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Pablo cree en el horoscopo.
Una vez por semana, cada jueves, después de salir del colegio a las seis menos veinte, Pablito va con una sonrisa de oreja a oreja hasta el puesto de diarios y se pide la revista adolescente del momento. Que viene con consejos de belleza, noticias sobre los idolos jovenes que comienzan a surgir y, lo mas importante y por lo único que Pablo gasta su dinero, la sección del horoscopo semanal.
La verdad era que, aún estando en su ultimo año de secundaria, su vida es demasiado monotona y aburrida. Cotidiana, nunca algo nuevo en ella. Es por esto que leer esta sección cada jueves le brindaba algo nuevo y no tan repetitivo.
Esta semana, la revista les aconsejaba a los escorpianos como él, que tuvieran cuidado con los impulsos, que dejen de pensar mucho en cosas viejas y por último, y lo que mas emociona a Pablo, es que podría llegar a ocurrir algo en su vida que lo cambiaria por completo. Podría tratarse de algo o de una persona, y eso lo emociona.
Ah, también que tuviera mucho cuidado con cáncer y la letra R.
- ¿Otra vez leyendo esa mierda?
Pablo deja su revista a un lado y mira a su padre, listo para enfrontarlo y comenzar una discusión. - ¿y qué esperas que haga? Si no me dejas salir ni a la esquina. ¡Ni siquiera dejas invitar amigos!
- ¿Para qué querés salir? Así te va a ir si... te seguís juntando con esos villeros.
El adolescente se levanta, con revista en mano, y pega media vuelta.
No tenía sentido seguir discutiendo con él, nunca cambiaria su pensamiento y jamás lo dejaría en paz, siempre lo vigilaría de cerca y le prohibiría cualquier cosa que podría llegar a hacer feliz a Pablo.
- Ortiva y cobani tenías que ser.
Escucha como su padre toma aire. Rápidamente se tapa los oídos y cierra las ojos, listo para oír a su padre gritar como un loco recalcandole lo inrrespetuoso y desagradecido que era.
- ¡No te lo digo más! ¡Andá y ayuda a tu madre con la cena!
Pablo no se voltea y solo rueda sus ojos para ir hasta donde su madre se encontraba cocinando. Realmente odia ser hijo único y el tener que soportar a sus padres solamente él. Le encantaría tener uno u dos hermanos, así sus padres tendrían a más de una persona para molestar.
- Pablito, ¿ahora qué hiciste?
- Nada, mamá. - se excusa, buscando los platos para ir preparando la mesa. - Lo mismo de siempre, papá se queja de todo. No entiendo por qué no me deja salir.
- Entendelo, Pablo. Tu padre quiere lo mejor, ya sabés que cuando él no está, yo te dejo salir todo lo que quieras...
- ¡Pero la verdad es que yo no entiendo por qué no me deja salir! ¡Se piensa que me va a poder cuidar para siempre! - Comienza a quejarse, incluso con ojos llorozos por la frustración y la bronca. Él solo quiere ser un adolescente común y corriente que sale con amigos y se divirte. - ¡explicale y decile que no puedo vivir en un castillo de cristal!
Pablo ve entrar a su padre y ya empieza a enojarse más, ¡No lo soporta!
Se limpia con brusquedad los ojos y ya ve venir la charla de siempre que su padre le da.
- ¿Por qué mejor no le explicas lo peligoso que está todo?- Con el ceño fruncido su padre se acerca. - ¿O no sabÍas que los pendejitos de tu edad, con los que seguro te gustaria juntarte, ya andan robando?
- ¡¡Eso no significa que yo vaya a hacer lo mismo!
Grita con todas sus fuerzas, casi quedando afónico. Sus padres lo ven atonitoS y él solo puede pensar en que no quiere que lo vean llorar, asi que se va lo mas rápido que sus piernas le permiten y se encierra en su cuarto, dando un portazo para despues tirarse en la cama, enterrar su cara en la almohada y llorar en esta.
Y así queda completamente avatido, quedandose dormido entre lágrimas y pensamientos no muy buenos sobre su padre.
Necesitaba un poco de libertad, por lo menos el experimentar ir al colegio solo, ir a futbol solo, ir a comprar solo... tener un poco de independencia. Despues de todo, no faltaba mucho para que cumpliera los dieciocho.
[...]
Su cabeza duele, sus ojos están pegados y su boca pastosa. Se estira un poco en la cama y se queda mirando el techo, supone que no eran siquiera las seis de la mañana porque todavÍa se veÍa oscuro afuera.
