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a kiss of the rain

Summary:

Se dice por ahí que si escuchas con atención, entre los susurros de las hojas y el correr de los ríos, que a mitad de año lloverá durante tres días completos, y cuando justo el reloj marque las doce para dar pie al cuarto, esta se detendrá abruptamente.

¡Pero no es un hecho aleatorio!

Algo viene, todos lo saben pero nadie es consciente.

Es la noche en que él viene de visita, tú no lo sabes pero lo sientes.

Algo diferente.

Algo mágico.

Y si tienes suerte y realmente lo presientes.

O solamente si él lo quiere.

Sentirás la necesidad de salir de casa, de aspirar el ambiente húmedo, de sentir el viento repentino revoloteando juguetonamente a tu alrededor.

Y entonces.

Una.

Dos.

Tres gotas sobre tu nariz.

¡Y oops!

Jeon Jungkook encontró a Taehyung.

Work Text:

Jungkook recuerda haberse sentido así antes, hace muchísimos años, cuando era un niño de siete años. El pequeño pelinegro había estado en casa de sus abuelos esa vez, ellos vivían en una zona campestre y era pleno Junio cuando un extraño presentimiento le hizo levantarse a media noche para dirigirse a la puerta trasera de la casa que daba al enorme terreno del que sus abuelos eran dueños hace años.

Una vez afuera, su pies tocando la tierra mojada y aspirando con profundidad el aroma húmedo, sintió una leve brisa mover su cabello provocándole una risa suave. Pero solo recuerda hasta ahí. Lo que sea que haya sucedido después de eso no lo tiene en la memoria, solo recuerda haber despertado en su cama como si nada hubiera sucedido, aunque la pequeña flor azul en su mano indicara otra cosa.

El pequeño Jungkook no había mencionado nada, por algún motivo mantuvo esa rara experiencia para sí mismo y guardó la bonita flor entre las hojas de algún libro de cuentos que tanto le gustaban y que sus abuelos tenían exclusivamente ahí para él. Pero no volvió a quedarse en aquella casa durante muchos años y Jungkook olvidó rápidamente esa noche, el libro y la flor.

Los años pasaron y el adorable niño creció, con sus diecinueve años, unas cuantas semanas de vacaciones y una sugerencia de su madre, se encontraba en casa de sus abuelos una vez más. Ellos lo saludaron con el entusiasmo brillando en sus ojos y lo llenaron de cariño y regalos.

—Jungkookie estás tan grande. —lloró su abuela al verlo, no podía creer que su único nieto ya fuera todo un hombre y no ese adorable niñito de ojos grandes que les pedía con enormes sonrisas salir a pasear por el campo.

Jungkook hizo muchas cosas en su estadía, durmió hasta tarde, comió hasta hartarse y llenó la memoria de su cámara con fotografías. Le hacía falta escapar de su vida diaria, por un tiempo pensó que se iba a ahogar dentro de su monótona rutina, sintiendo siempre que algo le faltaba.

Durante su segunda semana allí, había estado lloviendo con fuerza por lo que pensó que podría leer un poco, y revisando entre las cosas en su habitación se encontró con los viejos libros de cuentos. Cuando ya fue de noche, abrió otro de aquellos coloridos libros y de este cayó una flor azul sorprendentemente intacta. Jungkook la recogió sintiendo que ya la había visto antes pero sin saber dónde.

Observó la flor por todos lados, su cuerpo picando por conseguir una respuesta que sabía tenía pero no lograba recordar, pero no sintió nada fuera de lugar hasta que dieron cerca de las doce de la noche y la lluvia se detuvo por completo. Jungkook no le dio mucha importancia, inmerso aún en sus recuerdos, pero fue esa extraña sensación que de repente se instaló en su pecho, pesando con la necesidad de algo, lo que lo llevó a ir a oscuras por el pasillo en dirección a la puerta trasera de la casa.

Jungkook se detuvo frente a ella un poco nervioso y sorprendido por sus acciones y esa fuerte sensación de dejà vu que lo recorrió, pero de igual manera respiró profundo, abrió la puerta y salió.

