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Huele a Cereza (Y sabe aún mejor)

Chapter 2: Y sabe aún mejor

Summary:

Katsuki capea el resto del celo.

Notes:

Buena suerte, Kats!

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Tal vez. Tal vez Katsuki había mordido más de lo que podía masticar.

Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y apretando el agarre de su mano derecha.

Podía sentir su piel cubierta de sudor arder al tiempo que su boca dejaba escapar graves gruñidos sin que pudiera hacer nada para mitigarlos.

Su cabeza daba vueltas, pero su mente estaba enfocada por completo en aquello que sus instintos reclamaban, manteniéndolo cuerdo y presente en lo que estaba ocurriendo.

El fuerte, casi asfixiante aroma a menta, hierba fresca y ozono se alzaba por cada rincón de la recámara, compitiendo por el protagonismo con el gusto dulce de cerezas maduras, el cual se deslizaba entre la frescura como un jarabe espeso.

Cada que tomaba una respiración profunda, Katsuki sentía un remolino de deseo formarse en su pecho. Desde el momento que lo olfateó en el laboratorio de Izuku, no había podido sacarse el aroma de la cabeza.

Y ahora, estaba seguro de que el aroma se había impregnado por completo en su cuerpo.

¿Cómo no lo haría? Si no se había separado de Izuku desde que su celo comenzó.

Un húmedo sorbido resonó entre los muros de la recámara. La voz de Katsuki se quebró con su siguiente gemido.

Sus dedos volvieron a apretar su agarre.

Por fin, Katsuki reunió las fuerzas suficientes como para levantar la cabeza y ver qué estaba ocurriendo.

A cuatro sobre el nido, con la espalda arqueada en la forma más jodidamente obscena posible y con enormes ojos que brillaban como si tuvieran luz propia, Izuku abrió la boca y descendió sobre la erección del alfa.

Katsuki gimió de nuevo al sentir el calor húmedo envolverlo por completo.

Izuku soltó un suave lloriqueo cuando la punta tocó el fondo de su garganta. Sus delgadas cejas se fruncieron, un par de lágrimas corrieron por sus mejillas y su rostro entero enrojeció.

Un chapoteo húmedo resonó entre ellos. Parecía que Izuku estaba tocándose a sí mismo; si los movimientos de su brazo derecho eran un buen indicador.

—Mierda- —soltó Katsuki con dificultad. —Izuku-

Izuku se empujó al frente. Su nariz se estrelló con el ligero camino de vello rubio que rodeaba el miembro de Katsuki. El alfa lo sintió tragar a su alrededor y no pudo evitar estremecerse.

El omega subió, deslizando su lengua a lo largo del tronco mientras ascendía. Katsuki casi ascendió al cielo.

—Kacchan… —llamó Izuku, bombeando la erección del alfa para continuar estimulándolo mientras él hablaba. —Nudo.

—¡Acabo de anudarte hace una hora!

Izuku soltó un molesto Hm, claramente insatisfecho; antes de regresar su atención a la erección casi amoratada del alfa. Katsuki volvió a echar la cabeza hacia atrás, aún aturdido por la situación tan complicada en la que se había metido.

Muchas veces a lo largo de su vida había escuchado que los omegas en celo eran insaciables.

No importaba si estaba escuchando a soldados, comerciantes, diplomáticos, nobles, sirvientes o agricultores. Todo alfa que hubiera estado para ayudar a un omega durante su celo diría lo mismo.

Te agotarás mucho antes de que el omega llegue a la mitad de su ciclo.

Katsuki recordaba haberse burlado de esos pobres diablos. Los había juzgado en su mente, tachándolos de incompetentes y débiles. Ningún alfa que se preciara de serlo sería incapaz de seguirle el ritmo a un omega. Era el motivo de su existencia. Proteger, cuidar y saciar a un omega era el propósito de vida de cada alfa.

Recordaba haber pensado que, si algún día se le permitía ayudar a Izuku durante su celo, no descansaría hasta dejarle bien claro al omega que no había sobre esa tierra un alfa más apto que Katsuki para complacerlo.

Había fantaseado en todo lo que iba a hacerle. En cómo lo mantendría entretenido durante días completos y en cómo sería Izuku quien le rogaría por un descanso, todo en él radiante por la satisfacción.

Pero ahora…

—Nudo, alfa. —repitió Izuku, cerniéndose sobre Katsuki mientras continuaba masturbándolo. La punta de la erección del alfa rozó el pecho del omega, dejando detrás un rastro húmedo.

¿Cuántas veces había anudado ya?

Katsuki no podía recordar. ¿Tal vez seis? ¿Ocho veces? ¿Había perdido la cabeza y en realidad había sido una decena?

Y apenas estaban en el segundo día del celo.

Dioses- ¿cómo mierda iba a sobrevivir?

Estaba seguro de que ya no tenía nada que soltar al venirse. Izuku lo había tomado todo.

No tenía siquiera la energía para erguirse. Ese pequeño demonio del sexo se la había robado.

—Kacchan… —llamó Izuku con voz vulnerable y casi rota.

Maldición.

Katsuki se movió para encararlo. Más ansioso por complacerlo que cansado por todo lo que habían hecho.

—Izu-

—Nudo.

—Lo sé. —intentó razonar. —Pero justo ahora no puedo.

Izuku arrugó la nariz con disgusto y cada instinto alfa de Katsuki se disparó. Su alfa interior gruñó con disgusto.

El omega está disgustado. Estoy haciendo mal mi trabajo. Va a dejarme.

No podía permitirlo.

—Está bien. —aceptó. —Anda, móntame.

Complacido, Izuku se movió.

El omega se acomodó a horcajadas sobre Katsuki, con movimientos torpes, pero que al final lo llevaron a donde quería.

Katsuki tuvo un instante para echarle un vistazo a su erección antes de que Izuku se sentara en ella. A pesar de lo mucho que el omega se había estado esforzando, no había indicio alguno de que su nudo fuera a hincharse de nuevo.

Izuku gimoteó en su regazo, moviéndose para colocar la punta purpúrea contra su irritada entrada.

Y después, se sentó con fuerza.

Katsuki gimió y su cuerpo entero se contrajo ante la sensación caliente y húmeda que lo rodeó.

Sobre él, Izuku tembló. Echó la cabeza hacia atrás, arqueando a su vez la espalda en un arco perfecto. Sus manos, que se habían posado sobre el pecho del alfa para apoyarse, se contrajeron y sus uñas cortas dejaron líneas rojizas al cerrarse en puños. De sus abiertos labios rojos salió un profundo gemido.

Ah, alfa-

Katsuki era tan, tan débil cuando se trataba de Izuku.

Lo había sido incluso desde antes de darse cuenta lo mucho que lo amaba.

Ya fuera dejándolo comerse su ración de fruta cuando niños; huyendo de él cuando recién se presentaron; anhelándolo en silencio durante su adolescencia; haciendo que su primer mandato real le asegurara al omega un lugar en la corte; aguantando al bastardo mitad-mitad siguiéndolo por todos lados solo porque necesitaba una opinión sobre el obsequio de cortejo- Katsuki siempre era débil por él.

Sus manos, tan sudorosas que se sentía como si fuera imposible sujetar algo con firmeza, se movieron para posarse en la cadera de Izuku; dándole ánimos para seguir, pero sin intentar guiarlo; ya había aprendido que estando en celo, al omega no le gustaba que tratara de forzarlo a moverse a un ritmo distinto al que él imponía.

Era mejor dejar que Izuku se corriera de nuevo. Entre más cansado estuviera, más tardaría la siguiente oleada de su celo en golpearlo.

Tal vez así, Katsuki podría recuperarse.

Apretó los dientes y sus ojos se cerraron sin que pudiera evitarlo cuando Izuku meneó la cadera en círculos. El movimiento debió haber tocado su punto dulce, pues de su bonita erección enrojecida chorrearon gotas de preseminal.

Podía sentir cada movimiento del omega sobre él potenciado a su máxima capacidad. La piel de su erección, irritada luego de haber sido abusada hasta el cansancio por el ser humano más hermoso de la existencia, se estremecía con cada desesperada embestida.

Era como si cada vez que Izuku descendía sobre él, el placer se extendiera hasta el punto más profundo de su ser, entremezclándose con su sangre y asentándose en su alma.

Izuku de verdad era increíble. Katsuki nunca se recuperaría de ese celo.

Desde abajo, la visión del cuerpo de su omega era una maravilla. Su cadera se movía de forma experta, ondulándose sensualmente para continuar obteniendo el placer que tan delirante lo tenía.

Sus muslos abiertos, con un grosor que siempre causaba que Katsuki babeara, temblaban por el esfuerzo que estaba haciendo al moverse de esa forma mientras mantenía todo su peso balanceado. Sobre la piel suave, aún yacían las marcas de mordidas y los chupetones que Katsuki había dejado ahí durante la mañana.

Su cintura estrecha. Tan estrecha. Los ojos de Katsuki siempre eran atraídos por la forma tan pronunciada de la curva. Al ver a Izuku desde atrás, no podía evitar que su imaginación volara.

Después, su pecho sudoroso, coronado por dos pezones erguidos e hinchados. Ambos habían adquirido un color rojizo luego de que Katsuki hubiera abusado de ellos con su boca hasta que Izuku se corrió apenas una hora antes.

Sin pensarlo, las manos de Katsuki se movieron hacia arriba, acariciando los costados del cuerpo ajeno hasta por fin llegar a su pecho. De inmediato, fue a pinchar ambos pezones entre los índices y los pulgares.

Izuku se sacudió, gimiendo y removiéndose en donde estaba, claramente sensible.

—Kacchan- —sollozó, cómo si no hubiera sido él el que le rogó a Katsuki follárselo por quién-sabe-qué vez en el día. —Sensible.

—Esto querías, ¿no? —gruñó Katsuki. Cada que la voz de Izuku sonaba como si fuera a echarse a llorar, todo el vigor regresaba a él. —Tómalo.

Empujó la cadera hacia arriba al tiempo que volvió a pellizcar los pezones ajenos. El flujo de Izuku chapoteó entre ellos de forma obscena; espeso gracias a todo el semen que seguía en su interior.

El rostro del omega se transformó gracias al nuevo estímulo. Su mirada se clavó en la nada y un brillo distinto refulgió en sus pupilas. Katsuki ya había aprendido que esa era la expresión de completo goce de Izuku. Tan inmerso en su placer que incluso se veía ausente.

De sus rojos labios abiertos escurrió un delgado hilo de saliva. Sus sonrojadas mejillas se vieron surcadas por dos gruesas lágrimas.

Katsuki quería interceptarlas con su lengua, pero no fue capaz de erguirse, puesto que las habilidosas manos de Izuku seguían apoyadas en su pecho, manteniéndolo en su sitio.

Se resignó a quedarse ahí mientras su omega se movía con fuerza, poniendo esa maravillosa cadera suya a trabajar como nunca antes en su vida.

Lo montó de una manera que Katsuki consideró salvaje. Se sentía como si fuera él el que estaba siendo follado y no al revés.

Ambos rebotaron sobre el nido gracias a la fuerza y velocidad que Izuku tomó. De su boca solo salían profundos gemidos y entrecortadas sílabas que parecían formar el apodo de Katsuki.

Gotas de sudor corrieron a lo largo de la columna del cuello del omega. Su aroma salía disparado cada vez que los gruesos muslos de Izuku se estrellaban contra la cadera de Katsuki. La humedad que escurría del sitio en donde estaban uniéndose hacía que cada embestida sonara como pecado puro.

Era una maravilla. Algo con lo que Katsuki solo había podido soñar desde que se volvió consciente de sus sentimientos por Izuku.

Sus colmillos cosquilleaban; todos sus instintos se sacudían con violencia, exigiendo que anudara a ese precioso, increíble omega.

Pero una cosa era querer hacerlo y otra era ser físicamente capaz de lograrlo.

Katsuki nunca antes había anudado más de una vez en un día. Ni siquiera durante su propio celo, puesto que solo duraba un día y antes que ponerlo caliente, lo ponía territorial y agresivo.

Por eso, la idea de anudar de nuevo -poco más de una hora después de haberlo hecho por última vez-, se sentía imposible.

—Kacchan. —gimió Izuku desde arriba. Tenía el cabello empapado por el sudor y sus ojos brillaban con lujuria. —Nudo.

Katsuki gimió patéticamente. El omega acababa de cambiar el ritmo al que estaba moviéndose, volviéndolo lento pero profundo. Debió haber sido muy estimulante para él, puesto que su erección comenzó a gotear espeso preseminal que terminó sobre el vientre del alfa.

—Alfa. —suplicó Izuku.

Lo sé, ´Zu. Pensó Katsuki con dificultad. Pero no puedo-

—Quiero que pongas un bebé en mí.

Fue un desvarío. Lo sabía. Apenas la noche anterior Izuku había llorado ante la posibilidad de quedar embarazado.

Pero… esas palabras, en ese momento…

El nudo de Katsuki comenzó a hincharse.

Izuku debió sentirlo, puesto que aceleró sus movimientos de nuevo. Meneó la cadera como si le fuera la vida en ello.

Las manos del alfa se movieron hasta la cadera ajena, sujetándolo y ayudándolo por primera vez desde que comenzó esa ronda. De pronto, se sentía muy vigorizado.

Izuku lloriqueó, ladeando la cabeza y mordiéndose el labio inferior para tratar de contener los sonidos sucios que continuaban saliendo de él. Sus manos se resbalaron sobre el pecho de Katsuki y terminó cayendo sobre él. Pecho contra pecho.

Su boca roja por fin estuvo al alcance del alfa, quién no se resistió y de inmediato tomó sus labios con los suyos. Izuku gimoteó, pero cualquier ruido quedaba ahogado entre ellos.

Devoró su boca con entusiasmo, presionando su lengua contra la de Izuku al tiempo que continuaba embistiéndolo.

El movimiento volvió más sencillo el vaivén. No estaba llegando tan profundo como antes, pero el ángulo parecía el adecuado.

Prueba de ello fue el estremecimiento que sobrecogió a Izuku y la abundante humedad que apareció entre sus vientres antes de que el gemido ajeno terminara de reverberar en su boca.

El omega estaba tan húmedo que apenas fueron necesarias media decena de embestidas para que el nudo de Katsuki se deslizara por completo en él, anclándolos juntos.

Por fin. Por fin.

Katsuki anudó en Izuku, viniéndose en su interior de nuevo.

Ah- mierda. ¿Qué iban a hacer si de verdad terminaban concibiendo?

Me casaré con él. Obviamente. Pensó. Izuku se verá increíble llevando a nuestros hijos en su vientre.

Así tal vez todos los idiotas que babeaban por Izuku por fin entenderían el mensaje y dejarían de mirarlo de esa forma que siempre lograba que a Katsuki se le revolviera el estómago. Tal vez así, dejaría de escuchar comentarios estúpidos acerca de lo hermoso que era, o de cómo se estaba desperdiciando al no emparejarse.

Izuku era un prospecto increíble. No solo para alfas, sino también para betas y omegas que buscaban estabilidad y -con un poco de suerte- subir en la escalera social. Su inteligencia, su templanza, su gentileza, su belleza y esas fabulosas piernas eran tema de admiración para cada persona que lo conocía.

Katsuki llevaba años ahuyentando a todos esos perdedores. Pero siempre había idiotas que eran incapaces de entender el mensaje y continuaban intentando.

No les quedaría más que aceptar que ahora Izuku estaba fuera de sus posibilidades. Reclamado por Katsuki y cargando al próximo heredero al trono, Izuku era intocable. Nadie podía hacer un solo comentario morboso más sobre él o Katsuki tendría derecho a arrancarles la cabeza.

El detalle era que Katsuki no lo había reclamado. Y -tal vez, quién sabe- tampoco lo había embarazado.

Aún.

Con eso en mente, continuó embistiendo. Con el nudo hinchado a su máxima capacidad, era difícil moverse sin lastimarlo, así que tuvo que conformarse con cortos pero certeros embates que causaron que el cuerpo ajeno lo apretara un poco más fuerte.

Izuku, que estaba babeando sobre la clavícula de Katsuki, gimoteó por la sobreestimulación.

Sin embargo, el alfa no se detuvo. Continuó moviéndose hasta que, por fin, dejó de correrse.

Su cabeza volvió a caer con pesadez sobre el nido. De su boca escapó un gruñido agotado.

