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hyung (wanna be yours)

Summary:

En aquella hermosa casa en Australia y compartiendo habitación con el causante de sus pesadillas, Yeosang sabía que cualquier cosa podría salir mal.

Pero, definitivamente, no había creído que todo empezaría cuando le dijeron que debía dejar que Jongho le lavase los pies.

Notes:

heeey!! acá scar otra vez, pero ahora con un jongsang~~

esta historia la escribí cuando salió treasure film en australia y NO tiene fetiche de pies ni nada de eso (not my thing), sólo me dio mucha gracia lo ridículo que fue ese momento en el programa y quise escribir algo con eso (además de que se trataba de uno de los mayores momentos jongsang en existencia) aaaah recuerdo que, cuando yo comencé a shipear jongsang, en wattpad había literalmente 4 historias jajan't

sin más dilación, disfruten!!♡

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Cuando su mánager los sorprendió dándoles sus respectivos pasaportes, Yeosang no se esperaba nada de lo que sucedió después. Si bien tanto los miembros como él eran conscientes de que realizarían actividades promocionadas por M2, ninguno de ellos se había puesto a pensar en eso ni en qué los harían hacer. Así, ese primer día había transcurrido con tranquilidad.

La casa en la que se quedaron era el doble de grande y bonita de lo que ellos se hubieran imaginado, por su parte, él casi se sentía como un verdadero idol. Lo único que quisiera descartar de la situación era el hecho de que compartía habitación con Jongho, aunque el problema no era justamente el menor, sino él mismo.

Yeosang no recordaba en qué momento las cosas entre ellos se habían vuelto extrañas, quizá sucedió de forma paralela al crecimiento de Choi, tanto mental como físico. Especialmente el físico.

En algún momento desde su debut hasta ese día, Jongho había obtenido más masa muscular de la que él era capaz de reconocer. Intentaba hacerlo, porque podía mentirle a los miembros pero no iba a mentirse a sí mismo, pues pasaba horas (más de las que jamás admitiría) observándolo hacer ejercicio.

Al pricipio se había sentido mal. Una agria mezcla de culpabilidad y consternación se había apoderado de él y, sin olvidar el desagrado hacia sí mismo, atormentaba sus noches. Se había hallado a sí mismo masturbándose en la madrugada, harto de sus pensamientos autodestructivos y con la imagen del menor tatuada en la conciencia. Cuando terminaba, se sentía sucio, como si hubiera cometido un grandísimo error. Su respiración y audición tardaban en volver a la normalidad, pero cuando lo hacían podía oír a Wooyoung roncar en la otra litera, durmiendo plácidamente y sin conocer lo que torturaba a su mejor amigo.

Cuando acomodaba su ropa interior y se daba la vuelta para, nuevamente, intentar dormir, se sentía un pervertido, una deshonra para su familia y sus compañeros. Cerraba los ojos y fingía que no sucedía nada, a veces lograba dormir y a veces no pero siempre, cada mañana, percibía la mirada de Jongho fija en él; como si supiera todo.

Aquello le causaba un gran conflicto. Había una parte de sí, la que poseía cordura y valores morales, que se sentía indescriptiblemente incómoda cuando Jongho se fijaba en él de cualquier manera, su estómago dolía y los ilógicos pensamientos sobre que quizá él sabía lo que estaba haciendo lo abrumaban y lo obligaban a alejarse de él y de todos los demás. Sin embargo, también estaba ésa parte de él, la que se hallaba enterrada en lo más recóndito de su mente y que sólo salía para incitarlo a pensar en el menor de forma impúdica, que se hundía en éxtasis cada vez que notaba la atención de Jongho sobre él.

A veces se sentía con valor y le devolvía la mirada, hubo momentos en los que incluso le sonrió o le guiñó el ojo, mas no duraba mucho. Inmediatamente después se sentía tan avergonzado que su cara se ponía roja y sus ojos se llenaban de lágrimas, era en ese instante, cuando sentía que no podría ser más patético ni aunque lo intentara, que salía corriendo y se encerraba en su habitación. Como era usual, cada que el portazo se escuchaba por todo el departamento, Wooyoung iba con él a intentar averiguar qué le sucedía.

–Lo que sea que te esté pasando; está bien –decía su mejor amigo mientras lo abrazaba y, aunque Yeosang era un poco más alto que él, recargaba la barbilla en su cabeza.

Por eso, lo que estaba arruinando su vida en ese momento era que, en esa casa y compartiendo habitación con Jongho, no podría hacerse bolita en los brazos de Wooyoung mientras lloraba y escuchaba una y otra vez que todo estaba bien. Nada estaba bien para él, menos en una situación como esta.

El día había pasado en cámara rápida y, para cuando Yeosang cayó en cuenta de su realidad, ya se encontraba con su pijama puesto y recostado en la cama que compartiría con el causante de todos sus males.

Había estado intentando despejarse antes de dormir, quería olvidar que era un idol aunque sea durante unos minutos. Necesitaba pensar en algo que no fuera Choi Jongho o, mejor aún, necesitaba no pensar por un rato. Estaba leyendo un manga en Facebook cuando su compañero de cuarto abrió la puerta.

Su teléfono por poco no se estrelló sobre su rostro al caer en cuenta de que el menor acababa de bañarse y estaba vestido únicamente con un pantalón corto que le serviría de pijama. La parte decente de su cerebro intentó hacerle cerrar los ojos pero, como siempre en situaciones similares que ya había vivido antes, su cosa por Jongho fue más fuerte que él.

