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Lo unico que falta (eres tú)

Summary:

El mundial Qatar para Leo pintaba todo de rosas a la luz del día, con dos copas ya ganadas con la selección y con un equipo más fuerte que nunca que prometía la copa, no había motivos para sentirse mal.

Por eso el capitán no llegaba a comprender del todo ese sentimiento de vacío que lo consumía cada noche en esa habitación de dos camas, cuando notaba la ausencia de cierto compañero que ya nunca volvería a un mundial.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Llegada a Qatar

Chapter Text

La vida en el mundial a la plena luz del día era un sueño hecho realidad. Los entrenamientos eran vivaces, los partidos eran intensos e inolvidables. La selección era la mezcla perfecta entre compañerismo y hermandad, a todo o nada, fruto de los ideales de su grupo de técnicos manejado por Scaloni y los propios jugadores, viejos o nuevos, que ya habían bebido de la copa de la victoria pero esperaban sedientos por una todavía más dulce y llenadora.

Por eso Lionel se sentía tan confiado de sí mismo a la luz del día, tan enfocado en dar lo mejor de sí para que su equipo encontrara en él un líder, una figura a seguir con los pies en la tierra y la sonrisa latente a la que pudieran acudir si en algún momento sentían aunque sea un segundo de duda en sí mismos. Leo se sentía a la luz del día como si pudiera tocar el cielo con las manos.

Por eso el choque al caer la noche era tan desconcertante que Leo sentía que se caía al vacío. Por qué no entendía lo profundo de la pérdida hasta que estuvo en esa habitación fría de hotel acostado boca arriba con las manos cruzadas en el pecho, alumbrado con la luz tenue de una luna a medias que apenas le dejaba ver. Era desconcertante para el delantero, llegar a sentir ese vacío simplemente por ver la cama completamente impoluta a su costado a la que sabía que nadie vendría a acostarse en ella. Que Kun, esa vez no vendría.

A Leo le costó conciliar el sueño en las noches de su estancia en qatar.

Por supuesto las primera noches asoció el repentino insomnio con los nervios propios de una empresa de tal envergadura como un mundial, demasiado avergonzado para siquiera pensar en una idea que era a sus ojos era sencillamente ridícula. La presencia de un compañero de selección no podía generarle tanto como para ser incapaz de descansar tranquilo sin escuchar la lentitud de su respiración dormida.

Empezó a sentir indicios de esa pesadez sin embargo antes de aquella noche en Qatar, pero solo logro pensar en ello cuando estaba solo entre cuatro paredes. Esa primera vez que sintió el vacío coincidió con el primer entrenamiento a puertas cerradas con el equipo en Qatar, para introducir a sus cuerpos y mentes a las condiciones del lugar y volver a poner en funcionamiento a los músculos adormecidos por el largo viaje. El entrenamiento fue tan largo como era esperado pero lo que hizo a Leo sentir la pesadez aplastante no tomó más de 5 minutos y lo dejó con menos aire que cualquiera de los ejercicios físicos hubiera sido capaces de quitarle.

La selección de los cuartos siempre había sido una decisión sencilla para el delantero estrella, una decisión que no le solía tomar más de unos segundos. Para su misma extrañeza, esta vez fue el último en responder a la pregunta de Aimar, a quien le habían dado la tarea de agruparlos en pares.

Varias propuestas de algunos compañeros ofreciendo su compañía le habían llegado, pero aunque Leo se llevaba muy bien con ellos y nunca se negaba a una que otra partida de cartas con mate al lado, el solo pensamiento de llenar esa cama a su lado que no fuera Kun no se sentía correcto.

Con su mejor sonrisa aclaró que prefería tomar el cuarto solo. Aimar pareció entenderlo porque luego de una no muy discreta mirada del técnico a Scaloni, este asintió cortésmente y aclaró que haría lo posible para acatar la decisión del capitán si se le era permitido.

Fueron las palmadas consoladoras a su hombro por parte del técnico al irse y la mirada discreta de preocupación de sus compañeros que se sintieron como un balde de agua fría. Al final de cuentas era demasiado sabido la preferencia casi obsesiva del capitán por su compañero de cuarto. Siendo Messi un ser de costumbres y emociones fuertes, nadie del equipo y ni siquiera el propio Leo tenía idea de lo que sería de él estando solo. Momentos como ese volverían a repetirse si Leo no demostraba a los demás que la pérdida no era capaz de diezmar su ánimo.

Esa noche debido al jet lag y a un nudo en la boca del estómago que no podía identificar convirtio su sueño en uno ligero y corto. Como a las 4 de la mañana, desistió en conseguir algo de sueño decente y volvió a pasarlo mirando el blanco cielo raso iluminado por la luz azul de la luna.

Leo intentaba decidir si llamar a Kun podía llegar a ser una buena idea, si podría llegar a contarle de cómo le fue en el primer entrenamiento, de que la comida del hotel era una de las más ricas que había probado luego de las milanesas con pure de su madre, que la habitación de hotel tenía una nevera con su helado favorito. Cualquier señal de vida de Kun le vendría bien, simplemente volver a tener esas charlas sin sentido tirados en las camas con el cuerpo y mente adormecidos debido a las prácticas exhaustivas. Donde la risa era floja y no importaba del tema que hablaran, mientras se lograra sentir la presencia del otro en la habitación hasta que un sueño pesado y tranquilo se los llevara.

Leo terminó levantando el teléfono y revisando un whatsapp reventado a notificaciones de diversos numeros de telefono que nunca lograba leer todos como era costumbre desde hace años. Término bajando el brillo que lo ponía ciego y buscando el número de una conversación que lo sacara de su propio insomnio.

Al final, terminó llamando a Antonella. Al sentir que esta le respondía a tales horas de la madrugada cuando probablemente estuviera tan mal del jet lag como el y encima cuidando a sus tres hijos lo hizo sentir una punzada de culpabilidad en el pecho.

Antonella sabía que su esposo no era capaz de llamar ni contestar mensajes en medio de un mundial. Sabía que en una ocasión tan especial como esta, Leo se internaba en el hotel de la selección y tenía todo su tiempo y atención puesto en su trabajo. Aun así este solía llegar a contestar con algún que otro sticker a su esposa, mayormente algún video de sus hijos que ella se encargaba de hacer partícipe.

El Leo del mundial no era su Leo, y Antonella lo tenía sabido y asimilado. Por lo que debió haberla tomado de sorpresa la llamada tan repentina que ni él se había esperado.
Para su sorpresa, Antonella no se escuchaba en lo más mínimo sorprendida. Incluso contando como si nada que esperaba una llamada del contrario en algún punto dado.
Ninguno comentó nada más del asunto, desviándose por temas cotidianos como si estuvieran tomando un mate una tarde cualquiera en su casa en Rosario. Leo sabía el por que Antonella le había dicho que esperaba su llamada, Leo sabía el por que sus compañeros lo habían mirado raro.

Todo se desviaba al mismo punto, todos esperaban la misma reacción de él. Era impresionante lo que su círculo cercano asumia de su estado de ánimo por algo que no debía ser la reacción normal.

Leo se empezó a preguntar si había cierta verdad en esas dudas. Y que extrañarlo no era una idea tan loca como había pensado en un principio.