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Despertó completamente llena de transpiración al oír la alarma de su celular. Secó de sus ojos lágrimas que no recordaba por que dejó salir, para luego mirar, con su vista ya más clara, en todas direcciones para confirmar que estaba sola en ese pequeño cuarto oscuro, igual que cada mañana. Finalmente, tanteo la mesa de luz junto a su lecho para revisar la hora en su teléfono: 6:40 de la mañana.
Maldijo internamente mientras se levantaba a toda velocidad, pero sin deseos de hacerlo, de aquel duro colchón. Se dirigió al baño que "su habitación" tenía, aunque a pesar de los años nunca sintió nada de esto como propio, y se dio una ducha de agua fría para bajar la temperatura de su cuerpo y despertar por completo. Con su mente más clara, recordó el motivo de su llanto inconsciente: era esa estúpida pesadilla otra vez lo que le arrebataba el descanso que necesitaba.
Bufó fastidiada mientras cerraba el caño y cruzaba de nuevo la puerta a su habitación, que estaba llena de cajas con sus cosas adentro, caminando directamente hacia el borde de su sencillo catre metálico, tomando una percha envuelta en una bolsa blanca para proteger el conjunto que colgaba de esta que momentos antes estaba acomodada a los pies del colchón, mientras secaba lo mejor y más rápido posible su cabello pelirrojo que, peculiarmente, tenía las puntas negras de forma natural. Se sentó nuevamente en la cama y, ya harta de la molesta tarea de frotar una toalla contra su cabello, solo lo encendió en llamas. Hubiera sido un espectáculo casi aterrador para cualquiera que no la hubiera visto antes: Su cabeza estaba encendida en fuego azul brillante y su cabello se alzó las llamas, que al apagarse dejan este caer, ahora seco.
Recogió la percha, y luego de quitar el plástico que las protegía tomo las prendas y se vistió rápidamente con el uniforme usual de la academia U.A: Chaqueta gris con detalles verdes, camisa blanca y corbata roja, junto a una falda verde y zapatos negros. Añadió también unos guantes de cuero sin dedos, el derecho era de color blanco con detalles en negro, mientras los colores en el izquierdo estaban invertidos, que hace unos momentos. No eran parte del uniforme, pero prefería llevar las manos cubiertas por las curiosas cicatrices que la adornaban hasta sus palmas.
Una vez vestida con el conjunto, tomó el gran bolso azul marino que reposaba sobre una solitaria silla de madera y subió corriendo las escaleras desde su recámara subterránea hasta la puerta principal de aquella enorme construcción de la Comisión de Seguridad publica de héroes, su amarga prisión.
-Kiruohi!- Escucho detrás de ella justo antes de que pudiera cruzar la puerta para ir rumbo a clases - ¿Apenas estas por salir? Sabes que debes cumplir tus horarios, compórtate como la profesional que tanto tiempo y recursos perdemos en intentar convertirte- Era la voz de Kobayashi Yemon. La comisión había asignado a su entrenamiento, cuidados y educación en los 9 años que había pasado allí a él, y el odio y resentimiento por esto era mutuo. La joven suspiro con pesadez, sin voltear a verlo.
- Hasta la tarde, agente- Respondió en tono seco, mientras salía por aquella puerta de cristal, cuya irónica transparencia ocultaba demasiado tras ella.
Reviso una vez más la hora, solo para notar que ya habían pasado veinte minutos más. Se encogió de hombros, resignándose a la idea de no poder tomar la ruta por la que ella había preparado y practicado para llegar a la Academia, que atravesaba un pequeño bosque y que casi nadie utilizaba, menos a esas horas, para en su lugar ir por una mucho más corta, pero que pasaba por el medio de un transitado centro comercial. Después de todo, sus tardanzas y errores eran los de la Comisión, y le habían dejado claro que la CDPH no comete errores desde que ingreso a ese infierno hace casi una década.
Colocó sus auriculares en su teléfono mientras caminaba a un ritmo constante. No le agradaban los lugares cerrados, menos los repletos de personas. Ese era parte del motivo de la comisión para encomendarle su educación a un lugar donde habrá más personas a su alrededor, que la obligarían a socializar: Un héroe que no es figura publica, les era completamente inútil.
Justo bloqueando su camino, había una pequeña multitud reunida en torno a algo... ¿O más bien alguien? Realmente no le interesaba, su mayor problema era que estaban bloqueando su camino.
Llámenlo como quieran, accidente, destino, o simple suerte (sea buena o mala) pero sin quererlo ni notarlo termino caminando muy cerca del centro del círculo en su afán de pasar rápido entre la gente. Tan cerca que, al retroceder este miembro central, termino por chocarla y hacer que la adolescente cayera al suelo, por poco empujando a alguien más en el proceso.
Murmuro para sí misma una serie de insultos en diversos idiomas, levantando su bolso antes de alzarse y sacudir su uniforme, volviendo a caminar sin prestar atención hasta que sintió una mano en su hombro deteniéndola y haciendo que se girase para encararlo, con el seño fruncido y un marcado apuro y desinterés
-Oh, que torpe... Discúlpame, pequeña- Dijo aquel atrevido idiota en traje de aviador, mientras sus ojos dorados se clavaban en los suyos heterocromáticos. Ella lo reconoció al instante, después de todo, todos en la Comisión, en su mundo conocido, vivían para compararlos a pesar de jamás haberlo visto en persona... Hasta ese momento, claro. Él también la reconoció, lo sabía aunque él tratase de disimular. Asumió que también había dado de que hablar, aunque seguramente decían cosas menos amables que cuando hablaban de él.
Suspiro con mal disimulado hartazgo, y opto por fingir que era una civil más. Imaginó que así sería más fácil zafarse de la situación. Después de todo, igual ya tendría problemas con sus superiores por salir tarde, mas problemas era lo último que quería. Se mordió la lengua antes de decirle un par de cosas no muy simpáticas referentes al "pequeña, para luego tratar de salir de la situación.
-No, no, esta bi-- Él sonrió y la interrumpió ante de permitirle continuar, con una sonrisa que parecía tallada en su cara.
-Déjame remediarlo- y rápidamente, pidió a sus fans una hoja. Tomo escogió una de todas las que le ofrecieron y anotó algo junto a su firma.
-Espero que te sirva de recuerdo de nuestro encuentro único- dijo guiñándole un ojo. Saber que tendría que ser algo similar a él si no se liberaba le revolvió su aún vacío estómago.
-Gracias, Hawks-san!- Tomo el papel, sonriendo con fingida emoción. Caminó rápido alejándose de la multitud luego de hacer una reverencia, evitando que el alado dijese algo más que la detuviera. Agradeció internamente que ahora se abrieran a su paso, aunque las miradas la incomodaran.
La molestia la llevo a hacer un bollo inconsciente con el papel entre sus dedos, y luego hacerlo cenizas, sin dejar de caminar. Lo que no noto, o quizás no le intereso, es que los ojos de aquella muchedumbre seguían clavados en ella. De no ser por el héroe, quien rápidamente recupero la atención de sus fans, alguien le habría saltado al cuello a la adolescente por esa falta de respeto a su ídolo.