El cuerpo del omega se desplomó sobre el suyo, agotado. Sus pechos sudorosos se deslizaron juntos; sus piernas se entrelazaron. Contra su piel, Izuku canturreó con satisfacción; todo en él radiante.

Finalmente, Katsuki se permitió relajarse. De su cuerpo salió toda la tensión que había acumulado durante su encuentro y pudo dejarse absorber por la suavidad de las mantas que formaban el nido.

No quiso pensar en lo sucio que debía estar el nido luego de todo lo que habían estado haciendo. Izuku no lo dejaría modificarlo incluso aunque Katsuki le explicara la situación.

Resignado, el alfa se limitó a acariciar la espalda ajena con ambas manos, tratando de calentar un poco la piel de Izuku, que se enfriaba con rapidez.

Podía sentir los restos de su sudor y la forma en que su piel se erizaba cada cierto tiempo, cuando un borbotón más del semen de Katsuki se depositaba en su interior.

Las suaves contracciones que seguían apretando su nudo casi lo hacían gimotear cada vez. Estaba tan sensible que estaba seguro que hasta una ligera brisa lo haría sisear.

Izuku dormitaba ahora, recostado sobre su pecho y abrazado a él por el cuello. Sus mejillas, aún sonrosadas, brillaban. Sus labios hinchados formaban un puchero.

Se veía precioso. Bastardo.

Katsuki lo abrazó con fuerza, enterrando su nariz en el lío de rizos verdes y tomando una profunda respiración.

Entre el paradisiaco aroma del omega, Katsuki ya podía distinguir los restos de su propia fragancia; ahora depositada en Izuku gracias a todo el contacto físico que habían compartido.

Todos y cada uno de los instintos alfa de Katsuki yacían satisfechos ahora que por fin se había ganado al omega por el que había estado trabajando todos esos años.

Izuku había aceptado su propuesta. No dubitativamente, ni con reticencia, como Katsuki creyó que lo haría, sino con una disposición increíble que dejaba en claro que lo había estado anhelando también.

Tal vez por eso Inko había estado tan sorprendida cuando, al pedirle su permiso para cortejar a Izuku, Katsuki mencionó que no habría represalias contra nadie en caso de que fuera rechazado.

La gentil omega había parpadeado con confusión y después de otorgarle su permiso con una risita, le preguntó qué tan pronto pensaban casarse.

En retrospectiva, Katsuki debería haber entendido que ella prácticamente estaba confirmándole que Izuku aceptaría.

Pero entonces, durante la cena la silla a la izquierda de Katsuki había permanecido vacía.

Aizawa lo había mirado con lástima, mientras que Yagi lo hizo con aflicción. Inko solo se había visto nerviosa y muy, muy confundida.

El comienzo de la cena se retrasó gracias a que Katsuki insistió en esperar, pero eventualmente tuvieron que comenzar sin el omega. Cuando ésta se terminó e Inko se excusó con la clara intención de ir a buscar a Izuku, Katsuki se había acercado para tranquilizarla, diciéndole que él se encargaría.

Mientras avanzaba hasta la habitación ajena luego de ir a arrojar el regalo de compromiso a su propia recámara, no había podido sino sentirse confundido y un poco molesto. ¿Por qué mierda Izuku no se apareció a la cena?

Esa molestia se transformó en furia cuando, al abrir la puerta de su recámara, Izuku se veía como si acabara de bajar del paraíso, oliendo a puro pecado.

Katsuki conocía el asqueroso olor del sexo. Lo había olfateado numerosas veces al pillar a los sirvientes o los soldados que se escabullían a las alcobas abandonadas del palacio para hacer cosas que definitivamente no estaban permitidas en las normas del castillo.

La sola idea de que algún bastardo hubiera logrado acercarse a Izuku mientras él había estado viajando lo hizo perder la compostura y antes de que se diera cuenta, ya había cruzado una línea que no debía.

O- ¿tal vez sí? Ya no estaba seguro. Al menos eso lo había llevado hasta donde estaba ahora.

Apretó el abrazo alrededor del cuerpo de Izuku. El omega soltó un suave ruidito similar a un ronroneo y el corazón de Katsuki se llenó de pura adoración.

No importaba cómo habían llegado hasta ahí. Lo que importaba ahora era que no se arruinara.

Y para Katsuki, ser incapaz de satisfacer a Izuku durante su celo era algo que no se podía permitir.

Siempre había sido alguien que daba todo de sí a cada parte de su vida. Su relación con Izuku no iba a ser la primer cosa en la que fallara.

Por eso, tenía que pensar en una forma para ser capaz de cumplir con su primer tarea como el compañero de Izuku.

Cerró los ojos, intentando pensar, pero no lo logró.

Maldición- estaba agotado.

Nunca nada lo había dejado así. Ni los entrenamientos, ni las batallas en el borde del territorio, ni tener que soportar a los Todoroki y sus estúpidos dramas familiares.

Como siempre, era solo Izuku quien podía romper sus defensas.

Era el mismo Izuku que ahora dibujaba perezosamente círculos alrededor de uno de los pezones de Katsuki.

Oh. Oh no.

—Izuku.

—Kacchan. —respondió con una obvia sonrisa. —¿Ya despertaste?

—No me dormí.

—Huh. ¿Mucha energía? —preguntó seductoramente, estirándose para succionar en el cuello de Katsuki.

Mierda- no.

—Estoy jodidísimo. —intentó explicar. —Necesito tiem-

—No tienes que hacer nada, alfa. —ronroneó Izuku, irguiéndose para poder sentarse en el regazo de Katsuki. —Yo me haré cargo.

Dioses. Por favor, que alguien me ayude.

Su rostro debió haber sido bastante expresivo, pues sobre él, Izuku soltó una risita.

—Justo ayer te reías de los alfas que necesitaban mi poción.

¿Poción? ¿Qué poción?

Oh, mierda. Cierto, esa poción.

Ese proyecto en el que Izuku había estado trabajando mientras Katsuki estuvo fuera.

Recordó el vial lleno de un vibrante líquido rosa que resplandecía a través del cristal.

Por fin su mente pareció capaz de hilar pensamientos.

Sobre él, Izuku descendió. Arqueó la espalda y comenzó a lamer y morder en el pecho de Katsuki, dejando marcas que tardarían días en desaparecer.

Bien. Ya tenía un plan.

Aprovechando que Izuku estaba entretenido con lo que estaba haciendo, Katsuki se aferró a sus hombros y le dio la vuelta sobre el nido. Como resultado, el omega terminó recostado sobre su espalda, con el cuerpo del alfa entre sus piernas.

—Yo me encargo. —expresó con voz ronca, agachándose para capturar la boca ajena con la suya.

Contra sus labios, Izuku sonrió.

Un suave canturreo vibró entre sus bocas, instando a Katsuki a besarlo con mayor entusiasmo.

Besar a Izuku se sentía como el paraíso cada vez. No importaba lo fuera de sí que Katsuki estuviera, o lo mucho que su mente estuviera enredándose con el temor de no ser suficiente para él. Cada roce, cada lamida, cada suave mordida contra su boca era gloria pura.

Izuku sostuvo su mandíbula con ambas manos, acunando el rostro del alfa con una ternura hasta ese momento reservada solo para cuando su celo no estaba aturdiéndolo.

Sus labios se movieron en sincronía ahora que habían practicado tanto. No fue problema para ellos besarse profundo y con un ritmo que hacía que los dedos de Izuku se contrajeran allá en donde reposaban sobre su rostro.

Katsuki lamió el labio inferior del omega, dándole una señal silenciosa de que quería que abriera la boca. Izuku obedeció con diligencia.

De inmediato, empujó su lengua dentro de la boca del omega. Lamió el interior a su antojo y se deleitó con el gimoteo ajeno y la sensación cálida de un hilo de saliva correr por la comisura de sus labios.

Apoyó todo su peso sobre su brazo izquierdo, mientras que permitió que su mano derecha se moviera hasta alcanzar el cuerpo de Izuku.

Encontró primero su cadera y de ahí, fue subiendo. Acarició su vientre y su abdomen. Después, palpó los surcos creados por su costillar y finalmente, se detuvo en su pecho.

Acarició la piel sudorosa con la palma entendida, sintiendo bajo los dedos el roce ocasional con un pezón endurecido.

De alguna forma desconocida, los suaves lloriqueos contra su boca cada que tocaba la rosada protuberancia, lograron que toda esa energía perdida regresara a Katsuki.

Fingiendo que no estaba dándose cuenta, toqueteó un poco más, haciendo que el omega arqueara la espalda y se removiera sobre el nido, tratando de mejorar el contacto.

Pero Katsuki fue cruel con él y no le dio el contacto que tanto quería. Continuó jugueteando con su cuerpo sensible, sonriendo contra los labios ajenos y permitiéndose ensanchar su mueca con cada desesperado gimoteo contra sus labios.

Había descubierto, con malicioso deleite, que Izuku era sensible ahí, -bueno, en realidad parecía ser sensible en todas partes-, y cualquier acción de Katsuki terminaba volviéndolo un desastre si el alfa continuaba con ella el suficiente tiempo.

Y desgraciadamente para el omega, Katsuki no estaba por encima de aprovecharse de esa debilidad para obtener lo que quería.

Lo toqueteó hasta que Izuku estuvo temblando y babeando sobre el nido, perdido en el placer.

Bien. Todo estaba listo. Su plan comenzaba en ese momento.

 


 

Katsuki se giró sobre el nido, sintiendo cada músculo de su cuerpo protestar por todo el esfuerzo que había estado haciendo.

Se contuvo para que su voz no escapara de su garganta. No quería dar ni una señal de vida.

A su derecha, Izuku dormía plácidamente. Cobijado con la capa de Katsuki, con el cabello hecho un lío, la piel sonrosada, los labios hinchados y una ligera sonrisa esbozada, era la visión más maravillosa que hubiera tenido el privilegio de presenciar.

Marcas rosadas y rojas florecían a lo largo de su cuello, sus hombros y su espalda. Su aroma se arremolinaba en el nido, apestando a satisfacción.

Katsuki desvió la mirada, clavándola en el tejado.

Sentía los labios y los dedos adormecidos. Ya que no había podido ponerse duro de nuevo, había tenido que usar otros recursos para cansar a Izuku.

¿El resultado? El omega se había venido hasta que todo su cerebro salió disparado por su erección.

Le tomó mucho tiempo, pero por fin lo había logrado. Izuku estaba inconsciente sobre el nido, satisfecho y con un celo apaciguado temporalmente.

Tan lento y delicado como era capaz, Katsuki se movió. Se deslizó fuera del nido, recogió sus pantalones y avanzó a hurtadillas hacia el baño.

Aguantó la respiración hasta que estuvo lejos de Izuku y después, tan silenciosamente como era posible, mojó un trapo y se limpió tanto como era posible sin hacer un escándalo.

Puso especial cuidado en las mordidas que Izuku había dejado sobre su cuerpo y cuando decidió que estaba lo suficientemente presentable, se colocó los pantalones y se asomó de nuevo a la habitación.

Izuku seguía dormido. Su cuerpo sensual cubierto por la capa roja.

Katsuki se tomó un momento para hacer un gesto para celebrar su victoria. En su mente, chocó palmas con su alfa interior. Acababa de ganarse al mejor omega del mundo.

Después, volvió a avanzar sobre el suelo frío. Pasó de largo la cama y alcanzó la puerta.

La abrió tan en silencio como pudo, girándose a mirar sobre su hombro para asegurarse de que Izuku continuaba durmiendo.

La abrió apenas un ápice; lo suficiente para poder colarse fuera. Cerró en silencio y después se tomó el tiempo para marcar la madera del pórtico con sus muñecas.

Sabía que nadie se acercaría a la habitación cuando el lugar apestaba a ellos -parecía que algo del aroma se había colado al pasillo-, pero no hacía daño añadir algo de seguridad extra colocando su aroma individual.

El pasillo estaba desierto. Como debía estarlo ahora que todos sabían lo que el apotecario y el príncipe heredero estaban haciendo.

Katsuki casi siseó mientras avanzaba descalzo sobre el helado piso de mármol, esperando no tener que encontrarse con nadie.

La noche anterior, luego de sus primeras tres rondas con Izuku, Katsuki había sentido la urgencia de ir a conseguirle agua y comida al omega, así que aprovechó que el otro estaba dormido para ir y asomarse fuera.

Como no había nadie cerca, Katsuki se aventuró a ir al vestíbulo, esperando encontrarse con algún guardia.

Lo que se encontró apenas dio la vuelta por el pasillo, fue a Midoriya Inko.

Aún le daban escalofríos de recordar la mirada en el rostro de la mujer cuando lo olfateó y entendió qué era lo que había pasado.

Katsuki se había explicado con nerviosismo, agazapándose para evitar la ira ajena.

En lugar de eso, la mujer le ofreció llevarles comida y agua y después, se había dado la vuelta para marcharse con evidente nerviosismo, diciendo algo sobre que los reyes debían saberlo.

Cuando Katsuki regresó al nido, Izuku lo esperaba despierto y muy, muy molesto.

El castigo que el omega le impuso por atreverse a abandonarlo evitó que Katsuki escuchara cuando les llevaron sus alimentos.

No fue hasta horas después que pudo salir a recoger la bandeja para alimentar a su omega.

Desde entonces, Izuku estaba en extrema alerta, tratando de evitar que Katsuki abandonara el nido de nuevo.

Esta vez, afortunadamente, Katsuki no se encontró con su futura suegra al andar por ahí oliendo a sexo.

Debía ser muy tarde en la noche, puesto que no había nadie en las cercanías.

Atravesó las salas y pasillos de palacio, congelándose el culo por que no fue lo suficientemente inteligente como para abrigarse más antes de escapar de su prometido.

Llegó al ala en donde estaba el laboratorio de Izuku, temblando como un imbécil.

Giró el picaporte y abrió la puerta. Dentro, aún olía a cereza, pero el gusto dulce de la baya estaba entremezclado con el aroma medicinal de las otras muchas cosas que Izuku fabricaba ahí.

Un poco del aroma del omega permanecía ahí también. Katsuki tomó una profunda respiración mientras encendía un candelabro.

Apenas tuvo algo de luz, comenzó a buscar en los gabinetes el estúpido frasco. No recordaba en dónde lo había guardado Izuku.

Luego de un rato, por fin lo encontró, sobre una repisa alta en un gabinete del fondo.

Katsuki agitó el frasco, viendo el líquido de un brillante color rosado agitarse en el interior.

Sin pensarlo un solo instante más, retiró la tapa y se bebió todo el contenido de golpe.

Sintió el sabor de pétalos de rosa y cereza permear en su lengua y una sensación aceitosa quedarle detrás cuando tragó.

Volvió a colocar la tapa y dejó el frasco sobre el mostrador antes de regresar por donde había llegado.

Se movió por los desolados pasillos del palacio. Ésta vez, si que se topó con algunos guardias, pero ninguno se atrevió a mirarlo a los ojos; eligiendo en su lugar agachar la cabeza y pegarse contra los muros, intentando desaparecer.

Confiando en que Izuku continuaba dormido, Katsuki se desvió en dirección al ala de recámaras de la familia real.

Numerosos guardias más apartaron la mirada cuando lo vieron pasar por las escaleras.

Katsuki entró a su recámara sin molestarse en cerrar la puerta por completo a sus espaldas.

Sobre una mesa frente a la ventana, encontró el joyero de marfil y oro que albergaba el regalo de compromiso junto a un paquete envuelto en seda blanca.

Los tomó con urgencia y se dio la vuelta.

Ya estaba sintiéndose ansioso. Había pasado demasiado tiempo alejado de su omega.

Bajó las escaleras con prisa, sintiendo que el frio de la noche ya no estaba afectándolo como antes.

En su lugar, podía sentir una corriente de excitación esparcirse por sus venas. Cada paso lo hacía sentir más acalorado y más deseoso de ver a Izuku.

Los guardias continuaban haciendo sus rondas de forma normal. Katsuki entendió por fin que habían dejado de vigilar el pasillo que llevaba a la recámara de Izuku, sabiendo que, si se acercaban, terminarían sin cabeza.

Para cuando alcanzó su objetivo, ya estaba sudando y sentía el apremio por la abstinencia dominarlo.

Aún así, se preocupó por ser silencioso al abrir la puerta.

Al entrar, lo primero que hizo fue buscar a Izuku.

