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De todos los lugares que visitaron este día, Nat nunca pensó que terminaría en una habitación de hotel con P'Max.
Y es que hoy habían tenido un día especial. Después de días de estar ocupados con la vida diaria, el trabajo y los estudios, al fin encontraron tiempo para tener una cita especial con motivo de celebrar su cumpleaños. Max se había encargado de todo y Nat sólo se dedicó a disfrutar de las sorpresas que le tenía preparadas su novio. Disfrutar de la comida, disfrutar de su compañía, atesorar el regalo hecho a mano que le había obsequiado.
Su corazón se derretía cuando imaginaba a su fuerte novio en su casa, tejiendo concentrado y con dedicación el pequeño accesorio felpudo de color azul, con la letra N de Nat de color rosa. Era lo más adorable del mundo, lo único que lamentaba es que al ser una sorpresa no había tenido la oportunidad de verlo trabajando en él en persona, hubiera deseado tomar algunas fotos para guardarlas de recuerdo.
Al menos habían tomado muchas fotos en el parque de diversiones al que fueron por la tarde. Aunque a Nat no le importaba si sus citas eran en el mall o sólo pasar el tiempo juntos en casa, tenía que admitir que ir al parque de diversiones juntos era su actividad favorita. Por eso amaba cada vez que visitaban Japón y conseguían ir a diferentes parques de atracciones, montar las montañas rusas con temáticas variadas y más que nada divertirse como si volvieran a ser niños. Adoraba ver la sonrisa feliz y genuina de Max, también su actitud relajada y afectuosa hacia él, demostrándole con pequeños toques y gestos, con su silueta protectora y siempre pendiente, cuánto le importaba y lo mucho que lo amaba.
Nat se sentía tan amado el día de hoy.
Nunca habían hecho algo como esto antes, es decir, ir a un hotel al final de una cita. Pero no es que le molestase, sólo estaba sorprendido, pues le parecía inesperado. En realidad, el edificio era agradable y además la vista era hermosa. A través de los altos ventanales se podía ver el amplio cielo nocturno y el tranquilo río allá abajo, en el cual navegaban algunos cruceros envueltos en luces de colores. Era una escena muy romántica.
P'Max siempre lograba hacer brillar el romanticismo en las cosas más simples. Le hacía sentir tan enamorado. Amaba eso de él.
El alcohol leve y la altura también tenían algo que ver en la sensación como de flotar en el aire que lo invadía y que hacía fluir las endorfinas en su cabeza.
—¿Te gusta la vista? —De pronto Max se acercó, abrazándolo por detrás. El mayor venía saliendo del baño, luego de acabar de darse una ducha rápida, y vestía una bata blanca muy suave.
—Me encanta, phi. Es preciosa. —respondió Nat, apoyando su cabeza en su hombro y suspirando.
Max besó su cabello y apretó los fuertes brazos que envolvían su cintura.
—Me alegro, bebé. Y una cosa más, el jacuzzi está casi listo.
—Oh? —Nat abrió los ojos sorprendido y luego una sonrisa floreció en sus labios.
—Suena bien? —preguntó Max mirándolo con un brillo de adoración y diversión en sus ojos y una sonrisita satisfecha.
—Suena increíble —río tímidamente el más joven.
Luego se dió la vuelta en su abrazo y rodeó el cuello del más alto con sus delgados brazos. Max pudo ver cómo sus ojos brillaban de felicidad, como si hubiera toda una galaxia en ellos. Amaba a este pequeño hombre demasiado, tanto que a veces sentía que aquel sentimiento no cabía en su pecho.
Max se inclinó, Nat lo recibió y se besaron por unos momentos, simplemente disfrutando de la cercanía del otro y de que al fin podían hacerlo. Con calma y sin apuro, con el estupendo paisaje como su telón de fondo.
Cuando se separaron un momento después, Max guió de la mano a su novio hasta al cuarto de baño donde el jacuzzi ya estaba lleno, espumante y burbujeante, llenando el lugar con un vapor cálido y un suave olor a rosas de las sales disueltas.
