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Puedo repararlo

Summary:

En solo una semana se han reportado la desaparición de una docena de niños en Piltover.

Sin pistas y sin testigos, Caitlyn toma el asunto en sus manos, pero mientras más investiga, más extraño parece y siniestro parece todo.

"Yo lo vi. Sucedió por la noche. Salió de las sombras más oscuras del lugar. No tocó a la puerta, no llamó en la entrada. Vino sin anunciarse y se lo llevó sin pedir permiso. Aun puedo escuchar las cadenas arrastrándose por los suelos antes de desaparecer en la oscuridad."

A la sheriff le parecía increíble que ese sea el único testimonio que les quedaba, dejando con eso el caso estancado, hasta que una carta llegó a su despacho.

Lejos de aclarar el siniestro misterio que envolvía todo ahora, solo ponía más preguntas encima de su mesa.

"A la atención de la Sheriff de Piltover:

Me encuentro en posesión de dos cosas de las que estoy segura, le interesaran. La primera lleva su nombre y la segunda clama pertenecerle.

No se demore. La paciencia no es una virtud que se valore mucho por aquí.

M.F."

Chapter 1: El llamado

Chapter Text

Fue como si la luz muriera en un agónico pero lento sufrimiento hasta que todo quedó en penumbras.

Pensé “Quizás un apagón por los fuertes vientos que azotaron la ciudad en estos días” pero entonces no supe cómo explicar lo desolado de mi alma.

Algo había quitado la vida de mi ser con la misma facilidad con la que la oscuridad invadió cada rincón de la casa.

Sin fuerzas y desanimado, solo quise cerrar los ojos y finalmente dormir, con la esperanza de hacerme uno con la nada.

Y entonces lo escuché.

Algo se arrastraba por los pisos de madera, con pausa, con un andar. Un caminar sin apuro, como alguien que conocía el camino y que sabía que era inevitable terminar de transitarlo, así que no había prisa.

Las cadenas… y créanme que uno las podía sentir mucho antes de siquiera verlas.

“¿Vienen por mí?” Me pregunte… y me sorprendía como mi alma estaba ya, desde antes, entregada a ser encadenada por siempre.

Ya nada quedaba en mí que valiera la pena, así que si me ataban desde el cuello y me llevaban al olvido, sería un final deseado por lo que quedaba de mí ser.

Pero las cadenas se arrastraron llevadas por un ser que no reparó ni un segundo en mí.

Las escuche pasando cerca, pero luego alejándose. Cruzó el pasillo, se abrió la puerta, y se alejaron aún más.

Los segundos me parecieron eternos mientras escuchaba el aliento profundo de ese ser, como si saliera de un túnel muy largo donde las voces se ahogaban del otro lado.

Y luego… las cadenas regresaron por donde habían venido. Las sentía cerca, pero ya tenía mi respuesta, no me buscaban… y él no estaba ahí para mí tampoco.

Pasó con la misma armonía en su andar, cerca y luego alejándose, porque ya tenían a su prisionero caminando con la misma lentitud a su lado.

La luz se regocijó cuando el ser dejó la habitación, y al tiempo que esta comenzaba a invadir los rincones de la sala, también invadió mi alma, que se vio llena de vida de nuevo.

Pero ya era demasiado tarde.

Se lo había llevado… para siempre.


Caitlyn dejó que el agua llenara sus manos y luego se las llevó al rostro. Podía sentir inclusive que la frustración se iba con las gotas al abandonar su cara, pero solo fue una sensación que la acompañó por unos segundos.

—Estamos un poco “grandecitos” para historias de fantasmas ¿No cree, Sheriff?

La oficial sonrió de lado mientras aceptaba la toalla de mano que le pasaba uno de sus hombres, Lukiano.

Ambos habían acudido a la residencia Grinkes apenas dieron el llamado sobre la desaparición de su hijo más pequeño.

Hicieron las pericias que se pudieron permitir en el momento, tomaron el testimonio de todos los presentes, y se habían hecho con todas las pruebas que podían aspirar esa noche.

No tenían nada, y eso le molestaba, pero definitivamente el relato del jefe de llave de la residencia había sido algo nuevo en esos días.

— ¿Ahora resulta que el caso de la desaparición de menores está resuelto?— se burló su agente—. Era un espectro del más allá que encantaba a los niños y se los llevaba para hacer… sopa.

Caitlyn sabía que la broma iba sin gracia desde el mismo Lukiano. No había necesidad de reprocharle nada.

Las primeras desapariciones llamaron la atención de los encargados de esos casos por lo extrañas que eran.