Yeosang se mantuvo en silencio unos segundos mientras el contrario se secaba el cabello con una toalla pequeña. Cuando Jongho terminó y lo observó, él supo que era hora de parar.

–¿Dormirás así? Es invierno –dijo como pudo, intentando no tartamudear. Su estrategia para conseguir que el menor se pusiera más ropa y lograr no morir a causa de un infarto (o peor aún, una erección), era apelar al frío clima de Australia en esa época del año. Y no era ninguna mentira, pues en el exterior no se podía estar simplemente en camiseta.

–La casa tiene calefacción, hyung. Estoy bien así –aclaró Jongho. Yeosang suspiró, se odió un poco en ese momento pues, además de que su excelente excusa no había servido para nada, había quedado como un idiota.

Decidió no decir nada más y sólo darse la vuelta. Trataría, por todos los medios posibles, de olvidar que el menor estaba allí, así y a punto de meterse a la misma cama que él. Probablemente no dormiría nada y pasaría toda la noche luchando contra sí mismo para no voltear a verlo... quizá no lo conseguiría pero al menos lo habría intentado.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que Jongho se acostó, mas él se mantenía callado. A Yeosang ni siquiera le gustaba, pero en su cabeza sonaba una canción de BTS que Wooyoung había puesto en el coche de camino a la casa. Aquella tonada era su única escapatoria de los obscenos pensamientos que su mente podría llegar a hilar siendo consciente de la cercanía entre el cuerpo del menor y el suyo.

Estaba un poco asustado, ya que no sabía cómo actuar en un momento así. La incomodidad y el lado estricto de su personalidad le permitieron mantener el control de sí mismo en aquella situación, donde sus más bajos instintos parecían ser puestos a prueba por alguna fuerza superior que lo detestaba.

En algún momento, mientras intentaba distraerse, había caído en un profundo sueño. Quizá se debía a la calidez que Jongho irradiaba, y a la cual Yeosang no estaba acostumbrado, pero conciliar el sueño le había sido increíblemente fácil.

No recordaba con exactitud qué había soñado, pero lo cierto era que se encontraba más relajado de lo usual, como si no hubiera dormido junto al causante de sus más recientes pesadillas. Su mente estaba clara y su cuerpo se sentía liviano, como si en realidad no estuviese despierto. Era refrescante.

Ni siquiera se había molestado en ir al baño cuando ya estaba bajando las escaleras, pensando en qué podría desayunar. No obstante, toda su feliz ilusión se destruyó en segundos, al ver a su staff preparando todo para una grabación matutina.

Yeosang no quería siquiera saber la hora y, mucho menos, quería saber qué se suponía que deberían filmar. Suspiró, y estaba a punto de darse la vuelta para ir a cambiarse por ropa más decente y quitarse los anteojos para colocarse las lentes de contacto cuando su mánager le hizo un gesto con la mano, invitándolo a acercarse. A regañadientes, hizo caso.

–¿Sí? –preguntó una vez estuvo frente al hombre. En su tono de voz se notaba su nulo deseo de cumplir con su deber ese día.

–Deben grabar la escena del baño de pies –le explicó su mánager mientras se encargaba de acomodar unas luces–. A mi parecer es algo ridículo, pero está en el libreto.

–Entiendo –aseguró Yeosang, concordando con el mayor. Tener los pies en la tierra nuevamente le hacía sentir un poco inquieto, pues había comprobado que la vida era mejor cuando ignoraba descaradamente la realidad.

–Te recuerdo que tú y Jongho deben lavarse los pies mutuamente –dijo el mayor. Aquel hombre se encontraba impasible, completamente ignorante de todo lo que sucedía en la cabeza del menor. Por su parte, Yeosang intentaba convencerse de que había oído mal, que había ocurrido un error o que su mánager estaba jugándole una broma.

Pero no.

Ya estaba sentado en una silla junto a sus miembros, con sus pantalones de pijama arremangados hasta las rodillas y siendo cruelmente estrujados en sus manos, cuando supo que aquello de broma no tenía nada.

La cámara ya estaba encendida y grababa cada uno de sus movimientos.

Yeosang suponía que Jongho estaba en la cocina llenando de agua el recipiente que les habían proporcionado y, en cierta parte, el no saber en qué momento terminaría y se acercaría a él, lo ponía incluso más ansioso. Temía a la reacción de su cuerpo ante el tacto del menor sobre sus pies. No era como si éstos fueran uno de sus puntos erógenos o algo parecido, sino que él, aunque era una persona medianamente cariñosa con sus amigos, no estaba acostumbrado a ser tocado de esa manera.

Mientras esperaba, Hongjoong y Wooyoung habían comenzado a lavar los pies de sus respectivas parejas en esa actividad. Por unos segundos, estuvo metido en su cabeza y con la mente en blanco, sin oír nada, hasta que la risa mal contenida de Seonghwa lo hizo voltear. Intentó serenarse y mantener la tranquilidad, pero le duró prácticamente nada pues, cuando posó sus ojos nuevamente en Jongho, notó que el menor se dirigía hacia él con el recipiente lleno de agua.