Max ayudó a Nat a quitarse la ropa, lentamente prenda por prenda y admirando cada centímetro de su cuerpo, hasta hacerlo sonrojar bajo su intensa mirada. No podía evitarlo cuando la cremosa piel de Nat lo invitaba de forma tentadora a probar su suavidad y descubrir una vez más lo fácil que era dejarla toda enrojecida.
Nat se metió rápidamente al agua después de quitarse la ropa interior, aún era tímido ("para algunas cosas, pero para otras…" pensó Max) sobre su cuerpo, sobre todo si era observado como un jugoso trozo de carne que el dino quiere devorar.
Max lo siguió después, abriendo su bata y deslizandola fuera de sus gruesos hombros para dejarla colgada a un lado. Nat se relamió los labios desde donde estaba sentado sumergido en el agua caliente, y recorrió cada forma de su cuerpo con ojos hambrientos. P'Max era demasiado hermoso, le robaba el aliento.
Cuando Max se metió en el agua y sus miradas se cruzaron, el mayor se mordió el labio habiendo sentido las miraditas de Nat como una caricia sobre su cuerpo, fue todo lo que pudo hacer para no atraerlo hacia su cuerpo y comerle la boca.
—¿Está bien la temperatura? —preguntó con voz más ronca de lo que esperaba.
Nat cerró los ojos y gimió de satisfacción cuando las burbujas masajearon su cuerpo.
—Está perfecta, phi —respondió relajándose cada vez más.
Max cerró los ojos y trató de calmar su corazón mientras disfrutaba del agua caliente. Los gemidos de Nat eran su debilidad y una parte de su cuerpo estaba cada vez más interesado en lo que pasaba en el otro extremo del jacuzzi.
Por su parte Nat consideró que ya había sido demasiado el esfuerzo de mantener la distancia durante el día, pues por varias razones a pesar de ser pareja no podían ser demasiado cariñosos en público, a pesar de morirse de ganas de besarlo cada vez que algo particular le gustó o le sorprendió. Aunque en el auto y en la rueda de la fortuna tuvieron oportunidad de robar algunos besos fugaces. Aún así por fin tenían su ansiada privacidad así que Nat se acercó moviéndose lentamente por el agua hasta invadir el espacio personal del más alto.
—¿Se te perdió algo? —preguntó Max molestándolo.
— P'Max… —se quejó Nat, riendo un poco avergonzado y después haciendo un puchero.
—Es broma, es broma. Ven aquí.
Max extendió sus brazos y cerró sus manos alrededor de los delicados brazos de Nat, atrayéndolo hacia él. Nat no perdió tiempo y se sentó a horcajadas sobre él, las grandes manos de Max sosteniendo alrededor de su cintura automáticamente. Si por este simple ejercicio sus respiraciones se volvieron ligeramente más rápidas y el calor de la excitación se enroscó inquieto y placentero en sus vientres, nadie podría culparlos.
El mayor alzó la barbilla y besó con adoración el lunar en la mejilla de Nat, luego hizo lo mismo con el que había sobre su labio superior y entonces bajó la cabeza para besar el de más abajo que tenía sobre el pecho. Las mariposas revolotearon en el estómago de Nat con cada suave caricia, mientras se aferraba a los anchos hombros del Max, y no pudo evitar que su pene terminara de ponerse duro luego de que la mirada de Max mientras lo desvestía y el espectáculo de su cuerpo desnudo habían hecho ya la mitad del trabajo.
Nat tomó el rostro de Max entre sus manos y subió su cabeza para juntar sus labios en un beso lento y sensual. Cuando el mayor asomó la punta de su lengua para lamer su labio superior, el más joven la chupó con gusto. Y el beso se tornó más lujurioso aunque al mismo ritmo pausado.
Se besaron por un largo rato, sólo disfrutando de la boca del otro y del roce mojado de sus cuerpos. Nat enredo sus dedos en el cabello de phi y él lo atrajo más por la cintura hasta pegar sus caderas y aprisionar juntas sus erecciones duras entre sus vientres.
