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Language:
Español
Stats:
Published:
2015-06-21
Updated:
2022-08-14
Words:
5,212
Chapters:
4/?
Comments:
13
Kudos:
30
Hits:
400

Qué buen vasallo, si tuviese un buen señor

Summary:

Nijimura es tonto de remate, y si Kubota no tuviese un corazón tan grande como su nariz le dejaría solo para que se estrellase.

(historias cortas Nijiaka desde el punto de vista del sufrido segundo vicecapitán)

Notes:

Solo por contexto, Kubota es ese personaje del teikou que es también vicecapitán y al que solo se le ve la nariz y el flequillo. Tiene pocas frases en el manga, todas dirigidas a Nijimura, de las que se deduce que es un pelín capullo. Y no me hizo falta más.

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Él fue al único al que no le pilló por sorpresa. Quizás porque era más inteligente que los demás, o más observador, o quizás porque no estaba tan ocupado como el resto mirándose su propio ombligo, pero lo cierto es que lo vio venir. Había estado observando entre medias de la maleza que era su pelo las miradas orgullosas que Sanada le dirigía a Nijimura, como si fuese la oveja favorita de su rebaño. Así que Kubota no se sobresaltó en absoluto cuando el entrenador nombró a un novato respondón de primero como nuevo capitán del equipo. Aplaudió por cortesía junto a las pocas personas del equipo que reaccionaron y se encogió de hombros. A él le daba lo mismo un capitán que otro, pero tenía una curiosidad morbosa por ver como se desenvolvía Nijimura en su nuevo puesto.


 

A penas una semana después de su nombramiento como capitán Kubota ya tenía una opinión formada de Nijimura; era tonto de remate.

Era privilegio del capitán elegir a su ayudante y podría haberse congraciado con los de tercero, que lo odiaban a muerte por quitarles el puesto en su último año, nombrando a uno de ellos como vicecapitán. Pero no, el muy idiota había nombrado a Kubota.

Eso sí que lo había pillado bastante por sorpresa.

—  Nijimura ha insistido en que eres la mejor opción porque eres un joven responsable y observador —  le comunicó Sanada cuando le anunció su nombramiento sin levantar la vista de un tocho de papeles que estaba corrigiendo —  así que pronto serás nombrado vicecapitán. Espero grandes cosas de ti —  añadió con tono de que podrían haber nombrado vicecapitán al cepillo de barrer y le hubiese echado el mismo discurso. Aún así Kubota asintió solemne y salió del despacho con la nariz bien alta. Si eso que le latía dentro del pecho hubiese sido un corazón, hasta habría podido decirse que estaba conmovido por las palabras amables de Nijimura, por muy vacías que hubiesen sonado en boca de Sanada.
Kubota se puso una mano en el pecho y se hizo a sí mismo la firme promesa de ser el mejor de los vicecapitanes del mundo. 


Por Nijimura.


Nijimura se dedicaba a pegarles gritos (y a pegarles a secas) a los chavales mientras de Kubota se encargaba de las funciones administrativas, “el papeleo y esas mierdas” en palabras de Nijimura. El club funcionaba mejor que nunca y hasta Shirogane se digno a descender de las alturas para dirigirles unas palabras de ánimo y felicitarlos a los dos. Kubota notó una extraña sensación de tirantez en los labios y sonrió posiblemente por primera vez en su vida (Sanada, que los miraba desde detrás de Shirogane, reprimió un escalofrío). Nijimura y él juntos formaban un equipo perfecto, y nada ni nadie podría separarlos.


Se equivocaba.


Con la llegada del nuevo curso y los alumnos de primero, llegó el desastre. La tentación no vino en forma de mujer con turgentes senos y sugerentes curvas como en una película, sino en forma de enano pelirrojo con ojos de colgado. Akashi Seijuurou. Gnomo de mierda, como lo llamaría para sus adentros de ahora en adelante.
—  Nijimura-san —  el gnomo apareció de la nada mientras él y Nijimura estaban reflexionando sobre importantes cuestiones acerca de los límites del cuerpo humano (“tío, ¿tu eres capaz de comerte una rebanada de pan de molde en menos de medio minuto?”) —  he estado revisando nuestras estadísticas del último partido y tengo unas cuantas sugerencias que me gustaría que escuchases.

Voz suave, miranda de caramelo, actitud respetuosa pero desafiante, Akashi Seijuurou era el demonio encarnado y Kubota solo rezaba para que Nijimura se diese cuenta.

Pero Nijimura era idiota.

—  Claro, por qué no, ¿nos vamos allí que estaremos más tranquilos?

Kubota juró que Akashi le había lanzado una mirada maliciosa mientras se alejaba con Nijimura. O eso, o que se le había metido algo en el ojo.

