Chapter Text
Lucy
Ese día…aún me atormenta aunque haya pasado tanto tiempo…
Fue poco después de que Trish expusiera esas fotos, si fue una putada pero entiendo su punto…¿Por qué lo ocultó si no era algo malo?...además de que motivos de sobra le dio para sospechar de él, sin olvidar que fue tan penoso que no pude evitar estallar en carcajadas.
Pero Anon no se rió en lo absoluto…y después de eso nos evitaba como si fuera la peste…incluso se rehusaba a hacer pareja conmigo en ciencias y música…no le importaba si fallaba la actividad…
y por eso quiero hacerlo reaccionar…ver qué mierda le está pasando.
Naser y Naomi me trajeron a su departamento…la parasauria se vio muy interesada en ayudarme a hablar con él…nos dijo donde vivía…un departamento de Skin Row.
*Toc* *Toc*
Oí los pasos…se quedó en silencio por un tiempo en lo que asumo era mientras me reconocía por la mirada.
Y la abierta fastidiado.
—¿Qué quieres?— Preguntó molesto.
—Hola Anon, también me da mucho gusto hablar contigo después de que llevas tanto tiempo actuando como si no existiera— Dije sarcásticamente.
—Vete a la mierda— Dijo con desprecio mientras cerraba la puerta.
Pero lo detuve…aprovechando mi fuerza para trabar la puerta agarrando el borde con mi mano.
—Anon por favor…dime qué pasó…qué hice para que ahora te comportes así— Dije perdiendo un poco la compostura.
—Y todavía no te das cuenta...solo déjame en paz— Dijo mientras simplemente me daba la espalda.
—No puedes simplemente mandarme al carajo sin aunque sea darme una explicación…¿En serio me tratas así después de- —Traté de argumentar cuando.
—¡Después de que me usaste como una puta almohada para desahogarte!...pedazo de mierda…llegué a pensar que e-estábamos teniendo u-una amistad genuina…¡Hasta me estaba enamorando de tí maldita sea!— Exclamó furioso.
Esas palabras me dejaron atónita…él también.
—Y-yo…m-mira yo también estoy enam-sintiendo cosas por tí …por eso quiero arreglar las cosas— Dije luchando por decir algo coherente.
—¡NO ME MIENTAS!— Gritó con lágrimas en los ojos.
—¡TE JURO QUE NO LO HAGO!— Rugí indignada.
—Si realmente sintieras algo por mí habrías mandado al carajo a Trish por lo que me hizo pero no…hasta te reíste de mí por la mierda que hizo que me largara de Rock Bottom…— Dijo con rabia.
Por el amor de Jesus Raptor ¿Todo se trata de eso?
—En serio, ¿estás molesto por eso?, fue una putada pero tampoco es para tanto, ya supéralo, además…¿Cómo me culpas por reírme de esa estupidez?— Dije burlonamente.
Sus ojos se humedecieron…se estremeció un poco pero…en un instante…su cuerpo se puso firme…y su mirada…estaba llena de odio…de veneno.
—No sé cómo diablos esperaba que entiendieras el puto infierno que estoy viviendo por culpa de esa trigga…¿Qué mierda vas a saber de empatía?...si ni siquiera sabes *qué* eres— Dijo enfatizando el qué con desprecio.
—Mira quien habla, si soy tan poca cosa según tu ¿No te pone a tí en un peor lugar que yo?...al menos tengo a Mi banda…tú no tenías a nadie cuando llegaste yy…era le único que hacía equipo contigo porque nadie más te hacía caso — Argumenté luchando por que no se diera cuenta que me dolió.
—Puedes darle gracias a Naomi por eso— Dijo sin inmutarse.
—¿Qué?— Pregunté confundida.
—Por favor piensa un poco ¿Qué clase de chico se juntaría contigo excepto Reed que literalmente vive drogado para soportarte a tí ya Trish?...Naomi nos juntó usando su posición en el consejo…¿Nunca te pareció raro que compartiéramos tantas clases?— Preguntó burlonamente.
—S-si pero…¿Por qué haría eso?— Pregunté en shock.
—¡Quería ver si con un novio que te arreglara dejabas de ser una maldita carga para el pobre de tu hermano y así tuviera tiempo para ella!...Jesús raptor Fang…Naomi incluso le pidió a Spears que estuviera contigo en el jardín en lugar de detención esa vez— Dijo fastidiado.