Suspira.
Qué vergüenza.
Siempre siente vergüenza luego de pelear con sus papás, porque terminaba llorando, gritando y reprochando cosas que después lo hacían quedar como un boludo y un débil que llora por caprichito.
Bufa y se quiere despejar, pero un ruido lo detiene, despertando su curiosidad.
Otro ruido se escucha.
Y otro.
Viene de afuera... algo de dice que no chusmeé, que era mejor llamar a su padre y que él se fijara, pero después, se acordó del horoscopo. Asi que mandó todo a la mierda y despacito con puntitas de pie fue hasta su ventanal, abriendo solo un poco para ver de qué se trataba.
Quizás era un ladrón, un animal, el viento...
Y si, no le sorprende, al estar en Argentina maS que nada, se trataba de un ladrón.
Uno flacucho que al parecer no le importaba robarle al policía del barrio y que tampoco se preocupaba por taparse el rostro u ser cuidadoso.
Pablo cree que quizás tenían la misma edad, y se pregunta si es éste uno de los famosos chorros de la esquina que tanto hablaba su papá.
Toma valor y abre la ventana completa, llamando la atención del muchacho que trataba de desatar la bicicleta que estaba en el arbol de su patio. SU bicicleta, para ser claros.
- ¿Qué hacés?- Sin miedo pregunta y el ladrón lo mira desde abajo, tironenado la bicicleta.
El chico no le contesta y sigue con lo suyo. Pablo se sorprende un poco, le parecía extraño como el pibe ni se inmutaba y le importaba poco ser descubierto.
- Esa es mi bicicleta.
- Ya sé. - Por fin le contesta, ya pudiendo subirse a la bici. - Te la pido prestada un ratito, ¿eh?
Pablo lo mira incrédulo, listo para amenazarlo con llamar a su padre.
Pero se acuerda del horoscopo. Y sonríe.
- Ok.
- ¿En serio?
- Sí, yo no la uso. - Contesta como si nada y se permite mirar más a detalle al joven que sonreía y daba vueltas cortas en el patio, parecia feliz de tener aquella bici. - ¿Por qué querias robarla?
- Yo no la estaba robando, la estaba pidiendo prestada, ya te dije.
- ¿Y para qué?
- No sé... para boludear por ahÍ.
El rizado se queda pensativo un rato, todavía observando al joven ladrón. Era lindo, tenía una camiseta de Boca Juniors y unos shorts del mismo equipo, también tenía una sonrisa muy linda y al parecer, por la poca luz del farol, también tenía pecas. Pablo se encuentra más que interesado en saber sobre él, asi que se arma de valor y decide tomar esta desición de establecer una conversación con él y saber más cosas sobre el muchacho que había intentado robarle.
- ¿Cómo te llamás?
- Román ¿Y vos?- Le contesta con tranquilidad, tapandose de la molesta luz para intentar ver al dueño de la bicicleta.
- Pablo.
- Ahh... Pablito, sí.
- ¿Me conocés? - su curiosidad crece y hasta se emociona un poco.
- Algo así. A veces te veo y conozco tu nombre por ser el hijo del yuta este.
- ¿Yut?¿
- Tu viejo.
Pablo ríe, no había escuchado nunca esa palabra.Ahora tiene un nuevo apodo para molestar a su padre la próxima que discutan.
Escucha como el ladrón, o mas bien Román, ríe también.
- Te tengo una propuesta. - Pablo empieza y escucha como Román murmura un ''uhh''.
- No me va a salir gratis la bicicleta, ¿No?
- Nada es gratis.
- Bueno, a ver, decime.
- Te regalo la bicicleta, pero solamente si devolvés las cosas que te andás llevando.
Román chasquea la lengua, haciendo montoncito con sus dedos. - ¿Pero quién sos ? ¿Robin Hood, boludo?
- Robin Hood robaba para los pobres, yo te digo que devuelvas las cosas nomás.
Pablo ve como el morocho dudaba, haciendo una mueca. - ¿Pero me gano una bici nomas?
El rizado piensa un poco mas, hasta que se le ocurre una idea. - Bueno, si me llevas con vos a devolver las cosas, te doy otras recompenzas.
- Trato.
Y Pablo ve como Román se va disparando con su bicicleta y no sabe si de verdad cumpliría con su promesas, pero él iba esperarlo.
La idea de conocer más a Román le emocionaba.