El omega estaba sentado al pie de la cama, abrochando los pocos botones que quedaban en su bata verde. Katsuki sintió una oleada de deseo arremolinarse en su interior.

Cerró la puerta, pasó el pestillo y avanzó de vuelta a la cama hecha un desastre.

La habitación olía a ellos. Una sola respiración tuvo a Katsuki ansioso por tocar a Izuku.

Dejó el paquete y el joyero a un costado, sobre una mesa abarrotada de cosas; tomó un odre de agua y se apresuró a plantarse frente al omega.

Izuku lo observó con el labio inferior abultado y el ceño fruncido.

—¿Kacchan? —preguntó con voz ronca, levantando el rostro para verlo mejor cuando se acercó. —¿Dónde estabas?

—Bebe agua. —ordenó Katsuki, acercándole el odre.

Izuku soltó un sonidito bajo, quejándose ante la falta de respuesta a su pregunta, pero al final, obedeció.

Katsuki lo observó con atención, atento a su rostro para buscar cualquier rastro de incomodidad o dolor. Fue un alivio no encontrar nada más que un brillo satisfecho.

—¿Cómo te sientes? ¿Qué tal el celo?

Izuku, quien ya estaba bebiendo del odre, se tomó unos instantes más para tragar el agua.

—Estoy bien. Pero creo que la siguiente oleada no debe tardar.

—¿Quieres comer algo?

—No, gracias. Me siento demasiado agitado.

—¿Quieres ver tu regalo, entonces?

Izuku se irguió en su lugar, de pronto entusiasmado.

—¿Regalo?

Katsuki sonrió, satisfecho por lo dulce que se tornó el aroma ajeno.

Se dio la vuelta y fue a recoger el par de obsequios, esforzándose por no dejar ver lo entusiasmado que estaba.

—¿Por eso estabas fuera? —preguntó el omega, frunciendo el ceño mientras Katsuki se plantaba frente a él de nuevo.

—Abre. —exigió, tratando de distraer al otro para que no le pateara el culo.

—¿Por qué son dos regalos?

Katsuki se enderezó con orgullo.

—Este. —señaló el paquete envuelto en la seda blanca. —Es un regalo para el Izuku que tiene un sitio en mi gabinete.

El omega le lanzó una mirada curiosa antes de bajar la vista, abrir el pequeño saco de seda y sacar el contenido con ansias.

El par de libros emergió de entre el paquete. Uno de un profundo color rojo y otro de apagado verde, ambos de pasta dura.

Izuku tomó el verde, que era el más pequeño y lo examinó con interés antes de abrirlo y pasar un par de páginas hasta que se encontró el título.

—¿Herbolaria? —preguntó, sonriendo como un mocoso y levantando la mirada para observar a Katsuki.

—Tiene recetas de muchos pueblos del norte. —se explicó, conteniéndose para no sonreír también. —Creí que te gustaría.

Izuku acarició el borde de la pasta con dedos curtidos no solo por su trabajo como apotecario, sino también por su duro entrenamiento con los guardias.

Katsuki, que estaba observándolo con atención, notó que la respiración del omega se volvió un poco más dificultosa. Él también comenzó a tener problemas para respirar con normalidad y tuvo que tomar un par de inhalaciones con la boca.

Con gentileza, Izuku dejó el libro verde a un costado y tomó el de color rojo.

Al igual que con el anterior, apreció la pasta antes de abrirlo y buscar el título.

—¿Manual para manejo de la espada? —preguntó con sorpresa, buscando los ojos de Katsuki con ansias.

—Practiquemos juntos después.

Izuku regresó la mirada al libro.

—¿Qué ocurre? —inquirió el alfa cuando el silencio se extendió por demasiado tiempo.

Izuku sorbió la nariz.

—Es que… creí que no podría seguir con mi trabajo en la guardia ahora que tú y yo…

Ah- ahí iba de nuevo a imaginarse un montón de basura pesimista.

—¿Por qué me desharía de mi mejor guardia? —respondió, tratando de tranquilizar a Izuku. Supo que su intento había surtido efecto cuando el omega soltó una risita.

—¿Porque tu mejor guardia se va a convertir en tu prometido?

Katsuki bufó una risa. Izuku tenía las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes mientras ladeaba el rostro en un gesto adorable.

—¿Quién mejor para cuidarme la espalda que mi omega?

Ésta vez, el rostro entero de Izuku enrojeció. Su aroma emocionado salió disparado como una flecha.

La sonrisa de Katsuki creció.

De verdad que no tenía problema con tener a Izuku en la guardia. Sabía lo capaz que era para proteger a otros; solo tenía que preocuparse por mantenerlo en una pieza, pero eso era necesario sin importar si el omega estaba o no en la guardia.

Aunque… supuso que habría un periodo en el que sí que tendría que sacar a Izuku de sus labores como guardia. Nueve meses, o tal vez un poco más.

Ya se preocuparía por eso cuando llegara el momento.

—¿Puedo asumir que te gustó mi regalo?

Izuku asintió con efusividad. Precioso bastardo.

—Me encantó. Gracias, Kacchan. —respondió con apremio. —¿Puedo abrir el otro regalo?

—¿No quedaste satisfecho? —bromeó Katsuki mientras le entregaba el joyero a Izuku.

El omega lo tomó con reverencia, admirando la intrincada pieza con fascinación.

El joyero era una reliquia familiar, pasado a Katsuki por sus abuelos y destinado a ser entregado a su futuro compañero como el primer amuleto que le avalaría como un Bakugo más. Cuando el momento llegara, Izuku y Katsuki heredarían ese mismo joyero a sus nietos.

—¿Este regalo es para…? —preguntó el omega, mirando a Katsuki.

—Para el Izuku que se convertirá en mi esposo.

Escuchó con satisfacción el jadeo sorprendido del omega y después, se deleitó en su sonrojo. Su aroma se volvió incluso más dulce, tal y como lo hacía justo antes de que una oleada de celo lo golpeara.

Con dedos temblorosos, Izuku abrió el joyero. Katsuki contuvo la respiración, esperando con ansias una reacción.

Los ojos del omega se clavaron en el interior acojinado del joyero. Su labio inferior tembló.

Katsuki extendió las manos para sostener el pequeño cofre y así, Izuku pudo sacar aquello que aguardaba dentro.

Las primeras cuentas aparecieron poco a poco, resplandeciendo al capturar la luz de las velas que iluminaban la habitación.

Escuchó el suave tintineo de las gemas al moverse. Las esferas de color naranja contrastaron contra la piel de Izuku.

Contuvo la respiración, anticipándose a la reacción del omega.

Lo observó mientras el otro apreciaba las cuentas con ojos brillantes. Sentía su corazón golpetear con fuerza en su pecho y su piel arder por la anticipación.

Los irises jade de Izuku se movieron para clavarse en Katsuki.

—¿Es mi collar de compromiso? —preguntó con voz trémula y labios que se estiraron en una sonrisa temblorosa.

Katsuki asintió.

—Tendrás que usarlo durante el tiempo que estemos comprometidos. Cuando- —carraspeó. —Cuando nos casemos, te daré uno de los de mi familia.

Solo pensar en matrimonio causó que sus instintos se arrebolaran. El dulce aroma de Izuku tampoco estaba ayudando a mantenerlo cuerdo.

El omega volvió a mirar el collar, sonriente.

—¿Me ayudas a colocármelo?

Katsuki se estremeció de satisfacción.

Asintió torpe, sintiendo su corazón latir con fuerza. Estiró las manos, tomando el collar y asegurándose de rozar sus dedos con los del omega.

Izuku se apresuró a ponerse de pie, radiante y oliendo como los sueños más irreales de Katsuki.

Deslizó el collar alrededor del cuello del otro y después ajustó el broche para que se quedara en su lugar.

Acarició la piel ajena antes de retirarse, moviéndose para volver a encarar a su ahora prometido.

Izuku acarició las cuentas que descansaban sobre sus clavículas, sonriendo de esa forma que siempre hacía que Katsuki se sintiera como un cachorro.

—¿Qué tal me queda? —preguntó, como si no supiera la respuesta.

—Precioso. —respondió Katsuki, olvidándose de que tenía una reputación que mantener.

La reacción de Izuku hizo que valiera la pena perder su dignidad.

El omega le sonrió con ganas; sus mejillas incluso se sonrojaron. Todo en su rostro gritaba que su celo estaba avivándose de nuevo. Sus manos se deslizaron sobre el pecho de Katsuki, subiendo para rodear su cuello.

Sintió el tirón que el omega le dio para instarlo a agacharse. Katsuki ya había aprendido a reconocer sus pequeñas señales, así que no dudó en inclinarse para poder besarlo.

Apenas sus bocas se encontraron, Katsuki pudo comprobar que el celo de Izuku estaba por volver a hacerse presente.

Esta vez, no estuvo preocupado por el resultado. Ya estaba listo para afrontarlo.

Izuku, que estaba abrazado a su cuello y lo estaba besando como si la vida se le fuera en ello, retrocedió un poco.

—Sabes a cereza. —le dijo antes de volver a besarlo.

Katsuki gruñó contra su boca. Sus manos, que habían estado posadas sobre la espalda del omega, se deslizaron hacia abajo sobre la seda de la bata para aferrarse a la tela que cubría la cadera ajena.

Apretó la tela, haciendo que el borde subiera un poco. Incluso sin verlo, solo imaginar los muslos ajenos aparecer bajo la seda lo hizo gemir grave.

Con urgencia, movió sus manos para buscar el trasero ajeno, dándole un apretón y forzándolo a empujar la cadera al frente para frotarse juntos.

—Creí que- ah- —intentó decir Izuku, separándose del beso. —que estabas demasiado cansado.

El alfa besó la mejilla del omega, apresándolo contra su cuerpo.

—Conseguí algo de ayuda. —confesó, hablando contra la piel ajena justo antes de buscar su boca para besarlo de nuevo.

Izuku se rindió al contacto, correspondiéndole e Incluso empujando su cadera al frente.

Instantes después, todo movimiento del omega se detuvo en seco. Su boca se liberó de la de Katsuki.

—¿Ayuda? —preguntó, ligeramente alarmado. Sus ojos se ampliaron cuando los posó en Katsuki. —¡Kacchan! ¡No me digas que bebiste mi poción!

El alfa sonrió, agachándose para besar el cuello ajeno.

—¿Qué si lo hice?

Las fuertes manos del omega lo empujaron por los hombros. Su bonita boca rojiza provocaba pura lujuria en Katsuki.

—¿La bebiste toda? —preguntó con alarma. La expresión de Katsuki debió haberle dado la respuesta, pues se apresuró a seguir hablando. —¡Kacchan! ¡No debiste beberla toda! ¡Ese era un concentrado!

¿Un qué? Katsuki apenas tenía ganas de pensar. Todo lo que quería era tomar, poseer.

No había estado siendo el alfa que tenía que ser para Izuku. Pero ahora tenía la oportunidad para redimirse y darle al omega todo lo que necesitaba para estar satisfecho.

Sin decir o esperar una palabra más, empujó a Izuku hacia atrás, haciéndolo caer sobre la cama. El precioso cuerpo de su prometido rebotó sobre la superficie blanda.

—¡Kacchan!

—Sube a tu nido si no quieres que te folle aquí afuera. —gruñó, ya quitándose los pantalones con urgencia.

Izuku lo observó con la boca entreabierta y los ojos refulgentes. Sus mejillas sonrojadas casi parecían brillar por cuenta propia.

Katsuki lo vio tragar saliva y pensar duro antes de girarse sobre la cama, quedando a cuatro y trepar a su nido con urgencia.

El alfa observó el borde de la bata acariciar los muslos ajenos, apenas alcanzando a cubrir su intimidad. Su boca se aguó y su cuerpo entero se encendió por la lujuria.

Esperó apenas un segundo más antes de trepar detrás de él.

Izuku se acomodó sobre su nido, aún en cuatro. Su espalda se arqueó sensualmente y le lanzó una mirada sobre el hombro que causó que su sangre ardiera con más fuerza en las venas de Katsuki.

Las manos del alfa se aferraron a la cadera ajena, enterrando sus dedos en la tela suave y satinada.

—¿Qué tal va tu celo? —preguntó, sorprendentemente cuerdo a pesar de lo mucho que su cuerpo necesitaba el de Izuku.

—Todavía no regresa del todo.

Hm. Bueno, no importaba. Podían divertirse mientras tanto.

Sin responder, se concentró en acomodarse detrás de Izuku, haciéndolo separar más las piernas al colar las suyas entre ellas. Observó el borde de la seda verde subir un poco más, casi exponiendo aquello que estaba muriéndose por ver.

Pero Katsuki podía ser un hombre paciente, y en ese momento, no sería divertido adelantarse tanto. Tenía que aprovechar que Izuku estaba por completo consciente, así fuera por unos pocos minutos.

Embistió al frente, en el ángulo y con la fuerza perfectas para que el omega lo sintiera.

Tal como esperó, Izuku jadeó ante el estímulo. Su espalda se arqueó un poco más.

La suavidad de la tela hizo que la erección desnuda de Katsuki se deslizara con envidiable facilidad entre las mejillas ajenas, incluso aunque no había ni un ápice de humedad entre ellos.

El aroma dulce de Izuku se elevó entre ellos, dejando entrever su satisfacción. Su frente cayó sobre las prendas del fondo del nido.

En ese ángulo y desde ahí arriba, Katsuki podía ver de forma privilegiada la hechizante silueta de su omega. Izuku no solía usar ropa que dejara ver su cuerpo, pero incluso así, tenía a todos los idiotas del palacio haciendo fila para poder dirigirle la palabra.

Y era totalmente justificado. Izuku era una maravilla. Y su cuerpo lo era también.

Con hombros anchos, una cintura estrecha, cadera amplia y muslos que harían babear hasta al más estoico de los alfas, era el objeto de los sueños de Katsuki.

Continuó empujándose contra él, simulando embestidas contra la seda verde. Pronto, la humedad que manaba de la punta de su erección comenzó a manchar la tela, dejando detrás una mancha oscura.

Otra cosa que manchó también el tejido, fue la humedad que comenzó a producir el cuerpo de Izuku.

Katsuki sonrió victorioso. Apenas unos roces y ya tenía al omega a su merced de nuevo.

Lo vio presionar su mejilla contra el nido, bajar el pecho para reposarlo contra las mantas y arquear la espalda al máximo. Su respiración ya estaba escuchándose más dificultosa.

El movimiento empujó la cadera del omega aún más contra la pelvis de Katsuki, arrancándole un gemido grave de la garganta.

A Izuku debió gustarle su reacción, puesto que comenzó a empujarse rítmicamente contra él, estimulándolos a ambos.

Con cada suave meneo de la cadera ajena hacia atrás, los muslos del omega se abrían un poco más. Eventualmente, Izuku terminó recostado por completo sobre el nido, bocabajo y con Katsuki montándolo, aún embistiendo por sobre la tela.

Para ese punto, el aroma de Izuku ya había adquirido el característico tono dulzón que lo caracterizaba durante un pico de su celo. Al tomar una respiración por la boca, Katsuki pudo percibir el suave gusto de cereza en el aire.

La humedad sobre la tela ahora estaba presente en una cantidad obscena. La mezcla de los fluidos de ambos ya había logrado empapar la seda de tal forma que ahora se adhería a la piel de Izuku, adecuándose a cada curva.

Curioso por apreciar el panorama, Katsuki retrocedió un poco, retirando su erección del cuerpo ajeno e ignorando el suave quejido que el omega soltó para depositar toda su atención en la forma en que la seda mojada caía con pesadez sobre el cuerpo ajeno.

Usó ambos pulgares para separar las mejillas ajenas y después, volvió a presionarlas juntas, admirando la manera en que la tela se moldeaba al suave contorno del palpitante agujero que esperaba por él.

—Maldición. —soltó sin poderlo evitar, sintiendo cómo le faltaba el aliento y su autocontrol flaqueaba.

Con la yema del pulgar, presionó sobre el borde hinchado de la entrada ajena y se deleitó en la forma que Izuku gimió y se tensó de pies a cabeza.

Comenzó a dibujar círculos lánguidos sobre la zona, teniendo un poco de problemas gracias al ángulo. Afortunadamente, Izuku resolvió esto levantando la cadera.

Sus piernas no parecían muy firmes, pero incluso así, logró mantener la posición mientras Katsuki continuaba tocándolo.

La humedad se esparció aún más por la zona. El fragante aroma del omega, que olía a puro paraíso; dulce, invitante y tan tan fértil, no hizo más que quebrar un poco más el control de Katsuki.