Se trataban de niños realmente pequeños, de familia que nada tenían que ver las unas con las otras. Inclusive, haciendo un gran esfuerzo, apenas si se las podía relacionar en Piltover.

No había ningún sospechoso, no había ningún motivo para creer que alguien quisiera secuestrar a algún miembro de la familia, no había llamado de rescate y, lo más insólito de todo: No habían pruebas ni testigos.

Los niños sencillamente se fueron a dormir una noche y a la mañana siguiente no estaban en sus camas.

Nadie forcejeó, nadie hizo ningún tiro, nada de ruidos, nada de gritos. Ninguna ventana estaba abierta o ninguna puerta estaba sin su seguro.

Nada.

La nada misma en cada caso. Por donde se buscara, ese era el único resultado que obtenían.

No fue hasta que las desapariciones escalaron en números radicalmente que la misma sheriff decidió dejar de delegar y tomar el caso en sus manos. Ya no era solo un par, sino casi una docena de niños sin relación aparente, desaparecidos, en menos de un mes.

Por eso, apenas recibieron el llamado de la familia Grinkes, acudieron inmediatamente.

Su rápida reacción solo consiguió lo mismo que consiguieron sus demás hombres y ella misma en los casos previos, prácticamente nada.

El niño, Peka Grinkes, de tan solo 3 años, había sido llevado a la cama luego de un relato, contando por el confiable jefe de llave de la familia. Arropó al pequeño mientras sus padres estaban en una velada de trabajo, y cerró la puerta de la habitación luego de asegurarse de que dormía con comodidad.

Nada inusual que el hombre no haya hecho en más de 17 años con la familia, la cual le tenía una profunda confianza, hasta ciega por lo que Caitlyn podría apreciar, respecto a sus hijos y el cuidado de la casa.

Peka era el hermano menor de cuatro, los otros tres mayores también cuidados y supervisado por el jefe de llave. Nadie tenía ni una sola queja hacia el hombre, que luego de contar su relato sobre lo ocurrido esa noche, se le notaba profundamente apenado y conmovido por la pérdida del miembro más joven de ese lugar.

—Es increíble que sea el único testimonio que tenemos de todos los casos.

—No puede hablar en serio, mayor, es solo un relato alocado de un viejo ebrio.

—Lukiano…—comenzó a reprenderlo con paciencia, pues aún se encontraban en la residencia de la víctima y no en las oficinas donde ese tipo de comentarios podían pasarse por alto—. Yo sé cómo suena el testimonio que el señor Marfil nos dio, pero es evidente que el hombre esta sobrio, y estuvo sobrio en su labor esta noche. Estaba al tanto de las desapariciones recientes, como lo está el resto de la ciudad. La familia prefiere creer que su hijo saltó de su habitación por voluntad propia por la ventana de su habitación en el segundo piso, que culpar a su jefe de llave de confianza.

—Nada que un buen puñado de billetes no pueda quebrar la lealtad de cualquiera— comentó con seguridad su agente—. Conozco al tipo, le van los juegos de cartas y las apuestas.

—Como todo buen hombre de Aguas Turbias.

— ¡Exacto!

—Eso no lo hace un criminal, y tener ese tipo de prejuicios en un caso tan importante como este solo nos alejara de la verdad.

—… lo lamento, sheriff.

—Le creó a la familia y, lo que es mas importantes, las pruebas y la velocidad con la que reaccionamos, sin darle tiempo a una coartada, están del lado del señor Marfil— siguió hablando mientras tocaba la solapa de su sombrero y veía como la humedad de sus dedos dejaba marcas allí—. Los vecinos no vieron nada. A estas horas un carro hubiera llamado la atención, pero ninguno apareció por las calles. La habitación del niño está en un segundo piso, al lado de la habitación de su hermana, quien, aunque solo tiene 10 años, nos jura no haber escuchado nada y su testimonio coincide con lo expuesto. Escuchó inclusive la historia que el señor Marfil le dijo a su hermano, luego la puerta de este cerrándose, y el hombre le fue a desear las buenas noches, antes de bajar las escaleras a la sala común y quedarse allí.

— ¿Un sueño quizás?

—Ah, sí, he pensado en eso también— coincidió la sheriff—. Es posible que el hombre sencillamente se haya quedado dormido luego de pensar tanto en su crucigrama en ese mullido sofá. Estaba pendiente y preocupado de las desapariciones recientes en Piltover y su pasado en Aguas Turbias le trajo recuerdos de los relatos de algunos marinos. Al dormir su cabeza relacionó todo y… nos da como resultado ese “atípico” testimonio.

—Los vecinos no dijeron nada de ningún tipo de apagón en sus casas.