Su corazón comenzó a latir a un ritmo inhumano y todo el nerviosismo que no había sentido minutos atrás explotó y se expandió con velocidad por cada parte de su cuerpo. Contuvo el aire y miró hacia el techo, intentando no pensar en el chico que se arrodillaba frente a él. Se había propuesto no mirarlo bajo ninguna circunstancia, pues eso sólo lograría que se sintiera más incómodo.

Todo estuvo bien durante un tiempo, pues sentía las fuertes y jabonosas manos del menor restregando sus pies. Se sentía extraño, como si tuviera cosquillas y estuviera prendiéndose fuego al mismo tiempo. Había bajado la cabeza pero procuraba mantener los ojos cerrados, Jongho le hablaba de vez en cuando y él hacía el esfuerzo de contestarte algo coherente aunque no le hubiera escuchado muy bien.

Podía soportarlo y estaba bien, hasta que sintió el apretón en el pie derecho. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y no pudo evitar soltar una risa extraña.

–¿Qué sucede? –le preguntó Jongho un poco molesto, pues Yeosang no paraba de reír y moverse.

–Se siente muy raro –respondió él intentando controlarse, mas siéndole imposible. San se quejó de su risa, pues estaba siendo exagerado, y el staff le pidió que se calmara. Respirando hondo y esforzándose en contenerse, logró parar.

Accidentalmente, ante aquella situación Yeosang abrió los ojos y estos se fijaron de inmediato en Jongho. El menor estaba concentrado (Yeosang lo sabía por la forma en la que Jongho fruncía sus labios) y se esmeraba en hacer un buen trabajo con sus pies. Su cabello, al cual se le había ido por completo el tono gris que tenía al comenzar las promociones del nuevo álbum, se dividía a la mitad y caía por ambas partes de su rostro, enmarcando sus facciones. Yeosang no se molestó en disimular su mirada sobre el menor, quizá porque no se había dado cuenta de la intensidad de la misma, y repasó con parsimonia cada rasgo facial del chico, deteniéndose en sus labios más tiempo del que cualquiera consideraría normal.

Y pudo visualizarlo. Duró sólo un segundo y hubiera sido imperceptible si no fuera por el impacto que causó en él, pues la imagen algo borrosa de Jongho presionando sus preciosos labios sobre su pene lo desconcertó y le fascinó a partes iguales.

Ya no había vuelta atrás, no para él.

Trató con todas sus fuerzas de volver a centrarse en el techo o, mínimamente, a mantener los ojos cerrados, pero su mente no estaba de su lado y la parte oscura de su conciencia había tomado el control de su cuerpo.

Logró cerrar los ojos, pero la imagen de Jongho chupando su miembro sólo se hizo más nítida. Las imaginarias pero vívidas sensaciones de la lengua del menor chocando contra su piel y su aliento golpeando su sensible glande eran lo único que su cabeza podía concebir en ese momento, no dejando espacio para nada más.

La cordura comenzaba a escapar por sus poros acompañada de pequeñas gotas de sudor. Estaba sufriendo, pues su creciente erección no tardaría en ser notada por todos los presentes, pero no podía competir contra sus deseos. Su respiración se había tornado errática y su cerebro dejaba de procesar la informción adecuadamente.

No soportaba más.

Con lo último de raciocinio que le quedaba fue capaz de liberar sus pies del ardiente agarre del menor y empujarse con la silla hacia atrás, casi cayó al suelo pero no le interesó. Se puso de pie tan rápido como le fue posible y corrió lejos.

Cuando ingesó al baño lo único en lo que podía pensar era que tenía calor, pues cada poro de su cuerpo parecía estar en llamas. Su garganta estaba seca y su cabeza daba vueltas.

En un primer momento, sólo pretendía calmarse. Se colocó frente al lavabo y abrió la llave del agua fría para poder beber un poco, ya que su saliva se sentía extrañamente espesa y le costaba tragarla. Respiró hondo y se enjuagó el rostro, intentando mantenerse sereno. Sentía sus pies mojados pero aquello poco si le importaba si lo comparaba con la incomodidad que le ocasionaba su pene semi endurecido siendo levemente presionado por su ropa interior.

Había intentado aguantar y se contuvo tanto como le fue posible, pero fracasó. Ahora, lo único que quería era lograr pensar en cosas desagradables que le ayudaran a que su erección bajara sin que necesitase tocarla, pues masturbarse en ese lugar y en una situación como esa era más que arriesgado.

Cerró los ojos, creyendo que quizá su cerebro funcionaría mejor si se concentraba sólo en imaginar cosas que le disgustaran, y sintiéndose tremendamente decepcionado cuando ninguna imagen semejante apareció.

Jongho era lo único que veía cuando cerraba los ojos. Y, si bien venía sintiéndose de esa manera desde hacía ya varios meses, esta vez no era como las demás. No estaba sólo en su cuarto para poder masturbarse y después lamentarse con tranquilidad, en ese momento se hallaba en un país desconocido, encerrado en un baño y rodeado de sus compañeros de trabajo que debían estarse preguntando qué demonios le pasaba.

Lo que pasaba era su maldito pene cada vez más rígido, palpitando e invitándole a ponerle las manos encima. Y lo hizo.

No lo aguantó más y simplemente tiró de sus pantalones, quitándoselos y llevándose consigo su ropa interior. Sin pensarlo demasiado llevó su mano derecha a su boca, depositando sin cuidado algo de saliva en varios de sus dedos, y bajó la mirada, visualizando su propio miembro erecto. Su imaginación volvió y su mano no tardó en rodear su extensión.