Sin ser capaz de contenerse, el alfa se agachó y lamió sobre el sitio que había estado toqueteando, aún sobre la tela.

Izuku se irguió, jadeando sorprendido. Sus muslos temblaron y se abrieron un poco más.

Kacchan. —gimió con voz rota y desesperada.

—Quieto. —gruñó Katsuki cuando lo sintió resistirse. —Déjame probarte.

El omega volvió a gemir, casi lloriqueando mientras Katsuki retomaba sus movimientos.

Poco le importó lo obsceno de sus acciones. En ese momento, todo en lo que podía pensar era en lo mucho que quería sentir a Izuku correrse de nuevo. En su lengua, en sus dedos, en su nudo. No importaba.

Volvió a lamer con fuerza, sintiendo la textura resbalosa de la seda contra sus labios y su mentón, embarrándolo de humedad.

Al mirar abajo, alcanzó a ver bajo la suave luz de la habitación cómo gotas transparentes corrían hacia abajo por los muslos de Izuku.

Con urgencia, coló uno de sus pulgares por debajo del borde de la bata y lo levantó, deshaciéndose por fin de la última barrera que lo separaba de su omega.

No esperó ni un segundo antes de volver a poner su boca sobre él.

La sensación fue muy distinta ésta vez. Sentir el calor de la piel de Izuku directamente contra sus labios era ambrosia pura.

Recordaba a la perfección esa primer probada que le dio. Había perdido el control a manos de su alfa interior cuando lamió por primera vez, y para cuando fue capaz de reaccionar de nuevo, ya tenía a Izuku llorando sobre el nido y espesos restos de humedad embarrados en los labios, mejillas y mentón.

Desde esa primera vez, supo que iba a volverse adicto. Nada nunca había sabido tan bien ni lo había puesto tan salvaje como saborear la humedad que demostraba la excitación de su prometido.

Usando una mano para mantener al omega en la posición correcta, se dedicó a lamer, succionar y dejar húmedos y sonoros besos que causaron que Izuku lloriqueara.

Lo sintió punzar contra su lengua, cada vez con más violencia.

No le dio un solo segundo de descanso. Continuó devorándolo hasta que, por fin, el cuerpo de Izuku alcanzó su máximo punto de tensión.

Lo escuchó gemir, lo sintió temblar y saboreó el resultado de su esfuerzo segundos después.

Sabiendo lo sensible que Izuku quedaba luego de que Katsuki lo hacía venirse en su lengua, el alfa se limitó a depositar un par de húmedos besos más antes de retirarse.

Lamió sus labios de forma inconsciente, deshaciéndose de los restos de humedad y después sonrió satisfecho, observando a Izuku estremeciéndose por los restos de su clímax.

No podía ver su rostro, pero escuchaba las aceleradas bocanadas de aire que continuaba tomando por la boca, llenándolo de satisfacción al saber que, de nuevo, había sido él quien lo llevó hasta ese extremo.

Pero, a ese punto, Katsuki ya sabía que no estaba cerca de saciar por completo al omega.

Al mirar entre las temblorosas piernas ajenas, notó espesas gotas blanquecinas escurrir de la punta de la erección rosada, que continuaba por completo dura.

Katsuki también estaba duro y listo para el siguiente nudo. Sin embargo, sabía que incluso con la estúpida poción, no podría aguantar todo lo que Izuku necesitaba si se introducía en él ahora.

Acarició los costados del omega, esperando ayudar a calmar los temblores que continuaban abrumándolo. Después, le dio la vuelta sobre el nido para que descansara sobre su espalda.

—¿Qué tal va el celo ahora?

Izuku clavó la mirada en él, sus ojos permanecían enrojecidos por las lágrimas que seguro estuvo soltando antes. Sus hinchados labios rojos brillaban por la saliva que reposaba en ellos y sus mejillas estaban profundamente sonrojadas.

—Kacchan. —llamó con voz necesitada. Katsuki no necesitó siquiera pensarlo. Izuku solo le hablaba en ese tono cuando una oleada de su celo estaba abrumándolo.

Se estiró para besar la boca entreabierta del omega con necesidad. Tomó el labio inferior de Izuku entre los suyos y le dio una suave succión antes de volver a unir sus bocas.

Izuku se relajó ante el contacto. De su garganta emanó un suave, satisfecho sonido y su boca cayó abierta para facilitarle el acceso a Katsuki.

El alfa se mantuvo entretenido en el beso, concentrado en la manera en que sus lenguas se presionaban juntas y deleitándose con los suaves suspiros del omega, que resonaban entre los chasquidos húmedos de su saliva.

Poco a poco, Izuku se agitó. Apenas unos minutos después, ya estaba retorciéndose sobre el nido, necesitado de un mayor contacto.

Katsuki se estiró para acariciar el torso del omega, repasando su piel con las puntas de los dedos y percibiendo no solo su calor, sino también la suave capa de sudor que ya estaba cubriéndolo.

Apoyó su palma completa sobre la piel caliente y acarició hacia arriba, sintiendo los suaves relieves de sus músculos y su costillar. Al alcanzar la parte superior, sus dedos pasaron sobre uno de los pezones endurecidos del omega, estimulando la protuberancia con un poco más de rudeza de la que Katsuki solía usar al tocar por primera vez.

Izuku se estremeció ante el contacto. De sus labios aún atrapados por los del alfa, escapó un profundo gemido que reverberó en las bocas de ambos.

Al sentir lo mucho que el toque excitó a Izuku, Katsuki lo repitió dos, tres y cuatro veces. Para cuando la yema de su pulgar estuvo frotando esmerados círculos sobre el brote rosado, Izuku ya había apartado el rostro para gemir con libertad y su aroma adictivo ya tenía al alfa por completo rodeado.

Katsuki comenzó a sentir cómo su boca se llenaba de saliva y, además, sintió su alfa interior tirar con fuerza, revolviéndose violentamente de la misma manera en que solía hacerlo durante su propio celo.

De pronto, la necesidad por sentirse tan cerca como fuera posible de su omega lo sobrecogió y para cuando se dio cuenta, ya había cambiado su posición sobre el nido y estaba empujando dos dedos en el interior del cuerpo ajeno.

Izuku gimió ante la repentina y brusca intrusión, pero no intentó retirarse ni dio signo alguno de estar incómodo. Katsuki supuso que se debía a la cuantiosa humedad que su cuerpo estaba produciendo, manteniéndolo listo para el alfa.

Pero Katsuki no podía tener suficiente de él. Incluso aunque ya estaba preparándolo -innecesariamente, cabía admitir- sentía que continuaba demasiado lejos de él.

Con el deseo nublándole la vista, el alfa se agachó para tomar en su boca la rojiza erección del omega, que goteaba inútilmente sobre su vientre, contrayéndose con cada embestida de los dedos de Katsuki.

El sabor de Izuku se esparció por su lengua y no pudo evitar gemir de satisfacción al sentirlo punzar contra su lengua.

Las piernas del omega se tensaron, cambiando su posición y abriéndose para intentar facilitarle las cosas a Katsuki, sin embargo, estaban temblando tanto que solo sirvieron para distraer al alfa.

Retrocedió un poco, asegurándose de que el grueso de su lengua acariciara el frenillo en el proceso y después repasó el borde del glande hasta que sintió humedad pegajosa manar de la pequeña abertura en la punta.

No tuvo espacio en su cabeza para sentirse incómodo con el constante roce al fondo de su garganta, ni en la forma en que su respiración se volvía dificultosa. Katsuki ya era adicto a Izuku y cada movimiento lo tenía sintiéndose satisfecho y orgulloso. No había forma en que se sintiera desagradable al estar de esa forma con él. No importaba en dónde pusiera su boca, cada probada lo llevaba al mismísimo paraíso.

Una de las manos de Izuku fue a enterrarse en su cabello y se aferró a los mechones, intentando guiarlo con movimientos torpes y poco coordinados.

Continuó en lo suyo, ahuecando las mejillas y lamiendo con esmero mientras ascendía y descendía.

Pronto, pudo saber a la perfección que Izuku estaba acercándose al límite. La forma en que su aroma se levantó, la manera en que su voz se quebró y su piel se erizó no dejaba lugar a dudas.

Succionó con fuerza, arrancándole a Izuku un audible lloriqueo de los labios. Pocos segundos después, Katsuki tuvo que tragar para deshacerse de la cuantiosa humedad que apareció sobre su lengua.

De nuevo, las piernas de Izuku temblaron sin control, su cuerpo entero se sacudió; los dedos que estaban en el cabello de Katsuki tiraron con fuerza.

Katsuki aguantó ahí unos momentos más, esperando a que Izuku terminara de venirse.

Tragó de nuevo, haciendo que el omega jadeara. Cuando consideró que ya no había demasiada humedad escurriendo en el miembro ajeno, por fin se retiró.

Sin embargo, parecía que no tragó lo suficiente, pues al abrir la boca y retroceder, gruesos hilos pegajosos continuaron uniendo sus labios a la punta rosada por unos instantes más antes de romperse.

Sus ojos se encontraron con los de Izuku, que estaban enrojecidos y brillaban por el placer. Aún lucía un poco ausente gracias a su orgasmo, pero en el momento en que encontraron los irises de Katsuki, toda la lucidez pareció regresar a él de golpe.

—Alfa. —gimoteó. —Nudo.

Ah- mierda.

Katsuki quería hacerlo venir de otras formas al menos un par de veces más, pero cuando Izuku comenzaba a pedir su nudo, nada podía hacerlo cambiar de parecer.

—‘Zu- —intentó razonar, sabiendo que no tenía sentido.

Izuku ni siquiera pareció escucharlo. Comenzó a mecer la cadera y a gimotear con necesidad.

Katsuki no pudo resistirse ni por un segundo. Apenas escuchó el primer gimoteo del omega, ya estaba moviéndose, acomodándose entre las perfectas piernas de su prometido y sosteniendo su propia erección para guiarla al interior del omega.

La sola idea de introducirse en él tuvo a Katsuki jadeando, ya sintiéndose mucho más caliente de lo normal.

Todos sus instintos gritaban en su interior para que se apresurara a anudarlo y con cada respiración, sentía como si fuera menos capaz de pensar con claridad. Seguro era culpa de la estúpida poción.

Al estar en posición entre las piernas de Izuku, Katsuki colocó la punta de su erección sobre el pequeño agujero palpitante y tuvo que gruñir ante la vista. Observó embobado la manera en que la humedad de ambos se mezcló y después se deleitó en el contraste de tamaños entre ellos.

Aprovechando que aún estaba sujetándose a sí mismo, el alfa levantó su miembro y dio un par de golpecitos sobre la entrada del omega. Como respuesta, Izuku jadeó y se meció con impaciencia sobre el nido; lágrimas comenzaron a asomarse en sus bonitos ojos enrojecidos.

Aún fascinado con la vista, Katsuki tomó una respiración profunda y empujó la punta dentro. Sin embargo, antes de llegar demasiado profundo, retrocedió por completo.

Izuku, que tenía la boca abierta con el propósito de gemir, buscó su mirada con indignación. Katsuki esperó hasta que el omega frunció el ceño y sonrió ante la forma tan lastimera en que estaba observándolo.

—Alf-¡ah!

Apenas escuchó la primer sílaba escapar los bonitos labios de su omega, Katsuki se empujó al frente, introduciéndose en el cuerpo de Izuku de una sola embestida, llegando hasta el fondo.

El repentino movimiento empujó a Izuku arriba sobre el nido. De su garganta escapó un gemido roto, su espalda se arqueó y sus puños tiraron de las mantas a su alrededor, casi haciendo que el borde del nido se derrumbara.

Gracias a esa primer embestida, inesperada y profunda, Izuku se alejó un poco de él. Las manos de Katsuki se movieron para sujetar su cintura y tirar de él en su dirección de nuevo, llegando un poco más profundo en su interior.

En el momento en que su pelvis se encontró con el cuerpo de Izuku, Katsuki por fin se sintió lo suficientemente cerca de él y pudo quitarle las manos de encima.

Su derecha fue a sujetar una de las piernas del omega, en el sitio en el que su rodilla se flexionaba y tiró de ésta para colocarla sobre su hombro. La bata se arrugó, adecuándose al cuerpo de Izuku y haciéndolo ver aún más seductor.

Abrazó el muslo de Izuku contra su pecho y después se inclinó al frente, apoyándose en su mano izquierda para no caer sobre el omega.

Y entonces, por fin, después de lo que se sintió como horas de espera, comenzó a embestirlo.

Retrocedió hasta retirar la mitad de su erección del cuerpo ajeno, incapaz de forzarse a sí mismo a alejarse así fuera un centímetro más.

Desde la posición en la que estaban, Katsuki pudo ver el bonito rostro de Izuku reaccionar al movimiento.

Sus ojos se entrecerraron, sus cejas se fruncieron y su labio inferior tembló. El perfecto color rojizo de sus mejillas causó que los colmillos de Katsuki cosquillearan con la urgencia de morder.

Pero- maldición- había estado conteniéndose para no morder. No debía. No cuando la marca era algo que tenía que hacer el día de su boda, durante el ritual que uniría sus almas para siempre.

Antes había estado mordiendo, pero cada que lo hacía, podía sentir a su alfa interior removerse ofendido por no poder enterrar sus colmillos en el sitio que tanto deseaba. Poco a poco, su autocontrol se había ido debilitando y ahora, se sentía como si fuera a perder la consciencia si volvía a probar la piel ajena.

Así que todo lo que pudo hacer para contenerse fue apretar los dientes y volver a empujarse en el cuerpo con el que había pasado años soñando.

Izuku gimió, estremeciéndose ante el contacto. Sus labios se apretaron, tratando de esconder el suave lloriqueo. El muslo que reposaba contra el pecho de Katsuki tembló.

Katsuki echó la cabeza al frente, sintiendo el placer esparcirse por su cuerpo.

Podía sentirlo todo. Desde la acelerada respiración de Izuku expandir su pecho una y otra vez, hasta las ligeras contracciones de su interior, apretándolo de todas las formas correctas.

Algo en la poción de Izuku debía estar haciendo que Katsuki estuviera más sensible, puesto que, en las ocasiones anteriores, no había sentido todo de la forma tan vívida en que estaba experimentándolo.

El aroma de Izuku estaba en todas partes, tan atrayente como lo había sido desde la primera vez que lo olfateó. Cada respiración causaba que la boca de Katsuki se llenara de saliva.

El calor de la piel del omega parecía mucho más potente ahora. Cada que el cuerpo de Katsuki entraba en contacto con ésta, le quedaba detrás una sensación de hormigueo. Incluso el sudor que los cubría a ambos se percibía mucho más caliente que en ocasiones anteriores.

Al buscar el bonito rostro de su prometido, Katsuki lo encontró haciendo esa expresión que no fallaba en volverlo loco cada vez.

Con las cejas fruncidas creando una arruga en el puente de su nariz, párpados apretados que apenas alcanzaban a contener las lágrimas que continuaban rodando por sus sienes, un labio inferior atrapado entre dientes que se negaban a permitir que su voz escapara y con piel sonrojada del más delicioso tono de rosado, era la expresión que Katsuki siempre soñó con poder contemplar en persona.

Apenas se dio cuenta de cuando se movió. Para cuando reaccionó, ya tenía ambas piernas de Izuku sobre sus hombros, mientras que sus manos estaban aferradas a las mantas del nido, tratando de darle un mejor agarre.

Embistió con fuerza, asegurándose de enterrarse hasta la empuñadura y después retroceder hasta que casi salía del interior ajeno.

Cada vez que se empujaba al frente, podía sentir la humedad entre sus cuerpos aumentar. El agudo sonido de sus pieles encontrándose no hacía sino avivar su excitación.

Se movió para arrancarle la bata con violencia. A pesar de lo seductor que se veía con ella puesta, Katsuki necesitaba ver tanto de su cuerpo como fuera posible.

Izuku debía estar pensando en algo similar, pues se apresuró a ayudarlo, removiéndose sobre el nido y cayendo de nuevo sobre éste apenas Katsuki arrojó la prenda al suelo. Apenas pudieron, regresaron a la posición de antes.

Las respiraciones de ambos ahora eran audiblemente dificultosas; se alzaban entre ellos en forma de aceleradas bocanadas que apenas eran capaces de llevar el aire necesario a sus pulmones. Sin embargo, no podían pensar en bajar el ritmo; los dos demasiado necesitados del contacto.

