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La Bella Durmiente

Summary:

Ray quisiera decir que no recuerda la primera vez que sucedió, pero sería una mentira total. Recuerda absolutamente todo de su vida, y este es un evento que recuerda con total claridad como si hubiera sucedido solo la semana pasada.

Cinco veces que Norman y Ray se besan.

Notes:

Esto fue totalmente autoindulgente, me siento tan triste por el fandom de Yakusoku no Neverland que casi no haya trabajos de Norman y Ray.

Necesitaba saciar mi sed de NorRay, y quise hacer una historia corta sobre ellos dos estando enamorados y besándose.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Ray quisiera decir que no recuerda la primera vez que sucedió, pero sería una mentira total. Recuerda absolutamente todo de su vida, y este es un evento que recuerda con total claridad como si hubiera sucedido solo la semana pasada.

Todavía se encontraban en Grace Field. Solamente eran unos niños que no conocían nada del mundo exterior, sus únicos conocimientos se basaban en libros gruesos, polvorientos y cuidados cuidadosamente en la vasta biblioteca de su hogar, novelas cliché para adolescentes e historias contadas por su mamá.

Estaban afuera como de costumbre, los niños más grandes estaban jugando con los más pequeños a las escondidas. Ray no se sentía muy bien ese día, había comido algo que no le cayó bien en el desayuno, por lo que se encontraba acostado bajo la sombra de un árbol enorme. Ray trató de regular su respiración mientras sentía el frío pasto con sus pequeñas manos. Podía escuchar las risas lejanas de sus hermanos. Se imaginaba a Emma escabulléndose para no ser encontrada, a Norman encontrando un escondite en donde nadie lo podría encontrar incluso si lo buscaran por horas.

No quería admitir que quería poder ir a jugar con ellos, pero Ray se sentía un poco solo el día de hoy. Aunque el cielo estuviera despejado de nubes y un hermoso color azul lo adornara, la luz del sol rozando cálidamente su piel, Ray no podía evitar sentir el frío de su interior volverse un poco más grande. Estaba en esto solo. Llevaba días teniendo pesadillas por los recuerdos que lo aterrorizaban. Las sombras oscuras se colaban en sus memorias como viejos amigos, cada día que pasaba temía no solo por su futuro, sino por el de sus amigos.

Un dolor en su parte abdominal lo hizo volver a la realidad y se quejó levemente. Iba a tratar de dormirse cuando sintió una presencia acercarse por enfrente. Iba a abrir los ojos para ver quién lo estaba molestando, cuando una presión tierna y cálida en sus labios lo dejó congelado por un momento. Abrió los ojos rápidamente y se topó con la cara
de Norman a unos centímetros de la suya. Tenía los labios fruncidos y los ojos entrecerrados. Cuando vio que Ray había abierto los ojos, abrió sus ojos azules y sonrió con alegría.

“¡Funcionó!” Norman exclamó y se sentó frente a Ray mientras sus cálidos ojos lo observaban atentamente.

 

“¿Qu- Qué funcionó?” Ray estaba completamente confundido.

“Mamá nos había leído ayer un libro en donde la protagonista principal era despertada de un profundo sueño por un beso de amor verdadero” Noman explicó tranquilamente, sus ojos todavía brillaban con felicidad infantil, contento de que su experimento hubiera resultado. Ray se perdió por un momento en esos ojos que parecían brillar más que el cielo arriba de ellos.

“Beso… ¡¿me besaste en la boca por eso?!” Ray se llevó su mano para tocarse su boca, todavía podía sentir un ligero hormigueo por la presión de hace unos momentos, todavía podía sentir la calidez de los labios de Norman. Ray se sonrojó y sintió su cara arder, esperaba que Norman pudiera confundirlo con el calor del verano, pero sabía mejor que eso.

“¡Si! Yo quiero mucho a Ray, por lo que estaba seguro que mi beso te haría despertar y quitarte tu malestar” Lo dijo con tanta convicción y seguridad que por un momento Ray no supo qué pensar. Quería gritarle y hacerle entender que así no era como las cosas funcionaban, no podías despertar a alguien solamente porque lo besabas, el amor no funcionaba así, el amor se supone es cuando amas a una persona y era especial para ti, así como Norman amaba a Emma. Pero antes de que abriera la boca pudo sentir cómo, o más bien la falta de algo lo hacía repensar sus palabras. Norman tenía razón, a Ray ya no le dolía el estómago, los retorcijones que antes lo atormentaban se habían ido como si nunca los hubiera tenido.

“Funcionó ¿verdad Ray?” Norman tenía una sonrisa arrogante en su boca, Ray deseaba con todas su ganas negarlo solamente para que esa sonrisa pudiera desaparecer de su cara, pero tenía que admitir que se veía muy bien Norman con ese aire de confianza, por lo que respondió honestamente.

“Si… funcionó” Todavía con un pequeño sonrojo Ray murmuró mientras apartaba la vista. Iba a volver a hablar cuando Norman lo sorprendió por segunda vez en menos de cinco minutos. Los labios de Norman volvieron a posarse sobre los de Ray y apretaron ligeramente.