—¡Y-yo no le pedí a ese retrasado ala rota que siempre esté intentando acercarse a mí!— Exclamé con lágrimas en los ojos.
—Naomi tiene razón …tienes muchas cosas que necesitan ser arregladas…no sé ni qué mierda vi en tí …si eres una mierda que trata con la punta del pie a la gente que solo te quiere ayudar…Primero Naser, Ahora yo…me apiado del pobre idiota que esté tan desesperado como para querer salir contigo — Siguió burlándose.
—¡CÁLLATE!—Rugí mientras extendía las garras.
—¡NADIE TE ESTÁ OBLIGANDO A ESCUCHARME!...ni siquiera sé como carajos encontraste donde vivo— Dijo sin inmutarse.
—Tú ganas…s-si tanto me odias me largo de aquí— Dije con los colmillos de fuera.
—Eso…déjame en paz, vuelve con esa Estúpida banda…con esa Trigger resentida y ese Raptor bueno para nada, vuelve a ser su maldito tapete por su estúpida obsesión de hacerse famoso…aunque incluso lo llegan a ser…tarde o temprano van a mandar todo a la mierda y te dejarán sole…porque nunca les importaste— Remató el Humano con un veneno que me aterró.
No dije nada y le di la espalda mientras me iba lentamente.
—Eso…ve a llorar con tu papito y tu hermano que no soportas para que me golpeen por decirte la verdad…o dile mejor a “Tu mejor amiga” que ni siquiera te dejó usar la guitarra para que lo haga…— Se burlaba mientras finalmente salí a las escaleras.
—¿Qué te dijo?— Preguntó Naser una vez subí al Nascar.
—N-nada…— Dije luchando por no quebrarme por completo.
—¿Segura digo segura?— Preguntó Naomi.
En ese momento pude rugir no solo porque me tenía harta o porque se metió en mi puta vida.
Pero no…le voy a demostrar a Ese idiota que se equivoca….que puedo “Arreglarme” Sin el…sin nadie…
Pero por más que lo intentara…no logró…cualquiera que tuviera dos dedos de frente sabía que algo me estaba afectadodo…Trish, Reed, Naomi, mi viejo, mamá, Naser…pero no cedí…no Rugí ni me quebré enfrente de ellos…
Esas palabras…me atormentaban cada día que me quedaba sola con mis pensamientos…no porque me sintiera ofendida si no porque solo hasta entonces me di cuenta de que…había perdido al único idiota que genuinamente me amaba por imbécil…
Siempre hizo de todo por apoyarme…por escucharme y yo…le fallé…ni siquiera le di la importancia que merecía…me puse de lado de quien le hizo tanto daño…
Por eso después de tanto tiempo soportando un día simplemente no pude más…no sé cuánto Grité ni cuantas plumas me arranqué…solo amanecí en el hospital.
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Por más que ya haya hecho esto antes…sigue siendo difícil tener que abrirme con un desconocido sobre esta mierda…
Pero tengo que hacer un esfuerzo…se lo prometí a mamá.
El doctor Philip, un pachycephalosaurus con bigote, estaba sentado frente a mí, con su cuaderno abierto sobre las piernas. No escribía todavía, solo me observaba con esa paciencia profesional que tienen los terapeutas.
—Entonces, Lucy —dijo con calma—. ¿Por dónde cree que deberíamos empezar?—
Me acomodé en la silla. Mis plumas se movieron un poco por puro nerviosismo.
—No sé… —murmuré—. Supongo que… por el principio.—
Él inclinó ligeramente la cabeza.
—Y ¿dónde cree usted que está el principio?—
Solté un resoplido largo.
Tan largo que por un momento pensé que me quedaría sin aire.
—Supongo que…después del desastre del instituto…hace no muchos años—
El doctor no escribió todavía.
Solo esperó.
Eso me obligó a seguir hablando.
—Podría decirse que fue cuando supe lo que era… —hice un pequeño gesto con la mano— tocar la cima, tocar fondo… y luego encontrar un punto raro en el medio.—
El doctor apoyó la punta del bolígrafo sobre el papel.
—Ese punto medio fue después de la discusión con Anon?—
Mis plumas se erizaron un poco.
-Si.-
El bolígrafo empezó a moverse lentamente.
—¿Quiere contarme qué pasó después?—
Miré el suelo.