—Ciertamente, no parece que en este sector de la ciudad hayan tenido problemas con la electricidad.

—Entonces… ¿Solo fue un sueño?

Caitlyn caminó unos pasos y se apoyó en la pared del pasillo, desde allí pudo ver como el padre le pasaba una taza de té a su esposa que, aunque angustiada, terminó por tocarle el hombro al señor Marfil y ofrecerle su propia infusión.

El hombre aceptó con una sonrisa avergonzada, que dejaba ver lo mucho que lamentaba haberle fallado a la familia.

—Entonces… no tenemos nada.


Anita llevaba la carpeta con los informes bien abrazada a su pecho.

No le sorprendió encontrar la puerta del despacho de Caitlyn a medio abrir, pues últimamente era tanto los reportes que le llegaban que comenzaba a ser un sinsentido para la sheriff tener que dar permisos para que sus hombres entraran y los dejaran en su escritorio.

No llamó a la puerta, sencillamente la corrió con lentitud, levantando apenas la vista para saber si la oficial estaba dispuesta a recibirla.

Sonrió de inmediato, olvidando las formalidades al ver el estado de Caitlyn.

La chica estaba sola en su despacho, con la silla muy inclinada hacia atrás y sus dos pies cruzados sobre su escritorio, el sombrero le cubría el rostro con la copa apuntando a lo alto y podía ver cómo, cada tanto, el cuerpo se mecía en su lugar.

Era evidente que se encontraba en un estado de meditación profundo donde las apariencias ya le importaban muy poco.

— ¿Interrumpo?— trató de introducirse la doctora, pero Caitlyn no hizo más que detener su movimientos de vaivén—. Puedo venir luego, parece realmente concentrada.

—No bromees conmigo.

—No lo hago— confesó con honestidad, aunque riendo al mismo tiempo—. Todos sabemos lo realmente complicado que es el caso del que debe encargarse y si usted cree que encontrara la solución dentro de su sombrero… bueno… nadie lo tomaría en broma realmente.

—Bueno… solo cuando los casos son “realmente complicados” es que llegan hasta mi ¿No es así?— preguntó finalmente bajando las pies del escritorio—. Y no, no encontré la solución dentro de mi sombrero… desafortunadamente.

—Dicen que los acertijos más complicados están destinados a quitarles el sueño a las mentes más brillantes.

—No me diga— comentó mientras acomodaba el sombrero a un lado en su escritorio, aun viéndolo como si de verdad hubiera dejado allí parte de las pistas para resolver el caso— ¿Debo suponer entonces que no duerme bien últimamente, chief?

Anita sonrió honestamente mientras se acercaba más a su superior, aun sintiéndose halagada sin saber cómo contestar con una devolución tan elocuente.

—El caso de las desapariciones es realmente complejo— decidió continuar directamente yendo al punto del porque estaba allí—. Antes de que pasara a sus manos ya lo había estado investigando con mi sección. El misterio solo creció mas a medida que los días pasaban y ahora…

— ¿Y ahora parece “espeluznante”?

—Veo que no es ajena a los rumores en los pasillos.

—Mis hombres hablan realmente fuerte mientras “murmuran”… estoy pensando en obligarlos a tomar a todos un curso sobre discreción.

—No les vendría mal…

— ¿Piensa lo mismo?— se interesó Caitlyn, inclinándose hacia adelante y poniendo sus codos en la mesa para luego apoyar su cabeza en sus manos.

— ¿Sobre lo extraño que es que las personas desaparezcan sin dejar rastro y sobre el testimonio paranormal del señor Marfil?— puntualizó la doctora—. Como una mujer de ciencia ¿Sabe? tengo mis escepticismos sobre lo planteado.

Caitlyn sonrió de lado, asintiendo finalmente, para volver a descansar su espalda en el respaldo de su asiento.

—Estuve indagando con algunos agentes estos asuntos, rastreando alguna pista en Zaun, como recomendó— siguió Anita, dejando la carpeta en el escritorio—. Tenía razón.

— ¿La tenia?

—Sí, ellos también han sufrido algunas desapariciones. Niños muy pequeños también, aunque no tienen un control o entorno de contención como Piltover como para llevar un registro exacto, sabemos ahora que por lo menos han desaparecido 6 menores que logramos corroborar.

— ¿Tienen algún testimonio o prueba de lo que paso con esos menores?

—Poco y nada, aunque lo poco que pudimos averiguar coincide en gran medida con las desapariciones en la ciudad… no ayuda que Zaun desconfié de nuestras investigaciones.

—Lo cual no es novedad.