“¡Ah! ¡Norman, ¿Y ahora por qué me besaste?” Ray estaba más rojo que una remolacha. Se tapó la boca con sus dos manos y vio con los ojos como plato a Norman que reía suavemente y miraba a Ray con una mirada suave.

“Porque quería, y me gustó cómo se sintió antes, así que lo volví a hacer” La sonrisa de Norman era tan cálida y suave que Ray sintió como su interior permanente frío se descongelaba solo un poquito. ‘Vas a ser la muerte de mí’ Ray pensó mientras intentaba volver a tomar control de sus emociones y negaba con la cabeza.

“No lo hagas tan casualmente Norman. Esto es algo que haces con la persona que amas y quieres pasar el resto de tu vida con ella” Ray trató de restarle importancia y hacer ver a Norman de que esto no se debe de hacer con cualquiera.

Norman frunció el ceño y se quedó pensativo por un momento. “Pero te amo Ray, y no hay nadie más con quien tenga ganas de hacerlo” Respondió honestamente Norman y tocó gentilmente la mejilla de Ray con una suave mano, volvió a sonreír y ahora la sonrisa se volvió un poco oscura. ”¿O no te gustó?” le preguntó a Ray con sus ojos enfocados completamente en él.

Ray se estremeció bajo el toque de Norman, trató de apartar sus ojos de los de Norman, pero se volvió inútil cuando esa mirada siempre buscaba la suya. “No, me gustó mucho” Ray susurró al viento, tratando pero fallando de que Norman no lo oyera.

Norman ahora sonrió brillantemente y su suave y encantadora risa llenó el espacio entre ellos. “Bueno, entonces lo haré con más frecuencia si tanto te gustó” Ray pensó que Norman solo estaba jugando, esperaba que pronto se olvidará de ese momento, pero sabía que era demasiado pedir. Norman podía ser un demonio cuando quería.

______________________

La segunda vez que sucedió habían pasado algunos años desde el primer beso.

Tenían alrededor de siete años. Norman estaba ayudando a poner la mesa para que todos pudieran desayunar. Emma entró corriendo con un grupo de niños detrás de ella gritando y riéndose. Norman negó con la cabeza y se rio de las payasadas de su amiga.

“¡Norman, buenos días!” Emma saludó energéticamente con la mano. Los niños dijeron sus buenos días a Norman también y Norman saludó a todos con una sonrisa y la mano.
Estos días habían estado un poco más fríos que de costumbre, el invierno se acercaba lentamente, afuera los árboles y él césped empezaban a cubrirse de blanco conforme pasaban los días, podía sentirse el ambiente más frío y todos tenían que cubrirse con una capa extra de tela para no resfriarse.

Norman siguió ordenando metódicamente la mesa mientras tarareaba sin ritmo alguno, se preguntó que podría hacer el día de hoy, no tenía tantas ganas de salir afuera, el clima invernal siempre lo debilitaba más, y no le gustaba el frío que su cuerpo sentía cuando salía en estos tiempos afuera, prefería quedarse dentro tomando un chocolate caliente y leyendo un libro junto a Ray.

Cuando piensa en Ray, Norman no se sorprende dejando que ese pensamiento se quedé más tiempo del que debería en su mente. Ya estaba acostumbrado a pasar horas pensando en pelo color negro cuervo, ojos grises que siempre tenían una mirada aguda y aburrida pero cuando captaban un destello en una posición particular de la luz adquirían un tono lila que te dejaba sin aliento, la piel blanca y lisa sin una imperfección, tan suave al tacto que podrías pasar horas acariciándola y siempre desear más, esa boca que siempre estaba cerrada y fruncida en un ceño, peo cuando se abría era para lanzar comentarios sarcásticos e inteligentes, acompañada de unos labios finos y rosados, parecían una golosina lista para ser engullida…

Un estruendo sacó a Norman de sus pensamientos, sacudiendo la cabeza volteó al lugar de donde provenía el ruido y vio que Emma había tropezado, estaba riéndose mientras se frotaba el cuello, varios niños estaban apiñados a su alrededor mostrando preocupación, pero Emma los despidió y se incorporó. Muy pronto volvieron a su juego como si nada hubiera pasado.

Norman se sentía un poco avergonzado al dejarse llevar por su mente en el comedor una vez más, no podía perder la concentración en un lugar donde no fuera la oscuridad de su cama. Pero esa resolución se hizo añicos tan pronto como vislumbró una mata de cabello oscuro pasar por la puerta del comedor y dejar al descubierto al dueño de sus pensamientos anteriores.

 

Norman dejó vagar su mirada por el cuerpo de Ray. Podría decirse que Ray sería flaco y con poco músculo porque siempre estaba sentado leyendo libros, pero solamente era una ilusión. Debajo de la ropa blanca podría apreciarse un cuerpo, si bien no con demasiado músculo, si tonificado y con unos brazos macizos y capaces de levantar cosas pesadas. Unas piernas tonificadas por correr demasiado a la etiqueta y de años de jugar en el exterior.