—Después de que él se fue… después de decirme esas “bonitas” palabras de despedida…—
Tragué saliva.
—No pude más.—
El doctor levantó ligeramente la mirada.
— ¿Qué significa exactamente “no pude más”?—
Solté una risa pequeña y amarga.
—Que perdí la cabeza.—
Respire hondo antes de continuar.
—Todo pasó muy rápido… en un momento estaba en mi cuarto acicalándome, tratando de no pensar demasiado… y al siguiente…—
Cerré los ojos un segundo.
—Desperté en una cama de hospital.—
El doctor dejó de escribir.
—¿Intentó hacerse daño?—
Asentí.
—Sí…osea no lo pensaba en el momento pero…al final lo hice—
Hubo un pequeño silencio.
No incómodo. Solo… serio.
—¿Recuerda qué pensó cuando despertó?—
—Que estaba viva —respondí—. Lo cual fue… sorprendente.—
El doctor puso algo más.
—¿Quién estaba allí cuando despertó?—
—Mi mamá.—
Una pequeña sonrisa triste se me escapó.
—Entró en pánico cuando me encontré.—
El doctor levantó la vista otra vez.
—Eso debía ser difícil para ella.—
-Si.-
Luego me encogí de hombros.
—Después de eso… decidí seguir con la banda.—
El bolígrafo volvió a moverse.
—¿Fue una decisión consciente?—
—Más o menos.—
Suspirar.
—Supongo que fue mi manera de demostrar que Anon se equivocaba—
El doctor inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Sobre qué?—
Lo miré directamente.
—Sobre que mi vida se iba a ir al carajo.—
Hubo un pequeño silencio.
—¿Y qué pasó después?—
Solté una pequeña risa.
—Ganamos un Grammy un año después.—
Por primera vez el doctor levantó las cejas.
—Eso es… un cambio bastante grande.—
-Si.-
Me recosté un poco en la silla.
—Durante un tiempo sentí que podía comerme al mundo entero.—
El doctor puso algo más.
—¿Y Anon?—
Mis plumas se movieron otra vez.
—Intenté convencerme de que solo me dijo esas cosas para joderme.—
Hice una pequeña mueca.
—Trish también me lo dijo cuando fue a visitarme al hospital.—
El doctor levantó la mirada.
—¿Recuerdas lo que le dijo exactamente?—
Solté una risa amarga.
—Oh, sí… lo recuerdo perfectamente.—
Respiré hondo.
—Me dijo que volviera con “esa estúpida banda”, que siguiera siendo su tapete, que incluso si llegábamos a ser famosos… tarde o temprano todo se iría a la mierda.—
El doctor dejó de escribir.
—¿Y qué siente ahora al recordar eso?—
Miré al techo.
—Que tenía razón.—
Silencio.
—Dos años después de que la banda se hizo oficial… todo se fue al carajo.—
El doctor cruzó ligeramente una pierna.
—¿Qué pasó?—
—Peleas.—
Suspirar.
—Todos los días.—
Sobre la música.
Sobre el estilo.
Sobre Reed drogándose para escribir canciones.
Sobre Trish queriendo más fama.
—¿Y usted?—
Lo miré.
—Yo también estaba subiendo en ese tren.—
El doctor avanza lentamente.
—¿Qué pasó cuando la banda se disolvió?—
—Nos repartimos el dinero.—
Me encogí de hombros.
—Me quedé con un millón de dólares.—
El doctor levantó ligeramente las cejas otra vez.
—¿Y qué hizo con él?—
Solté una risa seca.
—Lo desperdicé.—
Aun me quedaban 700 mil pero aun asi…gaste demasiado.
—¿En qué sentido?—
—Fiestas.—
Alcohol.
Compras.
Miré mis manos.
—Intentando llenar un vacío que no se llenaba.—
El bolígrafo dejó de moverse.
—¿Cuándo cambió eso?—
—En un callejón.—
El doctor parpadeado.
—En la fila de piel.—
Respiré hondo.
—Me desperté con una resaca horrible y me di cuenta de que mi vida era un desastre.—
Mire al techo.
—Y entonces hice algo que juré que nunca haría.—
—¿Qué cosa?—
—Llamar a mis padres.—
El doctor esperó.
—Mi mamá fue… sorprendentemente comprensiva…—
Apareció una pequeña sonrisa.
—Mi papá no tanto.—
El doctor escribió otra línea.