Afuera estaba todo tranquilo y silencioso, la luz de la luna se dejaba ver con timidez entre las nubes, iluminando con suavidad su rostro y los árboles. Jungkook cerró los ojos y aspiró, sintiendo al instante la sonrisa formándose en sus labios después de hacerlo, adoraba hacer eso los días lluviosos.

El terreno de sus abuelos era bastante amplio, era en su mayoría tierra y maleza, pero tenían unos cuantos árboles que hacían ver el lugar menos vacío. A Jungkook le gustaba sentarse bajo el gran manzano a unos pocos metros de la casa, sus abuelos habían puesto una banca para él ahí y desde entonces era donde más tiempo pasaba.

Ya que el sueño era prácticamente inexistente en su sistema, estuvo a punto de dar la vuelta para ir a buscar alguna manta que lo abrigara y quedarse un rato afuera, pero no fue posible cuando una repentina brisa revoloteó a sus pies y pareció girar a su alrededor hasta llegar a su cabeza y desordenó por completo su cabello. Ante eso Jungkook solo pudo reír, una alegría burbujeante recorriéndolo de pies a cabeza sin razón aparente y causándole un pequeño estremecimiento. Sorprendentemente no era fría, y sonrió levantando un poco la cabeza, observando las ramas de los árboles balancearse con gracia a la luz de la luna. Cerró los ojos al sentir una nueva brisa, la misma sensación hormigueante y alegre recorriendo su cuerpo, como si el viento intentara hacerle cosquillas para provocar su risa.

Fue entonces que una pequeña gota tocó su nariz, abrió los ojos y vio el cielo apenas cubierto, la luna escondiéndose tímidamente detrás de una nube cuando una segunda gota cayó en el mismo lugar. Jungkook sonrió ante la coincidencia, arrugando la nariz por ello, sin darse cuenta de las pequeñas flores azules que de pronto habían cubierto el suelo a sus pies, ni tampoco el suave sonar de un cascabel. Fue la tercera gota que le hizo congelarse, precisamente porque no fue una gota.

—Hola, Jungkookie.

Jungkook casi grita, siendo detenido por una mano que cubrió su boca con pánico y nerviosismo. Frente a él se encontraba un muchacho con altura similar a la suya, parecía vestir de blanco y poseía unos ojos azules increíblemente bonitos que lo veían con preocupación. El chico era increíblemente bello, la piel de su rostro se veía limpia e impecable y los lunares que habían aquí y allá solo le daban puntos extra a su belleza. Pero no fue eso lo que llamó su atención, como si fuera poco que un chico extraño apareciera de la nada en el patio de su casa, fue su cabello azul brillante, que efectivamente, parecía brillar.

—¿Te asusté? —el chico preguntó, la luz de su cabello pareciendo apagarse un poco.

Jungkook no dijo nada, en primer lugar porque no podía, en segundo porque estaba a punto de desmayarse. ¿Se había dormido y todo este tiempo había estado en un sueño? Pero el toque de la mano del chico se sentía tan real para serlo.

—¿Jungkookie? —el chico preguntó nuevamente, su rostro luciendo preocupado y sus labios formando un pequeño puchero.

Jungkook logró calmar a su corazón y trató de decir algo para que el chico lo soltara, lográndolo cuando el chico pareció darse cuenta y se separó de inmediato, sus mejillas enrojeciendo mientras escondía las manos tras su espalda.

—¿Quién eres? —preguntó, arrepintiéndose de hacerlo cuando el semblante del chico decayó y sus ojos brillaron de tristeza.

—¿No me recuerdas? —murmuró con timidez—. Soy Taehyung.

—Taehyung —murmuró para sí mismo, el nombre sonando demasiado conocido en sus labios.

El chico, Taehyung, solo lo miró con los ojos bien abiertos, esperando por alguna reacción del menor. Jungkook estaba luchando con sus recuerdos, sus dedos rozando la respuesta pero sin llegar a conseguirla. Fue cuando miró el suelo y se encontró con el tenue brillo de las flores azules que el recuerdo de aquella noche hace años lo golpeó.

Un recuerdo de él y Taehyung jugando bajo la luz de la luna, la diferencia era que Jungkook era un niño pero Taehyung se veía exactamente igual. Lo último que recordó fue al mayor entregándole una flor bajo la promesa de volver a encontrarse.