Volviendo al presente, Norman observó cómo Ray pasaba por la masa de niños en la entrada. Saludaba a Emma con una mano y despeinaba a cada niños que se cruzaba en su camino. Aunque nunca lo admitiría él mismo, pero Norman sabía que Ray tenía una debilidad por los niños más pequeños, siempre los trataba con más cuidado y les prestaba más atención que a cualquier otra persona. Excepto con Emma y Norman.

En ese momento Ray levantó la cabeza y cruzó la mirada con Norman, Norman le sonrió y levantó la mano para saludarlo, Ray levantó también su mano y le devolvió el saludo. Una pequeña sonrisa apareció en la cara de Ray y Norman sintió como su corazón se saltaba un latido. Se sintió avergonzado y volvió a su tarea de acomodar los platos.

Terminó de acomodar los platos justo cuando entraba mamá.

“Muy bien niños, es hora del desayuno” Mamá llamó la atención sobre ella, todos corrieron para tomar asiento. Norman se sentó justo en medio de la mesa, intentó guardar un lugar para Emma y Ray. Emma llegó riendo y se sentó en frente de él, después llegó Ray y se sentó a su lado.

“¿Hambriento?” Norman bromeó con Ray, lo vio servirse el doble de porción de lo que normalmente se serviría. Él también se sirvió un pedazo de pan recién hecho, un poco de arroz y algunos vegetales. Ray solo refunfuño y se llevó la cuchara a la boca. Norman soltó una pequeña risa y empezó a comer.

“¡Chicos! ¿Jugamos en la tarde a la etiqueta?” Emma habló con la boca llena, un poco de arroz salió disparado de su boca y Norman se rio con una mano cubriéndose la boca. Ray regañó a Emma por ser tan descuidada y muy pronto empezó una discusión.

Norman se perdió, el sonido de las voces se disolvió como sonido de fondo y se concentró en su comida. Volteó a su lado cuando sintió a Ray chocar su muslo con el suyo propio, volteó la vista y observó a Ray hablar con Emma. Tenía un ceño fruncido en su cara y sus labios estaban ligeramente apretados. A Norman le gustaba mucho esa expresión en él, lo hacía verse demasiado adorable, y de pronto le entraron unas inmensas ganas de besar esos labios fruncidos. Norman parpadeó repetidamente y se volvió a concentrare en su comida. Trató de disolver esos pensamientos y se enfocó nuevamente en la conversación, se unió a las payasadas de Emma y a burlarse de Ray.

Ese pensamiento lo siguió durante todo el día, mientras jugaban a la etiqueta en la tarde y a la hora de cenar. Cuando era hora de dormir, intentó poder entrara al mundo de los sueños, pero por más que intentara no podía conciliar el sueño.

Se levantó frotándose un ojo con su puño cerrado y por instinto enfocó su vista en la cama de Ray. Vacío. Casi siempre Ray tenía insomnio y dormía irregularmente en la noche. A veces Norman lo encontraba en la biblioteca a estas horas leyendo en el piso un libro.
Se levantó de su cama y salió al pasillo intentando hacer el menor ruido posible, fue directo a la biblioteca para ver si se encontraba Ray y, efectivamente, Ray estaba en la esquina de la biblioteca, una vela estaba a unos metros de él, alumbrando el pequeño espacio que parecía el refugio de Ray. Con la vela alumbrando la mitad de la silueta de Ray, Norman sintió algo en su pecho, un dolor sordo. Frotó inconscientemente su pecho mientras observaba durante unos minutos en silencio a Ray. Se veía etéreo en la oscuridad con la vela alumbrando su perfil, las líneas de su cuerpo se hacían más prominentes y se veía más guapo que de costumbre.

Caminó intentando sorprender a Ray, pero algo debió delatarlo porque Ray levantó la vista y fijó su mirada oscura en Norman.

Norman sonrió y se inclinó para sentarse al lado de Ray. “¿Qué estás leyendo?” Le preguntó, asomó su cabeza y Ray le enseñó la portada del libro.

“La bella durmiente” Ray respondió y volvió su atención al libro. Norman tarareo sin comprometerse y se recargó de espaldas a la pared, se acomodó y empezó a leer en donde Ray se había quedado.

Así pasó la primera hora, después de un rato de leer, Norman recargó su cabeza en el hombro de Ray para poder leer mejor, Ray apoyó su cuerpo contra el de Norman y dejaron que el confort de otra persona los calmara.

Iban a acabar el libro, estaban leyendo cuando el príncipe entró al castillo donde se encontraba Aurora, los ojos de Norman se enfocaron en las letras de la historia. El príncipe besó a la princesa durmiente, un beso de amor verdadero, con ese simple toque de labios cambió el hilo de la historia, la princesa abrió los ojos despertando del sueño eterno.

‘Y vivieron felices para siempre… Fin’

“Mhm, qué estupidez” Ray murmuró cuando cerró el libro. Se quedó observando pensativo la portada, Norman se quedó observando tranquilamente el semblante de Ray.