—¿Qué hizo su madre para ayudarla?—
—Lo primero fue quitarme el acceso fácil a mi propio dinero.—
Lo metió en una cuenta de ahorro con intereses a la que solo podía acceder en caso de emergencias serias.
Él levantó una ceja.
—Eso debía ser difícil de aceptar.—
—Lo fue.—
Suspirar.
—Pero también fue lo mejor que pudo hacer.—
El doctor cerró el cuaderno por un momento.
—Lucía…—
Levanté la vista.
—Ha mencionado muchas veces a Anon en esta historia.—
Sentí que mis plumas se tensaban.
-Si.-
—¿Cree que todavía tiene un lugar importante en todo esto?—
Me quedé en silencio.
Un silencio largo.
Finalmente respondí.
—Eso… es justo lo que estoy intentando averiguar—
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Gracias al movimiento inteligente de mi madre el dinero que me quedó creció bastante en estos años y pude permitirme un cómodo departamento en el que me encuentro hoy…cocinando unos deliciosos Dinonuggets para darme un capricho antes de calificar unas tareas un domingo por la mañana.
Sep…porque una parte de volver a poner mi vida en orden consistió en entrar a la universidad comunitaria…decidí seguir mi pasión por la música pero con otro enfoque…ayudando a otros pequeños a encontrar la suya…como maestra…menos mal que lo que quedaba de mi reputación como ganadora de un Grammy me consiguió un trabajo una vez conseguí los títulos necesarios.
Mi domingo iba perfecto. Dino-nuggets recién hechos, una cerveza y recién terminado de calificar el último examen del montón. Estaba lista para salir y pasar un buen rato.
Tal Vez Naomi tiene tiempo para ir de “Shopping”
Fue entonces cuando sonó mi teléfono.
“Mamá llamando.”
Me quedé mirando un segundo.
Las llamadas de mi mamá eran frecuentes… pero siempre me escribía antes
Contesté.
—¿Hola, mamá?—
—Lucy, cariño… —su tono ya me tensó la espalda—. ¿Tienes un momento? Necesito hablar contigo.—
Me apoyé en el respaldo del sofá. No estaba un poco de atención en su voz.
—Dime —respondí, tratando de sonar tranquila.
Ella inhaló como quien prepara una noticia que no sabe cómo aterrizar.
—Es sobre… alguien que conoces.—
Sentí un pulso frío bajarme por la columna.
Cuando mi mamá empezaba así, casi siempre era un recuerdo que yo intentaba enterrar.
— ¿Quién? —pregunté, aunque mi estómago ya sabía la respuesta.
Hubo un silencio, corto pero lleno.
— Es Anón, Lucy. El regreso a la ciudad.—
Me quedé inmóvil.
Ni un parpadeo.
Ni un sonido.
Solo un latido grueso, incómodo, golpeándome detrás de los dientes.
Luego.
Después de tantos años.
Después de todo.
Después de dejarme con palabras que aún, a veces, se colaban en mis sueños.
Después de ese desmayo, del hospital, del desastre, de todo lo que vino luego.
Anónimo… aquí.
—Y qué… ¿qué tiene que ver conmigo? —fue lo único que pude sacar, y mi voz se sintió más tensa de lo que quería.
Mi madre continuó con suavidad una que dolía.
—No lo busqué, Lucy… fue pura casualidad. Me lo encontré en el hospital cuando le llevaba comida a tu hermano. Y…—
— ¿Y? — me preparándome para... Para lo que fuera.
—Tiene una bebé.—
Respiré hondo.
Una bebé.
Anon… con un bebé…lo último que había pensado es que ese imbécil llegara tan lejos con una chica por cómo es de “directo” con lo que piensa.
Mi mamá siguió hablando, como si la noticia fuera una piedra que debía soltar rápido antes de que la lastimara en las manos.
—La cargaba , muy pequeña… como de 2 años. Se veía… cansado.—
Hizo una pausa—. Me saludó. Fue… incómodo, sí, pero educado.—
Otro silencio corto.
—Pensé que debías saberlo y que tal vez podrían hablar...me dijo que no cambió su número—
Quise decir “¿para qué?” “eso ya no me importa”.
-Mmm-
Me quedé sentado, con la sensación de que el mundo se me había inclinado un poquito hacia un lado.
Ya no lo amaba.