«Hyung», decía la hermosa voz de Jongho en su cabeza, mientras lo que antes era una imagen se convertía en un satisfactorio cortometraje. En vez de permanecer estático, el muchacho reconstruido por su imaginación se movía con suavidad, acariciando su pene constantemente tal y como él estaba haciéndolo.

«Yeosang hyung», repetía. Y aquello no hacía más que contribuir al aumento de sensaciones placenteras que habían comenzado a inundarlo. Intentaba no soltar los vergonozos sonidos que se almacenaban en su garganta, pero era jodidamente difícil. Su mano, que al principio había mantenido un torturante ritmo suave, había comenzado a ir más rápido sin su consentimiento. Se sentía bien... pero no era suficiente.

Otra vez, sin meditarlo ni dejando de mover la mano que apresaba su pene, Yeosang levantó su mano izquierda y la guió a su boca, sin dudar en introducir tres de sus dedos para poder empaparlos debidamente.

Se inclinó hacia atrás, recargando su vientre en el lavabo y encontrando una posición nada perfecta para aquello que estaba por hacer, mas no le importó. Su deseo de satisfacerse, el ansia de encontrar el orgasmo y el devastador sentimiento de saberse vacío fueron más fuertes que él, por eso no titubeó al palpar su propia entrada con el dedo medio.

Ardió cuando lo introdujo, pero estaba demasiado ocupado aguantando el jadeo que le provocó el intenso escalofrío que derivaba de aquella acción. Se mantuvo casi inmóvil, su mano derecha seguía estimulando su miembro, aunque más lentamente.

Respiró hondo, sabiendo que la incomodidad de sentirse invadido le duraba apenas unos segundos. Succionó su propio dedo hacia dentro, manteniéndolo quieto por un momento para después retirarlo lenta y cuidadosamente. Las primeras estocadas se sentían extrañas, como si sus dedos no debieran estar allí, sin embargo, pasados unos segundos y después de entrar y salir un par de veces, la fricción se sentía tan bien que Yeosang olvidaba aquel sentimiento de suciedad.

Después de todo, no era la primera vez que hacía aquello y ya había aprendido a ignorar la sensanción de estar haciendo algo incorrecto.

Tenía dos dedos en su interior cuando pudo tocar su próstata. Por momentos, desatendía su pene para poder centrarse en las miles de sesanciones indescriptibles que aquel punto sensible le permitía experimentar, manteniéndose a la expectativa de volver a rozar aquella pequeña protuberancia. A esa altura y con el nivel de excitación que poseía, ni siquiera se esforzaba en ocultar los sonidos que podían llegar a escaparse de sus labios.

Estaba temblando, sudado, terminalmente cansado y rodeado de un levísimo vaho húmedo causado por su propia respiración acelerada e irregular. Su cuerpo parecía mantenerse de pie por pura suerte, mientras que su mente flotaba en una brumosa nube de tranquilidad mezclada con lujuria.

«Yeosang hyung», escuchó, muy lejana, la angelical voz de Jongho otra vez. Y aquello sólo logró presionar alguna especie de botón perverso en su cabeza, pues fue atravesado por un fuerte espasmo, avisándole que se hallaba ante el anhelado orgasmo.

Y hubiera sido así, de no ser porque la puerta del baño se abrió repentinamente.

Yeosang se sobresaltó, quitando de inmediato los dedos de su interior y cubriéndose la entrepierna con ambas manos, aunque su erección aún era visible. De todas formas, hiciese lo que hiciese, ya era tarde. Jongho lo había visto.

–Hyung –pronunció, mas se detuvo allí, sin saber qué más decir. La puerta se hallaba levemente abierta, permitiendo que entrara un poco de aire, mas sin dejar que cualquiera pudiese ver lo que sucedía dentro–. Yo... te llamé por tu nombre varias veces. Creí que estabas ignorándome así que sólo entré.

–Está bien –respondió Yeosang, esforzándose enormemente para que su voz saliera decente y creíble; porque no, como de costumbre, nada estaba bien.


Ambos chicos se mantuvieron en silencio; uno estando demasiado avergonzado como para reaccionar y el otro en extremo confundido. Yeosang, por completo abochornado y cuidando que no se le viera nada más, intentó agacharse para colocarse los pantalones apropiadamente, pero la voz de Jongho lo detuvo.

–Hyung –volvió a decir, esta vez con más seguridad–, no hagas eso.

Y Yeosang no tuvo tiempo de preguntarle qué demonios estaba pasando y quién diablos se creía él que era para decirle algo como eso, pues el menor se apresuró a cerrar la puerta con seguro y se acercó a él.

–No te preocupues, Yeosang hyung. Yo puedo ayudarte con esto.

Y, por un momento, los labios de Jongho sobre los suyos eran lo único que podía sentir. El tacto de las fuertes manos del menor intentando desabotonar calmadamente la camisa de su pijama y su respiración tranquila chocando con la suya irremediablemente alterada.

Yeosang no sabía qué hacer con sus propias manos, pues temía que si tocaba a Jongho, como tantas veces había deseado, él se espantaría y lo dejaría allí. No quería arriesgarse, no quería que lo dejase en ese momento (ni nunca, en realidad, pero aquel no era un pensamiento que le gustase tener y mucho menos analizar).