Al mirar en dirección al sitio en el que Katsuki estaba invadiendo el cuerpo de Izuku, su sangre ardió por el deseo.

Era una vista que ya había apreciado numerosas veces durante el tiempo que había pasado con Izuku, pero que nunca fallaba en arrancarle la cordura.

No importaba cuantas veces se enterrara en él, el cuerpo del omega siempre parecía apenas capaz de recibirlo. El pequeño agujero estaba estirado al máximo, de un vívido color rosado y cubierto de humedad transparente.

Verlo siempre hacía que algo primitivo se avivara en Katsuki. En cada ocasión, tenía que controlarse para no agacharse y volver a devorarlo.

Si era capaz de aguantar, su recompensa sería terminar viendo su semen escurrir del agujero mientras Izuku se esforzaba por mantenerlo en su interior.

Solo pensarlo logró hacerlo gruñir. Maldición- se moría por volver a anudarlo.

Volvió a aumentar el ritmo, dándolo todo en cada poderoso embate que continuaba empujando a Izuku sobre el nido, desordenando su cabello y haciéndolo lagrimear.

Izuku se retorció, aferrándose al nido y moviendo sus piernas para que ahora, en lugar de sus pantorrillas, fueran sus tobillos los que descansaban sobre los hombros de Katsuki.

El ligero cambio de posición logró que el alfa pudiera empujarse un poco más profundo en él. Humedad pegajosa se adhirió al vientre de Katsuki.

Buscó las manos de Izuku, entrelazó sus dedos y usó su peso para anclar el cuerpo del omega a su posición, cansado de que las embestidas continuaran empujándolo hacia arriba.

Izuku se apresuró a darle un apretón con sus dedos; uno de sus pulgares acarició la piel de la mano de Katsuki en un gesto cariñoso.

De pronto, unas inmensas ganas de besar la bonita boca de su prometido invadieron a Katsuki.

Sabía que la posición era difícil para Izuku, pero, aun así, hizo el intento y se inclinó al frente.

Para su sorpresa, las piernas de Izuku se flexionaron con facilidad, permitiéndole agacharse hasta que pudo presionar su boca contra la del omega.

Su pecho se presionó contra los muslos del omega cuando por fin adoptó la posición. El cambio hizo que su piel ardiera por el deseo y que el interior de Izuku lo apretara un poco más duro.

Su prometido gimió, tal vez resintiendo el estiramiento, o tal vez disfrutando el cambio en el ángulo. Fuera como fuera, no dio señal alguna de estar incómodo. En su lugar, ayudó a presionar sus propias piernas aún más contra su propio pecho.

Katsuki coló su lengua en el interior de la boca de Izuku, lamiendo cada rincón a su paso mientras continuaba embistiendo en cortos pero certeros movimientos.

Gracias a lo cerca que estaba del omega, Katsuki no podía retroceder para embestirlo como les gustaba, pero en su lugar, podía empujar la cadera con fuerza, presionando la punta de su erección en el punto que ya sabía, volvía loco al omega.

Fue lento, pues temía lastimar a Izuku si lo embestía con la fuerza acostumbrada estando en esa posición. Sin embargo, incluso ese ritmo se sentía increíble al tener el cuerpo del hombre que había amado durante la mitad de su vida presionándose contra el suyo.

Aún con sus bocas unidas, el alfa continuó meciéndose con fuerza en el sitio, tocando el punto perfecto una y otra vez.

Prueba de ello fue que la humedad entre sus cuerpos aumentaba con cada embate, el sonido de sus fluidos chapoteaba de forma obscena con cada movimiento.

Rítmicos ecos agudos se alzaron en la recámara, producto de sus pieles estrellándose. Los suaves, casi imperceptibles espasmos provenientes del interior de Izuku comenzaron a volverse más fuertes conforme más tiempo transcurría.

El beso se volvió desastroso, cada vez más desesperado. Unos momentos después, el beso ya se había roto y ahora sus bocas abiertas jadeaban una contra otra.

Kacchan- —llamó el omega con voz temblorosa y rota. Katsuki supo qué era lo que estaba tratando de decirle solo con el desesperado tono.

Embistió con más fuerza, esforzándose un poco para aumentar también la velocidad y creando con eso un estímulo mucho más potente.

Contra su cuerpo, Izuku se estremeció dramáticamente. Su piel se erizó, sus piernas se tensaron y un roto gemido que escapó de su garganta quedó ahogado contra la boca del alfa.

La tensión que se apoderó del cuerpo del omega le dijo a Katsuki que el omega acababa de venirse.

Katsuki se detuvo de inmediato, sintiendo la urgencia de ver el resultado de su trabajo tan pronto como fuera posible.

Salió del cuerpo del omega con un húmedo chasquido y sintió su sangre arder ante la vista de un grueso hilo pegajoso que los unió por unos momentos más.

Apenas retrocedió, las piernas de Izuku se deslizaron fuera de su sitio, resbalándose de los hombros del alfa. Katsuki se apresuró a sujetarlas ambas para que no cayeran con demasiada fuerza sobre el nido y las acomodó con cuidado sobre las mantas enredadas.

Después, buscó con la mirada aquello que le interesaba y encontró sobre el vientre de Izuku los restos de su orgasmo.

Durante el tiempo que había pasado con Izuku durante su celo, Katsuki había aprendido que ver escenas como esas lo llenaba de una satisfacción similar a la de un orgasmo propio. Por eso, estuvo sorprendido cuando, lejos de sentirse contento con la vista, todo lo que pudo pensar era en lo mucho que quería hacer crecer ese desastre.

Necesitaba más. Quería hacer venir al omega hasta que ya no tuviera nada más que soltar.

Se movió en silencio, llevando su mano derecha en dirección a donde el líquido blanquecino reposaba sobre el vientre de Izuku.

Con la yema del pulgar, Katsuki dibujó laxos círculos sobre la piel caliente, esparciendo la humedad pegajosa de una forma muy similar en la que Izuku lo hacía de vez en cuando.

El omega soltó un suave Hm que caló hasta los huesos de Katsuki. Sonaba tan contento.

Su rostro relajado comenzó a recobrar la consciencia poco a poco. Unos segundos después, sus párpados se abrieron y buscaron a Katsuki.

Sin necesidad de que Izuku dijera nada, el alfa ya sabía que tenía que volver a ponerse en marcha.

Katsuki había descubierto que su posición favorita era estar frente a frente -para poder ver el bonito rostro de Izuku mientras lo hacía perder la cabeza-, pero al omega le gustaba variar tanto como era posible.

Por ello, se movió para darle la vuelta. Con facilidad, maniobró el cuerpo tembloroso de su prometido para ayudarlo a colocarse en cuatro.

Izuku colaboró con entusiasmo, abriendo las piernas y bajando su pecho al nido. Brillantes ojos jade le lanzaron una caliente mirada sobre el hombro.

Sin esperar nada más, Katsuki llevó su mano hasta la base de su erección, guiándola hasta su sitio predilecto.

El tiempo se movió con lentitud mientras el alfa presionaba la punta rosada de su miembro contra el -sorpresivamente aún- pequeño, rosado agujero.

Su mano libre se aferró a la cadera ajena, que desde ese ángulo se veía increíble.

Con un solo empuje de su cadera, Katsuki volvió a enterrarse hasta el fondo. Al encontrarse, sus pieles emitieron un agudo sonido. Tan jodidamente obsceno.

Izuku arqueó la espalda, empujándose un poco más en dirección al alfa. Su roto gimoteo quedó ahogado en la almohada contra la que el omega estaba enterrando el rostro.

Ya sintiéndose al borde de su propia cordura, Katsuki impuso un acelerado ritmo a las embestidas, empujando a Izuku hacia el frente y después tirando de él para hacerlo retroceder sobre su erección.

El conjunto de sus gemidos roncos con el de sus pieles encontrándose causó que los colmillos de Katsuki cosquillearan. Maldición; qué ganas tenía de morderlo.

Quería morder su cuello, perforar las glándulas de su aroma. Quería anudarlo mil veces más y ver su semen escurrir de él en cada ocasión.

Apenas notó el cansancio propio de tal extenuación física. A pesar de que su respiración era dificultosa y casi arrítmica, Katsuki no podía dejar de moverse, enterrándose una y otra vez en el dispuesto cuerpo de su prometido.

Usó el pulgar de la mano derecha para separar las mejillas ajenas y así poder ver el sitio en el que se unían. Su boca se llenó de saliva al ver la piel roja estirada al máximo.

Cada que retrocedía, Katsuki podía ver las venas resaltadas a lo largo del tronco de su erección, húmeda en su totalidad; la entrada de Izuku apretaba y su piel se estiraba un poco para intentar mantenerlo dentro. Y al empujarse dentro de nuevo, podía escuchar un suave chapoteo al tiempo que veía el flujo ajeno escurrir entre ellos, cada vez más abundante e incapaz de encontrar sitio en el interior del omega. Entre la espesa humedad, ya alcanzaba a verse algo de blanco, producto de todo lo que Katsuki estaba chorreando también.

Desde la primer embestida que Katsuki estaba tocando el punto dulce del omega, podía sentirlo gracias a lo mucho que el otro estaba temblando. Tal vez era por eso que la humedad era tan abundante y el aroma a cerezas maduras era todo lo que el alfa podía respirar.

—Nudo, Kacchan. —exigió Izuku con dificultad, girándose a mirarlo sobre el hombro. —Acaba en mí. Quiero sentirlo escurrir después.

—Maldición- —gruñó Katsuki, aferrándose a la cadera ajena para cambiar el ángulo y después aumentando el ritmo.

Usó toda su fuerza para continuar empujándose en él. Fue tan rudo que el torso de Izuku terminó cayendo por completo sobre el nido, haciéndolo arquear la espalda de una forma malditamente seductora, creando una curva pecaminosa que lo hizo salivar. Sus muslos se abrieron un poco más para poder mantener la posición, y con eso, Katsuki pudo llegar un poco más profundo en él.

Ese nuevo ángulo parecía ser aún mejor. Izuku estaba apretándolo jodidamente duro. Desde donde estaba, Katsuki podía verlo boquear, incapaz de emitir sonido alguno.

La fuerza de los embates probó ser demasiado apenas unos momentos después. El constante rebote terminó causando que Izuku se alejara de él.

Con un gruñido, Katsuki se apresuró a aferrarse a la nuca ajena, empujándolo hacia abajo y clavándolo en su sitio. Así, pudo continuar empujándose en él con la necesidad bestial de antes, pero con la confianza de que no iba a empujarlo lejos.

Continuó con ese ritmo hasta que sintió que el placer se apoderaba de él por completo.

Cada centímetro de piel que entraba en contacto con la de Izuku se sentía como si estallara en llamas; brillantes ramalazos de color invadían su visión de cuando en cuando. Ninguno era capaz de contener su voz.

En algún punto, la posición debió volverse cansada para Izuku, puesto que el omega se esforzó por girar el rostro. Al notarlo, Katsuki lo dejó ir y pasó a apoyar su mano junto a la cabeza del otro, manteniendo el equilibrio para no tener que bajar el ritmo.

Con el cambio, Katsuki pudo ver el lado izquierdo del rostro de su prometido.

Completamente rojo, con pecas apagadas bajo el brillante rosado de su piel, labios hinchados dejaban escapar un hilo de saliva que se perdía al encontrarse con la almohada y brillantes ojos jade perdidos en el placer dejando caer gruesas lágrimas.

Orgulloso, Katsuki dejó que una sonrisa feral se formara en sus labios y después, bajó el ritmo hasta detenerse por completo. Apenas Izuku soltó un quejido, el alfa meneó la cadera contra el generoso trasero de su prometido, asegurándose de que la punta de su erección se moliera contra el punto correcto.

Izuku lloriqueó, empujándose hacia atrás con insistencia y aumentando el contacto con desesperación.

La deliciosa presión alrededor de su miembro arrancó un siseo de los labios de Katsuki; sus párpados se cerraron por el placer. Su sangre ardió como fuego allá en donde corría por sus venas.

Debajo de él, la piel de Izuku se erizó y sus músculos se tensaron. Su piel adquirió un precioso tono rosado que se esparció hasta sus hombros. La sensible nariz de Katsuki captó de inmediato el fresco aroma del semen del omega. Se había venido de nuevo.

¿Cuántas veces iban ya? ¿Tres? ¿Cuatro? Katsuki estaba en racha; ya había comenzado a cansar a Izuku y su nudo ni siquiera había comenzado a hincharse.

Esa estúpida poción sí que era efectiva, pero eso era obvio; había sido Izuku quien la creó. Katsuki se aseguraría de que el omega recibiera un bono por su duro trabajo.

Satisfecho con la forma en que estaban desarrollándose las cosas, Katsuki se agachó contra la espalda ajena, depositando húmedos besos sobre sus omóplatos y ascendiendo hasta sus hombros.

—Bien hecho, Izuku. —halagó, asegurándose de que sus labios rozaran las expuestas glándulas del omega. —Eres una maldita maravilla.

Bajo él, Izuku soltó un suave jadeo y escondió el rostro en la almohada otra vez.

—No podía haber encontrado a alguien mejor que tú. —continuó hablando, sabiendo el efecto que sus palabras tenían en el otro. —Eres perfecto para mí.

Dicho esto, comenzó a embestirlo de nuevo.

Como acto de piedad por el tembloroso omega, Katsuki fue lento y suave.

Embistió con cortos movimientos, asegurándose de que Izuku pudiera sentirlo todo.

Lo escuchó gimotear a manera de protesta, probablemente aún demasiado sacudido por su clímax como para continuar. Sin embargo, esta vez era Katsuki quien no podía esperar.

—Esto es lo que querías, ¿no? —habló contra su piel, lamiendo el borde de una glándula y sobreponiéndose a la urgencia de morder. —Quédate así, déjame encargarme de ti.

—Kacchan. —lloriqueó Izuku. Solo imaginar la manera en que la sobreestimulación estaba mostrándose en el bonito rostro ajeno, causó que el alfa se pusiera un poco más duro.

El omega continuó gimoteando, abrazándose a la almohada con dificultad y arqueando la espalda para mejorar el ángulo incluso aunque continuaba temblando por el placer.

Que maravilla. Todo en Izuku era una maravilla. Katsuki apenas podía creer que hubiera sido él quien se ganó su corazón.

Se estiró un poco más, besando debajo de la oreja del omega con una delicadeza que contrastaba con la forma tan firme en que continuaba empujándose en su interior una y otra vez.

Izuku lloriqueó, echando la cabeza hacia atrás y pegándose contra Katsuki, persiguiendo su tacto unos instantes más.

Esa necesidad de estar tan cerca como fuera posible fue evidente en la forma en que Izuku se pegó a él; Katsuki también estaba sintiéndola; cada centímetro de su piel que no estaba en contacto con la del omega añoraba su tacto.

Pero, al mismo tiempo, sentía también una urgencia atronadora por continuar embistiéndolo; por hacerlo suyo con un salvajismo que solo podía compararse con el de una bestia.

Por eso, Katsuki se dispuso a cambiar de posición.

Sin salir de Izuku, el alfa los maniobró para alcanzar su propósito.

El omega se dejó hacer, esperando con paciencia y acomodándose de la forma en que el alfa le indicó mudamente.

Así, terminaron de nuevo sobre el nido, con Katsuki acostado bocarriba, e Izuku sobre él, con su espalda sonrojada contra el pecho del alfa. El collar de compromiso se deslizó sobre las clavículas ajenas con un suave tintineo.

Katsuki separó las piernas, flexionándolas para poder apoyar las plantas de los pies sobre la cama. Las piernas del omega, que descansaban a cada lado de las de Katsuki, se vieron obligadas a abrirse también, guiadas por las manos calientes de Katsuki sobre sus muslos.

El movimiento lo hizo gimotear, puesto que la erección del alfa, que continuaba en su interior, se empujó un poco más profundo.

La espalda del omega se arqueó; la manera en que se sacudió sobre Katsuki, causó que se saliera un poco de su posición y así, sus rostros quedaron lado a lado.

Con ese minúsculo cambio, ahora el alfa podía alcanzar la boca de Izuku sin que ninguno tuviera que estirarse demasiado.

Katsuki se acercó para lamer la sonrojada mejilla del omega, sonriendo contra la piel pecosa.