¿Lo extrañaba? Un poco. Pero no lo quería de vuelta.
Una parte de mí, de una versión de mí que ya casi no existe.
Y que apareciera de regreso, con un bebé en brazos… era como si el pasado hubiera tocado mi puerta sin permiso.
Finalmente respiré hondo.
—Gracias por decirme, mamá —murmuré.
—Claro, Lucía. Solo quería que te enteraras por mí. Te quiero, cariño.—
—Yo también, mamá.—
Cuando colgué, me quedé mirando la pantalla apagada.
Anon de vuelta.
Con una bebé.
Me pasé una mano por el rostro.
La vida tenía un sentido del humor retorcido.
Y yo…
Yo sabía que esto era el inicio de un capítulo nuevo o simplemente un eco del pasado queriendo hacer ruido.
Me quedé mirando la pantalla del teléfono unos segundos después de colgar con mamá.
Cerveza sonaba como una idea tentadora. Pero los Dino-nuggets ya estaban fríos.
Aún así me los iba a comer
Mi domingo perfecto… bueno, ya no era tan perfecto…como mi vida…nada salió como esperaba pero al menos…pude sacar lo mejor…
Anon volvió a la ciudad.
Y tiene una hija.
Se siente raro pensar eso. No lo amo. Ya no
Eso lo sé.
Me recosté en el sofá mirando el techo.
Pero tampoco puedo decir que no me afecta. Hay cosas que simplemente… no sé qué sentir simplemente pienso que es complicado. Se ahí quedan, como una canción, no escuchas hace años pero que igual recuerdas completa cuando vuelve a sonar.
Suspirar.
—Mierda…— Dije para nadie.
No sé qué hacer.
Hablar con él… sería lo correcto
ignorar que volvió…pretender que nunca pasó nada… sería una cobarde.
Todas las opciones me parecieron iguales de molestas.
Tal vez ella podría ayudarme, además me la debe seguramente tener algo que decir sobre lo que llevo tantos años guardándome.
Naomi.
Mi ex cuñada.
Bueno… técnicamente nunca llegamos a ese punto pero… si.
Tomé el teléfono y marqué antes de que pudiera arrepentirme.
Tardó unos segundos en contestar.
— ¿Lucy? —dijo del otro lado—. Vaya… eso sí que no lo esperaba.—
—Hola Naomi —respondí, tratando de sonar casual.
No sé si lo logré.
—¿Todo bien?—
Me quedé callada un segundo.
—¿Tienes un momento?—
—Claro.—
Respiré hondo.
—Es sobre… Anon.—
Hubo un pequeño silencio del otro lado.
—¿Qué pasa con él?—
—¿Sabías que volvió a la ciudad?— Solté la bomba.
—¿Qué?— Preguntó
La reacción fue inmediata.
—No… no sabía nada.— volvió a hablar atónita.
Fruncí el descubierto.
—Mi mamá se lo encontró en el hospital cuando fue a visitar a Naser.—
—… ¿Naser tampoco me dijo nada? —murmuró ella.
—Y… —continué— tiene una hija.—
Hubo un silencio bastante largo.
—Vaya… —dijo finalmente—. Eso sí que no me lo esperaba.—
—Yo tampoco.—
Me pasé una mano por la cara.
—No sé qué pensar.—
—¿Sobre qué?—
—Sobre qué debería hacer.—
Miré la mesa.
—Ambos nos hicimos mucho daño, Naomi.—
No me costó admitirlo.
A estas alturas sería estúpido negarlo.
—Mucho.—
Bajé un poco la voz.
—Y yo también tuve culpa.—
Porque la tuve.
Y bastante.
Luego añadí algo que llevaba años guardado.
—Y tú también tuviste algo que ver con lo que pasó entre nosotros.—
No lo dije acusándola.
Solo… como un hecho.
Naomi suspiró.
—Sí… lo sé.—
Esperaré que se defendiera o algo pero no lo hizo.
En cambio dijo algo que me dejó pensando.
—Lo que hagas ahora ya es tu decisión, Lucy.—
Me quedé en silencio.
—No puedo decirte si deberías hablar con él o no —continuó—. Pero si alguna vez quieres hablar… sabes que puedes llamarme.—
Sentí que mis plumas se relajaban un poco.
—Gracias, Naomi.—
—De nada.—
—Te aviso si pasa algo.—
—Aquí estaré.—
Colgué.
