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Entregar la camiseta a tu rival es algo positivo, es una acción que demuestra respeto; sin embargo, el pequeño margen de error se encuentra en pensar que siempre fue de esa manera y que era la única razón que tenía un futbolista para entregar algo de su propiedad.
Fue una lucha de más de 100 años, tiempo en la que era prohibido que los Omegas jueguen, puesto a la creencia de que no podrían rendir en ese deporte debido a su naturaleza "débil". Por otra parte, también estaba el hecho de evitar una tragedia al exponer a una situación de peligro a los Omegas en celo con alfas a su alrededor.
Al final de todo, cuando se implementaron los collares y los supresores para suprimir su calor, los de la casta perteneciente pudieron hacerse un espacio en la orden de Alfas; no obstante, no fue sencillo adaptarse, pues el acoso apareció cuando apenas pisaron el campo.
En el estadio bramaban en cánticos "Puta" y otros adjetivos despectivos hacía su persona.
Y, hasta ese momento, que los Alfa te dieran su camiseta era una humillación; pues era un acto de manifestación del poder que tenían sobre los Omegas. Los marcaban con el olor de la ropa, no para protegerlos de otros Alfa, sino para recalcarles a otros que era suyo para follar esa noche; viéndolos solo como un objeto de su propiedad.
Considerándolos como su propio polo que pueden usar.
No fue hasta varios años después que la entrega de camiseta tomó otro significado. Un Alfa le había concedido su prenda a un Omega del equipo contrario como ofrenda en el campo; esto para calmar su celo y alejar a otros con su propio aroma.
Indudablemente una muestra de respeto, pero también fue una exposición de afecto; una declaración pública de intimidad; algo que no estaba destinado a ojos ajenos, quienes los criticaron en su momento por la osadía de exponer su "lujuria" a ojos inocentes de los niños.
Ambos habían bailado alrededor de todos esos años con coqueteos que pasaron desapercibidos por muchos. Ninguno fue capaz de dar el primer paso hasta ese día.
Dejó de verse como un acto degradante para pasar a una connotación positiva y en los próximos años se volvió común entre las diferentes castas.
[...]
Tiempo atrás se le hubiera tachado de ser una puta desesperada por un alfa que le dé un nudo.
Pero lo hizo, luego del enfrentamiento amistoso entre Brasil y Portugal, le regaló su camiseta. Ambos sabían mejor que nadie lo significativo que era, sobretodo si un Omega era el primero en hacer el acto.
—Gracias, amigo—había dicho el brasileño con una dulce sonrisa brillante.
El alfa también le dió su prenda, pero era fuerte y claro que no por la misma razón. Aun con el desazón fresco; Cristiano extendió sus labios en una sonrisa para la foto.
Habían sido compañeros en el real Madrid, se volvieron amigos en el proceso y en un momento a otro estaba profundamente perdido por el Alfa. Nunca se había sentido como una adolescente con mariposas en el estómago, era ridículo, pero Ricardo Izecson logró hacerlo.
Su enamoramiento por él fue grande, pero después de esa escena tuvo que dejarlo ir para no perder de vista su meta hacía el triunfo. De esta manera, luego de que Ricardo le rompió el corazón una vez más con su partida del Real Madrid, Cristiano siguió con lo suyo.
Siguió entrenando. Siguió corriendo por el campo persiguiendo el balón. Siguió metiendo goles.
Siguió riéndose de la prensa que instaba juntarlo con Messi pero que al mismo tiempo declaraban que no era digno del amor del argentino, a pesar de que no tenían ninguna relación romántica o siquiera un indicio de ello para decir tales estupideces.
No estaba en pequeños renglones, fueron obscenamente descarados en los titulares de los periódicos su deseo de emparejarlos; señalaban cada supuesta pista de su posible romance, cosa que en realidad lo confundían con respeto mutuo.
Los entrevistadores fueron más sutiles en anunciar lo mucho que querían que Lionel le hiciera un nudo en su agujero y tuvieran muchos hijos para que fueran sus sucesores y así no se queden sin nada de que hablar una vez que ambos se retiren.
Todo el mundo se inventaba el romance del siglo cuando su relación con Messi no podía ser más frívola.
Apenas si se conocían más allá del campo y algunos eventos en los que casi poco se hablaban. Se saludaban cada que podían, pero no era nada que otros deportistas no hayan hecho. Y a pesar de que Messi tuvo un lazo más cercano con Neymar (un Omega), los medios no les invitaba un amor imaginario. En cambio se enalteció su relación por romper con el estigma de que un hombre Omega y un hombre alfa no solo están destinados a ser pareja.