“A mí se me hizo romántico” Norman susurró en la oscuridad de la habitación. “Un amor que rompa contra toda creencia y tenga el poder de vencer hasta las peores maldiciones.” Norman se acercó poco a poco hasta estar a escasos centímetros de la cara de Ray, las respiraciones se entremezclaban, podía oler la menta en el aliento de Ray, los ojos de Ray brillaron con la tenue luz de la vela, y en ese momento Norman pensó que no había nada más hermoso que Ray.

Ray tembló, sus ojos se cerraron por un momento y los volvió a abrir ligeramente. Norman bajó la vista hacia los labios entreabiertos de Ray y éste se estremeció, no sabía si era por el frío de la noche o por otra cosa más. “Un amor verdadero” Las palabras de Norman se perdieron cuando sus labios entraron en contacto con los de Ray. La calidez estalló en el pecho de Norman. Sintió como si pudiera respirar por primera vez, como si todo este tiempo estuviera ahogándose en agua y, cuando probó los labios resecos de Ray pudiera volver a respirar oxígeno.

Sus labios sabían tan bien, eran demasiado dulces y Norman sintió que no tendría suficiente de ese sabor.

Audazmente se inclinó más hacia el espacio de Ray y apoyó una mano en su mejilla, la otra agarró con cuidado la cintura de Ray. Pudo sentir a Ray temblar bajo su toque. Un jadeo salió de sus labios cuando se separaron y sus ojos grises brillaban con una emoción que Norman no podía identificar. Sus labios estaban brillando y húmedos, Norman no pudo resistirse, volvió a besar esos labios. Ray soltó un pequeño gemido, tan silencioso que si no fuera porque Norman estaba totalmente concentrado en él se lo hubiera perdido. Sintió soltar su propio gemido y se apretó más contra Ray.

No sabía cuánto tiempo pudo haber pasado, tal vez fueron segundos, minutos o horas. No le importaba, lo único que le importaba era sentir completamente a Ray contra él.

Poder recordar su sabor, su aroma, la forma en la que se sentía contra sus labios, las reacciones que soltaba cuando Norman lo apretaba o hacía algo que hacía sacar esos exquisitos sonidos de Ray. Norman deseaba que nunca terminara este momento.

Lamentablemente, el aire no era eterno, por lo que tuvieron que separarse. Norman apoyó su frente contra la de Ray. Respiraba entrecortadamente, podía sentir el pecho de Ray agitado, su corazón acelerado y se sintió tan feliz. Feliz de saber que había sido él el que había hecho de Ray un desastre.

El silencio llenó la habitación por unos momentos, solamente siendo interrumpido por la respiración de ambos.

Norman trazó con su pulgar la línea de la mandíbula de Ray, le hacía sonreír el sentir la calidez debajo de su pulgar, manchando las mejillas de Ray de un hermoso tono rosado.

“Norman” Ray susurró y levantó los ojos. Gris contra azul.

Una paz se apoderó del cuerpo de Norman.

Le encantaba cómo sonaba su nombre en la voz de Ray.

No pudo evitar bajar su cabeza y volver a tocar esos labios.

“Eres mi bella durmiente Ray” La declaración de Norman se perdió en la fría noche de principios de invierno.
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La tercera vez que sucedió, Ray todavía podía sentir la sal en sus labios después de semanas.

Habían llamado a Norman.
Norman iba a ser llevado para poder ser comida para demonios.

Ray no había podido mantenerlos a salvo.

Había sido un tonto. Debería de haber sabido desde un inicio que su mamá estaba por delante de ellos. Siempre dos pasos delante.

Tenía tantas ganas de llorar. Pero las lágrimas no salían. Se sentía entumecido de la cabeza a los pies, un enorme vacío en su pecho lo hacía incapaz de moverse.

Emma había intentado que ninguno de ellos perdiera la esperanza. Tal vez podrían hacer algo en el último minuto.

Ray lo sabía mejor, no había nada que hacer. Mamá había ganado. Los demonios habían ganado. Norman sería enviado y ya nada tendría sentido. Toda su planificación de seis años no ayudó a salvar a Norman.

Solo faltaban dos meses para que Isabel también llevara a Ray y todo habrá terminado. Todo el dolor, la angustia, la oscuridad habrá terminado cuando sea puesto en platos de porcelana como comida de lujo para demonios.

Ray estaba en el cuarto de los hombres, no podía atreverse a mirar a los ojos a Norman y ver la decepción brillar en esos ojos azules, ver la traición, ver que Ray no pudo hacer nada para salvar a Norman. No quería despedirse de él.

Deseaba con todas sus fuerzas que fuera a él a quien se llevaran y no a Norman, ni a Emma.

Estaba recostado de lado cuando escuchó la puerta crujir.

De seguro era Emma presionando para despedirse de Norman.

“Vete Emma, no quiero ver a Norman” Ray gruño, se podía escuchar la ira y el dolor en su voz.

“Eso es lamentable. Yo quiero ver a Ray por última vez” La voz melancólica de Norman hizo que Ray se volteara de golpe y se levantara de la cama.