No supo en qué momento su camisa cayó por sus hombros hasta detenerse en sus muñecas, sin llegar al suelo, pues ante la sorpresa que le provocó el actuar de su menor Yeosang se había aferrado al lavabo, que ahora se hallaba detrás de él. Su torso estaba a la vista y él nunca se había avergonzado de su físico, no hasta ese momento.

Su cuerpo era delgado y un poco fibroso, con algunas curvas que tal vez los hombres no debían tener. Jamás había tenido problemas con ello, él estaba conforme con él mismo. O al menos así había sido hasta que sintió los ojos de su menor sobre él, estando prácticamente desnudo.

La mirada de Jongho quemaba sobre su piel y sus manos, que se habían detenido en su cintura al terminar de quitarle la camisa, se sentían demasiado pesadas. De pronto, él aire comenzó a faltarle.

–Hyung –le llamó Choi, destruyendo la burbuja de inseguridades en la que Yeosang había estado a punto de encerrarse a sí mismo. Cuando el mayor lo miró a los ojos, Jongho continuó–, eres realmente... increíble.

–¿Por qué.. por qué me llamas de esa manera todo el tiempo? –se atrevió a decir el castaño, bajando la mirada con el mayor disimulo posible e intentando ignorar lo que el menor acababa de decir. No quería ponerse más nervioso.

–¿"Hyung"? –cuestionó. Kang asintió, desconcertándose cuando Jongho sonrió, dedicándole esa sonrisita suya tan adorable que se formaba en su rostro cada vez que conseguía lo que quería–. Sé que te gusta que lo haga.

Y antes de que Yeosang replicara, pues su rostro se había vuelto completamente rojo y Jongho lo conocía lo suficiente como para saber que aquello significaba que explotaría en alguna clase de verborrea incontrolable en la que sólo conseguiría dejarse más en vergüenza a sí mismo, lo detuvo.

Esta vez no besó sus labios (aunque moría por volver a hacerlo), sino que se concentró en su cuello. Un poco pálido y muy suave, así era todo él en ese momento, olía a sudor, un poco dulce y ácido a la vez. Estaba exaltado, su corazón latía demasiado rápido y su respiración era totalmente errática. Jongho se sintió enternecido y excitado al mismo tiempo.

El ambiente era pesado y costaba respirar, un inconfundible olor a sexo inundaba todo el lugar. Los besos húmedos que habían comenzado en el cuello habían bajado y ahora eran dejados en partes al azar, tanto en el pecho y el abdomen como en los labios. Debía controlarse y no dejarse llevar demasiado, pues aunque aquella no era la primera vez en la que él estaba en una situación semejante, sí era la primera vez en la que se daba con el mayor. No quería hacer algo mal o ir demasiado rápido, pues no soportaría que Yeosang se sintiera incómodo y se fuera.

Se tomaba su tiempo para todo, lo acariciaba y lo besaba con parsimonia, pasando sus manos suavemente por cada lugar al que éstas pudieran llegar, apretaba y masajeaba, escuchando al mayor jadear por y para él. Se deleitaba con cada sonido y cada expresión que Yeosang le regalaba, atesorándolos en su memoria por si aquella situación no podía repetirse.

Tomó sus labios nuevamente y, al separarse, decidió hablar. Preguntar algo que hacía un tiempo rondaba su cabeza, una duda que esperaba terminase siendo respondida favorablemente para él.

–Hyung, ¿no quieres tocarme?

Cuando aquellas palabras abandonaron la boca del menor, Yeosang no supo a qué se refería. Sin embargo, todas las posibles respuestas lo asustaron.

Si Jongho estaba pidiéndole que toque su miembro tendría un problema, pues él jamás había tocado un pene que no fuese el propio. Pero, si el menor estaba preguntándole si quería tocar su cuerpo... Yeosang sabía que jamás podría decir que no.

Con el silencio que se asentó en la habitación, Jongho se sintió un poco intimidado, creyendo que había hablado demás, pero cuando vio la mano derecha de Yeosang soltarse del lavabo y dirigirse hacia él, respiró aliviado. El mayor dudó y Jongho lo pudo notar debido a que su mano levemente temblorosa se detuvo centímetros antes de alcanzar su sudadera. Yeosang estuvo a punto de volver a la misma posición que estaba antes, con ambas manos alejadas del cuerpo ajeno, pero Choi fue más rápido.

La mano de Jongho envolvió la suya firmemente, sin intención de dejarlo arrepentirse, y lo guió hasta debajo de su propia ropa. Yeosang casi se derritió al sentir la caliente piel de su menor sin nada de por medio. Cada músculo se marcaba perfectamente debajo de una fina capa de piel que volvería el tacto extremadamente suave de no ser por el vello que subía desde su pelvis hasta su ombligo.

Yeosang sonrió apenas, sin saber si dejarse llevar por la timidez que lo hacía retraerse e inmovilizarse, o por la ansiedad que lo consumía al no saber qué sucedería a continuación.

Deseaba tomar la iniciativa y mover su mano hacia abajo, más allá del borde de aquellos jeans y por dentro del boxer negro que sabía que el menor llevaba puesto, quería sentir hasta donde llegaban los azabaches cabellos que decoraban aquel firme abdomen. Sin embargo, la vergüenza, su mayor enemiga desde que tenía uso de la razón, lo obligaba a inhibirse ante el hecho de ser escudriñado por la intensa mirada del contrario.