—¿Ahora si me recuerdas? —Jungkook saltó en su lugar, Taehyung de repente estaba muy cerca, su voz sonando mucho más alegre.

—C-Creo que sí —respondió, aun tratando de comprender la situación. Pero todo volvió a la nada cuando el cabello azul de Taehyung brilló con un poco más de intensidad ante su respuesta y casi se desmaya una vez más—. ¿P-Por qué tú cabello brilla a-así?

Taehyung lo miró y sonrió ampliamente, Jungkook quedó hipnotizado por lo bonita que su sonrisa era.

—Realmente no lo sé —contestó, un dedo sobre sus labios mientras pensaba—. Yoongi dijo que yo era especial pero no me quiso decir la razón. Los demás solo dicen que fui una creación defectuosa. —un nuevo puchero apareció en sus labios—. Lo que sí sé es que el brillo depende de cómo me sienta.

—Súper normal —murmuró Jungkook para sí mismo, el peli azul mirándolo confundido—. Quiero decir ¿Los demás? ¿Quién es Yoongi?

—¡Uh! Yoongi es como yo pero ha vivido mucho más tiempo—exclamó sin dejar de sonreír.

Jungkook suspiró, con cada respuesta surgían el doble de preguntas.

—¿Y puedo saber que...? —se detuvo, sin saber cómo formular la pregunta pero haciéndola lo más simple posible—. ¿Qué eres?

—Cierto cierto —Taehyung se paró derecho, y notó por primera vez el cascabel atado a la muñeca del chico, mismo que tintineó de manera agradable ante su movimiento—. No es muy fácil de explicar pero ustedes los humanos nos llamaron espíritus de la lluvia, aunque no seamos exactamente espíritus. —explicó, su cabello variando el brillo ante la concentración—. Somos una creación de la naturaleza, por lo general nacemos de las gotas de la lluvia pero yo no nací así —arrugó la nariz en un gesto adorable para Jungkook—. Según los demás, un día particularmente raro cayó una gota de agua demasiado azul y brillante, y cuando tocó la tierra húmeda creció una linda flor como las que están a nuestro alrededor pero más grande y de ahí salí yo, una chispita de luz que voló desde el centro de ella. —Taehyung se agachó, tomando una de las flores azules entre sus dedos, los pétalos brillando con mayor intensidad ante su toque—. Yoongi dice que esta flor apareció conmigo, desde entonces aparece donde sea que yo esté.

Jungkook parpadeó, procesando la información, pellizcándose una vez más para asegurarse de que eso no era un sueño. Al quejarse del dolor y la mueca de extrañeza en Taehyung ante ello, suspiró auto convenciéndose de que todo eso era real y que tenía a un ser mágico con cabello que brillaba a menos de un metro. Súper sencillo de procesar.

—Ok, ok —murmuró—. N-Necesito sentarme.

Taehyung ladeó la cabeza pero lo siguió en silencio a la banca bajo el gran manzano, Jungkook vio con asombro la manera en que pequeñas flores iban apareciendo bajo los pies descalzos del chico.

—¿Vas a desmayarte? —Taehyung preguntó con preocupación, tocando con cuidado su mano al distinguir el rostro pálido del menor.

Jungkook sintió un pequeño estremecimiento, lo mismo que pareció sentir Taehyung, quien alejó su mano rápidamente y sintió sus mejillas ponerse calientes.

—Uhm... lo siento —dijo Taehyung, ambas manos moviéndose nerviosas sobre su regazo—. Pensé que este momento sería diferente pero solo te hago sentir incómodo, tal vez no fue buena idea venir.

Jungkook se preocupó por el tono triste de su voz—. N-No es incómodo, es solo que estoy sorprendido. —respondió rápidamente—. Quiero decir, no todos los días se aparece frente a ti alguien como tú.

—¿Alguien como yo?

—Sí, ya sabes —rio con nerviosismo—. Lindo y mágico.

Jungkook se congeló luego de hablar y quiso golpearse por decir eso, sintió su rostro enrojecer y la punta de sus orejas calientes.

—Q-Qui-ero d-decir. —se tropezó con sus palabras, enrojeciendo aún más al escuchar la cantarina risa de Taehyung.