—Ahh… —jadeó temblorosamente Nat contra sus labios, sintiendo su dureza aterciopelada deslizándose contra la suya.
—Eres sexy, bebé —lo elogió Max, mirándolo con una mezcla de adoración y fuego líquido en sus ojos. Mientras guiaba sus caderas con sus manos para que se moviera sobre él.
Nat bajó su cabeza y mordió su cuello fuerte para después lamer la mordida casi con ternura.
—Hey, no me dejes marca, la gente lo notará —lo regañó Max sin muchas ganas.
Nat torció uno de sus pezones en respuesta.
—Ouch!
—No estás en condiciones de regañarme cuando te pido lo mismo y nunca me escuchas —le recriminó el más joven.
—Lo siento, es que es demasiado fácil marcar tu piel tan blanca —Max pidió disculpas besando su mejilla.
Nat blanqueó los ojos, tratando de no prestar atención a lo adorable que eran sus ojos de cachorrito. Entonces procedió a volver a atacar su cuello, chupando por el costado hacia arriba hasta llegar al punto débil de phi cerca de su oreja.
—Nong Nat~… —gimió deliciosamente Max, provocando que el pene de Nat brincara entre ellos. —Uff… —respiraba y siseaba temblorosamente, mientras el más pequeño le comía el cuello con destreza.
Pronto las manos de Max encontraron su camino hasta el pequeño trasero de Nat y masajeó sus redondas nalgas apretando y separándolas. Mientras Nat volvió a tomar su boca, introduciendo su lengua descaradamente en la boca del mayor, quien disfrutaba mucho cuando hacía eso, el dedo medio de Max acarició la apretada entrada de su trasero, buscando romper la resistencia y meter su falange. No demoró mucho en lograr su objetivo y Nat gimió en su boca cuando lo penetró con su grueso dedo.
—Quiero enterrarme en tu calor, mi amor —susurró necesitado y excitado el más alto.
Nat cerró los ojos y con lujuria empujó contra su dedo para sentirlo más profundo.
—Yo también lo quiero, phi —gimió.
De verdad lo deseaba, tanto como P'Max. Pero aunque no quería admitirlo, se sentía cansado. Habían sido demasiadas emociones en un día, visitaron varios lugares diferentes, incluidos una tienda donde Max compró algunos comics de su saga favorita. Además el agua caliente lo había relajado demasiado. Su batería estaba al límite y sus piernas ya estaban por ceder en esta posición.
—Pero en la cama, por favor… Sólo tengo energía para recostarme y recibir lo que sea que phi quiera darme —confesó con voz suave y un poco ronca.
Max se relamió los labios ante la imagen mental que eso le provocó. Y su pene duro se frotó impaciente contra el de su pequeño nong.
—Estoy perfectamente bien con eso —respondió con voz grave y aterciopelada.
Luego el mayor se dedicó a abrirlo con sus dedos bajo el agua caliente, mientras aferraba su boca a sus pequeños pezones rosados y le daba placer al chuparlos y pasar su lengua resbalosa hasta ponerlos duros y puntiagudos. Realmente amaba sentir a Nat estremeciéndose bajo su toque y gimoteando cuando era un poco rudo. Lo volvía loco. Además, el vapor tibio emanando de la superficie del agua los envolvía persistentemente, otorgándole a Nat un aire de sensualidad y erotismo irresistible. Si le metió los dedos más duro imaginando como lo haría con su pene, su pequeño novio no pudo hacer más que recibir el abuso.
— P'Max, no puedo más… —rogó Nat con sus grandes ojos preciosos. No había forma que Max le negara nada a esos ojitos.
—Vamos a la cama?
—Si, phi.
Max salió del jacuzzi y se secó a la rápida con una toalla, atandosela alrededor de la cintura. Luego ayudó a Nat a salir también y lo secó con la otra toalla para después envolverlo en su bata la cual estaba a la mano. No pasó desapercibido para él el ligero temblor en las piernas de su novio así que lo tomó en brazos al estilo princesa y lo cargó hasta la habitación.