Podría estar sumido en la más profunda desesperación por probar lo que fuera que Jongho quisiera otorgarle, y lo estaba, jodidamente sí. Anhelaba cada parte del menor, cada detalle; desde la suavidad de sus labios y la aspereza de su toque hasta el desconocido sabor de su semen.

Pero algo siempre debía sentirse incorrecto, algo siempre tenía que estar mal, al menos así era para él, pues su conciencia seguía gritándole que el tocar y desear al menor de esa forma era algo terrible. Su pecho se oprimió por un segundo y sus ojos picaron, olvidando momentáneamente toda la excitación que estaba sintiendo y concentrándose en el espontáneo y ya muy conocido sentimiento de culpa.

–¿Hyung? –fue Jongho el que lo sacó de sus pensamientos, nuevamente, y sin saberlo, actuando como alguna clase de héroe.

Ante el llamado, Yeosang levantó la vista, sintiendo que todas las dudas que anteriormente lo habían arrasado se esfumaban en un parpadeo. Los ojos de Jongho eran lo más hermoso que había visto en toda su vida y, justo en ese momento, parecía estar viendo los tristes orbes de un cachorro abandonado en un día de lluvia.

Sonrió de inmediato, casi como un reflejo al ver aquel rostro que tanto le gustaba. Quizá para que su menor supiera que ahora todo estaba bien, pues él no se iría de allí.

Fue la fuerte mano de Jongho la que movió la suya a lo largo de todo su abdomen, permitiéndole sentir las hendiduras entre los abominables y los innumerables vellos que se extendían hacia abajo, logrando así volver a sumergir a Yeosang en la nube de excitación en la que se encontraba momentos antes.

Su boca estaba seca y sus piernas temblaban, queriendo abrirse por sí solas para dejarle lugar a Jongho. Intentaba controlarse, pero lo tenía tan cerca, con su respiración agitada golpeando su piel y sus regordetes labios bajando con lentitud por sus clavículas y luego subiendo hasta su mandíbula, sin llegar a tocar su boca, tentándolo y jugando con él. Lo que Jongho quería era exasperarlo, llevarlo a un límite en el que dejara de ser el Yeosang de siempre y se liberara un poco. 

Y, fue en medio del turbulento remolino de emociones, cruzando la línea divisoria entre lo correcto y lo que para él era inmoral, que Yeosang sujetó el cuello de Jongho, atrayéndolo hacia sí y chocando sus labios toscamente, bruscos y hambrientos por primera vez después de tantos besos dulces.

Su cuerpo ardía, demasiado sensible y consciente de sí mismo y de Jongho, que con el más mínimo toque lograba sacarle placenteros sonidos de entre los labios. Lo disfruraba, ya sin importarles ser descubiertos por alguno de los miembros o por el mismísimo staff, Jongho se dedicó a tomar todo lo que podía del mayor, mientras éste se dejaba hacer. Yeosang ya no tenía fuerzas para enojarse ni renegar sobre el descaro de su menor al tocarle de esa manera, pues con lo único que su cuerpo parecía responder a los estímulos del rubio era más excitación.

Su pene dio un respingo cuando Jongho deslizó una de sus manos hasta sus susceptibles pezones, mientras que la otra fue directo hacia su miembro goteante y necesitado. A ese punto, Yeosang ya no estaba muy seguro de que le importase el ser escuchado en una situación así de comprometedora, no cuando estaba viviendo una de sus mayores fantasías.

Era irreal, parecía una pesadilla que había acabado como el mejor de los sueños.

Su pecho descubierto fue sorpresivamente atacado por la boca del menor, quien además de retorcer uno de sus pezones, succionaba, mordía y besaba su cuello y clavículas, pasando por ambos hombros y volviendo al inicio. Yeosang, en un lugar recóndito de su mente, deseó que aquello no dejara marcas visibles, mas se refugió en la idea de que la ropa y el maquillaje cubrirían todo.

En algún momento que él no recordaba, sus manos pasaron de aferrarse al lavabo a clavarse en la sudadera negra del menor, apretándola para ayudarse a sí mismo a contenerse. Jongho, sintiendo que ya era el momento y que Yeosang no aguantaría mucho más, se movió lentamente hacia abajo, repartiendo besos en el plano abdomen, el cual podría convertirse sin duda en su parte favorita del mayor.

Repentinamente, Yeosang había dejado de sentir a Jongho tan cerca de él y, al abrir los ojos, notó que el menor miraba fijamente su miembro, con ojitos brillosos y labios enrojecidos, húmedos e hinchados, que se mantenían entreabiertos, esperando alguna clase de señal, un permiso que Yeosang decidió otorgarle casi al instante.

Empezó con una tímida probada, pasando su lengua por la punta rojiza y ensanchada. Yeosang, a pesar de sentir que tocaba el cielo, pudo prestarle atención a la pequeña sonrisa ladeada que el menor tenía en el rostro, y se preparó mentalmente para lo que seguía. Esta vez, no sólo probó con su lengua sino que, a medida que pasaban los segundos, iba introduciéndolo en su boca.

Jongho parecía disfrutar más el hecho de tener al mayor completamente a su merced y el que todo su placer se debiera únicamente a sus acciones que la textura del pene entre sus labios. Para Yeosang, lo peor (o lo mejor, quizá) fue cuando Jongho decidió experimentar y tomó la punta de su pene entre sus labios para luego succionar como si en verdad quisiera sacar algo de él, mientras que su lengua que paseaba una y otra vez sobre el orificio.

