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Char le había descubierto a Adam todo un mundo nuevo y lleno de posibilidades. Cruzaron el portal, seguros de que el camino de vuelta sería muy fácil de encontrar, y Adam halló al otro lado un cuento de hadas repleto de criaturas y lugares fantásticos que solo había podido ver antes en su imaginación. Char le mostró su reino y su castillo para satisfacer su curiosidad y, al anochecer, miraron las estrellas a través de un telescopio. Adam pudo discernir un firmamento completamente distinto al de su universo y no podía dejar de mirar y anotar en su cuaderno, hiperfocado en aquella maravilla.
Char sonreía ampliamente, embelesado en su felicidad.
—¿Es muy narcisista sentirse atraído por alguien que tiene mi mismo aspecto?
Adam frunció el ceño. Era una pregunta muy complicada y no comprendía qué relación podría tener con admirar las estrellas.
—Intentaba decir que me gustas, Adam.
—Oh—respondió con sorpresa, después sonrió con timidez. Char seguía buscando su mirada, pero los ojos de Adam se centraban en sus manos para poder seguir manteniendo esa conversación—. Tú también me gustas—y tras la confesión, vino una duda y un ligero rubor—. ¿Quieres decir que te gusto como amigo o que te sientes atraído sexualmente? Yo quería decir que me gustas sexualmente.
—¿Cómo? ¿Sexual...? ¿Qué?
—Lo siento, ¿te he incomodado? A la gente neurotípica le suele parecer una pregunta incómoda, pero yo necesito saber...
—No, no. No me has incomodado. Es que no te he entendido. ¿Qué quiere decir esa palabra?
Adam se rió un poco, pensando que Char le estaba tomando el pelo.
—¿N-no estás bromeando?
—No, de verdad no sé lo que es.
—Sentirse atraído sexualmente por alguien es... Pues ocurre cuando te gusta alguien, cuando le deseas, te excita y quieres tener sexo con esa persona—trató de explicar.
—Sexo—repitió Char, asintiendo—. ¿Qué es sexo?
—¿No sabes lo que es el sexo?—Adam parpadeó varias veces, incrédulo. Char negó con la cabeza—. ¿Y cómo... Cómo nacen los niños?
—Eso es muy fácil, los trae una cigüeña.
—¿Que los trae una...? Vaya.
Adam tuvo que sentarse un momento, así que se retiró del balcón y volvió a entrar al cuarto, abrazándose a sí mismo a los pies de la cama.
—¿Dije algo que no debía?—Preguntó Char, preocupado, siguiéndole.
—No, es que en mi mundo eso no es así. Bueno, lo de la cigüeña es una mentira que se le dice a los niños cuando sus padres no les quieren explicar aún la verdad. Supongo que aquí tiene sentido que sí sea verdad.
—¿Y a mí me contarás la verdad?
Adam frunció el ceño. Él nunca le mentiría a nadie, odiaba las mentiras.
—Siempre. Si no tenéis sexo, ¿qué haces cuando una persona te gusta?
Char sonrió, acercándose para tomarle de la mano.
—Bueno, cuando dos personas se aman, se toman de la mano, se besan, se casan...
Adam se empezó a reír, cubriéndose la boca. Char se separó algo molesto.
—Oye, no te rías de mí.
—Lo siento, es que...—trató de parar—. Es muy tierno, eres muy inocente.
—¿Inocente? Enséñame eso del sexo que haces tú, seguro que no es para tanto.
Adam se inclinó hacia él, todavía con una sonrisa en los labios, acercándose para darle un beso. Fue corto, tenue, pero aún así romántico.
—¿De verdad quieres?—Preguntó Adam en voz baja. Char asintió, todavía atontado después de sentir sus labios.
Adam comenzó a besarle de nuevo, cada vez más húmedo, pero seguía siendo suave, apenas usaba la lengua y se centraba más en acariciar su cuerpo por encima de la ropa. Le gustaba el tacto de la tela de la camisa del príncipe, pero le gustaba aún más su piel. Char estaba temblando, respiraba agitado mientras los dedos de Adam se colaban debajo de su ropa. A cada roce, se excitaba más y un calor hasta ahora desconocido empezaba a emanar de su cuerpo. Desarrapado y despeinado, Char se separó un poco, pidiendo una tregua, dando bocanadas de aire.
—Espera, espera—jadeó—¿Qué es esto? ¿Qué me pasa?—dijo, mirando el bulto entre sus piernas—. Creo que estoy enfermo o algo.
Adam se quedó a su lado, pero dándole el espacio que había pedido.
—Tranquilo, es normal—respondió.
—¿Sí?
—Sí, es normal que se ponga duro. Es una erección—explicó— Yo también tengo una, ¿lo ves?
Char miró la entrepierna de Adam, todavía confundido, pero con un deseo terrible de tocarle.