Una vez allí lo depositó sobre la cama y Nat se quitó la bata mientras Max buscaba el frasco de lubricante y los condones que había traído. Estaba totalmente preparado. Quería y había planeado hacerle el amor a su pequeño novio con la hermosa vista de fondo, el cielo inmenso y el río calmo como sus únicos testigos.
Cuando volvió a la cama Nat estaba listo para él. Tendido allí completamente entregado, con su cara sonrojada, su respiración agitada y su pene tan lindo como todo de él descansando duro y rojizo sobre su vientre bajo. Se veía tan hermoso y delicioso. Se sentía tan afortunado de que fuera suyo.
Nat recibió entre sus piernas a P'Max, quien se posicionó entre sus pálidos muslos y se alzó sobre su cuerpo.
—¿Lo quieres hacer en esta posición?
—Sí, quiero que me abraces.
El corazón de Max se derritió un poco y sólo sirvió para avivar su impaciencia, necesitaba hacerle el amor pronto. Puso una almohada bajo su cadera y comenzó a su tarea de prepararlo. Usó el lubricante para dilatarlo mejor con sus dedos y dejar su agujero mojado y listo para él. Nat gimió impaciente, ya había soportado mucho en el jacuzzi, necesitaba tener dentro su miembro caliente y palpitante.
—¿Usamos los condones? —le preguntó un poco sin aire, pensando que con ellos sería más fácil la limpieza después.
—No quiero. Quiero sentirte directamente.
Max no iba a negarse a los deseos de su amorcito, así que los descartó a un lado. Nat lo atrajo del cuello y lo besó profundo, transmitiendole la arrolladora necesidad que sentía por tenerlo. Así que Max se apresuró y se puso en posición, tomando sus piernas por detrás de las rodillas y sosteniendolas, casi no pesaban, Nat era demasiado delgado.
Se empujó contra su entrada y no encontró mucha resistencia por lo que lo penetró fácilmente. Ambos gimieron cuando sus cuerpos se unieron al fin. Nat junto sus labios hambrientos y lo besó mientras Max se concentraba en penetrarlo lento hasta tocar fondo. Cuando estuvo completamente enterrado en su interior Max gruñó bajo disfrutando el delicioso agarre y Nat gimió con una enorme satisfacción:
—¿Tanto querías mi pene? —susurró el mayor contra su boca.
—Si! Estuve imaginando todo el día cómo me lo darías —lo abrazó más apretado.
—Joder, bebé, eres caliente. Te quería tomar aquí, con esta vista tan hermosa como tú.
Nat se sonrojó aún más si fuese posible y miró a través de la pared de vidrio al bello paisaje.
—Me encanta —le sonrió conmovido y feliz.
Realmente estaba disfrutando esto, refugiado bajo su sólido cuerpo, envuelto en su calor. El peso de ese enorme cuerpo saciando una necesidad ciega dentro de él de tenerlo imposiblemente cerca, hasta fundir sus pieles y sus almas.
Max comenzó a cogerlo con pausa y sin prisa, pero constante. Nat sentía cada ligero movimiento, cada roce de sus cuerpos desnudos y de su pene duro en su interior. Era tan íntimo y erótico. Sus terminaciones nerviosas se encendían como fuegos artificiales con corrientes de delicioso placer que iban nublando su mente, y su interior se sentía tan increíblemente lleno que jamás quería dejarlo ir. Se mordió el labio para no gemir desvergonzadamente.
—Gime todo lo que quieras, mi vida… —susurró el mayor en su oído. —Quiero oírte… me prende demasiado…
Max comenzó a empujar con más fuerza, aunque el ritmo seguía siendo pausado y sensual, prolongando el placer lo más que podía a un tempo que los mantenía al borde entre la desesperación y la satisfacción. Cada embestida era suficiente para apaciguar la ardiente llama en su interior y a la vez hacerlos temblar por más. Los gemidos fueron arrancados del cuerpo de Nat con cada penetración porque el choque duro de sus caderas hacía que rozara ese dulce punto en su interior que lo enloquecía de placer y le hacía estremecer de pies a cabeza.