Empujó la cadera hacia arriba, cargando el peso completo de Izuku, pero apenas notando alguna dificultad gracias a lo excitado que estaba.

Su erección volvió a enterrarse hasta la empuñadura en el interior del omega. Las piernas de Izuku se tensaron, levantándose un poco más para intentar mejorar el ángulo.

Katsuki flexionó el brazo izquierdo para abrazar a su prometido, manteniéndolo tan firme en su sitio para poder embestirlo con la fuerza que necesitaba.

Supo de inmediato que esa no era una posición en la pudiera ir muy rápido, pero sí que podía enterrarse bien profundo en su sitio. El solo movimiento de su cadera era suficiente para estimularlos a ambos; con cada empuje, Katsuki salía casi por completo y volvía a embestir hasta el fondo, lento pero potente.

Era una sensación increíble; ir lento permitía sentir cada contracción del cuerpo ajeno y la forma casi violenta en que el pequeño, abusado agujero continuaba aferrándose a él. La piel sudorosa de Izuku sabía asombroso allá en donde Katsuki lamía con desesperación.

Con cada movimiento, el omega gemía alto y se meneaba en su sitio, tratando de colaborar más en el encuentro. Pero Katsuki no quería su ayuda; él iba a encargarse de todo.

Lo embistió con mayor fuerza, dándole lo que necesitaba y haciéndolo rebotar sobre su pelvis y deleitándose con la forma en que el cabello de su prometido se balanceaba de arriba hacia abajo gracias a la potencia.

Como ya era normal sentirlo cada que el omega estaba cerca de su clímax, el flujo pegajoso comenzó a aumentar, mojando sus pieles y dejando detrás un aroma que hizo que el alfa gruñera muy alto, casi por completo feral.

Alcanzó la boca de Izuku, besándolo con dureza y un desespero que sería incluso vergonzoso si el omega no le hubiera respondido con el mismo entusiasmo.

Ambos gimieron, sus labios apenas separándose lo suficiente para dejar salir los necesitados sonidos que expresaban su placer.

El húmedo chapoteo de sus cuerpos encontrándose opacaron los desesperados gemidos de ambos. El solo sonido causó que una oleada de deseo inundara al alfa. Su nudo comenzó a hincharse a una velocidad vertiginosa.

Ah- maldición. No podía anudarlo ahora. Una vez lo hiciera, le tomaría un poco de tiempo volver a ser capaz de ponerse duro, incluso con la poción ayudándolo. Tenía que asegurarse de que Izuku estuviera agotado.

Con el agarre que tenía sobre el torso del omega, Katsuki lo posicionó un poco más arriba sobre su cuerpo. Al hacerlo, sus dedos rozaron uno de los endurecidos, rosados pezones.

Izuku se estremeció, tensándose y soltando un ruidito adorable. Sus piernas incluso se cerraron por un instante. Su erección dejó escapar gruesas gotas de preseminal sobre su vientre, creando una vista pecaminosa que causó que Katsuki se pusiera aún más duro.

Sonriendo, Katsuki repitió el tacto sobre la hinchada protuberancia, estimulándola una y otra vez. Izuku se meneó, lloriqueando y arqueando la espalda.

Al mirar entre las piernas del omega, tratando de ver cómo continuaba chorreando, se encontró con una vista que causó que casi se viniera como un idiota.

Una oleada de calor se apoderó de él; por un momento, su mente se quedó en blanco, consumida por la excitación.

¿Cómo no lo haría? Si en el vientre bajo de Izuku, cada que Katsuki se empujaba en él, alcanzaba a verse un pequeño bulto, allá en donde la erección del alfa presionaba desde su interior.

Su nudo se formó por completo. Katsuki tuvo que detenerse para no terminar tan pronto.

Izuku, como era de esperarse, se quejó de inmediato. Intentó moverse por su cuenta y alcanzó a reanudar las embestidas por un instante, meneándose sobre el regazo del alfa y tocando su punto gracias a ello.

Katsuki le gruñó para que se detuviera. Lo abrazó con más fuerza y tomó un par de respiraciones profundas antes de volver a moverse.

Las manos de Izuku, que vagaban de un lugar a otro, indecisas sobre en dónde debían posarse, llamaron la atención del alfa. Con un movimiento, Katsuki alcanzó a sujetar una de las muñecas y tiró de ésta para dirigirla hasta el sitio en donde la bonita erección rosada del omega reposaba contra su vientre, con la punta dejando salir gotas de humedad que brillaban bajo la oscilante luz de la habitación.

—Tócate. —ordenó con voz cercana al quiebre.

El omega gimoteó, sujetándose a sí mismo con dedos temblorosos que apenas eran capaces de mantenerse en posición.

Kacchan- —lloriqueó, buscando la mirada de Katsuki y soltando un par de lágrimas cuando el alfa lo miró. —Nudo.

—Quiero que te toques primero. —aclaró, aún sintiéndose peligrosamente cerca del borde. —Después te daré mi nudo.

Izuku hizo un adorable puchero y sin decir nada más, comenzó a tocarse.

Katsuki observó con interés cómo los dedos del omega se aferraban a sí mismo, dando suaves apretones al subir y bajar, ayudado por los restos de preseminal que continuaban deslizándose hacia abajo.

Era una vista fabulosa. Ver la pegajosa humedad descender de forma sinuosa sobre las difusas cicatrices que poblaban las falanges ajenas.

Una vez que se sintió menos cerca del borde, Katsuki comenzó a mover su cadera de nuevo, embistiendo hacia arriba.

No retomó el ritmo de antes, sino que se limitó a molerse contra el punto dulce de Izuku; asegurándose de tocarlo una y otra vez al tiempo que llegaba hasta el fondo.

El repetitivo movimiento causó que el bulto volviera a aparecer en el vientre de Izuku. En su siguiente descenso sobre su erección, el omega rozó el sitio en el que Katsuki tenía clavada la vista.

El jadeo que escapó de los labios del omega causó que la sangre del alfa volviera a arder en sus venas.

Y la forma en que la otra mano de Izuku fue a posarse sobre el bulto fue incluso más caliente.

Sin perder el tiempo, Katsuki volvió a embestirlo, asegurándose de que Izuku pudiera sentirlo a la perfección.

—¿Ves lo profundo que estoy en ti? —gruñó contra el oído del omega. —Presiona más.

Izuku obedeció, empujando su mano contra el bulto; apretando los labios para que la saliva que chorreaba de la comisura hacia su mentón se detuviera. Sus cejas delgadas se fruncieron ante la sensación.

El estímulo finalmente le trajo los resultados esperados al alfa. Apenas un par de embestidas después, Izuku se vino entre sus dedos.

Sintió su cuerpo tensarse y escuchó su voz quebrarse cuando echó la cabeza hacia atrás, pegando su sien contra la de Katsuki.

Como cada vez, fue un espectáculo digno de admirar. En su vida diaria, Izuku rara vez exudaba sensualidad; pero al venirse parecía una persona completamente distinta. Salvaje, desconectado, sin inhibiciones mientras continuaba meneándose para perseguir su placer…

Katsuki estaba seguro que ni los dioses de la fertilidad podían ser tan seductores como él.

Observó con satisfacción el cuello expuesto del omega, los contornos apenas visibles de sus glándulas ocultos bajo mechones de cabello empapados por el sudor; admiró sus labios rojos que se abrieron para dejar escapar un gemido roto y después, siguió con la mirada, ansioso, el camino de una solitaria lágrima que corrió por su mejilla.

Al mirar en dirección a la sonrosada erección del omega, que dejaba escapar a borbotones algo de humedad ahora casi transparente y muy líquida, notó que la dureza estaba comenzando a bajar.

Se contuvo para no soltar un victorioso Hah que había causado que Izuku se distrajera. En lugar de eso, se enfocó por completo en él.

No esperó a que Izuku se recuperara de su orgasmo. Mientras el omega seguía perdido en su placer, con la cabeza reposando en la mullida almohada, Katsuki se estiró para sujetar el muslo derecho cubierto de pecas, levantándolo para así poder empujarse un poco más profundo en él.

Apenas lo tuvo en posición, reanudó las embestidas.

Izuku gimió, sacudiéndose en su agarre y soltando ruidosos gemidos de placer que dejaron en evidencia lo mucho que la sobreestimulación estaba afectándolo.

Alf-ah- a- Ka- —intentó decir con ese adorable tono de voz que dejaba claro que tenía el cerebro frito. —Kacch- se- se siente-ah-

Impuso un ritmo acelerado, nada comparado a lo anterior. Esta vez, se empujó en él sin piedad, haciéndolo rebotar con fuerza sobre su regazo al tiempo que continuaba golpeando su próstata cada vez.

Su nudo comenzó a empujarse contra el borde hinchado de la entrada de Izuku, añadiendo un estímulo extra que de inmediato causó que el omega se meciera con suavidad en cabe embestida, esperando atraparlo mientras balbuceaba NudoNudoNudo-

Katsuki apenas lo escuchó bajo el atronador sonido de su propia sangre corriendo por sus oídos. Todo lo que podía entender era el desesperado rugido de su alfa interior.

Mío. Mío. Voy a hacerlo mío para siempre.

La mano que sostenía el muslo ajeno lo soltó para ir a aferrarse a su cadera.

Enterró los dedos en la piel y el músculo y después, comenzó a balancear el cuerpo de Izuku con más fuerza sobre el suyo.

La potencia causó que el omega dejara de gemir, agotado por completo; en ese momento, todo lo que pudo hacer fue soltar bajos jadeos y lloriqueos que apenas alcanzaron a erguirse sobre la cacofonía de sus cuerpos uniéndose. La única fuerza que parecía quedarle, la usó para aferrarse a cualquier cosa que estuviera cerca de sus manos, que descansaban sobre su cabeza.

Cuantiosa humedad comenzó a correr hacia abajo sobre la erección del alfa, ahí en donde el agujero de Izuku continuaba escurriendo, demostrando su fertilidad y lo dispuesto que estaba a salir de ahí cargando a los cachorros de Katsuki.

Gruñó salvaje, excitado por sus propios pensamientos.

—Querías un mocoso de Kacchan, ¿no, Izuku? —preguntó contra el oído del omega, sonriendo como un loco. —Anda, tómalo.

Izuku asintió con dificultad, pero meneó la cadera con un poco más de firmeza. El nudo se presionó dentro un poco.

—Kacchan- —llamó, mirándolo con ojos enrojecidos que brillaban con adoración pura. —Dentro de mí-ah-

La siguiente embestida llevó el nudo dentro hasta la mitad. Solo hacía falta un poco más.

—¿Escuchas eso? —preguntó el alfa, susurrando para que los húmedos chapoteos creados por la abundante humedad entre sus cuerpos no quedaran ahogados por su voz. Izuku asintió con torpeza. —Es tu cuerpo rogándome que te dé lo que quieres.

El omega se estremeció. Su interior apretó más fuerte.

—No tienes que decir nada más, encanto. —gruñó, apenas consciente de lo que estaba diciendo, pero muy caliente con ello. —Voy a seguir usándote hasta que lo logremos.

El sitio donde estaban uniéndose chapoteó cuando más humedad manó entre ellos. Los sonoros SlapSlap de sus pieles se volvieron más desastrosos.

En la siguiente embestida, el nudo se empujó casi por completo dentro.

Izuku, que mantuvo su mirada clavada en Katsuki, esperó a que el alfa volviera a mirarlo para hablar de nuevo.

Parecía delirante. Sus ojos se desenfocaban a ratos; su rostro rojo lo hacía parecer como si no pudiera respirar del todo bien; la forma en que continuaba babeando solo lo hacía ver más pecaminoso.

Sin embargo, en el momento en que decidió abrir la boca, pareció recuperar toda su capacidad de raciocinio. Habló con firmeza, incluso si seguía faltándole el aire y las embestidas de Katsuki lo forzaron a acentuar palabras en donde no era necesario.

—Más te vale ser capaz de cumplir tu palabra, alfa. No te quiero lloriqueando después.

¡Ese jodido omega! ¡Siempre retándome!

En su siguiente embestida, su brazo volvió a abrazar el torso ajeno, guiándolo en la dirección adecuada; Katsuki continuó presionando y presionando, preocupándose poco por si estaba siendo demasiado brusco. Izuku se lo había buscado.

—Maldito. —gruñó, apretando los dientes cuando sintió como por fin se empujaba por completo en él.

Un vez el nudo se insertó, fue imposible que Katsuki pudiera seguir embistiendo como antes, pero eso no lo detuvo. Continuó empujándose contra Izuku, meneando la cadera y asegurándose de que tanto su erección como el nudo estimularan tanto como era posible en el interior caliente de su omega.

—Voy a enseñarte. —continuó mascullando entre dientes, enervado y encendido por el reto.

Al mirar en dirección al rostro del omega, esperando verlo inebriado en el nudo que tanto había querido, usado hasta el cansancio y delirante por la salvaje unión, Katsuki se quedó pasmado por un corto instante.

Izuku-

¡E-e-el bastardo estaba sonriendo!

Y no por el placer, ni por la felicidad de por fin haber sido capaces de sacar sus cabezas de sus culos para iniciar la relación que tanto habían anhelado.

No. Izuku estaba sonriendo con la satisfacción de quién que acaba de guiar a alguien a su trampa y ahora le tiene a su merced.

Katsuki apenas tuvo tiempo para pensar en ello, puesto que la tensión que se estiró en su interior, llegando hasta un punto casi doloroso antes de reventarse, lo distrajo.

Sabiendo lo que se avecinaba, se estiró para capturar la boca de Izuku con la suya. Besó duro y después presionó su lengua contra la del omega, escuchándolo jadear y sintiendo su aliento cálido en los labios.

Un estremecimiento se apoderó de su cuerpo, sacudiéndolo de pies a cabeza mientras el nudo por fin se atoraba en el interior del omega y comenzaba a descargarse en notorias punzadas que vaciaron una cantidad impresionante en Izuku.

El atronador orgasmo lo hizo perder la fuerza momentáneamente; sus piernas no pudieron continuar flexionadas y tuvo que estirarlas para relajar sus músculos.

Continuó embistiendo contra él, apenas con la fuerza suficiente para que el contacto fuera perceptible. El clímax que se apoderó de él ayudó a ponerlo más sensible y tuvo que gemir cuando pudo percibir el interior de Izuku aferrándose a él con una necesidad visceral.

Cerró los ojos para poder concentrarse mejor en la sensación. Su piel vibró ante el delicioso contacto y su alfa interior se removió con entusiasmo, celebrando el logro.

El placer se extendió y se extendió, consumiendo su mente y su cuerpo. Fue como si todo en él se apagara para que pudiera sentir a Izuku y nada más que él.

Para cuando la sensación pasó, el alfa estaba agotado. Sudoroso y falto de aire, tuvo que concentrarse unos momentos más para poder recordar en dónde estaba.

Sobre él, Izuku respiraba con fuerza. Sus piernas, que permanecían abiertas y flexionadas para permitir la intrusión del nudo, temblaban.

Escuchó la voz dulce de su prometido gimotear y no fue hasta que Katsuki deslizó su mano hacia abajo por el torso ajeno, en dirección a su vientre, que sintió algo de humedad cálida empapando la piel, evidenciando que Izuku se había venido otra vez.

Que increíble hombre se había ganado.

El alfa se estiró para sujetar ambas piernas del omega con una mano, sosteniéndolas en donde sus rodillas se flexionaban. Con cuidado, lo ayudó a bajarlas, colocándolas juntas a un costado, dándole la vuelta a Izuku para que quedara recostado sobre su lado izquierdo.

Katsuki se acomodó con él, procurando no moverse demasiado para que el nudo hinchado no fuera a lastimarlo. Apenas ambos estuvieron en una posición más cómoda, se apresuró a depositar húmedos besos en la nuca aún sonrojada del omega.

Izuku comenzó a soltar suaves sonidos de satisfacción, casi ronroneando bajo las atenciones de Katsuki. Una de sus manos subió -con algo de dificultad- para enterrarse entre el cabello del alfa y acariciar.

Katsuki respondió con su propio canturreo, acariciando cada centímetro de piel a su alcance y regocijándose en el calor ajeno.

Poco a poco, sus respiraciones comenzaron a regularse. El sudor en sus pieles se secó y el aire a su alrededor dejó se sentirse como si estuviera cocinándolos.

El alfa pudo sentir la espalda de Izuku relajarse contra su pecho. Su aroma, que había dejado de ser la cosa más seductora sobre el mundo, ahora olía dulce, inundado por la satisfacción y la felicidad que estaba sintiendo.