Me quedé mirando el teléfono un buen rato.
Hablar con él…
—Al diablo…— Dije en voz alta.
Abrí mis contactos.
Luego.
No recordaba cuándo fue la última vez que vi ese nombre en mi pantalla.
Empecé a escribir.
Lucy: Hola…
Borré y volvi a escribir.
Lucy: Soy Lucy.
Me quedé mirando el cursor parpadear.
Luego agregué otra línea.
Lucy: Mi mamá me dijo que volviste a la ciudad.
Otra pausa.
Lucy: Si quieres… podríamos hablar.
Leí el mensaje tres veces.
No era perfecto pero era honesto.
Respiré hondo.
Y lo envié.
Ahora solo quedaba esperar y ahora esto me tiene nerviosa.
El teléfono seguía sobre la mesa.
La pantalla apagada reflejaba apenas mi cara, y por un momento pensé en dejarlo ahí… ignorarlo, salir, fingir que todo esto no estaba pasando.
Pero vibró.
Una vez.
Lo tomé casi por reflejo.
Anónimo: Seguro fang. ¿Cuándo quieres hablar?
Me quedé mirando el mensaje unos segundos.
Así que sí lo leyó.
Respire hondo antes de escribir.
Lucy: Dentro de unos días.
Mis dedos dudaron un momento sobre el teclado.
Lucy: Tengo que arreglar unas cosas primero.
Sabía perfectamente que era una excusa, no tenía nada que arreglar.
Solo… necesitaba prepararme.
Prepárame para verlo otra vez.
El teléfono vibró otra vez.
Anónimo: no hay problema.
Lucy: Sé lo de la bebé, mi mamá me lo contó. Me alegro por ti.
Lo dije con sinceridad.
Anónimo: Gracias, ¿Dónde nos reunimos?
Lucy: reunámonos en el muelle.
Anon: entiendo, yo también estoy con unos asuntos, ¿nos podemos ver en 4 días?
Lucy: eso estaría bien.
Anon: nos hablamos después. Cuídate, Lucy.
Lucy: Tú también.
Se desconectó del chat.
Me quedé mirando el teléfono unos segundos más antes de dejarlo sobre la mesa otra vez.
Con una hija.
Y ahora… una conversación pendiente entre nosotros.
Cerré los ojos un momento.
Esto iba a ser complicado.
Hannah
El llanto era bajo. Constante y molesto.
Y estaba empezando a taladrarme los nervios.
Caminaba de un lado a otro del apartamento con Charlotte en brazos, balanceándola de la manera que había visto hacer a Anon cientos de veces.
No funcionaba.
—Vamos… vamos… —murmuré, un poco más tensa de lo que quería admitir.
La niña soltó otro pequeño quejido.
Suspirar.
Todavía se sentía… raro.
Todo esto.
La casa.
El silencio.
El peso de mi propia hija.
Miré su carita arrugada mientras agitaba las pequeñas manos.
Y aun nada…
Nada de ese amor automático que aparentemente debía aparecer en cuanto una mujer tenía un hijo.
Solo…
Responsabilidad y Cansancio.
Y una sensación incómoda de estar improvisando cada segundo.
Anon entró en la habitación en ese momento.
—¿Todo bien?—
Le lancé una mirada.
—Depende de tu definición de bien.—
Charlotte volvió a quejarse.
Anon se acercó y, casi por reflejo, la tomó en brazos.
En menos de diez segundos la niña ya estaba más tranquila.
Fruncí el descubierto.
—No es justo. Pequeña traidora.—
Anon soltó una pequeña risa cansada.
—Solo tiene hambre.—
Se dirigió hacia la cocina mientras hablaba.
Me apoyé contra el respaldo de una silla.
—¿Era Lucy? —pregunté.
O Fang o como putas se llame…me importa un carajo.
Anon no respondió de inmediato.
Solo siguió preparando el biberón.
-Si.-
Crucé los brazos.
—¿Y?—
—Quiere hablar.—
—¿Cuándo?—
—En unos días.—
Silencio.
Charlotte empezó a chupar el biberón con entusiasmo.
Anon la miró con esa expresión suave que siempre tenía con ella.
Apreté un poco la mandíbula.
No eran celos.. bah esso ya pasó.
No exactamente.
Era… incomodidad.
Está situación...no termina de sentarme bien.