—Jungkookie~, sigues siendo igual de adorable que cuando niño. —rio—. Yo me sigo viendo igual.

Cuando por fin pudo dejar su vergüenza, Jungkook lo miró, un montón de dudas aún en su cabeza.

—¿Ustedes no envejecen?

—Lo hacemos pero muchísimo más lento —respondió—. Nuestro tiempo y el suyo son diferentes.

Jungkook asintió comprendiendo apenas, no sabiendo el por qué esa respuesta causó algo raro en su estómago.

—¿Taehyung? —llamó al chico distraído con las flores a sus pies—. ¿Por qué estás aquí? Quiero decir, ¿Es normal que se muestren a... los humanos?

Taehyung le sonrió—. Nop. —negó sacudiendo su cabeza—. De hecho no debería ser posible que los humanos nos vean, somos de mundos distintos. Pero así como nací de manera diferente, las personas son capaces de verme, así fue como luego de muchos años aprendí a ocultarme de sus ojos.

—¿Entonces? —insistió Jungkook.

El chico pareció encogerse en su lugar y una sonrisita tímida apareció en sus labios—. Llamaste mi atención. —murmuró.

—¿Qué? —se sorprendió, una sensación cálida llegando a su pecho.

El cabello de Taehyung parpadeó en nerviosismo—. Cuando te vi por primera vez, hace años, no fue mi intención aparecerme frente a ti. —explicó—. Pero a pesar de que estaba escondido a ojos de los humanos, tú pudiste sentirme y verme —murmuró—. Y eso llamó mi atención.

—¿En serio? —Taehyung asintió mirando sus manos, jugueteando con el pequeño cascabel en su muñeca izquierda.

—Ese día nos convertimos en amigos y prometimos volver a vernos, pero nunca volviste y eso me puso triste. —dijo, su semblante decaído y el tono de su cabello apagándose—. Pertenezco a este lugar y por ello debo quedarme aquí aún cuando la temporada de lluvia se haya ido. —explicó—. Pero si necesitan ayuda en otros lados, a veces podemos ir y darles una mano, así conocí a Namjoonie que vive cerca del mar, o a Jiminie que vive más hacia las montañas entre prados de flores y animales. —los ojitos del mayor parecieron brillar al recordar a sus amigos—. Y todo este tiempo me negué a ir pensando que podrías venir y no encontrarme, pero pasó muchísimo tiempo y nunca te vi de nuevo. —Taehyung miró la luna y sonrió tristemente—. Sé que suena estúpido pero de verdad hay algo en tí que llamó mi atención, algo sucedió aquella vez que nos conocimos y necesito averiguar qué es.

Jungkook lo miró con culpa y sorpresa, por diferentes razones había dejado de ir donde sus abuelos, y si lo hacían solo era por el día, pero a pesar de que sentía que algo necesitaba hacer, nunca logró entender que era hasta ahora.

—Lo siento. —murmuró, acercándose a su lado—. Por no volver y luego olvidarme de ti.

Taehyung negó con la cabeza—. No es tu culpa, Jungkookie. —le sonrió y luego se levantó de la banca—. ¿Sabes? Hoy es una noche especial. —levantó su mano, el cascabel sonando por el movimiento—. Mis habilidades son más libres. —comentó, al mismo tiempo que movía los dedos y una suave brisa revoloteaba a sus pies, el cascabel sonando con mayor fuerza—. Por lo general solo podemos influenciar el viento y así guiar la lluvia, pero hoy puedo manejarlo libremente. —seguido de eso miró el cielo levemente cubierto con nubes cargadas de agua, una brisa desordenó su cabello y luego sintió gotas de lluvia mojar su rostro.

Ambos rieron, el cabello de Taehyung brillando con mayor intensidad al jugar con las hojas del suelo y molestando al menor. Jungkook no se dio cuenta de cuánto tiempo estuvo mirándolo, pero Taehyung destacaba de manera hermosa en la oscuridad, las flores a sus pies y el cabello del chico le daban al ambiente un toque totalmente mágico, como si estuviera dentro de un cuento de hadas.