Continuó besando los hombros del omega, maniobrando alrededor del collar de compromiso; rozando las glándulas de su aroma de cuando en cuando y gruñendo cada que la acción causaba que Izuku lo apretara allá abajo.

Si se detenía el suficiente tiempo, podía sentir las suaves pulsaciones de sus cuerpos y la manera en que continuaba viniéndose en el interior ajeno.

Maldición- En el calor del momento, sí que se había dejado llevar. Toda esa charla sobre venirse dentro lo había hecho perder la cabeza.

No podía decir que le disgustara la idea, pero sí que le preocupaba si Izuku no lo deseaba.

—‘Zu. —llamó en un susurro.

—¿Mh?

—Estás- uh- ¿quieres que- que te pida algo… anticonceptivo?

Izuku se irguió con urgencia, retirando su mano del cabello de Katsuki. El repentino movimiento tiró del nudo, haciéndolos sisear a ambos.

—¿Anticonceptivo? —preguntó con voz temblorosa una vez se recuperó del tirón. —¿N-no quieres…? Es que- uh- dijiste que…

—Si quiero. —se apresuró a corregir. —Mierda, Izuku, no hay nada que quiera más que casarme contigo y tener un montón de mocosos. Pero tengo que recordarte que ayer lloraste cuando creíste que ibas a quedar embarazado.

Izuku lo miró con incredulidad. Incluso jadeó, ofendido.

—¡Eso fue por que creí que solo estabas interesado en ayudarme durante mi celo, no que querías formar una familia conmigo!

Katsuki gruñó al tiempo que rodaba los ojos.

—¡Pues ve usando el cerebro y entiéndelo de una vez!

Izuku frunció el ceño. Sus ojos se iluminaron de esa forma que lo hacían cada que estaba por plantarle cara a Katsuki.

—¡Ya lo entendí, por eso estoy usando tu collar!

Cualquier indicio de ganas de pelear murió apenas Katsuki escuchó esas palabras. En su lugar, una sonrisa se formó en su rostro.

—Si. —aceptó. —Ahora eres mío.

Izuku le devolvió la sonrisa, relajándose de nuevo y dejando caer su rostro sobre la almohada.

Permanecieron en silencio, ambos concentrados en devolver sus respiraciones a sus estados naturales. El nudo, que seguía conectándolos, comenzó a deshincharse pasados algunos minutos.

Los dedos de Katsuki acariciaron la curva de la cadera del omega, maravillado con la idea de tener el permiso para tocarlo luego de haber pasado tantos años deseándolo.

Sintió la piel cálida y suave y deseó poder agacharse para besarla. En su lugar, buscó los dedos de Izuku para entrelazarlos con los suyos. Su prometido se apresuró a devolverle el gesto y, además, le dio un suave apretón. Katsuki regresó a su tarea de besar los hombros ajenos.

—No tienes idea de lo mucho que quiero morderte. —murmuró contra las pecas que salpicaban la zona.

—Debe ser cercano a lo mucho que quiero que me muerdas. —respondió el omega.

—Va a ser jodidamente increíble. —prometió. —Pero tendremos que esperar hasta que nos casemos.

Izuku agitó los pies en un estúpido -adorable- gesto de felicidad.

—Por ahora podemos concentrarnos en tu celo. —continuó Katsuki, acariciando la nuca de Izuku con su nariz.

—Hablando de eso… No puedo creer que te hayas bebido toda la poción. —le dijo Izuku. —Fue peligroso, Kacchan. Podría hacerte daño.

—Deja de preocuparte por eso, nerd.

—Deberíamos ir al laboratorio. —continuó el omega, ignorando por completo las palabras de Katsuki. —Tengo que prepararte algo para que los efectos no te-

—Ya te dije que estoy bien. —gruñó Katsuki.

—Por qué todavía no ha pasado el efecto. —respondió Izuku, dándose la vuelta tanto como pudo, buscando ver el rostro del alfa. —Cuando pase, vas a-

—No me interesa saber que me va a pasar. —repuso. —Todo lo que me importa es serte de ayuda durante tu celo.

Izuku se quedó pasmado, con la boca abierta.

Katsuki lo vio boquear un par de veces antes de ser capaz de volver a hablar.

—¡N-no me sirve de nada un alfa que morirá antes de siquiera marcarme!

—¿Me voy a morir?

Izuku hizo una mueca.

—No. —admitió con voz derrotada. —No creo.

—Entonces no veo el problema.

—El problema es que cuando el efecto de la poción se agota, el alfa termina aún más cansado que-

—No te atrevas a dudar de mí, bastardo. —gruñó Katsuki, soltando la mano de Izuku y posándola contra su hombro para empujarlo de vuelta al nido, haciéndolo quedar bocabajo.

El movimiento causó que su miembro aún duro se deslizara fuera del interior de Izuku. El omega soltó un suave jadeo que quedó ahogado contra la almohada y se giró para tratar de echar un vistazo.

Katsuki, ahora a horcajadas sobre su prometido, sonrió con satisfacción al ver la enrojecida piel de las mejillas de Izuku, aún irritada gracias a las embestidas.

—¡Kacchan, estoy-!

—Shh. —lo mandó a callar mientras usaba los pulgares para exponer el pequeño agujero, de un vívido color rosado e hinchado a más no poder. La piel cercana brillaba por la humedad transparente que continuaba cubriéndola.

Instantes después, una gruesa, espesa gota blanquecina comenzó a hacerse visible, corriendo hacia abajo y abriendo el camino para que más de esa humedad continuara rodando hacia abajo.

Katsuki observó en silencio, admirando la vista, la manera en que la primer gota rodó por la piel de Izuku, mezclándose con la humedad del omega hasta que alcanzó los testículos ajenos y finalmente, chorreó sobre el nido.

Un profundo, gutural gruñido nació en su pecho.

Izuku reaccionó al sonido de manera maravillosa. Arqueó la espalda y se expuso un poco más a los ojos de Katsuki.

—Voy a demostrarte quién es el que está en problemas, ‘Zu. —declaró, sujetando su erección -que no había bajado ni con el nudo- y guiándola de nuevo al interior ajeno.

Se empujó hasta la mitad de nuevo, inclinándose sobre el omega para facilitarse el trabajo y ampliando su sonrisa cuando escuchó el gemido roto del otro. Comenzó a embestirlo con fuerza.

—Vamos a ver quién es el que terminará necesitando ayuda. —soltó, con el ego aún un poco herido.

Izuku ni siquiera le respondió. Estaba demasiado ocupado babeando sobre la almohada, pero la forma en que el concentrado gusto a cereza lo rodeaba dejó bien en claro lo mucho que ya estaba disfrutándolo.

 


 

Ah- maldición.

Katsuki gimoteó, apenas con la fuerza suficiente para abrir los ojos.

Podía sentir de forma vaga la textura de las mantas contra su espalda. Sus brazos permanecían estirados a cada lado de su cuerpo, inútiles. La cama rechinaba y rebotaba con sonoros crujidos, acompañando el sonido de sus cuerpos uniéndose.

Sobre su pelvis, Izuku continuaba moviéndose; sin duda poniendo a trabajar esas preciosas piernas suyas para continuar montándolo.

Que idiota había sido, creyendo que podía competir con él.

Izuku era una maldita bestia.

Nada parecía saciarlo. Nada. Ni los mejores esfuerzos de Katsuki por cansarlo antes de anudarlo, ni lo mucho que el alfa le había pedido -no rogado, ni llorado. No. Definitivamente no- que le diera un descanso.

No tenía idea de cuanto tiempo había pasado desde que se bebió la maldita, estúpida poción. Lo único que sabía era que su anterior entusiasmo vigorizó el celo de Izuku y lo volvió mucho más necesitado.

El omega había agotado toda la energía de Katsuki y aún tenía más para seguir. El alfa interior de Katsuki era apenas una pequeña presencia al fondo de la mente del príncipe; derrotado por completo.

Resulta que el efecto secundario de la poción era drenar la energía del alfa. Izuku se lo había explicado entre risas cuando Katsuki cayó sobre el nido, sin energía para siquiera mover las manos.

En raciones normales, las consecuencias de beber la poción no eran tan severas como lo habían sido en Katsuki. Además, siempre existía la posibilidad de que el alfa bebiera un poco más para mantenerse a la par del omega; sin embargo, ya que Katsuki había bebido tanta de golpe, no podía probar ni una sola gota más y su agotamiento era incluso peor a lo que había sido antes de beberse la jodida cosa.

Y ahora, estaba ahí sobre la cama, recostado como un idiota, mientras Izuku lo usaba como si no fuera nada más que un juguete para auxiliarlo durante su celo.

La idea habría sido caliente si Katsuki tuviera cerebro suficiente para ahondar en ella.

Sobre él, Izuku se echó al frente, gimoteando y babeando mientras se movía con desespero. Su piel rosada lucía radiante, sus pezones erguidos e hinchados brillaban por la humedad que reposaba en ellos.

Un nudo atrás, Katsuki había sido capaz de reunir las energías necesarias para abrazar al omega y lamer sus pezones con cada sube y baja. Ahora, no podía ni mantener los ojos abiertos sin sentir que estaba costándole todo lo que tenía.

Al menos fue un buen alfa y le dio a Izuku su nudo cinco veces antes de que la maldita poción lo traicionara.

Gimió grave cuando Izuku dejó de rebotar sobre su erección y se dedicó a menear la cadera en insistentes círculos; lento, pero de una forma que logró que Katsuki soltara un gimoteo.

Estaba tan sensible que cada embestida se sentía como si estuviera raspando su piel, pero incluso así, se sentía increíble; cálido y húmedo.

—¿Alfa? —preguntó el omega desde arriba, observándolo con ojos que parecían brillar en la oscuridad mientras lamía la comisura de sus labios, manteniendo una sonrisa en ellos. —¿Quién decías que estaba en problemas?

Bastardo. Cuando tenga mi celo te enseñaré. Te voy a dejar temblando.

—‘Zu. —fue lo único que pudo decir; su voz sonó rota y distante.

—Lo hiciste bien. —halagó con voz aterciopelada, ladeando el rostro en un gesto precioso. —Ahora yo me encargaré, ¿sí? Solo déjate llevar.

Eso era lo que Katsuki había estado haciendo desde que entró sin permiso en la recámara del omega.

Asintió para él. Izuku soltó una suave risita y entonces, reanudó sus movimientos.

De nuevo, todo lo que Katsuki pudo hacer fue dejar salir su voz para demostrar su aprobación.

Un rato después, cuando Izuku logró hacerlo anudar de nuevo, el alfa hiló una plegaria en su mente.

Un descanso. Por favor.

Alguien en el otro lado debió apiadarse de su pobre culo, puesto que, sobre él, Izuku se quedó quieto y con los ojos cerrados, sin duda apreciando la sensación del nudo encajando en su sitio una vez más y a continuación, se dejó caer sobre el alfa.

Katsuki se apresuró a abrazarlo, sintiendo sus palmas deslizarse sobre la piel cubierta de sudor.

Con las pocas fuerzas que le restaban, acarició con suavidad la espalda ajena y giró el rostro para besar la sien del omega.

Poco a poco la tensión en los músculos ajenos fue reduciéndose; el nudo se deshinchó por completo y su miembro, ahora flácido, se deslizó fuera del interior de su prometido. Unos segundos transcurrieron antes de que el alfa pudiera sentir la humedad que escapaba del omega chorrear sobre él.

Al mirar abajo, se encontró con que Izuku ya estaba durmiendo.

Al fin. Gracias a quien sea que esté escuchando.

Generalmente, cuando Izuku caía dormido, significaba un par de horas de descanso para Katsuki. Eso significaba que tenía tiempo para beber agua, comer algo e intentar convencer a Izuku de tomar un baño.

Pero por ahora, todo lo que necesitaba era dormir sosteniendo a su futuro esposo y continuar sintiendo su calor.

 


 

Cuando Katsuki despertó, estuvo sorprendido de no tener a Izuku entre sus piernas, usando sus manos, su boca o su erección para poner al alfa duro.

A pesar de que estaba agotado, se giró para buscar al omega, encontrándolo aún dormido, a su lado.

Izuku respiraba profundo. Sus párpados se veían un poco hinchados y su rostro parecía haber regresado a su tono normal, perdiendo ese insistente subtono rosado que lo había caracterizado durante los últimos días.

Estaba un poco lejos -lo suficiente para que sus cuerpos no se tocaran- así que Katsuki decidió que tenía que acercarse a él.

Se movió con lentitud y algo de torpeza gracias a lo agotado que se sentía. Le tomó más esfuerzo de lo que admitiría jamás, pero al final logró acercarse lo suficiente para que sus pieles entraran en contacto en algunos sitios.

Izuku soltó un suspiro, aún dormido. Su cuerpo se relajó y eso logró que el alfa sonriera para sí.

Katsuki tomó una profunda respiración, sintiendo que tenía ganas de volver a dormir.

El fresco aroma a hierba, menta y ozono que había caracterizado a Izuku durante toda su vida se coló hasta el rincón más profundo de su pecho. Relajado y encantador, tal como lo había sido cuando ninguno de los dos se había presentado aún y se les permitía dormir juntos de vez en cuando.

Que increíble era saber que, de ese momento en adelante, podría continuar despertando de esa forma por el resto de sus vidas.

Cerró los ojos y se relajó, sintiendo el calor de la piel de Izuku vibrar contra la suya.

 


 

Al despertar de nuevo, Katsuki pudo sentir suaves besos ser depositados en la línea de su mandíbula, delicados y cargados de cariño.

De inmediato, soltó un grave gruñido de aprobación, aún con los ojos cerrados.

Apenas emitió el sonido, Izuku se movió para posar una mano extendida sobre su pecho.

Supongo que ya descansé lo suficiente.

—¿Regresó ya tu celo? —preguntó sin esperar realmente que el omega le respondiera.

Contra su mandíbula, sintió a Izuku sonreír.

—No. —le dijo, acomodándose sobre el nido para flexionar una pierna sobre el cuerpo de Katsuki.

—¿No? —preguntó con sorpresa, por fin abriendo los ojos.

—No. —repitió Izuku, moviéndose para ponerse frente a él.

Eso era extraño. Al celo de Izuku no le tomaba mucho tiempo antes de volver a sufrir un pico de actividad.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? Sentí como si hubiéramos dormido horas.

—Es de día. Parece que falta poco para el atardecer.

¿El atardecer? La última vez que ambos habían estado despiertos era de madrugada.

Se movió sobre el nido, echando un vistazo alrededor de la habitación y alcanzando a ver un fragmento de la ventana detrás de la cortina. Efectivamente, era de día y el cielo estaba comenzando a teñirse de color naranja.

Se giró a mirar a Izuku, confundido.

—¿Cómo es que tu celo no ha vuelto?

El omega le sonrió, encogiéndose de hombros de esa forma que siempre volvía obvio que estaba ocultando algo.

—¿Tienes hambre? —preguntó Izuku. —Yo tengo hambre.

Eso activó de inmediato los instintos de Katsuki. Una necesidad imperante de proveer para el omega fue todo lo que permaneció en su mente.

Sobreponiéndose al agotamiento que plagaba su cuerpo, el alfa se movió, girando sobre el nido y saliendo de éste.

—Te conseguiré algo. —aseguró, poniéndose de pie sobre piernas temblorosas y buscando sus pantalones para colocárselos. —¿Qué quieres?

—Fruta.

—¿Quieres tomar un baño también? —cuando Izuku asintió, Katsuki continuó hablando. —Está bien. Pediré que vengan a prepararte la tina.

Avanzó a lo largo de la recámara, esforzándose por no permitir que Izuku notara lo mucho que le costaba caminar. Al alcanzar la puerta, se apoyó en esta unos instantes antes de abrirla, apenas un ápice.

Se asomó fuera, asegurándose de ser rápido para que nada del aroma de Izuku alcanzara a salir.

Gruñó molesto cuando notó que no había nadie en el pasillo. Iba a tener que salir a buscar a alguien.

Se giró, buscando a Izuku, quién lo miraba desde su sitio en el nido.

—No hay nadie cerca, voy a ir a asomarme.

—Está bien.

Katsuki salió de la recámara, cerrando la puerta a sus espaldas y avanzando por el pasillo.

El piso se sentía helado debajo de sus pies descalzos. Una corriente de aire soplando contra su espalda causó que siseara de frío.