En la mente de Yeosang, inundaba por el placer casi completamente, se repetía una única cosa; ¿Cómo la persona que en ese momento succionaba su miembro con ferocidad podía ser el mismo que hace tan sólo unos minutos lo había besado con toda la dulzura del mundo?

Fue allí cuando Yeosang lo supo; él no estaba en el cielo, sino que se hallaba en su infierno personal. Y estaba a punto de mancharlo de blanco.

Pero una de las duras manos de Jongho se posó en la base de su pene, con un firme agarre que lo desquició totalmente, pues no le permitiría correrse. Yeosang lo maldijo, o eso creía, realmente no estaba seguro de nada a esa altura, ya que su cuerpo se hallaba demasiado entumecido.

Jongho, luchando contra su egoísta deseo de seguir engullendo el pene del mayor, se separó unos centímetros. Y, antes de continuar con aquella idea que rondaba su mente desde que entró a ese baño y vio lo que el castaño hacía, se permitió apreciar el desastre que había logrado hacer de Kang Yeosang: su cabello se había ido para todas partes, pegándose a su frente debido al sudor, sus ojos se hallaban lagrimosos y con la mirada desenfocada, sus labios rojos e inflamados debido a la intensidad con la que se habían besado anteriormente, el torso plagado de marcas, su pecho que subía y bajaba de forma desenfrenada, sus extremidades temblorosas y los graves gemidos que se repetían sin descanso en la cabeza del menor.

–Me volverás loco, hyung –susurró sin esperar una respuesta, pues sabía que probablemente su mayor ni siquiera le había oído.

Con más calma, Jongho retomó su labor y la punta de su lengua volvió a juguetear alrededor del glande, las piernas de Yeosang se cerraron por inercia, mas sólo hizo falta un poco fuerza y algunas caricias en los muslos para que él las volviera a abrir, incluso más de lo que estaban antes. Así la idea que Jongho había tenido se hizo insoportable, y ya no podía sólo intentar ignorarla. Ahí fue cuando decidió subir su mano izquierda lentamente por la pierna de su mayor, dejando suves apretones en sus glúteos y deteniéndose al rozar su entrada.

Yeosang se sobresaltó, un poco sorprendido por el inesperado movimiento, quizá algo asustado de que no fuese tan bueno como cuando se lo hacía a sí mismo, sin embargo, muy dentro de sí había estado deseando ese momento durante meses. Por eso, ahora que tenía la oportunidad, que Jongho estaba realmente entre sus piernas mirándolo con tantas expectativas, sin ser obra de su traicionera imaginación... Asintió, permitiéndole al menor terminar aquello que había decidido comenzar.

Y, como ésto no era una de sus fantasías, pensaba disfrutar al máximo.

Ni bien el primer dedo ingresó en su interior, el placer se adueñó de cada una de sus células, haciendo vibrar sus extremidades, aunque sólo duró unos segundos. El hecho de que hubiera estado jugando consigo mismo minutos atrás, cuando aquella locura dio inicio, había logrado que con sólo uno de los dedos de Jongho no sintiera mucho, pero le ayudó bastante al momento en que dos de los gruesos dedos entraron sin problema.

A éste punto, Yeosang ya no estaba pensando, sólo disfrutaba lo bien que se sentía la combinación de la boca del menor alrededor de su miembro y los dedos que lo penetraban sin compasión buscando satisfacerlo de todas las formas posibles. No sabía cómo, pero su pierna derecha había acabado sobre el hombro del menor, que se hallaba arrodillado frente a él. Y fue así que, cuando Jongho golpeó con la yema de sus dedos su próstata, su cabeza quedó absolutamente en blanco.

Una de sus manos tomó el cabello del menor con brusquedad mientras la otra buscaba mantener la estabilidad sosteniéndose del lavabo nuevamente. La pierna que tenía sobre el hombro de Jongho se tensó completamente hasta los dedos de los pies, la otra pierna, que era lo único que le había impedido caer todo este tiempo, temblaba tanto que si Jongho no hubiera estado atento a él y no le hubiese sostenido como pudo, Yeosang habría caído al frío suelo de mármol.

Yeosang sabía lo que aquello significaba. Esas magníficas sensaciones eran las que mitigaban un poco el malestar que sentía cada vez que se masturbaba pensando en Jongho. Pero esta vez, el orgasmo no sería producto de su vívida imaginación y su propia mano, sino de aquel que encarnaba sus fantasías.

Su espalda se arqueó inconscientemente, intentando que los dedos del menor volvieran a presionar aquel punto tan sensible, mas eso no fue necesario. Y, aunque a Jongho no le molestaba en lo absoluto, Yeosang no había siquiera intentado pedirle que se alejara, por ende, todo su semen acabó dentro de la boca del menor, quien al notar esto retiró los dedos de su interior.

Los segundos siguientes al orgasmo eran sagrados para cualquier persona en el mundo, sanadores y relajantes, pero para Yeosang jamás había sido así. No hasta ese día.

La tranquilidad y la paz interior lo abrumaron, pues eran sentimientos de los que se había desentendido hacía bastante tiempo, suplantándolos por la culpa y el remordimiento. Suspiró, disfrutando del silencio.

–Sabe extrañamente dulce –sopesó el menor, poniéndose de pie pero procurando no soltar a su mayor, sabiendo que éste aún se encontraba débil.