En general, Cristiano estaba bien con el argentino, pero el alfa parecía locamente enamorado de todo el mundo; lo que no hay nada de malo, sin embargo le hizo pensar que la gente debía estar ciega para creer que había algo especial en la forma con la que el argentino se comportaba con él.
Quizás sus vidas eran tan aburridas que debían inventarse drama para su propio entretenimiento.
[...]
El mismo Ronaldo puede ser cariñoso con sus compañeros de equipo cuando estaba de buen humor; después de todo, el contacto físico no era sorpresa en el fútbol.
Por otra parte, era otro tema cuando se trataba de Messi
Es cierto que hubo ciertos momentos de contacto con el Alfa. Eran roces recatados que mayormente no fueron más profundos que una mera muestra de cortesía. No obstante, se había percatado que solo costaba una sutil caricia en la cabeza, en el hombro o solo un simple acercamiento para dejarlo descolocado por su dulce feromona al pobre as del Barcelona
En un principio le generó sorpresa, pero no lo detuvo. Desde entonces, el 30 porciento de las veces estaba destinado a una estrategia que podría ser considerado cruel.
¿Ir por el balón? o ¿perseguir como un animal salvaje al Omega?
Realmente no sabía a ciencia cierta si su táctica funcionaba o no, pero ver a Lionel fallar los penales y caminar lento por el campo le daba la sensación de que sí era un éxito.
No tenía nada personal contra él. Como Omega, conocía sus encantos, y en caso de que fuera completamente necesario o esté desesperado, no iba a desperdiciar sus herramientas para hacer que su equipo tenga la ventaja en el enfrentamiento.
Sin embargo, puede que el argentino haya descubierto su táctica y no lo haya tomado de buena manera.
En uno de los rituales que se daba antes de iniciar cada partido, la situación se volvió peculiar para el portugués.
Ambos equipos se alineaban en filas; pasaban a darse un apretón de manos y olisquear el cuello. Usualmente siempre le daba risa cuando llegaba la hora de saludar a Messi, quien se paró de puntas para poder llegar a su garganta protegida con un collar negro. Sin embargo, luego de ese partido contra el Barcelona, percibió el leve aroma del anís en su muñeca.
El argentino lo marcó con su esencia.
Para evitar el estrés y las arrugas en su cara, Cristiano no quiso pensar en lo que significaba y en el siguiente partido apretó fuerte la palma de su rival en advertencia.
Lionel no cesó su marca sobre él.
Un par de días después, a la hora de hacer el ritual con los del Barcelona y llegó su turno con Messi. El gran Omega no permitió que se acerque a él; se levantó en puntas para evitar que la nariz del argentino toque el cuero que envolvía su cuello.
Cuando vió la cara de indignación del pequeño alfa, no pudo evitar soltar una carcajada.
A partir de ese momento se convirtió en un juego de tira y afloja.
Si uno daba un paso, el otro respondía dando otro. Fue una dinámica a la cuál Cristiano se obligó a acostumbrarse para no quedar atrás de Lionel en la batalla campal que se desató entre ellos. Ninguno habló sobre toda su extrañeza, solo se dió.
Fue algo que el portugués calificó cómo poco relevante, ya que solo lo consideraba una actividad competitiva, al igual que el fútbol.
Lo que fue una perspectiva muy errónea.
[...]
Después de largas semanas con todo el mini conflicto que se daba entre ambos rivales; al parecer los medios de comunicación se habían "dado cuenta" de su cercanía. Por lo que en una entrevista se le preguntó sobre su "amistad" y, ya que tanto se jactaban de su respeto mutuo; por qué no habían intercambiado camisetas con Messi. No lo dijeron directamente, pero Cristiano no era estúpido como para no entender las letras pequeñas.
Él no respondió a esa pregunta, considerando que ya estaba claro.
Aunque no lo suficiente.
[...]
Con todo la actividad física que hizo en el terreno de juego, en buscar el balón y así anotar en gol que le dió la victoria al Real Madrid; su celo se había precipitado ese día. Afortunadamente solo era un aviso de prevención, por lo que no se angustió demasiado.
Él esperó a que los demás terminen de prepararse alistando todo para irse y una vez que el vestuario quedó vacío, pudo ir a descansar en el banco. Sudaba a lo loco, trataba de calamar su acelerado corazón por toda la energía que quemó. Pudo olfatear los distintos aromas de sus compañeros de equipo, la mayoría Alfas.
Solo le dió dolor de cabeza. Anteriormente no era así, algo cambió en el trayecto de las semanas, y Cristiano no estaba dispuesto a averiguarlo por su propia salud mental.
El 'toc, toc' de la puerta lo hizo reaccionar. No sabía si mandarlo a la mierda o dejarlo pasar; pero aparentemente esta última ganó.