“Norman…” Ray no sabía qué hacer, no sabía que decirle, no sabía cómo actuar. ¿Qué podías decirle a la persona que juraste proteger, que juraste que harías todo lo que estuviera en tus manos para que pudiera vivir? Ray no quería que Norman lo viera y lo despreciara por completo.

Norman se acercó con pasos lentos. “Ray, mírame” Ray negó con la cabeza y enfocó sus ojos en sus pies. “Vamos Ray” Ray n quería ver a Norman a los ojos. No podía. “Por favor. Por mí” El susurro lleno de dolor de Norman fue lo que hizo que Ray levantara la cabeza y enfoca sus ojos en Norman.

Al contrario de lo que pensó que podría encontrar ahí, los ojos de Norman brillaban, no con disgusto u odio, sin con amor, cariño y tristeza. El labio de Ray tembló cuando las suaves manos de Norman agarraron con delicadeza sus mejillas.

“Quería despedirme de ti antes de irme” Norman susurró, se inclinó de rodillas y su mirada quedó justo frente a la suya. “Quería decirte adiós por última vez” Los ojos de Norman se desbordaron con agua cristalina. La imagen de Norman se desenfoca y Ray sintió como todo se nublaba a su alrededor. La voz se le atoró en su garganta. Todo su pecho le dolía. Quería gritar, quería pelear, quería hacer que mamá no se llevara a Norman. Quería que Norman no se fuera.

No podía hablar, pero no era necesario. Justo cuando sintió los suaves y cálidos labios de Norman tocar los suyos, las lágrimas que había tratado de contener durante mucho tiempo cayeron. Sintió sus mejillas frías y húmedas en donde las lágrimas caían, se combinaron con las de Norman y su beso supo salado.

Pero fue en ese momento que todas las emociones se desbordaron de él y ese vació que sentía en el pecho fue llenado por todo lo que estaba sintiendo en es momento.

Todo el amor. El cariño. Odio. Miedo. Tristeza. Todo se fusionó y lo sacó en el beso que compartió con Norman.

Sabía que esta sería la última vez que pudiera estar así con Norman. Sentir su calor, sentir su suavidad, poder tocarlo, olerlo y cuidarlo.

Aprovechó al máximo este momento. Agarró con fuerza a Norman por la cintura y lo acercó lo más posible a su cuerpo. Quería sentir el corazón de Norman latir contra él una última vez. Quería sentir la sangre correr por todo su cuerpo, recordarlo vivo.

Se separaron del beso por la falta de oxígeno, pero volvieron a besarse segundos después. Ray no estaba seguro después de cuántos besos se separaron, pero cuando terminaron los dos estaban rojos de la cara y respiraban entrecortadamente.

“Norman” Ray tenía tantas cosas que quería decirle a Norman, todavía quería pasar momentos a su lado, quería reír junto a él y Emma, poder leer juntos los libros de la biblioteca, dormir juntos. No quería que Norman se fuera.

Norman sonrió con las mejillas brillantes, nuevas lágrimas se formaron en sus ojos. “Ray. Mi bella durmiente”

_________________________

Pasaron dos años hasta que fue su cuarta vez.

En esos dos año habían cambiado muchas cosas para Norman. Desde que salió de la casa Grace Field y pensó que iba a ser comido por demonios, hasta este instante y lo que le deparara el futuro nunca pudo volver a descansar correctamente.

El alivio repentino que tuvo cuando supo que no iba a ser comido en ese entonces, muy pronto se volvió en temor, odio, rencor y anhelo por haber sufrido un futuro diferente.

El tiempo que pasó el Lambda fue el peor tiempo que Norman pudo experimentar. Todo el tiempo estuvo solo, aislado en su propia mente, rodeado de demonios que lo único que querían de él era su sabor, lo veían como ganado.

Lo único que lo mantuvo a flote durante los últimos dos años fue los recuerdos de su familia. La esperanza de que todos hayan podido escapar con vida, la esperanza de que pudieran estar ahí afuera, que un día podrían reencontrarse. Las sonrisas de Emma, las risas de Thoma y Lany, las miradas tímidas de Gilda, la confianza de Don. Y Ray. Todo sobre Ray le daba fuerzas a Norman para levantarse cada día y realizar las tareas que tenia asignadas.

En todo momento estaba Ray presente en su mente. Su mirada arrogante pero temerosa, su sonrisa sarcástica, sus manos blancas y suaves, su aroma a lavanda y menta, sus labios rosados como pétalos de una flor…

Norman vivía cada día para poder volver a reencontrarse con su familia. Trabajó, planificó, dio órdenes, conoció, mató; para poder tener un solo día en el futuro en que podría volver a estar con ellos.

Valió todo el esfuerzo cuando, dos años después, Hayato llegó corriendo a la base subterránea y le explicó alegremente que encontraron a un grupo de niños sobrevivientes. Norman sintió cómo la esperanza explotaba en su pecho.

Todo su trabajo pudo rendir frutos al fin.