—No lo es, pero pensé…— comenzó Anita, tratando de introducir su idea con cuidado—. Pensé en cierta aliada que tiene la sheriff de Piltover que podría moverse muy bien en Zaun para conseguir más información.

Anita notó la sonrisa en el rostro de su superior justo antes que esta la disimulara volviéndose hacia adelante y sumergiéndose en la carpeta nueva en su escritorio.

—Ah, sí…— comentó tratando de restarle importancia al asunto—. Lamentablemente “Mi aliada” no nos ayudara esta vez.

— ¿No?

—No… ella no está en la ciudad o sus cercanías al parecer.

—Ahora que lo menciona, fuera de las desapariciones misteriosas y uno que otro altercado, las cosas han estado un poco tranquilas por aquí…

—Lo sé ¿Verdad? Es una bendición tener un poco de calma por aquí para variar.

Anita se quedó en silencio, esperando que Caitlyn terminara de revisar la carpeta en sus manos, hasta que finalmente la cerró, poniéndose de pie para acercarse a donde ella estaba.

—Las desapariciones en Zaun también tiene cierto tinte que parece ir bien con las que tenemos aquí, tiene razón— admitió—. Arma un equipo pequeño, ve a los comercios y muelles del distrito bajo, averigüen mas sobre lo que está pasando allí.

—Sí, mayor— comentó de inmediato y vio como la otra comenzaba a alistarse para salir— ¿Cuándo los informes estén listos desea que se los haga llegar a su oficina o prefiere que la busque antes?

—Búscame si tienes alguna novedad apremiante, de lo contrario todo lo resolveremos aquí— comentó ya acercándose a la puerta—. Caminare un poco. He estado encerrada aquí demasiado y… en sus palabras, mi sombrero ya no puede darme más pistas de las que ya me dio.


“—Hice esto para ti.

—Oh, gracias… siempre quise un osito de peluche de llavero que pareciera haber sido arrollado por un tractor… que tierna eres.

—No se ve tan mal.

—Le falta un ojo.

—Le puse un parche.

—Le arrancaste la boca y le dibujaste una más grande de lo que su cara podría abarcar

—Y gracias a eso tiene una enorme sonrisa ahora ¿Lo ves? Esta feliz.

—Parece que quiere morder a alguien.

—Sí, de lo feliz que esta.

— ¿…que?

—Sí, ya sabes, cuando muerdes a alguien porque estas feliz.

— ¿…que?

—No me mires así, aquí la rara eres tú. Yo estoy diciendo algo totalmente normal y estudiado ¡Y si vuelves a decir “¿…que?” poniendo esa cara de idiota que pones cuando lo haces, voy a morderte de una forma infeliz! ¿De acuerdo?

—…

— ¡Y vamos! ¡Estas cosas te deben gustar, eres una chica!

—Asombrada estoy de tu poder deductivo… que observadora… que atenta.

—Lo sé, soy brillante. Y si ya terminaste de hacerte la graciosa…

—Mmm no, aun no. Siento curiosidad sobre como condujiste tu hipótesis hasta llegar a la conclusión de que era una “chica”.

—Noté que te faltaba una cosa y te sobraban dos para ser un “chico”.

—Ah… usted debería considerar seriamente alistarse en la carrera de detective teniendo “semejante” intelecto deductivo.

—Agh… dame ese osito.

—…no.

—Dámelo.

—No, dijiste que era para mí, así que me pertenece.

—Lo estas criticando demasiado y ya no quiero que se quede contigo.

—Es porque está horrendo, Jinx.

— ¡Entonces devuélvemelo!

—Pero aun así es mío ahora.

— ¡Eres un buen ejemplar de tu género, Keilin!

— ¿…gracias?

—Agh, de nada. Ahora… ¿Puedes prestarme atención? No tenemos mucho tiempo.

—Claro.

— ¿Puedes ver el collar que lleva con las tres luces en su cuello?

— ¿… es una bomba?

— ¡No! No, no es una bomba. Es algo mejor que una bomba.

— ¿Algo mejor que una bomba… para ti?... Waho, me has dejado sin palabras… ¿Qué es entonces? ¿Es realmente peligroso? ¿Debería dejar de acercarlo a mi cara?

—No es peligroso. Tiene mi nuevo y más grande, aunque no más genial, invento de todos.

— ¿… y estás segura que no me explotara en la cara?

—No, ya te lo dije. Aparte, míralo, es súper pequeño. Tus dedos son más grandes que esa cosa ¿Qué explosivo podría poner allí?

—…

— ¡Esta bien, sí que podría! ¡Pero te juro que su finalidad no es explotar!

—¿Cuál es su finalidad entonces?

—… hacer lucecitas de colores.

— ¿…que? ¡No me muerdas!