No fueron conscientes del paso del tiempo, Taehyung se dedicó a contarle de como era su vida en su mundo y de su amigo Yoongi al que parecía tenerle bastante cariño. Jungkook se perdió en la manera en que el cabello azul variaba su brillo según lo que el chico le contaba, se rindió ante la risa mezclada con el sonar del cascabel que hacía saltar su corazón de manera descontrolada, se fascinó por la manera en que Taehyung jugueteaba con sus habilidades y las usaba para molestarlo.

—No recuerdo que tu cabello brillara cuando te vi de niño. —lo interrumpió en una de sus tantas anécdotas.

Taehyung subió las manos a su cabeza—. Eso es porque comenzó a brillar luego de ese día. —respondió, jugando con su cabello—. No quisieron decirme la razón, tal vez no saben por qué y por ello me llaman defectuoso a pesar de que nunca ha afectado en mi trabajo.

Jungkook observó una vez más como su cabello bajaba el brillo, el ánimo de Taehyung decayendo por los recuerdos de las burlas de sus compañeros. Porque criaturas mágicas o no, la maldad existía en todos los mundos.

Dudando un poco, tomó la mano del chico, el mismo estremecimiento recorriéndolo. Taehyung lo miró, sus ojos azules parecían brillar también.

—No eres defectuoso. —le dijo, las mejillas de Taehyung poniéndose rojas, sobresaltándose cuando Jungkook acarició su mejilla—. Eres especial y muy único.

—¡Yah, Jungkookie! —chilló tapando su rostro, su cabello siendo un desastre de intensidades de luz.

Jungkook quiso reír de ternura, pero se sorprendió de ver el cielo tornarse anaranjado—. Mira, está amaneciendo.

Taehyung miró rápidamente y puchereó—. No~ —se quejó—. Debo irme, Jungkookie.

—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó, su voz sonando asustada, y Taehyung lo miró con tristeza.

—No sé si lo dije pero solo yo puedo pasearme por el mundo humano esta noche. —Taehyung se levantó de la banca, su vestimenta blanca ondeando por el viento que hizo girar a su alrededor—. Ha sido así desde que existo, a mitad de año lloverá por tres días completos y cuando den las doce para iniciar el cuarto podré aparecer, pero solo por lo que dure la noche. —se agachó para tomar unas cuantas flores—. De nuevo no han sabido decirme la razón, pero he escuchado que me he vuelto una leyenda entre ustedes. —rio, acercando las flores a su nariz para olerlas—. He escuchado sobre que existen otros como yo pero cada vez que preguntó a los más antiguos nunca quieren responderme. —suspiró frustrado—. Como sea, debido a que solo yo puedo salir hoy, debo encargarme de que todo esté bajo control, por lo menos en mi territorio. Hay personas que incluso dicen sentir mi presencia y tratan de encontrarme, pero nunca han sido capaz de verme, solo sucederá si yo lo quiero.

Jungkook lo vio reír y sintió la tristeza llenarle—. No quiero que te vayas.

—Yo tampoco quiero irme pero debo hacerlo. —le dijo con pesar, mirando en el cielo los colores rojizos del amanecer antes de hacerle una seña—. Ven aquí.

Obedeció de inmediato, levantándose de la banca y acercándose a pasos rápidos a su lado.

—Vamos a volver a vernos pero debes esperar hasta el otro año. —Taehyung murmuró tomando su mano, sonriendo por la sensación de aquella acción—. Es una nueva promesa ¿vas a cumplirla?

Sus miradas se encontraron y ambos sonrieron, una sensación cálida llenando sus corazones.

—Por supuesto que sí. —prometió—. Aquí estaré.

Taehyung le sonrió y su cabello brilló, al igual que el montón de flores a su alrededor—. Cierra los ojos. —pidió en un susurro.

Jungkook lo hizo, cerró los ojos y sintió el viento alzarse una vez más a su alrededor.

—Nos vemos, Jungkookie.

Eso fue lo último que escuchó, pero antes de abrir los ojos sintió un ligero toque sobre sus labios y luego la tímida y burbujeante risa del peliazul mezclada con el tintineo del cascabel. Cuando miró frente suyo no había rastros del chico, las flores azules desapareciendo en pequeñas chispas de colores, lo único que hacía real todo lo sucedido era la pequeña flor en la palma de su mano.

El sello de la nueva promesa para volver a encontrarse.