—Se siente… Tan bien, phi…
—Te gusta ahí, bebé? —susurró, puntuando con una estocada dura que lo hizo ver estrellas tras sus párpados cerrados.
—Sí, ahí! A nong Nat... le encanta el pene de P'Max, ngh!...
—Me calientas tanto, joder —gimió lastimosamente Max. —Amo cogerte profundo… —jadeó en su oído, de forma lujuriosa.
—Tan-ngh! Bueno… —lloriqueó Nat, cruzando las piernas detrás de su ancha espalda. —¿También te-... sientes bien? —preguntó entre jadeos, necesitando saber que Max lo estaba disfrutando tanto como él. Necesitaba darle de vuelta el increíble placer que le hacía sentir.
—Aahh, sí, mi amor… —le aseguró el mayor entre jadeos y gemidos. —Siento cada espasmo a mi alrededor cuando rozo tu punto dulce. Me succionas tan profundo, se siente increíble.
—Más rápido, ~Max~ —sollozó Nat en su oreja, estaba a punto de perder la cabeza por la necesidad.
Y joder, momentos así le recordaban a Max lo básico que eran sus instintos. Sólo escuchar a Nat diciendo su nombre directamente y con acento occidental, lo hacía salivar de excitación. Joder, si tuviera cola la estaría agitando ahora mismo como un perro. Pero en vez de agitar una cola inexistente, sus caderas se movieron como por un hechizo y aceleró sus embates, recrudeciendo su ritmo y fuerza.
En este punto nada coherente salía de la boca de Nat, sólo gemidos altos y pequeños gritos que a Max le sabían a gloria. Él no estaba en mejores condiciones tampoco, convertido en un manojo de jadeos y gruñidos excitados.
—Di mi nombre, bebé… —le rogó a Nat entre gruñidos. Su pequeño novio no imaginaba la subida que le daba oírlo.
—M-max~.... Max~… Oh, Max~ —gimió sin control el más joven.
Joder, joder, lo volvía loco. Ya estaba cerca y el agarre cada vez más apretado sobre su pene, le decía que Nat también.
—Juntos… por favor… —Nat jadeó desesperado contra su mejilla, su cuerpo a punto de estallar.
—Estoy contigo, amor… —siseó el mayor, sintiendo que su pene se iba a derretir en su exquisito calor apretado.
La mente de Nat estaba tan nublada por el placer que no podía registrar nada más que no fuera la voz ronca de Max y el empuje brutal de su cuerpo.
—Te amo… —Nat gimió entrecortado contra sus labios, alcanzando una nueva altura en su éxtasis al decirlo. —Te amo… Te amo, Max~!
—También te amo demasiado —respondió y lo besó desordenado por el movimiento.
Los ojos de Nat se llenaron de lágrimas sin querer. Fue demasiado abrumador el sentimiento de felicidad que inundó su pecho.
—Ahora córrete para phi, mi bebé precioso—susurró entre jadeos y con los dientes apretados.
—Phi…! —Nat enterró las uñas en su espalda, sintiéndose a punto.
—Shhh… Déjame verte, hermoso. Sólo deja que pase. Eso es.
Nat no pudo contenerlo por más tiempo, como si Max lo hubiera arrancado de él y se vino con un estremecimiento de todo su cuerpo y un gran gemido de satisfacción, eyaculando contra los abdominales dorados de su phi y sobre su propio vientre pálido, derramando todo su lechoso líquido. Max lo sostuvo cerca mientras cerraba sus ojos y se venía en su suave interior, impregnado sus tiernas paredes que lo aprisionaban sin piedad.
Por unos momentos sólo sus respiraciones agitadas se escucharon en la habitación, mientras sus cuerpos se recuperaban del intenso placer que los arrolló con fuerza. La energía inquieta del día o más bien la estática de la tensión sexual entre ellos, con la que habían cargado todo el día, al fin calmándose y asentándose en sus huesos como una manta de satisfacción.