—¡He lho ajvehti!

—Ya sé que me advertiste ¡¿Pero para que voy a querer yo algo que haga lucecitas y se viera tan mal?!

—Agh… Te mostrare ¿Ves este pedazo de metal chiquito que tengo aquí?

—Sí.

— ¿Ves que tiene también 3 foquitos diminutos apagados?

—Sí.

—Genial. Presiona uno de los focos del osito.

— ¿Una de las luces del collar?

—Si.

—De acuerdo… Oh, también se encendió la misma luz en eso que tienes.

—Lo sé. Si quieres puedes tratar apretando las demás luces. Se encenderá la misma en el dispositivo que tengo yo.

—Entiendo cómo funciona… pero sigo sin entender para que sirve.

— ¿Y te llaman la mente superior de Piltover?

—Ah, es verdad. Mi mente, aunque superior, tiene ciertos problemas para seguirle el ritmo a… alguien que no tiene cabeza… pero si su decapitada majestad sería tan amable de iluminarme un poco aquí…

—Lo que sea por mi querida plebe. Cuando tú aprietas un botón, la misma luz que encendiste enciende el mío con el mismo color. Cuando yo enciendo una luz, la tuya se va a apagar y se encenderá la que yo envié. ¿Tu cabeza superior puede seguirme hasta ahí?

—Mi cabeza superior está bien, gracias.

—Bien. Verde es para decir “Todo está bien” Rojo es para decir “Todo está mal” y el amarillo es para preguntar “¿Cómo está todo?”

—…

—¡¿Por qué me sonríes así?! ¡Dios!

—Si quieres estar en contacto conmigo puedes simplemente llamar y preguntar como estoy ¿Sabes?

—El dispositivo que te doy no se limita solo a Piltover, tiene el mayor alcance que ningún otro comunicador pueda tener hasta el día de hoy. Eso es algo que un estúpido y aburrido teléfono no puede hacer.

—Ah… ahora veo.

—Sí, ahora lo ves ¡Genial! Pero también tiene otra propiedad. La próxima vez que decidas caer bajo las manos del villano de turno, como ya comprobamos anteriormente que te gusta caer bajo las manos del villano de turno, puedes mandar el código mediante las luces y yo lo recibiré claramente. De ese modo, el villano de turno, en cuyas manos te gusta caer-

—Entendí ese punto, gracias.

— ¡Claro!... bueno, si ya entendiste el punto… eso es todo.

—Mmm…

— ¿Qué? ¿Quieres que te lo explique con manzanas? Puedo traer una pizarra… con dibujitos creo que también lo puedes entender.

—Entendí bien la idea. Es un comunicador de amplia distancia con solo un canal y tres posibles estímulos con sus respuestas.

—Mi forma de explicarlo fue más divertida, pero si eso funciona para ti, sí, esa es la idea y su función.

—Mmm…

—¡Agh! ¡¿Qué?!

—Tú solo tienes un pedazo de metal del tamaño de un dedal con las luces, es más discreto y simple ¿Por qué darme un llavero, con forma de peluche muy feo, a mí?

— ¡Dame ese maldito oso, Keilin!

—No dije que no lo quería.

— ¡No! ¡No! ¡Intercambiemos comunicadores! ¡Dame mi oso carismático! ¡Tú quédate con el aburrido dedal! ¡Te lo puedes meter donde no te llega el sol! ¡Y para mandarme un mensaje solo deberías apretar tus nalgas!

— ¡Jinx! ¡Detente! ¡Nunca dije que no lo quería!

— ¡No me importa!

—Ya, ya… es un carismático osito horrible.

— ¡Lo vas a hacer llorar!

—Seria lo único que le faltaría para parecerse más a ti.

—¡Agh! ¡Cómo te detesto!

—Porqué esa era la idea ¿Verdad?

— ¡No lo era!

—Le puedo poner unos flecos celestes quizás.

— ¡Juro que voy a morderte realmente fuerte, Keilin!

—Que cargue un arma mucho más grande que él.

— ¡Eres de lo peor!

—Y si le aprietas las orejas podrás ver como se pone todo rojo y- ¡No me muerdas!”


En el centro de aquel jardín, un poco apartado de los caminos que tomaban los universitarios para llegar a la academia, estaba un enorme portal de material gris duro con varios cristales violáceos incrustados en él.

Caitlyn recordaba bien como en la ciudad se habían armado diferentes galerías y puestos donde ahora se exhibían lo que antes estaba bien resguardado en el antiguo museo de Piltover, pero otras cosas, tan hermosas y grandes como lo era aquel portal, habían encontrado su lugar al aire libre en la ciudad.

