquea sobre sus manos y observa cómo sus pies se aferran y erizan sobre el suelo. 

Ambas respiraciones están agitadas, Jeno piensa que es el hombre más afortunado del mundo incluso si cae granizo y destroza su auto en este momento. Pero por el rabillo del ojo, mientras Jaemin está tomando su rostro para besarlo suavemente, observa que la tormenta paró y que el sol entre las nubes está abrazando todo el patio. No puede evitar sonreír contra los labios de Jaemin y el maestro parece satisfecho por levantarse. 

—Bien, ¿no? —Pregunta Jeno, mientras vuelve a abrocharse el cinto de sus pantalones. Jaemin le saca la lengua y va por sus cosas.

—Podria ser mejor.

—¿Eh? Creo que estuvo bastante bien, ¡es el piso de un jardín!

—Por dios. No me recuerdes donde estuvimos; no sé cómo voy a mostrar el rostro de nuevo acá sin recordar esto.

—Hm. Supongo que voy a tener que volver todos los días para venir a buscarte y encargarme de eso yo —Jeno recibe un golpe en su hombro pero nada puede quitarle la sonrisa egocéntrica de los labios. Pero Jaemin se acerca a darle otro beso, Jeno acepta su derrota y se calla. El pelinegro le asegura que lo va a llevar a su casa, Jaemin toma su mano y ambos se dirigen a su auto. 

—Jeno. Creo que me gustas en serio.

Jeno sonríe una vez que están dentro del auto. No tiene la valentía de decirle que quizás él está enamorado.

—Bien, supongo que es esencial si quiero ser el padrastro de Jisung.

Jaemin larga una risa alta y Jeno se siente orgulloso de su travesura. No puede esperar a que sean otra vez los cuatro en este auto, no ahora que sabe que es la familia que siempre estuvo buscando.