—Disculpa las molestias—Dijo el argentino con timidez en el borde de la puerta al notar al portugués sin camiseta.
Con toda la sinceridad, Cristiano no supo porqué estaba ahí. No era su partido, y mucho menos su lugar para estar teniendo una conversación con él. Suponía que había estado viendo el enfrentamiento en las gradas, y que el guardía de seguridad debió ser fan suyo para dejarlo pasar. Aún así, correspondió al saludo para no perder el encanto—Hola. No esperaba verte aquí—agregó con una sonrisa.
—Yo tampoco. Es decir, que sí lo esperaba de vos ya que perteneces al Real Madrid... Ehh, yo pedí permiso para entrar, espero no te moleste.
A esas alturas no veía porque estarlo si el alfa ya lo había hecho—Ya veo. Está bien, no hay problema.
La situación era incómoda y extraña. El portugués se acostumbró a que lo miren sin ropa, no importaba la casta, siempre lo contemplaban con ojos deseosos por lo hermoso que era. Él estaba orgulloso de ello, y siempre se burlaba en las caras de los pobres tontos que pensaban que eran lo suficientemente buenos para estar con él.
En cualquier otra ocasión pudo haber estado riéndose. Pero se sintió diferente está vez.
Él trató de acelerar las cosas—¿Tienes algún caso pendiente que quieras terminar? Si tienes algo que decirme mejor entra y junta la puerta.
—Ah, sí. Perdón.
Entonces avanzó un par de pasos e hizo lo que se le pidió.
—Quiero entregarte esto—anunció mientras rebuscaba en su maleta y sacó lo que asemejaba una camiseta con franjas blancas y celestes.
Cristiano se levantó en toda su altura y caminó hasta dónde se encontraba Leo. Tomó la prenda entre sus manos y tocó con suavidad la tela. Lo expandió; visualizó el número 10 con el nombre "Messi" encima de el.
El argentino miraba con intensidad.
—¿Esto es...?
—Mi ofrenda.
Se quedó desorientado por unos segundos. Bajó la camiseta para mirar directo al otro hombre—Sabes que podías dármelo en nuestro siguiente enfrentamiento, ¿verdad?—mencionó con una leve risita tambaleante.
—No quería esperar más—Lionel cortó abruptamente—. Me gustas.
Cristiano parpadea.
Hubo momentos puntuales en los que el portugués percibió a Leo como un hombre atractivo y, a regañadientes, pudo considerar este como uno de ellos.
La frustración estaba a flor de piel al pensar que fue tomado por sorpresa por nadie menos que el argentino. No importaba cuanto lo intentó, siempre era Messi. En vez de pulga debieron llamarle garrapata.
No fue capaz decir desde cuándo, cómo o donde; todo le había sido fugaz. Se quedó desconcertado; pero tuvo que reaccionar, era uno de los mejores futbolistas de la historia, debía dar una respuesta.
—¿Qué es lo que esperas de mí al darme esto?
—Una oportunidad—dijo suavemente el alfa— pero si no me quieres, lo comprenderé.
Los orbes oscuros lo analizaban a través de sus pestañas rizadas. Con una sonrisa traviesa, acercó su cuerpo caliente al argentino. Lionel observó los siguientes movimientos del Omega, quien acariciaba con dulzura su cuello y presionó superficialmente sus labios contra los del alfa. Una pequeña demostración de lo que se venía para dejarle deseando más.
—Está bien, vale—Cristiano dijo tranquilo después del beso.
—¿En serio?—preguntó incrédulo.
—Sí—el portugués afirmó simple— Además, fuiste bastante oportuno. En un par de horas entraré en celo y con gusto usaré tu camiseta para darme una pequeña ayudita.
—Ah.
El alfa solo llegó a sonrojarse antes de despedirse del omega.
[Extra]
—Prueba—pide su esposo.
Leo vuelve su mirada hacía Cristiano y observa como su hijo chupa con entusiasmo el pezón hinchado del Omega.
El alfa sigue con lo suyo. Con la cuchara coge un trozo y saborea el postre. Ha probado muchos bizcochos a lo largo de su vida pero nunca fueron tan deliciosos como el que esta comiendo ahora.
Definitivamente es un poema a la repostería.
—¿Te gusta mi ofrenda?
Messi asiente con la cabeza, agarrando otro pedazo más.
—Eso es bueno—dice el portugués mientras se acomoda la camisa, exponiendo más su pecho—No sabes lo mucho que me costó ordeñarme para que se pueda realizar el bizcocho de chocolate.
El argentino sigue comiendo mientras una erección crece en sus pantalones.