El misterioso arco hacia que la luz del sol se reflejara de manera armoniosa y brillante contra su material y lo hacía un espectáculo realmente agradable a la vista. Una valla de seguridad, muy gruesa, a la altura de la cintura, cuidaba que nadie se acercara realmente demasiado, pero aun si eso pasaba, no dejaba de ser solo un adorno, muy grande, en un jardín verde con los alrededores bien adornados de flores.

La sheriff se acercó sin saber a dónde más conducir sus pasos. Mirándolo con cierto desdén hasta que estuvo solo a escasos centímetros de la valla protectora.

Buscó en su bolsillo y puso el llavero arriba de la valla, sentándolo para que quedara quieto en su lugar.

—Buenas tardes, señor feo— lo saludó mientras suspiraba y dejaba salir parte de su cansancio con eso.

Se inclinó sobre la valla al lado del peluche y trató nuevamente en pensar en el caso. Luego de unos minutos se estiró de nuevo, caminando un poco en el lugar y volvió al peluche, golpeándolo un poco con sus dedos, hasta que finalmente toco el botón de en medio, haciendo que al luz amarilla en su collar se encendiera.

“No es como si no lo hubiera intentado antes, pero a veces cuando uno dice las ideas en voz altas toman mejor forma” Pensó, mientras se cruzaba de brazos y miraba el llavero “Ella habla con sus armas, hablar en voz alta no es peor que eso.”

—Este es un caso realmente difícil— comenzó, mirando de nuevo al portal y luego al peluche en la valla—. Tengo casi una docena de niños, cuya edad va desde los 9 meses hasta los 3 años, desaparecidos desde hace semanas. No hay testigos, no hay pruebas y no hay relación alguna entre los desaparecidos más allá de su corta edad y la forma en la que desaparecieron. Todos en sus camas, de noche, sin presentar ningún signo anormal en su rutina. Y eso es todo… Le dije que era un caso realmente difícil, señor feo.

Caitlyn miró con una sonrisa al peluche, que aún tenía la luz amarilla encendida y se dio vuelta para apoyar su cintura en la valla y ver los caminos que conducían a la academia. Para esas horas los últimos rayos de luz del sol desaparecieron y los faroles comenzaron tímidamente a prender sus luces. El lugar seguía siendo ideal para cualquiera que quisiera reflexionar un poco más.

—Anita descubrió que también ocurrieron desapariciones en Zaun, parece seguir el mismo modus operanti que lo que sucede aquí. Supongo que si indagamos más en-

Caitlyn se detuvo al momento de mirar el peluche, pues este ya no mostraba la luz amarilla que ella había mandando sino la de uno de sus costados, verde.

Tomó el llavero con sus dos manos y con su pulgar jugó un poco con uno de los brazos del pequeño osito, aun admirando el tono verde que llevaba su collar ahora.

“Supongo que está bien… ¿Cuándo tiempo paso ya? ¿Un mes y un par de semanas?... ¿Un poco más? Me parece más tiempo… Compadezco al pobre diablo al que le estará haciendo la vida imposible, pero…”

Caitlyn se llevó el peluche a la quijada, dándole pequeños golpecitos con sus dedos. De repente tenía una idea y se preguntó qué tan rápido podría encontrar a Anita para que la ayudara con eso.

Estaba a punto de despegarse de la valla cuando notó la nueva luz en su llavero, nuevamente el tono amarillo, solo que esta vez ella no había apretado nada.

Sonrió al saber que ahora era su turno de contestar, y se preguntó si había logrado hacer preocupar a la otra.

—Aunque me hubiera gustado que mi momento de descanso durara un poco más… estoy bien, Jinx— terminó diciendo, mientras apretaba la pequeña luz verde, solo para guardar de nuevo el llavero en su bolsillo—. Tiempo de volver al trabajo.

Empezó a caminar a pasos lentos, ya terminando de formar algunas ideas sobre el caso en su cabeza, cuando pudo divisar a Anita acercándose a lo lejos.

A medida que la chica se acercaba, Caitlyn pudo notar la prisa en sus pasos y la alarmante expresión en su rostro, no necesitaba que se le diga nada, sabía que el caso se había complicado nuevamente.


—Los guardias privados de la mansión llegaron antes, en cuestión de segundos. Llamaron a la central y venimos enseguida, suponiendo lo peor. Nos presentamos en la puerta en menos de 15 minutos, sheriff, no más que eso. Registramos junto a los guardias que ya estaban en su labor. No hay rincón de la mansión que no hayamos revisado y extendimos la búsqueda por varios metros fuera de las proximidades de ella. No encontramos nada.