Aquel fue un comentario descarado y se merecía que le diera un buen golpe, pero Yeosang no tenía la energía suficiente, así que sólo contesto.

–Pues, me gustan las cosas dulces...

–Lo sé –respondió Jongho, para inmediatamente después dejar un beso sobre sus labios.

Las horas siguientes fueron extrañas.

Jongho había salido del baño minutos más tarde, cuando Yeosang se hallaba un poco mejor y después de haber utilizado algo de enjuague bucal que pertenecía a alguien que, definitivamente, no era él (pues él sólo usaba su cepillo de dientes, pero claro, éste estaba en su habitación). Se había acomodado un poco la ropa y le había dicho al mayor que tomara una ducha y se relajara, que él hablaría con los miembros y la producción.

Después de eso, había abierto la puerta y desaparecido por ella, cerrándola detrás de sí. A Yeosang le costó varios segundos caer en cuenta de todo lo que había sucedido en tan solo media hora y que, lo que pasó entre Jongho y él, había sido real.

Lloró un poco, sí, pues tenía algo de miedo. Quizá después de eso todo se volvería incluso más extraño y su relación cambiaría drásticamente. Aquello le preocupaba demasiado, pues como un grupo, la convivencia debía ser tan cómoda y amigable como fuese posible, ya que era algo de todos los días.

Intentó dejar de pensar y sólo tomó una ducha, quizá la más larga que había tenido en toda su vida, quería atrasar todo lo posible su salida de aquel baño. Pero, por desgracia, el universo nunca solía estar de su lado, así que cuando llamaron a la puerta y oyó la preocupada voz de Wooyoung del otro lado, decidió salir.

Se había visto en el espejo antes de abrir la puerta y lucía por completo normal, idéntico a como había ingresado. Lo único que había cambiado considerablemente era su conciencia sobre sus propios sentimientos.

Quería a Jongho, y esperaba que él no hiciera como si nada hubiese pasado.

Pero éso fue exactamente lo que sucedió. Había salido del baño cuando Wooyoung fue a preguntarle si se encontraba bien y, al llegar al salón se había encontrado a sí mismo siendo observado por todos, incluído el menor del equipo.

–¿Está todo bien? –había preguntado Hongjoong cuando lo vio llegar. Él asintió, diciéndose que era una simple mentira para no preocupar a los demás.

–¿Seguro? –cuestionó Yunho, quien se notaba que no le había creído.

–Sí –contestó Yeosang y, esa vez, mentir no había sido tan difícil. Vio a San abrir la boca para hablar, pero al final no dijo nada y sólo se acomodó en su sitio.

–¿Están todos listos para seguir grabando? –inquirió el director, a lo que todos respondieron afirmativamente.

Y, aunque nadie más le habló, Yeosang sentía ojos sobre sí todo el tiempo. Él odiaba sentirse observado, pero más había odiado la incomodidad que sintió al tener que lavarle los pies a Jongho mientras fingía estar tranquilo. Después de todo, aquello era trabajo y no podía comprometer a sus compañeros ni a su staff sólo porque no se encontraba del todo bien.

Cuando terminó la grabación todo sucedió demasiado rápido, Yeosang ni siquiera recordaba qué había hecho ese día, pues lo único en lo que había podido pensar era en que esa noche también compartía habitación con Choi Jongho.

No quería encontrarse a solas con el menor, así que retrasó su ida al dormitorio hasta casi las dos de la madrugada, cuando decidió que ya no soportaba más y que necesitaba dormir. Se preparó psicológicamente para el rechazo, para oír arrepentimientos e incluso para una posible disculpa, pero nada de eso le sirvió cuando abrió la puerta.

–Hyung –susurró Jongho muy cerca de su oído después de haberlo atrapado en un abrazo tan firme que el meyor no podría librarse aunaue quisiera–, estuve todo el día pensando en ti y en lo que pasó y...

Su voz sonaba pequeña y preocupada, asustada incluso. Fue allí que, por primera vez en todo este tiempo, se le ocurrió que quizá Jongho había estado sintiéndose igual que él; escondiéndose y culpándose como él, asqueado de sí mismo y con tanto miedo de arruinar todo que había hecho lo mismo que él: nada.

Su corazón latió adolorido, no pudiendo soportar la imagen de Jongho atravesando la misma tortura por la que él había pasado. No tardó más en corresponder el abrazo, enredando sus delgados brazos en la espalda ajena y aferrándose a él tan fuerte como podía.

–Me gustas –fue apenas un susurro ahogado lo que el menor dejó salir, tan empañado de inseguridad que no pudo evitar sentirse identificado.

–Yo me siento de la misma manera –respondió él con un tono igual de bajo, su voz grave sería apenas audible si no se encontraran tan cerca el uno del otro. Los brazos que lo apresaban con tanto cariño se tensaron cuando sus palabras llegaron a destino.

–¿En serio? –inquirió Jongho, oyéndose pequeño e indefenso como nunca. Yeosang no pudo más que asentir antes de que Jongho uniera sus labios con los suyos.

Mientras se fundían un un beso tan apasionado como significagico, con sus erráticos corazones latiendo a la par, Yeosang pensaba en cuán valiente el menor era y en cuánto realmente amaba todo de él.

Notes:

qué les pareció?

no les miento si digo que cambié el final como cinco veces en los últimos cuatro años, pero creo que este es el definitivo...

gracias por leer ♡