—Bueno —dije finalmente—. Supongo que tarde o temprano iba a pasar.—
Anon no respondió.
Solo siguió alimentando a Charlotte.
La observe unos segundos más.
Le di un beso a ambos y aunque todavía no sentía esa chispa de madre…
Al menos sabía una cosa.
Esto…
Iba a complicarse.
.
.
.
Habían pasado dos días.
Dos días desde que Anon recibió ese mensaje.
No necesitaba que me lo dijera para saber de quién era. Lo supe en el momento en que vi su cara.
Porque desde entonces… estaba raro.
Más raro de lo normal.
A veces lo encontraba sentado en la mesa de la cocina mirando el teléfono con una expresión completamente idiota, como si estuviera grabando algo divertido.
Otras veces sonreía… pero no era una sonrisa abierta, no. Era esa sonrisa pequeña, autosuficiente, como si estuviera repasando algo en su cabeza.
Y luego, cinco minutos después, parecía completamente perdido.
La primera vez pensé que estaba cansado.
La segunda vez… ya no tanto.
Ahora estaba apoyado en el marco de la ventana del salón, mirando hacia el parque como si estuviera filosofando sobre la vida.
—Estás haciendo esa cara otra vez —le dije.
Anon parpadeó y giró la cabeza hacia mí.
—¿Qué cara?—
—La de estúpido.—
Frunció el descubierto.
—No hago cara de estúpido.—
—La haces.—
Se quedó mirándome unos segundos.
Luego resopló y volvió a mirar por la ventana.
—Estoy pensando.—
—Eso explicaría la cara.—
No respondió.
Pero pude ver cómo una pequeña sonrisa tiraba de la comisura de su boca.
Suspirar.
No sabía si me irritaba o me divertía.
Probablemente ambas.
La verdad era que llevaba dos días así.
Desconcentrado.
Perdido en su propia cabeza.
Y yo sabía exactamente por qué.
Lucy.
No hacía falta ser un genio.
Mientras yo estaba sentada en el sofá con Charlotte en brazos, la pequeña soltó un balbuceo extraño.
—Haa… ba… gah.—
Bajé la mirada.
Charlotte estaba mirando el techo con los ojos enormes, moviendo las manos como si estuviera intentando atrapar algo invisible.
—¿Y tú qué? —murmuré.
Ella giró la cabeza hacia mí.
-Licenciado en Letras.-
Hice una pequeña mueca.
Hace unas semanas apenas la toleraba.
No porque fuera mala niña.
Simplemente… no sabía qué hacer con ella.
Era como tener una criatura frágil que dependía completamente de ti y que, además, lloraba cada dos horas.
Pero ahora…
Ahora al menos empezaba a hacer cosas.
Intentaba hablar.
Balbuceaba sonidos extraños, como si estuviera probando su propia voz.
Y, lo admito... era un poco lindo.
Charlotte levantó las manos hacia mi cara.
—Ga…ga.—
—No sé qué significa eso —le dije.
Ella sonrió.
O al menos algo parecido a una sonrisa.
Pequeña.
Ridículamente adorable.
Suspirar.
—No te acostumbres —murmuré.
Aunque probablemente ya me estaba acostumbrando.
Luego se acercó entonces, apoyando un brazo en el respaldo del sofá para mirar a la niña.
—¿Qué dijo?—
—Nada —respondí.
Charlotte volvió a balbucear.
-¡Licenciado en Letras!-
Anon sonrió de inmediato.
—Eso fue un “ba”.—
—Claro —dije seca—. Próximamente escribirá poesía.—
Él ignoró el comentario.
Charlotte agitó las manos hacia él, y Anon se inclinó para tocarle suavemente la nariz.
La niña soltó una pequeña risa.
Lo observé en silencio.
Esa misma expresión, esa suavidad en
La misma que había tenido cuando hablaba por teléfono hace dos días.
Volví a cruzar los brazos.
—¿Cuándo vas a verla?—
Anon no respondió de inmediato.
Solo miró a Charlotte un segundo más antes de levantar la vista hacia mí.
-Pronto.-
Lo estudié unos segundos.
—¿Estás nervioso?—
Él soltó una pequeña risa por la nariz.
—Un poco.—
Charlotte volvió a balbucear algo incoherente.
—Gaaah.—
Anon dijo otra vez.
Yo por mi parte suspiré.
Nuestra vida va a complicarse bastante.
.
.
.
