Actions

Work Header

Aire fresco

Summary:

Quizá la respuesta era que lo incomprensible resultaba devastadoramente cautivador.

Notes:

Muy bien, hice este trabajo como una decisión casi espontánea y la espontaneidad no es mi fuerte. Es breve y quizá da pie a otras mini historias más, veremos qué dicen las musas en el futuro.

Para ti con todo mi cora, Darling, mereces el mundo y un poco más <3

Créditos de los arts a quienes corresponda.

Muchas gracias por leer mi historia~

Work Text:

 

Sugawara se antojaba como un universo diferente.

 

Caminaba con paso ligero, se movía con una gracia poco ensayada, despreocupada, pero aún así, cautivante. Sonreía con suavidad, una animada melodía abandonaba sus labios de forma intermitente. Se le veía… Feliz, satisfecho con lo que hacía.

 

Ushijima suspiró, consciente de que no importaba si lo observaba por horas o solo instantes. No sacaría más que elucubraciones y teorías, actividad que consideraba francamente poco práctica. Así que hizo lo más sensato que podía hacer.

 

“¿Por qué dejaste el voleibol?” 

 

Efectivamente. Divagar era una tontería, su curiosidad tampoco desaparecería por arte de magia. ¿Qué mejor que ir sin tapujos hacia él y confrontar la incógnita de frente?

 

Sugawara lo contempló con sorpresa unos momentos antes de esbozar una sonrisa, mitad traviesa, mitad curiosa.

 

“¿No has podido dormir de la curiosidad?” 

 

Ushijima no comprendía qué tenía que ver su ciclo de sueño con la pregunta que había hecho. “He podido dormir sin problemas. Pero eso no hace tu situación más comprensible”

 

Suga se echó a reír, aferrando los libros que llevaba contra su pecho, tratando de calmarse antes de espantar a su otrora rival. “Ushijima san, vagamente cruzamos dos palabras en algún juego…”

 

“Hemos cruzado 23 palabras desde que nos conocimos. Si contamos también los saludos en los pasillos, claro”

 

Suga se mordió el labio, inseguro de cómo interpretar tal precisión. “En cualquier caso, ¿por qué te preocupa? Tan solo soy un armador más que conociste cuando estabas en secundaria. Ahora eres un jugador profesional, ¿no deberían estar tus preocupaciones en otro lado?”

 

Ciertamente no en la pequeña escuela en la que Suga daba clases.

 

Ushijima ponderó su respuesta por unos momentos. Era al fin y al cabo, algo que él mismo se había preguntado en múltiples ocasiones.

 

“Me parece que jamás lo dije, pero las pocas veces que te vi… Tuve una sensación muy extraña.”

 

El semblante de Suga se ensombreció por un segundo casi imperceptible, pesimista evocación de un pasado en un deporte que amó, sí, pero en el que nunca fue un genio, alguien lo suficientemente destacable para ser recordado, menos por alguien como Ushijima.

 

“Me hacías sentir que había algo más allá de solo ganar.”

 

Ahora era Suga quien no entendía nada de la situación.

 

“¿Estás seguro que fui yo? Siempre quise ganar, tampoco me gustaba dar sermones de bienestar, menos a mis rivales.” Se mordió la lengua, intentando contener ese impulso tonto que aún palpitaba muy adentro, ese instinto de morder antes de ser mordido.

 

Debió ser tan evidente que hasta Ushijima pudo captarlo.

 

“Mis disculpas, presumo no me he dado a entender bien, Tendou siempre ha dicho que tengo ese problema.” Ushijima tomó aire y observó fijamente a Suga. “Hacías que todo se viera más… Brillante. Hacías latir mi corazón más fuerte. Era de hecho una fortuna que no estuvieras todo el tiempo en la cancha. Me distraías de alguna forma.”

 

¿Acaso Ushijima estaba haciendo una confesión digna de un manga de amor adolescente sin siquiera ser consciente de ello?” Suga quería gritar, pero lo peor de todo era que no sabía si de la confusión, la ironía o… La intriga.

 

☾✩☽

 

“Sugawara san, un muchacho vino a verte.”

 

No podía ser. No. Debía tratarse de Daichi con alguna estúpida broma como producto del shock que no se le pasaba bajo ningún pretexto. Suga solo le contó de su encuentro con Ushijima y cuán estrafalario había sido… ¡Nada más! 

 

“Suga, ¿por qué estás sonriendo como idiota al hablarme de Ushijima?”

 

No lo había hecho. Estaba seguro. Tan seguro como estaba de la identidad de quien había ido a verlo. Salió del salón donde estaba organizando las tareas del día mientras los niños disfrutaban de su receso, con una broma en la punta de la lengua, una que se desmoronó en el olvido al ver el intenso verde de aquellos ojos totalmente indescifrables.

 

“¿Ushijima?”

 

Suga solo dejó de verlo a los ojos cuando Ushijima le entregó un objeto, era algo pesado. 

 

Verde. También era verde.

 

“Tendou me dijo que es una costumbre popular en Occidente obsequiarle una manzana a un maestro que admiras y al que quieres reconocer su labor. Tengo entendido que las manzanas se asocian con la sabiduría y la erudición.”

 

“Pero Ushijima, esto no es una manzana.”

 

Ushijima permaneció serio, impasible. Sabía que una sandía era totalmente diferente a una manzana.

 

“Soy consciente de ello, pero la manzana era la opción lógica, no encaja contigo.”

 

Suga enarcó una ceja. “¿Y cómo es que la sandía es compatible conmigo?

 

“Porque tú vas en contra de todo lo que considero lógico y coherente. Además, si elegiste este oficio en el que buscas dar de lo que sabes a otros, supuse disfrutarías más algo que pudieras compartir.”

 

La lógica de Ushijima era tan extraña como él mismo. E insospechadamente adorable.

 

“¿Quédate? También quiero compartir contigo.”

 

Ushijima solo asintió pero la sonrisa en sus labios era inconfundible.