A partir de ahí, todo fue en picado. Nijimura solo tenía ojos para Akashi en los entrenamientos. Lo seguía con la mirada constantemente. En un principio, Kubota intentó no darle importancia, ya que Nijimura solo parecía albergar sentimientos fraternales hacía Akashi. En un principio.

El día que lo pilló mirando a Akashi quitándose la chaqueta con la mirada lujuriosa del que mira un chupa-chups mientras le quita el envoltorio, Kubota empezó a preocuparse seriamente.

Akashi había venido para destruirlos. Era su Yoko Ono particular


Yoko Ono llegó a vicecapitán en tiempo record. Kubota estaba indignado.

—  Espero que podamos llevarnos todos bien y formar un buen equipo —  dijo el muy cabrito mientras hacía una reverencia exagerada. Kubota miró a Nijimura y sintió deseos de ponerle un babero.


Por muy enfadado y dolido que Kubota estuviese con Nijimura, no pudo evitar sentir tristeza cuando este lo llamó por teléfono para comunicarle, antes de que se hiciese público, que había dimitido como capitán. Casi ni le afectó que hubiese propuesto a Akashi como nuevo capitán; muy en el fondo Kubota sabía que él no estaba preparado para ese puesto.
—  Quizás debería dimitir yo también… no pinto mucho en el equipo ahora, y si no estás tú… —  Kubota tenía un corazón tan grande como su nariz.
—  No seas tonto, el capitán Akashi te necesita —  dijo Nijimura convencido.

El Capitán Akashi nombró vicecapitán a su amigo, el rarito de las gafas y los triples, a la velocidad de la luz. La única persona en ese equipo que verdaderamente siempre había valorado a Kubota era Nijimura. Sintió que había sido muy injusto con él.


Para Kubota, el veradero capitán del Teikou siempre sería Nijimura, y lo recordaría incluso años después, mientras él estaba en el extranjero, a miles de kilómetros de distancia.


 ¡Hostía, pero si es Kubota! ¡Joder, tío, dichosos los ojos! ¿qué ha sido de tu vida?

Masaya Kubota, universitario de primero, levantó la mirada para encontrarse con la cara emocionada de Nijimura, más mayor pero no mucho más alto de lo que lo recordaba.
—  Hombre, Nijimura. ¿tú también estás en esta universidad?
Se pusieron al corriente mientras comían en los comedores. El padre de Nijimura había mejorado espectacularmente y la familia había decidido volver de Estados Unidos. Nijimura había entrado en la universidad gracias a la beca, y entre eso y la buena salud de su padre estaba dispuesto a intentarlo de nuevo.
— He pensado en apuntarme al club de baloncesto. Aunque hace años que no juego, y posiblemente solo fuese un lastre —  comentó Nijimura con modestia —  , ¿tú estás en el equipo?
— La verdad es que también hace mucho que no juego —  contestó Kubota. Nijimura soltó los palillos de golpe y lo agarró por los hombros con efusividad.
—  Joder, pues nos apuntamos los dos. ¡como en los viejos tiempos! ¿qué te parece?
Kubota sonrió. Como en los viejos tiempos.


Exactamente como en los viejos tiempos.

Fue en la primavera siguiente, con la llegada de los nuevos alumnos, cuando llegó a oídos de Kubota una voz que le heló la sangre en las venas.
—  Nijimura-san, Kubota-san. No esperaba encontraros aquí.
Akashi Seijuurou caminó hacia ellos con elegancia. Kubota notó como Nijimura, a su lado, se ponía nervioso aunque intentase aparentar normalidad.
—  Pero sí es Akashi, ¿cómo tú por aquí? - su voz sonaba al menos dos octavas más altas de lo normal. Akashi sonrió.
—  Estoy en la universidad y he venido a apuntarme al equipo. Es una sorpresa agradable verte de nuevo, capitán Nijimura.
Eso había sido un golpe bajó, calculado con malicia y con intención. Nijimura se puso rojo a la misma velocidad que se ensanchaba la sonrisa de Akashi. Kubota vio pasar su adolescencia ante sus ojos.

Al día siguiente, presentaría su renuncia al club de baloncesto.

Notes:

Cuando empecé a leer el arco del Teikou me hizo mucha gracia el diseño de este personajillo, que hasta el kurofes no tuvo nombre pese a saberse que era vicecapitán, porque era solo una nariz tapada por flequillo. Lo llamé el senpai de la nariz y empecé a hacer bromas con él. Demasiadas. En algún momento se me fue de las manos y pasé a hacer fics.
Tuli me animó así que todo lo que he escrito y vaya a escribir sobre estos tres se lo dedico a ella