Caminó de lado a lado en su oficina con ansiedad, hace algunas horas que había recibido las noticias del grupo de niños exploradores, pero todavía no habían llegado.

Estaba perdiendo lentamente la paciencia cuando, a la mitad de su vuelta se abrió la puerta de golpe y Norman paró en seco. Volteó tan rápido que pensó que se le rompería el cuello. Ahí estaba. Una de las personas que más había extrañado. Una mata salvaje de color rojo fue lo primero que vio. Lo siguiente que notó fue el peso que se estampó fuertemente en su pecho, sus brazos abrazaron automáticamente a la pequeña figura que se acurrucaba en su pecho.

“Emma” Norman susurró el nombre de la chica en su cabello Enterró con fuerza su cabeza en los mechones enredados rojos y se permitió el momento de felicidad.

“Norman, estas vivo” Norman sintió como la pequeña Emma se alejaba un poco de su abrazo para mirarlo a los ojos. Sus ojos estaban brillando con lágrimas, esos ojos color verde con los que había soñado incontables noches, junto con otros color gris, por fin estaban en frente de él.

“Te extrañé mucho Emma” Norman sonrió suavemente y tocó la cara de Emma con su mano. Emma cerró por un momento los ojos, disfrutando de la comodidad. Pero ese momento acabó cuando Emma salió del agarre de Norman y con entusiasmo le dijo que iba a traer a todos los demás.

Norman no tuvo tiempo de recomponerse cuando de pronto la puerta se volvió a abrir y ahí estaban todos. Su familia. Los niños más pequeños corrieron, gritando y sonriendo de alegría para poder abrazar a Norman.

Norman rio felizmente y bajó hasta hincarse para abrazar a todos sus hermanos. Muy pronto había una masa de extremidades de diferentes tamaños abrazando al chico de pelo blanco. Las palabras de alegría, exclamaciones de sorpresa y llantos era lo que se podía escuchar en esa pequeña oficina.

Por más que Norman se sintiera feliz y a gusto en los brazos de su familia, no podía negar que sentía una tremenda decepción y preocupación porque no podía encontrar por ninguna parte una mata de pelo negro enmarañado y unos ojos grises.

Norman se levantó riendo y palmando las cabezas de los niños que todavía se aferraban a él. Fue en ese momento cuando vio a una persona adelantarse y caminar hacia él.

“Ray…” El nombre que se había negado a decir en voz alta durante los pasados dos años por fin fue dicho al aire. La palabra se sintió demasiado dulce en sus labios cuando fue pronunciada. Norman sonrió a Ray y abrió los brazos para poder abrazarlo.

Lo que no esperaba era el dolor sordo en su mejilla cuando el puño de Ray chocó contra ella.

Se pudo escuchar un jadeo de todos los presentes cuando Ray golpeó con el puño a Norman,

“¡Ray! ¡Pero qué…!” Emma se tapó la boca con las manos y con los ojos bien abiertos veía a Norman levantarse con dificultad del piso y frotarse la mejilla roja.

Norman rio felizmente. “Me lo tenía bien merecido” Vio con ojos cálidos a Ray y una sonrisa socarrona.

“Ha pasado un tiempo Ray” Volvió a abrir los brazos, y esta vez por fin pudo tener en sus brazos a Ray. Apretó con fuerza al cuerpo del otro y esperaba que esto durara por siempre.

“Maldito Norman, te extrañé tanto” Ray susurró en el oído de Norman, causando un pequeño escalofrío en éste cuando el aliento cálido de Ray chocó en su caparazón.

“Yo también te extrañé mucho.

 

 

Después de haberse puesto al corriente Norman y toda su familia. Estaba sentado en su cama con la frente apoyada en sus puños cerrados.

Habían pasado por tanto todos. Tenían nuevas adiciones a su grupo y todos habían crecido tanto. Se veían felices y eso hacía a Norman feliz.

Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos y abrió los ojos.

“Adelante” La puerta se abrió mostrando al dueño de la mayor parte de sus pensamientos. Ray se apoyó con un hombro en el perfil de la puerta y sonrió con esa sonrisa maliciosa que se había perdido Norman.

“¿Listo para dormir?” Ray preguntó mientras avanzaba y se sentaba al lado de Norman. Norman se tomó un momento para oler con fuerza la esencia de Ray. A pesar de que habían pasado algunos años y habían vivido experiencias horribles, Ray seguía teniendo ese olor tan único con é. Lavanda y menta. Cómo había extrañado ese olor.

“Si. ¿y tu?” Norman respondió y apoyó su cabeza en el hombro de Ray. Se sintió en paz y cálido por primera vez desde hace mucho tiempo. Había olvidado cómo se sentía sentirse en paz.

“Solamente quería verte una vez más antes de irme a la cama. Saber que no era una ilusión mía” Ray murmuró sobre el cabello blanco. Frotó su nariz contra esos suaves mechones.

Norman suspiró feliz. Ray lo había extrañado tanto como él lo extrañó.