— ¿El sistema de vigilancia?

—No registra nada en las inmediaciones. No hay cámaras que den dentro de las habitaciones y la que están en las salas y pasillos no registraron ningún movimiento atípico. Lo poco grabado coincide con el testimonio que tenemos. El señor Manes estaba bañando a su hijo de año y medio, Sants, apenas caer el anochecer. Lo secó y arropó en la cama. Tenía intenciones de leerle un cuento para que durmiera, pero olvidó prepararle su biberón. Bajó las escaleras, prometiéndole volver pronto, preparó el alimento en solo un par de minutos y cuando regresó el niño ya no estaba.

—¿Hay alguna cámara que dé para las puertas de las habitaciones?

—Sí, nadie entró ni salió y la habitación está ubicada en un segundo piso. La única ventana da al frente donde dos agentes de seguridad hacían sus rondas. Ninguno notó nada sospechoso.

—Increíble.

—Ciertamente lo es, mayor. Al tratarse de la residencia del hijo de un político tan importante, el lugar está altamente protegido. Diría, sin ninguna duda, que es el hogar más vigilado de cualquiera de los otros casos, y aun así…

—Quien sea que haga esto se las ingenió para repetirlo como si nada.

—Sí. El señor Manes estaba al tanto de las desapariciones de menores, por lo que los guardias estaban particularmente atentos a los movimientos de su único hijo, tanto fuera como dentro de la mansión. Había guardias en ese momento cerca, pero no en la habitación del menor porque justamente se estaba haciendo cargo su propio padre. Ni él ni nadie se imaginó que dejarlo solo, en un bajar y subir de escaleras, pudiera llegar a suceder esto.

Caitlyn asintió un par de veces y dejó al hombre luego de darle algunas indicaciones.

Ella misma se paseó por el lugar y habló con el resto del personal, tanto los privados como los vigilantes allí, sacando la mayor información que pudiera de todo lo que había pasado.

Finalmente se dirigió a la sala principal del lugar.

Adrián Manes era el hijo de uno de los mayores y más poderosos miembros del parlamento. Se dedicaba con la misma energía y dedicación a la política como su padre, ambos hombres eran realmente queridos en la ciudad y tenían cierta cercanía y simpatía para con Caitlyn.

Al verla llegar a la sala, el hombre se puso de pie inmediatamente, poniéndole toda la atención a cualquier palabra que pudiera salir de la sheriff.

Esto la llenó de pena al saber que no podría decirle más que la verdad, y esa era que no tenía nada en sus manos que le ayudara a encontrar a su hijo.

El hombre pareció entender solo con la expresión condescendiente que recibía de la chica las malas noticias, y sus hombros se dejaron caer, sintiéndose derrotado también.

—Los encontraremos— le aseguró, sabiendo que era lo único que podía decir en ese momento—. Los encontraremos a todos.


—Todavía no es muy tarde para empezar a creer en historias de fantasmas.

—Por favor, no tú también— exclamó con verdadero cansancio viendo a Anita desde el reflejo del ventanal en su oficina, aun dándole la espalda.

La ciudad parecía tranquila desde allí. El atardecer ya ponía a todos los edificios en un tono anaranjado y sabía que su jornada terminaría pronto, pero que ella no se iría.

En los últimos 10 días no había ocurrido ninguna otra desaparición, siendo el del caso Manes el más reciente de todos.

Lo que pareciera ser una buena noticia, en realidad no lo era. Al no tener ninguna otra pista de los casos anteriores, Caitlyn esperaba que al poner al tanto a los ciudadanos y tomar aún mayores precauciones, hubieran tirado datos que analizar de haber nuevos casos.

Pero no fue así.

Las desaparecieron se fueron como llegaron. Sin nada que las anunciara y tan rápido que luego de más de una semana, parecía un sueño extraño que las familias afectadas se negaban a olvidar.

—Dime que tienes algo valioso que informar— se resignó la sheriff luego de suspirar aun contemplando la ciudad.

—De hecho… así es— comunicó Anita, y pudo ver como su superior se volteaba con lentitud para observarla con atención—. Hice lo que me pidió, sobre averiguar más allá de las cercanías de Piltover. Obtuve algunos informes con lo pedido de varios sectores del imperio de Noxus, y un par de informes de Demacia llegaron esta mañana. Aun no tengo respuesta de Fréljord pero realmente tampoco espero conseguir mucho de allí.

— ¿Y bien?

—No tienen nada que se le asemeje a los casos en la ciudad— concluyó, haciendo que la sheriff vuelva a suspirar, pero antes de dejar que se desalentara decidió mostrarle un nuevo informe—. Sin embargo, me llegó algo realmente curioso en el informe que mandó uno de los vigilantes en la zona de Aguas Turbias.