—El sexo debe sentirse bien. Si no te sientes bien, podemos parar—dijo Adam, tendiéndole la mano con cariño, ofreciéndole algo de calma.
—Estoy bien, es que es... Es...—Char no encontraba las palabras para describirlo.
Adam le sonrió con dulzura y tomó su mano, guiándola para que también le tocase, que sintiera su cuerpo. Besó y lamió uno de sus dedos, metiéndoselo en la boca, y luego le hizo bajar por su pecho y su abdomen hasta llegar a su miembro. Adam suspiró y Char se quedó tan encantado con ese pequeño sonido que necesitó tocar más.
Se quitaron la ropa, dejando las prendas tiradas alrededor de la cama y cubriéndose un poco con las sábanas. Char no podía evitar sentir vergüenza al estar completamente desnudo con alguien, alguien que también estaba completamente desnudo. Adam estaba encima de él, sus cuerpos se presionaban el uno contra el otro, pero se sentía bien.
—¿A-ahora qué hay que hacer?—Preguntó el príncipe, con las mejillas rojas y el cuerpo tembloroso.
—Podemos hacerlo de muchas formas—respondió Adam con una sonrisa—. Me gustaría mucho chuparte.
—¿Chuparme?
—M-mh. Meterme tu erección en la boca y chupar hasta que te corras. Te lo mostraré.
—¿Hasta que haga qué? Adam, ay dios...—quejumbroso, Char aceptó todo lo que Adam quería darle y hacerle, dejando que bajase por sus caderas, dando besos, hasta tomar su pene tal y como había dicho—. ¡Ah!
Char arqueó la espalda de placer, una vez que había empezado a gemir ya no podía detenerse. Nunca había sentido nada parecido, un hormigueo delicioso le recorría por completo y apenas podía estarse quieto.
—Ah, ah... ¡Adam, Adam! Oh dios, ahh...
El pobre apenas pudo durar unos pocos minutos en su boca, pronto estaba gritando, estremeciéndose, agarrándose a las sábanas mientras el orgasmo lo envolvía. Adam trató de mantenerle lo más quieto posible, agarrándole de las caderas para poder beber su semen.
—Eso fue rápido—sonrió, muy satisfecho consigo mismo—. ¿Te ha gustado?
Char asintió, estaba muy ido.
—¿Qué ha sido eso?
—Te has corrido—le explicó Adam, tumbándose a su lado, abrazándole—. Y sacaste mucho semen.
—¿Eso es malo? ¿Qué es...?
—No, tranquilo. Es solo el líquido que sale cuando tienes un orgasmo, está todo bien.
—¿Y tú? ¿Tú te has corrido?
—No—se rio—. Para eso tienes que estimularme también.
—¿Qué tengo que hacer?
Char estaba de pronto muy entusiasmado, totalmente entregado para darle a Adam el mismo placer que él le había dado, poniéndose encima esta vez. Adam le sonrió con ternura y le guió de nuevo.
—Puedes chuparme también. Solo haz lo mismo que he hecho yo.
A Char le invadió una repentina inseguridad, pensando que lo haría todo mal, que seguramente no iba a poder hacer lo mismo que Adam. Después de todo, era su primera vez intentando algo así. Pero tampoco iba a acobardarse. Tragó saliva y bajó despacio, gateando sobre la cama hasta llegar a tener el miembro duro de Adam frente a su boca. Lo tomó de la base para meterlo poco a poco entre sus labios. Le sorprendió la textura, la falta de sabor. Tan solo un poco húmedo y ácido en la punta; pero eso fue cambiando mientras él le lamía. Escuchaba los gemidos de Adam, sentía su mano acariciarle el pelo.
—¿Lo hago bien? —Preguntó, parando un momento y mirando hacia arriba.
—Demasiado lento—respondió suave—. Intenta meterlo un poco más.
Char asintió y se esforzó en complacerle, notando que entonces, los gemidos de Adam fueron distintos, más altos, más seguidos. Pero se cansaba rápido pues apenas respiraba bien y no estaba nada acostumbrado a tener la boca abierta así tanto tiempo. Adam le enseñó cómo darle placer también con su mano y que así pudiera descansar la mandíbula. Le preocupaba no estar haciéndolo bien, pero Adam le aseguró que estaba disfrutando mucho, y siguió dándole todo lo que le pedía.
—Char... Char, voy a correrme, no pares, no pares, por favor —gimió.
El príncipe movió su cabeza más rápido, succionado su miembro, esforzándose para mantenerlo todo dentro de su boca, cuando sintió a Adam eyacular, embistiéndole, y puso los ojos en blanco, teniendo una arcada al sentirse de pronto tan lleno.
—Lo siento...—se disculpó Adam, separándose y dejándole respirar—. ¿Estás bien?
Char asintió, casi sin aliento, babeando el semen de su amante con la boca abierta y los ojos llorosos. Sonrió un poco, con la mirada perdida y un claro agotamiento.