Alcanzó el vestíbulo al bajar las escaleras y girar a la izquierda. Después, avanzó más y más, acercándose al corazón del palacio hasta que llegó a una sala de té.

Ahí, acomodando un enorme jarrón con flores anaranjadas sobre una mesa de centro, encontró a una mucama.

—Hey. —llamó, acercándose y haciéndola saltar por el susto.

—¡Majestad! —respondió, agachándose para hacer una reverencia apresurada y cubriéndose la nariz con la mano.

—Preparen comida, fruta y agua para dos y envíenla a la recámara de Izuku. —ordenó. —También necesito que preparen un baño caliente. Usen el pasillo de servicio para entrar; ni se les ocurra asomarse a la habitación.

—Por supuesto. —respondió, aún cubriéndose mientras permanecía agachada. —Sus padres pidieron que se presentara ante ellos tan pronto como pudiera.

Katsuki arrugó la nariz con disgusto.

Estaba a punto de regañar a la pobre mujer antes de recordar que no serviría de nada.

—Ve por ellos y dile que los espero en la sala familiar.

Sin esperar respuesta, se giró para continuar avanzando, esta vez en dirección a la sala en la que los Bakugo solían tener sus reuniones familiares.

Fue y abrió una ventana solo para sentarse junto a ésta y después se cruzó de brazos, sintiéndose más y más ansioso con cada segundo transcurrido.

Sus padres aparecieron un largo rato después, ambos agitados, sin duda por que habían tenido que correr de un lado del palacio a otro. Inko los acompañaba, viéndose también muy ansiosa.

—Izuku está bien. —fue lo primero que dijo Katsuki, enderezando la espalda al ver a su suegra. —Está en el nido.

Los recién llegados lo observaron en silencio unos instantes, aún plantados bajo el umbral de la puerta como unos perdedores. Katsuki pudo ver cómo sus ojos se desviaron para observar los rasguños y chupetones que decoraban su pecho.

Katsuki cruzó los brazos, tratando de disimular un poco su lamentable estado.

—¿¡Qué mierda ocurrió!? —exigió saber Mitsuki, dando un par de escandalosos pasos al frente. —¿¡No dijiste que solo ibas a ir a hablar con él!?

—¿¡Yo cómo mierda iba a saber que su celo había comenzado!?

Inko se llevó una mano a la frente, avergonzada. Katsuki cerró la boca de inmediato.

—¡Mas te vale disculparte con Inko, mocoso idiota! —continuó gritando su madre. —¡Lleva estos días muriéndose de la angustia!

—Lo siento, tía. —obedeció de inmediato. No porque Mitsuki se lo hubiera ordenado, sino porque se trataba de la madre de Izuku. —No queríamos preocuparte.

—Oh, Katsuki. —suspiró la mujer. —Está bien. No tienes que disculparte.

—¿Tuviste oportunidad de hablar con él? —intervino Masaru, moviéndose para abrir otra ventana. —¿Le hiciste la propuesta?

Katsuki chasqueó la lengua.

—Obviamente.

—¿Y aceptó?

—¡Obviamente! —exclamó, cambiando su postura de inmediato. —¿Crees que me habría quedado con él estos días si no hubiera sido así?

Mitsuki y Masaru se relajaron visiblemente. Inko sonrió al tiempo que soltaba un suspiro.

—E-entonces… ¿van a casarse?

—¡Ya les dije que sí!

—¡Katsuki, esto es maravilloso! —exclamó su madre. —¡Te abrazaría si no apestaras!

Maldición. Era cierto. Debía apestar a feromonas y sexo.

—¡Tenemos que planear la boda! —continuó Mitsuki. —¡Que emoción! ¿Y si la juntamos con tu coronación?

—Cielo, ve más despacio. —aconsejó Masaru. —También debemos esperar a que Izuku esté presente. Y a que Katsuki se recupere; mira que pálido está.

Mitsuki soltó una ruidosa carcajada. Katsuki bufó.

—Hablando de eso; ya debería volver, Izuku debe estar esperándome.

—¿Cómo fue que te escapaste? ¿Estaba dormido? —bromeó Mitsuki.

—No. Estaba despierto cuando salí.

Inko lo miró con extrañeza.

—¿Y te dejó ir? —preguntó con voz apremiada.

—Estaba muy calmado. —se explicó antes de que su futura suegra le pateara el culo por abandonar a Izuku. —Dijo que su ejem- su celo no había vuelto desde la madrugada.

Los ojos de Inko se ampliaron un poco. Su boca cayó abierta.

—Oh… —logró soltar luego de boquear un par de veces. —Ya veo. Aun así, deberías regresar con él ya. Debe estar esperándote.

Katsuki asintió, aún tratando de entender la reacción de la mujer.

Esperó unos segundos a que se explicara, y cuando notó que no iba a hacerlo, carraspeó y se despegó de la ventana.

—Nos vemos en un par de días, supongo.

A sus espaldas, Mitsuki soltó un bufido.

 


 

Cuando Katsuki volvió a la recámara, se encontró con una bandeja de comida reposando sobre una cómoda en el pasillo. Sopa de pollo en un enorme tazón, carne, verduras al vapor y un coctel de frutas con un montón de estúpidas cerezas. La tomó y abrió la puerta, mirando a su alrededor para asegurarse de que no había nadie cerca y se coló dentro.

De inmediato, notó que el aroma era distinto.

Podía olfatear a Izuku y a sí mismo, pero ahora ambos aromas estaban mucho más subyugados que antes. Al echar un vistazo alrededor, notó que las ventanas de la recámara estaban abiertas de par en par, ventilando el lugar. Las cortinas se agitaban gracias al viento que empujaba contra ellas.

El nido había desaparecido. La cama ahora estaba completamente despejada.

—¿Izuku? —llamó, estirándose para dejar la bandeja sobre una mesita cercana.

—¡Acá! —respondió el omega, asomándose desde el umbral de la puerta del cuarto de baño. Llevaba puesta una camisa blanca, pantalones delgados y su collar de compromiso. —¡Tardaste mucho en volver, ya me bañé!

—Tu madre y mis padres querían hablar conmigo. —se explicó, acercándose a Izuku. Se sentía como si no lo hubiera visto en horas. —¿Qué le hiciste a la habitación?

Apenas estuvo lo suficientemente cerca de Izuku, Katsuki estiró los brazos para ir y sujetar su cintura.

Ya no olía como antes; su baño se había deshecho de gran parte de los rastros del aroma de Katsuki y de los fluidos de ambos. Ahora, todo lo que quedaba era su frescura de siempre.

—Envié todo a la lavandería. —aclaró el omega, rodeando con sus brazos el cuello de Katsuki. —Ya no vamos a necesitarlo.

El alfa, que estaba en proceso de agacharse para besarlo, se detuvo en seco.

—¿No? —soltó con incredulidad. —Creí que faltaban un par de días.

Izuku le sonrió de forma adorable.

—Ya no.

Hah. Lo hice venirse tanto que su celo acabó antes.

Sonrió, satisfecho con su conclusión. Su aroma alegre se alzó en el aire.

La sonrisa de Izuku se volvió mordaz por un instante antes de que tirara de Katsuki hacia abajo para besar sus labios.

El alfa obedeció, agachándose y correspondiendo al beso.

Lo besó con la misma necesidad de siempre. Presionó su boca contra la suya y dejó que todo lo que sentía se volviera evidente.

Sintió su calor, a este punto más que conocido. Sintió los latidos de su corazón contra su pecho y sus dedos enredarse entre los mechones de su cabello.

Lo abrazó con aún mas fuerza contra su cuerpo, forzándolo a ponerse de puntillas.

Sus aromas comenzaron a intensificarse, revoloteando entre sí con el mismo entusiasmo que caracterizó el celo que acababan de pasar juntos.

Pero… algo parecía distinto.

No era evidente, pero estaba ahí.

Sin romper el beso, Katsuki se esforzó por detectar qué era eso que se sentía diferente.

Apretó a Izuku un poco más, lo besó más duro. Sus manos descendieron de la cintura ajena para ir a darle un apretón más abajo.

El omega soltó un suave Mh contra sus labios y arqueó la espalda para él. Su aroma se intensificó.

Entre el beso, Katsuki se esforzó por hablar.

—Comida. —soltó. No podía permitir que su prometido pasara hambre.

Izuku sonrió, separándose, regresando a dar un suave pico en sus labios y volviendo a retroceder.

—Está bien.

Su prometido se separó, yendo de inmediato en dirección a la mesa en la que reposaba la comida.

Katsuki lo vio avanzar. No pudo evitar que sus ojos se detuvieran a apreciar la maravillosa silueta de Izuku desde atrás.

Dio tumbos detrás de él, siguiendo su aroma.

A medio camino, tuvo que detenerse de golpe.

Izuku nunca aceptaba ir a comer así de fácil. Siempre tenía una excusa para continuar haciendo otras cosas. Comer siempre estaba casi al fondo de sus prioridades.

Y, además, su aroma parecía… diferente.

—Izuku…

Unos pasos más adelante, su prometido se giró para mirarlo.

—¿Si?

—¿Por qué tu celo acabó tan de repente?

Izuku volvió a sonreír, esta vez de una forma por completo nueva para Katsuki.

—Normalmente, el celo de un omega acaba solo cuando cumple su ciclo normal. —explicó, ladeando el rostro. —O cuando cumple su propósito.

Katsuki tembló de pies a cabeza.

—¿Pro-propósito?

—Una marca de emparejamiento. —continuó Izuku. —O… un embarazo.

Cuando tragó saliva, el alfa sintió como si estuviera tratando de tragar una roca.

—Pero… no te marqué.

Izuku soltó una risita.

—No. No lo hiciste.

Los ojos de Katsuki, que hasta ese momento habían permanecido clavados en el rostro de Izuku, descendieron. Pasaron por alto la camisa a medio abotonar y por fin se posaron en su vientre.

—¿E-estás-?

—Aún es demasiado pronto para estar seguros. —se apresuró a explicar Izuku. —Pero un celo no se detiene solo porque sí.

Katsuki sentía su corazón latir con atronadora fuerza en su pecho.

Por eso Izuku olía distinto; por eso su aroma se sentía... más dulce, con un suave toque lechoso.

No cabía duda.

—¡Izuku! —exclamó, corriendo hacia el omega con una sonrisa.

Se agachó para rodear su cadera con ambos brazos y después lo levantó. Izuku se apresuró a sujetarse de él, aun sonriendo.

—¡Es increíble! —continuó Katsuki, sintiendo que su voz se quebraba un poco. —¡Somos increíbles juntos, maldición!

La armoniosa risa de Izuku se alzó entre los muros.

—¡Tenemos que planear la boda cuanto antes! —continuó Katsuki. —Va a ser la mejor fiesta a la que todos esos perdedores asistirán en su vida.

—Seguro que sí. —accedió el omega, aún en los brazos de Katsuki.

El alfa se apresuró a ponerlo de nuevo sobre el suelo; depositó un acelerado pico en sus labios y a continuación, se arrodilló frente a él.

Abrazó a Izuku por la cadera y pegó su rostro contra el vientre del omega. Su gesto fue correspondido por una mano yendo a posarse en su cabeza.

—Aún es muy pronto para hacer eso, Kacchan.

Tal vez Izuku aún no estuviera seguro, pero Katsuki podía olerlo, maldición, ¿cómo no lo notó antes? No le quedaba duda alguna. Izuku de verdad llevaba ahora a su primer cachorro.

—Voy a protegerlos con mi vida, Izuku. —prometió, aún de rodillas frente al único hombre que había amado y al pequeño ser que sería el siguiente gran amor de su vida. —A los dos. Voy a darles el mundo entero.

Dedos gentiles acariciaron su cabello.

—Lo sé. Yo también cuidaré de ti. Me esforzaré por ser el mejor esposo que puedas pedir. —respondió con voz suave, cargada de adoración, mientras tiraba de Katsuki hacia arriba. —Ahora ponte de pie, un príncipe no debería hacer eso.

—Puedo hacerlo si es por ti. —rezongó Katsuki, pero obedeciendo y poniéndose de pie.

Apenas se plantó frente a Izuku, el omega se estiró para besar sus labios con entusiasmo.

Sus manos se posaron en las mejillas de Katsuki. Mientras lo besaba con necesidad, las yemas de sus pulgares acariciaron los pómulos del alfa.

Al separarse, ya tenía su preciosa sonrisa formada en el rostro. Sus manos se deslizaron hacia abajo para posarse en los hombros de Katsuki, aprovechando el movimiento para frotar sus muñecas contra los costados de su cuello.

Katsuki se sintió como un perro siendo acariciado por su amo. Sus ojos se entrecerraron y no pudo evitar inclinarse un poco hacia el frente.

Izuku soltó una risita.

El armonioso sonido causó que algo de vergüenza regresara al alfa. Para salvar su dignidad, Katsuki se separó del tacto y carraspeó. Su rostro enrojeció al ver cómo Izuku sonreía, claramente divertido por su reacción.

—Comencemos a llevar tus cosas a mi recámara. —dijo, intentando cambiar el tema.

—¿No deberíamos esperar a la boda? —preguntó Izuku con tono bromista.

Katsuki rodó los ojos.

—Todos saben que nos pasamos estos días follando. —explicó. —Tu madre me vio el otro día y anoche los guardias-

Izuku lo miró, escandalizado.

—¿¡Mi madre!? ¡Kacchan! ¿¡Por qué hiciste eso!?

—¡No es como si yo la hubiera llamado para que me viera salir! —gruñó. —¡Solo quería conseguirte comida!

Izuku suspiró dramáticamente, pegando su frente contra el hombro de Katsuki.

—Preocúpate por eso después. —ordenó, separándose para guiar a Izuku en dirección a la mesa de nuevo. —Ahora tienes que comer. ¿Cómo va a crecer ese mini Izuku dentro de ti si no comes bien?

Izuku le sonrió, dejándose guiar a la mesa y sentándose sobre la silla que Katsuki acomodó para él.

—¿Cómo sabes que no es un mini Kacchan?

Katsuki se estremeció ante la idea. Sonrió sin poder contenerse.

—Tendremos que esperar para descubrirlo. —continuó Izuku, estirando el brazo en dirección al plato con fruta.

Katsuki se plantó frente a su prometido, esperó hasta que éste lo miró y después se agachó a besarlo.

—Te amo, Izuku. —confesó en un murmullo. —Siento haber entrado a tu habitación como un idiota, pero me alegra haber podido decirte lo que siento.

El omega reprimió una sonrisa de una forma muy deficiente.

—Está bien, ya te perdoné por eso. —le dijo, estirándose para besarlo de nuevo. A continuación, presionó una cereza contra los labios de Katsuki, obligándolo a comerla; el dulce gusto de la fruta se esparció por su boca cuando masticó. —También te amo.

El corazón del alfa se aceleró en su pecho; sintió su rostro enrojecer vergonzosamente. Su aroma se endulzó sin que pudiera hacer nada para ocultarlo. Izuku sonrió de esa deslumbrante manera suya al notar su reacción.

Para tratar de salvar su dignidad, Katsuki se estiró a besarlo de nuevo, profundo y de esa manera que sabía que los dejaba a ambos sin aliento.

De nuevo, pudo saborear en el contacto el gusto dulce de la cereza, pero ésta vez, con Izuku suspirando contra sus labios, sabía aún mejor.

Notes:

AAAAAHHH

Nunca puedo evitar ponerme cursi con esos dos. Siento que se aman tanto que me fuerzan a escribirlo de esa manera jaja

Fue muy divertido darle rienda suelta a todo el smut, aunque debo admitir que se volvió un poco dificil luego de escribir tanto jaja (casi 45k de palabras de puro pecado). Hubo un punto en el que sentía que solo estaba repitiendo las cosas, pero no pude dejar de escribir. El bkdk me obligó a seguir para poder darles ese bebé que tanto querían.

Espero que les haya gustado esta amalgama de kinks y marranadas que deja en evidencia que mis padres debieron restringirme el acceso a internet hace 13 años; tal vez así no sería la vieja cochina que soy hoy.

Como siempre, les agradezco sus lecturas, kudos y comentarios! Significan mucho para mí!

Eso es todo de mi parte por esta vez jeje Trataré de regresar pronto, si es que la horrible vida de adulta asalariada no me consume.

Nos leemos luego!

Notes:

La parte 2 con el pov de Kacchan estará disponible pronto!