— ¿Aguas Turbias?

—Así es. Hace diez días exactos, cuando las desapariciones aquí terminaron de suceder, una madre salió a las calles de noche llamando a gritos a su hijo, despertando a todos y haciendo que toda la ciudad lo buscara. No encontraron nada. A los pocos días el mismo incidente ocurrió con el hijo de un panadero, y luego de 5 días un pescador juro que a su bebé se lo tragaron los monstruos del mar.

— ¿Aguas turbias comenzó con una ola de desapariciones de menores al mismo tiempo que nosotros salimos de ella?

—Sí, mayor.

— ¿Crees que espantamos al responsable de la desapariciones de aquí, haciendo más rigurosa la vigilancia, y este huyó a Aguas Turbias para seguir con sus fechorías?

—No descartó esa posibilidad, pero si lo que el informe dice es cierto, y no lo podemos saber a ciencia cierta a menos que lo investiguemos a fondo, es el mismo modo de operar. Niños muy pequeños, raptados en la noche, sin dejar ningún rastro de lo sucedido.

—Interesante— comentó la oficial, cruzándose de brazos, bajando su mirada para comenzar a analizar las posibilidades—. Ponte en contacto con Aguas Turbias, seguro que a su… “Capitán” o lo que sea que esta a cargo ahora, le interesara saber que tenemos un enemigo en común.

—Me temó que le han ganado la mano esta vez, sheriff.

—¿Mmm?

—Acaba de llegar esto— contestó sacando un sobre marrón oscuro de entre sus carpetas.

Caitlyn lo tomó con cuidado y solo verlo pudo deducir mucho de él. Estaba manchado en uno de los bordes por la humedad de un sitio seguramente cerca de un mar o un puerto y llevaba un inconfundible sello con un sable y una serpiente temible abrazándose a este.

Rompió el sobre de costado y sacó la carta, que lejos de estar escrita en un papel blanco, asemejaba casi el mismo color que el sobre donde había venido.

“A la atención de la Sheriff de Piltover:

Me encuentro en posesión de dos cosas de las que estoy segura, le interesaran. La primera lleva su nombre y la segunda clama pertenecerle.

No se demore. La paciencia no es una virtud que se valore mucho por aquí.

M.F.”

Leyó un par de veces todo de nuevo y luego le pasó la carta a Anita. Su subordinada hizo lo mismo, acomodándose lo lentes, y luego viendo a Caitlyn de nuevo.

— ¿Algo que lleva tu nombre… y otra cosa que dice pertenecerte?

—Y justo en medio de todo este caso que parece conectar Zaun, Piltover y Aguas Turbias… que buen tiempo para todo.

—Sí, es evidente que no es una casualidad.

La sheriff volvió a su escritorio para apoyarse en la mesa. Lo meditó por unos segundos pero creía que Anita tenía razón, las mejores conclusiones la podrían sacar una vez allí.

—Prepara un pequeño grupo discreto, iremos a Aguas Turbias.

—No creo que sea una buena idea.

— ¿Disculpa?

La doctora sencillamente se limitó a hacerle notar que la carta tenía una pequeña clausula en el reverso. Se la pasó a Caitlyn para que ella misma pudiera verla.

“Invitación para uno… solamente”

—Ah, claro… por supuesto— se lamentó la chica, rascando su frente— ¿Sabes? No tengo realmente una… “Buena” relación con quien me escribió esto.

— ¿No?

—No— concluyó la chica con una sonrisa dura—. Aunque compartimos un poder bastante similar sobre nuestras sociedades, somos realmente diferentes al momento de ejercerlo… tanto que provoca un fuerte conflicto. Créeme cuando te digo que el asunto debe ser muy serio para que escribiera esto… y me invitara “solo a mi”… es extraño…

— ¿Y qué va a hacer?

—Estoy intrigada, no mentiré— admitió con humor—. Y luego de 10 días sin tener una pista sobre el caso, esto es lo mejor que tenemos. No puedo dejarlo escapar.

—Preparare todo para su viaje, entonces— dijo de inmediato su subordinada, y Caitlyn asintió, dándole una sonrisa en agradecimiento.

Apenas se encontró sola de nuevo en su despacho, volvió a revisar la carta y el sobre, no encontrando nada más que pudiera delatar las intenciones de quien lo envió.

—Algo que lleva mi nombre y otra cosa que clama pertenecerme— repitió, y se sintió ansiosa de repente, sabiendo que el misterio era aún más grande pero aun así emocionante solo con tratar de resolverlo—. Curioso.