.
.
Charlotte estaba empezando a quejarse y Anon no estaba por ninguna parte…fue a la tienda por algo.
Un quejido suave y por suerte no era llanto… pero y no iba a dejar que se convirtiera en uno.
Suspirar.
—Ya voy, ya voy…—
La levanté con cuidado de la cama y la llevé al cambiador. Apenas la levanté, la pequeña agitó las piernas como si estuviera celebrando algo.
—No te emociones tanto —murmuré mientras abría el cajón para sacar ropa limpia.
Charlotte soltó un balbuceo.
-Balido…-
—Sí, sí… muy profundo.—
Le quité la camiseta con cuidado y la cambié por otra más abregada. El clima estaba empezando a ponerse fresco al caer la tarde.
Justo cuando terminé de abrocharle los botones…
Mi teléfono empezó a vibrar sobre la mesa.
Ni siquiera tuve que mirar la pantalla para saber quién era.
Resoplé.
Mamá. Siempre llamando en el mejor momento.
La vibración continuó.
Y siguió.
Y siguió.
—…Jesús rapaz.—
Si no contestaba, sabía exactamente lo que iba a pasar.
Seguiría llamando, luego los mensajes y después volvería a llamar.
Y así durante media hora.
Resignada tomé el teléfono y contesté.
-¿Si?-
—¡Hanaaaaa, cariño!—
Tuve que apartar el celular un poco de la oreja. Eso hizo que la señorita que estaba en mis brazos se pusieron a reír.
Y hay estaba.
Ese tono exageradamente alegre.
—Hola, mamá.—
—¡Ay, qué voz tan seria! —dijo con ese tono meloso que siempre usaba cuando quería algo—. ¿Cómo está mi niña?—
Cerré los ojos un segundo.
—Estoy bien.—
—¿Y mi nieta?—
Miré a Charlotte, que estaba tratando de morderme.
—También está bien.—
—¡Ay, qué felicidad! —exclamó ella—. Justamente por eso te llamaban.—
Ya sabía que no me iba a gustar lo que venía.
—Voy a ir a verla.—
Me quedé quieta.
—¿Qué?—
—¡A mi nieta! —repitió con entusiasmo—. Tengo que visitarla y ver qué tan grande esta.—
-Mamá…-
Me pasé una mano por la frente.
—No hace falta que vengas.—
—Claro que hace falta.—
—Podemos ir a tu casa otro día.—
—No, no, no —dijo inmediatamente—. Ya estoy en camino.—
Parpadée.
—…¿Cómo que en camino?—
—Pues en camino —respondió como si fuera obvio—. Ya salí hacía Volcadera hace un rato.—
Me quedé en silencio.
—¿Ya saliste?—
-Si.-
—¿Sin avisar?—
—Te estoy avisando ahora.—
Apreté los labios.
-Mamá…-
—¿Sí, cariño?—
Solté un resoplido por la nariz.
—¡No me resuelvas! —dijo inmediatamente al otro lado de la línea—. Sé perfectamente cuando resoplas.—
Cerré los ojos.
Claro que lo sabía.
Lo había sabido desde que yo tenía diez años.
—No resoplé.—
—Resoplaste.—
—No lo hice.—
—Lo hiciste.—
Miré al techo.
-Mamá…-
-¿Si?-
—¿Cuánto te falta para llegar?
—Unos 2 o 3 días —respondió.—
Fantástico.
Simplemente fantástico.
Suspirar.
—Está bien.—
—¡Sabía que dirías que sí!—
—No dije que sí.—
—Pero no dijiste que no.—
No tenía energía para discutir.
—Nos vemos cuando llegues.—
—¡Perfecto! —canturreó ella—. Dale un beso a mi nieta y saluda a Anon de mi parte.—
—Ajá.—
—¡Te quiero, cariño!—
—Sí, mamá.—
Colgué.
Me quedé mirando el teléfono unos segundos.
Charlotte balbuceó desde el cambiador.
—Gaa…Brrrrr.—
La mirada.
Luego volví a mirar el teléfono.
—Qué fastidio.—
Parece que mientras que Anon tiene que lidiar con su propia mierda que no lo deja de perseguir…yo también tendré que lidiar con la mía…
Bueno…todo sea para que esta mierda funcione…aunque sinceramente…no sé si valga la pena todo esto…bueno…solo hay una manera de comprobarlo.
