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l’interlude

Summary:

En el Santuario, los ocho caballeros dorados residentes se preparan para la guerra; Camus se prepara para ceder su lugar ante un discípulo que considera aún no apto, sabe que la prueba será mortal y que el tiempo que le queda entre la vida y la guerra es un interludio demasiado breve para despedirse de los hombres que ama.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: το Συμβούλιο - el Concilio

Chapter Text

l'interlude

 

 

 

Dos fragmentos conectados.
Pequeña obra musical de tu cuerpo con el mío.
Pieza breve, corta, poesía de caricias.

Interludio. Irma Cristina Cardona

 

 

 

Espero que sepas que hubo romance,
espero que entiendas que no sé escribir finales felices.

 

 

 

Hokuto_Sexy
Esta historia no era para ti, pero es tuya.
La escribí yo, pero tú eres el origen y la inspiración…
siempre lo has sido, siempre lo serás.

 

 

 


 

 

 

το Συμβούλιο
[gr. el Concilio]

 

 

 

El Santuario hervía de actividad desde la vuelta de Aioria, aunque no precisamente por el regreso del León de Nemea, no. Esa era otra historia. El verdadero revuelo inició un par de días después con la llegada de una misiva dirigida al Gran Patriarca. Camus entrenaba arduamente en el kolósaio cuando el portador de la misma pasó a toda velocidad, el maldito pergamino cuidadosamente doblado, lacrado y firmado bien escondido entre sus ropas, la intención de tan curioso papel era clara: terminar de una vez con la guerra de guerrillas que el Patriarca dirigía contra Saori Kido.

Esa mujer, la usurpadora que se hacía llamar a sí misma Atenea, y los caballeros de bronce que le juraron lealtad se dirigirían al Santuario, llevarían la guerra hasta las mismas puertas del Patriarca y pondrían punto final a la mentira… o eso era lo que ella argumentaba.

Antes del anochecer el Patriarca convocó a Concilio de guerra a Los Doce… lo cual también era un decir, porque su ejército supremo se encontraba mermado desde una década atrás por lo menos. Aries no respondía ninguna convocatoria, Géminis se había perdido en una misión secreta, Libra había jurado lealtad a La Usurpadora y Sagitario había traicionado a la Sagrada Orden mucho tiempo atrás.

De tal suerte que el concilio se veía reducido a sólo ocho de doce. Ocho caballeros frente al Gran Patriarca, una rodilla en el piso, el brazo derecho cruzado sobre su pecho, largas capas cubriendo el brillo de sus doradas armaduras y el peso de los ausentes sobre la conciencia de aquellos que los conocían y los echaban en falta. En silencio escucharon sus órdenes: los ritos de purificación y consagración comenzarían a media noche y durarían una semana.

Hasta el final de la guerra, ninguno de ellos estaba autorizado a abandonar su templo; ocuparían los días por venir en magnificar su cosmos y purificar su cuerpo para encarar la batalla. Las armaduras serían nuevamente consagradas a Atenea y deberían velarse durante el proceso. El Protocolo ασπίδα acababa de comenzar.

El francés pensaba que aquella faramalla había sido terriblemente innecesaria. Apenas salir de la reunión se retiró la corona de su armadura y miró el atardecer desde la parte más alta del Santuario. La cuenta atrás estaba por comenzar y alcanzaría su cúspide en el momento en que el fuego sagrado del reloj se encendiera.

Una corriente súbita de aire azotó sus rojos cabellos y los lanzó desordenados al viento. Había sido el primero en salir, pero unos instantes después Aioria pasó a su lado, silencioso, hombros rígidos y postura erguida, un rictus de sobriedad endurecía sus varoniles facciones hasta lo indecible. Camus valoró durante unos breves instantes bajar tras él a Leo y hablar. Después de todo, ambos sabían la verdad: la mujer que venía era la verdadera Atenea y el hombre que los había mandado a realizar ritos de purificación era el usurpador.

Sin embargo se contuvo, no sería correcto andar por esa senda otra vez.

En su lugar esperó… esperó largos minutos. Uno a uno sus compañeros pasaron junto a él, algunos en profundo silencio como Shaka o Shura, otros gastándose vulgaridades y regocijándose como Afrodita y Death Mask, Aldebarán simplemente portaba su habitual ceño fruncido.

El escorpión no salía… ¿qué carajo lo entretenía tanto ahí dentro?

Harto de esperar, dirigió sus pasos al thólos de Acuario; de cualquier manera, Milo tendría que pasar obligatoriamente por ahí de camino al Octavo Templo; después de todo, tenía una tarea dogmática que cumplir y purificar su templo… bueno, eso era otra historia.