Max limpió sus lágrimas con su mano de forma dulce, las cuales el menor había derramado en la intensidad del momento. Y luego besó de forma lenta y perezosa a su pequeño novio tendido debajo de su cuerpo, mientras sus corazones se calmaban. Aunque Nat aún estuviera perdido en la nube de felicidad post-orgásmica, sus extremidades envolvían el robusto y sólido cuerpo sobre él como si fuera un pulpo que no quiere dejar ir a su captura. Enredados uno con el otro, no había mejor lugar en todo el mundo en el que quisiera estar.
De pronto, Max se incorporó en sus antebrazos para salir de Nat y recostarse a un lado, pero el menor lo retuvo del brazo:
—No salgas todavía —se quejó con un puchero adorable.
—Ya estoy blando, teerak —le dijo depositando un suave beso en su frente sudorosa y sonrió, negando con la cabeza. A veces Nat era demasiado peligroso sin siquiera darse cuenta.
Max se recostó a su lado y lo abrazó por la espalda.
—Entonces mañana continuamos? Podrías despertarme con tu pene… —susurró su niño travieso, soltando una risita.
—¿Cómo así? —Max lo miró divertido. Ya había aprendido que lo que Nat no tenía en experiencia le sobraba en imaginación.
—Me despiertas mientras me lo haces. Siempre he querido saber qué se siente.
—¡Por dios, N'Nat! —se quejó el mayor, aguantando la risa. Aunque no quería admitir que la idea le calentaba un montón.
—Sólo digo… ya que a P'Max le gusta mirarme dormir, también puede meter su pene.
Max sintió su cara calentarse. Espera, espera. Cogerse a Nat mientras estaba dormido e indefenso no debería ser una idea tan atractiva. Era bizarro como mínimo. Por otro lado, era tan lindo cuando dormía y podía manejar su cuerpo como quisiera, sería como un muñequito… Woah, qué es esto, su pene estaba muy interesado en la oferta.
—Lo pensaré —murmuró entre dientes, avergonzado de cuánto le gustó la idea. —Ahora deberíamos tomar un baño antes de dormir.
—Tengo sueño… —se quejó Nat. — ¿Me cargas? —le sonrió.
—Por supuesto, bebé —acarició su cabeza el mayor.
Unos minutos de descanso después, Max se levantó y tomó en sus brazos a su pequeño novio mimado como si fuera un koala. Lo cargó hasta el baño y los metió bajo el agua caliente de la ducha. Lavó el cabello de Nat con un champú que olía a frutas y luego Nat lavó su cabello también, sin poder evitar robar un par de besitos en el proceso.
Luego de terminar de lavarse Max los secó con dos grandes toallas blancas, nuevas y muy suaves y agradables. Después le secó un poco el cabello con el secador de pelo para que no se fuera a dormir con él húmedo. No quería que se resfriara. En este punto Nat estaba cabeceando de sueño, así que Max se apresuró y lo llevó de vuelta a la cama donde se metieron bajo la colcha y se acurrucaron desnudos.
—Gracias por todo lo de hoy, P'Max —murmuró Nat, arrastrando las sílabas producto del sueño. —Fue un día perfecto, amé cada segundo.
Max sonrió conmovido y sus ojos se humedecieron ante el sentimiento en su pecho que era de tanta plenitud que nunca creyó posible sentir algo así.
Enterró su nariz en su cabello fragante y respondió:
—Me hace feliz que lo hayas disfrutado tanto, teerak. Eres la persona más importante en mi corazón.
—Tu también… te amo —Balbuceó apenas inteligible y quedándose dormido.
Max lo observó dormir apaciblemente por unos minutos, su boca entreabierta y su respiración lenta, sus pestañas largas y su rostro angelical. Era lo más bello de lo que una persona podía ser testigo. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando con pesadez, hasta que el sueño lo venció también.
Se durmieron con la esperanza de un nuevo día, en el cual podían seguir juntos y amándose de mil maneras, en mil lenguajes diferentes. Cada mirada, cada sonrisa componía la danza de sus corazones que orbitaban entrelazados como atraídos por la gravedad. Eterna, inquebrantable e inescapable como la gravedad, así era la fuerza que los atraía. Y nadie más feliz que ellos de dejarse caer en la profundidad del amor que compartían.
Fin