“Todo el tiempo pensé en ti” Confesó mientras posaba sus labios contra su cuello. El pelo negro le hacía cosquillas en su frente. Volvió a respirar y dejó que su mente se embriagara con el aroma de Ray.

“Tu también estuviste en mis pensamientos en todo momento” Ray posó su mano en la cintura de Norman. El calor llenó los lugares donde más frío tenía Norman. Este momento era el que había soñado durante tanto tiempo en la oscuridad de su habitación.

Besó el esbelto cuello en frente suyo y escuchó con deleite cómo un pequeño gemido escapaba del azabache.

Volvió a besar, ahora con más fuerza y confianza y ese sonido volvió a surgir.
Norman quería escuchar más de esos hermosos sonidos.

“Ray… no sabes cuanto tiempo desee poder besarte” Inhaló sobre la piel de Ray y depositó un camino de besos desde su cuello, hasta su mentón, siguiendo el camino hasta su mejilla derecha y le susurró en el oído.

Ray se estremeció y abrazó con más fuerza la cintura de Norman. “Creo que sí lo sé...porque es el mismo tiempo que pasé deseando besarte” Ray murmuró sobre los labios de Norman y los fuegos artificiales explotaron en sus ojos cerrados cuando sus labios chocaron.

No era un beso hambriento o salvaje, era un cálido reencuentro entre unas bocas que previamente se habían conocido y volvían a encontrarse después de mucho tiempo.

Norman jadeó en el beso, agarró con fuerza la camisa holgada de Ray y apretó sus puños con fuerza.

Se sentía como un hombre que daba su primer respiro de aire fresco después de haber estado sumergido en el mar por tanto tiempo.

Quería intensificar el beso, pero también quería poder apreciar y hacer durar este tierno momento.

Norman no sabe cuánto tiempo pasó, pero tuvieron que separarse a regañadientes cuando el aire era necesario.

Apretaron sus frentes juntas y se sonrieron con una tierna sonrisa y los ojos brillantes.

“Te extrañé tanto Norman” Ray finalizó con un beso rápido en los labios de Norman y sonrió tímidamente.

“Yo también te extrañé mucho, mi bella durmiente” Volvió a besar a Ray porque sentía que no podría volver a vivir sin esos labios sobre los de él.

Paso mucho tiempo antes de que los dos pudieran irse a dormir entre los brazos del otro con una sonrisa en sus caras.

____________________________

La quinta vez que Norman y Ray se besaron, todo había llegado a su fin.

Por fin habían derrotado a la reina demonio. Rescataron a todos los niños de las granjas. Pudieron escapar al mundo humano. Encontraron a Emma después de meses de búsqueda.

Todos estaban por fin en paz por una vez. Vivían en una pequeña casa en el campo. Algunos niños se fueron a vivir a diferentes hogares. Pero los niños de Grace Field decidieron vivir juntos. Eran hermanos después de todo. No podían vivir separados por mucho tiempo.

Sin embargo, algunos decidieron vivir en una casa separada, pero todavía eran vecinos y se veían la mayor parte del tiempo.

Don y Gilda decidieron vivir junto con otros niños. Emma todavía estaba un poco perdida en cuanto a conocer a tanta gente. Por lo que todos decidieron darle algo de espacio y dejar que se adaptara otra vez a ellos en su vida. Por el momento vivía todavía con el hombre que la acogió, pero ahora a unas pocas casas de donde todos vivían

Los chicos de Goldy Pond vivían a unos minutos caminando.

Ray y Norman decidieron vivir juntos en una pequeña casa. No querían un hogar tan grande puesto que solamente eran ellos dos. Tenían de vecinos a todos los demás niños de Grace Field, a Emma y a los chicos de Goldy Pond.

Por el momento todavía no tenían decidido que hacer con sus vidas. Iban a entrara a la universidad en un futuro cuando decidieron en qué querían trabajar. Pero por el momento sus días consistían en levantarse juntos, desayunar juntos, pasear por el vecindario y disfrutar de su tiempo con los niños, platicar y pasar tiempo con Emma, volver a su casa a cenar y volver a acostarse en su cama compartida.

Para muchos podría parecer una rutina algo aburrida. Pero para Norman, Ray y todos los demás chicos, era la mejor forma de vivir sus días.

Habían pasado por tanto tiempo corriendo de un lugar a otro. Escondiéndose. Durmiendo en la fría tierra del bosque. Comiendo lo que podían. Todo el tiempo con el constante miedo de ser encontrados. La ansiedad consumiéndolos de adentro hacia afuera de poco en poco.

Vivir sus días pacíficamente era la mejor forma que podían pensar de vivir.

Y lo mejor de todo. Norman y Ray por fin pueden estar juntos sin que nada los detenga.

El momento favorito de Norman del día era despertarse en las mañanas. Las cortinas abiertas dejan entrar los rayos matutinos del sol. Los pájaros cantando su melodía, llamándose entre sí. La calidez de la cama debajo de su cuerpo. Las mantas suaves y mullidas que lo mantenían cálido y protegido del exterior. La calidez del cuerpo al lado suyo y los brazos envueltos a su alrededor. Cuando abría los ojos después de un pacífico sueño, lo primero que veía era la suave mata de cabello negro esparcido al lado de él, seguido debajo por unos ojos cerrados enmarcados por largas pestañas negras, unos finos labios rosados que se entreabrían como finos pétalos de rosa.

Ver a Ray a primera hora del día era la mejor parte del día para Norman. Sentía una calidez irradiar desde dentro de él y extenderse por todo su cuerpo. Nunca se había sentido más feliz y en paz que durante los primeros minutos del día mirando el rostro dormido de Ray.

Su bella durmiente.

El momento favorito de Ray era durante la comida. Él y Norman comían en su patio con todos los demás niños de Grace Field y de Goldy Pond. No sabía por qué, pero habían decidido que el patio de ellos era el mejor punto de encuentro para reunirse todos y tener sus comidas compartidas. Ray, por más que quisiera, no podía molestarse. Amaba estos pequeños momentos que pasaba con sus hermanos y las personas que había llegado a apreciar.

Lo mejor de todo era poder ver a Norman brillar bajo los rayos del sol. Se escuchaba demasiado cliché, pero sentía como si se enamorara por primera vez de Norman cada que posaba sus ojos en él de esa forma. Norman brillaba con una felicidad contagiosa. Su suave sonrisa, su risa melodiosa, su aura tranquila hacían que Ray cayera más profundamente por él.

Y Ray sentía la felicidad inundarlo cuando veía a Norman sonriendo de esa forma y disfrutando al máximo los momentos con sus hermanos. Verlo sonreír, disfrutar y simplemente vivir era lo mejor que Ray podía experimentar.

Pero los dos podían estar de acuerdo que su momento favorito era la noche.

Cuando la felicidad del día y la rutina diaria los agotaba y los dejaba en un cómodo silencio. Antes de dormir los dos leían un libro, a veces se acomodaban en el sillón, con Norman recargado en al apoyabrazos y Ray con su cabeza en e regazo de Norman, otras veces sentados en el suelo con Ray apoyado en la pared y Norman sentado en su regazo.

El día de hoy estaban acostados en su dormitorio. Norman estaba recargado contra los colchones, Ray estaba a su lado y la mano que no sostenía su libro peinaba con un aire de ausencia el pelo de Norman. Jugaba con ese mechón rebelde que se rizaba en frente del pelo de Norman y Norman tenía los ojos cerrados mientras disfrutaba de las suaves caricias y ministraciones de Ray.

Cuando las caricias cesaron, Norman abrió adormilado los ojos y voleó un poco para ver a Ray con una mirada interrogativa.

Ray lo veía con tanto amor en sus ojos grises que le quitó el aliento por un segundo a Norman. Nunca creyó que Ray pudiera dirigir a alguien una mirada así, y menos a él. Cada vez que era receptor de esas miradas hacían que su pecho se contrajera y hacía que Norman quisiera colmar a Ray de tanto amor y abrazarlo sin dejarlo ir nunca.

“Te amo Ray” Ray sintió como su mente dejaba de funcionar después de escuchar esas palabras. Un nudo se atascó en su garganta y con la voz temblorosa respondió. “Yo también te amo Norman” Ray nunca pensó que escucharía alguna vez decir esas palabras a Norman, menos ser dirigidas a él.

Tanto tiempo luchando con sus sentimientos, tanto tiempo reprimiendo y aislándose de todo y todos para poder protegerse, nunca pensó que sus más grandes y ocultas fantasías se pudieran volver realidad. Esto es algo que jamás se imaginó que pudiera suceder, pero que nunca lo cambiaría por nada del mundo.

Si tuviera que pasar por las mismas desesperanzas y angustias que pasó durante todos los años solamente por tener un minuto de esta felicidad que estaban sintiendo en este momento, pasaría una y otra vez por lo mismo.

Con una mano temblorosa tocó con sumo cuidado la mejilla de Norman. Norman sonrió con amor. Levantó su mano y la posó en la nuca de Ray.

Tanto tiempo soñando con esto, todos los momentos que pasó alejado de su familia, triste, deprimido, sin alguna esperanza. Todos esos momentos, aunque nunca se irán por completo, en este momento no son nada más que recuerdos lejanos. Si le dijeran que tendría que pasar por todo eso una vez más solo para al final tener estos momento con Ray, no dudaría ni un segundo en volver a pasar por el infierno mismo para que, al final Ray esté esperándolo con estos ojos llenos de amor.

Los dos se acercaron lentamente y en medio se encontraron, labios tocándose tiernamente con los demás. Es un simple beso, el más sencillo que habían tenido. Pero también el más significativo de todos.

En el beso podían sentir todo el amor, el cariño, la esperanza, la fe que tenían uno por el otro.

Se apartaron unos segundos después y se sonrieron una vez más. Volvieron a besarse una vez más.

Apagaron la lámpara de la mesita de noche, se cobijaron y se abrazaron para poder acabar un día más.

Sí, este era el momento favorito de los dos.

Notes:

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